VII:
Pecado sin Absolución.
— Yo sé por qué tu hermano no está interesado en ayudarte — Dante miró de reojo a la muchacha, su sombra atenuaba el poco calor que aquella mañana provenía del sol.
La práctica había estado aburrida ese día y él solo se había dedicado a correr de un lado a otro de la cancha, estaba soleado, mas los campos seguían cubiertos de nieve; la actividad física le había hecho sudar, al menos el aire helado le resultaba agradable y el sol, no muy intenso, evitaba que se enfriara rápido. Miró a contraluz y no le fue posible el distinguir su rostro, pero sabía que se trataba de Amy.
— ¿Cómo sabes de eso?
— Escuché la conversación de Lucian con Fraü Bauer — imitó entonces la voz del mencionado —…"De ahora en adelante Dante responderá por sí mismo"…
— ¿Qué le dijo Fraü?
— Que no creía que fueras capaz de durar mucho, que difícilmente te graduarías — algo exasperado Dante arrebató el pan que la chica trajera consigo y le dio un gran mordisco. Paso a sentarse Amy a su lado dando a mostrar sus esbeltas piernas dejando que la falda se le alzara para que él pudiera ver un poco más arriba, Dante estaba acostumbrado.
— ¿No tienes frío? — preguntó, Amy negó en silencio.
— ¿No quieres preguntarme? —Dante había olvidado que.
— ¿Y que se supone que quiero saber?
— El por qué Lucian te ha abandonado
"Abandonado"
No era así de cierto, pero reflejaba un poco su sentir.
— Mi padre debe de habérselo dicho, o al menos pedido.
— ¿Tu padre?
— Si... nunca le he gustado, no soy un caballero según él. Además estoy muy acostumbrado a que se justifique mi actuar.
— ¿Que actuar? — Le miró Dante, con gesto aburrido y dio otro bocado.
— Como si no supieras...
— ¿Que eres conflictivo? — Dante asintió — En este lugar no pueden esperar que todos sean de la misma manera ¿Qué clase de educadores son que no pueden con los alumnos que destacan por sus diferencias? — Dante le observó fijamente, era un discurso extraño para alguien como Amy — En América…— continuó — …las escuelas son escuelas, si llega alguno que sea diferente; al menos se tiene el valor suficiente para enfrentarle, no de simplemente alejarle… — Dante rió, Amy volteó hacia él con gesto molesto.
— ¿Te parece gracioso?
— ¿El que hables así...? ¡Claro! ¿En qué puede afectarte a ti todo esto? Jamás tienes problemas conductuales, tienes buenas calificaciones y los profesores, sino todos, muchos te adoran— Amy le miro con frialdad, así era como se ponía cada vez que Dante o alguien más le hacía enfadar, Dante notó esto y para evitar cualquier problema posterior, la besó con rapidez y de manera cálida
— Pareciera que hablas del paraíso— dijo de manera conciliadora una vez que le soltara.
— Los colegios católicos son los mejores — suspiró ella — En fin... no es tu padre... es Integra, Integra Hellsing — Dante le miró como si no le hubiera entendido.
— ¿Quién?
— Integra Hellsing.
— ¿Que tiene que ver ella con esto?
— Ella y tu hermano se ven desde hace tiempo ya…— La idea causo una fría sorpresa en Dante.
— ¿Cómo que se ven?
— Se juntan en la biblioteca, en el segundo piso; en la sección de revisionismo.
— ¿Cómo que se ven? — preguntó nuevamente sacando un gesto aburrido en la muchacha.
— Se ven... como tú y yo, al menos ya se han besado — Dante procesaba la información con extrañeza, entonces cayó en la idea, era algo obvio pero muy obvio ¿Cómo no lo había notado? Hace mucho que Lucian se había interesado en ella y solo era cosa de tiempo antes de que Integra cayera. Bueno ya había caído.
— ¿Y qué demonios le importa a ella lo que yo haga? — Amy río.
— Como se nota que no le conoces.
— ¿Acaso tú sí?
— Te sorprenderías cuanto... —Dante le observó con desconfianza y se colocó de pie — ¿Dónde está Lucian? — Preguntó Amy, Dante miró su reloj y contestó:
— Ahora debe estar con los de primero…
— ¿Fue hace mucho?
— Debió de haber empezado hace unos diez minutos… — Amy le sonrió con inocencia, mientras separaba tranquilamente sus piernas.
— Me ha dado frío ahora... ¿Puedo ir a tu cuarto? — Dante río con tranquilidad, no le vendría mal después de una práctica tan aburrida.
°~*OOO*~°
Alucard podía sentir el dolor de Amy, pero no le importaba, la muchacha seguía bajo su control. Era obvio que no le conocían o al menos Danae, que creía conocerle le había subestimado, aunque quizás era natural, ella no le veía desde hace mucho tiempo.
La muchacha ya había arrancado la lanza que mantenía el cuello de Alucard fijo a la pared, ahora trabajaba en la lanza del pecho, era demasiado forzoso para su cuerpo, además estaba el hecho de que las mismas agujas que se hubieran incrustado por los poros de Alucard, estaban haciéndose paso en el cuerpo de Amy.
"Esta chica pronto morirá desangrada"
Y sería peor si es que no alcanzaba a liberarle, al menos un poco más. Solo le bastaba con el pecho, el resto lo continuaría él solo. El cuerpo del vampiro pujaba hacia fuera, mientras que los escuálidos brazos de Amy, halaban a toda la fuerza que le quedaban.
— ¡Vamos con más fuerza! — Se quejaba Alucard.
— Si…— contestaba la muchacha con tono autómata.
— ¡Vamos!
— Si…
El dolor que sentía le estaba molestando mucho, le recogía sus agudos sentidos, era molesto y desagradable, podía aguantar más, aunque no sabía por cuanto tiempo. Se estaba desesperando, sentía como los gusanos y Cromwell dentro de él le urgían para que les liberara del hechizo que le mantenía prisionero, así como sabía que si en vez de esa débil chiquilla fuera su ama quién estuviera sacándole esas lanzas el trabajo habría terminado hace mucho.
Entonces los aullidos del perro en intensas oleadas de frecuencias ocultas y molestas, comenzaron a reventarle el cerebro.
— Continúa... adelante — ordenó tratando de no prestarle atención a las punzadas que le atravesaban la cabeza y Amy obedecía, seguía halando, pues en ese momento con Alucard en la cabeza, no tenía otra misión en la vida, como siempre que frente a él llegaba alguien de vaga voluntad se apoderaba de su pensamiento y de su actuar. Llegó entonces a su cabeza el muchacho Lucian Wilbanks, el enamorado de su ama, aquél pensamiento le molestaba, fuera de ser un humano ordinario, este había convertido a su ama en una chiquilla más. Con esa idea de que a ella pudiera gustarle el muchacho solo se había granjeado a un enorme enemigo; él.
Aunque en su momento le había resultado útil, pero el solo hecho de haberle dominado sin más que solo desearlo, demostraba que era un sujeto demasiado simple para tener algo que ver con su ama. Pero por otro lado, este, debió de haber despertado algo en sí mismo para poder dominar aquella habilidad que a los más débiles destruye la cordura, además era valiente, tenía que admitirlo ya que se había atrevido a mirarle en su verdadera forma, a sabiendas de que tal vez no sería para nada agradable.
No era tanto eso lo que llamaba la atención de Alucard sobre Lucian, si no el hecho de aún mantenerse cuerdo a pesar de que veía, como él, lo que la oscuridad escondía. Si atacaran en ese momento a su ama, tenía alguien a su lado para al menos ayudarle a escapar.
Cayó entonces Amy de rodillas exhausta, -con ello trajo de vuelta a Alucard- y a un paso de la muerte; solo sus delgados brazos quedaron fijos a la lanza, la cual sin misericordia alguna le chupaba la poca sangre que le quedaba.
Bajo ese escenario, Cromwell no aguantaría mucho.
— ¡Levántate! — exclamó Alucard y el débil cuerpo de la muchacha se colocó de pie.
— ¡Tira! — le gritó y el cuerpo obedeció — ¡Con más fuerza! — y quizás fuera mucha la voluntad que el vampiro le entregara, pues la muchacha cayó de bruces, pero uno de sus brazos quedó fijo en la lanza; se le había desprendido, aunque ya casi no importaba, Amy no tenía conciencia.
— ¡Continua... tira! — faltaba muy poco para terminar con aquella fase de su plan, entonces por el rabillo del ojo miró y vio a la muchacha volando, literalmente, por los aires. La lanza se había quedado con trozos del otro brazo de Amy. Y ella fue a dar varios metros lejos de Alucard y del atacante. Este miró al vampiro, el rostro casi desencajado por la ira, solo acentuaba la locura de sus ojos.
— ¡Maldito seas Alucard! — gritó, y con toda la fuerza que su condición de inmortal le prodigaba, le pateó la cabeza hasta ensartarla en la derruida pared. Había sido un golpe fuerte, pero Alucard estaba harto de tener que aguantar esas estupideces.
— Te mataré — dijo, en verdad que estaba harto, fastidiado y molesto.
A Henry no le importó, para él Alucard solo era un vampiro del cual se hablaba mucho, el enfrentamiento en el tren no había sido más que una vaga diversión de la cual le gustaba procurarse de manera asidua. No conocía su verdadero poder y si le tocaba luchar con él estaría tan dispuesto como con cualquiera que se jactase de su fuerza, si fuera por él ya le hubiera dado muerte, desde que viera a Integra que deseaba eliminarle y luego a ella, pero se lo habían prohibido, aunque no entendía el por qué; solo era una humana.
Se encaminó entonces hacia el cuerpo de la muchacha, vio el brazo sujeto a la lanza y el otro que aún estaba pegado a su cuerpo, destrozado. Miró nuevamente a Alucard, el rostro de este se perdía en la pared y solo una viscosa mancha de sangre hacia su aparición en donde antes estuviera su cabeza. En tanto, hace rato ya que el alma de Amy Jones había abandonado a su dueña.
— ¡Ah...! — Corrió entonces Henry hacía Alucard y con renovada fuerza y furia siguió pateándole el rostro, hasta que vio caer la carne — ¡Maldito perro! — le dijo una vez que su ataque de furia paso. Nuevamente fue donde Amy y le tocó la entrepierna, se enfadó aún más; estaba fría y muerta.
Siquiera podría beber de su sangre.
"Tanto trabajo para nada"
Cogió entonces la lanza y se dispuso nuevamente a dejarla en el lugar y a la profundidad que esta requería, no le importó ensartarse las agujas que se adentraran en sus poros, pujó pero no pudo moverla, miró la grieta en la cual se escondiera el rostro del vampiro. Y solo gusanos y sangre podrida salían de ella. Se acercó aún más y el olor le hizo retroceder, comenzó entonces a reír con fuerza, no lo podía creer.
— ¡Ya te has muerto! — gritó y comenzó una extraña mezcla de danzas, celebrando la muerte del vampiro, quizás era un revés en la misión, pero ya no habría nadie que se interpusiera entre él e Integra Hellsing —En verdad David se enfadará — pensó en voz alta, una vez que se vio más calmado y tranquilo. Pero eso era algo que a él poco y nada importaba.
Se encaminó nuevamente hacía el cuerpo de Amy y lo levantó del brazo que está aún ostentara en su cuerpo, la sangre de la muchacha pareció salpicarle, vio entonces que no era roja, sino negra. De a poco y a una velocidad más que sobrenatural, la mancha pareció crecer y crecer a los ojos de Henry, esto le asusto y le soltó. Sacudió su brazo, para deshacerse de la misma, pero esta crecía y crecía, y mientras lo hacía un agudo ardor pareció adentrarse en su fría piel; mucho ardor. Entonces el horror le mostró que distaba mucho de encontrarse solo en aquél lugar, y que Alucard distaba mucho de encontrarse verdaderamente "muerto".
Apareció en la quemante mancha de negra sangre uno de los ojos rojos del vampiro, y a este le siguió otro más pequeño y uno y otro se sucedieron para aparecer en su brazo, sabía quién era el causante de todo y eso le enfado aún más.
— Maldito vampiro — dijo con fría calma y de un rápido movimiento se cercenó el brazo.
°~*OOO*~°
Ahora que Alucard había recuperado su estado de ánimo, la mancha se extendió hasta cubrir completamente todo el miembro para después deshacerlo; ocurrido esto, se juntó con la sangre de Amy Jones, para pasar a transformarse en gusanos y volver a la forma de su dueño original. Este Alucard era diferente pues así lo había deseado él; el cabello plateado y el rostro demacrado, gris y enfermizo. Parecía llevar una camisa de fuerza que volvía su aspecto al de un verdadero demonio, si en algún momento había pasado por un humano más, no era este, ahí en ese lugar él era: "The No Life King".
— ¡Magnifico! — rió, Henry se sintió atemorizado ante tanta demostración de poder, más no lo demostró.
— Bien... — dijo con frío tono —…hace rato ya que quería despedazarte.
— Me hablas de lo que no entiendo, había pensado en sacarte información, pero veo que nada tienes para mí— Henry frunció el ceño.
— Estúpido... — exclamó, cerró entonces los ojos y el lugar tembló, del techo cayeron gigantescas rocas, sepultándolo todo. Para Henry no fue problema el escapar, necesitaba tiempo para pensar en alguna estrategia que distrajera a Alucard mientras recuperaba su miembro perdido. Fijó la vista en el suelo, en lo que había sido aquella prisión, sería mejor eliminarle de una vez, ahora en verdad consideraba que tal vez si no actuaba con cuidado podría dejar de existir.
"No... No estoy para juegos ahora"
No le interesaba cansarse de manera absurda sobre todo ahora que tendría que, nuevamente, cazar para alimentarse, maldito Alucard, había eliminado a su mascota.
— Si...no tengo tiempo que perder con él, Da... — una fuerte punzada le quitó el aire de pronto y dolor aún más agudo no le dejo hablar, ni gritar, siquiera quejarse, cuando fijó la vista en el lugar que le ardía con tan espantoso dolor, vio una extraña forma que sobresalía de su pecho; parecía ser un tronco, pero no, ésta cosa vibraba y parecía beberle la poca vida que, sabía, le quedaba. Creyó firmemente que era alguna bestia, pero luego cayó en la cuenta de que no era otra cosa que el brazo de Alucard lo que le atravesaba de lado a lado, sujetado como si fuera un trofeo su corazón; negro y marchito.
La risa de este se hizo un agudo eco en aquel abandonado bosque y con burlesco tono dijo:
— Tampoco tengo tiempo que perder contigo... — con su brazo libre le cogió del pelo y lo atrajo contra sí, de un rápido y único movimiento le devoró un trozo de su cuello y bebió de él. Tal cual lo había imaginado, no pudo obtener mucho con ello, cuando lo vació dejó caer la cascara de aquél infame vampiro y le miró con desprecio, era solo un gusano al que había aplastado. Dejó entonces salir a Cromwell, el perro se divirtió un poco más y lo devoró lentamente.
°~*OOO*~°
Dante había tratado de resistirse, pero Amy era muy fuerte, extrañamente fuerte. A penas se habían encontrado a solas y ella le había atacado, quizás sonaba exagerado, pero así había sido. Después de beberle la sangre hasta dejarle tanto sus respuestas físicas como mentales aletargadas, Amy soltó a Dante. Cuando el muchacho despertó se vio semi - desnudo y sentado en la silla que Lucian utilizara para sus estudios, Amy frente a él aunque no parecía ser ella y sinceramente se sentía demasiado cansado para entender nada.
— Dante Wilbanks— escuchó, todo se veía tan irreal como cuando a veces se drogaba, le pareció gracioso caer en esta comparación y se rió.
— Dante Wilbanks — el tono era extraño, y enderezó su cabeza
— ¿Si?
— ¿Qué es lo que ocurre contigo? — pareció entonces, que el muchacho caía en el sueño — ¡Dante! — y nuevamente se enderezó — ¿Qué es lo que ocurre contigo?
— Nada... nada — respondió tratando de reaccionar, creyéndose atrapado por algún profesor, entonces sintió un dulce y suave roce en los labios, al parecer le estaban besando, pero no fue capaz de responder, estaba muy cansado, se sentía exhausto y quería dormir.
— Escúchame bien Dante...yo sé que es lo que te ocurre, tú estás triste y eso es porque te están abandonando. Te han dejado solo, primero tu padre y ahora Lucian, lo de él es más extraño, tal vez para ti, pues siempre ha estado a tu lado. Hasta que llegó ella… — Dante asentía como un niño estúpido — ¿Sabes a quién me refiero Dante? ¿Sabes quién hizo que tu hermano se alejara de ti? — El negó — Es Integra, Integra Hellsing, escúchame bien, tú no le importas a ella y hará todo lo posible por alejarte de tu hermano — Solo entonces pareció reaccionar Dante.
— ¿Qué dices...? Lucian no es así... — rió entonces con fuerza el muchacho, mientras se alejaba de Amy —...Estás loca... — Finalizó, ella también rió y con un rápido movimiento le empujó, cayeron ambos al suelo y esta pasó a sentarse en las piernas del muchacho, le sujeto el rostro con fuerza.
— Óyeme bien niño — mirándole fijamente a los ojos, pudo sobrepasar el muro que era la voluntad de Dante, cayó entonces en un extraño sueño, en el cual solo le escuchaba a ella — Integra te sacará del camino pues tu hermano es prospecto para ella (en verdad era una estupidez, pero Amy temía que si declaraba sus verdaderas razones Dante recordaría quién le había hablado así de la muchacha, no tenía intenciones de evidenciarse con un simple humano), te abandonara y tu padre también, debes de ir por ella antes de que ella lo haga por ti, tráela hacia mí y aléjala de tu hermano...¿Sabes porque? — Dante negó — Porque de otra manera Lucian caerá con ella ¿entiendes? — Absolutamente nada, pero no era su voluntad la que imperaba en aquel momento — ¿Entiendes Dante?
— Si
— Vigílale
— Si
— Y yo te diré cuando debes de traérmela
— Si
— ¿Sabes porque debes de hacerlo? — nuevamente el muchacho negó.
— Porque si no le detienes te quitara todo, no debes mancharte con ella, no dejes que Lucian lo haga ¿entiendes?
— Si — entonces Amy rió.
— Buen Chico... ¿Quieres dormir? — Dante asintió.
— Bien— se cortó la muñeca la muchacha y le dio a beber de su sangre, tuvo ella que abrirle la boca y una vez que lo considero suficiente, le dejó en paz, le llevó a la cama y con solicitud le recostó.
La habitación de ambos hermanos era acogedora, tenía una sala de estar, un baño y dos dormitorios, uno era utilizado por ambos; en el más pequeño había un pequeño escritorio y varias cajas con ropas y cachivaches de poca importancia. La sala de estar tenía un ventanal de mediano tamaño por el cual se colaba la luz del atardecer, tomó asiento frente a este y observó los campos cubiertos de nieve y hojas secas, pronto serían las navidades de los humanos y con ella venia el nacimiento del dios sol, era el tiempo y las piezas como nunca estaban donde debían de estar. Nada podía ser más propicio.
"Un Humano"
Justo en aquél momento Lucian entraba en la habitación. Este le miró tan fijamente que Amy se creyó descubierta.
— ¿Qué haces acá? — Lucian sabía a qué iba Amy Jones a su habitación, aunque por delicadeza siempre le dejaba contestar.
— Ayudaba a Dante con sus deberes— Era imposible que Lucian creyera eso, si bien las calificaciones de Dante habían mejorado con respecto a años anteriores no era tan buenas como las de Amy Jones. Aun así, ella, siempre usaba la misma excusa.
— Oh...y ¿dónde está ahora?
— En su habitación lo dejé en su cama.
Lucian fue donde su hermano, mientras Amy se daba por despedida, nada más tenía que hacer ahí. Entonces sintió un extraño escalofrío proveniente de la habitación de los hermanos, era el tipo de sentir que le daba cuando era amenazada por alguien de relativo poder, había pocos seres capaz de hacerla sentir así, pues eran solo quienes conocían su naturaleza, quienes en verdad conocían los que ocultaba la oscuridad, gente como Integra Hellsing y que más que cualquier bestia inmortal, resultaban peligrosas para ella.
Se creyó descubierta y había decidido matar. Miró hacia su amenazador y vio a Lucian con la vista fija en ella, era una mirada ordinaria. Pero al parecer ocultaba mucho más de lo que ella imaginaba.
— Creí que habías dicho que estaba en su cama — Amy no supo cómo reaccionar, y al parecer tampoco escuchó muy bien lo que Lucian le había dicho.
— ¿Cómo...? No he entendido— Lucian tomó una cobija y arropó a su hermano, para aparecer nuevamente en el umbral de su habitación.
— Que habías dicho que le habías dejado en su cama...y no, está en mi cama — Amy sonrió con naturalidad.
— Oh...disculpa...
— Tranquila no es nada... — La muchacha abrió la puerta con tranquilidad y ahora fue al muchacho a quién un extraño escalofrío recorrió la espalda, cuando alzó la vista, vio como una tenebrosa sombra desaparecía bajo la puerta de su cuarto, esto le atemorizó, no por la forma, hace días que veía cosas, si no por lo que revelaba y era algo tan terrible como el vampiro que le hiciera perder el conocimiento la noche en que besara a Integra, corrió tras ella, para advertir a la muchacha, pero Amy había desaparecido del pabellón, no le vio en las escaleras, ni en el jardín del primer piso. Nuevamente el escalofrío le atacó pero esta vez estaba dentro de su cuarto, más en cuanto entró este desapareció y la luz, pareció colarse junto a él.
No debía dejarse llevar por la imaginación, sabía y entendía su situación, así que trataba de no alterarse, cuando esto ocurría, fijaba en su cabeza la idea de no cerrar los ojos, no quería siquiera imaginar que era lo que a plena luz del día atemorizaba tanto sus sentidos. Sabía que el arriesgarse a ello conllevaba el perder la cordura y, ahora, con Integra a su lado, eso no le parecía una buena idea.
°~*OOO*~°
Ya en su alcoba, miró el horario de su hermano, no tenía más clases. Pronto darían las doce del mediodía. Miró un rato a Dante, agradecía que no le hubiera hecho escándalo alguno sobre su decisión de no justificarle más, eso hablaba muy bien de él y de cómo había tomado las cosas. Le pareció algo pálido, tal vez, porque venía del entrenamiento y estos, al menos para su hermano eran generalmente agotadores, o quizás simplemente se había drogado junto a Amy más de lo normal y está siendo mucho más prudente le había recostado.
Nuevamente se paralizo, trató de calmarse, por alguna razón a pesar de que parecieran reales, había aprendido a diferenciarlas, al menos durante el día. De noche era un trabajo que le resultaba casi imposible. Dejo sus cuadernos y tomo otros, se le venían encima seis horas agotadoras y eso en verdad que le preocupaba mucho más. Miró su horario.
"Que bien, mi sexta hora está libre, Integra estaría en las piscina"
°~*OOO*~°
Danae llevaba una "vida" bastante tranquila, era la dueña del mejor piso en un céntrico edificio en Hamburgo. Se le veía como una adinerada empresaria, muy silenciosa y vecina solicita. Jamás hacia reuniones, ni llevaba amigos a su departamento, por lo tanto daba muy poco de qué hablar. Era bastante astuta, incluso como vampiro, jamás excepto en lo que tenía que ver con su ego e inteligencia dejaba que los humos se le fueran a la cabeza, el hecho de ser inmortal no la hacía invulnerable, es más por lo mismo estaba más expuesta que otras criaturas a ser víctima de alguna persecución, para evitar cualquiera de esos descuidos, los cuales consideraba una estupidez, evitaba el matar cerca de su casa, incluso lamentaba el tener que matar en la misma parte de la ciudad, lo cual hacía que sus cacerías fueran largas y extenuantes. Tampoco, invitaba a sus víctimas al edificio. Solo Therios y David, conocían la ubicación de este; así que cuando llegó a su avenida y notó el aire a muerte que envolvía al lugar supuso que era alguno de los dos quién le esperaba.
Hace tiempo que no veía a David, considerando la actual situación sobre ellos, la misión que se les había encomendado y obviamente tomando en cuenta a Alucard, llegó a la simple conclusión de que era él en persona quién venía a sacarle información al Vampiro. Temía que eso pudiera ocurrir; si Alucard continuaba con su obstinación, David simplemente le mataría y de su sangre vería la verdad, no quería que eso ocurriera, solo deseaba la libertad del vampiro, debería de pensar en alguna forma de ayudarle.
"Si no fuera por esa maldita muchacha"
Se sacó la bufanda (la cual no necesitaba, pero solía tener en extremo cuidado al aparentarse humana), y se despojó del abrigo, el ascensor avanzaba lentamente, llegaría más rápido utilizando las escaleras. Pero no. Debía de aparentar ante el resto. Solía irse antes de despuntar el alba y regresar apenas oscurecía. Todos veían en ella el ejemplo reflejado de una empresaria exitosa y solitaria. Y esa era la imagen que ella quería dar, sus relaciones humanas eran prácticamente nulas, aunque hablaba de vez en cuando con la hija de una de sus vecinas; una pequeña de seis años, muy entrometida a su gusto, aunque debía de admitir que como seres humanos, solo valían la pena los niños, hasta que claro, la edad los alcanzaba y pasaban a formar parte del rebaño normal.
La chiquilla le había sacado una vaga promesa, la cual si bien no tenía intenciones de cumplir recordó al saber que se acercaba a su piso. La muchacha le había pedido bombones y aunque no se los llevaba; de todas maneras revisó en los bolsillos de su abrigo, simplemente para ver si traía en ellos algo que fuera un premio de consuelo, mas llegó a la idea fija de que quizás la madre de esta no le permitiera el molestar a su silenciosa vecina, se imaginó indulgente con la madre, permisiva con la chiquilla.
Recordó entonces cuando en su juventud soñaba con poder afianzar su estatus con el hijo del conde. En aquella época tenía solo catorce años y quizás había sido demasiado educada por su madre sobre los deberes que debía de enfrentar como futura esposa, quizás muy joven para el conde, pero si tenía un poco de paciencia su hijo sería el adecuando para ella. La sacaron de sus cavilaciones el ruido del ascensor que le indicaba la llegada a su piso. Miro la luz roja y al instante las puertas se abrieron.
Absoluto silencio y un mar rojo se abalanzó sobre ella.
El olor la transportó los campos de batalla que ella y sus "camaradas" llenaran de cadáveres en la antigüedad, notó con algo de angustia que la sangre se colaba en el ascensor, tornando las blancas baldosas en rosas para finalmente teñirlas de carmín. Danae miró a su alrededor y aceptó con tétrico horror (más por la vista -la cual consideraba excesiva y de mal gusto- que por un sentimiento de afectación) el espectáculo que frente a ella se alzaba: todos sus vecinos colgaban empalados de las paredes, habían al menos once personas en total; desangradas, degolladas, mordidas y algunas descuartizadas, muertas, sin opción alguna de siquiera convertirse en asquerosos ghouls.
El lugar estaba arrasado, parecía que había sido una manada o eso hubiera considerado, si su inteligencia no fuera tan viva. Sabía que solo era uno; sabía que había escapado e imaginó lo que le había ocurrido al carcelero. Era uno solo; como en la antigüedad y estaba ahí, lo más probable es que viendo todo y riéndose diabólicamente, escondido en su único hogar, esperando en la oscuridad.
"¿Y los niños…?"
Tal vez en verdad preocupada, sin esperar respuesta. Hace mucho que nada le afectaba de tan singular manera, le pareció extraño, mas no lo creyó malo. Se preguntó por los niños, por aquella muchacha a la cual le había prometido los dulces.
"Los hice dormir apaciblemente"
Al menos no habían sufrido, en cierto sentido eso le alivió.
"Todos siguen en sus camas"
Danae caminó algo temerosa, pero segura hacia la última puerta de aquel pasillo lleno de muerte.
"Que irónico"
Así mismo había conocido al conde unos quinientos años atrás. Cuando abrió la puerta de su departamento este se mantenía tal cual lo había abandonado en la mañana, trató de encender la luz, mas no hubo respuesta
"Es verdad… él se mueve mejor en las sombras"
Dejó caer su abrigo, preparándose para la futura batalla. Aguzó la vista y el olfato, pero nada vio. Cerró la puerta, al menos así y si es que la batalla resultaba ardua, Alucard no escaparía fácilmente, el ventanal estaba abierto y dejaba entrar el frío aire que rodeaba en las noches a la ciudad, también debería de cerrarlo, evitar cualquier tipo de salida rápida, aunque eso solo sería posible si es que tenía suerte y el vampiro se compadecía de ella, si no estaba dispuesto, le mataría sin benevolencia alguna y le devoraría.
Cruzó el cuarto y cerró el ventanal, algo tras ella se movió con imperceptible velocidad, lo mejor era terminar todo de una vez, cogió un jarrón cercano y lo lanzó con fuerza; a lo que fuera que hubiera acertado no estaba muerto. Era un no muerto. Con toda su habilidad siguió el sonido seco que este emitió, pero su oponente era más veloz, cuando le tuvo cerca, le tomó de una de sus muñecas y con furiosa fuerza la lanzó contra una pared. Danae atravesó fácilmente la misma, no era el suyo un cuerpo débil y muerto, de mucho le habían servido todas sus batallas y sus casi quinientos años de vida no eran mera coincidencia, cayó de bruces en lo que era su habitación, cuando notó que una silueta se venía sobre ella; era el puño de Alucard, el cual sin ningún tipo de misericordia le hundió el rostro en el suelo.
Con admirable resistencia aguantó la embestida. Estaba a la distancia perfecta y por el costado enterró su manos hasta la muñeca en su atacante, con un rápido movimiento estrelló su cabeza contra la de él al momento en que su cuello era sujetado fuertemente, Danae no soltó a su atacante y este le alzó en el aire como si fuera una pluma, contra el muro le sujetó.
Solo entonces Danae pudo ver el rostro de Alucard, estaba contraído y agitado, ni que decir herido y de la nariz sangraba profusamente, Alucard pasó su lengua, bebiendo la mayor cantidad que pudo. Aunque parecía viscosa y podrida brillaba a la poca luz que se colara en aquella habitación, entonces lucía negra y denotaba el poder de quién la ostentase, denotaba el poder que era capaz de entregar a quién la bebiese.
— A...Alucard — pronunció forzosamente la mujer, estaba asustada y eso el vampiro lo notó en su mirada.
— Yo ya me he cansado de jugar— dijo él, Danae bajó la vista y miró su brazo ensartado en el costado del vampiro, era lo que la desesperación le había obligado a hacer, nunca hubiera pensado en atacar a Alucard.
Miró al vampiro, quién seguía con la vista fija en ella; también sangraba, pero los golpes le resultaban en ese momento insignificantes, tenía un corte en la cabeza y sentía el rostro hinchado obviamente producto del brutal golpe que Alucard dirigiera contra ella. Danae respiró con fuerza y finalmente habló:
— También... también...estoy harta de jugar
Paso su lengua, Alucard, por la barbilla de la mujer, limpiando un fino hilo de sangre que de la comisura de su boca saliera. Danae no sabía si le mataría o no, así que solo aguantó la respiración hasta que noto que él quería besarle. Entonces le siguió, contestó el beso con la misma efusividad con la cual el vampiro le oprimía contra sí. Dejó de herirle, para llevar la mano viscosa a los cabellos de Alucard grises en aquel momento, paseo por el cuello del mismo y ahí jugueteó.
Había esperado tanto tiempo aquél momento, desde que le conociera, cuando aún era un humano más. Pero solo se topó con indiferencia, no era para él su mujer, sino un sirviente. Era un déspota y es que su educación le había criado para ello. Fue una traición, aquella horrible noche en la cual casi le destruyen. Había llorado mucho su muerte, pues eso le habían dicho, hasta que se lo topó como juego del destino, enamorado de otra, aquella vez solo había tomado distancia, ahora volvía a verle como esclavo de una niña, que quizás no merecía tanta atención de parte de toda aquella manada.
No entendía si eran celos o no, pero no soportaba la idea de perteneciera a alguien más y el hecho de que lo hiciera voluntariamente, preocupándose por su "dueño" le exasperaba aún más. Ahora tenía la autorización para acercársele, tenía las cartas favorables para liberarle y llevárselo lejos. Aunque debía de tener cuidado, quizás le mataría en cualquier momento ¿Debía o no arriesgarse?
Alucard le levantó y dirigió sus piernas, Danae entendió y con ellas le abrazó. Sin necesidad de ver nada, recorrió con frías manos la delicada espalda de la draculina, cuando llegó a la base del cuello, rasgó de manera casi pasional las prendas que ella llevase encima. Caminó sosteniéndola y sin dejar de besarla, hasta toparse con la cama.
"Que extraño, será la primera vez que usaré esta cama"
Le cogió Alucard de los cabellos y colocó su rostro frente al de ella.
— Estamos en la misma situación, ambos podemos perder de esto — estaba bien para ella, lo consideraba un trato justo.
