Algo que necesito.

Escrito: One-shoot

Pareja: EruMin (Erwin x Armin)

Anime: Shingeki no kyojin

Autora: Parlev.

Géneros: Yaoi.

Subgéneros: Romance/ Escolar.

Canción: If I lose myself de One republic.

Contenidos: Estudiantil/ Literatura.

Parejas mencionadas: RiRen (Levi x Eren)

If i lose myself≈

-1-

Al parecer la lluvia está parando, lleva un poco más de media hora en forma de aguacero, de repente se desquito con la Tierra, los vidrios parecen estar llorando.

Salgo de la biblioteca, el pavimento está lleno de charcos, los alumnos se pasean con sonrisas en los rostros, la ropa y el cabello chorreando… parecen niños pequeños en vez de universitarios.

Llego hasta el edificio de gobierno, firmo las hojas de asistencia, es hora de irme y disfrutar un poco del fin de semana antes de inundarme por completo en los exámenes y proyectos finales, será difícil, lo es, los adolescentes dejan todo al final haciendo que mi trabajo se acumule una infinidad.

El celular vibra en mi bolsillo, es un mensaje de Eren, ruedo los ojos, en realidad no es como si no lo estuviera esperando, me hubiera sorprendido más si no lo hubiera enviado.

"Lo siento, tengo un asunto que atender, te veo después"

-Eren.

Últimamente esos asuntos son resumidos en los encuentros fortuitos con uno de sus alumnos, hace poco me entere "accidentalmente", los cache a ambos en un acto gravemente comprometedor y sospechoso, Eren se deshizo en ruegos para que no dijera nada sobre él y el alumno problema, Levi Ackerman. Tampoco es como si lo fuera a delatar, no es correcto, claro, pero… tampoco es mi problema.

Salgo del plantel a las seis de la tarde, el cielo parece más obscuro gracias a la lluvia reciente, mañana habrá más frio del habitual al parecer, estas fechas son algo insoportables, el clima se descontrola demasiado, llueve, hace calor, hace frio, en fin, es difícil saber que ropa será la correcta para usar.

En mi camino a casa me detengo frente a una librería, que mejor fin de semana que pasarla leyendo, sonrió para mí mismo.

—Hola, Armin. —saluda una de las encargadas de la librería.

—Hola, Annie, ¿Qué tal te ha ido?

—Oh, bien, no me puedo quejar. —se encoje de hombros.

—Supongo que no, ¿Alguna recomendación para este fin de semana?

—Acaban de llegar dos nuevos libros de ciencia ficción, son buenos, todos lo dicen, o en la sección de antigüedades, una anciana vino a donar dos cajas enteras antier.

—Suena interesante, iré a ver que me llevare.

—Diviértete. —la chica se despide y se va a atender a un cliente.

Antes de llegar a mi destino me detengo varias veces en la sección de terror, romance, suspenso, ciencia ficción, ficción histórica, dramas y cuando llego a las antigüedades estoy hasta el tope de libros, sé que tendré que dejar algunos pero por contraproducente que suene, no quiero dejar ninguno que pueda tener en mis manos por aunque sea un rato, así, tal vez, puede decirle a Annie o a Historia que los guarden hasta que reciba mi próximo cheque.

Dejo caer la montaña de libros en una mesa y, como todo el lugar esta vacío, me dedico a buscar algo que me agrade.

Se podría decir que los libros son todo para mí, mundos increíbles a descubrir, uno tras otro, siempre me han gustado, desde que era un niño, mamá solía leerme cuentos antes de ir a dormir.

— ¿Profesor Arlert?

El libro de mis manos se resbala hacia delante y me pongo nervioso.

— ¿Si? —me ajusto las gafas y volteo lentamente.

—Nuevamente lo veo aquí. —sonríe mi alumno estrella.

—Oh, Erwin. —sin evitarlo le devuelvo la sonrisa, es casi contagioso.

— ¿Puedo sentarme?

—Claro, claro. —con torpeza muevo un montón de libros, algunos se caen de la mesa. —Lo siento.

—No importa, yo los levanto.

Me encorvo para recoger los libros y al levantarme golpeo a Erwin con la cabeza, se queja y se hecha hacia atrás cubriéndose la nariz.

—Oh, perdón, perdón.

Trato de acercarme para ver si le he hecho mucho daño, pero al hacerlo mi camisa se atora con algo, un montón de libros se tambalean y caen encima de mi alumno.

—Oh, Dios, Erwin, lo siento tanto, que torpe soy.

Me agacho para quitarle los libros de encima, mis manos tiemblan y siento la cara ardiendo, es tan vergonzosa esta situación.

—No se preocupe, estoy bien.

Él se trata de levantar, pero se tambalea un poco.

—Tu… tu nariz, esta sangrando. — ¿qué he hecho?

Se lleva una mano al lugar y se mira los dedos, me apresuro a buscar un pañuelo en mi mochila y vuelvo con él, trato de detener el sangrado con toques leves pero solo logro que empiece a tener una completa hemorragia.

—Yo lo hare. —Erwin me sostiene de la muñeca.

Mi corazón da un vuelco violento y mi cara se calcina en calor.

—En verdad lo siento, soy muy torpe, no era mi intensión dañarte, en verdad…

Él se ríe quedito y se cubre la cara con su otra mano mientras suelta mi muñeca.

—No ha sido tan grave, no hay problema, estoy bien, solo un pequeño incidente.

—Pero…

—No importa. —su sonrisa se agranda.

Agacho la mirada muriendo de vergüenza.

Por el alboroto causado, Historia y otro chico se acercan deprisa para ver la causa, entre los cuatro acomodamos el desastre e Historia revisa la nariz de Erwin, al final no ha sido nada grave aunque sigo sintiéndome como un completo incompetente.

Varios de los libros que había traído de otras secciones se han revuelto con las antigüedades, lo que hace que me sienta peor.

Tardamos solo unos minutos en ordenar todo, Historia dice que cualquier percance la llamemos.

Suspiro rendido, la sensación de vergüenza e idiotez sigue presente, mi mente crea un montón de escenas vergonzosas y cosas que quizá el adolescente a mi lado puede pensar de mí.

— ¿Profesor Arlert? ¿Se encuentra bien? Parece… que podría vomitar.

Alzo la vista.

—No… yo…—suspiro rendido. — Estoy bien.

—No ha sido grave, no debe preocuparse. —me dedica una sonrisa amable y es como un tranquilizante a toda mi mente atormentante.

—En verdad, lo siento.

—Creo que… con todo esto, hice que perdiera sus libros. ¿No?

Aprieto los labios pero hago parecer que en realidad no importa mucho. Aun así se ofrece a ayudarme para encontrarlos, pasamos un buen rato discutiendo de libros y comentamos los mismos que nos parecen unirnos, es una conversación amena.

Su celular suena a mitad de la plática, pone los ojos en blanco, haciendo notar que en realidad le molesta que lo interrumpan en este momento.

—Lo siento, tengo que contestar. —dice señalando su bolsillo.

Se levanta de su silla y se aleja un poco deslizando los dedos por la pantalla del celular.

No es la primera vez que nos vemos en esta librería, ni tampoco la primera que conversamos sobre libros o películas.

Me llevo una mano al pecho, siento el corazón latiendo a toda prisa, desenfrenado, alocado, como si anhelara salir corriendo, siento que podría sufrir un paro cardiaco en cualquier instante.

Trato de inhalar y exhalar, controlar mi respiración, quiero recuperar mi tono natural de piel y parecer más tranquilo, no puedo perder la compostura. Inhalo aire, los labios me tiemblan, ciento escalofríos corriendo por mis venas, son como vidrios que pican los torrentes, y luego mi vientre recibe una cálida cantidad de algún líquido espumoso y denso, como chocolate caliente. Mis piernas flaquean y me dejo caer en una silla, aprieto mi vientre y trato que las emociones no me controlen, pero es difícil, lo es cuando él está cerca.

Erwin se acerca de nuevo, tiene cara de disgusto y algo de fastidio, se nota molesto, la llamada no ha sido buena al parecer. Entierra sus dedos en las hebras rubias de su cabello y suspira.

—Lo siento, tengo que irme, un… amigo necesita mi ayuda. —se aprieta el puente de la nariz, como si en verdad fuera una real molestia. Tal vez lo sea.

—No te preocupes, es fin de semana, pásala con ellos.

Tuerce los labios como si esa respuesta le terminara de fastidiar.

—Entonces… hasta el martes. —susurra.

—Hasta entonces, estudia para el examen. —trato de dar una sonrisa amable y reconfortante.

Él toma su mochila, la cuelga al hombro y comienza a caminar hasta la salida.

Suspiro y niego con la cabeza, vuelvo a mi labor de recolectar libros, en realidad debo empezar a controlar mis emociones.

— ¿Profesor?

Me giro.

—Dime.

— ¿Puedo verlo mañana? —un leve tinte rosa cubre el blanco de sus mejillas. —Me… me gustaría aclarar algunas dudas del parcial y de un par de temas.

Mi corazón da un vuelco, siento un terremoto azotar mi cuerpo de forma violenta.

—C…—No sé qué decir. —Claro…—termino por exhalar.

Él sonríe y vuelve a mi lado.

Tardamos unos minutos en intercambiar correos electrónicos, promete mandarme un mensaje para ver la hora y el lugar de reunión.

-2-

Llegar a tener sentimientos por un alumno es algo prohibido para nosotros como docentes, es una regla que debemos respetar.

Eren no la respeta, por supuesto, su alumno, Ackerman, termino por seducirlo y ahora está atrapado en una telaraña de la que no podrá huir hasta que alguno de los dos se canse o… en su defecto, los descubra alguna autoridad.

En mi caso… simplemente trato de no prestarle ninguna atención a ese "bip" molesto que anuncia la llegada de un nuevo sentimiento, una nueva emoción latente.

Paso hace dos años y medio. Al paso del tiempo me di cuenta de que en realidad no era una etapa o algún tipo de error. Era tangible, existente, por desgracia, era real.

Lo conocí en la ceremonia de apertura a los de nuevo ingreso, un chiquillo recién llegado a un mundo más profesional, gris y recto.

¿Qué llamo mi atención?

No lo sé, fue algo parecido a un flechazo instantáneo y, para mí, fugaz, repentino y sin mucha importancia.

Después de la ceremonia creí que jamás volvería a verlo o talvez solo por pura casualidad en los pasillos, pero no. Mi sorpresa fue nula, casi me reí al ver su nombre entre mis listas de evaluación y su rostro en mi clase.

No le di importancia más allá de algo físico y superficial durante dos semestres completos, admirando detrás de la fachada de docente.

Al tercer semestre… creo que allí fue donde supe que estaba siendo un idiota.

Congeniábamos gracias a las clases, conversábamos de libros y autores famosos, nada iba más allá de cosas simples y sin chiste.

Empezó a crecer, a convertirse en un adulto universitario y entonces… entonces…

Me pregunto que hice mal.

¿Por qué a mí?

De entre toda la gente, de todo el mundo…

Es como una mala jugada.

Su presencia se hizo aplastante, su voz se convirtió en un interruptor a mis nervios, su ser empezó a ser una puerta a otro mundo. Funciono como un tipo de droga, adictiva y de poca duración.

Siendo un adulto comencé a experimentar como si fuera un adolescente.

Es tan ridículo.

Quiero desaparecer esa sensación cuando está cerca.

El semestre está llegando a su fin y entonces él y yo no volveremos a vernos en clases, no me veré obligado a verle sonreír y sonreír de vuelta para parecer amable.

Así este infierno terminara.

Me recargo sobre el escritorio de mi habitación y dejo salir el aire que contengo.

Estoy enamorado de un alumno estrella. Es un problema que solo se resuelve alejándose.

Mi celular suena, ha llegado un mensaje.

"Lamento la hora, espero no ser una molestia. Solo quiero acordar una hora. ¿Sería un problema que vaya a su casa? Si es así… ¿Dónde podríamos vernos? –E.S.

Las sensaciones de incomodidad vuelven, el malestar en el vientre vuelve, el rubor y las taquicardias.

"No, no sería ningún problema, te veo mañana a medio día, ¿Te parece?"

Mando mi dirección mientras los dedos tiemblan sobre la pantalla táctil.

Estoy haciendo mal, es como seguir el juego interminable de las emociones y sentimientos. Desearía no sentir, así todo sería más fácil.

Hago chocolate caliente y horneo galletas para distraerme un rato, eso liberara mis ideas, al finalizar tomo un largo baño de agua tibia, me voy a mi pequeño estudio, disfruto de mi cena y de uno de los libros que compre, aún sigue repiqueteando una ligera lluvia, es algo bastante agradable.

Termino dormido poco después de encender el estéreo y poner a Tchaikovsky, estoy sumergido en una cálida sensación de confort, así que no me muevo para nada, esa noche no tengo ningún tipo de sueño, es un descanso corrido y sin interrupciones, completamente a gusto hasta que el sol hace su aparición colando uno de sus rayos por entre las ventanas, creí que no saldría este día.

Al despertar, lo hago con una sonrisa de satisfacción y placer, ha sido demasiado relajante y rehabilitador, lo primero que hago es ir a desayunar, calentar un poco del chocolate que sobro ayer y solo tomar un par de galletas, ya que sobraron bastantes. Hay un par de trastes sucios, también ropa sucia, es un día bastante agradable para hacer quehaceres domésticos, pongo algo de música, una mezcla entre pop, rock, clásica y punk, algo un poco extraño pero le da un buen ambiente a mi estancia en casa.

Hago jabón en la lavadora y separo la blanca de la de color y acciono el electrodoméstico en lo que lavo los trastes, tarareo un par de canciones mientras hago mi trabajo, al terminar trapeo los pisos, de vez en cuando desafino al cantar, muevo las caderas y me divierto un poco mientras limpio los muebles y hago quehaceres.

Cuando vuelvo a la lavandería, todo está hasta el tope de espuma y jabón, al parecer la lavadora se ha salido de control y está expulsando todo como si vomitara, entro en pánico por un instante, trato de desconectar el aparato pero me resbalo en el intento y termino empapado y lleno de espuma de pies a cabeza, cuando el cronometro suena, esta se para y deja de escupir agua. Admito que casi muero por culpa de la lavadora.

El timbre de la casa suena, maldigo por lo bajo, como puedo salgo del montón del agua y camino por toda la sala, tuerzo los labios al ver las baldosas recién limpias todas mojadas y llenas de jabón.

Del otro lado de la puerta se oyen toquidos débiles y algo tímidos.

— ¿Si?

Abro la puerta con algo de brusquedad, alguien se queja por la dura acción, creo que he cometido un accidente.

—Lo siento, es solo que…

Siento el calor azotando mi rostro, el corazón latir a una velocidad increíblemente alta, como si fuera a salir corriendo de un momento a otro, los nervios azotando mi piel como si fueran cables de electricidad y la mente se me nubla.

Sin pensarlo dos veces cierro la puerta con el rostro al rojo vivo.

Del otro lado, Erwin espera paciente a que yo vuelva a abrir la puerta.

Respiro agitadamente antes de que mi cerebro vuelva a funcionar, vuelvo a entrar en pánico, no sé cómo actuar ni que hacer ahora.

Vuelvo a abrir la puerta con lentitud, mi alumno mira al frente un poco apenado.

—Lo siento, creo que llegue en mal momento.

—Para nada, es solo que… —agito la cabeza y abro toda la puerta. —Adelante, solo espera un poco a que arregle mi desorden, estaba haciendo… —busco la palabra para completar mi oración. —cosas.

El chico del otro lado de la puerta se rasca detrás de la oreja derecha, indeciso, con duda y algo nervioso. Todo gracias a mí y mi impulsividad del momento.

—Está bien, con permiso. —entra lentamente, esperando no hacer mucho desorden en mí ya desordenada sala.

—Puedes esperar allí, no tardare. —digo mientras voy en busca del trapeador y buscar algo de ropa limpia.

—Si quiere, puedo ayudarle. —se ofrece dejando el maletín en la sala.

Me detengo en las escaleras.

—No… no creo que…

—Insisto, así… puede terminar mucho antes. —dice, dedicándome una sonrisa.

Siento un nudo en la garganta y termino por asentir y agradecer la ayuda. Creo que la mejor idea hubiese sido hacerlo venir en otro día. Me pregunto si es que olvide la cita o como es que todo esto está terminando mal.

Me cambio de ropa y luego de decidir en terminar este día lo más rápido posible bajo de nuevo a la sala y le indico a Erwin que es lo que podemos hacer para que terminemos antes para poder trabajar en lo que sea que tenga dudas de los temas y cosas del parcial, él parece satisfecho con mi plan y nos dividimos de esa forma el trabajo.

Trato de hacer todo lo más lejos posible de él, pero como si estuviese en mi contra, aparece a cada momento pidiéndome alguna cosa o preguntando si está bien hacer "esto" o "aquello" con determinado desastre. Trato de sonar calmado, paciente y muy agradecido, aunque por dentro algo este gritando y tirado en el piso, oculto en lo más recóndito de un obscuro cuarto para sufrir a gusto.

El tiempo se hace rápido y en poco tiempo terminamos de volver a limpiar la casa, el esfuerzo de mover algunas cosas hace que me relaje y empiece a moverme y a hablar con más normalidad, lo cual me alegra.

Voy a la cocina por algo para comer, preparo sándwiches mientras le pido que prepare sus cosas, dudas y materiales. Sirvo un poco de limonada que hay en el refrigerador en dos vasos de vidrio morado, acomodo lo sándwiches en un plato cuadrado y pienso en agregar un par de las galletas que sobraron ayer por la noche y que no logre terminar hoy en la mañana.

—Lamento mucho esto. —digo dejando la charola con la comida en la mesa de centro.

—No importa me he divertido mucho. Tiene cosas muy curiosas en el sótano. —dice señalando la puerta que lleva al lugar.

Aprieto los labios en una sonrisa y tomo asiento.

—¿Usted ha preparado las galletas? —pregunta tomando una.

Miro hacia otro lado y asiento.

—Sí, son un buen distractor.

Se lleva una a los labios y la muerde, mastica lentamente y luego traga, sonríe como si fuera lo mejor que ha probado.

—Excelente distractor entonces. —comenta.

—Bien, ¿Qué es lo que querías preguntar? —digo restregando las palmas sudadas en los pantalones.

Él abre una libreta forrada de verde suave y busca una de los últimos apuntes, la mayoría son escritos a tinta negra, aunque hay algunas decoraciones con tintas de diferente colores, también hay dibujos y…

Pasa las páginas con más rapidez y luego, como si estuviera acalorado señala uno de los últimos temas, un poco complicado sí, pero nada del otro mundo.

—Esto. —señala. —Es un poco confuso.

Asiento y tomo la libreta para leer el apunte, eso parece ponerlo tenso, pero al ver que no tengo otro motivo más que el de revisar el tema, se relaja un poco y continua comiendo galletas.

Finjo leer las letras, pero pienso un poco sobre si en realidad lo que vi fue un efecto óptico, un juego mental un poco cruel o si ha sido real.

—Bien…—explico con un poco más a detalle el proceso, los puntos que pienso pueden representar dificultad y señalo algunos ejemplos.

Mi nombre.

¿Acaso he visto mi nombre entre las páginas?

Pienso que ha sido un efecto, asiento para mí mismo y me reprendo, tal vez estoy llevando todo esto muy lejos, si sigo de esta manera puede que pierda el asunto y se me cuele por las manos.

Al dar las dos de la tarde, terminamos por ver otros temas. Hago explicaciones un poco más a profundidad de lo que doy en la clase, verifico otros libros que tengo en los libreros y le muestro cosas que pueden ayudar a la comprensión fácil de los temas.

Ambos parecemos más relajados y llevamos la conversación académica de buena manera, lo que hace que pueda respirar más a gusto y sin contratiempos, el efecto óptico del principio de la clase particular desaparece luego de dos temas más. Lo único que abarca mi mente son los temas, los problemas y cosas de ese estilo.

—Creo que logro entenderlo, muchas gracias. Ha sido de mucha ayuda. —dice luego de aclarar una de las ultimas dudas.

Dejo salir un suspiro complaciente.

—Me alegro haberte ayudado. ¿Algo más? —digo dejándome caer en el sofá.

—Creo que es todo. —mete lentamente las cosas dentro de la mochila y hace un registro sobre la mesa para verificar que no haya olvidado nada.

Veo el reloj, son más de las seis de la tarde.

El estómago me gruñe un poco.

—¿Gustas quedarte a comer? —pregunto. —Hemos abordado casi toda la tarde y solo hemos comido sándwiches.

Algo me grita que hubiera sido mejor que me callara, pero otra parte dice que es una buena idea.

Y a él no parece disgustarle del todo la idea.

—Claro, gracias.

-3-

Durante la comida hablamos de cosas que tienen que ver con la literatura, cosas que nos gustan y ese tipo de cosas, hace que me sienta a gusto y muy cómodo, como si todo lo estuviera haciendo con ese propósito.

Reímos en algunas ocasiones y en otras hacemos algún chiste que no tiene nada que ver con nada pero que al mismo tiempo tiene todo que ver.

Compartimos algunas otras cosas que podemos y tenemos en común.

Al finalizar la comida, todo toma otro rumbo, hace que todo baje de nivel, como si se estuviera perdiendo algo, bajando de nivel y regresando a la normalidad. Como si los interruptores se estuvieran apagando.

—Todo ha sido delicioso. —comenta mientras recogemos los trastes sucios.

—Gracias, me alegra.

De nuevo miro el reloj.

—Ya es algo tarde para ti, ¿No? Debes volver a casa, yo me ocupare de los trastes. Tus padres deben estar preocupados.

Dejo caer los platos y vasos en el fregadero.

—En realidad vivo solo. —susurra.

Eso es algo que no sabía, así que me hace sentir un completo tonto, busco algún otro comentario que agregar algo que quite la línea del momento tenso que he creado.

Pongo jabón líquido sobre la esponja para lavar los platos y los restriego lentamente.

Escucho el leve tic-tac del reloj, el glop-glop del caer del agua y un leve zumbido de algún insecto allá afuera.

La tarde empieza a teñirse de un suave anaranjado mezclado con algún tipo de derivado del lila, listo para transformarse en un azul marino que de la bienvenida a la noche, se deja caer lentamente sobre la ciudad, como si lo protegiera.

Tomo el ultimo plato y dejo que las gotitas de agua caigan sobre el metal del fregadero y luego lo deposito donde pueda esperar a secarse.

Sus manos se cuelan entre mis brazos, rodeándome. De forma lenta, como si temiera romper algo más delgado que un hilo y más frágil que el cristal. De la misma manera deja caer su frente sobre mis hombros, llegándose a encorvar un par de centímetros, los mismos que nos dividen en altura.

Siento su respiración en mi cuello, tibia y pausada, como si tuviera miedo.

—Profesor Arlert. —susurra y una chispa se prende. —¿Qué es lo que debo hacer…?

Me estruja con delicadeza.

El tiempo se hace lento, pausado…

¿Qué es entonces lo que yo debería hacer?

—No lo sé. —respondo.

—Usted lo sabe todo. —exhala.

—Entonces parece que has estado viviendo engañado. —dejo escapar una risa sin gracia.

Me giro dejando que el agua estancada entre mis dedos se escurra y moje más de lo que debería.

—Miente entonces.

Presiona mi barbilla con algo de rudeza delicada, acaricia mis mejillas. Veo mi propio reflejo a través de su propio iris azul.

Dejándome llevar por la marea me elevo sobre las puntas de mis pies y le beso.

El chocolate caliente que inunda mi vientre de repente empieza a cobrar vida y navega por entre mis venas, abriéndose paso y siendo el sustituto temporal de la sangre que debería hacer funcionar todo lo que me compone. Es una sensación cálida de comodidad y suavidad, como cuando uno navega entre las nubes, surcando mares desconocidos, disfrutando de la vida que no se conoce.

Envuelto en un manto de calor y algo más.

Es como algo que siempre estuve esperando.

Pero parecido a un sueño que no me pertenece.

Un sueño…

Todo listo, luego de ¿Qué? Casi medio año, ¿Un poco más? No lo sé. Lo termine.

Tiene un final diferente al que había planeado, ¿En realidad había planeado un final? Tampoco lo sé, pero hace un buen rato que había existido esto para ser subido. Creo que a pesar de ser una buena contraparte del Riren, no hay mucho de esta pareja, soy yo o tal vez no he buscado adecuadamente.

Gracias por leer.

Parlev.