Capítulo 7

Constancia

Bebió con enorme ahínco el contenido de esa botella, como si la sed que carcomiera su garganta fuera insoportable y sólo pudiera ser aplicada de ese modo. Ahora que había tomado lo suficiente ajustó su sombrero de paja y sintió el peso de su Pikachu sobre su hombro mientras le hacía llevar la mirada hacia un punto específico en aquella isla de clima caluroso y criaturas de fuego.

Aquella chica portaba unas botas lila que le llegaban por debajo de sus rodillas, usaba jeans azul cielo y una especie de vestido oriental sin mangas tonalidad naranja claro combinado con tonos verde óleo; bajo el cual se apreciaba una sudadera negra que evitaba que su blanca piel se expusiera al inclemente sol de Isla Canela.

Su mirada achocolatada contrastaba con el dorado de su largo y lacio cabello rubio que permanecía bien sujeto con una coleta alta. Incluso ese sombrero de paja embonaba perfectamente bien con ella.

Aquella chica poseía un bonito rostro y una complexión que la dejaba muy lejos de ser una niña.

—Pero si es Red –susurraba, acercándose por mera inercia hacia la escena-. Aunque viene acompañado de alguien a quien nunca había visto antes…Ummm…Me pregunto si ella será su…-sacudió su cabeza, alejando aquel pensamiento y simplemente optó por acercarse.

Aquella joven había pasado a recoger al centro pokémon una mochila negra, muy posiblemente llena de todo lo que requería para la misión que le había sido encomendada y ahora simplemente empezaba a caminar en compañía de aquel chico; quien no parecía nada complacido con la idea, además de sentirse extraño sin su gorra.

Shade entró a una tienda sin decir nada; ése habría de ser el momento para que la blonda se aproximara a él. No hubo que esperar demasiado, el Pikachu de Red bajó del hombro de su entrenador solamente para encontrarse con el de esa joven; a los dos pequeños se les veía alegres de volver a encontrarse y restregaban su mejilla el uno contra el otro.

—…Yellow…-expresó Red al contemplar a la chica. No podía creer que se la encontrara en un sitio como ése.

—¿Pero qué es lo que te ha traído a Isla Canela, Red? –preguntó curiosa.

—Asuntos…inesperados y tediosos –respondió con cansancio.

—Es bueno verte después de tanto tiempo. Aunque sigo escuchando de ti…Sigues desafiando a cualquiera que se te cruza en tu camino.

—Pero no he hallado a nadie interesante, bueno, quizás, pero ahora estoy pagando por ello.

—¿Qué quieres decir con eso? –curioseaba.

—No hay necesidad de explicar. Y a todo esto, ¿qué haces tú por aquí?

—Sólo vine de visita a la isla. Después de todo, es famosa por sus pokémon tipo fuego, así que vine a ver si hallaba algo interesante. Aunque cuando te vi decidí venir a saludarte –le sonrió alegremente.

—Hola –saludó la peli azul tras salir de la tienda con aparentemente nada comprado-. Mi nombre es Shade, gusto en conocerte.

—El mío es Yellow, encantada.

—Si quieres puedes quedarte Red. No demoraré más de medio día y estando en compañía el tiempo volaría mucho más rápido –sugirió Shade.

—No después de haberme dicho el motivo por el cual vas al Monte Ascuas.

—¿Y piensas dejar a tu amiga sola aquí? –preguntó en tono neutral viendo fijamente a aquella chica-. Te diría que nos acompañaras, pero…mi hermano me asesinaría viva de hacer eso. Ya que cualquier cosa que suceda allí será mi responsabilidad.

—No te preocupes, de todos modos ya estaba a punto de dejar la isla, y mi boleto de barco ya tiene una hora exacta –confesó con cierto desánimo Yellow. Mal día para haber comprado todo antes de tiempo.

—Después de que termine con todo esto volveré a Pueblo Paleta, así que podrías ir si quieres –alentó Red.

—Me parece una excelente idea. Iremos a visitarlos Chuchu y yo –ya lucía mucho más animada mientras sonreía ampliamente ante tales palabras que prometían un reencuentro.

—Ahora vámonos de una vez, Shade.

—Está bien –dijo sin mucho cambio en su tono de voz antes de liberar a su Dragonite. Red hiz lo mismo con Charizard-. No demoraremos en llegar, así que vámonos.

—Nos veremos luego Yellow –se despidió rápidamente el pelinegro.

—Hasta luego –dijo con cordialidad Shade quien en poco tiempo alcanzó a aquel presuroso pokémon de fuego.

No había duda de que ya se encontraban en aquel sitio denominado como Monte Ascuas, la temperatura de alrededor se había elevado en comparación con la que habían sentido en Isla Canela; y no habrían de caminar demasiado antes de posarse frente a la entrada del monte. A partir de ese momento estaban sólo ellos dos contra una cantidad abrumadora de pokémon salvajes que no les dejarían avanzar con facilidad, pero al final, todo formaba parte de los gajes del oficio.

Caminaron con cautela y silencio por la primera planta, manteniéndose atentos por si llegaran a sorprenderles. No obstante, todo estaba bastante pacífico, algo que tampoco era una buena señal.

La tranquilidad antes de la tormenta, ahora lo estaban apreciando. Una gran cantidad de piedras caían desde arriba, aparentemente lanzadas desde la siguiente planta y muy posiblemente por Geodude y Graveler que no apreciaban las visitas de entrenadores.

El ataque de cola férrea de Ppikachu se encargaba con facilidad de destrozarlas, mientras que la fuerte electricidad de Raichu las reducía a polvo inofensivo. Y entre alternancia de ataques, ese par de roedores se hicieron cargo de ello.

—Conforme vayamos adentrándonos cosas como éstas serán lo que menos nos preocupen.

—Es evidente que no dejarán que nos lo llevemos con facilidad –Red empezaba a sentir el sofocante calor del rededor.

—No es que quiera hacerlo por egoísmo, sino porque si continúa aquí vendrán por él y se lo llevarán a la fuerza. Ahora que ya no está su madre aquí para protegerle, es presa fácil. Volverá aquí cuando ya tenga lo necesario para valerse por sí mismo.

—Una misión arriesgada…Digo, venir por el polluelo de Moltres, al AMonte Ascuas, un sitio lleno de pokémon fuertes y además protectores de éste, sí que es una idea desquiciada –estipuló Red con vilza.

—Tiene muy buena defensa, pero…al final los humanos siempre son ingeniosos y hallarán un modo para lograr lo que quieren. El ver que este sitio ya no es tan pacífico, deja en evidencia que ya han venido aquí y lo han intentado. Lo que vemos es el resultado de su persistencia –añadía con seriedad Shade antes de evaluar qué dirección tomar.

—Es bastante grande tu interés por resguardar la seguridad no sólo de Moltres, sino de los demás. Pero querer hacer siempre este tipo de cosas sólo hará que te metas en graves problemas –comentó el joven como sí nada.

—Ya lo hice antes…Me metí en problemas en los que posiblemente jamás podría haber salido…de no ser por la ayuda de mi hermano. Pero este es el modo en que nos criamos…y son hábitos que no podemos quitarnos de la noche a la mañana. Así como tu manía de retar a cada entrenador potencialmente bueno que te topes –añadió muy segura de cada una de sus palabras.

—Que no se te olvide que tú fuiste la que inicio todo. Y en todo caso, no me explico cómo es que tu Raichu pudo usar un ataque agua como ése –había decidido adelantarse, dejándole atrás en breve.

—No sólo la experiencia le confiere a un pokémon nuevas habilidades, sino también la edad misma… Aunque para este caso particular, se debió más que nada a que es muy sensible a los cambios climáticos; así que cuando se aproximan las lluvias, puede saberlo con cierta anticipación…

—¿Ah…? –frenó de golpe, viéndole de soslayo. ¿De verdad había dejado todo a la suerte?-. ¿Pero qué hubieran hecho de no haberse avecinado un repentino monzón?

—Teníamos un plan B, Red. Así que no había nada que temer –comunicó campante-. ¿Sabías que un Ninetales después de sobrepasar los cien años de existencia es capaz de aprender ataques psíquicos, inclusive de crear ilusiones tan perfectas que engañan a los humanos por completo? Cosas curiosas suceden con los pokémon y eso los hace sumamente interesantes.

—Suenas muy confiada de ti misma.

—¿Confiada de mí mima? No, yo confío en lo que mi pokémon es capaz de hacer. Conozco sus límites y su potencial, es por eso que al juzgar el de aquel pokémon, puedo decir que le hubiera ganado sin problema alguno –decía con suma autosuficiencia-. Es de tontos pensar que si el elemento que usas es superior al de tu rival, ganarás…Eso no determinará tu éxito dentro del campo de batalla –se había detenida, palpando la piedra de la pared más próxima-. Vamos por buen camino; las paredes están empezando a adquirir cierto calor y eso sólo significa una cosa…-sonrió para ella y continúo avanzando.

—Creo que una batalla con ella podría ser más interesante de lo que imaginé en un principio.

La temperatura aumentaba conforme avanzaban dentro del monte, pero enfriar la piedra sólo produciría que el agua se evaporara a una velocidad alarmante, creando nubes de vapor que únicamente nublarían el campo visual, pudiendo llevarles a un accidente inoportuno.

Lo siguiente que aquel chico supo era que tenía una botella de agua en sus manos, totalmente sin abrir.

—No sería buena idea que te desmayaras a medio camino, ¿verdad? Creo que eso será suficiente para ti y tu Pikachu –el Raichu de Shade bebía alegremente de la botella de agua que le había dado su entrenadora.

—Y yo que creía que sólo habías ido a comprar cosas de chicas en esa tienda.

—Sí, las cosas de chicas incluyen botellas de agua, un poco de comida y ultraballs –alegó con enorme burla. Red por su lado había compartido su refrescante bebida con su fiel amigo.

—A este punto ya debes de tener una idea de cómo atrapar a Moltres, ¿no?

—Posiblemente ande ofuscado por el barullo que se ha vivido aquí, así que entrara en batalla aún sin provocarlo siquiera como medida de protección. Hay dos opciones, enfrentarle y debilitarle, que es lo que cualquiera haría, claro, sino contemplara que un enfrentamiento demasiado fuerte aquí ocasionaría un derrumbe que nos mataría a todos…Y el otro que es el método pacífico, que incluye dormirlo y luego lanzar una ultraball, rogando de que no se escape. No sé tú, pero creo que no me siento lista para cruzar al otro lado.

—Entonces más te vale no ocasionar una pelea y calmarlo pacíficamente.

—Por supuesto, lo haré tranquilamente. Traje al pokémon indicado para mandar a dormir a Moltres y a todos los que estén aquí.

—No me digas que tú has traído a un…

—Jigglypuff…Estás en todo lo correcto Red.

—Si tu Jigglypuff canta, nos dormirá a todos.

—Traje algo para ello. Y son unos aislantes de sonido, que son capaces de bloquear el canto de este rosáceo amigo. Todo lo he planeado con anticipación.

Pero aquello no podía ser previsto por los planes porque estaba a merced aparentemente de fuerzas externas, de acontecimientos que no los relacionaban directamente con ellos.

La tierra vibró por completo, haciendo que las paredes se cuartearan y el piso cediera por segmentos. Aquello era provocado desde abajo, desde lo profundo del mar y ascendía peligrosamente hacia Monte Ascuas.

—Que suceda algo como esto no es normal. Algo debe estar ocurriendo allá abajo, pero no tenemos tiempo para averiguarlo. Bien podría tratarse de ellos intentando llegar a Moltres desde otro ángulo.

—¡Tenemos que movernos o las piedras terminarán enterrándonos vivos! –exclamó, empezando a correr al lado de aquella chica, evadiendo las avalanchas y cambiando su dirección a causa de los bloqueos que se presentaban por ese terremoto que todavía continuaba manifestándose.

Pronto ocurrió lo que no deseaban, el piso que les sostenía se vino abajo, viéndose a sí mismos cayendo hacia un aparente abismo de oscuridad. El desenlace iba a ser desagradable si no hacían nada. Para la suerte de ambos aquel Dragonite les resguardaba sobre su lomo y se movilizaban hacia adelante, el único camino que tenían para avanzar ya que de donde habían caído estaba bloqueado y detrás de ellos sólo se posaba una pared.

—Esto estaba fuera de mis planes totalmente. Un terremoto de tal magnitud no es algo que esperas todos los días –Shade trataba de ver en aquella oscuridad sin demasiado éxito.

—Necesitamos algo de luz.

—Sé que es necesaria, pero Dragonite tiene mejor vista que nosotros y buscará un modo de sacarnos de aquí; Raichu y Pikachu se encargarán de los pokémon salvajes que quieran meterse con nosotros, aunque dudo que salgan muchos si consideramos que esta planta parecía estar inaccesible hasta ahora.

—De cualquier modo…¿cómo es que terminé yo conduciendo a tu Dragonite? –cuestionó, miránole de reojo. Ella estaba sentada detrás de él con ese par de pokémon eléctricos aferrados a su persona.

—Es una buena pregunta, pero que está fuera de lugar Red. Pero si quieres puedes sacar a tu Charizard y volar en él, yo no te detengo.

—Olvídalo, sólo será perdida de energía. Y además, este tramo está lo suficientemente angosto para apenas permitir que tu Dragonite se mueva apuradamente.

—Sigo pensando por qué tu obsesión con esa gorra.

—Es un símbolo…-respondió.

—¿Cómo tu marca distintiva?

—En términos simples así es.

—Los chicos son complejos –sin importar cuánto meditara aquella respuesta, no le hallaba sentido alguno-. Pero sólo tienes que vencerme para tenerla de vuelta.

—Después de que salgamos de aquí, tendremos nuestro encuentro y me la devolverás.

—Si es que ganas, claro está, sino, me la quedaré –dictaminó tranquilamente.

—Dudo que logres derrotarme.

—¿Te dolerá perder contra una chica?¿O es el concepto de perder el que te perturba, Red?

—En cualquier otro caso, sería el hecho de perder…Tratándose de ti, se aplica los dos…

—Oh, eso motiva a que menos quiera perder… Si un pokémon de fuego como Ninetales es capaz de aprender psíquico, una chica como yo es capaz de vencer al gran Red…-sentenciaba con una seriedad que hasta a Red le dio cierto desconcierto.

Parece bastante centrada en la idea de derrotarme…Aunque anteriormente ya han venido a retarme, así que no tengo por qué ponerle demasiada atención.

—Nos podríamos estar acercando a una salida…-no sólo habló porque sí, claramente se vislumbraba una tenue luz al final del túnel. Misma que se tornaba mucho más grande conforme avanzaban.

Y de alguna manera era una salida, una que los libraba de aquel pasadizo lleno de oscuridad. Aunque cuando apreciaron el nuevo sitio al que habían logrado llegar, se dieron cuenta de que estaban nuevamente con el deseo de hallar un modo de escapar de allí.

—Un corredor hacia un punto sin salida –exponía Red, mirando a su alrededor. El suelo estaba plagado de una abrumadora cantidad de estalagmitas por lo que casi era imposible avanzar sobre dicha superficie.

—Un sitio así sólo serviría de resguardo, claro, considerándose que el acceso nunca fuera hallado. Pero es una maldición si éste es encontrado, porque lo que fuera que aquí esté, no podría huir.

—Así como nosotros ahora.

—Impactar hacia arriba ocasionará derrumbes…Hacia abajo una inundación…Y hacia el frente sería nuestra única apuesta, pero tampoco es segura.

—Ya que el terremoto de hace unos minutos ha dejado todo inestable y la piedra podría no soportar el embiste y colapsar, creo que debemos descartar tu plan –suspiró Red- Vaya lío en el que se había ido a meter por querer recuperar su gorra y no ser paciente.

—Es una apuesta peligrosa, pero creo que no tenemos más elección. Si tienes otra idea, te escucho atenta.

—Aquí ya hay suficiente espacio para que Charizard pueda volar libremente.

Y aquel par de fornidos pokémon estaban listos para lanzar un fuerte ataque de furia dragón contra aquella pared, no obstante, una tercera voz interrumpió el plan.

—Es mejor que no hagan eso, ya que la altura a la que se encuentra esa pared retiene la fuerte presión del agua marina circundante –dijo una voz que no lograban ubicar por ninguna parte.

—¿Y esa voz de dónde ha salido? –cuestionaba Shade.

—Por acá, acá estoy –habló nuevamente aquella voz, quedando visible el asombro de ese par de chicos al ver que quien les decía tales palabras era un Slowking que emergía de entre las gruesas estalagmitas; por lo visto se escondía en esa zona.

—Un…Slowking…Jamás me había tocado escuchar a uno hablar, bueno, es la primera vez que veo uno –ella descendió de su Dragonite, encaminándose hacia aquel pokémon con cautela.

—Todo este sitio se hubiera llenado de agua en un santiamén si hubieran proseguido con su ataque –continuó Slowking.

—No considerábamos que estuviéramos tan abajo del Monte Ascuas –espetaba Red con sinceridad.

—Pero gracias por la advertencia. Aunque ahora tenemos que buscar otro modo de salir.

—Existen maneras de salir al exterior, sólo que están cubiertas y no pueden ser vistas a simple vista –mencionaba el pokémon-. Y su llegada aquí es algo que ha alertado a los pokémon que aquí viven.

—Yo puedo explicar eso –añadía con cierta pena Shade-. Vine aquí para sacar a Moltres de este lugar, para evitar que esos hombres que han estado accediendo a este sitio, lo capturen y lo obliguen a obedecerles.

—Todos los pokémon de este sitio ya desconfían de los humanos por las acciones que han venido haciendo durante estos meses al tratar de llevarse a la única cría sobreviviente del Moltres que aquí habitaba.

—¿La última cría? Hasta donde yo sabía, sólo había una…-un semblante de sorpresa se instaló en el rostro de Shade.

—El otro huevo no eclosionó y la última cría se mantiene oculta en las entrañas del Monte.

—Esas no son buenas noticias…-expresó con mal sabor de boca la chica-. Entonces debo de hallar esa salida antes de que esos sujetos vuelvan a venir…

—¿Realmente puedo confiar en sus palabras, humanos? –cuestionó a aquel chico de ojos carmesí.

—No sé tú, pero yo considero que las palabras que ella dice son ciertas. Casi puedo imaginar que mandará a atacar a esos tipos con sus pokémon de ser necesario por evitar que se lleven a ese pequeño. Creo que tiene un ferviente aprecio por los pokémon como cualquier entrenador que se respete –no es como si él gustara de alagar a cualquiera, pero podía decir con plena seguridad que esa atolondrada chica era capaz de eso y más por salvaguardar la seguridad de los pokémon. Incluso su mirada mostraba cierta calidez ante ello.

—Creeré en ustedes. Así que antes de mostrarles el camino les enseñaré esto.

El pokémon de agua caminó unos cuantos pasos hacia su derecha, llegando en poco tiempo a ese montículo de piedras redondeadas. Alzó una de las piedras que yacía totalmente hueca y bajo ésta había un tesoro invaluable, aquel pequeño huevo amarillo con pequeñas llamas carmes. Uno que pronto se posó entre las patas de ese Slowking.

—Un huevo de Moltres…-Red se encargó de tomar aquel huevo entre sus manos de manera cuidadosa.

—Las aves legendarias pese a su inmortalidad, son frágiles y víctimas de los cambios que el ser humano hace –comentaba con enorme pesar aquel Slowking.

—Anteriormente se creía que las aves legendarias existían sólo en número de uno, después se apreció que no era del todo cierto. Existen en un número limitado, mismo que se ha mantenido así desde tiempos inmemorables. Razón por la que podemos encontrar más de un ejemplar.

—Fue el ser humano el que le dio esa denominación a estas criaturas, por su rareza, poderío e inmortalidad –comentó el pokémon.

—En términos simples, se puede decir que son mucho más longevos que el resto de los pokémon y muy posiblemente eso los dotó de poderes sorprendentes y únicos, porque ningún otro ser, ni siquiera los que son de su misma naturaleza, han vivido tanto en este mundo –Shade abrió su mochila para colocar al pequeño dentro.

—Tienes una mente un poco extraña, pero con ideas bastante consistentes –Slowking se limitóa observar a ambos chicos-. Encárguense de llevar a ese pequeño a un sitio seguro, donde pueda crecer y ser fuerte. De ese modo un día podrá volver aquí e imperar en este monte de fuego.

—Buscaremos un buen sitio para este pequeño –cerró su mochila, dispuesta a emprender la marcha en cualquier momento-. Creo que ahora falta la pequeña parte…que inmiscuye cómo salir de aquí.

—Bueno, eso es simple, aunque les resultará un poco ajustado e incómodo.

—¿Por qué lo dices? –preguntó Red.

—A unos metros de la entrada que les trajo hasta acá, hay un túnel horizontal, que conecta un área del Monte Ascuas hasta acá. Sólo que es angosto y sólo pokémon de tamaño mediano pueden ascender y descender por ahí, de modo que…

—No podremos usar a ninguno de nuestros pokémon voladores –sentenció Shade, suspirando.

—Por lo que tendremos que subir por nuestros propios medios…