Las dos figuras cayeron bruscamente sobre el suelo muy cerca de ellos, tanto, que casi le dan a Feliciana. Eran dos figuras humanas con alas que cayeron firmemente en el suelo clavando los pies en la arena de la playa dejando dos socavones no pequeños. Los dos se giraron y Ludwig los reconoció. Se trataban de Gilbert, su hermano mayor, y el Gran Ángel, su abuelo. Los dos los miraban fijamente; Gilbert miraba a Ludwig a los ojos y de vez en cuando a Feliciana, mientras que su abuelo miraba sólo a Ludwig, clavando sus ojos sobre él de una forma bastante seria y fría. Feliciana estaba asustada y no creía en lo que acababa de ver. "¿Quiénes eran esas dos personas? ¿Qué hacían con alas? ¿Eran acaso reales? ¿Por qué los miraban?" no paraba de preguntarse la inocente joven mientras permanecía refugiada en la espalda de Ludwig, pues él se puso delante de ella para protegerla. El rubio por su parte también tenía una mirada seria y se la clavaba a los dos alternándola de vez en cuando, pero se podían notar los nervios y el miedo que tenía metidos.
-Louis…- dijo su abuelo finalmente tras un rato de silencio incómodo e intercambiando miradas entre ellos. -¿Cómo has podido dejarte llevar por los humanos?-
"Ludwig" permaneció en silencio y cabizbajo, mientras que Feliciana seguía sin entender nada y detrás de él. "¿Quién es Louis?" se preguntaba ahora, más las otras preguntas que aún no habían sido resueltas.
-Te dije que ocultaba algo, lo vi con esa mujer comportándose de una forma muy cariñosa.- le dijo Gilbert a su abuelo mientras señalaba a Feliciana y miraba a Ludwig con un rostro serio, pero disfrutando en el interior del momento de angustia que le estaba proporcionando a su hermano menor y a la mujer que había con él, demostrándole a su abuelo que no era tan responsable como creía.
–Louis, te hemos estado observando.- continuó el Gran Ángel. –A pesar de que confiaba en ti, de vez en cuando te echaba un vistazo para ver cómo te iba. También me percaté que desde el primer momento supiste lo que le pasaba a esta mortal, pero dejé el tiempo pasar para que fueras responsable y contactaras con nosotros para informarnos, pero por lo que veo ella te ha atado fuertemente a este mundo y por eso me mentiste la otra vez.- la miraba a los ojos. –Pero eso no va a poder ser.-
-Es verdad.- el rubio cogió aire y a pesar de los nervios y miradas acusadoras por parte de sus dos familiares, habló firmemente y con tono respetuoso. –Ella es mi razón de estar aquí.- la cogió de la mano aún protegiéndola tras su espalda. –Ella fue la primera persona que me abrió las puertas en este mundo; se fió de mi nada más verme, me cuidaba y me dejaba vivir en su casa a cambio de nada. Me mimaba y me quería, hasta que sus sentimientos se transformaron en amor y fueron correspondidos por mi parte.- la sacó con cuidado de su escondite y la abrazó contra su pecho sin bajar la guardia aún. –Ella empezó siendo como una amiga para mí, hasta que me di cuenta de lo que sentía y aprendí a amarla por mi mismo.- la abrazó fuertemente. Feliciana hundió el rostro en su pecho mientras le abrazaba fuertemente. Aún no comprendía absolutamente nada, pero lo que dijo Ludwig la conmovió.
El Gran Ángel suspiró de una forma pesada con los ojos cerrados mientras que Gilbert no se despegaba de él y permanecía mirándolos. –Louis, no me hagas explicártelo. Eres un ángel de la muerte y tu deber era espiar a esta mujer para descubrir y contarnos lo que le ocurría, no enamorarte de ella.- rió levemente a causa de que su nieto menor, quien creía más responsable que el otro, hubiera llegado a tal punto.
-Lo sé. Pido disculpas por ello, pero no me arrepiento de mi experiencia como humano para nada.- abrazó fuertemente a la joven de nuevo, que había empezado a pensar que estaba en los brazos de un completo desconocido y que su novio, aquel que apareció un día de repente ante su puerta, nunca había existido, sólo fue una personalidad que adoptó el ser que la estaba abrazando para embaucarla.
El ser de grandes alas blancas suspiró de nuevo más arrepentido aún tras oírle decir eso a su nieto pero mantuvo la compostura, como siempre hacía en los casos delicados. –Asistirás a un Juicio Divino por esto, quieras o no.-
-Iré con una condición y antes haber hablado algo.- dijo educadamente el rubio. –Quiero que a esta mujer no le ocurra nada. Si he de ser castigado y desterrado, quiero que su memoria sea borrada y siga con la vida que llevaba hace unos meses, antes de conocerme.-
-El lavado de memoria es algo que se hace en casos extremos.- explicó el ángel pensativo. –Y ella es una persona muy frágil, lo muestra su reloj de arena. Si le lavamos el cerebro y muere, habrá sido una acción inútil, y me niego a hacer tal acto inservible.-
-¿Y qué ocurrirá con ella?-
-Primero asistirá al juicio, posteriormente será ejecutada físicamente y, por último, su alma será juzgada y enviada al Purgatorio, espiando sus errores y pecados.-
Feliciana empezó a llorar y temblar entre los brazos de Ludwig, pero aún sin salir. Él acariciaba su cabeza tratando de calmarla, lo que le devolvió un poco más la confianza en él, pues veía que sus intenciones no eran malas. -¿¡Qué sentido tiene hacer un juicio si será castigada de todos modos!?- exclamó el rubio en voz alta mientras sus alas empezaban a asomarse tras su espalda a causa de la presión a la que estaba sometido. –Me niego a que el alma de esta persona inocente vague por el vacío. La culpa es mía y sólo mía.-
-Las leyes son las leyes.- dijo el Gran Ángel con un firme y serio tono de voz, ofendido por el tono desafiante de su nieto. –Y no podemos hacer nada.-
-¡No!- desplegó las alas finalmente y sus ropas se tornaron en unas prendas trajeadas de color marfil. Se podría decir que hasta su aura se volvió más pura y celestial. Feliciana estaba también muy presionada y asustada, sólo quería preguntarle a ese hombre al que conoció como Ludwig lo que ocurría, pero no se atrevía a hablar por los nervios y por miedo.
-¡No me seas crío, Louis!- gritó el ángel ya enfadado. -¡Eres mi mejor discípulo y sigues al pie las normas sin poner ninguna pega! ¿Y ahora después de tanto tiempo me sales con estas?-
-¡Eso era antes de conocerla a ella!- agarró a Feliciana con fuerza mientras empezaba a batir las alas con el objetivo de escapar de esa tensa escena con su amada, la cual llevaba temblando callada ya un buen rato.
-¡Gilbert!- exclamó para que lo detuviera antes de que empezara a elevarse y salir volando de ahí.
-¡Voy!- se acercó a Ludwig corriendo y trató de agarrarlo del brazo, pero fue detenido por una especie de barrera que, aparte de ser sólida y propinarle una descarga, era invisible. Gilbert y su abuelo se sorprendieron, pues eran la primera vez que veían a Ludwig usando un conjuro tan poderoso de repente. ¿Habría esa mujer despertado en él sus poderes gracias al deseo de protegerla?
Los dos ángeles trataron de detener al rubio con sus conjuros, pero él fue más rápido que ellos y consiguió salir volando escapando de los dos con Feliciana en brazos mientras esquivaba los ya mencionados sortilegios.
-¡Menudo gilipollas!- Gilbert empezó a batir sus alas para ir tras su hermano menor y darle a él y a Feliciana lo que se merecían, pero fue detenido por su abuelo, el cual le cogió del hombro y negó con los ojos cerrados moviendo la cabeza de un lado hacia otro.
-No, Gilbert, de esto nos ocuparemos después. Hay que idear un plan para hacerle abrir los ojos a tu hermano.- dijo en tono sereno.
-Pero…- el peliblanco decidió callarse y limitarse en confiar en la amplia sabiduría de su abuelo, quien lideró a los ángeles tiempos inmemorables con puño de hierro y razón.
Por su parte, Ludwig huía volando y avanzando lo más rápidamente que podía mientras cargaba a Feliciana entre sus brazos y sin un destino fijo. Sólo quería huir, quería refugiarla para que estuviera sana y salva, aunque eso le costara desprenderse de su vida humana y de su alma pura como ángel, o incluso separarse de ella.
