Trágica Reacción

Jirafas y Elefantes

Miro alrededor de la habitación de su amiga y lo único que podía pensar eran en los ya varios minutos en que Tomoyo fue a buscar algo para comer cualquier cosa para echar a su estomago vacío servía.

Se paseo sin interés por el conocido dormitorio y se detuvo para tomar uno de los cuadernos de dibujo de Tomoyo que estaban apilados en el escritorio; una sonrisa llena de afecto y admiración se paseaba por sus labios al contemplar el primer dibujo. Lamentaba no saber compartir mejor el amor que su amiga sentía por el arte, pero al menos si valoraba sus talento y la dedicación. Un inevitable orgullo nacía en su pecho, le hacía pensar que estaba destinada a triunfar y que nadie le dijera lo contrario. Hoja tras hoja podía ver impreso bellos dibujos, rostros afables, paisajes pintorescos que expresaban sus sentimientos, su alegría innata, todo lleno de colores, era fantástico como la definían porque ella era un bello matiz de todos.

Paso otra página y súbitamente su expresión llena de fantasías se desvaneció hasta transformarse lentamente en nada. Miro contrariado la hoja en la que se debuto y resoplo. Otra vez, ese extraño chico, ahí, dibujado con una sonrisa melosa, que apostaba era más propia de la imaginación de Tomoyo que de la sinceridad del modelo. Que fastidio.

- Tardé un poco, lo siento —apenas escucho la voz de Tomoyo abriendo la puerta cerro el cuadernillo, dejándolo tal como estaba. La chica cerró la puerta tras ella y cayo sentada sobre su cama— No había nada de comida, así que fui a comprar algunas cosas.

-¿Qué trajiste? —pregunto sin entusiasmo, de repente ya no tenía hambre.

-Comida chatarra, por supuesto —mostró una bolsa repleta de cosas.

Volteo la bolsa sobre la cama y paquetes y golosinas se desparramaron sobre esta. Se dejo resbalar hasta que su trasero topo el suelo. Eriol no tardo en unirsele.

-¿Con que comenzamos? —interrogo cerrando un amistoso ojo mientras le entregaba un dulce de naranja.

-Me da igual —dijo con pocas ganas. Tratando de quitar su expresión de suspicacia.

-¿Por qué estas enojado?

-Quien dice que estoy enojado —respondió en tono molesto, uno que Tomoyo prefirió ignorar.

-No creo haberme demorado tanto —decía sin importancia, y masco descaradamente la cabeza de un oso.

-No estoy enojado — rebatió él.

-Te conozco mejor que tu mismo —aseguro apuntándole con el dedo— Hasta podría leerte el pensamiento si me lo propusiera.

-Patrañas.

-Quien sabe —dijo con tintes misterioso— Pero no te comportes así, Eriol. Hace tiempo que no estamos tranquilamente tú y yo.

-Ya sé —murmuro.

-Será mejor que comas —ordeno agarrando un paquete de papas fritas y lanzandozelo.

-Con esta comida solo lograre enfermar y engordar.

-Anímate. Haces ejercicios, —dijo pesarosa— Pero si hay algo que te incomoda dímelo.

-Nada me incomoda.

-¿Nada de nada? —insistió la muchacha.

Eriol abrió el paquete y observo el contenido abstraido.

-Nada.

Comenzó a comer. Él rostro de ese chico dibujado continuaba fresco en su mente le era imposible no pretender curiosidad. Ansiaba que le confesara lo que ocurría. ¿Confesar? ¿Que cosa tendría ella para confesar?...

-Últimamente he notado lo bien que te llevas con Tsukishiro —comento con naturalidad.

-Nos llevamos muy bien. Tenemos cosas en común como el arte, también dibuja ¿Sabes? Y disfruto mucho hablar con él, es muy buen oyente y me ha ayudado mucho —dijo sin tener mas que agregar.

-Vaya… —más de lo que podía creer, pensó Eriol

-No lo se, pero la situación que vivo contigo, siento que se hace mas fácil… y es por Yue —concluyo con un leve asentimiento que reafirmaba sus propias palabras.

Eriol la observo con recelo.

-¿Te gusta?

-¿Qué? ¡No! —contesto demasiado a prisa para su propio bien— ¿Yue? No, no hay modo.

-¿Y tú le gustas?

-¡No! ¡Puedes dejar de hacer esas preguntas! —Tomoyo aspiro con fuerza y suspiro— Somos amigos y mas nada. Nada más.

Eriol analizo sus palabras con cierta incredulidad.

-Yo también lo soy Tomoyo, tu amigo —aclaro después de un momento— Cuando tengas algo que contarme sólo hazlo ¿De acuerdo?

-No tienes que decirlo —le observo confundida— Estas muy raro.

No estaba raro. Estaba intranquilo y ofuscado.

Estaba seguro de le apartaría, ella pensaría en lo mejor para ambos, y le apartaría. Lo podía ver llegar. A pesar de lo hechos se veía contenta y sus ojos adquirían el brillo de antes, solamente que él no era el responsable. Se sentía un poco incomodo al imaginar juntos a Tsukishiro y ella ¿Tan egoísta era si admitía esa pequeña punzada de envidia? Aunque tenia que darle crédito, hace unas semanas lo había visto besarse con Kaho, era lógico que no todo continuara igual que siempre. Que buscara apoyo en otras personas era valido, en ese caso, creyó que seria Sakura y sin embargo fue Tsukishiro, lo cual no era malo debía admitir. Pero para Tomoyo esa relación no se trataba de amor, era apoyo, respaldo y amistad, una relación poco romántica. Bueno y si ese no fuera el caso ¿Qué? Estaba bien que su amiga también tuviese una oportunidad.

Lo que ocurría era que su orgullo de hombre era el que sufría un leve traspié. La chica que estuvo enamorada de él toda su vida no necesito mas de una semana para olvidarle, cualquiera se sentiría trastocado. ¿Olvidarle? Olvidarle, olvidarle. Una palabra tan ajena, pero mas raro era que con los te amo de Tomoyo, o sin ellos, de todas manera nada marchaba bien.

-¿Por qué suspiras?

-¿Suspirar? —hablo con desgana.

-Hace un rato que suspiras. Me estabas reclamando por tu fatiga y no has comido nada, por tu culpa engordare yo —critico con humor.

-Ya no tengo mucha hambre —al contrario, su estomago era un nudo.

-Hoy no pareces tú —dijo sopesando el tinte preocupado de su voz.

Eriol se mostró ausente, y renuente a seguir debates interiores. Definitivamente si Tomoyo salía con Yue, al menos ese día no lo sabría de la boca de nadie, fin. Se levanto y miro a la chica.

-Me tengo que ir…—anuncio.

-¿Cómo que tienes que irte?

-Voy a salir con Kaho.

-Ah... Entiendo —Tomoyo trato de ocultar la decepción en sus ojos pero con Eriol era imposible tener éxito.

-Habíamos quedado en salir hoy —explico.

-Pensé que pasaríamos el día juntos… Como antes —murmuro para si misma. Sacudió la cabeza espantado cualquier rastro de lamento y sonrió— No importa, llamare a Yue.

-¿Yue? – y nuevamente volvían a Yue— ¿Por qué llamaras a Yue?

-Eriol, es un bello día ¿Cierto? No quiero quedarme en encerrada casa sin hacer nada. Le preguntare a Yue si quiere salir a caminar.

-¿Pero por qué Yue? —trato de no alzar la voz— ¿Por qué no Sakura?

-Porque hoy saldría con su papá y Touya —se rasco la nariz— Además Yue me comento que no haría nada más que dormir. No estaría mal sacarlo de la cama y hacer otras cosas interesantes —finalizo con una sonrisa. Eriol sintió nauseas.

-¿Y que harás con Tsukishiro? —controlador o no, ahí estaba, utilizando la voz de un padre sobreprotector, mas que la de un amigo.

-No lo se —contesto encogiéndose de hombros.

¿Así de fácil era? Llamarlo y listo. Eso quería decir que habían salido ya muchas veces más. ¿Por qué Tomoyo nunca le contaba nada al respecto? Si salía con ese chico bastaba con que se lo digiera. Es que acaso para eso no era la amistad, el poder contarse cosas, confiar el uno del otro. Que estupidez.

-Tengo una idea —reacciono inesperadamente.

-¿Qué idea? —pregunto entusiasmada. Eriol se acaricio la barbilla, ordenando la forma que daría a sus acciones.

-Salgamos tú y yo —propuso gentilmente— En vez de salir con Tsukishiro, sal conmigo.

-¿Y Kaho?

Advirtió Eriol, que por la forma de pronunciar el nombre de su novia no parecía muy segura con la idea.

-Hablare con ella no te preocupes —metió sus manos a los bolsillo y la escudriño con la mirada— ¿Qué dices?

-No creo que deba —se mordió el labio indecisa— No esta bien que la canceles. Podríamos salir otro día.

-Kaho es comprensiva y entenderá —insistió con la misma calma— Hablare con ella en seguida y veras que entiende.

Tomoyo hizo un mohin con la boca, contrariada. Si que quería salir con Eriol, ese no era el problema, pero se ponía en los zapatos de Kaho y los inconvenientes que causaría por culpa de la mejor amiga.

-No me hagas rogar —se quejo él seriamente.

-Eriol, solo si a ella no le importa —advirtió. Él asintió— Llamala primero, si no tienes problemas entonces me vienes a buscar.

Y el chico abandonando el cuarto. ¿Ahora que haría con Kaho? se pregunto, dejando escapar un suspiro; bajo las escaleras y saco el celular de su bolsillo.

Tendría que excusarse adecuadamente, no podía simplemente decirle que al escuchar a su mejor amiga decir que saldría con otro chico y que él sin darse cuenta y antes de que pudiera ocurrir la había invitado a salir sin siquiera considerar la cita previa que tenia con su novia y lo peor de todo, era que sólo la mitad de su conciencia se arrepentía; Que de paso, la sola idea de que Tomoyo estuviera con Tsukishiro a solas paseándose por cualquier lado, le era intolerable.

Marco el numero, mientras volvía suspirar. Ambos cerraron al mismo tiempo la rejilla de la casa de cada quien.

-Nos vamos.

-¿Que hacemos? —pregunto Tomoyo echándose el bolso al hombro

-¿Que quieres hacer?

-Un parque de diversiones no estaría mal —dijo mirando al cielo.

-Entonces vamos al parque de…

-¡Al zoológico! —interrumpió aun mas entusiasmada— No recuerdo la ultima vez que fui.

Eriol rió.

-Cuando éramos niños, nuestras madres nos llevaron —le contó.

-No recuerdo —trato de hacer memoria y se carcajeo cuando evoco unas cuantas imágenes— Tú lloraste por que no pudiste ver a los tigres, eso si recuerdo - soltó estallando de risa.

-Hey, yo nunca lloraría por algo así.

-¡Claro que si! Lloraste tanto que uno de los encargados del lugar tuvo que regalarte una paleta para que te callaras —decía carcajeándose mas fuerte

-Pues... Era pequeño, no es para tanto refunfuño.

-Tienes razón… De todas formas, siempre fuiste un niño llorón —dijo con risa exagerada.

-No digas esas cosas, es malo para mi reputación —alego fingiendo severidad.

-No te avergüences también eras un niño adorable… llorón, pero adorable —y le hizo un guiño cómplice.

La miro de soslayo y sonrió. Momentos como aquellos eran los correctos en los que podían estar juntos sin problemas de entremedio, como antes, donde el aprecio de años pesaba más que unos días de distancia. Recordar cosas, hablar de temas que solo ellos podían entender y sentirse privilegiados por la complicidad que los unía, era un sueño para no despertar.

-Tenemos que ver los monos primero —irrumpió sus pensamientos la orden de la chica.

-No quiero ver a los monos —puso cara de asco— Vamos por los tigres.

-Pero temo que comiences a llorar si no lo logras ver —se mofo inocentemente— Prefiero los mono.

-¿Monos o tigres…? —Eriol se debuto y saco una moneda del bolsillo de la chaqueta y Tomoyo sonrío.

-Sello.

-Entonces, elijo cara… —con efecto la moneda fue lanzada y rodó por el aire ante la expectación de dos ares de ojos; Cayendo finalmente para reposar en el dorso de la mano mientras la cubría con la otra.

Eriol alargo la comisura de su labio en una media e intrigante sonrisa, la de alguien que confiaba demasiado en si mismo y al destapar la moneda, la exclamación de triunfo se resumió en un firme susurro, Sí.

-Gane —paseo la moneda por el rostro de su amiga mientras comenzaba a caminar Tomoyo se cruzo de brazos un paso mas atrás rezongando— Ya iremos por tus monos —dijo complaciente.

-No entiendo que tiene de grandioso los tigres solo son gatos gigantes y con rayas por todas partes.

-A caso no eres artista, por qué no entiendes la soberbia elegancia de esos felinos —se defendio con fingida altivez— Tienes gustos extraños ¿Monos? Quien puede preferir los monos.

-Mientras no termines llorando…—musito.

-Te escuche.

-Si no lo hubieras hecho hablaría más alto.

Y Eriol comenzó a reír.

Fue una larga discusión de gestos y frases sin sentidos, pero que les dejaba con la traviesa chispa de la infancia. No perdieron el tiempo y se dedicaron a recorrer todo el lugar, contemplando las diferentes especies, se reían, hablaban y disfrutaban. Se detuvieron a observar el enorme animal de largo cuello, una expresión maravillada cubrió el rostro de Tomoyo, apegando todo el cuerpo a en la reja, con deseos de poder atravesarla.

-¡Son hermosas! —exclamo con admiración y con voz en soñadora dijo— Quisiera reencarnar en una jirafa.

-¿Jirafa? ¿Quien podría querer ser una Jirafa? —hablo con exagerada sorna.

-Yo —señalo con orgullo y embelesada volvió a mirarlas— Tan grandes y delicadas... Hermosas.

-Desvarías —dijo riendo y con el animo de seguirle el juego— Algún día serás una gran jirafa y yo podre ser un, mmm... elefante.

-Un elefante —repitió— Creí que serias un tigre, no tienes mucho de elefante.

-Tú tampoco pareces una jirafa. Como sea, los tigres y las jirafas no podrían estar juntas, por eso de que uno es asesino despiadado y la otra una boba que solo mastica y mastica, imagino que un elefante junto a una jirafa seria lo mas correcto ¿No?

Ella lo miro seriamente unos largos segundo con un rostro incompresible. Sintió un calor subirle por todo el cuerpo que amenazaba con detenerse en su cara y consumirlo de verguenza. Pero Tomoyo estallo en un risotada.

-¡Jajaja…! Que ridículo sonó eso —rio tontamente y Eriol al menos se sintió menos estúpido por esa charla mas propia de niños de cinco años.

El gentío y bullicio que rodeaba a la bestia blanca unos largos pasos mas allá, llamo sin duda alguna la atención de Tomoyo quien dejo las risas de lado, para correr y buscar un espacio entre las personas para poder ver al animal que decidió el momento mas indicado para darse un chapuzon en el estanque.

La morena agarro la mano de Eriol y lo arrastro hasta la jaula del oso polar. Y quizás ella, sin darse cuenta, no le soltó, pasando largo rato con los dedos entrelazados, causando mayor o menor presión en su manos según iban las exclamaciones propias de los estremecimientos de asombro.

Ella simplemente observaba al animal haciendo caso omiso de su gesto. Y él, era inquietante, estaba extrañamente nervioso; estaba seguro de que comenzaría a sudar, de repente un acto que a Eriol siempre le pareció mas bien mundano, en esos instante le causaba rechazo al mismo tiempo que placer. Por culpa de esa mano tibia, suave y pequeña; que la podía cubrir con naturalidad entre sus dedos largos y sostenerla con fuerza. Lo soltó, y sintió el fresco el aire refrescando la pequeña porción de piel que ella toco, fue extraño, y vació.

Sacudió la cabeza obligándose a quitar esos pensamientos, hacerlos desaparecer, tirarlos si es que pudiera.

-La pase de maravilla, Eriol —dijo soltando un descansado suspiro.

-Pero aun no se ha acabado el día ¿Que haremos? —cuestiono Eriol metiendo sus manos a los bolsillo— ¿Tienes hambre?

-La verdad es que no —respondió la chica

-Yo tampoco —el sonido del local de video juegos llamo la atención a de ambos. Pero fue Eriol quien tomo la palabra— ¿Una carrera?

-¿Carrera? —dijo volteando hacia el local

-¿Qué dices? —propuso con su habitual buen humor, y sin evitar picarla— Es una lastima que sin jugar ya estas perdiendo.

Ambos se miraron desafiantes y sonrieron con astucia.

Él fue quien aferro primero sus manos al manubrio, y se concentro en la carrera donde seria un competidor mas, la pantalla marco el inicio y su pulso incremento cuando piso el acelerador. Tomoyo de pie a su lado, se inclino para mirar la pantalla; alentandolo para que perdiera.

Cuando perder o ganar quedo en segundo plano, estaba tan cociente de la presencia junto a él, de la cercanía, del aroma que desprendía, del tono de su voz al susurrar palabras de desaliento... Y se enfureció consigo mismo por comenzar a notar esas cosas, cosas que siempre estuvieron ahí, sin embargo nunca causaron ni las mínima sensación. Hasta ese momento, ese instante en que percibía con extrema ansiedad todo.

-¿Segundo lugar? Mas te vale que no haya sido para dejarme ganar —manifestó suspicaz. Cambiaron de lugares rápidamente.

-No creo ser tan bueno —dijo tan sólo por decir firme y ausente.

-Grandioso, entonces perderás debidamente —Tomoyo metió la ficha en la ranura y el juego dio inicio.

Eriol siguió la carrera en silencio, alternando miradas entre la pantalla y su amiga. Realmente no se percato en qué momento, entre las idas y venidas de sus ojos, fue que paso. Congelado observo a Tomoyo, y el corazón se le enterneció de una manera casi insoportable. Nunca había reparado en lo bella que era, una chica linda de eso estaba seguro, pero nunca la había considerado y apreciado con claridad, una belleza sutil; ese rostro ovalado, suave piel blanca, nariz pequeña y respingada; labios rosas. Sedoso y largo cabello oscuro que ahora se veía tentado a acariciar como nunca se sintió a hacerlo. Sus ojos era dos joyas brillantes de color violeta. Trago saliva impresionado ante tal descubrimiento.

Respiro pausadamente, intentando volver a la normalidad.

Nada de eso. Por favor. Se negaba a que estuviera ocurriendo eso. Tomoyo siempre tendría un cabello largo, enmarañado e imposible; unos ojos demasiados grandes e inoportunos que revelaban más que las palabras. Siempre Tomoyo, la linda y dulce Tomoyo, sin suaves labios rosados, sin un cuerpo delgado, sin formas de mujer... Otro trago más. Estaba cometiendo un grave error, la conocía desde los cinco años no podía estarla mirando como si fuera la primera vez. Era inconcebible.

-¡No es justo! —chillo ella a punto de darle una patada al aparato— ¡Pido la revancha!

Eriol despertó del sopor. Agradeció que tales ideas tan rápido como llegaban se iban. Tocar la realidad era saber la tierra que pisaba y frente a él, desapareció la joven que por segundo lo dejo atontado.

-Será otro día —respondió a Tomoyo tratando de tranquilizarla— Ya me has dejado sin dinero.

-Está bien —acepto sin más, pero aun con el ceño arrugado— Tomemos un helado, yo invito.

Tomoyo agarro su mano nuevamente. Rayos, que manía tenia con tomar de las manos ¿Cuánto tiempo llevaba haciendo eso como para que en ella fuera casi un acto de inercia, algo tan natural que ni siquiera se percataba o avergonzaba? Algo que de seguro hacia con Sakura y sus otras amigas... con Tsukishiro. Porque no se daba cuenta de que en realidad era infantil, que debía refrenar su entusiasmo algunas veces, que si alguien los viera tendrían una idea errónea...

-Ha sido un lindo día, Eriol —decía mientras lamia el poco resto de la fría crema de chocolate que le quedaba.

-Sí —respondió ecuánime.

-Somos un buen equipo.

-Lamento que no hagamos estas cosas tan seguidas como antes —se expreso correctamente.

-Es lógico, estamos creciendo y cada uno comienza a tomar su camino, pronto no coincidiremos en tiempo, en lugares o amistades, lo sé. Este es como un punto de partida nada mas —explico quitando el dolor en sus palabras— Tenemos que alegrarnos de poder volver a ser los mismos por un día ¿No crees?

-Es bueno que seamos sólo los dos —dijo sin pensar y sin arrepentimiento.

-No deberías decir esas cosas —recrimino un tanto incomoda. Eriol rodó los ojos con gravedad.

-¿Te llevas de la misma forma con Tsukishiro? —pregunto secamente. Esa pregunta era un espina que podía olvidar pero nunca dejar de sentir.

Ella arrugo el ceño.

-¿De qué hablas?

-Por el tiempo que pasan juntos —explico con un encogimiento de hombros.

-Mas te vale que no estés insinuando nada, Hiraguizawa. Me dolería mucho que hicieras eso conociendo mis sentimientos —manifestó ella con cierta molestia.

Y Eriol no pudo si no darle toda la razón, a su pesar. Pero el hecho de que hablara aun de sentimientos le producía alivio.

-Perdóname. Mejor cambiamos de tema.

Eriol se en cerro en su habitación y se lanzo sobre la cama. Repaso el día; más que de cosas, estuvo cargado de sentimientos, de sensaciones, de pensamientos nuevos para él que sencillamente lo agotaron.

Levanto y observo su mano con curiosidad y enfado, incluso aun podía sentir la finura de los dedos ajenos que se cobijaron en su palma. Cuatro veces habían sido, cuatro veces en la que Tomoyo tomo su mano sin siquiera advertirlo o darle mayor importancia que un toque vano y frió, cuatro veces sus manos se unieron y él era el único que reparaba insistentemente en ello como si la tibia piel de ella más bien le quemara. Se removió intranquilo en su cama acomodándose de costado. Cuatro simples toques de manos que su memoria no quería dejar pasar.

OO

-¿Por qué tienes esas ojeras?

-Ayer no dormí nada, cuando mamá trabaja de noche —Tomoyo dio un largo bostezo— Cuando mamá trabaja de noche, no puedo dormir.

-¿Y en que trabaja tu madre? —Yue bajo el sonido de los audífonos en sus oidos .

-Enfermera… Es un buen trabajo y sólo somos dos personas, pero el dinero siempre termina por faltar —su voz era suave y somnolienta— Me gustaría tener un trabajo para poder ayudarla... y así no tendría que tomar esos largos turnos.

-¿Y qué te detiene?

-Es difícil encontrar un trabajo si eres estudiante. Además esta escuela no te permite trabajos de medio tiempo.

-Es verdad —reconoció Yue.

Sentados uno al lado del otro apoyados en el tronco del árbol que habituaban frecuentar; rodeados por la congestión de alumnos, que no dudaba en encontrar ese pequeño espacio verde un lugar idóneo para descansar. La sombra era ancha y las ramas se extendían filtrando pequeños rayos de luz, Yue se concentro en esos puntos brillantes que iluminaba porciones de su cuerpo, evadiéndose con el suave sonido de la música resonando en sus oídos y de disfrutar esos instantes de paz..., Pero le era imposible teniendo a una Tomoyo Daidouji, moviéndose, farfullando y rezongando. Más movimientos, más bostezos, más reclamos.

-No creo que hoy pueda concentrarme —aseguro la chica a duras pena y con voz floja.

Era raro como el sueño la atontaba y estimulaba al mismo tiempo, pensó Yue.

-Deberías ir a enfermería —aconsejo él, rogando porque le hiciera caso.

-Prefiero quedarme acá... —medio abrió los ojos y frunció el ceño al sentir la nuca adolorida, acomodo la cabeza en la dura y rugosa superficie del tronco— ¿Cómo es que tú puedes dormir tan rápido en lugares como este y yo no?

-¿No piensas ir a clases?

-Sakura me mataría —respondió lánguida.

Yue la sintió removerse, otra vez, cabeceando buscando ansiosa un poco de comodidad; Puso los ojos en blanco con exasperación.

-Si quieres puedes apoyarte en mi hombro —ofreció. Noto como Tomoyo abría los parpados, al parecer, más despierta que nunca. Sonrió con cierta burla ante la ingenuidad.

-¿Tu hombro?... N...no hace falta, gracias —no sabía por qué pero aquella imagen le parecía demasiado intima, y honestamente, verse durmiendo con la cabeza apoyada en el hombro de Yue, apegados, sintiendo la respiración del otro, cielos, su presión peligraba.

-Te ofrecí mi hombro para que descansaras. Ya veo ¿Tienes miedo de quedar embarazada? —se mofo descaradamente, sin duda ese rostro femenino y perturbado era reflejo de cada pensamiento.

-Ya te dije que no es necesario —señaló ofendida.

-Como quieras —respondió sencillamente subiendo el volumen de la música.

Y así fue, después de unos segundos.

Se fue acercando lentamente, consiente de cómo se amoldaban sus costados; sus brazos, sus caderas; de la temperatura cálida del cuerpo, de la textura del genero, la sonrisa petulante de Yue. Apoyo tímidamente su cabeza sobre el hombro masculino, se acomodo sin mayor inconveniente y aspiro profundamente invadiendo sus pulmones de ese aroma perfumado y suave, colonia de hombre de seguro, o el aroma de la ropa, el aroma de él… ¿Desde cuándo se fijaba en los olores? Se sacudió mentalmente. Cuando logro controlarse, comenzó a relajar cada musculo de su cuerpo y abrió la boca con un nuevo bostezo.

-Podría quedarme dormida —y cerró los ojos otra vez.

-Acaso no es la idea.

-Pero faltaríamos a clase.

-Me quedarías debiendo una —murmuro sin darle demasiada importancia.

-Que mal amigo —una sonrisa juguetona apareció en sus labios y hablo lentamente— Ayer salí con Eriol.

-Bien por ti.

-Yo también lo creo —Yue escucho una sonrisilla— Pero… ¿quieres oír la mejor parte de la historia?

-¿Cuál es? —bajo el volumen hasta que la música se fue convirtiendo en un murmullo.

-Al parecer creé que tú y yo salimos juntos.

Por segundos nadie dijo nada. Tomoyo en su letargo esperaba una reacción del chico.

-¿Eso dijo? —pregunto con un imperceptible tinte de diversión en su voz.

-No, pero lo insinúo. De todas formas piensa que tú me gustas o que yo te gusto ¿Puedes imaginarlo?

-¿Tú que le respondiste?

-Que somos buenos amigos —dijo muy segura— ¿Creerá que lo estoy sustituyendo?

-O puede estar celoso.

-Te imaginas —dijo junto a una pequeña carcajada— De un día a otro mi deseo se hace realidad y Eriol me ve como el amor de su vida. Al menos eso quería cuando era niña y ahora... ¡Qué locura!

-Podría ser posible – murmuro echando la cabeza hacia atrás, sintiendo hebras desordenadas del cabello de Tomoyo cosquillando su mejilla. Sin duda bastante previsible.

OO

Dos grandes montañas de papeles ordenadas cuidadosamente se imponían frente a él. Sacaba una hoja de cada pila de papel las unía cuidadosamente y se las entregaba a Sakura; donde está los pegaba formando la tercera columna de informes. ¡Que fastidio! Era todo un mecanismo continuo, además de monótono y tedioso, que lograba sacarle más de un aburrido bufido de mala gana.

-¿Cuál es el caso de estar acá si estas que mueres del aburrimiento? —hablo Sakura rompiendo el silencio y quien hasta el momento se sorprendía que dicha compañía fuera útil.

-Qué rayos, si no me sometiera a esta tortura dudo que pudiera acercarme a ti. La otra vez tuvimos una cita y aparte de darme las gracias no pasó absolutamente nada.

-¿Y qué esperabas? —alzo la ceja interrogante sin despegar su atención de su labor.

-Un beso si era posible – dijo acercándose seductoramente y retrocediendo con rapidez cuando Sakura planto un informe en pleno rostro. Chasqueo la lengua mosqueado y apartando la hoja de frente— Ni siquiera me dices en que territorio estamos nosotros.

-No hay "nosotros" somos tú y yo, por separado —puntualizo con énfasis—, entiéndelo de una buena vez.

-¿Por qué te cuesta confiar tanto en mi? —pregunto rascándose la cabeza con impaciencia.

-Porque te conozco.

-Tú no me conoces. Nadie me conoce —corrigió— Después de todo tan sólo temes que termine por gustarte; eso te carcomería el orgullo ¿Me equivoco?

Ella hizo una momentánea pausa para observarlo; Li sostuvo su mirada y le hizo frente.

-Reconozco que mi opinión de ti a cambiado un poco —dijo por fin, reclamando las hojas que Shaoran cada vez mas hastiado entregaba puntualmente—, pero no es lo suficiente para mí. Sigues siendo el niño mimado con aire todo poderoso. Sin embargo, tu presencia ya me es soportable y lo lamento porque es mi único halago

Li sorbió por la nariz y se permitió una expresion cargada de desdén.

-Yo que nunca le he rogado a una mujer y ahora veme aquí —mascullo Shaoran

-Se que estás jugando, no sé cómo pero lo sé —dijo ella objetivamente.

-Has leído demasiados libros.

-Tú y yo somos demasiado diferentes, ¿Qué esperas? Jamás en mi vida había hablado contigo, y mucho menos tenía el ánimo de hacerlo alguna vez… De no ser por la petición del director no estaríamos acá.

-Con mayor razón ¿No te das cuenta? Sólo tenemos que conocernos y el hecho de tener diferencias hace que todo sea más interesante.

-¿Por qué no aceptas un no como respuesta? ¿Tanto daño crea en tu ego?

-¡Siempre tienes que pensar eso! ¡Ego! —hizo un movimiento lleno de exasperación con las manos— Pretendes ver siempre lo peor de mi. Sé que soy arrogante y engreído, pero también soy sincero, no pretendo ser más de lo que ves.

-Que noble de tu parte —ironizo Sakura interrumpiendo su labor, al parecer, su paciencia también se veía igual de colmada; le seguía revolviendo el estomago el que la siguiera creyendo un boba y así se lo hizo saber— ¿O más bien crees que conquistándome lograras algún beneficio?

-¿Beneficio? —pregunto sin aire.

-Sí, beneficios... En tus exámenes. ¿Crees que si me gustaras yo te haría alguna especie de favor, quizás, alguna que otra trampa por ti? No eres el primero que pretende eso, me hecho más de un "amigo" interesado en todo menos en la amistad. Pero tú serias el primer desesperado que se esfuerza tanto para obtener una buena calificación. Es patético, lo sabías.

Shaoran contuvo el aire, se percato de cómo la tensión se volvía palpable. Ella había hablado con resentimiento y a él, eso no le paso por alto.

No obstante, no se permitió responder o decir nada, simplemente tomo dos hojas y continúo con la rutina de informes y obligarla a seguir cuando se las extendio. No era capaz de fingirse insultado. No se sentía tan hipócrita y envalentonado cuando ella le decía todas las verdades en su propia cara, con esos ojos exigentes y sinceros.

-Es raro escuchar a un chica inteligente decir tantas estupideces —pero tampoco era idiota, necesitaba distraerla de sus propias conclusiones y de paso no mirarla directamente.

-Tal vez es muy rebuscado —reconoció ella dejando de lado el exabrupto— Pero consideremos que sea verdad y agregando que mis sentimientos por ti son nulos ¿Te imaginas tú y yo juntos?

-No, si crees que soy un canalla sin moral.

-Entonces perdóname, pero veo que estamos de acuerdo en algo.

Y fue la gota que derramo el vaso de Shaoran Li.

-¡Bien! ¡Puedes pensar lo que quieras! —Bramo, por primera vez se permitió mostrar su enojo libremente y al diablo su conciencia— Es más de lo que me puedo permitirme por ti y no creas que me rebajare más. El que me rechaces no te da el derecho de insultarme cada vez que puedas cuando yo únicamente trato de se agradable.

Dicho eso aventó los papeles que aun tenía en la mano y sin cuidado alguno lanzo un manotazo a una de las columnas de papel; las hojas que revolotearon esparramándose por el suelo.

Sakura quedo helada. Con su vista recorriendo el desastre, quiso proferir algunas frases iracundas a Li, pero esté ya había desaparecido. ¿Cómo se atrevía hacer ese tipo de escándalos? Lo que ella dijo era mero reflejo de algo que nunca negó, por qué tenía que sentirse tan ultrajado.

Se agacho a recoger el desastre en el suelo; ya más sosegada. Con admirable tranquilidad se metió de lleno en su recolección. Oyó el sonido de la puerta abrirse y contuvo la respiración.

-¿Sakura, que paso? —pregunto la voz de Eriol.

Y ella volvió a respirar. Es como si hubiera esperado la aparición de Li y en cambio recibió un balde de agua fría, sin embargo al mismo tiempo agradecida de que no fuera él. Miro al moreno quien no tardo en ponerse manos a la obra y ayudarla.

-Te vez desanimado —le dijo manejada por su intuición. Desesperada por ocupar su mente en otra cosa.

-Y lo estoy.

-No sé donde esta Tomoyo —aclaro la castaña sin darle vuelta a lo obvio.

-No es con ella con quien quiero habar, es contigo.

-¿Discutieron? —inquirió sin sorpresa alguna.

-No es eso —se enderezo junto a Sakura y continuaron ordenando el desastre sobre la mesa.

-¿Entonces cual es el problema?

-Tú sabes qué relación tiene Tsukishiro con Tomoyo ¿Cierto? —dijo.

Sakura frunció el ceño y examino el rostro del chico con curiosidad.

-La de amigos.

-Es lo que ella te dice...

-No, es lo que veo y lo que es —especifico tajante y con obvia falta de paciencia— ¿Me dirás lo que crees tú?

Lo cinismos parecían no jugar una buena estrategia, se dijo Eriol. Tenía que ser claro, al menos con Sakura, la persona más imparcial que conocía.

-No sé qué creer. Es confuso —confeso, irónicamente bastante seguro.

-¿Con respecto a qué?

-Me doy cuenta que Tomoyo está distante; que pasa mucho tiempo con ese chico.

-¿Y qué hay con eso? —interrumpió.

-No me gusta —dijo finalmente en voz alta lo que su interior le gritaba cada segundo.

Sakura mantuvo la neutralidad de su rostro y con una apacible y analítica mirada sobre él.

-Cundo tu comenzaste recién a salir con Kaho eras igual, dejaste a Tomoyo de lado sin darte cuenta.

-Sí, pero es diferente.

-¿Por qué? —su tono se crispo.

Eriol bufo.

-¿Crees que le guste Tsukishiro? —fue al grano.

-¿Y eso te asusta?

-Claro que no, pero…

-Mira, si le gusta Yue me alegro mucho por ella, ya es tiempo que comience a superar lo que siente por ti. Cuanto más crees que podía soportar rechazo tras rechazo... Por fin está logrando un avance, Eriol. No la abrumes con tus celos y deja que logre olvidarte.

-No quiero que me olvide por completo.

-Jamás lo haría —dijo con severidad— Se llevan muy bien y tienen muchas cosas en común. Déjale en paz. Yue es un buen chico…

-Ahórrate los halagos Tomoyo ya me hablo maravillas de él —manifestó con ironia.

-Perfecto. En ese caso te daré mi sincera opinión: Y es que espero de todo corazón que lleguen a ser mucho más que amigos.

Se quedo sin palabras y un poco traicionado. Nunca sabia que esperar de Sakura pero ciertamente no escuchar eso. Mucho menos que la sola idea le sentara tan… Tan horriblemente mal.

Yue Tsukishiro con todas sus cualidades no pegaba ni juntaba con la alegría chispeante de su amiga, el tiempo que se había dedicado a observarlo, vio que era la persona con el rostro más apacible e inescrutable que había conocido, mientras que Tomoyo era una persona abierta y sociable…

Maldición que no estaba seguro. De lo contrario no se complicaría tanto. Tenía claro que no era asunto suyo y menos tenia que atribuirse algún derecho apelando cínicamente a la amistad que les unía, ya estaba harto de eso; a pesar de que se decía continuamente que era preocupación y nada más, en el fondo sabía que estaba actuando egoísta y estúpidamente. ¿Tanto se había acostumbrado al amor que Tomoyo profesaba por él que no quería desprenderse de ello? Y él solo pensarlo le hizo odiarse.

-Quieres un consejo de mi parte... —hablo la castaña, haciéndole recordar a Eriol que no estaba solo.

El movió la cabeza asintiendo.

-Deja en paz a Tomoyo, y tú… Bueno, recuerda que tienes novia. Intenta no pensar mucho en este asunto si no quieres llegar a sorprenderte de tus propias conclusiones.

Como siempre Sakura terminaba diciendo algo que hubiera preferido no oír, palabras, que lo dejaba cada vez más a la deriva pero, como siempre, tenían su cuota de razón.

OO

Al día siguiente toparse con Li fue toda una novedad y es que en realidad ni siquiera hubo un cruce de miradas; fue totalmente ignorada. Él rechazo le causo cierta pesadez que atañó a algo cercano al alivio, aunque no termino de creérselo del todo.

En fin, era de esperarse que finalmente se aburriera de ella, por mucha paciencia que mostrara Li nadie podía soportar insultos tras insultos. Se había extralimitado varias veces cuando él simplemente se limitaba a ser agradable, reconoció Sakura; ella no era una persona visceral, pero frente a Li era inevitable y no sólo eran sus palabras, sino también el tono y sus gestos, salían de control. Por muy patoso que fuera nadie merecía un trato tan reprochable, pero ya no tenía sentido reparar en ello y si en el siguiente examen el chico aprobaba ya no habría más relación que los uniera.

-¿Está todo bien? —pregunto Tomoyo al notarla ausente.

-Bien —respondió.

-Me encantan estas semanas —Eriol interrumpió caminando junto a ellas y comenzando a estirar brazos— Los maestros no nos prestan atención, no más materias que pasar y la próxima semana tendremos días libres.

-No más clases aburridas —acoto la morena dando pequeños aplausos.

-Y mejor aun, le he ganado unas entradas para el cine a Yun —dijo sacando dos tickets de su bolsillo.

-¡¿En serio? ¿Cómo?

-Un juego de tenis —respondió con orgullo— ¿Entonces vamos?

-¿Y Kaho? —Amonesto Tomoyo— Deberías ir con Kaho.

Eriol rodó los ojos. Cual era la obsesión de que hiciera todo con Kaho, claro que le gustaba salir con su novia, pero ese era su problema no el de ella.

-Como es la presidenta del centro de alumno tiene que programar y ver todas las actividades de la próxima semana, no tiene tiempo —explico Eriol.

-Siendo a si —razono la morena aceptando la invitación.

-¿Sakura?

-Lo siento, pero yo también tengo que inmiscuirme en las actividades de la próxima semana recuerden que soy la secretaria del centro de alumnos, y además mañana será el examen y el grupo de estudio quiere juntarse hoy en la tarde.

Tomoyo y Eriol se miraron con visible lamento, no era la primera vez que las responsabilidades de Sakura se interponía entre los tres.

-Entonces seremos los dos —enfatizo Eriol— Te estaré esperando a la salida así que no demores. Cielos, debo ir a las prácticas. Después nos vemos.

Las horas pasaron con liviandad, mas parecía una pérdida de tiempo en espera de la libertad que le otorgaba el sonido de la campana. Tomoyo se hecho sobre su asiento con la barbilla apoyada en su mano, dedicada a la espera, con su mirada perdida, con pensamientos nulos; y expresion abandonada. Solamente se vio interrumpida cuando la figura masculina de Yue Tsukishiro se paro frente a ella, haciendo como siempre gala de su belleza. Alzo la cabeza para mirarlo a la cara y se echo hacia atrás apoyando su espalda en el respaldo, para obtener un mejor visión, cruzándose de brazos despreocupadamente.

-Te estaba buscando —dijo él.

-¿Para qué? —pregunto ella.

-Quiero entregarte esto —tendio la palma de entre sus dedos sobresalía un pequeño papel doblado en dos, Tomoyo lo tomo sin reservas y se dispuso leer el contenido.

-Una dirección —lo miro confundida.

-En el lugar donde yo trabajo están buscando a alguien —informo— Es un pequeño café. Ve después de finalizar las clases le dije al señor Hiro que te presentarías así que te va estar esperando.

Tomoyo no tardo en mostrarle su mejor sonrisa de agradecimiento, apretó el papel contra su pecho para atesorar el momento unos segundos, el obtener un trabajo significaba mucho para ella.

-¡Vaya muchas gracias, Yue! —Exclamo contemplando tal cual fuera su ángel salvador— ¿Qué... que tengo que hacer?

-Lo único que tienes por hacer es llegar puntual, no pretendo quedar mal así que esfuérzate.

-Por supuesto —asintió con ferocidad.

-Lo más seguro es que te dé el puesto. Interferí por ti y no le molesta el que seas estudiante, yo también lo soy, y le he dado mi recomendación... de alguna forma confía en mi.

-Cualquiera puede confiar en ti, Yue —le dedico mirada afectuosa— Gracias.

-No es problema —cuando el chico hizo el gesto de alejarse la morena salto en su silla le agarro la muñeca; él detuvo cualquier movimiento y la observo con expectación— ¿Qué?

-Espera... espera, no te vayas todavía —canturreo soltándolo, se voltio para tomar su bolso y escavar dentro de él en busca de algo— En realidad, lo traje sin muchas expectativas… llámalo vergüenza si quieres —comento— Pero la verdad es que te tengo un regalo. No sabía cómo dártelo… En fin, después de esto es lo mínimo que puedo hacer.

-¿Un regalo?

-Ten, es algo pequeño —le entrego un libro; más bien grande y pesado. Yue miro la colorida cubierta, y a ella manteniéndose en expectativa— Es un libro de pinturas —explico como si no fuera lo más obvio— Lo compre hace un tiempo, años en realidad... Son pintores no muy conocidos en ese entonces, algunos ya alcanzaron popularidad si puedes darte cuenta y también tiene ilustradores ¿Ves?

-¿Y porque me das esto? —pregunto sin mirar la pagina que señalaba la morena. Tomoyo se sonrojo.

-Es una forma de darte las gracias —dijo con una cierta timidez que poca acostumbre tenia Yue de ver en ella— Esta muy bien cuidado y fue muy querido… Necesitaba darte las gracias.

-Ya me las diste.

-Pero es algo que quiero darte —reprocho con un mohin disgustado— No es nada. Tan solo tómalo y no me des las gracias.

Yue miro nuevamente el libro entre sus manos y lo volteo de todas las maneras posibles leyendo la portada. No dudaba de las intensiones de ella.

-Gracias —pronuncio finalmente.

-¡Que no me dieras las gracias! —amenazo con el dedo— Y cuídalo mucho.

-Lo haré —Una sonrisa sutil surco sus labios mientras miraba aun el libro, para después extenderse finalmente de manera esplendorosa. Su expresión típicamente fría y apacible dio paso a una sonrisa, amable y sincera.

Fue sólo una fracción de segundo, que pudo pasar por imaginaria, pero no, Tomoyo la aprecio con detalle quitandole la respiración, fracción en la que todos los bellos del cuerpo se le erizaron, en la que sintió algo cálido recorriendo su cuerpo para instalarse en su pecho. Yue sonreía, el mismo irónico y sarcástico, burlesco y altanero que prefería no revelar nada de sus emoción, pero cuando sus labios se distendían y curvaban de manera sincera, el rostro se le iluminaba de tal manera que todo perdía importancia a ojos de quien lo presenciara... Daría todo por volverlo a ver sonreír.

Tomoyo con la pulso agitado, deseó con toda su alma que lo hiciera más seguido y de igual manera, que jamás nunca lo volviera hacer.

OO

Había sido un día de trabajo y obligaciones, de números y dudas; de cansancio y estrés. Al fin podían prescindir de ella. Bien sabia la misma Sakura que la palabra pendiente no existía en su vocabulario, y por culpa de esa ley de vida en que nada quedaba para mañana, se le había hecho tarde. Ya podía ver el fantasma de la luna reflejado en el cielo, un adelanto de la inminente oscuridad que seguiría. Caminaba sola y el silencio de la calle no era reconfortante, de hecho, se sentía bastante miedosa y para colmo tenia la poca fortuna de absorber y recordar cada comentario que alcanzaba a oír sobre robos, violaciones y asesinatos…

Por eso cuando oyó unos pasos tras ella, no pudo hacer menos que asustarse y sentir como el terror se apoderaba; apretó las manos en un puño y repaso mentalmente cualquier técnica de autodefensa que pudiera necesitar. Examino su alrededor buscando alguna vía de escape, la calle era larga y solitaria, una posible escapatoria; si gritaba o corría, ¿donde le golpearía primero? el hecho de que no había nada valioso en su bolso la hizo sentir estúpidamente peor... Sintió un peso extraño sobre su hombro.

Se paralizo al sentir una mano. Se estremeció aterrada, apenas podía respirar.

-Hey...—escucho un murmullo, una voz que si bien no reconoció le pareció conocida.

Se voltio lentamente y su alma descendió de súbito a su cuerpo, sus piernas, que no se había dado cuenta como templaban recuperaron fuerza y no pudo hacer otra cosas que mirar con severidad al chico.

-Li.

A Shaoran se le encogió el corazón, ella estaba temblando y casi le dio la impresión de que se largaría a llorar en sus brazos. Tan vulnerable y frágil, que sintió la absurda necesidad de ser su salvador lo que restaba de su vida, pero en ese momento no necesitaba un salvador, ni siquiera había peligro, sólo un estúpido que la había asustado y no se sentía mejor saber que el estúpido era él. La había seguido alrededor de dos cuadras, tranquilamente y sin apuro, casi al asecho.

Buscó la manera apropiada de acercarse pero lo único que consiguió fue una chica adorablemente asustada y que si no borraba pronto esa expresión de desamparo se lanzaría sobre ella y entonces si correría verdadero peligro.

Se aclaro la garganta.

-¿Qué haces acá? —inquirió ella una vez retomada su seguridad. Alzo la barbilla rígidamente.

Li enarco las cejas, a quien pretendía engañar con esa fingida valentía.

-Las prácticas terminaron tarde. Comienza el campeonato y el entrenador está más exigente que nunca; Te vi salir y me pareció que era muy tarde para que caminaras sola y decidí acompañarte —explico sin dar mayor relevancia a su caballerosidad.

-Ya. No es necesario, además creí que estabas enojado —dijo suspicaz.

-Oh... Era parte de mi actuación y al parecer no dio mucho resultado —reveló con ligereza.

-¿Actuación?

-Ya sabes, me ofendiste; necesitaba salir con la frente en alto. Pensé que me seguirías para disculparte, pero no captaste el mensaje. Hoy te quise dar otra oportunidad pero nuevamente no funciono... Tendré que seguir humillándome por ti ¿Patético no? Una idea poco tentadora, pero con resultados más óptimos.

Una incrédula Sakura, se debatió entre gritarle para que se largara; darle la espalda, negándose a seguir el juego de Li. Pero para su propia sorpresa, rió.

-Idiota —dijo sin que le fuera posible no reír, había un aura tan inocente como maliciosa que envolvía a Li. A veces podía ser realmente encantador.

-Espero que no te moleste que el acoso siga en pie —bromeo sin darse ella cuenta que ya caminaban juntos. Volvió a reír y Shaoran, sencillamente adoraba verla así.

Sakura no entendía por qué el alivio que sintió iba mucho más allá de saber que el que toco su hombro no fuera ningún ladrón. El drama había pasado pero la sensación en su pecho, no.

Todos esos días en su forzada compañía ya sea por las clases o por que el negaba aceptar los reiterados desprecios; desprecios que por lo demás fueron disminuyendo hasta convertirse en interminables suspiros de paciencia. Tenía plena convicción de que lo humanos eran seres de costumbres y ella no era la excepción, se había acostumbrado a la presencia de Li y nada mas podía explicar la tranquilidad interior que sentía ahora junto a él.

Se debuto para mirarlo a la cara.

-Puedes dejarme aquí —indicó.

-Está bien —asintió. Sakura identifico cierta decepción matiz de decepción.

-Entonces mañana nos veremos, y recuerda estudiar para tu examen.

-Ya sé todo —dijo agitando la mano con dejadez— Que puedo decir no solo soy muy guapo si no que también un guapo muy inteligente —se jacto con autosatisfacción, la castaña puso los ojos en blanco y torno la mirada sobre él.

-Tú solo estudia, quieres.

-¿Me darás un beso de buena suerte? —pregunto con picardía. Dio un paso hacia ella, encontrándose a escasos centímetros pero manteniendo una correcta distancia que asegurase su integridad física, ladeo su rostro levemente ofreciéndole su mejilla.

Sakura levanto una ceja sarcástica.

-¿Tampoco será de buenas noches? —hablo esta vez irónico.

-Adiós, Shaoran.

Los ojos del chico se agrandaron con sorpresa. Ella había dicho su nombre, dijo: Shaoran, con esa voz más que nunca firme y cortante, y sin embargo sonaba estupendamente bien. Ya era una barrera derribada, y eso era lo único que importaba.

Pero no, a pesar de sentir el triunfo en su cuerpo cuando la oyó pronunciar su nombre, ese corazón desbocado o esa tensión que lo recorrió, simplemente no podía fiarse tan pronto. Tratar con Sakura le daba la sensación de caminar constantemente sobre suelo con trozos de vidrio, no podía dar pasos confiandos sin mirar bien donde ponía el pie.

-¡Sakura! —escucharon a lo lejos una voz masculina.

Los dos se giraron buscando al responsable. Shaoran observo al chico de lejos, lo primero que se percato fue que era tan alto como él, aunque un poco más delgado. A medida que se acerba pudo notar también la tez blanca, los ojos color miel, las facciones suaves; Atractivo y de aspecto frágil, lo definió finalmente. Sakura estaba quieta en espera del encuentro.

Dominado por un impulso, se acerco a ella queriendo hacer notar su presencia.

-Yukito —la escucho decir con el aliento contenido— ¿Qué haces?

-Estaba con tu hermano y justo cuando me iba, te vi —se adelanto a decir. Atrás, por sobre el hombro de Sakura sobresalía la figura de Li, con una sonrisa en la boca— Hola.

Li inclino levemente la cabeza a modo de saludo.

-Es Shaoran, un amigo —dijo Sakura.

Parecía repentina e inexplicablemente nerviosa y muy incómoda.

-Me llamo Yukito —se presento cordialmente el desconocido.

El hombre poseía una sonrisa abierta y espontanea, tan diferente a la de Li, y su mirada era amable y serena. Podía considerarlo un buen tipo, con un aura atrayente y encantadora, sin embargo, no se permitió dejarse encantar de inmediato.

El silencio de prolongo brevemente. Sakura y Yukito no se quitaban la vista de encima y poseían expresiones difíciles de leer. Dios, pero ella ni siquiera se atrevía a mirarlo a los ojos, aquella actitud casi cohibida fue todo un descubrimiento y no uno de los mejores. Shaoran arrugo la frente desconcertado.

-Sera mejor que me vaya. Cuídate —Yukito desordeno el cabello de la muchacha, fue una caricia traviesa casi la de un hermano mayor— Mañana también vendré, espero verte.

-Cuídate —murmuro Sakura por su lado.

Se despidió de Shaoran con un sonrisa. Y paso junto a ellos siguiendo el mismo camino por el había llegado.

-Yo también me voy —dijo la chica después de unos segundos.

Y Shaoran cayó en cuenta del rojo que cubría las mejillas de ella, uno que ni la oscuridad de la noche pudo ocultar. Aunque si tenia dudas de haber visto el brillo cristalino que amenazaba con desbordad por su ojos. De todas maneras, no la retuvo para comprobarlo.

Sorpresa, susurros, sonrojos y posiblemente lagrimas ¿Quién demonios era Yukito?

OO

El tintineo de la campana sonaba cada vez que la puerta se abría anunciando la llegada de un nuevo cliente; siempre llamando la atención de una que otra persona a la que le era inevitable desviar la mirada hacia el recién llegado. El lugar que daba la bienvenida era pequeño y acogedor, invitaba a las conversaciones intimas y distendidas, a lecturas largas y relajantes; Un pequeño lugar que sin mayores pretensiones ofrecía tranquilidad y una buena taza de café.

Y Tomoyo daba fe de ello. Sentada frente al largo mesón, devoraba gustosamente el trozo de pastel de chocolate, una cortesía de la casa al cual no se pudo resistir.

–¿Vienes a ver si logre entrar? —pregunto con el último trozo de chocolate en el tenedor a centímetros de desaparecer en su boca —Desconfiado —esperto, arrugando la nariz.

–Es bueno que me conozcas un poco —dijo con seriedad sentándose en uno de los taburetes junto a ella— ¿Cómo te fue?

Un brillo instantáneo de astucia y triunfo se apodero de sus ojos.

-Puedes enterarte desde ya que soy tu nueva compañera de trabajo —informo suficientemente.

-¡Oh, Yue! —Un hombre de resonante voz salio detrás de la puerta en una de la esquina de la pared— Creí que hoy no trabajabas.

Hiro era un hombre de contextura media y baja altura; con cabello castaño encanecido. Poseía fuerza y bondad en su mirada. Lanzo un risa jovial y alegre cuando miro la expresión siempre seria y demasiado adulta de su joven empleado.

–Hoy no trabajo, señor Hiro —le respondió Yue— En realidad vine a ver a Tomoyo.

-¡Que chica mas simpática! Es un dulce, un dulce —poso su mirada chispeante sobre la muchacha— Ya esta contratada, no te preocupes.

-No se arrepentirá —contesto ella en agradecimiento.

-Bien —intervino Yue dirigiéndose a Tomoyo— Es tarde y si quieres que te acompañe salgamos ahora —ella no escondió su impresión y regocijo, se limpio los resto de chocolate de la boca con el dorso de la mano y se levanto con un una sumisa sonrisa en los labios. Yue bufo— Que grosera.

-¡No la molestes! —regaño Hiro riendo con eterna diversión.

Inclinaron levemente sus cabezas. Soltando unas palabras de adiós y varios agradecimientos más por parte de ella, dejando a sus espaldas al sonriente hombre.

-Ha sido genial —jadeo ella, conteniendo la alegría que le embargaba— Hace mucho que no sentía tranquilidad; Es una alivio saber que podre ayudar en casa.

-¿Si? —Yue la observo de soslayo. Las mejillas arreboladas; el fulgor que le resaltaba casa facción, el gesto complacido y orgulloso.

Tomoyo tropezó torpemente y la inminente caída se vio frenada cuando un brazo la sujeto de la cintura, mientras la mano libre del mismo tomaba la suya como segundo soporte de equilibrio. Ella parpadeo confundida con la dura cerámica frente a sus ojos, recordandole lo que pudo haber sido un golpe muy, muy doloroso.

Se incorporo admirada por los rápidos reflejos del chico. Se sacudió la ropas sin tener necesidad, y aliso las pocas arrugas en la blusa donde Yue había puesto su brazo. Ignorante de que aun sostenían su mano con firmeza.

El tintineo de la campana reclamo la atención de costumbre, y ella no era la excepción de aquella inercia que les obligaba a mirar. Su mirada se encontró con la pareja que había entrado todavía en el umbral, que la contemplaban con desmesurados ojos llenos de sorpresa. Tomoyo, aturdida trato de hilar unas palabras pero no pudo.

.

Eriol estuvo más de una hora esperando a Tomoyo; Enojado, confundido y furioso recorrió cada rincón del instituto en su búsqueda. ¿Como podía ser tan desconsiderada y olvidadiza?... mientras la buscaba, lo ultimo que quería era verla. Y a quien termino por hallar fue a Kaho, que con un beso en los labios lo saludo y se regocijo por ser la razón de tan larga espera, como ella creyó.

Igualmente fue al cine, las entradas que guardaba en su bolsillo acabaron en un tarro de basura, negando el sentirse tan afectado por la falta, compro otra función diferente e igualmente no se pudo concentrar.

A lo largo de la película sus pensamientos seguían invadidos por Tomoyo o por la falta de ella mejor dicho, después de la rabia, le asalto la incertidumbre de no saber donde estaba. Era increíble como esa chica comenzaba a gobernar cada segundo de su vida sin siquiera poner empeño a ello. La película se le hizo eterna, pero estar en la compañía de Kaho era una bendita paz al poco raciocinio que le estaba quedando.

-Estuvo divertida la película ¿No es así? —le pregunto Kaho y tomando su mano se dirigieron al centro de la ciudad.

Su humor ya eran aguas calmas, no pretendía desquitarse con su novia por lo cual trato de poner todo su empeño en complacerla. Caminaron y conversaron livianamente. De vez en cuando, Eriol hacia un gesto cariñoso ya sea pasandole un brazo por los hombros atrayendola a si o besando con rapidez y recato la cien de la muchacha. Poco a poco su enfado y el rostro de la morena paso a segundo plano.

La tranquilidad y confort que le ofrecía Kaho era muy superior a ese sentimiento que bullía de mala gana cuando se trataba de Tomoyo.

–¿Tienes hambre? —pregunto él.

Ella afirmo con la cabeza mientras estiraba el cuello buscando entre la gente un lugar donde poder comer.

-Ese lugar parece bien —indico un pequeño café de apariencia sobrio, miro fijándose en las ventanas del lugar, sin que las cortinas translucidas del encaje le impidiera ver con agrado que la concurrencia era poca.

-Vamos —convido Kaho.

Al abrir la puerta oyeron un ruido de campana que les causo gracia por la familiaridad que les producía. Y cuando su vista se enfoco frente suyo, Eriol quedo plantado en el suelo cual estatua. Estupefacto. En su interior diversas emociones y sentimientos, un renovado enfado luchaban unos a otros compitiendo por cual salir primero a la superficie; ninguno mejor que el otro.

Con su amiga en frente igual de contrariada que él.

-Eriol... Kaho, que coincidencia —Tomoyo hablo después de un largo rato, aferránda a la mano de Yue.

CONTINUARA


Como están?.. aqui les dejo un nuevo capitulo, y me salio mas largo de lo que creí. Si bien el capitulo no es muy relevante, claro esta que es importante porque van a son de los nuevos sentimiento de Eriol.

Si puedo el nuevo capitulo se viene el prox martes…

Quiero agradecer sus Rw como siempre… Yure, Basi, Arisa, Haruno, ziitah, Bogartt….

He visto que algunas están prefiriendo a Yue, como el galán de Tomoyo… la verdad es que nose que hacer. Pero tanto Eriol como Yue tendrán su oportunidad …. Por mientras, no me odien tanto a Eriol u.u

Que les sigue pareciendo la relacion de Sakura y Shaoran... va lenta pero segura n.n

Cuidense,, mucho y nos vemos.. besitos bye!