Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a JK. Rowling. Hago esta historia sólo para pasar un rato agradable, sin ánimo de lucro o de ofender a nadie. La idea es de muchos, espero que yo pueda terminar todos los libros, me lo he propuesto. La trama es mía. Ahora sin más espera aquí les dejo mi historia.
CAPÍTULO 6.
El viaje desde el andén nueve y tres cuartos.
-Bien- como su esposa se aclaró la garganta- El viaje desde el andén nueve y tres cuartos.
-Tengo curiosidad por ver cómo va a pasar, si Hagrid no le dijo nada- Murmuró Remus, aún con la mirada furiosa sobre Pettigrew.
El último mes de Harry con los Dursley no fue divertido.
-¿Acaso, fue divertido estar con ellos en algún momento?- Preguntó escéptico.
Es cierto que Dudley le tenía miedo y no se quedaba con él en la misma habitación, y que tía Petunia y tío Vernon no lo encerraban en la alacena ni lo obligaban a hacer nada ni le gritaban.
-Creo que tiene un concepto equivocado de lo que significa divertido- Dijo Sirius con los ojos entornados.
-¿Desde cuando es malo que no le hagan nada?- Se quejó James.
-¿Estará tan acostumbrado a que le maltraten?- Preguntó Lily enfadada.
En realidad, ni siquiera le dirigían la palabra. Mitad aterrorizados, mitad furiosos, se comportaban como si la silla que Harry ocupaba estuviera vacía. Aunque aquello significaba una mejora en muchos aspectos, después de un tiempo resultaba un poco deprimente.
-Creo que es mejor eso, que sea deprimente, a que sea asustado y maltratado- Dijo Remus enfadado, sin comprender del todo la actitud, de ese Harry.
Harry se quedaba en su habitación, con su nueva lechuza por compañía. Decidió llamarla Hedwig, un nombre que encontró en Una historia de la magia. Los libros del colegio eran muy interesantes.
Lily y Remus sonrieron.
-¡Qué desgracia!- Dijeron James y Sirius a la vez.
-Seguro que le viene por parte de Lily- Dijo James con los brazos cruzados.
-Espero que no sea tan alborotador como ustedes señores Black, Potter y Lupin- Dijo la profesora McGonagall.
-Por ahora los libros le parecen interesantes- Dijo Alice sonriendo.
-Tendremos que hacer algo respecto a eso- Dijo Sirius enfurruñado.
-¿Sobre qué, Black?- Dijo Lily jugueteando con la varita.
-Sobre nada, de nada- Se corrigió Sirius, bajo la mirada burlona de James.
Tras unas pequeñas risas en el Gran Comedor, Arthur continuó leyendo.
Por la noche leía en la cama hasta tarde, mientras Hedwig entraba y salía a su antojo por la ventana abierta. Era una suerte que tía Petunia ya no entrara en la habitación, porque Hedwig llevaba ratones muertos.
-Tendría que haber entrado en la habitación- Dijo Sirius mucho más que molesto con esa familia, por cómo habían tratado a su ahijado, molesto, porque no sabía que estaba pasando con él, porque no sabía porqué no había dado señales de existir, de escribirle, de darle una reprimenda a los Dursley, de ir a buscar a Harry a pesar de las oposiciones de Dumbledore, y sobre todo, ¿dónde estaba Lunático?
-Pero imagínate el problema que hubiera tenido, si esa mujer hubiera encontrado el ratón, después de llevarse un susto- Dijo James- ¿Y el cerdo que tiene por marido? Creo que Harry tiene razón, es mejor que no lo hubiese encontrado.
Cada noche, antes de dormir, Harry marcaba otro día en la hoja de papel que tenía en la pared, hasta el uno de septiembre.
-Yo hacía lo mismo- Dijo Sirius- Menos cuando pasaba parte del verano en casa de Cornamenta.
Los merodeadores y Lily sonrieron.
Peter, estaba absorto escuchando, no podía creer que esos libros hubieran llegado del futuro, sin embargo los estaban leyendo, miró a sus ex- amigos, a pesar de que sabían que los había traicionado, y que seguramente estaban muertos, ahí estaban, riendo y bromeando. ¿Qué les pasaría por la cabeza? ¿Acaso no veían que el Lord Oscuro estaba ganando poder? ¿Que los que no se unieran a él estaban condenados? Sacudió la cabeza, a pesar de todo, había pasado muchas cosas con ellos, los echaba de menos, pero tenía miedo, acabaría muerto si no se unía al Lord Oscuro.
El último día de agosto pensó que era mejor hablar con sus tíos para poder ir a la estación King Cross, al día siguiente. Así que bajó al salón, donde estaba viendo la televisión. Se aclaró la garganta, para que supieran que estaba allí, y Dudley gritó y salió corriendo.
En el Gran Comedor se escucharon las risas, ese niño se lo merecía.
-Hum...¿Tío Vernon?
Tío Vernon gruñó, para demostrar que lo escuchaba.
-Hum...necesito estar mañana en King Cross para...para ir a Hogwarts.
Tío Vernon gruñó otra vez.
-¿Podría ser que me lleves hasta allí?
Otro gruñido. Harry interpretó que quería decir que sí.
-Haber si te voy a gruñir yo a tí, cerdo morado- Murmuró bastante alto Lily, volviendo a dar golpecitos en el suelo con el pie.
Los merodeadores, tuvieron la precaución de separarse un poquito de ella, sólo por si acaso, no es que estuvieran asustados ni nada de eso.
-Muchas gracias.
-¿Muchas gracias?- Molly fue la que habló esta vez- Yo los obligaría, nada de muchas gracias, unas personas tan groseras no se merecen, agradecimientos, ni respeto.
Estaba a punto de volver a subir la escalera, cuando tío Vernon finalmente habló.
-Qué forma curiosa de ir a una escuela de magos, en tren. ¿Las alfombras mágicas estarán todas pinchadas?
Algunos gruñeron, como el tal Vernon.
-Eso...¿Pretendía ser gracioso?- Preguntó Sirius con la nariz arrugada- Porque no lo ha sido.
-Se creerá que somos del siglo 1 a.C.- Refunfuñó James.
Harry no contestó nada.
-¿Y dónde queda ese colegio, de todos modos?
-No lo sé- dijo Harry, dándose cuenta de eso por primera vez. Sacó del bolsillo el billete que Hagrid le había dado-. Tengo que coger el tren que sale del andén nueve y tres cuartos, a las once de la mañana- leyó.
-De todas formas, aunque lo supiera no tiene porqué responderle- Dijo Sirius enfadado- Es grosero y Harry está siendo muy educado.
-Así debe ser- Dijo Remus que seguía mirando de vez en cuando por el rabillo del ojo a Pettigrew, que no se fiaba de él- O se arriesga a que no lo lleven.
Sus tíos lo miraron asombrados.
-¿Andén qué?
-Nueve y tres cuartos.
-No digas estupideces- dijo tío Vernon-. No hay ningún andén nueve y tres cuartos.
-Eso se cree él- Dijo James con los ojos entrecerrados, no le gustaba cómo estaba tratando a su hijo, cuando Harry sólo quería ser educado, de hecho no le gustaba cómo trataba a Harry y punto- Tan listillo que se cree.
-Eso dice mi billete.
-Equivocados- dijo tío Vernon-. Totalmente locos, todos ellos. Ya lo verás. Tú espera. Muy bien, te llevaremos a King Cross. De todos modos, tenemos que ir a Londres mañana. Si no, no me molestaría.
-Lo hubiera llevado de todos modos- Dijo la profesora McGonagall- Nosotros nos hubiésemos encargado de eso...o en este caso Hagrid se hubiese encargado de eso.
Hagrid asintió vigorosamente.
-Le hubiera puesto algo más que esa cola de cerdo a ese niño malcriado- Dijo Hagrid con su potente voz.
-¿Por qué vais a Londres?- preguntó Harry, tratando de mantener el tono amistoso.
-Qué tono amistoso ni que nada- Dijo Sirius...más bien gruñó- Esa gente no se merece ningún tono amistoso, ni nada que se le parezca.
-A pesar de que estoy de acuerdo con usted señor Black- Dijo la profesora McGonagall, con los labios muy apretados- Los modales son esenciales.
-Llevamos a Dudley al hospital- gruñó tío Vernon-. Para que le quiten esa maldita cola antes de que vaya a Smeltings.
-Debería de llevar esa cola un poco más- Dijo James- Así aprendería a no meterse con los más débiles.
Peter sintió eso como una bofetada, James solía decir eso, de alguien que se había metido con él, y le habían hecho una broma, pero su vida era más importante que la amistad.
A la mañana siguiente, Harry se despertó a las cinco, tan emocionado e ilusionado que no pudo volver a dormir. Se levantó y se puso los tejanos: no quería andar por la estación con su túnica de mago, ya se cambiaría en el tren.
-Yo me desperté a las cuatro- Dijo Lily sonrojada- Y me puse la túnica, luego me la quité, me la volví a poner y me la volví a quitar, al final me la puse en cuanto el tren partió.
Se escucharon algunas risas, y cuando se apagaron, Arthur, comenzó a leer de nuevo.
Miró otra vez su lista de Hogwarts para estar seguro de que tenía todo lo necesario, se ocupó de meter a Hedwig en su jaula y luego se paseó por la habitación, esperando que los Dursley se levantaran.
-Algo como ¡FUEGO! Habría sido mejor que esperar- Dijo Sirius sonriendo.
-Hubiera estado bien- Se unió James.
-Pero luego no- Terminó por decir Remus.
James y Sirius gruñeron, pensando en la reprimenda que Harry hubiera recibido, si hubiera hecho eso.
Dos horas más tarde, el pesado baúl de Harry estaba cargado en el coche de los Dursley y tía Petunia había hecho que Dudley se sentara con Harry, para poder marchar.
-Ten cuidado, le va a poner, una nariz de cerdo, en vez de la cola- Dijo Sirius haciendo que se escucharan risas esporádicas en el Gran Comedor.
Llegaron a King Cross a las diez y media. Tío Vernon cargó el baúl de Harry en un carrito y lo llevó por la estación.
-Eso sí que es extraño- Dijo Remus entrecerrando los ojos con sospecha.
-Muy extraño- Dijo James resaltando la palabra "Muy".
Harry pensó que era una rara amabilidad, hasta que tío Vernon se detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.
-¡Lo sabía!- Dijeron James y Remus a la vez.
-Haber que le dice esta vez- Dijo James casi gruñendo.
-Bueno, aquí estás, muchacho. Andén nueve, andén diez...Tu andén debería estar en el medio, pero parece que aún no lo han construido, ¿no?
-No sabe, la razón a medias que tiene- Se rió Lily- Si lo llegase a saber, se muere de un infarto.
-Está en medio, pero sí que lo han construido- Dijo Sirius riendo- Lo que pasa es que ahora Harry no sabe que está ahí, no lo que tiene que hacer, Hagrid.
Hagrid bajó la cabeza un poco avergonzado, era verdad ¿Cómo iba a pasar Harry ahora?
Tenía razón, por supuesto . Había un gran número nueve, de plástico, sobre un andén, un número diez sobre el otro y, en el medio, nada.
-Porque hemos ocultado el andén- Dijo la profesora con orgullo.
-Que tengas un buen curso- dijo tío Vernon con una sonrisa aún más torva. Se marchó sin decir una palabra más.
-Asqueroso- Dijeron los merodeadores a la vez.
Harry se volvió y vio que los Dursley se alejaban. Los tres se reían.
-Deja, que haga yo algo para que me ría- Dijo James con la mirada oscura- Que os van a salir, algo más que colas de cerdo.
Harry sintió la boca seca. ¿Qué haría? Estaba llamando la atención, a causa de Hedwig. Tendría que preguntarle a alguien.
-Depende de a quién preguntes- Dijo Remus preocupado.
Muchos asintieron igualmente preocupados y ansiosos, por cómo iba a solucionar eso Harry.
Detuvo a un guarda que pasaba, pero no se atrevió a mencionar el andén nueve y tres cuartos. El guarda nunca había oído hablar de Hogwarts, y cuando Harry no pudo decirle en qué parte del país quedaba, comenzó a molestarse, como si pensara que Harry se hacía el tonto a propósito.
-Es normal- Dijo Lily- Los muggles no han escuchado sobre Hogwarts, naturalmente.
-Supongo, que al haber estado sin contacto con el mundo mágico- Dijo Remus- No sabe que la magia es secreta y que los muggles no saben que existimos.
-Al menos los que no están casados con magos o brujas- Dijo James.
Sin saber qué hacer, Harry le preguntó por el tres que salía a las once, pero el guarda le dijo que no había ninguno. Al final, el guarda se alejó, murmurando algo sobre la gente que hacía perder el tiempo. Según el gran reloj que había sobre la tabla de horarios de llegada, tenía diez minutos para coger el tren a Hogwarts y no tenía idea de qué podía hacer.
-¡Va a perder el tren!- Se horrorizó Lily- Petunia sabía dónde estaba el andén, sabía lo que había que hacer, me acompañó muchas veces junto a mis padres, no podían atravesar la barrera, pero me había visto hacerlo muchas veces.
-Esa hermana tuya, cada vez me cae peor- Dijo James mirando a Lily con los ojos entornados.
Era cierto, pensó Snape, muchas veces había visto a la familia Evans acompañando a Lily hasta el andén, y Petunia iba con ellos, con cara avinagrada, pero estaba allí.
Estaba en medio de la estación con un baúl que casi no podía transportar, un bolsillo lleno de monedas de mago y una jaula con una lechuza.
-Sí- Dijo Remus pesaroso- Si supiera lo del autobús Noctámbulo, sería diferente, pero así llama mucho la atención.
-Ojalá que pueda llegar- Rezó Lily.
Hagrid debió de olvidar decirle algo que tenía que hacer, como dar un golpe al tercer ladrillo de la izquierda para entrar en el callejón Diagón. Se preguntó si debería sacar su varita y comenzar a golpear la taquilla, entre los andenes nueve y diez.
-Tal vez así hubiera visto que la varita se perdía entre los ladrillos y podía haber entrado- Dijo Lily con lógica.
-Pero Hagrid tenía que haberle dicho desde el principio que hacer- Dijo la profesora McGonagall, con los labios blancos de tan apretados que los tenía.
En aquel momento, un grupo de gente pasó por su lado y captó unas pocas palabras.
-...lleno de muggles, por supuesto...
-¡Gracias a Merlín!- Dijo Lily suspirando aliviada.
-Gracias a esa gente que llega tarde- Dijo Remus sonriendo.
-Haber quiénes son- Dijo James sonriendo- Algún agradecimiento hay que darles.
Harry se volvió para verlos. La que había hablado era una mujer regordeta, que se dirigía a cuatro muchachos, todos con pelo de llameante color rojo. Cada uno empujaba un baúl, como Harry, y llevaban una lechuza.
-¿Todos con pelo de llameante color rojos?- Lily sonrió mirando a Molly y Arthur que ambos estaban sonrojados hasta las orejas- Muchas gracias Molly.
-Yo no he hecho nada- Dijo Molly con un susurro.
-Eso da igual- Dijo Lily- Ayudaste a Harry sin saberlo.
Con el corazón palpitante, Harry empujó el carrito detrás de ellos. Se detuvieron y los imitó, parándose lo bastante cerca para escuchar lo que decían.
-Tendré que enseñarle mejores modales- Dijo Lily- No le costaba nada preguntarles.
-Y ahora, ¿Cuál es el número del andén?- dijo la madre.
-¡Nueve y tres cuartos!- dijo la voz aguda de una niña, también pelirroja, que iba de la mano de la madre-. Mamá, ¿No puedo ir...?
-¿Niña?- Se sorprendió Molly, sonrojándose enseguida- ¡No lo sabía!- Se colocó la mano en el vientre con alegría- ¡Una niña! Después de tantos varones.
Charlie y Bill sonrieron, después de que se lo dijeran a sus hermanos, que en ese momento estaban jugando en el cuarto insonorizado, armarían un alboroto, todos querían una hermana, más que nada para hacer travesuras a quién se le acercara, porque como eran sus hermanos mayores, la tenían que cuidar.
-No tienes edad suficiente, Ginny. Ahora estáte quieta. Muy bien, Percy, tú primero.
El que parecía el mayor de los chicos se dirigió hacia los andenes nueve y diez. Harry observaba, procurando no parpadear para no perderse nada.
-Así es cómo tiene que estar en sus clases- Dijo Lily con los brazos cruzados.
-Pobre Harry- Dijo Sirius- Menos mal que estaré yo, para consentirlo.
-Fingiré que no he escuchado eso, Black.- Dijo Lily con indiferencia.
Pero justo cuando el muchacho llegó a la división de los dos andenes, una larga caravana de turistas pasó frente a él y, cuando se alejaron, el muchacho había desaparecido.
-Jolín que mala suerte- Se quejó Charlie- Aunque tampoco es que hubiera mucho más que ver.
-Fred, eres el siguiente- dijo la mujer regordeta.
-Tendré, que enseñarle una forma diferente de describir a las personas- Dijo Lily enfadada.
-No te preocupes Lily- Sonrió Molly- Realmente es una forma ligera de describirme, peor hubiera sido que me hubiera dicho gorda, o fondona.
-Pero aún así podría haber tenido más tacto- Se obcecó Lily.
-Para un niño de once años, eso es tener mucho tacto- Dijo Molly sonriendo.
Por ahora eso parecía que le valía a Lily.
-No soy Fred, soy George- dijo el muchacho-. ¿De veras, mujer, puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das cuenta de que yo soy George?
-Lo siento, George, cariño.
-Estaba bromeando, soy Fred- dijo el muchacho, y se alejó.
-Eso es culpa vuestra hermanos- Se quejó Molly- Por enseñarles esas cosas.
El Gran Comedor se llenó de risas.
Cuando las risas terminaron al poco rato, Arthur se aclaró la garganta y siguió leyendo.
Debió pasar, porque un segundo más tarde ya no estaba. Pero ¿cómo lo había hecho? Su hermano gemelo fue tras él: el tercer hermano iba rápidamente hacia la taquilla (estaba casi allí) y luego, súbitamente, no estaba en ninguna parte.
No había nadie más.
-De eso se trata- Dijo Dumbledore- De que si alguien se de cuenta, piense que fue su imaginación. Principalmente algún muggle que se fije demasiado en esas cosas.
-Discúlpeme- dijo Harry a la mujer regordeta.
-Hola, querido- dijo-. Primer año en Hogwarts, ¿no? Ron también es nuevo.
Ambas madres se miraron con alegría, posiblemente sus hijos fueran amigos, Lily miró a Harry que ya estaba despierto, intentando despertar a Ron, que aún medio dormido trataba de prestarle atención. Ojalá fuera un amigo querido, como era Sirius para James, que tuviera alguien en quién apoyarse si algo salía mal.
Señaló al último y menor de sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una larga nariz.
-Ay, Merlín- Murmuró Lily- ¿Qué haré con este niño y su forma de describir a las personas?
-No te preocupes, Lily- Dijo Molly- Todos los Weasley somos pecosos por naturaleza, y es cierto que tiene los pies y las manos grandes, incluso se comienza a notar que su nariz será bastante larga.
-Sí- dijo Harry-. Lo que pasa es que...es que no sé cómo...
-¿Cómo entrar en el andén?- preguntó bondadosamente, y Harry asintió con la cabeza.
-No te preocupes- dijo-. Lo único que tienes que hacer es andar recto hacia la barrera que está entre los andenes. No te detengas y no tengas miedo de chocar, eso es muy importante. Lo mejor es ir deprisa, si estás nervioso. Ve ahora, ve antes que Ron.
-De verdad Molly- Dijo Lily- Yo no sé que hubiera pasado, si Harry no te llega a encontrar.
-Estoy segura de que hubiera encontrado otra solución- Dijo sonrojada.
-Yo estoy agradecida por lo que hicieras en el futuro- Dijo Lily- No sé cómo agradecértelo.
-Pero eso no ha pasado- Murmuró Molly- Y no creo que pase, ya que se evitará que muchas personas mueran.
Pettigrew le prestó mucha atención a ese detalle. Puede que fuera embustero, tramposo, cobarde y traidor, pero era en cierta medida inteligente, aunque lo dominaba el miedo y por eso no se apreciaba. ¿Qué quería decir con que se evitarían muchas muertes? ¿Las de los Potter?
-Es cierto, pero quiero que nos tratemos más- Dijo Lily- Quiero que nuestros hijos crezcan juntos, que se críen juntos.
-Eso si que lo puedo aceptar- Dijo Molly muy contenta.
-Hum...De acuerdo- dijo Harry.
Empujó el carrito y se dirigió hacia la barrera. Parecía muy sólida.
-Para eso está diseñada- Dijo la profesora McGonagall.
Comenzó a andar. La gente que andaba a su alrededor iba al andén nueve o al diez. Fue más rápido. Iba a chocar contra la taquilla y tendría problemas.
-Claro que no- Dijo James sonriendo- ¡Corre, y emociónate!
Lily sonrió y obvió el detalle de que le estaba hablando a un libro.
Se inclinó sobre el carrito y comenzó a correr (la barrera se acercaba cada vez más). Ya no podía detenerse (el carrito estaba fuera de control), ya estaba allí...Cerró los ojos, preparado para el choque...
Pero no llegó, siguió rodando. Abrió los ojos.
Vítores de emoción y alegría se escuchaban por el Gran Comedor.
-¡Por fin!- Dijo Sirius sonriendo- Dejará atrás a esos muggles durante 9 meses.
Muchos asintieron sonriendo.
Una locomotora de vapor, de color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente. Un rótulo decía: "Expreso de Hogwarts, 11h". Harry miró hacia atrás y vio una arcada de hierro donde debía estar la taquilla, con las palabras "Andén Nueve y Tres Cuartos".
-No ha cambiado nada- Sonrió James- es y será igual de espléndido, siempre, y más la primera vez que lo ves y que vas.
-Sí- Dijo Remus- Recuerdo la primera vez que lo vi. Quedé embobado viendo el tren, y no paraba de mirar alrededor, justo como le pasó a Harry en el callejón Diagón.
-Sigue igual de detallista- Dijo Lily sonriendo orgullosa.
Lo había logrado.
El humo de la locomotora se elevaba sobre las cabezas de la ruidosa multitud, mientras que gatos de todos los colores iban y venían entre las piernas de la gente. Las lechuzas se llamaban unas a otras, con un malhumorado ulular, por encima del ruido de las charlas y el movimiento de los pesados baúles.
-Tener una lechuza es muy útil- Dijo Charlie- Pero siempre lo pasan mal en el viaje a Hogwarts, lo ideal sería que las soltaran y siguieran al tren.
Los primeros vagones ya estaban repletos de estudiantes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar. Harry empujó su carrito por el andén, buscando un asiento vacío. Pasó al lado de un chico de cara redonda que decía:
-Abuelita, he vuelto a perder mi sapo.
Muchos rieron ante ese inocente comentario.
-¿Un sapo?- Se extrañó Frank- ¿En ese tiempo? ¡Qué extraño!
-Oh, Neville- oyó que suspiraba la anciana.
-¡Neville!- Se emocionó Alice dando palmadas.
-Sí, pero se le pierde el sapo- Murmuró Frank.
-Igual que a tí cariño- Dijo Alice sonriendo.
Frank se sonrojó pero en ningún momento dejó de sonreír.
Un muchacho de pelos tiesos estaba rodeado por un grupo.
-Déjanos mirar, Lee, vamos.
El muchacho levantó la tapa de la caja que llevaba en los brazos, y los que lo rodeaban gritaron cuando del interior salió una larga cola peluda.
-Espero que no sea nada peligroso- Murmuró Alice.
-Seguramente sea un gato particularmente feo- Dijo Lily quitándole hierro al asunto.
Harry se abrió paso hasta que encontró un compartimiento vacío, cerca del final del tren. Primero puso a Hedwig y luego comenzó a empujar el baúl hacia la puerta del vagón. Trató de subirlo por los escalones, pero sólo lo pudo levantar un poco antes de que se cayera golpeándose un pie.
Algunos hicieron un sonido de dolor y otros pusieron muecas de dolor.
-¿Quieres que te eche una mano?- Era uno de los gemelos pelirrojos, a los que había seguido a través de la barrera de los andenes.
-Así me gusta- Murmuró Molly orgullosa.
-¿Ves hermanita?- Dijo uno de los gemelos Prewett.
-No todo lo que les enseñamos es malo- Dijo el otro.
-Al fin y al cabo nos quieres así- Acabaron los dos.
-Par de pillos- Murmuró Molly sonriendo- ¡Claro que os quiero!
Se cruzó de brazos sonrojada, mientras los gemelos sonreían.
-Sí, por favor- jadeó Harry.
-¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!
Con la ayuda de los gemelos, el baúl de Harry finalmente quedó en un rincón del compartimiento.
-Gracias- dijo Harry, quitándose de los ojos el pelo húmedo.
-¿Qué es eso?- dijo de pronto uno de los gemelos, señalando la brillante cicatriz de Harry.
-Se me había olvidado que era famoso- Se quejó James- ¿Cómo se me pudo olvidar?
-Por que en este futuro, no lo será...Al menos no demasiado- Dijo Lily sonriendo.
-Vaya- dijo el otro gemelo-. ¿Eres tú...?
-Es él- dijo el primero-. Eres tú, ¿no?- se dirigió a Harry.
-¿Quién?- preguntó Harry.
-Harry Potter- respondieron a coro.
-Oh, él- dijo Harry-. Quiero decir, sí, soy yo.
-¿Y ya está?- Dijo James enfurruñado- ¿Sin hinchar el pecho de orgullo?
-James- Dijo Remus con tacto, ya que a él menos que a nadie le gustaba recordar ese hecho- Estáis muertos, no creo que nadie esté orgulloso de ser famoso por que murieron sus padres.
-Pero derrotó a Voldemort- Dijo James quejumbroso- Sin esfuerzo.
Entonces Pettigrew, dio un saltito en su asiento. ¿Qué? ¡Eso era imposible! El señor oscuro no podía ser derrotado. ¡Era el mago más poderoso! ¿Cómo es que un bebé pudo derrotarlo?
Remus notó el saltito que pegó Pettigrew, y en su mente sonrió con satisfacción, así aprendería a no traicionar a su conveniencia.
Los dos muchachos lo miraron boquiabiertos y Harry sintió que se ruborizaba. Entonces, para su alivio, una voz llegó a través de la puerta abierta del compartimiento.
-¿Fred? ¿George? ¿Estáis ahí?
-Ya vamos, mamá.
Con una última mirada a Harry, los gemelos saltaron del vagón.
-¡Valla, par de maleducados!- Se quejó Molly, que antes estaba orgullosa de esos gemelos, por ayudar- Quedársele mirando de esa forma.
-No te preocupes Molly- Dijo Lily- Como tú dices, eso no pasará. Lo de quedársele mirando fijamente, pero sí que se conocerán.
Ambas sonrieron.
Y ambos maridos se miraron orgullosos.
Harry se sentó al lado de la ventanilla. Desde allí, medio oculto, podía observar a la familia de pelirrojos en el andén y oír lo que decían. La madre acababa de sacar un pañuelo .
-Ron, tienes algo en la nariz.
El menor de los varones trató de esquivarla, pero la madre lo sujetó y comenzó a frotarle la punta de la nariz.
-Molly no hagas nunca eso, delante de tantas personas- Dijo Sirius Horrorizado- Lo estás avergonzando.
Molly se sonrojó, ella hacía eso sin darse cuenta.
-Mamá, déjame- exclamó apartándose.
-¿Ah, el pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita?- dijo uno de los gemelos.
-Eso es lo que esas acciones causan- Dijo Sirius pesaroso.
-Cállate- dijo Ron.
-¿Dónde está Percy?- preguntó la madre.
-Ahí viene.
El mayor de los muchachos se acercaba a ellos. Ya se había puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y Harry notó que tenía una insignia plateada en el pecho, con la letra P.
-¡Es Prefecto!- Casi gritó Molly orgullosa, dando saltitos- ¡Arthur, nuestro pequeño Percy, es Prefecto!
-Sí, Molly, lo leí- Dijo Arthur, que también sonreía.
-No me puedo quedar mucho, mamá- dijo-. Estoy delante, los prefectos tenemos dos compartimientos...
-Oh, ¿Tú eres un prefecto, Percy?- dijo uno de los gemelos, con aire de gran sorpresa-. Tendrías que habérnoslo dicho, no teníamos idea.
Molly arrugó la nariz. Ya sabía lo que vendría a continuación, si conocía a sus hermanos, y a los revoltosos pequeños Fred y George.
-Espera, creo que recuerdo que nos dijo algo- dijo otro gemelo-. Una vez...
-O dos...
-Un minuto...
-Todo el verano...
-Oh, callaos-dijo Percy, el prefecto.
-¿Veis lo que hacéis, hermanos?- Dijo Molly enfurruñada.
-Para mí- Dijo uno de los gemelos- Que es culpa de nuestro pequeño sobrino.
-Y, de todos modos, ¿Por qué Percy tiene túnica nueva?- dijo uno de los gemelos.
-Porque él es un prefecto- dijo afectuosamente la madre-. Muy bien, cariño, que tengas un buen año. Envíame un lechuza cuando llegues allá.
-Eso no está bien, hermanita- Dijo el otro gemelo- No puedes consentir a un hijo, haces que los otros le tengan celos, no que intenten imitarlo para conseguir algo. ¿Lo sabes, hermana?
Molly se puso colorada, pensando que esa era una buena estrategia. Pero realmente no lo había visto de esa manera.
Besó a Percy en la mejilla y el muchacho se fue. Luego se volvió hacia los gemelos.
-Ahora, vosotros dos...Este año os tenéis que portar bien. Si recibo una lechuza más diciéndome que habéis hecho...estallar un inodoro o...
-Ay, ay, ay- Dijeron Molly y la profesora McGonagall, cerrando los ojos.
-Creo hermanita- Dijo uno de los gemelos- Que eso no es culpa nuestra, si supuestamente íbamos a morir hoy.
-O tal vez mañana- Dijo el otro.
Molly los miró con mala cara.
-No bromeéis con eso- Dijo Molly con la voz temblorosa.
-Tranquila, estamos aquí- Dijeron a la vez, abrazándola cada uno por un hombro.
-¿Hacer estallar un inodoro? Nosotros nunca hemos hecho nada de eso.
-Pero es una gran idea, mamá. Gracias.
-No tiene gracia. Y cuidad de Ron.
-No te preocupes, el pequeño Ronnie estará seguro con nosotros.
-Cállate- dijo otra vez Ron. Era casi tan alto como los gemelos y su nariz todavía estaba rosada, en donde su madre la había frotado.
-Molly- Dijo Sirius- Tendré que darte unas clases para no avergonzar en público a tus hijos.
Molly se sonrojó y miró hacia el suelo, aunque sonreía.
-Eh, mamá, ¿adivinas a quién acabamos de ver en el tren?
Harry se agachó rápidamente para que no lo descubrieran
-Eso lo aprendió de Petunia- Dijo Lily con los ojos entrecerrados, enfadada- Desde luego que le enseñaré unos mejores modales.
-Realmente, yo creo que es más timidez que grosería- Dijo Molly encogiéndose de hombros.
-¿Os acordáis de ese muchacho de pelo negro que estaba cerca de nosotros, en la estación? ¿Sabéis quién es?
-¿Quién?
-¡Harry Potter!
Harry oyó la voz de la niña.
-Mamá, ¿Puedo subir al tren para verlo? ¡Oh, mamá, por favor...!
-¡Oh!- Dijo Sirius de repente- ¡Ahí está la pelirroja!
-¿Te refieres a la maldición Potter?- Se interesó Remus sonriendo, por meterse un poco con su amigo.
-Igual es otra- Dijo James- O se libra de esa leyenda urbana.
-¿Leyenda urbana?- Dijo Remus- Veamos...¿De qué color tiene el pelo tu madre?
-Rojo- Gruñó James.
-¿Y tu abuela?- Siguió Sirius.
-Rojo- Volvió a responder Sirius.
-¿En las fotos tu bisabuela?- Dijo Remus, de nuevo.
-¡Bueno de acuerdo!- Dijo James- Vosotros ganáis, sigue leyendo Arthur.
-Ya lo has visto, Ginny y, además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico. ¿Es él realmente, Fred? ¿Cómo lo sabes?
-Se lo pregunté. Vi su cicatriz. Está realmente allí como iluminada.
-Eso no lo creo- Dijo en un murmullo Molly avergonzada del comportamiento de sus hijos.
-Pobrecillo...No es raro que esté solo. Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén...
-Eso no importa. ¿Crees que él recuerda cómo era Quién-tú-sabes?
-Eso sí que es grosero- Gruñó Molly algo enojada.
-No pasa nada Molly- Dijo Lily- Es normal que chicos de esa edad quieran saber algo.
-Pero era un bebé, no creo que se acuerde de nada- Dijo Molly- Eso debería de ser Lógico, aunque sean menores.
La madre, súbitamente, se puso muy seria.
-Te prohíbo que le preguntes, Fred. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo así en su primer día de colegio.
Lily y Molly se miraron, una con agradecimiento por lo que dijo, y la otra para disculparse por el comportamiento de sus hijos.
-Está bien, quédate tranquila.
Se oyó un silbido.
-Daos prisa- dijo la madre, y los tres chicos subieron al tren. Se asomaron por la ventanilla para que los besara y la hermanita menor comenzó a llorar.
-No llores, Ginny, vamos a enviarte muchas lechuzas.
-Y un inodoro de Hogwarts.
-¡George!
-Era una broma, mamá.
-No sé yo si eso era una broma- Murmuró Molly con los ojos entrecerrados- Es posible que no me lo creyera, pero lo dejara pasar.
-Creo que vas a tener mucho entretenimiento Minnie- Sonrió Sirius, señalando a los gemelos, que al parecer habían causado un pequeño caos en la sala.
Molly fue corriendo, y Lily juraba que la había escuchado maldecir.
Todo el comedor observaba un poco asustado cómo, Molly parecía un demonio muy, muy, muy enfadado.
-Ejem- Dijo Molly, cuando salió de la habitación insonorizada- Disculpad, cariño sigue, por favor.
El tren comenzó a moverse. Harry vio a la madre de los muchachos agitando la mano y a la hermanita, mitad llorando, mitad riendo, corriendo para seguir el tren, hasta que éste comenzó a acelerar y entonces se quedó saludando.
-Es tan tierna- Dijo Lily, mirando a James con súplica.
-Ya se verá, Lils, este no es el mejor momento- Dijo James.
-Además no es seguro que sea niña- Dijo Remus pensando en una niña pelirroja con ojos verdes.
Harry observó a la madre y la hija hasta que desaparecieron, cuando el tren giró. Las casas pasaban a toda velocidad por la ventanilla. Harry sintió una ola de excitación. No sabía lo que iba a pasar...pero sería mejor que lo que dejaba atrás.
-Ya lo creo- Dijo Sirius- Lo mismo, estoy muerto, por eso no he aparecido.
-¡Canuto!- Exclamó James.
-¡Sirius!- Exclamaron Remus y Lily.
-¡No digas eso!- Dijeron los tres a la vez.
-Solo era una forma de intentar comprender, por qué no pude tener a Harry- Dijo Sirius un poco enfadado, mirando a Dumbledore, que pareció esquivar su mirada a propósito.
-Siga señor Weasley- Dijo Dumbledore.
La puerta del compartimiento se abrió y entró el menor de los pelirrojos.
Ambas madres se miraron cómplices.
-¿Hay alguien sentado ahí?- preguntó, señalando el asiento opuesto a Harry-. Todos los demás vagones están llenos.
-Ronald, ha sido muy educado, Molly- Dijo Lily sonriendo.
Molly sonrió orgullosa.
Harry negó con la cabeza y el muchacho se sentó. Lanzó una mirada a Harry y luego desvió la vista rápidamente hacia la ventanilla, como si no lo hubiera estado observando. Harry notó que todavía tenía una mancha negra en la nariz.
-Se fija hasta en el más mínimo detalle- Dijo Remus sonriendo.
-Eh, Ron.
Los gemelos habían vuelto.
-Mira, nosotros nos vamos a la mitad del tren, porque Lee Jordan tiene una tarántula gigante y vamos a verla.
-¿Un gato grande eh, Lily?- Dijo Sirius mirando a Lily con una ceja levantada.
-Lo tendré muy en cuenta- Dijo la profesora McGonagall- Aunque pasen once años, no lo olvidaré.
-De acuerdo- murmuró Ron.
-Harry- dijo el otro gemelo-, ¿te hemos dicho quiénes somos? Fred y George Weasley. Y él es Ron, nuestro hermano. Nos vemos después, entonces.
-Hasta luego- dijeron Harry y Ron. Los gemelos salieron y cerraron la puerta.
-¿Eres realmente Harry Potter?- dejó escapar Ron.
-¡Ronald Weasley! ¿Cómo se atreve a preguntarle eso?- Preguntó Molly al aire.
-Tranquila, Molly- Dijo Lily- Es normal que un niño de once años sienta curiosidad.
Molly cruzó los brazos enfadada, esta vez los papeles se habían invertido.
Harry asintió.
-Oh...bien, pensé que podía ser una de las bromas de Fred y George- dijo Ron-. ¿Y realmente te hiciste eso...ya sabes...?
Señaló la frente de Harry.
-Ese niño no tiene remedio- Dijo Molly- Y no digas nada Lily, todos se suponen que saben su historia, no tienen que preguntar esas cosas, ¿Cómo se le puede ocurrir preguntar eso?
Harry se levantó el flequillo para enseñarle la luminosa cicatriz. Ron la miró con atención.
-Y para colmo, se le queda mirando embobado- Se quejó Molly, ya un poco más que enfadada.
-¿Así que eso es lo que Quién-tú-sabes...?
-Sí- dijo Harry-, pero no puedo recordarlo.
-¿Nada?- dijo Ron en tono anhelante.
-Ya le voy a dar yo cosas para que anhele- Dijo Molly, volviéndose roja por la falta de educación de su hijo, y lo que al principio era orgullo, ahora era bochorno.
-Molly no te preocupes,eso no va a pasar- Dijo Lily sonriendo.
-Ese no es el problema- Murmuró Molly- El problema es que yo dije que no le preguntaran nada, y él le preguntó.
-Bueno recuerdo una luz verde muy intensa, pero nada más.
-Vaya- dijo Ron. Contempló a Harry durante unos instantes y luego, como si se diera cuenta de lo que estaba haciendo, con rapidez volvió a mirar por la ventanilla.
-Al menos se ha dado cuenta de eso- Dijo Molly un poco menos molesta.
-¿Sois una familia de magos?- preguntó Harry, ya que encontraba a Ron tan interesante como Ron lo encontraba a él.
-Oh, sí, eso creo- respondió Ron-. Me parece que mamá tiene un primo segundo que es contable, pero nunca hablamos de él.
-Porque él no quiere- Se quejó Molly- Es un squib, y no le gusta que se lo recuerden, así que vive como los muggles- Se encogió de hombros.
-Entonces ya debes de saber mucho sobre magia.
Era evidente que los Weasley eran una de esas antiguas familias de magos de las que había hablado el pálido muchacho del callejón Diagón.
-Hay familias de magos, mejores que otras- Lucius, no pudo contenerse.
-Cállate Malfoy- Dijo Sirius- No creo que nadie aquí aprecie ese comentario.
Algunos de los del Gran Comedor lo miraron con enfado y otros ni se molestaron, ya que todos eran de familias de magos.
-Oí que te habías ido a vivir con muggles- dijo Ron-. ¿Cómo son?
-Horribles...Bueno, no todos ellos. Mi tía, mi tío y mi primo sí lo son. Me hubiera gustado tener tres hermanos magos.
-Cinco- Respondieron Bill y Charlie.
-Cinco- corrigió Ron.
-Con Ron somos seis- Dijo Bill orgulloso.
-Y con Ginny, seréis siete- Dijo Molly con ternura.
-¡Es cierto!- Sonrió Bill.
Por alguna razón parecía deprimido-. Soy el sexto en nuestra familia que va a Hogwarts. Podrías decir que tengo el listón muy alto. Bill y Charlie ya han terminado. Bill era delegado de clase y Charlie era capitán de quidditch. Ahora Percy es prefecto. Fred y George son muy revoltosos, pero a pesar de eso sacan muy buenas notas y todos los consideran muy divertidos.
-Hermanita- Dijo uno de los gemelos- Eso huele a celos.
-Creo que es tu comportamiento- Dijo el otro.
Todos esperan que me vaya tan bien como a los otros, pero si lo hago tampoco será gran cosa, porque ellos ya lo hicieron primero. Además, nunca tienes nada nuevo, con cinco hermanos. Me dieron la túnica vieja de Bill, la varita vieja de Charlie y la vieja rata de Percy.
Molly arrugó la nariz, no le gustaba que su hijo se sintiera así de menospreciado. Tendría que solucionar eso.
Ron buscó en su chaqueta y sacó una gorda rata gris, que estaba dormida.
Molly miró alrededor con las orejas rojas como toda una Weasley, pero parecía que nadie le prestaba atención.
-Se llama Scabbers, y no sirve para nada, casi nunca se despierta. A Percy, papá le regaló una lechuza, porque lo hicieron prefecto, pero no podían comp...Quiero decir , por eso me dieron a Scabbers.
-Hum...más hijos de los que pueden mantener- La voz de Lucius se escuchó llena de maldad y satisfacción.
-Será mejor que te calles- Dijo James- Ya has echo demasiado mal, como para venir aquí y soltar más veneno.
Lucius apretó la boca, más por apariencias que por tenerle respeto, consideración o miedo.
Las orejas de Ron enrojecieron. Parecía pensar que había hablado demasiado, porque otra vez miró por la ventanilla.
-Como todos los Weasley- Dijo James sin maldad- Se os ponen rojas las orejas.
En ese momento todos los Weasley que estaban en el Gran Comedor y que escuchaban, enrojecieron, hasta las orejas.
-Basta James- Sonrió Lily con simpatía- Mejor sonrojarse hasta las orejas que ser mortífago o un traidor- Dijo mirando de reojo a Pettigrew.
Harry no creía que hubiera nada malo en no poder comprar una lechuza. Después de todo, él nunca había tenido dinero en toda su vida, hasta un mes atrás, así que le contó a Ron que había tenido que llevar la ropa vieja de Dudley y que nunca le hacían regalos de cumpleaños. Eso pareció animar a Ron.
-Gracias- Dijo Molly mirando a Lily- Aunque no me gusta que Ron se sienta mejor si alguien está en nuestra misma situación, no me gusta que por las desgracias de los demás se sienta él mejor.
-No te preocupes, Molly- Dijo Lily- Él se lo contó para eso, para que no se sintiera ni triste ni avergonzado.
-...Y hasta que Hagrid me lo contó yo no tenía ni idea que era mago, ni sabía nada de mis padres o Voldemort...
Ron bufó.
Sólo algunos pocos lo hicieron en el Gran Comedor.
-¿Qué?- dijo Harry.
-Has pronunciado el nombre de Quién-tú-sabes- dijo Ron, tan conmocionado como impresionado-. Yo creí que tú, entre todas las personas...
-No tiene por qué ser así- Dijo Dumbledore- Si no recuerda nada, ese nombre no le recuerda a nada, si sigue llamándolo Quién-tú-sabes, sí que le comenzará a temer, pues como ya he dicho muchas veces, temer un nombre, solo incrementa el temor de lo nombrado.
-No estoy tratando de hacerme el valiente, ni nada por el estilo, al decir el nombre- dijo Harry-. Es que no sabía que no debía decirlo. ¿Ves lo que te decía? Tengo muchísimas cosas que aprender...seguro- añadió, diciendo por primera vez en voz alta algo que últimamente lo preocupaba mucho-, seguro que seré el peor de la clase.
-Creí que Hagrid ya le había explicado eso- Se exaltó Sirius- Aunque vengas de una familia muggle, puedes ser el mejor de la clase, mira a Lily, por ejemplo.
Lily se sonrojó, pero sonreía por el halago.
-No será así. Hay mucha gente que viene de familias muggles y aprenden muy deprisa.
-Lo que decía- Dijo Sirius sintiéndose muy satisfecho.
Mientras conversaban, el tren había pasado por campos llenos de vacas y ovejas. Se quedaron mirando un rato, en silencio, el paisaje.
-Eso es un poco incómodo al principio- Dijo James que lo miraba desde su punto de vista, de lo que él mismo había sentido en el tren, la primera vez que había ido en él y había conocido a los que ahora eran sus mejores amigos...Claro con una excepción. Miró a Pettigrew con aversión, y Pettigrew, bajó la vista.
A eso de las doce y media se produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos, se asomó y les dijo:
-¿Queréis algo del carrito, guapos?
-¿Queréis algo del carrito, guapos?- Dijeron a la vez los tres merodeadores, riéndose, como la mayoría del Gran Comedor.
-¡Es increíble!- Se rió Sirius- Esa mujer es eterna.
-Y con la misma frase- Dijo James también riendo.
-¿Para qué cambiar algo que funciona?- Preguntó Lily, que sonreía, aunque tratara de ocultarlo.
Harry, que no había desayunado, se levantó de un salto, pero las orejas de Ron se pusieron otra vez coloradas y murmuró que había llevado bocadillos. Harry salió al pasillo.
Cuando vivía con los Dursley nunca había tenido dinero para comprarse golosinas y, puesto que tenía los bolsillos repletos de monedas de oro, plata y bronce, estaba listo para comprar todas las barras de chocolate que pudiera llevar.
-¡Así se hace!- Exclamó Sirius con júbilo.
Lily tenía los ojos entrecerrados, cuando su Harry fuera a Hogwarts le diría que no comprara muchos dulces.
-Luego no cenará- Se quejó Lily.
-Si es un Potter, te aseguro que comerá, además tu horrible hermana y su horrible familia lo han matado de hambre- Dijo James con los brazos cruzados- De todas formas, es medio día, y aún queda para la cena, y no ha desayunado.
-Bueno de acuerdo- Dijo Lily con frustración- Por esta vez pasa.
Pero la mujer no tenía Mars. En cambio, tenía Grageas Bertie Bott de Todos los Sabores, chicle, ranas de chocolate, empanadas de calabaza, pasteles de caldero, varitas de regaliz y otra cantidad de cosas extrañas que Harry no había visto en su vida. Como no deseaba perderse nada, compró un poco de todo y pagó a la mujer once sickles de plata y siete knuts de bronce.
-Se llevó de todo- Dijo Sirius sonriendo.
-Creo que yo no he gastado tanto en todos los años que he ido en el tren- Dijo James silbando suavemente.
-¿Os acordáis de los caramelos no masticables?- Preguntó Remus.
-No los podías morder- Asintió James- Y tardabas una eternidad en comértelos a lametones.
-¡Y las Gumis Gumis!- Dijo Sirius sonriendo- Las gominolas alargadas.
-Recuerdo que tú y Cornamenta hacíais una competición haber quién se terminaba antes la gominola de más de un metro de largo- Habló Lily recordando con qué seriedad competían al hacer eso.
-Mis favoritos eran los volcanes de chocolate- Decía Remus con algo de brillo en los ojos.
-Eran auténticos volcanes de varios chocolates, que derramaban lava de chocolate...Umm- Dijo Sirius recordando ese dulce.
-Te ponías perdido de chocolate, pero esa era la gracia- Dijo James sonriendo.
-Y los chicles arco iris- Dijo Lily sonriendo, de forma aniñada- Chicles rellenos de varios sabores líquidos y distintos, cada 10 minutos, cambiaba de sabor ¡Me encanta!
-No gusta, encanta- Dijeron los merodeadores, haciendo que Lily sacase la lengua como si de nuevo fueran unos niños.
Tras un momento en el que, en el gran comedor se escucharon varias risas, Arthur continuó leyendo.
Ron lo miraba asombrado, mientras Harry depositaba sus compras sobre un asiento vacío.
-Tenías hambre, ¿verdad?
-Muchísima- dijo Harry, dando un mordisco a una empanada de calabaza.
Ron había sacado un arrugado paquete, con cuatro bocadillos. Separó uno y dijo:
-Mi madre siempre se olvida de que no me gusta la carne en conserva.
Molly se sonrojó hasta las orejas: No debería de olvidarse de los gustos de sus hijos.
-Molly con siete hijos, es lógico que se te pase algo así- La animó Lily.
Molly negó con la cabeza, aún sonrojada y triste.
-Una no debe de olvidarse de los gustos de ninguno de sus hijos- Murmuró avergonzada- Aunque tenga cien.
-Te la cambio por uno de éstos- dijo Harry, alcanzándole un pastel-. Sírvete...
Molly miró agradecida a Lily que se sonrojó un poco, y muy orgullosa del comportamiento generoso de su hijo.
-Ha salido a ir Lils, cariño- Dijo James pasándole un brazo por los hombros.
-No te va a gustar, está seca- dijo Ron-. Ella no tiene mucho tiempo- añadió rápidamente-...Ya sabes, con nosotros cinco.
-Vamos, sírvete un pastel- dijo Harry, que nunca había tenido nada que compartir o, en realidad, nadie con quién compartir nada. Era una agradable sensación, estar sentado allí con Ron, comiendo pasteles y dulces (los bocadillos habían quedado olvidados).
-Gracias a Merlín- Murmuró Molly sonrojada hasta las orejas- Tenéis un hijo maravilloso.
-Tu hijo también es maravilloso- Dijo Lily en retribución.
-Aunque un poco grosero- Dijo Molly con el ceño fruncido.
-Aún siguen jugando- Dijo Remus, señalando la habitación- Creo que ya que se han conocido, no los pueden separar.
-Serán muy buenos amigos- Dijo James sonriendo.
-¿Qué son éstos?- preguntó Harry a Ron, cogiendo un envase de ranas de chocolate-. No son ranas de verdad, ¿no?- Comenzaba a sentir que nada podía sorprenderlo.
-No-dijo Ron-. Pero mira qué cromo tiene. A mí me falta Agripa.
-¿Qué?
-Yo tengo a Agripa repetida- Dijo Sirius- Si en un futuro sigue sin encontrarla, yo se la doy- Miró a Molly que le sonrió agradecida y asintió.
-Este hijo mío, necesita cultura general- Dijo James- A partir de que todo este embrollo de los libros y de Voldemort termine, comenzaré a enseñarle.
-Menos mal que Lily es su madre- Dijo Remus sonriendo.
Muchos en el Gran Comedor asintieron incluyendo a Snape, aunque éste lo hizo disimuladamente.
-Oh, por supuesto, no debes saber...Las ranas de chocolate llevan cromos, ya sabes, para coleccionar, de brujas y magos famosos. Yo tengo como quinientos, pero no consigo ni a Agripa ni a Ptolomeo.
-¿Dijo quinientos?- Se asombró Sirius- Yo apenas y tengo trescientos, de todas formas ya tengo a Agripa y a Ptolomeo- Se encogió de hombros.
-No me puedo creer que un niño de once años coma tantas ranas de chocolate para conseguir quinientos cromos- Dijo Lily con el ceño fruncido.
-A lo mejor le ha llevado muchos años conseguirlos- Les dijo Remus, que a él le gustaba el chocolate.
-Es posible- Dijo pensativo James- Pero aún así con once años son muchas ranas de chocolate...No pudo haber comido ranas de chocolate antes de los 6 años porque están vetadas para los niños menores de 6 años, ya sabéis por el sobrepeso y esas cosas, en 5 años quinientos cromos...son bastantes más ranas de chocolate que 1 a la semana.
Molly estaba sonrojada, tendría que vetarle a Ron las ranas de chocolate cuando creciera.
Harry desenvolvió su rana de chocolate y sacó el cromo. En él estaba impreso el rostro de un hombre. Llevaba gafas de media luna, tenía una nariz larga y encorvada, cabello plateado suelto, barba y bigotes. Debajo de la foto estaba el nombre: Albus Dumbledore.
-¡Albus Dumbledore!- Dijeron varios entre risas, ya conociendo de sobra la descripción del hombre, de los cromos y varios libros. Desde que lo conocían, siempre había tenido ese aspecto...¿Cuántos años tendría? Esa es la pregunta que la mayoría de la gente se hacía.
-¡Así que éste es Albus Dumbledore!- Dijo Harry.
-Es cierto Harry no lo ha visto nunca- Dijo Lily tristemente.
-¡No me digas que nunca has oído hablar de Dumbledore!- dijo Ron-. ¿Puedo servirme una rana? Podría encontrar a Agripa...Gracias...
Harry le dio la vuelta a la tarjeta y leyó:
-Creo que muchas cosas se podrían saltar, pero no quedaría bien- Se quejó Sirius.
-En serio Harry se fija en todo- Dijo James, medio sonriendo.
-Es mejor eso a que sea un despistado cabeza hueca como Dudley- Dijo Lily asintiendo orgullosa.
-Amén a eso- Dijeron los tres merodeadores.
Albus Dumbledore, actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo como el más grande mago del tiempo presente, Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel. El profesor Dumbledore es aficionado a la música de cámara y a los bolos.
-¿Los bolos?- Preguntó Sirius, sacando de su bolsillo su tarjeta de Dumbledore- ¡Eso es nuevo!
-Cualquiera puede elegir ser aficionado a algo, en cualquier momento de su vida, señor Black- Sonrió Dumbledore.
Harry le dio la vuelta otra vez al cromo y vio, para su asombro, que el rostro de Dumbledore había desaparecido.
-¡No querrá que se quede ahí todo el día! ¿No?- Dijo Sirius levantando una ceja.
-¡Ya no está!
-Bueno, no iba a estar todo el día- dijo Ron-. Ya volverá. Vaya, me ha salido otra vez Morgana y ya la tengo seis veces repetida...¿No la quieres? Puedes empezar a coleccionarlos.
-Genial- Dijo Lily con sarcasmo- Otro aficionado a los cromos de las ranas.
Los merodeadores evitaron su mirada deliberadamente.
Los ojos de Ron se perdieron en las ranas de chocolate, que esperaban que las desenvolvieran.
-Sírvete- dijo Harry-. Pero oye, en el mundo de los muggles la gente se queda en las fotos.
-¿Enserio?- Sirius miró a Lily que asintió con la cabeza encogiéndose de hombros.
-¿Eso hacen? Cómo, ¿no se mueven?- Ron estaba atónito-. ¡Qué raro!
-A mí sí que me pareció raro ver a las personas moviéndose en las fotos y en los retratos- Dijo Lily sonriendo- Recuerdo que la primera noche después de descubrirlo, me quedé despierta hasta el amanecer, viendo todas las ilustraciones de mis libros.
-Eso si que es raro- Dijo Sirius sonriendo.
-Para mí fue muy entretenido- Dijo Lily- Incluso en algunas ocasiones hasta era cómico ver las caras y los gestos que hacían.
Harry miró asombrado, mientras Dumbledore regresaba al cromo y le dedicaba una sonrisa. Ron estaba más interesado en comer las ranas de chocolate que en buscar magos y brujas famosos, pero Harry no podía apartar la vista de ellos.
-Creo que ha salido más a Lily que a mí- Dijo al aire James, haciéndose el desconsolado.
Remus y Sirius le siguieron el juego poniéndole cada uno una mano en el hombro como si le estuvieran consolando, lo que provocó que Lily rodase los ojos y mirase al cielo.
Muy pronto tuvo no sólo a Dumbledore y Morgana, sino también a Ramón Llull, al rey Salomón, Circe, Paracelso y Merlín. Hasta que finalmente apartó la vista de la druida Cliodna, que se rascaba la nariz, para abrir una bolsa de grageas de todos los sabores.
-¿Cuantas ranas de chocolate compraron?- Preguntó Sirius- Es retórica no hace falta una respuesta- Dijo cuando vio abrir la boca a Remus para contestarle, según sus cálculos.
-Tienes que tener cuidado con ésas- lo previno Ron-.
-Chico inteligente- Dijo Sirius sonriendo amargamente, sus recuerdos con las grageas de todos los sabores, no era muy agradable.
-Cuando dice "todos los sabores", es eso lo que quiere decir. Ya sabes, tienes todos los comunes, como chocolate, menta y naranja, pero también puedes encontrar espinacas, hígado y callos. George dice que una vez encontró una con sabor a duende.
Molly miró hacia la habitación dónde todos los niños estaban jugando con mala cara.
-¿Cómo va a encontrar una con sabor a Duende?- Se rió Remus- En primer lugar, no sabría como sabe un duende, porque nunca habría comido uno, y segundo, los duendes no se dejan comer, y no creo que, por el aspecto que tienen, fueran apetecibles.
En el Gran Comedor se escucharon, algunas risas.
Ron eligió una verde, la observó con cuidado y mordió un pedacito.
-Puaj...¿Ves? Coles.
Algunos hicieron muecas de asco, entre ellos James, Lily se dio cuenta, por muy hombre que fuera, o pareciera, nunca le iban a gustar las coles. Ella le había intentado dar coles de diferentes formas y en diferentes comidas, pero siempre había sabido que eran coles, y ni las tocaba con el tenedor, pensaba que aunque se hiciera tan viejo como Dumbledore, nunca le gustarían las coles.
Pasaron un buen rato comiendo las grageas de todos los sabores. Harry encontró tostadas, coco, judías cocidas, fresa, curry, hierbas, café, sardinas y fue lo bastante valiente para morder la punta de una gris, que Ron no quiso tocar y resultó ser pimienta.
-Al menos no resultó ser arcilla- Dijo Sirius ceñudo.
-O calcetines mojados- Respondió James que lamentablemente sí sabía como era el sabor de los calcetines mojados, gracias a las peleas de ropa que tenía con Sirius, en vez de almohadas, se tiraban la ropa que encontraran por la habitación. Y una vez le dio de lleno un calcetín que había llevado esa tarde de invierno a clases.
-U otras cosas más desagradables- Dijo Remus.
-Bueno no todas las grageas pueden ser buenas- Dijo Lily encogiéndose de hombros.
En aquel momento, el paisaje que se veía por la ventanilla se hacía más agreste. Habían desaparecido los campos cultivados y aparecían bosques, ríos serpenteantes y colinas de color verde oscuro.
-Tengo la sensación de ir en tren y oler la hierba de los campos, tal y como lo describe- Dijo Lily sonriendo.
Muchos asintieron.
Se oyó un golpe en la puerta del compartimiento, y entró el muchacho de cara redonda que Harry había visto al pasar por el andén nueve y tres cuartos. Parecía muy afligido.
-Pobre de mi Neville- Dijo Alice un poco triste.
-Perdón- dijo-. ¿Por casualidad no habréis visto un sapo?
Cuando los dos negaron con la cabeza, gimió.
-¡Lo he perdido! ¡Se me escapa todo el tiempo!
-Ya aparecerá- dijo Harry.
-Sí- dijo el muchacho apesadumbrado-. Bueno, si lo veis...
Se fue.
-No quiero que tenga un sapo- declaró Alice ceñuda a Frank, que asintió.
-No sé por qué está tan triste- comentó Ron-. Si yo hubiera traído un sapo, lo habría perdido lo más rápidamente posible. Aunque en realidad he traído a Scabbers, así que no puedo hablar.
-Exactamente- Dijo Lily asintiendo- Nadie debe burlarse de nadie. Creo que el respeto mutuo es muy bonito.
-Hablas como mi madre- Dijo James sonriendo.
-Bueno, soy madre, y pelirroja- Dijo Lily- Así que no te metas conmigo.
Muchos rieron.
La rata seguía durmiendo en las rodillas de Ron.
-Podría estar muerta y no notarías la diferencia- dijo Ron con disgusto-. Ayer traté de volverla amarilla para hacerla más interesante, pero el hechizo no funcionó. Te lo voy a enseñar mira...
-No hay tal hechizo- Dijo la profesora McGonagall- Si transformas un ser vivo, a algo sin vida, tienes que tener mucho cuidado, igual que si quieres transformar algo inanimado en un ser vivo, no puedes sólo cambiarle el color. Puedes convertirla, no sé, en un plátano, por ejemplo, pero muy poco tiempo ya que es un ser vivo, y sufriría si dura mucho tiempo la transformación. Por eso tienes que tener muy bien dominados la transformación y el hechizo para devolver ese animal a su estado original.
-Primera lección de quinto curso, si no me equivoco profesora- Dijo Remus sonriendo.
-No se equivoca señor Lupin- Le respondió nuevamente la profesora McGonagall sonriendo.
Revolvió en su baúl y sacó una varita muy gastada. En algunas partes, estaba astillada y, en la punta, brillaba algo blanco.
-Hermanita- Dijo uno de los gemelos arrugando el ceño- En vez de haberle comprado una lechuza y una capa nuevas a Percy, que me alegro de que sea prefecto...
-Pero, creo que eso que sobresale de la varita de Ron- Dijo el otro gemelo- Son los pelos de unicornio del núcleo...
-Deberías de haberle comprado una varita, dejando la lechuza y la capa en su sitio- Dijo el primero.
-Hermana- Dijo el segundo- No quiero decirte como criar a tus hijos, pero dejarle a uno con una varita a la que le sobresalen los pelos de unicornio del núcleo y regalarle a otro un par de caprichos, no creo que sea muy equitativo.
-Eso a la larga va a causar celos y resentimiento- Dijo Lily mirando a Molly preocupada.
-Creo que en su momento podremos comprarle la varita a Ron- Dijo Molly sonrojada.
-No te preocupes Molly- Dijo James sonriendo con travesura- Tengo algo preparado para Arthur y para tí.
-James...- Lily trató de hablar con él, pero fue rápidamente interrumpida.
-Lils, cariño, no te preocupes, es algo bueno que creo que agradecerán- Dijo James asintiendo contento.
-Sigue, Arthur- Dijo suspirando Lily. Sabía que no podría hacerle cambiar de idea, si pensaba que estaba haciendo algo bueno por otros.
-Los pelos de unicornio casi se salen. De todos modos...
Acababa de coger la varita cuando la puerta del compartimiento se abrió otra vez. Había regresado el chico del sapo, pero llevaba a una niña con él. La muchacha ya llevaba la túnica de Hogwarts.
-Ay, por Merlín- Dijo Sirius horrorizado- Seguro que es una repelente.
-¿Cómo lo sabes? ¡Ni siquiera ha hablado!- Dijo Lily ofendida por el comportamiento de Sirius.
-¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno- dijo.
Tenía voz de mandona, mucho pelo color castaño y los dientes de delante bastante largos.
-¿Decías?- Dijo Sirius cruzándose de brazos sonriendo.
-Puede que un poco, pero es buena persona- Dijo Lily- Le está ayudando a Neville a buscar su sapo.
-Si tú lo dices...- Ahí lo dejó Sirius.
-Ya le hemos dicho que no- dijo Ron, pero la niña no lo escuchaba. Estaba mirando la varita que tenía en la mano.
-Oh, ¿Estás haciendo magia? Entonces vamos a verlo.
-Creo que eso es de metomentodo- Dijo Sirius con el ceño fruncido- ¿Por qué tiene que quedarse a ver algo a lo que no fue invitada?
-Creo que esta vez estoy de acuerdo con Sirius, Lils- Dijo James- ¿No crees que es un poco...umm...mandona?
-Yo aún creo que ese comportamiento es normal- Dijo Lily obstinadamente.
Se sentó. Ron pareció desconcertado.
-Genial, ahora hace sentirse incómodo al pobre chaval- Siguió Sirius con inquina.
-Eh...de acuerdo.- Se aclaró la garganta-. "Rayo de sol, margaritas, volved amarilla a esta tonta ratita"
-¡Hermanos!- Dijo Molly un poco molesta- ¡Eso se lo dijisteis a los gemelos, sin duda!
Las risas se propagaron por el Gran Comedor.
-Ya decía yo- Dijo la profesora McGonagall- Que ese hechizo era muy complicado para unos alumnos de primero.
Agitó la varita, pero no sucedió nada. Scabbers siguió durmiendo, tan gris como siempre.
-¿Estás seguro de que es el hechizo apropiado?- preguntó la niña-. Bueno, no es muy efectivo, ¿no? Yo probé unos pocos sencillos, sólo para practicar, y funcionaron. Nadie en mi familia es mago, fue toda una sorpresa cuando recibí mi carta, pero también estaba muy contenta por supuesto, ya que ésta es la mejor escuela de magia, por lo sé. Ya me he aprendido todos los libros de memoria, desde luego, espero que eso sea suficiente...Yo soy Hermione Granger. ¿Y vosotros quiénes sois?
-¡De acuerdo!- Estalló Lily- No hace falta que digas nada, es repelente, al menos hasta ahora.
La cara de Sirius mostraba satisfacción.
-Debo decir- Dijo Sirius- Que tú eras igual, pero se te acaba cogiendo cariño.
Lily al contrario de lo que pensaban, no se enfadó, al contrario sonrió con cariño.
Dijo todo aquello muy rápidamente.
Harry miró a Ron y se calmó al ver en su rostro aturdido que él tampoco se había aprendido todos los libros de memoria.
-Es que eso sólo lo hizo Lily en su momento- Dijo Remus- Ni siquiera yo lo hice.
Muchos rieron haciendo sonrojar a Lily, pero seguía sin enfadarse. Ella más que nadie sabía que durante los tres primeros años de Hogwarts, estuvo comportándose como una metomentodo, una repelente y una sabelotodo. Gracias a Merlín que en cuarto cambió su actitud, se hizo amiga de sus compañeras de cuarto, ayudándolas en clases, se dio cuenta de la condición de Remus y lo ayudó y desde ese entonces era amiga de Remus...Después ayudó a Peter, y luego, aunque no le cayeran bien, comenzó ha hablar con James y Sirius. Severus la insultó y la trató mal, así que se alejó de él muy a su pesar, porque le caía bien, fue su primer amigo, incluso antes de entrar en Hogwarts. Después se fue encariñando con James y Sirius, acabó enamorándose de James, casándose con él y teniendo por fin a Harry. Pero Peter...Peter los había traicionado. Lily aguantó las lágrimas estoicamente.
-Yo soy Ron Weasley- murmuró Ron.
Harry Potter- dijo Harry.
-¿Eres tú realmente?- dijo Hermione-. Lo sé todo sobre tí, por supuesto, conseguí unos pocos libros extra para prepararme más y tú figuras en Historia de la magia moderna, Defensa contra las Artes Oscuras y Grandes eventos mágicos de siglo XX.
James soltó un silbido.
-Valla- Sonrió- Alguien va a enamorarse.
-No lo creo- Dijo Lily defendiendo a la chiquilla- Principalmente porque sólo tienen once años, y sólo porque haya leído algo sobre él en un libro y se lo esté informando, no significa que le guste, sólo hace lo que según he visto, hacen muchos otros magos. Conocer todo sobre él.
-Lily tiene un punto ahí, Cornamenta- Sonrió Sirius.
-¿Estoy yo?- dijo Harry, sintiéndose mareado.
-Lógico- Murmuró Lily, tan bajito que sólo la escuchó James.
-Dios mío, no lo sabes. Yo en tu lugar habría buscado todo lo que pudiera- dijo Hermione-. ¿Sabéis a qué casa vais a ir? Estuve preguntando por ahí y espero estar en Gryffindor, parece la mejor de todas. Oí que Dumbledore estuvo allí, pero supongo que Ravenclaw no será tan mala...De todos modos, es mejor que sigamos buscando el sapo de Neville. Y vosotros dos deberíais cambiaros ya, vamos a llegar pronto.
-Sí que habla- Dijo Sirius- Casi me mareo, sólo de seguir su conversación.
-Ni Lily hablaba tanto- Dijo James pestañeando para aclarar su cabeza.
-Al menos quiere ir a Gryffindor- Dijo Sirius sonriendo.
-Creo que quiere estar en Gryffindor, porque Dumbledore, estuvo allí- Dijo Lily ceñuda- Creo que le vendría mejor Ravenclaw.
-Sí- Dijo James de repente serio- ¿Quién sabe, lo que usa el sombrero seleccionador, para hacer las elecciones.
-Es cierto- Dijo Remus, el ambiente se ensombreció de pronto, todos estaban pensando en Pettigrew.
Y se marchó, llevándose al chico sin sapo.
-Cualquiera que sea la casa que me toque, espero que ella no esté- dijo Ron. Arrojó su varita al baúl-. Qué hechizo más estúpido, me lo dijo George. Seguro que era falso.
-¡Ya lo creo!- Dijo Molly mirando mal a sus hermanos que de pronto encontraron muy interesante el techo del Gran Comedor...O mejor dicho, el cielo del Gran Comedor.
-¿En qué casa están tus hermanos?- preguntó Harry.
-Gryffindor- dijo Ron.
-Gryffindor- Dijeron los Weasley a la vez sonriendo.
Otra vez parecía deprimido-. Mamá y papá también estuvieron allí. No sé qué van a decir si yo no estoy. No creo que Ravenclaw sea tan mala, pero imagina si me ponen en Slytherin.
-¡Qué tontería más grande!- Dijo Molly enfadada- Sería nuestro hijo, da igual en que casa esté. Lo querré igual.
-¿Ésa es la casa en la que Vol...quiero decir Quién-tú-sabes...estaba?
-Ajá- dijo Ron. Se echó hacia atrás en el asiento, con aspecto abrumado.
-¿Sabes? Me parece que las puntas de los bigotes de Scabbers están un poco más claras- dijo Harry, tratando de apartar la mente de Ron del tema de las casas-. Y, a propósito, ¿Qué hacen ahora tus hermanos mayores?
-Que lindo, gracias, Lily- Dijo Molly.
-Yo quiero trabajar para Gringotts- Dijo Bill, respondiendo él mismo, sin pensar que le estaba hablando a un libro.
-Yo quiero ir a Rumanía a estudiar dragones- Dijo Charlie con los ojos brillantes.
-Tú no harás tal cosa Charlie Weasley- Dijo Molly cruzando los brazos, más preocupada que enfadada, ya que sabía que no podía retener de hacer lo que quisiera a Charlie, pero podría intentar convencerle.
Charlie pudo los ojos en blanco y negó con la cabeza.
Harry se preguntaba qué hacía un mago, una vez que terminaba el colegio.
-Pues cualquier trabajo, igual que los muggles- Dijo sonriendo Dumbledore.
-Sí, pero él no lo sabe- Dijo la profesora McGonagall- Es normal que pregunte.
-De todas formas no es exactamente igual- Dijo Remus- Si un mago quiere vivir una vida muggle no puede hacer magia delante de los muggles, le ponen un detector, igual que a los menores de edad, y si incumplen esta norma, los echan de la comunidad mágica. Si quieren volver al mundo mágico lo único que tienen que hacer es comunicárselo al ministerio de magia, esperar a que le llegue el permiso, y hacer vida normal de mago.
-Creo que le iría bien en el departamento de leyes- Dijo Dumbledore.
-Sí- Dijo Remus- Lástima de las leyes para mi problema.
-No te preocupes- Dijo Dumbledore- Eso también lo solucionaremos.
-Charlie está en Rumanía, estudiando dragones, y Bill está en áfrica, ocupándose de asuntos para Gringotts- explicó Ron-.
La señora Weasley suspiró derrotada, no había podido impedirle hacer ese trabajo tan peligroso.
-¿Te enteraste de lo que pasó en Gringotts? Salió en El Profeta, pero no creo que las casas de los muggles lo reciban: trataron de robar en una cámara de alta seguridad.
Harry se sorprendió.
Arthur tuvo que parar de leer porque los susurros.
-¡Están locos!- Dijo Sirius con los ojos abiertos.
-Estoy segura de que fueron a por la piedra filosofal- Dijo Lily con los ojos entrecerrados- Pero Harry y Hagrid llegaron antes.
-¿Por qué piensas eso pelirroja?- Preguntó Sirius.
-Por que es lo único que tiene valor, que menciona el título del libro- Se encogió de hombros Lily.
Cuando los murmullos se acallaron Arthur pudo seguir leyendo.
-¿De verdad? ¿ Y qué les ha sucedido?
-Nada, por eso son noticias tan importantes. No los han atrapado. Mi padre dice que tiene que haber un poderoso mago tenebroso para entrar en Gringotts, pero lo que es raro es que parece que no se llevaron nada. Por supuesto, todos se asustan cuando sucede algo así, ante la posibilidad de que Quién-tú-sabes esté detrás de ello.
-¡Ay! Lils ¿Qué pasa?- Preguntó James cuando lo cogió del brazo muy fuerte.
-¿Y si después de tantos años es Voldemort el del libro?- Preguntó Lily asustada- Harry sólo tiene once años...¿Qué le va a pasar a mi niño?
-Tranquila, cariño, todo va a ir bien- Aunque su misma voz temblaba un poco, y su semblante se ensombreció cuando miró en la dirección de su hijo.
Harry repasó las noticias en su cabeza. Había comenzado a sentir una punzada de miedo cada vez que mencionaban a Quién-tú-sabes. Suponía que aquello era una parte de entrar en el mundo mágico, pero era mucho más agradable poder decir "Voldemort" sin preocuparse.
-Es lo que ha dicho el profesor Dumbledore- Dijo Sprout- Pero aún así los que estamos acostumbrados a llamarle Quién-tú-sabes, nos es más terrorífico pronunciar su nombre.
Muchos se encogieron de hombros, ya que la mayoría pertenecían a la orden del Fénix, era muy diferente.
-¿Cuál es tu equipo de quidditch- preguntó Ron.
-Eh...no conozco ninguno- confesó Harry.
-¿Cómo?- Ron pareció atónito-. Oh ya veras, es el mejor juego del mundo...-Y se dedicó a explicarle todo sobre las cuatro pelotas y las posiciones de los siete jugadores, describiendo famosas jugadas que había visto con sus hermanos y la escoba que le gustaría comprar si tuviera el dinero. Le estaba explicando los mejores puntos del juego, cuando otra vez se abrió la puerta del compartimiento, pero esta vez no era Neville, el chico sin sapo, ni Hermione Granger.
-¿Otro amigo?- Preguntó James muy entusiasmado.
-Lo mismo es alguien que se ha pasado por ahí, al escuchar el rumor que seguramente se ha esparcido por ahí- Dijo Remus encogiéndose de hombros.
Entraron tres muchachos, y Harry reconoció de inmediato al del medio: era el chico pálido de la tienda de túnicas de Madame Malkin. Miraba a Harry con mucho más interés que el que había demostrado en el callejón Diagón.
-Sólo porque sabe quién es- Dijo Sirius ceñudo- Esos no merecen la pena.
-¿Es verdad?- preguntó-. Por todo el tren están diciendo que Harry Potter está en este compartimiento. Así que eres tú, ¿no?
-Qué arrogante- Dijo Lily muy bajito.
-Yo sigo pensando que ese comportamiento sólo se parece a una persona en esta sala- Dijo Remus.
Lucius y Narcissa lo miraron mal.
-Sí- respondió Harry. Observó a los otros muchachos. Ambos eran corpulentos y parecían muy vulgares. Situados a ambos lados del chico pálido, parecían guardaespaldas.
-Ya con eso es suficiente- Dijo James mirando a Lucius muy mal- El único que necesitaba guardaespaldas aquí era sólo uno.
Todos miraron hacia Malfoy, de echo era el único que los llevaba a todas partes sin que fueran exactamente sus amigos.
-Oh, éste es Crabbe y éste Goyle- dijo el muchacho pálido con despreocupación, al darse cuenta de que Harry los miraba-. Y mi nombre es Malfoy, Draco Malfoy.
-Ahora dí que no es tu hijo, Malfoy- Dijo Remus retándolo.
-No me lo puedo creer- Dijo Narcissa.
-Calla, es mejor que esperemos a saber qué es lo que pasa, Narcissa- Dijo para sorpresa de ésta Snape.
Ron dejó escapar una débil tos, que podía estar ocultando una risita. Draco (dragón) Malfoy lo miró.
-Te parece que mi nombre es divertido, ¿no? No necesito preguntarte quién eres. Mi padre me dijo que todos los Weasley son pelirrojos, con pecas y más hijos que los que pueden mantener.
-No me puedo creer que le haya enseñado eso a su hijo señor Malfoy- Se escandalizó la profesora McGonagall.
-Cómo ya dije antes, a mí nadie me va a decir cómo educar a mi hijo- Se quejó ya harto Lucius.
Se volvió hacia Harry.
-Muy pronto descubrirás que algunas familias de magos son mucho mejores que otras, Potter. No querrías hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso.
-Pff- Dijo Sirius- La misma arrogancia de su padre, se cree el mejor de los mejores en todo, cuando realmente no es así.
-Cállate- Dijo Lucius enojado.
-Oblígame- Se mofó Sirius.
Lucius ya estaba sacando la varita, cuando...
-¡Ya basta!- La voz de Dumbledore, resonó por todo el Gran Comedor- Sigue Arthur.
Extendió la mano, para estrechar la de Harry, pero Harry no la aceptó.
-¡Ja!- Dijo James contento- Bien hecho, hijo.
-Pues a mí me parece una descortesía- Dijo Lily- Es cierto que el chico es arrogante, altanero y burlón, pero a lo mejor sólo necesitaba un amigo- Lucius la miró con los ojos entornados.
-Es posible- Dijo Remus- Pero es más probable que lo hiciera por conveniencia.
-Puede ser- Lily se encogió de hombros- Pero tal vez con el tiempo si hubieran podido hacer amigos, a lo mejor eso le dolió al pequeño, solo tienen once años- Lily se acomodó en el sillón- Es probable que se sintiera humillado y rechazado.
-Creo que puedo darme cuenta solo de cuáles son los indebidos, gracias- dijo con frialdad.
-Al menos tiene buen instinto- Dijo James mirando de reojo a Pettigrew.
Draco Malfoy no se ruborizó, pero un tono rosado apareció en sus pálidas mejillas.
-No necesitábamos saber eso- Dijo Sirius con el ceño fruncido.
-Yo tendría cuidado, si fuera tú, Potter- dijo con calma-. A menos que seas un poco más amable, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás como ellos.
-¿¡Lo está amenazando!?- Se exaltó Lily- ¡Malfoy! No me creo que hayas enseñado esas cosas a un niño de once años, y no te estoy diciendo cómo educarlo- Levantó la mano evitando que ni Lucius ni Narcissa Malfoy hablaran- Es simple lógica, no puedes envenenar a un niño contra otros, sólo por la procedencia, a eso se le llama racismo y está muy mal visto. Para ser de la hight society, eres muy maleducado y grosero.
Nadie dijo nada, ni siquiera Lucius se atrevió a decirle nada, sobre todo porque se estaba poniendo roja del enfado, y era mejor no enfadar a Lily Potter, si no quería tener la misma suerte que la pared que hizo estallar horas atrás.
Harry y Ron se levantaron al mismo tiempo. El rostro de Ron estaba tan rojo como su pelo.
-Repite eso- dijo.
-Oh, vais a pelear con nosotros, ¿eh?- se burló Malfoy.
-Igual que su padre- Dijo Sirius con desprecio- Con sus dos gorilas es muy gallito, pero sorpréndelo sin ellos, haber si no sale corriendo con el rabo entre las piernas al primer signo de amenaza.
-Si no os vais ahora mismo...-dijo Harry con más valor que el que sentía, porque Crabbe y Goyle eran mucho más fuertes que él y Ron.
-Valla, no es tan valiente- Se burló Lucius.
-Al menos no usa gorilas para sentirse a salvo, y no hecha a correr en cuanto mira alrededor y se encuentra solo- Dijo James, dispuesto a defender a su hijo.
-Pero nosotros no tenemos ganas de irnos, ¿no es cierto, muchachos? Nos hemos comido todo lo que llevábamos y vosotros parece que todavía tenéis algo.
-Parece que son sólo vulgares rateros, para tener tanta educación como dices que tienes, ¿no, Malfoy?- Dijo Remus, con su lobo interior revolviéndose de nuevo.
Goyle se inclinó para coger una rana de chocolate del lado de Ron. El pelirrojo saltó hacia él, pero antes de que pudiera tocar a Goyle, el muchacho dejó escapar un aullido terrible.
Scabbers, la rata, colgaba del dedo de Goyle, con los agudos dientes clavados profundamente en sus nudillos.
-Al menos esa rata a servido de algo, durante un breve periodo de tiempo- Dijo James.
Crabbe y Malfoy retrocedieron mientras Goyle agitaba la mano para desprenderse de la rata, gritando de dolor, hasta que, finalmente, Scabbers salió volando, chocó contra la ventanilla y los tres muchachos desaparecieron.
-Eso es típico de Malfoy- Dijo James- Ven problemas y salen con el rabo entre las patas...¿Qué, educando igual a tu hijo? No es muy valiente eso- Dijo haciendo hincapié en lo que dijo antes Lucius, sobre la valentía de su hijo.
Tal vez pensaron que había más ratas entre las golosinas, o quizás oyeron los pasos porque, un segundo más tarde, Hermione Granger volvió a entrar.
-Tal vez porque crean ellos mismos los problemas- Dijo Sirius- Los huelen a kilómetros de distancia.
Lucius, no tenía otra opción que morderse la lengua para no hablar, puesto que estaba en una clara desventaja, y no podía salir nadie del Gran Comedor, no podía comunicarse con el exterior.
-¿Qué ha pasado?- preguntó, mirando las golosinas tiradas por el suelo y a Ron que cogía a Scabbers por la cola.
-Se parece a tí Minnie- Dijo Sirius sonriendo.
La profesora elevó un poco las comisuras de sus labios, pero dijo:
-No me llame por ese mote señor Black.
-Creo que se ha desmayado- dijo Ron a Harry. Miró más de cerca a la rata-. No, no puedo creerlo, ya se ha vuelto a dormir.
Y era así.
-La verdad es que es una mascota un poco patética- Dijo Sirius- Aunque les ayudara antes, se acaba de dormir de nuevo y, no tiene nada mágico en especial.
-¿Conocías ya a Malfoy?
Harry le explicó el encuentro en el callejón Diagón.
-Creo que ambos serán como nosotros- Dijo James a Sirius- ¿No crees, Canuto?
-Eso espero- Dijo Sirius sonriendo- Las pelirrojas, al parecer piensan criarlos juntos, así que es mejor que sean mejores amigos.
Ambos chocaron las manos, y se escucharon algunas risas en el Gran Comedor.
-Oí hablar sobre su familia- dijo Ron en tono lúgubre-. Son algunos de los primeros que volvieron a nuestro lado después de que Quién-tú-sabes desapareció. Dijeron que los habían hechizado. Mi padre no se lo cree. Dice que el padre de Malfoy no necesita una excusa para pasarse al Lado Oscuro.- Se volvió hacia Hermione-. ¿Podemos ayudarte en algo?
-Sigo pensando igual- Dijo Arthur interrumpiéndose él mismo y hablando por primera vez desde que comenzó a leer el capítulo.
-Interesados- Dijo con desprecio James- Cambian de bando cuando les interesa.
-Lucius Malfoy es malo por naturaleza- Dijo Sirius- Lástima que vaya a criar así a su hijo.
-Un hijo debería ser libre de pensar y sentir lo que quiera- Dijo Lily con el ceño fruncido- Pero el pequeño Draco está condenado por lo visto- Lily no miraba a Lucius, estaba hablando con Narcissa, la cuál apretó los labios. Había entendido perfectamente lo que Lily Potter le había querido decir.
-Mejor que os apresuréis y os cambiéis de ropa. Acabo de ira la locomotora, le pregunté al conductor y me dijo que ya casi estamos llegando. No os estaríais peleando, ¿verdad? ¡Os vais a meter en líos antes de que lleguemos!
-Realmente- Dijo Sirius- No creo que le importe, ya que a ella no le afecta en nada.
-Está tratando de ser amable, Sirius- Dijo Lily con paciencia.
-Para mi gusto es un poco altanera, como para eso- Dijo Sirius en sus trece.
Lily negó con la cabeza suspirando.
-Scabbers se estuvo peleando, no nosotros- dijo Ron, mirándola con rostro severo-. ¿Te importaría salir para que nos cambiemos?
-¡Oh!- Dijo Sirius sonriendo- Se lo han tenido que decir.
-Muy bien...Vine aquí porque fuera están haciendo chiquilladas y corriendo por los pasillos- dijo Hermione en tono despectivo-. A propósito, ¿te has dado cuenta de que tienes sucia la nariz?
-Un poco rencorosa la niña- Dijo James con los ojos entrecerrados.
-Además ¿cómo no iba a saber que tiene la nariz sucia? Su madre estaba allí, y Harry también- Dijo Sirius- Ya sé que lleva gafas, pero imagino que no estará ciego como para no decirle a su amigo que tiene la nariz sucia, y si se lo hubiera dicho, hubiera tratado de limpiarla, y si hubiera tratado de limpiarla y no hubiera salido...Pues ahí está la mancha aún.
-Sirius- Dijo Lily- A veces no se te entiende cuando hablas...
Ahí se quedó la conversación.
Ron le lanzó una mirada de furia mientras ella salía. Harry miró por la ventanilla. Estaba oscureciendo. Podía ver montañas y bosques, bajo un cielo de un profundo color púrpura. El tren parecía aminorar la marcha.
-¡Por fin!- Dijo Lily muy contenta, sacudiendo a un desconcertado James, que trataba de quitársela de encima.
Él y Ron se quitaron las camisas y se pusieron las largas túnicas negras. La de Ron era un poco corta para él, y se le podían ver los pantalones de gimnasia.
Molly se sonrojó, James se dio cuenta de eso, pero después de su sorpresa, y ayuda, no tendrían que preocuparse por eso.
Una voz retumbó en el tren.
-Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separado al colegio.
-Eso es nuevo- Dijo Sirius ceñudo.
-Es cierto, antes pasaba un revisor avisando- Dijo Remus encogiéndose de hombros.
El estómago de Harry se retorcía de nervios y Ron, podía verlo, estaba pálido debajo de sus pecas. Llenaron sus bolsillos con lo que quedaba de las golosinas y se reunieron con el resto del grupo que llenaba los pasillos.
-Siempre hay demasiada gente- Se quejó Sirius- Ya podrían ir en orden.
-Eso sería demasiado fácil- Dijo James sonriendo y mirando a Dumbledore- Ya sabes que a nuestro director, lo fácil no le gusta.
El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se detuvo. Todos se empujaban para salir al pequeño y oscuro andén.
-Cuando llegas da un poco de mal royo- Dijo James asintiendo- Pero se pasa rápido.
-Sí- Dijo Sirius- Normalmente estás tan nervioso que se pasa enseguida.
Harry se estremeció bajo el frío aire de la noche. Entonces apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos, y Harry oyó una voz conocida:
-¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry?
-Hagrid- Dijeron muchos, haciendo que el semigigante se sonrojara.
La gran cara peluda de Hagrid rebosaba alegría sobre el mar de cabezas.
-No es que le dijeses nada Hagrid- Dijo Sirius- Es que no le dijiste ni dónde estaba el andén.
La cara de Hagrid se volvió sonrosada otra vez...Más bien rojo fuego.
-Venid, seguidme...¿Hay más de primer año? Mirad bien dónde pisáis. ¡Los de primer año, seguidme!
Resbalando y a tientas, siguieron a Hagrid por lo que parecía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Harry pensó que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho. Neville, el chico que había perdido su sapo, lloriqueaba de vez en cuando.
-¡Qué grosero!- Dijo Lily frunciendo el ceño- Lo siento mucho Alice.
-No pasa nada- Dijo ésta- Es normal llorar, si has perdido tu mascota, y más en un niño de once años.
-Pero aún así no tenía que haber dicho la palabra "Lloriquear"- dijo Lily mirándola con disculpa.
Alice hizo un gesto con la mano, de no significar nada.
-En un segundo, tendréis la primera visión de Hogwarts- exclamó Hagrid por encima del hombro-, justo al esta curva.
Se produjo un fuerte ¡ooooooh!
El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.
-Es increíble la facilidad de palabras y de descripción que tiene Harry- Dijo Remus.
-También es que a Dumbledore, le gusta el dramatismo- Dijo James elevando una ceja.
Muchas risas se escucharon, incluyendo la de Dumbledore.
-¡No más de cuatro por bote!- gritó Hagrid, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla. Harry y Ron subieron a uno, seguidos por Neville y Hermione.
-Lo dicho- Dijo James sonriendo- Le gusta causar emoción y conmoción, exagerado y dramático.
-Creo que así se debería de vivir la vida, con aventuras y experiencias emocionantes- Dijo Dumbledore con los ojos brillantes.
-Pero eso es simplemente por recrearse, como un pavo real- Rió Sirius.
-Es posible que me guste recrearme y exagerar- Dijo Dumbledore.
-¿Todos habéis subido?- continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo-. ¡Venga! ¡ADELANTE!
Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía.
-Es tal y como lo recuerdo- Dijo Remus sonriendo- Por lo visto no ha cambiado con los años.
-¡Bajad las cabezas!- exclamó Hagrid, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon las cabezas y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delantera del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.
-¡Es que no me lo puedo creer!- Dijo Sirius- Se da cuenta de hasta el más mínimo detalle, yo sólo tenía ojos para Hogwarts.
-Y a Hagrid también le gustan esas cosas- sonrió James- Sí no, no participaría de forma tan entusiasta.
Hagrid se puso colorado y muchas personas rieron.
-¡Eh, tú, el de allí! ¿Es éste tu sapo?- dijo Hagrid, mientras vigilaba los botes y la gente que bajaba de ellos.
-¡Al final lo encontró!- Dijo Alice contenta.
-¡Trevor!- gritó Neville, muy contento, extendiendo las manos. Luego subieron por un pasadizo de la roca, detrás de la lámpara Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.
-El nombre del sapo es como el de una persona- Dijo Sirius entre divertido y horrorizado ¿Cómo es posible ponerle a un sapo Trevor?
-Ya dentro de poco lo van a seleccionar- Dijo Lily muy emocionada, dando saltitos en el sillón donde estaba sentada.
Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.
-Realmente ese puerta impone, la primera vez que la ves- Dijo James, acordándose de la primera vez que vio todo.
-¿Estáis todos aquí? Tú, ¿Todavía tienes tu sapo?
-Esa, sin duda es una pregunta muy importante- Se mofó Lucius.
-En vista de que según el libro, lo perdió en la estación y en el tren, y en la estación le dijo a su...¿Abuela? Que lo había VUELTO a perder, es una pregunta muy razonable- Dijo Lily defendiendo al semigigante, que tan bien se había portado con su pequeño.
Hagrid levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.
-Aquí se acaba- Dijo Arthur.
-Bien- Dumbledore, se levantó- Vamos a cenar y leeremos un par de capítulos más antes de acostarnos, para seguir mañana.
Todos se levantaron y como ya había hecho antes, Dumbledore, con un movimiento de varita, hizo desaparecer todos los cómodos, sillones, y volvieron a aparecer los bancos y las largas mesas de madera.
-A...- Antes de que Dumbledore, terminara de hablar, las puertas del Gran Comedor se volvieron a abrir...Alastor Moody o también conocido como Ojoloco Moody, apareció por la puerta ceñudo y con la varita en mano.
-Alastor- Dijo Dumbledore, sonriendo-¿Qué te trae por aquí?
Sin decir ni una sola palabra, le entregó el papel, que los demás le habían entregado previamente.
-Arthur- Dijo Dumbledore- ¿Puedes darle a Alastor el libro para que lo lea?
Arthur cogió el libro que tenía a su lado y se lo ofreció a Ojoloco que lo miró un momento y luego levantó la vista sorprendido.
-¿Quieres comer algo Alastor?- Preguntó la profesora McGonagall.
-No gracias Minerva, acabo de terminar de cenar- Respondió sentándose a su lado, mientras leía el libro.
-Disculpe Dumbledore- Dijo Lucius- ¿Le importaría dejárselo a Narcissa? Ella tampoco lo ha leído entero.
-Claro, y señor Pettigrew, debería de leer también lo que se ha perdido, es por su bien, créame- Respondió Dumbledore.
Los tres leyeron, mientras los demás comían entre risas, bromas y teorías de lo que podría pasar en el siguiente libro.
-Pues yo quiero que salga un dragón- Dijo Charlie, mientras su madre alimentaba a Ron, un Ron muy hambriento por lo que parecía.
-No digas tonterías ¿Cómo podría aparecer un dragón?- Le respondió su madre- Hace siglos que están prohibidos.
-Pues yo espero que no se metan en demasiados líos- Suspiró Lily- Mucho me temo que Voldemort está metido en todo esto, y va de nuevo tras de mi pequeño.
-Tranquila, Lils- Dijo James- Cuando llegue el momento estaremos preparados.
-Sí- Lo secundó Sirius- Además, estoy seguro de que Dumbledore, tiene un plan, para que los futuros mortífagos, o los que ya lo son- Dijo intencionadamente alto, para que Pettigrew se diera cuenta- No vayan divulgando por ahí, cosas que no deben ¿cierto, profesor?
-Desde luego- Dijo Dumbledore, sonriendo- Estos libros, han sido un milagro en medio de este caos y esta terrible época que estamos viviendo de oscuridad y miedo, y si estos libros pueden salvar vidas importantes, no dudaré en usar cuanto esté a mi alcance, para evitar dichas muertes.
-¿Lo ves pelirroja?- Le preguntó Sirius sonriendo- Además, las muertes que más me importan, ya casi están evitadas.
-Como dijo, Canuto, casi- Recalcó Remus- Aún tenemos que acabar con Voldemort.
-Espero que estos libros nos den una pista- Dijo James, suspirando.
-Bien- Dijo Dumbledore, al cabo de una hora aproximadamente, y viendo que los tres que faltaban por leer el libro habían acabado, y que los niños estaban de nuevo en la habitación- ¿Quién quiere leer?
De nuevo, hizo el movimiento de varita, y todos en el Gran Comedor se volvieron a acomodar en sus respectivos asientos.
-¡Yo!- Dijo Bill yendo a coger el libro de manos de Dumbledore.
-El sombrero seleccionador- leyó en voz alta Bill.
NOTA: Sí, lo siento, sé que me he retrasado, pero mi ordenador se negó a trabajar durante 3 días, y además, estuve algo enferma estos días. Y entre que el capítulo era muy largo y que no tenía muchas ganas de escribir, se me hizo eterno, pero ya les traeré la próxima semana otro más. Sobre el Martes. ¡Lo siento! Y ahora agradecimientos a los que me mandaron Reviews esta semana.
GUEST.
ERMAC18.
KRONOS UCHIHA.
NEREA.
FRANCESCA85.
¡Muchas gracias por vuestro apoyo!
Saekihime1.
