Ese planeta no era como cualquier otro. No se podía creer que tuviera inviernos tan largos.
Mashi había pasado mucho tiempo mirando la esfera y había visto escenas de los encuentros y desencuentros entre su hijo y su futura esposa. Ella, una mujer llamada Bulma, parecía creer que Vegeta no era malo: lo defendía cuando lo criticaban, lo seguía, lo cuidaba, pero él trataba de mantenerla a distancia, toda la distancia que podía mantenerse viviendo en el mismo sitio.
También había visto el regreso de Freezer: el lagarto se había reconstituido y no venia sólo sino con otro mutante al que llamaba "papá". Era nada menos que King Cold, aquel famoso lagarto del que tanto se hablaba pero al que nunca habían visto.
Los dos estaban buscando destruir ese planeta, la tierra. Creyeron que les iba a ser muy fácil pero se encontraron con un joven que los estaba esperando y que, con una espada y un poder increíble, un poder que llamó de Super Saiyajin, los mató limpiamente a todos: a los soldados que trajeron, a Freezer y a su padre. A los guerreros de la tierra entre los que estaba Vegeta, solamente les quedó mirar sorprendidos la pelea sin poder participar en nada.
Cuando todo terminó llegó Kakaroto en una nave esférica y con una ropa de lo más estrafalaria. El joven pidió hablar con él porque tenía que decirle algo muy importante y se presentó como Trunks, el hijo de Bulma y Vegeta que venía del futuro.
¡Así que ese joven tan poderoso, más poderoso que cualquier saiyano que hubiera conocido era su nieto! Mashi pensó entonces que no cabía duda que su hijo y Bulma iban a terminar juntos sino ¿de dónde venía ese hijo? Parecía que ese más que un futuro posible era un destino. Por muchas diferencias que tuvieran iban a terminar juntos. Bueno, juntos de alguna forma.
Pero ¡que complicado era el amor!, sino, nada mas había que mirar a Ryuk y a Raditz. No había amabilidad que conmoviera al saiyano y así y todo Ryuk seguía insistiendo, y eso sin haberle preguntado primero si acaso no le gustaban más las mujeres ¡qué cabeza hueca era ese muchacho! parecía no habérsele ocurrido. Ryuk parecía seguro de que Raditz, por algún motivo desconocido, era igual que él: un hombre al que le gustaban los hombres.
Pero nunca se lo había preguntado.
"Pero, bueno… después de todo" pensaba Mashi "qué sentido tendría preguntarle… no creo que Raditz sepa siquiera lo que puede gustarle: tuvo una vida deshumanizada, rodeado de reptiles, mutantes, monstruos, y muerte, igual que mi hijo, si vamos al caso"
Que complicado era el amor, había pensado Mashi, pero ¿Qué sabia ella del amor? Sabía que significaba luchar siempre al lado de alguien, defender algo con la vida, ser leal y ¿Qué más?
¿Había otro amor? ¿Cuando había conocido ese otro amor?
Era difícil pensar en esas cosas cuando se había tenido una vida tan dura, una vida donde terminaba una pelea y empezaba otra, donde había habido tanta muerte.
La especie mamífera se extinguía en la galaxia. Cuando Mashi analizó los discos de información que habían sacado de la nave de Zarbon descubrieron que más del ochenta por ciento de los planetas del sector de la galaxia que Freezer controlaba estaba habitado por especies reptilianas o parecidas. Muchos planetas que habían sido mamíferos ahora eran reptilianos, otros habían sido convertidos en campos de experimentación para desarrollar razas mutantes. Parecía ser que los lagartos utilizaban a las otras especies para conquistar el universo, cuando los usaban suficiente y ya no les servían, o cuando se volvían peligrosos, los liquidaban.
Y ellos, los saiyajin ¿estarían también condenados?
Mashi y su tripulación habían salido de Vegetasei para cumplir, supuestamente, la misión de Freezer, pero ella pensó que antes tenía que encontrar al rey y advertirle del peligro.
Cuando Mashi encontró a su esposo y a su hijo estaban en una planicie desolada en un planeta que habían ido a conquistar y donde habían establecido un campamento improvisado que luego convertirían en un centro de mando junto a Nappa y otros guerreros. El niño Vegeta se entretenía molestando a los soldados de Freezer que rondaban por el campamento y el rey hablaba con un soldado de Freezer que parecía el capitán de todos ellos. Así qué ¿cómo iba a advertirle, si estaban rodeados de enemigos?
Mashi le dijo simplemente que iba a cumplir la misión que había encargado Freezer y que se llevaba su nave y su tripulación.
—Haces bien— le dijo el rey —Cumple rápido esa misión, regresa, y que nos pague. No podemos confiar demasiado en Freezer.
—Demasiado dices… hace un tiempo te enfureciste conmigo por no hacer lo que el lagarto pedía ¿Recuerdas? Cuando me acerque al portal luminoso.
—Recuerdo… no debiste tomar decisiones por tu cuenta de esa forma ¡Y al final peleamos por algo que pudo evitarse! Así que, ahora haz lo que se te pide y no inventes más caminos extraños. Si Freezer intenta algo contra nosotros yo seré quien lo liquide.
—Si, por supuesto, yo confió en que defenderás nuestro planeta, solo que ¡no lo hagas demasiado tarde!
Mashi antes de irse abrazó a su hijo. No sabía cuándo volvería a verlo y en realidad no tenía intenciones de regresar pronto.
—Bueno— le dijo a su tripulación una vez en la nave —Tenemos que conseguir realmente frenar esta expansión reptiliana, sino los próximos en caer podemos ser nosotros. No vamos a arriesgar a nuestro planeta, ni al rey, ni al príncipe: por eso no les dije nada. Pero la idea es esta: busquemos los planetas amigos quedan para asegurarnos que no pasen a manos reptilianas. O sea, a manos de Freezer. No queremos más planetas Freeza.
—Y ¿cuántos planetas amigos quedan? — preguntó Avoc —Que yo sepa no tenemos amigos.
—Tenemos a Sayumi… de ahí sacamos provisiones ¿no? Para ellos somos dioses, bueno, aprovechemos eso, llevémosle tecnología avanzada para que se defiendan y enseñémosle a fabricarla para nosotros. Sayumi puede ser mucho más que una fuente de provisiones.
— ¿Escucharon? —Agregó Link —Empezaremos la resistencia contra Freezer. Nuestra reina puede contar con nuestra lealtad incondicional ¿verdad?
— ¡Por supuesto! — afirmaron los otros tres.
Mashi sonrió complacida y ordenó —Nos vamos a Sayumi.
Llegaron sin mayores contratiempos. Salvo una nave pirata que se les cruzó y que aniquilaron enseguida nadie más los molestó.
Sayumi estaba donde siempre estuvo, pero del planeta que conocieron ya no quedaba nada. No quedaba nada vivo: ni pueblos, ni ciudades, ni aldeas, ni manadas de animales, ni arboles, ni insectos, ni vida en los mares, ni siquiera el suelo fértil quedaba. Todo lo que se veía sobrevolando el planeta era la roca pelada y restos de incendios por todos lados, humaredas, nubes de polvo, y bancos de vapor sobre los océanos que indicaban que allí había ocurrido un incendio gigantesco.
—Llegamos tarde… —dijo Mashi consternada, después de sobrevolar largo tiempo el planeta y asegurarse que no quedaba nada que tuviese vida —Seguramente fueron los lagartos, hay que encontrarlos. Char, busca con los sensores signos de vida de sangre fría.
—Si, creo que en el norte, casi en el polo, hay una base, una asquerosa base Freeza de sapos violetas. Esos bichos de mierda son sirvientes leales de Freezer, unos bichos cabezones con ojos de sapo. Acercando los detectores vi uno y vean ustedes ¡ahí están!
Char puso en la pantalla la imagen de la base detectada: había una nave Freeza con varios de esos seres violetas caminando alrededor.
—Esos— dijo Link —Son la raza que había en la base del Páramo. Matemos a estos como maté a los otros. Seguramente esperan a Freezer.
—Matémoslos— dijo Mashi —Pero primero saquémosles información.
Los saiyanos pusieron sus scouters en modo indetectable y aterrizaron cerca de la base. Sin muchos esfuerzos agarraron desprevenidos a los soldados de Freezer, mataron a la mayoría, que no eran pocos, pero dejaron al que parecía el jefe y a dos más, les quitaron los scouters para que no pudieran comunicarse y los inmovilizaron con sus ki.
El jefe, aunque herido y sin poder moverse, se reía.
—Monos infelices— les dijo escupiendo una especie de sangre amarillenta —Cuando llegue Freezer estarán más muertos que este planeta.
—Se puede saber porque, sapo de mierda ¡¿porque?! —Le dijo Mashi mientras lo amenazaba con un haz de energía directo a su cara —¡¿Porque destruyeron este planeta completo?! ¡Hijos de puta!
—Así lo quiere Freezer jajajaja... sus futuros habitantes no quieren porquerías, sin embargo había unas cosas aprovechables, unas por las que unos mamíferos mugrosos como ustedes pagarían muy bien, y se las llevaron…
— ¿Qué cosas? ¿De qué cosas hablas anfibio apestoso? ¡Habla si es que quieres tener una muerte decente!
—Hembras… como tú, jajajaja… ¡Hembras mamíferas!
Mashi, indignada le voló la cabeza con un rayo al otro soldado, pero siguió interrogando al jefe.
— ¿Donde se las llevaron? Maldito infeliz ¡Habla!
—A un planeta especial para eso, hay varios, así que ni me preguntes. A ver adonde van ustedes cuando quieren divertirse, cuando quieren unas hembras ¿Eh? ¡Ustedes deben saber adonde ir monos!
Mashi se había hartado. Con otro rayo le voló la cabeza al jefe también.
—Maten a esos que quedan— dijo —Y vamos a cumplir la misión que nos mandaron ¡pero a nuestro modo! Vamos a Freezer tres. Veamos su ubicación: acá tengo el disco.
Mientras duró el viaje nadie habló, aunque todos se preguntaban para sí mismos que planeaba ahora la reina.
Cuando estaban llegando se los dijo.
—Freezer tres es un planeta reptiliano, pero de una raza inferior, los mutantes lo conquistaron y los tienen trabajando como esclavos, hay una gran riqueza en diamantes. Parece que son muy valiosos para los Freeza. Quieren que los ayudemos trasladando los reptiles inferiores a las minas. Pues bien: no los a ayudaremos. Los reptiles inferiores, superiores o como sea son seres fríos y malignos, así que los mataremos a todos, liquidaremos a los Freeza y nos apoderaremos de las piedritas esas que valen tanto. Luego haremos estallar el planeta para que parezca el choque de un meteorito o algo así ¿Está claro?
—Mi reina— Dijo Link —¿qué haremos con los diamantes?
Mashi sonrío.
—Ya verán. Ahora ¡a liquidar lagartijas!
Habían disfrutado obscenamente matando reptilianos. Cuando lo recordaba ahora, en ese mundo pacífico, mirando asomar entre la nieve una tímida plantita, Mashi se sentía extraña.
¡Tanto los odiaba por su sangre fría, por su falta de pasiones, por el peligro que representaban! Pero… ¿todos los reptilianos eran iguales? Y ellos, masacrándolos, ¿fueron mejores?
¡No quedaba otra en ese mundo donde la alternativa era matar o morir!
¿Por qué la duda?
Ahora las cosas eran distintas… ahora Mashi sentía que podía aceptar cosas distintas, en ese mundo había muchas razas y no odiaba a nadie.
Allí estaban Ryuk y Raditz entrenando para el torneo. "Vaya, que bien pelea Ryuk, aprendió muy rápido ¡lo que puede el amor!" Y ese pensamiento sorprendió a Mashi.
El amor podía muchas cosas, era una energía poderosa, la energía que mantenía las zonas prohibidas inaccesibles para los seres que vivían en el odio: de guerra en guerra y masacre en masacre. Así les había dicho el ser de luz, ese ser de luz absolutamente misterioso que les había impedido cruzar el portal luminoso y los había enviado de nuevo a su mundo.
—¡Reina! que le parece ¿ganaré el torneo? — Dijo Ryuk acercándose —Ya queda poco invierno.
Mashi sonrío —No, no creo que ganes, puedes haber aprendido algo, pero habrá peleadores mucho mejores que tú.
—Si, Raditz, por ejemplo ¿vio reina que bien que se porta? No agredió a nadie. Pero mire que bonita la esfera mágica ¡brilla con una luz lila!
Se acercaron a mirar. La mujer de cabello azulado sostenía en sus brazos un bebé y sonreía.
—Debería medir el poder de pelea de ese niño— Dijo Vegeta que lo miraba como si el bebé en vez de ser su hijo fuera un perrito encontrado en la calle —¡y ya deja de consentirlo Bulma! va a ser un debilucho inservible.
—Ya tendrás tiempo de entrenarlo cuando crezca un poco, no me digas que en tu planeta entrenaban desde bebés.
—¡Claro que sí! Al menos se medía el poder de pelea, y no se consentía a los niños guerreros como tú lo haces con ese.
—No me digas! ¿Y tu madre? ¿No recuerdas que te haya abrazado… besado? ¿No te quiso tu madre?
—¡Eres insoportable Bulma! A ver si entiendes de una vez por todas, mi mundo no era de débiles insectos como ustedes…
—Estoy segura que tu madre te consintió a ti también…
—Mi madre era una reina guerrera… ¡Y ya me hartaste! Quédate con el niño y haz lo que quieras, arruínalo como quieras ¡no me importa!
Vegeta desapareció. Bulma se quedó jugando con el niño.
—Trunks, mi amor, no le hagas caso a tu padre, tiene muy mal genio, ¡pero en el fondo te quiere mucho!
Las imágenes fueron desapareciendo. Mashi sonreía.
—Que lindo es mi nieto… tiene el pelo color violeta, un color raro en un saiyajin ¡pero es un hermoso híbrido! Y va a ser muy poderoso!
—Abuelita, abuelita…— se reía Ryuk —¡Mi reina guerrera es abuelita!
Mashi lo miró con una expresión de hartura total.
—Gracioso. Ahora anda, a ver si Raditz te da un beso ¿quieres?
Ryuk siguió riéndose, pero no de burla, le hacía feliz que Mashi hubiera visto algo bueno. Ya sabía que su vida había sido muy dura.
"Un hermoso híbrido" pensaba Mashi: las opiniones en su planeta estaban divididas sobre ese tema. Algunos, el rey entre ellos, pensaban que la raza saiyajin debía mantenerse pura, que cruzarla con otras razas aunque fuesen muy parecidas era aberrante. Otros pensaban que si contribuía a la expansión del poder de los saiyajin, era aceptable, la gente del Páramo, por ejemplo. Los hermanos de Mashi en una misión tomaron mujeres en un planeta humanoide y dejaron dos hijas. Ellos jamás regresaron a verlas pero unos informes que les llegaron después de un tiempo indicaron que las niñas se hicieron muy fuertes: dos famosas niñas que ganaban en todas las peleas posibles. Qué pena que después se perdió contacto con ese planeta. Era probable que Freezer lo hubiera destruido.
Pero ellos, los saiyanos, habían destruido muchos planetas también. Por ejemplo Freezer tres: el planeta de las minas. Después de sacar todo lo valioso que pudieron sacar de allí lo hicieron estallar.
Tenían muchos diamantes, pero también sacaron semillas de comestibles, ropas, herramientas y materiales. Luego pasaron por Ígneo y recogieron todo lo que habían conseguido de la nave de Zarbon. Ya en la nave no cabía mas nada.
Terminada la misión Mashi y Char se pusieron a investigar los archivos que habían sacado de la nave de Zarbon.
—Bien— dijo Mashi después de haberle ordenado a Link que trazara un rumbo —Bien, muchachos ¿quieren divertirse? ¿Quieren algunas mujeres?
Eso sorprendió a todos pero sólo Link se atrevió a hablar.
—Reina, sabemos que no eres partidaria de esas cosas, así que por favor, habla claro.
—Que inteligente eres, claro que no soy partidaria de esas cosas, pero necesito que vayamos a los planetas cercanos a Sayumi donde haya centros de diversión que reciban mamíferos. En el viaje busqué en los archivos de Zarbon y hay uno muy probable. Tal vez las encontremos. Me refiero a las mujeres de Sayumi.
— ¿A las mujeres que sobrevivieron de Sayumi? ¿Pero, para que pueden servirnos?
—Link… nuestra raza corre peligro. Recuerda: hace mucho tiempo en una de nuestras misiones, cuando aun no me casaba, encontramos un planeta perdido, completamente perdido, desconocido e incognoscible ya que para llegar a él había que atravesar un túnel de tiempo. ¿Lo recuerdas?
—¿Hablas de Nichya? Pero nunca llegamos a él… solo encontramos unos informes, en las bases de datos del planeta Red: se hablaba de Nichya como de un mundo oculto que solo ellos conocían.
—Y como destruimos ese planeta, ya nadie habla de Nichya ¿verdad? Solo nosotros sabemos de él. A ese planeta llevaremos a esas mujeres, para que formen una nueva raza que peleará contra Freezer.
—Pero, reina ¿De qué nueva raza habla? ¡Si son todas mujeres! Se morirán allí solas, mejor no perdamos el tiempo.
—La idea es que ustedes se crucen con ellas… pero primero tenemos que encontrarlas.
Link no dijo más nada. No hubiera sabido que más decir.
El planeta que indicaban los archivos como "Centro de venta y alquiler de hembras varias" era un lugar perdido, cubierto fundamentalmente de agua, cercano a Sayumi y a otros planetas que eran o habían sido mamíferos. Se llamaba Freezer noventa y nueve y había en él una base de poderosos guerreros mutantes.
Atacarlos era peligroso ya que cada uno de esos guerreros tenía un poder parecido al de Freezer.
Ubicaron un lugar en ese planeta que decía tener las mejores hembras de la galaxia y que figuraba como muy caro. Dejaron la nave cerca, pero oculta adonde no era probable que la encontraran los guardias, y llegaron volando a ese lugar que figuraba como: "Centro de diversiones Freezer noventa y nueve".
No sabían con lo que iban a encontrarse pero cuando llegaron se asombraron de ver tanto lujo en un planeta tan pobre y casi vacío: un enorme palacio dorado y plateado, con adornos extraños y luces rojas. Estaba custodiado por muchos soldados de Freezer.
Parecía haber una sola entrada y era una enorme puerta de acero u otro material que permanecía cerrada y a cargo de dos guerreros mutantes. Sobre la puerta había un cartel escrito en idioma universal y rodeado de millones de luces intermitentes "Bienvenidos al paraíso"
Los guerreros saiyanos, con Link al frente, miraron a los guardias con desprecio y se dispusieron a pelear.
—¿Los matamos, reina?
Mashi negó con un gesto.
—No…capitán, no. Llamaríamos demasiado la atención y algo malo puede pasarles a las mujeres que están dentro—Luego se dirigió a los guardias mutantes a través del scouter.
— ¿Cuánto es por dejarnos entrar? Traje a mis hombres. Estamos buscando unas hembras humanas.
—Mil. Sólo por entrar. Las hembras son aparte.
—Tenemos esto— y Mashi les mostró unos diamantes
—Déjelos. Y encuentren lo que buscan je je. —El mutante rió mostrando unos colmillos torcidos y luego, manejando algún dispositivo, levantó la puerta.
Entraron a una sala inmensa en penumbras: sonaba una música baja pero retumbante, como si los pocos acordes que tocaba se repitieran al infinito, eso, un humo asfixiante y unas extrañas risas que más que risas parecían quejidos, hacían aparecer ese ambiente como algo siniestro y no como el paraíso que prometía el cartel de la entrada.
Una mujer muy bella pero no humana (se notaba por su piel verde) los recibió.
— ¿Que desean guerreros? Tenemos hembras de muchas especies, y con todo tipo de habilidades, según sus gustos... hembras para satisfacer cualquier deseo… —Bisbiseó la voz arrastrada de la mujer —Les permitiremos hacerles cualquier cosa, con tal que paguen bien.
—Queremos a las mujeres de Sayumi, a todas —Dijo Mashi directamente, ignorando las perversas insinuaciones.
—No entiendo... ¿A qué mujeres se refieren?
—Son de un planeta que fue destruido por Freezer recientemente, por eso las deben haber traído hace poco aquí.
—Hey, tú— Le dijo la mujer verde a otra que estaba sentada en un rincón— ¿entiendes de que habla Kaerya?
—Preséntale a las nuevas , las vírgenes— le dijo la otra con voz cansada —Parece que quieren carne fresca…
—¡Ah! ¡Se quieren coger una vírgenes! Bien... ¡A ver cuánto están dispuestos a pagar estos guapos chicos! —Exclamó la madama de piel verde —Tendrá que ser mucho, me dijo Freezer que son muy valiosas, aunque no sé por qué lo serían tanto, ya que desde que llegaron no hacen más que llorar ¡como mamíferas rastreras que son! Tráelas Kaerya ¡Y la verdad es que quiero librarme de ellas!
Link permanecía al frente de los guerreros, atento e intentando no mostrar emociones. Cuando la mujer verde se dirigió a la habitación contigua se inclinó sobre Mashi y le habló casi al oído.
—Reina— dijo —Tenemos que matar a estas criaturas, son metamorfas, son peligrosas…
—Si las matamos van a matar a las Sayumi, espera que las traigan, además traemos muchos diamantes.
—Diecinueve— dijo la mujer verde que ya regresaba con una fila de asustadas mujeres que la seguían de mala gana —Acá les presento a diecinueve bellezas, diecinueve histéricas e insoportables bellezas que seguramente fuertes guerreros como ustedes —Dijo mirando a los hombres muy libidinosamente —Sabrán domar perfectamente
—¡Argh… maldita!— Gritó la madama.
Esa última expresión se debió a que recibió un fuerte empujón de parte de una de las "bellezas" que entraban y casi cayó sobre el piso.
Todas las chicas que entraron estaban vestidas con ropas blancas, brillantes y largas, pero completamente abiertas por los costados y con amplios escotes. Todas estaban adornadas: algunas llevaban coronas de flores blancas y otras collares de piedras brillantes.
—Sonrían estúpidas— les dijo la mujer verde con rabia —Muéstrenles a estos guerreros lo que tienen… ¡Vamos! ¡A ver si me las saco de encima!
Ellas no sonreían, al contrario: lloraban. Lloraban y se abrazaban desconsoladas. Solo una de ellas no lloraba, una Sayumi de cabellos rojos que le caían hasta la cintura, pequeña y hermosa pero con enormes ojeras y una expresión furiosa: la que había empujado a la mujer verde.
—Vean señores: diecinueve vírgenes, recién capturadas, esperando compradores…, siiii… preciosasss —Decía la mujer mirando complacida las expresión anhelante de los hombres saiyanos —Nunca tocadas por nadie… Todas para ustedes… Son muy valiosas… aunque a esta—dijo señalando a la pelirroja —Se las dejo más barata, con tal que se comprometan a matarla. Me dijeron que traen diamantes… bueno, bueno…por cada una trescientos ¿hacemos trato?
Mashi dejo los paquetes de diamantes que traían en el piso y la miró amenazante, tanto que la mujer no se atrevió a controlarlos.
—¡Vayan con ellos!— Les gritó a las mujeres que empezaron a gritar como si estuvieran cercanas a la muerte —¡Vayan o llamo a Freezer!
Mashi, que entendía el idioma Sayumi, las oía gritar cosas como "Estos salvajes van a matarnos"
—No ven— dijo la pelirroja —¿que son los saiyanos? a nosotras no nos van a matar ¡Recuerden tontas! ellos venían a nuestro planeta, mi padre tuvo negocios con ellos
— ¿cómo sabes que son los saiyanos? — le preguntó una gordita con expresión de susto mortal.
—Porque tienen cola… y ¡ya los vi otras veces! No nos van a matar.
— ¿Eres tonta Lúa? —le dijo otra llorando —Se van a cansar de nosotras rápido y nos van a hacer pedazos nada mas por divertirse.
Siguieron gritando.
—Si no se callan— dijo Mashi en el idioma Sayumi, que a fin de cuentas era muy parecido al saiyano —Sí que las vamos a matar. No sean tontas. Ya sé que están sufriendo la destrucción de su mundo pero cállense un poco ¡aunque sea hasta que nos vayamos de este lugar horrible!
Esas palabras las tranquilizaron bastante. Eran diecinueve jóvenes mujeres muy bonitas, aunque cada una a su manera, había algunas pequeñas y delgadas, como Lúa, otras gorditas, otras más altas, algunas morenas de cabellos negros, otras blancas de cabellos dorados, dos eran muy parecidas, como si fueran gemelas: tenían los ojos violetas y cabello azulado.
Subieron a la nave y despegaron inmediatamente fijando las coordenadas rumbo a Nichya. El viaje no era corto pero había portales y claro, el túnel de tiempo. Ya ninguna de las chicas lloraba pero estaban terriblemente asustadas y nadie les había dicho nada para tranquilizarlas. Avoc y Char no les sacaban los ojos de encima. Link evitaba mirarlas. Lúa, la única que no estaba asustada, no le sacaba los ojos de encima a Link. Mashi iba tan concentrada en sus planes (sacando cálculos y haciendo planes sobre cómo iban a armar un modo de supervivencia) que no había vuelto a decir nada ni había explicado nada.
Dhate, la mujer saiyana de la tripulación, las miraba con algo parecido a pena. Después de un largo viaje silencioso, después de que comieron y se dispusieron a un periodo de sueño, les habló a algunas, tratando de hacerse entender.
—Criaturas— les dijo —Van a tener la responsabilidad de nuestras razas, no sean tontas y débiles ¿escucharon? Las saiyanas somos fuertes, sean ustedes dignas de cruzarse con nuestra raza.
—Agradecida— dijo una de ellas, una rubia alta —De mi parte agradecida y de mis compañeras. La reina pago mucho por nosotras.
Mashi las miró —ya cállense— les dijo.
Afuera solo sea veía el espacio, que reconfigurado a cada milisegundo, solamente mostraba la mas impenetrable negrura.
Un golpe profundo, como una caída a un pozo sin fondo, y un retumbar interminable les indicaron que habían entrado al túnel del tiempo.
—Tres ciclos más adelante, casi en los confines de la galaxia está nuestro destino —anuncio Link —Duerman hasta que lleguemos. Yo manejaré la nave.
—Nada de eso— interrumpío Mashi —Yo me ocuparé de la nave, tú duerme, ah, y ustedes también Sayumis.
El capitán miró a la reina como intentando decir algo: algo que intentaba decir desde que Mashi empezó con su proyecto. Miraba a Mashi e intencionadamente evitaba mirar a las mujeres que, sentadas encima de unos paquetes de ropa que habían traído, viajaban amontonadas en el fondo de la nave, La reina se dio cuenta de eso pero no entendió su sentido.
—Mira de una vez a tus mujeres, Link ¿No te gustan? —Le dijo sonriendo y señaló a Lúa, la pelirroja —Esa valiente sayumi puede ser la primera que tomes. Hazlo bien —Agregó —Lo merece.
Lúa de alguna forma la entendió y sin mucho recato dirigió su mirada al capitán.
—Él sí que no es feo —Les dijo a las otras chicas —Bueno, tal vez sí, pero tiene unos hermosos ojos, nunca vi a un saiyano con ojos tan claros y piel tan morena ¿raro no?
Link, como para hacerle la contra a su reina, miró fugazmente a la pelirroja y enseguida volvió a concentrarse en los mandos de la nave, cómo si la mujer no le hubiera movido nada.
"Que estúpida fui" pensaba ahora Mashi mientras recordaba todo aquello.
Estaba sentada al lado del arroyo que empezaba a correr de nuevo. Hacía frío pero no lo sentía. No pensaba en él. No podía pensar en el frío cuando sentía el recuerdo de una pasión condenada corriendo por sus venas.
Por suerte o por desgracia Ryuk interrumpió sus pensamientos.
—Mashi— le dijo —Dentro de poco empieza el torneo, ya se termina el invierno, vea ¡ese árbol ya tiene flores!
—No lo vi. No me fijo en esas cosas, estaba recordando mi última misión, cuando creamos un mundo nuevo y una nueva raza, tres de mis hombres y diecinueve mujeres. Y le contó la historia.
—Ajá, pero, mi reina, dime: tu y la otra mujer… como se llamaba…
—¿te refieres a Dhate?
—Sí, esa. Entiendo que tus hombres la pasaron genial, pero mientras tanto tú y ella qué hicieron ¿aburrirse?
—Estúpido. Teníamos mucho que hacer. Teníamos que entrenar a esas débiles mujeres para sobrevivir en un planeta nuevo, eliminar formas de vida hostiles que había allí, construir espacios habitables, no era para aburrirse.
—jajajaja, pero que seria eres mi reina ¡de lo que estoy seguro es de que tus hombres no se aburrieron!
Mashi lo miró con odio.
—No pienso contarte más nada, te tomas todo a la ligera. Esa misión fue muy importante. Y tú eres un insolente.
—Si te interesa, la esfera mágica sigue mostrando cosas, y no solo a ti, Raditz y yo vimos una pelea espectacular de los terrícolas contra un androide verde, una cosa monstruosa ¡no te imaginas! tu hijo y un joven guapísimo que decía venir del futuro también pelearon, y la buena noticia es que el hermano de Raditz se vino de nuevo a este mundo. Se llama Gokú ¡Al final hicieron picadillo al monstruo!
—¡Ah Kakaroto! ¿Y quién derroto a esa cosa?
— Pues… parece que el hijo de Gokú …
—Vaya, los híbridos son increíbles, parece que la raza saiyana al cruzarse con especies débiles pero humanas, se potencia. ¿Ves Ryuk que importante fue mi misión? ¡Hay ahora una raza capaz de exterminar a los reptilianos! pero bueno ¡vamos a ver esa esfera!
Cuando Mashi llegó Raditz se había ido y en la esfera se veía a un grupo de personas despidiendo al joven que venía del futuro. Vegeta apartado de ellos lo saludaba con un gesto y luego de que el muchacho partiera entró a la casa seguido de cerca por Bulma.
—¿adónde vas? — Preguntaba ella cuando vio que él empezaba a juntar sus cosas y se dirigía a la nave que estaba en el patio
—No te importa.
—¿Es porque ya no tienes un enemigo con quien pelear? no te preocupes, él va a regresar ¡yo lo conozco!
— ¿Ah sí? Bueno pues, ¡cuando regrese estaré listo!
—Pero tú… ¡no puedes pensar en otra cosa que no sea pelear!
—¿en que mas quieres que piense? Me criaron para eso. Y ya deja de molestar ¿quieres?
—Si…_reflexionaba Bulma — si… por eso siempre dije que no eras malo, lo malo fue como te criaron, pero algo habrás aprendido del amor en algún lado, sino no te habrías enamorado de mí.
— ¿Enamorado de tí? Que estupideces dices ¡debes estar loca! y ya apártate, me estorbas.
—Por supuesto que estas enamorado de mi— dijo Bulma retirándose muy dignamente —Sólo que todavía no lo sabes.
Las imágenes y las voces desaparecieron. Ryuk parecía emocionado.
— ¿qué dices reina? ¿Estará enamorado tu hijo? en mi aldea decían que las madres siempre saben de esas cosas.
— ¡que chismoso eres! Y si me preguntas… estar enamorado… ¡se dice fácil!
—¿y no es fácil?
—¡y que lo digas tú! Un hombre que se enamora de otros hombres y ahora de uno que ni siquiera es como tú ¡bah! ¡Eres un iluso!
—jajaja, si ¡soy un iluso!, jajajaja, pero que voy a hacerle, y mire mi reina ¡ahí viene!
Raditz entró con expresión molesta.
—Puede que mi hermano venga al torneo — dijo —¡espero que venga, para hacerlo pedazos!
El invierno llegó a su fin, se terminó de derretir la nieve, florecieron los arboles, las ardillitas volvieron a saltar, y ya no se hizo necesario permanecer en las cuevas. Raditz y Ryuk entrenaban todo el día. Mashi aun no había decidido si participar o no. Prefería por lo pronto quedarse sola con sus recuerdos. Sin embargo no le era tan fácil recordar ahora. Había que ordenarse.
Recordaba cuando se quedó manejando la nave en el viaje a Nichya mientras todos dormían con el sueño inducido que se usaba para acortar los viajes. Mientras tanto había hecho todos los planes necesarios para el establecimiento de las Sayumis. Había tomado en cuenta muchas de las posibilidades que podían presentarse en el nuevo planeta. Cómo estaban viajando hacia el pasado de la galaxia se puso a sacar cuentas sobre cuánto tiempo pasaría en su mundo para cuando regresaran. Pero nunca había sido muy buena con las cuentas. Cúando ya no tuvo más nada que hacer, se aburrió.
Al fin, y como faltaba poco, despertó a todos.
¿Qué recordaba de la llegada a Nichya? Bueno, empezaron por la búsqueda de un lugar habitable, se trataba de un planeta con una atmósfera excelente, mucha agua y gravedad normal: un buen planeta pero muy frío, frío en su totalidad, cubierto por témpanos de hielo.
Había que buscar un lugar que sirviera de base y lo encontraron en unas inmensas cuevas al centro – sur. Esas cuevas además de servir para encender fuego en ellas utilizando un combustible mineral que había en abundancia tenían en su interior cascadas de aguas termales que parecían provenir de volcanes.
Por efecto de esas aguas, y tal vez por estar justamente en una zona volcánica las cuevas no eran tan frías.
Mashi había decidido darle a aquella misión su dignidad plena, por eso antes de descender a ese helado planeta que parecía deshabitado y habitable por nadie, realizó una brevísima ceremonia como las que se celebraban en su planeta cuando se unía una pareja. Ella, como reina, tenía autoridad para hacerlo.
Les indicó a las Sayumis que se pusieran de pie al lado de sus tres hombres. No pensaba aprenderse el nombre de todas, así que les dijo: "Sayumis uno, dos, tres, cuatro y etc… y las distribuyó más o menos parejamente, entre ellos: siete, siete y cinco.
—Avoc, Char y Link, estas son sus mujeres, respétenlas exactamente igual que en nuestro planeta, y mucho más teniendo en cuenta que son los guerreros de la reina, guerreros de clase alta. Y gracias por entender que esta es una misión por la reivindicación de nuestras razas…. y tengan cuidado con ellas, no se vuelvan locos. Recuerden que no son saiyanas.
—Por favor, majestad— dijo Avoc —¡Ni me lo diga! Son preciosas… las voy a cuidar bien. Lo prometo.
—Me gustan, pero no tanto como mi esposa de Vegetasei —Se apresuró a decir Char y Mashi pensó: "¡como si ella pudiera oírlo!"
Link no dijo nada, miraba a la reina con una expresión que indudablemente era de reproche.
—Perdón Link— dijo Mashi entonces —Sólo te di cinco mujeres, pero allí tienes a esa que vale por varias, parece una guerrera ¿no?
Era Lúa. La pelirroja sonrió y se abrazó a Link, él pareció estremecerse al contacto de esa piel tan suave pero no cambio su gesto: siguió mirando a Mashi con una expresión decepcionada que ella nunca le había visto.
Mashi se sintió estúpida. Nunca en su vida se había sentido así, ni siquiera cuando tuvo que rendirse ante los malditos soldados de Dodoria, o cuando el rey la había golpeado por no cumplir su misión como se suponía que debía.
¿Qué había hecho mal?
Eso se preguntaba ahora, se lo seguía preguntando. Y mientras ella navegaba por sus recuerdos Ryuk y Raditz se preparaban muy entusiasmados para el torneo.
—Apresúrese mi reina que llegamos tarde ¿va a participar no?
—No sé. Voy solo porqué quiero ver si no te derrota el primer oso que se te cruce, Ryuk, y…¡ no vas a pelear con ese adorno tonto! ¡Te vas a enredar!
—Ah, ¿se refiere a las pulseras? pero mi reina ¡no me diga que no me quedan preciosas! Todos los guerreros usan adornos, sino mire a Raditz con sus cintas rojas.
Raditz lo miró furioso.
—No me compares contigo ¿quieres? Yo soy un saiyano y tú… la verdad ¡no sé ni lo que eres!
—¡Ya vamos!- gritó Mashi— dejen de discutir, y si quieren saberlo, si, participaré
—Espero que no me toque pelear con usted de entrada —Raditz parecía preocupado. Bueno, vamos.
Mashi deseaba pelear y acabar con todos sus enemigos, igual que durante toda su vida, cuando había destruido vidas y mundos, cuando había decidido quien era digno de vivir y quién no.
Pero así como había destruido había intentado salvar. Por ejemplo a esas mujeres.
Ese torneo era más concurrido que el otro, alrededor del predio construido para las peleas había gente de las más variadas razas y especies, cuando empezaron las peleas aclamaban a uno u otro luchador, había luchadores que tenían sus propios fans.
Ryuk no llegó muy lejos porque en una de las primeras peleas le tocó pelear con Mashi, y naturalmente, perdió. Raditz y Mashi llegaron a las finales.
Mientras esperaban para que comenzaran las peleas apareció un participante que, a pesar que llegaba tarde insistía e insistía para que lo dejen participar. Se armó bastante revuelo.
—Si alguno de los finalistas le cede su lugar puede participar— dijo el juez —si no, no ¡llega muy tarde!
Mashi se acercó para ver qué pasaba y reconoció al participante.
—Bueno— dijo —Yo le cedo mi lugar, pero que la primer pelea sea con Raditz. Quiero ver algo—Oye— dijo dirigiéndose al trasnochado y recién llegado guerrero —Vas a pelear de nuevo con tu hermano ¿Qué te parece?
