Fic basado en Tsubasa Chronicles:

Por última vez

Parte Segunda

Capítulo 1

Por DarkCryonic

El grupo emprendió viaje en busca de las plumas. No podemos decir con exactitud que pasó por la cabeza de cada uno al dejar las puertas del castillo de Celes, pero sí se podía apreciar que no parecían comprender la magnitud de lo que había sucedido.

Sabían que Fye D. Flourite ya no estaba con ellos y que ya no lo estaría. Que su cuerpo estaba descansando junto al de Ashura en el fondo de un estanque de trasparentes aguas. Y que de ahora en adelante, seguirían, aunque no fuese lo mismo.

Pasaron por tres mundos, antes de llegar a un mundo a primera vista pacífico, con muchas personas en las calles y con un ambiente de ciudad metrópoli. Kurogane miró a su alrededor y notó que sus vestimentas llamarían demasiado la atención, así que sugirió buscar como cambiarlas.

--Fye siempre era el que se encargaba de estas cosas...—Comentó Mokona con nostalgia.

Kurogane apretó su puño con fuerza y se echó a caminar. No podía pedir que dejarán de nombrar al rubio, porque sonaría cruel, pero tampoco se podía quedar quieto escuchando las remembranzas que no hacían más que recordarle lo que debió hacer en su oportunidad y que no hizo y no podría hacer nunca.

--Kurogane sama, espere...—Llamó Syaoran echándose a caminar tras el ninja junto a Sakura que no podía dejar de sentir cierta culpabilidad por todo.

Pasaron parte de la mañana recorriendo la ciudad, después de encontrar un lugar adecuado para dormir y otro en que pudieron conseguir ropas adecuadas a cambio de algunas cosas de valor que habían guardado a lo largo de sus múltiples viajes. Cuando llegó la noche los encontró sentados en su habitación de hotel contemplando las llamas de la chimenea en silencio. Syaoran dejó su tasa de te sobre su regazo y miró con preocupación al ninja, que desde el incidente no había dejado de parecer distante y enojado. Por otra parte, estaba la princesa con su gesto algo triste y bastante más callada de lo común. Había que hacer algo, pero aún no sabía qué.

Mokona trataba de animar el ambiente saltando sobre la mesita de centro, pero pronto se le pasó el entusiasmo y se quedó sentada mirando la tasa de té que le correspondía con suma concentración.

--Sí seguimos así, nada bueno pasará...—Murmuró Syaoran. Kurogane le miró fugazmente.

--Voy a salir...—Dijo el ninja apurándose a salir y dejándolos allí.

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La noche estaba tan igual a esa en que le dijo al rubio que no le gustaba que actuara como si su vida estuviera completa... Pasó su mano por sus cabellos tratando de alejar ese recuerdo. Caminó por las calles con tranquilidad. Pasó delante de las tiendas, bares y no se detuvo hasta llegar a un parque que parecía un buen lugar para pensar. Se sentó con desgano en uno de los bancos y echó la cabeza hacia atrás mirando las estrellas brillantes.

--Una buena noche para pasear, no es así?—Preguntó una voz. Kurogane se levantó de un saltó y miró hacia todos lados, pero no vio a nadie.

--¿Quién está ahí?

--Disculpe mi falta de protocolo.—Dijo nuevamente la voz, esta vez, el ninja pudo notar de donde venía. Levantó la vista al frondoso árbol sobre la banca. Podía ver a una figura sentada en una de las ramas balanceando los pies en el aire.

--¿Quién eres?—Peguntó el pelinegro.

--Nadie en especial...—Contestó el otro, que de un saltó se dejó caer a los pies del árbol. Kurogane vio una figura envuelta en una capa negra que caía con elegancia. Su rostro no era visible ya que cubría su cabeza con la capucha de su vestimenta y lo que podía verse de su mentón relucía metálicamente.--Lamento haberos asustado.—Dijo el hombre inclinándose levemente.—Pero a veces me gustaría poder conversar con alguien sin tanto titubeo.

--¿Por qué usas máscara?—Preguntó el ninja volviéndose a sentar en el banco, al notar que el hombre no era ninguna amenaza.

--Es una muy larga historia...—Dijo el aludido con jovialidad.—Y esta noche no tengo tiempo para contároslas. Quizás mañana, si viene por estos rumbos, pueda hacerlo.—Dijo el hombre volviendo a inclinarse y alejándose del lugar sin despedirse del ninja.

--Esta ciudad es muy extraña...—Murmuró el pelinegro antes de volver a contemplar las estrellas con detenimiento.

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Momentos después...

--Ya llegó, mi señor... El rey llamó preguntando por usted.—Dijo un mayordomo mientras cogía la capa que le daba su señor.

--¿Qué fue lo que le dijiste?

--Lo que usted me dejó dicho. Que estaba ya dormido y que le daría su recado por la mañana. Cosa que pareció no agradarle. – Agregó el sirviente invitándolo a pasar al salón donde lo esperaba una tasa de chocolate caliente.

--Gracias, Arthur. No olvidaré los favores que me haces.—Dijo el hombre sentándose en la silla y tomando la tasa con ambas manos, después de quitar una mascara de metal reluciente de su rostro, dejando a la vista grandes ojos y un bello perfil.

--No debe preocuparse, Mi familia está grata de estar a su servicio. Además, gracias a usted, mi familia no pasa desgracias ni penurias.—Dijo el sirviente antes de salir del cuarto para seguir cumpliendo con sus deberes.

Al instante se escucharon pasos bajar una escalera de forma apresurada. El chico sonrió. Ya adivinaba quien era la persona.

--Que bueno que ya llegaste. Estaba tan asustada.—Dijo una joven muchacha de cabello largo lanzándose a abrazarle como si no lo hubiera visto desde hace mucho.

--No debes preocuparte por mí, sé cuidarme...—Dijo el joven mirándola con una sonrisa.

--Lo sé, pero el rey parece no querer que salgas tanto a la calle ni que te relaciones con la gente de la ciudad.

--Lo sé... pero él no puede retenerme toda la vida aquí o en el palacio. Además, si aceptara todas sus peticiones, no conocería a gente interesante...—Dicho el chico antes de beber un sorbo de su chocolate.

--¿Conociste a alguien interesante?—Preguntó la chica entusiasmada, sentándose junto a él y sirviéndose también una tasa.

--Pues creo que sí... no parece de este lugar, y en sus ojos había un gran misterio o por lo menos me lo pareció. Además parecía algo triste, por no decir mucho...—Dijo el chico levantándose de la silla y caminando hacia la ventana que daba a la calle. Afuera la oscuridad era mayor, y de vez en cuando podía ver pasar a un grupo de policías por la vereda de enfrente.

--Veo que te impresionó y eso es muy difícil de lograr...—Dijo la chica en voz baja, como si no quisiera que escucharan.

El chico giró para verle y le regaló una nueva sonrisa.

--Es mejor que vayamos a dormir. Mañana será un día muy interesante y tengo que prepararme para asistir a una reunión en el palacio a primera hora.—Dijo el chico.

--Bien.—Dijo la chica dejando su tasa y junto a él, salieron del salón para subir a sus cuartos a dormir.

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En otro lugar...

--Señor...

--Habla... ¿qué información me traes?

--Señor, el joven consejero salió de su hogar por una hora... dio un leve paseo por el parque y volvió a casa, como todos los días.—Dijo el policía inclinándose frente a un hombre joven de grandes ojos oscuros con un porte elegante y vestido de negro.

--Sólo eso...

--Sí señor...—Dijo el policía titubeante...

--Estás seguro...

--Bueno, le vimos cambiar un par de palabras con una persona desconocida.

--¿Qué? Averiguaron con quién... – Preguntó algo exaltado.

--Ordené que lo siguieran, Señor. Pronto tendremos esa información.—Agregó el policía tratando de calmar su corazón agitado, ya que sabía de las consecuencias de la cólera de su señor.

--Bien, apenas tengas esa información me la haces llegar. Ahora vete.

--Sí, señor.—Dijo el policía inclinándose y luego saliendo rápidamente del lugar.

El rey paseó su vista por su escritorio con furia. Tomó una copa de cristal con fuerza y luego la arrojó contra una de las paredes.

--No debo permitir que la profecía se cumpla...—Murmuró antes de salir de ese lugar rumbo a su cuarto.

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Kurogane entró en la habitación en silencio. Miró a todos durmiendo y se sentó en un sillón junto a las llamas casi extintas de la chimenea.

"--No debes parecer siempre enojado...—Recordó.

--Yo parezco lo que quiera.—Había contestado él con enojo.

--Ay... Kurorin, nunca cambiarás..."

--Como hubiera querido cambiar en ese momento...—Murmuró Kurogane afirmando su cabeza en el respaldo y tratando de cerrar los ojos para descansar.

Continuará

DarkCryonic

2007

"Las fronteras no existen, son sólo creaciones ilusorias

que nacen de la debilidad que se esconde en nuestros actos...

los límites los creamos nosotros...

nadie más que nosotros..."