6° Santana.
Estaba malditamente nervioso, y llevaba más de diez minutos mentalizándome, sentado frente al volante de mi carro, en el estacionamiento de Lima Bean. Tenía que hacerlo y lo haría rápido. Sí.
Me di ánimos y caminé hacia la entrada del lugar. Desde ahí, pude verla en su uniforme de las animadoras, con una cara de hastío mirando a su alrededor. Sabía que esto sería enormemente incómodo, pero debía tachar de mi lista a todas las chicas que había registrado y Santana era la última. Caminé hacia ella y entonces me vio. Alzó una ceja y cruzó los brazos a la altura del pecho. Estaba molesta y yo ya sabía que se venía una avalancha de insultos.
- ¡Aleluya, Lady Hummel! – dijo, moviendo su cabeza, como en una pelea callejera - ¿Es que acaso ahora que estudias en una escuela de ricos, te das importancia? ¡Llevo más de quince minutos esperando para que trajeras tú trasero aquí! – continuó, yo ni siquiera me había sentado aún - ¡Y ruega porque sea algo que me interese, si no te meteré este latte por donde no llega el sol!
- Santana, ¿puedes calmarte? – pedí – Hay gente alrededor.
- ¡Me importa poco! – me señaló con un dedo – Odio que me hagan esperar, y también odio perder mi tiempo… - yo rodé los ojos - ¿Vas a decirme para qué querías verme aquí? No me gusta este lugar, de todos modos, siempre está lleno de gente que se cree de mejor clase.
- Okay, am… sólo quería pedirte un favor… - comencé a decir, pero ella no parecía dispuesta a escucharme realmente.
- ¿Pidiendo favores? – se burló – Esto te va a salir muy caro, Kurt… ¿Qué es lo que deseas? ¿Algún consejo para cogerte a un chico de tu nueva escuela? Porque sé alguna cosas del sexo gay, pero no soy una experta…
- Creo que esto fue una mala idea – dije, finalmente. Alcé las manos en rendición y caminé lejos de Santana. No sé en qué diablos estaba pensando cuando puse su nombre en primer lugar.
- ¡Oye, Hummel! ¡No puedes citarme aquí, para dejarme hablando sola! – chilló - ¿Es que acaso no le temes a la gente de Lima High Adjacents? – yo no me detuve, y fingí que no era a mí a quien le hablaba la latina - ¡Voy a patearte el culo cuando te vuelva a ver!
Me subí a mi carro, tan rápido como me fue posible y aceleré. Me detuve frente a Dalton y un escalofrío me recorrió. Santana sí que sabía cómo inspirar miedo, y espero no volver a topármela, al menos hasta que se le pase el encabronamiento conmigo.
-o-
Estaba en el Lima Bean nuevamente, me había juntado con mi amiga Mercedes, sólo para ponernos al día en los chismes. Me comentó que Rachel había estado hablado de más, diciendo algunas cosas de mí y mi desafío.
- Cuando la encuentre, le voy a rapar esa cabeza – amenacé, sacando una carcajada de Mercedes.
- Ya conoces como es ella – se encogió de hombros.
De la nada, aparecieron Mike y Tina, tomados de la mano. Al vernos, se sentaron a nuestro lado, haciendo conversación.
Estábamos entretenidos, cuando mis ojos captaron a una conocida morena en traje de animadora entrar al local. Crucé los dedos porque no me viera, pero no sirvió de mucho.
- ¡Diablos! – bufé entre dientes, al verla sonreír con malicia y encaminarse hacia nuestra mesa.
- Hola, Hummel – saludó. Yo del susto, me puse de pie y ella se me encimó, arrastrándome hacia atrás – Ya me enteré que andas besando a todas las chicas del Glee – todos comenzaron a murmurar, y pude oír a un ofendido Mike, pidiendo explicaciones - ¿Es por eso que me citaste el otro día? – yo estaba enmudecido y shockeado – Sin embargo, te besaste con mi chica y no conmigo… ¿Es que acaso no cumplo con tu estándares, Lady Hummel?
- Y-yo… yo – tartamudeé.
- Ni sueñes que me vas a excluir de esto – amenazó y me presionó contra uno de los cilíndricos pilares del lugar.
Santana estampó su boca contra la mía, y yo no pude sentir una incomodidad mayor, hasta que me metió la lengua. Me sentía casi violado.
- No me des las gracias – dijo, luego de soltarme. Todos los ocupantes de la mesa y de la cafetería, me miraba como si me hubiera salido un tercer ojo en la frente.
La latina, sin más, se largó de allí y yo, azorado, miré a todas partes. Mis ojos chocaron contra unos color avellana, que observaban la escena con la boca abierta. Blaine, sosteniendo un vaso de café, estaba a tres metros.
Le hice un gesto a Mercedes en despedida, cuando vi que mi "amigo" daba media vuelta para salir de allí. Lo seguí, sin saber exactamente porque sentía la necesidad de explicarle lo ocurrido.
- ¡Blaine! – lo llamé, cuando salí al exterior.
- ¿Qué pasa, Kurt? – respondió el, dándose la vuelta con una expresión similar a la que tenía cuando me vio con Britt en el centro comercial.
- Lo que viste… yo no… - me tropecé con mis palabras. ¿Cómo podía explicar lo que él había presenciado? ¿Qué podía decir al respecto?
- No tienes que explicar nada – me interrumpió él, mirándome ¿dolido, tal vez? – Fue bastante claro – dejó ver una sonrisa sin humor – Al parecer, esto del "desafío" te está gustando más de lo que pensaba – pude percibir su ironía al hablar.
- ¿Qué? – mi voz subió una octava - ¡No tienes idea! Yo… sí he estado haciendo esta estupidez… Pero es porque estoy muy seguro de lo que soy – argumenté, señalándome el pecho con vehemencia.
- Pues no lo parecía hace un rato – alzó una ceja con escepticismo.
- Y si así fuera… ¿En qué demonios te afecta? – solté, un poco más alto de lo que hubiera querido. El rostro de Blaine pasó por varias emociones, terminando en una neutra.
- Tienes razón… - comentó, mirando sus zapatos y luego a mis ojos – Disfruta tu desafío – escupió con algo parecido al resentimiento, luego se marchó.
Yo solté el aire que inconscientemente estaba conteniendo.
