C/n: Hice una revisión general de la historia, corregí errores de dedo y gramaticales; además los capítulos que había quedado un poquito simplones ya tienen más, no sé, algo -además de más palabras. Ya tengo a la mitad el siguiente capítulo y creo que las esperas no van a hacer tan largas de ahora en adelante. Muchas gracias por seguir leyendo esta historia... por cierto, el siguiente capítulo me tiene emocionada.

Chapter summary: Para Mikasa demostrarle a Levi que está equivocado con ella es un tema de orgullo y cuando se le presenta la oportunidad hará todo lo que está en sus manos. Pero quizá la opinión de Levi es mucho más importante para ella de lo que se atreve a aceptar.

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En pie de guerra


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El despertador sonó una, dos, tres veces antes que su mano dejara de seleccionar snooze como si esa opción fuera a darle las dos horas extra de sueño que necesitaba. Mikasa se incorporó despacio, sintiendo cada músculo quejarse y preguntándose si su cerebro se había quedado sin serotonina; se sentía más cansada que cuando se fue a dormir y abrir los ojos fue un suplicio.

Se estiró una última vez y tomó su bolsa del gimnasio, revisando que no le faltara nada importante. Dos días atrás tuvo que comprar un desodorante porque olvidó el suyo; terminó eligiendo el más barato –total, era solo por ese día. Día que se convirtió en el más largo del que tuviera memoria. Tuvo que salir de la oficina varias veces, buscar archivos y quedarse hasta tarde; la temperatura era cálida y en cuanto comenzó a sudar, su estrés rompió records. A las tres de la tarde lo único que quería era irse a su casa. El perfume de Sasha fue lo más cercano a una solución, hasta que Armin –su brillante caballero– salió al rescate.

La reacción inicial de Mikasa fue pánico absoluto y Armin tuvo que esforzarse para convencerla de que no apestaba. Armin necesitaba muy poco para saber cuándo las cosas no marchaban bien, era como si tuviera poderes telepáticos. Después de eso, Mikasa pasó quince minutos en el baño hasta estar segura de haberse refrescado y regresó a su escritorio con un leve aroma masculino. Se sintió más tranquila hasta que Mike se apareció buscando a Levi. Mike, o más bien la nariz de Mike se fijó en ella, le dedicó una mirada llena de curiosidad y preguntó si Armin había pasado por ahí y a Mikasa le pareció que quedó en el aire el comentario sobre cómo ella olía al rubio joven. También le pareció que todas las miradas se fijaron ella, en particular la de su jefe.

Levi daba instrucciones para una reunión con los Reeves y había tomado el portaplumas Dead Fred, que Mikasa tenía junto a su computadora; un regalo de Ymir para aliviar el estrés y que Mikasa usaba pensando en su jefe. Desde que lo puso en su escritorio la mirada de Levi se clavó en el poco ortodoxo artículo y en más de una ocasión después de hablar con él, la vio apuñalar al muñeco con la pluma. Mikasa sabía que Levi sabía que usaba al portaplumas como proxy para descargar la ira que él le producía. Cuando Mike preguntó por Armin, su jefe regresó el muñeco a su lugar, la vio de reojo y entró a la oficina cerrando la puerta detrás de ellos. Durante el resto de la tarde, Mikasa no pudo evitar sentirse incómoda; lo que empeoraba cada vez que Levi la llamaba a su oficina o se detenía a su lado.

El simple recuerdo le produjo escalofríos.

Al salir de su habitación se encontró con Eren que preparaba el desayuno. Desde que Mikasa regresó a las clases del gimnasio a primera hora de la mañana, él se levantaba temprano para estar seguro que comiera. Durante el rato en que se hacían compañía, evitaban los temas que resultaban peligrosos o que terminaban en confrontaciones. Ese día la conversación derivó en temas propios del departamento, cosas por arreglar, pagos por hacer; manteniéndose lejos del hielo delgado. Eren aun tenía un par de horas libres en las que pudo quedarse descansando, pero desayunaba con ella; Mikasa sabía que después iba a preparar la comida de los tres y que Armin iba a aparecer por su escritorio para obligarla a comer.

Esa mañana Eren estaba de muy buen humor y le contó el caso de una mujer que confesó el asesinato de su esposo. La historia, que en otras circunstancias pudo ser tétrica, era hilarante. La mujer no solo no estaba arrepentida, sino que describió una serie de hechos que podrían haber salido la trama de las novelas de Henry Wilt; para rematar, la mujer trabajaba en una escuela politécnica y el jefe de Eren, que se apellidaba Flint, se había comido ese día un pastel de carne. Por si fuera poco, resultó que el esposo no estaba muerto y ella no se dio cuenta que solo se había quedado dormido. Cuando llego a esa parte tenía lágrimas en los ojos y le dijo que nadie en la oficina había entendido porque le resultaba tan gracioso. Eren contaba la historia de manera que ella misma no dejaba de reír.

Verlo animado era un cambio agradable y antes de salir, le dio un beso en la frente. Por poco que durara la tregua entre ambos, era un enorme peso menos sobre sus hombros.

El sol no hacía mucho había salido al llegar al gimnasio. A pesar de la hora se escuchaba la animada voz de Historia. Mikasa se acercó a la pista en la que desde una esquina veía a la encantadora joven terminar su clase de bodyjam. Historia era la instructora más popular del gimnasio y sus clases de baile aeróbico era las que más demanda tenían. La pequeña y burbujeante rubia parecía salida de una revista de moda, con la larga cabellera suelta y una coqueta trenza que mantenía el rostro despejado. Mikasa solía tomar la clase de Historia como calentamiento, sobre todo cuando Sasha lo hacía; otras veces, prefería la tranquilidad de la caminadora.

Un ruido, que parecía el gruñido de un zombi detrás de ella, la hizo volver la mirada. Frente a ella estaba Sasha, cuyo rostro también asemejaba a un muerto viviente. Todos solían molestarla por mantener la membrecía del gimnasio sin asistir; Sasha odiaba ir tan temprano por la mañana, pero el único horario que le permitían sus clases y trabajo. Por eso cada día era una lucha con las sábanas. Esa mañana Sasha había ganado la batalla y se acercó a Mikasa con una expresión que gritaba a los cuatro vientos que tenía sueño.

"No esperaba verte hoy." Fue el saludo de Mikasa.

Sasha bostezó como respuesta y puso cara de infinito pesar antes de hablar. "Hoy empieza mi nueva vida y como no pienso hacer dieta, tengo que venir todos los días al gimnasio."

"¿Nueva vida?"

"Nueva vida." La energía con la asentía contrastaba con la expresión de minutos atrás.

"Solo vas a trabajar con el profesor Smith."

Su comentario causó en Sasha la dramática reacción que esperaba. "¡Solo! ¡Solo! ¿Te imaginas tenerlo cerca todos los días?"

Mikasa estaba acostumbrada a las muestras de efusiva infatuación de su amiga por el apuesto profesor, así que solo se río. La mitad de su generación babeaba por Erwin Smith y Sasha era algo así como la presidente del club de fans. La tarde anterior, cuando Hanji le dijo que iban a transferirla como asistente de Erwin, casi se desmayó de la felicidad y cual extasiado torbellino fue en busca de Mikasa para compartir las buenas noticias. Auruo estaba con ella y preguntó si Sasha era la nueva Nifa, lo que le ganó una de las gélidas miradas de Levi. Antes que alguna de ellas pudiera preguntar qué quería decir, la voz de su jefe resonó con calma y autoridad, recordándole a Mikasa que si no tenía nada qué hacer, había documentos por fotocopiar. Le bastó con levantar una ceja en dirección a Sasha, para que se fuera de inmediato, medio asustada.

"Debería comprarme ropa, ¿no crees?" Estaba distraída recordando y la pregunta de Sasha la tomó por sorpresa. Como era más una afirmación que una pregunta, no esperó respuesta y siguió hablando. "Quiero algo nuevo; como el vestido que traía ayer Historia…" Al decirlo sus ojos se movieron en busca de la rubia. "¿Cómo hace para verse siempre perfecta? ¿Has visto las camisetas de "Así me levanto, diagonal, no hay manera que te levantes así"?"

"Son perfectas para Ymir e Historia, totalmente de acuerdo."

Las dos veían a Historia en su faceta de instructora deportiva, saltando y poniendo especial atención a los alumnos que tenían dificultad con la rutina.

"Ymir es muy afortunada."

Mikasa se tomó un instante, como si reflexionara en lo que Sasha acababa de decir, antes de agregar, "Yo creo que la afortunada es Historia."

Sasha le dio un leve golpe en el hombro e hizo una mueca mientras le decía, "Tú y tu crush lésbico con Ymir."

"Es verdad. Además, Ymir es mejor novio que cualquiera que yo haya tenido."

"Has tenido dos novios Mikasa y uno de ellos era un encanto."

"Okay, mejor novio que cualquiera de todos los que tú has tenido."

"No han sido tan…" Mikasa con los brazos cruzados la veía de frente y levantó una ceja. "Eso me dolió ex mejor amiga."

El cansancio con el que había despertado se estaba evaporado. El desayuno con Eren, la charla con Sasha y la clase que iba a dar eran el remedio que necesitaba para el mal humor. Armin le repetía que lo que necesitaba era un armisticio con Levi porque su mal genio hacía que todo a su alrededor fuera más difícil de sobrellevar.

Armin, como siempre, tenía razón.

Tenía que dejar las hostilidades con su jefe.

¿Pero cómo?

Levi tampoco hacía fácil la relación entre ambos. Al menos, Mikasa reconocía que él era menos antipático con ella, comparado con la forma en la que la trataba al principio. Pero eso no lo dejaba libre de culpas, él también ponía mucho de su parte en la fricción que los rodeaba. Con todo, no terminaba de entender las razones detrás de su enojo hacia su jefe. Ya no lo culpaba por lo de Eren –no tanto como al principio, al menos–, aunque seguía reprochando las acciones de Smith&Zoe. Pero si fuera eso, su enojo abarcaría al profesor Smith o a Hanji y no era el caso. Hanji y ella interactuaban poco, pero siempre en buenos términos; a Mikasa la ofuscaba la excesiva energía de Hanji, pero le resultaba simpática. En el caso del profesor Smith, sentía una profunda admiración por él y aunque reconocía que era un hombre atractivo, no era parte de su club de fans.

Levi era otra historia. Él la ponía de malas, agotaba su paciencia, la retaba y siempre actuaba como si hablar con ella fuera una pérdida de tiempo. La relación de ambos inició de la peor manera posible y ella era la responsable –no iba a negarlo–, así que suponía que los problemas entre ambos eran estrictamente laborales, que empeoraban por la manera en la que la trataba. No estaba acostumbrada a que nadie la viera de reojo y Levi se había vuelto un experto; además, el tonito condescendiente con que le hablaba la ponía furiosa. En esos cuatro meses nada había funcionado como había previsto y su ego era el más afectado. Lo peor era que no quería admitir que parte del problema era que él no reconocía su capacidad y que él la trataba como si ella fuera incapaz o tonta, o peor.

Quizá escuchar a Armin no fuera una mala idea. Si ponía un poquito de su parte y se enfocaba en lo mucho que aprendía trabajando con su jefe, en una de esas su relación podía mejorar. Cuando Levi, no la amenazaba con la fotocopiadora o evitaba los comentarios condescendientes, su compañía era casi tolerable. La semana anterior, por ejemplo, se quedaron hasta tarde trabajando y en un momento en que le llevó un café, él le dijo que se sentara y charlaron durante unos minutos. A Mikasa, la tomó por sorpresa, pero estaba demasiado cansada para pensar en las razones de Levi y asumió que también él estaba cansado. No fue una charla larga y se limitó a sus clases, pero era el único momento en que habían hablado desde que se conocieron. Fue extraño pero no desagradable; aunque seguramente era consecuencia de la sobredosis de café.

Levi, también, solía hacer comentarios sobre los ensayos y trabajos que ella entregaba en la universidad; recordándole que sus asistentes tenían que tener las mejores calificaciones. Desde que supo que ella revisaba trabajos de sus compañeros se tomó la atribución de tomar las carpetas en su escritorio, sin autorización de la joven, y dejarle post-its con comentarios. Al principio ella se ponía furiosa y guardaba en un cajón las carpetas, lo que no impidió que su jefe volviera a hacerlo; ya no le daba vueltas al tema, asumía que para él era otra forma de ponerla de mal humor. Él disfrutaba su enojo y ella evitaba a toda costa reaccionar frente a él. Después de todo, Levi…

La realización de lo que estaba haciendo la dejó helada.

El gimnasio era su espacio personal y el tiempo que le dedicaba era sagrado. Aunque trabajara ahí, el ejercicio la relajaba y era la manera en la que descargaba el estrés. Ese era su tiempo y su espacio, al que muy pocos tenían acceso; aun así, tenía un largo rato pensando en Levi. Si su jefe hubiera profanado un templo, a ella no la habría afectado más. ¿Qué hacía ella pensando en su jefe? ¿Por qué tenía que recordarlo justo en ese momento? ¿Por qué tenía que justificar sus acciones? Él no había hecho nada más que ser un dolor de cabeza para ella y se merecía su desprecio y más. Una ola de enojo la envolvió y cerró los ojos, dedicándole floridos términos en sus pensamientos.

Su rostro debió delatar algo de su estupefacción, porque Sasha dejó de hablar y la miraba curiosa.

¿Por qué estaba pensando en Levi?

La madura reflexión que había hecho salió volando por la ventana en cuanto cayó en cuenta del rumbo de sus pensamientos y en ese instante Levi volvió a ser el malo del cuento. Pasaba tanto tiempo en la firma y en compañía de su insufrible y explotador jefe, que era como si hubiera desarrollado síndrome de Estocolmo o algo peor. Estaba harta de la montaña rusa en la que se habían convertido sus emociones en esos meses; en un momento estaba contenta, luego molesta, contenta otra vez y así hasta el cansancio.

Lo peor era que enojarse con Levi y sentir que perdía el control solo la enojaba más, esta vez con ella misma.

"¿Mikasa? ¿Estás bien?"

Desde que sus problemas se incrementaron, Sasha se lo preguntaba con frecuencia; aunque no sabía qué era lo que les había ocurrido, era evidente que algo no marchaba bien. Sino no era Armin, ella era la que le preguntaba si había descansado o comido y le ayudaba cada vez que podía. La joven volvió a preguntarle y Mikasa asintió despacio como única respuesta. A Sasha la respuesta no la convenció pero ya no dijo nada, además, el rostro de Mikasa volvió a la pasiva inexpresividad que la caracterizaba. La joven tenía la habilidad de recomponerse en segundos.

La clase Historia terminó poco después y se reunió con sus amigas. Ninguna de las dos comprendía cómo, después de saltar, cantar, animar y gritar, se veía fresca e impecable. En el tiempo que quedaba antes de la clase de Mikasa, la conversación derivó en la búsqueda de departamento que Ymir e Historia estaban haciendo.

Mikasa mezclaba las clases de defensa personal con clases de piloxing, todas muy temprano en la mañana, cuatro veces por semana. Impartía la clase de defensa personal para un grupo pequeño que avanzaba por niveles. Ese día tenía como invitado a Reiner, quien con su musculatura era el modelo perfecto de perpetrador para que sus alumnos practicaran. Sasha tomó venganza de las bromas que le hacía el corpulento instructor y siguiendo las indicaciones de Mikasa, lo lanzó al suelo con facilidad. Estaba tan contenta que lo repitió un par de veces, hasta que fue el turno de Historia; claro que en su caso no tenía que esforzarse mucho, Reiner siempre estaba medio atontado en su compañía.

En los vestidores, Mikasa intentaba que sus accesorios le dieran un aire diferente a su ropa. La hacía infeliz tener que pensar en qué ponerse para ir a trabajar; si por ella fuera, iría en ropa deportiva. Aunque le gustaba la ropa formal, siempre había preferido un look más casual; claro que el verdadero problema era que no tenía un armario ilimitado y esa era la millonésima ocasión que se ponía ese atuendo. Vestía un sencillo pantalón gris claro de pierna recta, ligeramente tallado y una blusa blanca ligera sin botones. Le encantaba la forma en la que la blusa se ajustaba a su cuerpo, pero algo no terminaba de gustarle y se preguntaba si un cuerpo menos tonificado ayudaría. Últimamente se fijaba mucho en su apariencia y ponía más empeño que de costumbre para verse bien.

Se había quedado frente al espejo. Acomodó su cabello detrás de su oreja, lo ató en una cola de caballo, lo soltó y lo reacomodó de la manera usual. Sasha la observaba. En cuanto Mikasa notó lo ojos de su amiga en ella, se apartó del espejo y se distrajo guardando sus cosas. No vio a Sasha quitarse el cinturón rojo que llevaba puesto y fue hasta que sintió que lo acomodaba en su propia cintura que reaccionó. Historia, que había visto lo que hacía Sasha, se sumó a la labor. Ninguna de las dos dejó hablar a Mikasa.

No hicieron nada drástico. Sasha le quitó todos los accesorios, salvo por el cinturón rojo y el reloj. Mientras que Historia estilizó con sutileza su cabello, acentuó un poco más el delineado de sus ojos y agregó una pisca de bronceador a sus mejillas. El proceso tardó menos de diez minutos. Había que poner mucha atención a los detalles para saber qué la hacía ver diferente y ambas aplaudieron el resultado. No era la primera vez que hacían algo similar, aunque solía ser cuando se quedaban a pasar la noche en casa de alguna. Cuando Mikasa se vio al espejo tampoco notó un gran cambio, pero le gustó el resultado.

"Te ves muy bonita." Le dijo Historia y acompañó sus palabras con la encantadora sonrisa que dedicaba a sus amigas más cercanas. "Tú siempre te ves bonita, solo que a veces se te olvida."

El rubor en las mejillas de Mikasa duró mucho más de lo que hubiera esperado. Tenía muchas razones para estar de buen humor; no por el maquillaje sino por ellas, por Eren y la tregua, y por Armin que le envió una fotografía de una catarina posada en su mano. Cuando llegó a la oficina se sentía segura, ese era su día y nada iba a afectarla.

Bert le dijo que Levi iba a llegar tarde y eso le confirmó que sería un buen día. Eso hasta que supo que el motivo por el que no llegaba era un problema con la fusión. La situación puso a la firma en revuelo y el equipo de Levi tenía mil cosas por hacer. Desde el momento en el que Erd entró por la puerta, Mikasa no paró. Cuando Levi llegó, ella estaba preparando café; por fortuna la oficina completa hacía eco de la llegada de su jefe y le llevó uno, suponiendo que lo preferiría al té. Lo primero que notó Mikasa fue que su siempre impecable jefe llevaba puesta la misma ropa del día anterior; lo siguiente, que Hanji parecía un torbellino revisando unos papeles, sentada en el piso de la oficina. Levi estaba absorto en la computadora y no hizo ningún comentario sarcástico al verla llegar. Así fue como su asistente supo que la situación era grave.

Como no pudo acercarse de frente, se aproximó a Levi rodeando el escritorio para dejar el café a su lado. En cuanto se inclinó para dejar la taza, él fijó en ella la vista y se puso tenso.

"¿Me dejas trabajar?" Levi había levantado las manos del teclado y su voz parecía un gruñido.

A Mikasa la reacción de su jefe la tomó por sorpresa y se quedó inmóvil, sin alejarse y con el rostro tan cerca del de Levi que podía ver directamente la intensa mirada del abogado. En cualquier otro momento se habría enojado, pero algo en los ojos y la expresión cansada de Levi se lo impidieron.

"Solo dejé una taza de café." Mikasa habló en voz baja, sin dejar de verlo a los ojos.

"¿Te vas a quedar ahí parada? ¿No tienes trabajo que hacer?"

El enojo llegó en seguida y sus ojos lanzaron llamas. No era la primera vez que Mikasa deseaba con toda su alma que Levi pudiera leer la mente y supiera todo lo que ella pensaba de él y que todas las maldiciones que inundaban sus pensamientos no se quedaran ahí; aunque en ese momento él comprendió con claridad que ella lo acababa de mandar al demonio. Se alejó con tanta rapidez y fuerza que su cabello se movió dando un toque dramático a su salida. A pesar del deseo que la embargaba, no azotó la puerta al salir.

El ajetreo del lugar no la dejó escuchar la conversación entre Hanji y Levi, a pesar que la voz de la primera no conocía modulación.

"Entooooonces… ¿te pone mal tu asistente o te pone mal tu asistente?" Hanji presenció la escena desde la ubicación privilegiada en la que se encontraba y sus ojos iban de Levi a Mikasa y de Mikasa a Levi.

"No tengo tiempo para tus pendejadas cuatro-ojos."

"Y con lo linda que se ve hoy, no me extraña que te pusiera nervioso."

"Hanji, es en serio." Levi mantenía la vista en la computadora y no dejaba de escribir. Su voz tenía una inflexión que le habría puesto la piel de gallina a cualquiera, pero su adversario daba poca o nula importancia a la amenaza que flotaba en el aire.

"¡Y esos ojos! ¡Vientos huracanados, estimado Koji! Te lanzó un ataque de rayos fotónicos."

"La edad te delata." A pesar de la poca paciencia que le tenía, la referencia a un anime de los años setenta fue demasiado incluso para él.

Esta vez fue Hanji quien puso los ojos en blanco ante un comentario que dejaba en claro que su amigo la criticaba porque entendió lo que le dijo.

"Ni Elsa habría sido más fría contigo que ese bombón que se sienta ahí afuera." La expresión traviesa de Hanji le dejó en claro que podía seguir el día entero usando animaciones para dejar claro su punto.

"Si no piensas poner tu trasero a trabajar, te puedes ir a tu oficina." Levi hizo una pausa y después de estirar su cuello, llamó a su asistente. "¡Mikasa!"

La llegada de la asistente dio por finalizada la conversación. Mikasa se quedó en la puerta de la oficina con una frialdad que hacía que la temperatura bajara y mucho. Levi no le dijo nada antes de lanzarle su llavero; la agilidad con la que ella atrapó las llaves hizo que su jefe levantara una ceja y que Hanji sonriera. Mikasa temió que fueran las llaves del automóvil y lo que eso significaba, pero la figura metálica con forma de alas en su mano no era la de la pesadilla roja que aun la atormentaba y cuyo odio –estaba convencida– era mutuo. El silencio que siguió fue exasperante y Mikasa tuvo que ceder para preguntarle qué quería; lo que supuso que él esperaba. La arrogante sonrisa en el rostro de Levi al escucharla, se lo confirmó.

"Necesito que me traigas una muda de ropa."

A esas alturas Mikasa no esperaba explicación alguna y salió de la oficina en busca de Bert, su ángel guardián. Debían ser las llaves de su departamento y el alto asistente se le dio la razón. Para su fortuna, Bert era un experto intérprete y le dijo que en el armario de la entrada iba a encontrar una maleta negra que Levi siempre tenía lista; también le dijo que tenía que entrar a su habitación para tomar un traje y una camisa. Historia le prestó su automóvil, un smart convertible que hacía juego perfecto con ella; automático, para dicha de Mikasa.

No era la primera vez que iba al departamento de Levi, aunque nunca había pasado del vestíbulo. Bert le repitió que no olvidara quitarse los zapatos, lo que era una advertencia innecesaria; nadie en su sano juicio se expondría voluntariamente a la ira de Levi Ackerman. Era un dúplex amplio, moderno y lleno de luz; sobraba decir que estaba pulcro y ordenado. Entrar en ese lugar le resultó extraño y no pudo evitar curiosear. En la sala había una fotografía suya con sus hermanos. Mikasa los había visto por la oficina, pero nunca había hablado con ellos en persona; siempre le pareció que su jefe lo evitaba. Era ridícula la manera en la que él actuaba a veces, como si ella no existiera. Sus ojos se detuvieron en la sonrisa de su jefe. La expresión era diferente a cualquiera que ella hubiera visto en él; Levi se veía tranquilo y feliz. No supo qué pensar, creía que él solo tenía sonrisas burlonas, como la de hacía un rato. Quizá fuera que solo tenía sonrisas burlonas y arrogantes para ella.

Dejó el retrato donde lo encontró y se fijó en los estantes de libros que cubrían dos paredes completas del lugar. Sus ojos recorrían los volúmenes legales y se detenían en los más extraños o aquellos que había visto solo en la biblioteca de la universidad. También había literatura y le sorprendió ver algunos títulos; muchos le resultaban desconocidos y otros estaban en francés. Armin sabría de qué se trataban y sin duda se habría vuelto loco de la felicidad con la impresionante colección. Un libro llamó su atención, una edición ilustrada de la historia detrás de famosos cuentos; no pudo evitar abrirlo y se maravilló con las ilustraciones de Gabriel Pacheco. Se habría quedado leyéndolo, pero un mensaje de Bert le recordó que no tenía tiempo para perder.

La imagen que tenía de Levi, aunque sesgada, era muy diferente.

No tenía sentido pensar en eso y siguió con su tarea. Al entrar en la habitación se sintió fuera de lugar, casi como si invadiera el espacio personal de su jefe; no se desvió de la búsqueda de la ropa y evitó que sus ojos deambularan por el lugar. No estaba segura de cuál traje tomar y no quería molestar a Bert. Recordó un traje gris plomo que por suerte no fue difícil de localizar y tomó una corbata que le recordaba el índigo de sus ojos. Esperaba que su elección no fuera a hacer que la despidiera.

Cuando regresó a la firma, Erwin estaba hablando con Levi y le pareció que su jefe se quedó viéndola antes de decir algo; el profesor Smith también lo hizo, pero fue algo breve y de reojo. Poco después salieron de ahí rumbo a la oficina de Erwin. Había algo misterioso en el rostro de ambos y Mikasa tuvo la sensación que algo pasaba; un algo diferente a lo que alborotaba la oficina. Era como estuvieran hablando de algo que le incumbía. No era la primera vez que tenía esa sensación, tampoco era la primera vez que presenciaba una reunión de ese tipo entre ellos. En más de una ocasión desestimó esos pensamientos, sintiéndose infantil por asumir que hablaban de ella; pero no era eso lo que le parecía, no creía que hablaran de ella. Era más bien como si algo de lo que decían la involucraba y no le gustaba la sensación que le producía en el estómago.

Después de la hora de la comida, Levi discutía con su equipo sobre lo ocurrido y cómo podía afectarlos. Mikasa los escuchaba y desde su escritorio intentaba pensar en algo. Cuando Levi la llamó, volvió a sorprenderla. Una tercera compañía clamaba tener intereses que evitaban la fusión. Levi repartía tareas y al quedarse con más trabajo que equipo, llamó a Mikasa y le pidió que buscara antecedentes para prevenir el bloqueo de la fusión.

Siendo Levi, Levi, no la dejó disfrutar el momento. Antes que Mikasa dijera algo, lo escuchó decirle, "A menos que no te sientas capaz de hacerlo. En todo caso sabes dónde está la fotocopiadora."

Los dioses estaban poniendo a prueba su paciencia con ese hombre.

Si al menos tuviera dinero para la fianza hacía mucho le habría hecho un favor a la humanidad. Prefirió quedarse callada –y no engrosar las filas de desempleados de la ciudad.

Pronto se dio cuenta de lo difícil de su misión; toda la información que buscaba iba a parar a callejones sin salida. Antes de marcharse, su jefe se detuvo junto a la mesa en la que ella trabajaba en la biblioteca; Mikasa estaba rodeada de expedientes y estaba tan enfocada en lo que leía que no se dio cuenta de su presencia hasta que escuchó una voz a la altura de su oído.

"Yo buscaría las revocaciones cuando los intereses de los terceros son previos."

Al seguir con el rostro el origen de la voz se encontró con los ojos de su jefe y no pudo evitar mover la cabeza hacia atrás, sintiendo la necesidad de incrementar el espacio entre ellos. Levi tenía el brazo apoyado en la silla en la que ella estaba e ignorándola, tomó el libro que tenía en las manos. Llevaba puesta la ropa que ella le había llevado y la corbata realmente realzaba sus ojos; olía a fresco y limpio y a ella le hubiera gustado negar que le gustaba su aroma, pero era muy agradable y le sentaba de la manera más exasperante.

Levi se fue de la misma manera en que la que había llegado, sin agregar nada y sin esperar que Mikasa dijera algo.

Fue una noche muy larga, pero exitosa. Al día siguiente, tenía clases por la mañana pero se desvió de su rutina para ir a la oficina. Se pasó la noche buscando información, siguiendo el consejo de Levi y estaba tan orgullosa de sí misma que no quiso esperar para mostrarle lo que encontró. Sabía que iba a estar trabajando y llevó con ella el café favorito de su jefe como ofrenda de paz.

Quizá un armisticio entre ambos fuera posible.

"Esto no me sirve." Levi dijo con monotonía después darle una ojeada a lo que Mikasa le acaba de entregar y sin tomarse la molestia de levantar la vista; dejó los papeles en una esquina de su escritorio y le dio un trago al café que Mikasa le había llevado y que ella, en ese instante, deseaba verter sobre su insufrible existencia.

"Es exactamente lo que dijiste que buscarías." Cada palabra dejó en boca de Mikasa un gusto amargo.

"¿De verdad crees que necesito que me des información que yo puedo buscar por mi cuenta? Esa información ya la tengo, pero supongo que no es mucho lo que se puede esperar de alguien a quien le importan más sus berrinches, que demostrar que toda esa inteligencia que dice que tiene es real."

"Pero…"

"Puedes retirarte." Su voz, que no reflejó algo distinto a fastidio, no admitía contrario.

Mikasa salió de la oficina cansada, perpleja y furiosa. Pasó horas leyendo y buscando los antecedentes que él ni se tomó la molestia de ver; estaba tan orgullosa de su trabajo y al final no sirvió de nada. No estaba acostumbrada a lo que estaba ocurriendo, Mikasa siempre cumplía con las expectativas. Respiró despacio y salió de la oficina. Bert, que escuchó todo, le dedicó una sonrisa de apoyo. Tenía que controlarse a cada paso, su ego había sufrido un golpe muy fuerte, pero ella era experta en salir delante de situaciones complicadas. Si Levi creía que iba a darse por vencida estaba muy equivocado.

Iba a demostrarle de una buena vez quién era Mikasa Ackerman.

Las llamadas que realizó eran parte de su preparación para la batalla. Siempre podía contar con Armin y Sasha.

"¿Armin? Voy a la universidad, ¿aun estás en casa? Necesito un favor…"

Aun llevaba en su mochila las notas que tomó la tarde anterior y en el trayecto las repasaba y anotaba nuevas ideas y todo lo que recordaba de sus clases y de lo que había leído. Tenía clase de derecho administrativo con la Dra. Rico Brzenska y era la única clase a la que pensaba asistir. La Dra. Brzenska nunca había sido fanática de Mikasa, pero poco a poco desarrollaron una relación de respeto mutuo y la suya era por mucho una de sus clases favoritas. En cuento terminó la clase, la joven se levantó de su asiento dejando a Sasha sola y fue detrás de su profesora. Había escuchado a Erd mencionar algo que en ese momento le pareció importante, pero no avanzó mucho por esa línea de investigación y para cuando Levi habló con ella, ya la había abandonado. Como fuera, algo seguía dando vueltas en su cabeza y decidió retomarla, a esas alturas no tenía muchas opciones. Levi había dado por terminada la participación de la joven en el caso, por fortuna, Mikasa no tomaba muy en serio lo que su jefe decidía sobre ella.

Con la determinación de demostrarle lo equivocado que estaba con ella, habló la Dra. Brzenska sobre su idea y aunque la mujer no le dio una respuesta definitiva –tampoco lo esperaba–, le indicó por dónde seguir buscando.

Sabía que se podía meter en líos, pero no le importaba. Pensó pedirle ayuda a Bert, pero si no lograba nada solo iba a meterlo en problemas. Bastante era que no fuera a hacer nada de lo que Levi le había pedido o que él fuera a asesinarla; confiaba, en parte, en el acuerdo que había hecho con ellos para que no la despidieran, aunque Levi no dudaría en hacerlo llegado el caso. Ya pensaría en eso cuando pasara. Lo siguiente en su lista fue hablar con Sasha, había recibido una lista de tareas por hacer fuera de la oficina y le pidió que la cubriera; en cuanto su amiga le dijo que si, se recluyó en la biblioteca de la universidad.

Eran casi las cinco de la mañana cuando por fin encontró lo que buscaba, pero aun necesitaba comprobar lo que había escuchado y de lo que encontró información en los correos que había archivado. Encendió su teléfono sin el menor deseo de comprobar las llamadas y mensajes perdidos que tenía; poco después de la hora de la comida comenzó a recibir mensajes y llamadas de la firma; Bert le había dejado más mensajes de voz de los que recordaba haber tenido en toda su vida. Habían mensajes de Eren preguntándole si quería ir al cine y de Armin, preocupado porque no respondía las llamadas.

Llegó al departamento y Armin estaba dormido en el sofá con la televisión encendida. Lo arropó con cuidado y tuvo a penas tiempo de darse un baño; tenía que ir al registro público y después al archivo del juzgado. El registro abría a las ocho y tenía que estar a primera hora, como le había dicho Marlo, un compañero suyo que trabajaba en ese lugar. Se pasó medio día buscando información y la rodeaban cajas y expedientes cuando sonó su teléfono, la vista previa del mensaje era todo lo que necesitaba ver; "¿Dónde demonios estás?" Dos iniciales era todo lo que tenía el contacto, L.A.

Marlo le llevó café y ella ya había perdido la cuenta de cuántos había tomado en las últimas veinticuatro horas.

La llamada de Armin la sobresaltó, el joven le dijo que todos en la oficina estaban vueltos locos con las deposiciones que tenían en unas horas y que Bert le había preguntado por ella; en palabras del otro asistente, Levi estaba a punto de matar a alguien y ella era la primera opción. Mikasa sabía que la información que había encontrado era importante, pero no bastaba, así que le pidió a Armin que averiguara algo por ella. Llamó a Bert para asegurarle que estaba bien y pedirle disculpas por dejarlo con el trabajo; también porque necesitaba que le contara qué estaban haciendo. Cuando Bert le confirmó la línea que estaban siguiendo, se sintió un poco mejor y llamó a Erd, le dijo lo que estaba buscando y que aun no encontraba todo lo que necesitaban. A pesar de eso el abogado le explicó qué podía hacer y buscar. Era muy arriesgado, pero parecía no haber otra opción.

La reunión era las cinco y no podía dejar de ver el reloj sintiendo que el tiempo se le escapaba. Mientras esperaba que le llevaran los expedientes que pidió en el juzgado, comenzó a dudar. Si nada de lo que estaba haciendo funcionaba, ¿no era darle la razón a Levi? Quizá su terquedad era solo soberbia y no fuera tan brillante e inteligente como le habían dicho. Le había enviado todo lo que tenía a Erd y tanto Bert como Armin estaban ayudándole; si las cosas funcionaban tampoco podía decir que fuera por ella. Fue a Erd a quien se le ocurrió la idea y quien, después de saber qué había encontrado, le dijo qué más buscar. Pero no podía echarse para atrás a esas alturas, no podía dejarse vencer. Ya no era solo a su jefe a quién estaba probándole su capacidad.

Toda su determinación cayó al suelo cuando el reloj marcó las cinco en punto.

Sasha le envió un mensaje diciéndole que Historia le había conseguido un poco más de tiempo pero no mucho. Todo lo que necesitaba era una certificación y estaba esperándola. En cuanto la tuvo en sus manos salió prácticamente corriendo; iba a pedir un taxi, pero el tráfico a esa hora era imposible y optó por el metro para llegar a la firma. Al salir del ascensor Armin la estaba esperando con una carpeta que solo necesitaba la certificación que ella llevaba; el tiempo se le hizo eterno mientras la fotocopiaban. En la sala de juntas se encontraba Levi con los otros abogados; cuando él la vio por el cristal, se levantó y salió al pasillo. Erd lo acompañaba.

No dijo una sola palabra y se quedó mirándola con tanta autoridad que Mikasa casi se quedó sin palabras. Sabía que Erd le había dicho lo que ella estaba haciendo y que seguramente había incluido la información que le mandó a la que ya tenían; sin embargo, nadie había revisado lo que acababa de conseguir en el juzgado y no había tiempo para hacerlo. Estaba ojerosa, vestía jeans y sus ballerinas favoritas; aunque Sasha le había prestado su blazer y le había soltado el cabello, su apariencia dejaba mucho que desear. Pero no tenía tiempo para dudas, así que dio un paso al frente y le extendió las carpetas.

"Ahí está todo lo que necesitas." Él tomó la carpeta y revisó el documento en el que ella había señalado y siguió callado; su rostro más calmo e inexpresivo de lo que recordaba. Mikasa lo vio a los ojos y dijo con toda la seguridad de la que era capaz, pero con suavidad. "Confía en mí."

Las pupilas de Levi se dilataron fugazmente, luego se dio la vuelta y regresó a la sala donde lo esperaban. Erd le dio una palmadita y lo escuchó decir, "Show time."

Mikasa se quedó observando, la voz de Levi sonaba con claridad y la joven fue testigo de por qué lo llamaban bestia.

Tenían información crucial, pero inútil si apresuraban las cosas; dependían de los errores de los otros para poder vencer y Levi los fue rodeado, sin darles un segundo para reflexionar. Sus argumentos fluían con tanta velocidad que confundía a sus adversarios; la contraparte era una mujer que defendía a su cliente de manera brillante, pero Mikasa sabía hacía donde la dirigía Levi y también que la mujer no iba ver llegar el ataque legal que habían preparado. Nile Dok estaba con ellos, del lado de Levi defendiendo la fusión. Para contrarrestar uno de los argumentos de Levi, el hombre que prestaba su deposición dijo lo que Levi necesitaba y lo vio dar el último golpe de forma despiadada.

Fue como ver a una pantera cazando a su presa.

¿Era admiración lo que sentía? Desechó la idea repitiéndose que no era más que cansancio.

Las deposiciones terminaron a los pocos minutos y Levi le dijo que lo siguiera. Permaneció callado hasta entrar a la oficina.

"Mocosa no puedes solo desaparecer."

"Pero…"

"Aun no termino de hablar." La voz de Levi se suavizó lo suficiente para que ella se quedara callada y asintiera. "Tienes responsabilidades que cumplir y no puedes solo ignorarlas."

"Yo sé."

Pudo ver en el rostro de su jefe que lo sorprendió lo que dijo.

"Si tienes una idea, la discutes con el equipo."

"¿Me habrías escuchado?" Preguntó sin una sola gota de confrontación en su voz y esperó a su respuesta.

"Mikasa, tienes mucho que decir; aprende a que escuchen tu voz aunque no quieran." Levi hizo una pausa, acababa de decirle lo más parecido a un cumplido y la dejó sin palabras. "Hiciste un muy buen trabajo."

Mikasa levantó el rostro con sorpresa y sonrió en agradecimiento. Fue una sonrisa tan pequeña que había que conocerla para saber lo mucho que significaba.

Odiaba admitir lo mucho que quería el reconocimiento de su jefe, pero ya no lo negaba.

Levi le pidió que lo esperara en su oficia mientras hablaba con Hanji. Mikasa se sentó en el largo y cómodo sofá y aunque intentó no hacerlo, estaba tan cansada que se quedó dormida. Se durmió profundamente y creyó haber soñado que alguien acariciaba su cabello y le decía quedito que había hecho un buen trabajo. Al despertar, Armin estaba leyendo a su lado y le sonrió antes de decirle que se podían ir cuando ella estuviera lista y que Levi le dejó dicho que se tomara el día siguiente. Mikasa asintió despacio y al incorporarse sintió que algo la cubría.

El saco de Levi se sentía tan cálido, que el lugar se le antojó helado después de quitárselo.