Capítulo VI

¿Black? ¿Como Sirius Black? No tenía nada que ver con él, eso seguro. Jacob no era mago, pero era un hombre-lobo. ¿Había muggles hombres-lobo?

–No tiene nada que ver con ese hombre. Jacob procede de Washington, de una tribu de quileutes –respondió Edward.

–¿Quileutes? –preguntó Harry confuso.

–Una tribu india. Y, en realidad, Jacob y el resto de los muchachos adolescentes de su tribu, no se habrían transformado en lobos de no estar nosotros allí cerca.

–¿Qué quieres decir?

Tanto la directora como los alumnos cercanos a ellos prestaban especial atención a la conversación.

–Digamos que nuestra presencia allí, activó en los chicos un... despertar. –explicó Edward, muy concentrado–. Es... difícil de explicar. Básicamente, la proximidad de un vampiro, hace que los muchachos quileutes, llegados a cierta edad, se transformen en lobos.

–Vaya...

–Muy interesante, señor Cullen –apostilló McGonagall.

En el comedor entró un hombretón de casi tres metros de largo, que le sacaba casi tres cabezas al mismo Jacob. Los Cullen lo reconocieron al instante: se trataba de Hagrid. Ocupó un asiento (o, mejor dicho, tres) cerca de la directora.

–Buenas noches, Hagrid –saludó la directora–. Te presento a los Cullen. Nos ayudarán con la protección del castillo este año.

–Buenas noches –gruñó Hagrid, algo abrumado al ver a las mujeres.

–Buenas noches, Hagrid –saludó cortésmente Carlisle–. Mi nombre es Carlisle y esta es mi familia. Mi esposa Esme, y mis hijos: Jasper, Emmett, Rosalie, Alice, Edward y Bella. Ella es mi nieta Nessie y su novio Jacob.

–Una familia numerosa, ¿eh?

–Mucho –concordó Carlisle con una sonrisa.

–Parecéis demasiado jóvenes para tener tantos niños. Ni siquiera los Weasley tienen tantos. Y me pregunto cuál de ellos ha tenido a tu nieta, si parecen tener todos la misma edad.

–Hagrid –advirtió McGonagall–. Son vampiros.

–Ah –parecía confundido–. Perdone, directora, pero no entiendo como unos chupasangre pueden ayudarnos sin acabar con nosotros –murmuró.

Claro que no sabía que los Cullen, hasta Jacob, le escuchaban perfectamente. El licántropo esbozó una sonrisita irónica al saber que alguien pensaba al igual que él.

–Siguen una dieta estrictamente a base de sangre animal, Hagrid. Dumbledore confiaba en ellos, y yo también lo hago –murmuró McGonagall en respuesta.

–Oh.

–¿Quiénes son los Weasley? –preguntó Bella.

–Es la familia de mi mejor amigo –respondió Harry.

Edward echó un vistazo fugaz en la mente de Harry.

–¿Todos pelirrojos? Qué casualidad –dijo sonriendo.

En ese momento, la comida apareció ante los atónitos ojos de los Cullen. Los platos de oro se llenaron por arte de magia (nunca mejor dicho) y en las copas se presentó un líquido anaranjado.

–¡Guau! –exclamó Jacob, alborozado.

Casi inmediatamente, empezó a servirse abundantemente, llenando el plato de pollo, guisantes, ternera y patatas. Nessie olisqueó el contenido de las copas con precaución, mientras el resto de la familia apartaba las copas y los platos.

–¿Qué es esto? –inquirió Nessie con curiosidad.

–Zumo de calabaza –respondió Harry, que se había servido ya.

La chica probó un sorbo del zumo, casi cuidadosamente, bajo la atenta mirada de sus padres.

–Ummm... está bastante bueno.

Jacob ya había acabado con lo que se había servido, y volvió a llenarse el plato. Los alumnos lo miraban sorprendidos, mientras que la directora le miraba también.

–Mira, chucho, da vergüenza estar al lado tuya cuando comes de esa manera, así o te tranquilizas, o te tranquilizo –masculló Rosalie por lo bajo.

–Lo que tú digas, rubia de bote –replicó Jacob.

Harry comía de manera casi desganada, viendo que los Cullen no habían tocado aún la comida.

–¿No tenéis hambre?

–No, la verdad es que tenemos sed –repuso Alice, como si estuviera disfrutando de un chiste privado.

–Pues ahí está el... ¡Ah! Ya comprendo –Harry se interrumpió algo azorado, comprendiendo de repente a lo que se refería Alice.

–¿Habéis... –titubeó la directora.

–Hemos satisfecho nuestra sed en el Bosque, profesora. Muchas gracias por su interés –repuso educadamente Edward.

Harry no era una persona que olvidara con facilidad.

–Creo recordar que me debes algo –comentó dirigiéndose a Bella.

–Cierto. Empecemos por el principio... A ver... Yo conocí a Edward hace ya unos casi diez años. Yo tenía por aquel entonces diecisiete años, y me había mudado a vivir con mi padre. Él vive en un pueblecito llamado Forks, donde nunca hace sol, y casi siempre está nublado. Era todo verde, casi como un planeta alienígena.

McGonagall y Harry escuchaban con atención, al igual que Hagrid.

–Carlisle trabajaba en el hospital de Forks, mientras que Esme se quedaba en casa. Edward, Alice y Emmett eran los tres hijos adoptivos del matrimonio Cullen; Rosalie y Jasper eran los sobrinos de Esme.

–Aunque, después de que Bella, Nessie y Jacob se unieran a la familia, cambiamos de ''cuento'' –interrumpió Emmett.

–Entonces, ¿qué ''cuento'' –Harry hizo unas comillas en el aire– contáis ahora?

–Bella, Emmett y Alice son hermanos, al igual que Jasper y Rosalie, que siguen siendo mis sobrinos. Edward y Nessie son hermanos mellizos, y son los sobrinos de Carlisle. Jacob, simplemente, es el novio de Nessie –explicó Esme.

–¿No son vuestros hijos biológicos? –preguntó Hagrid.

Los Cullen se miraron entre sí y empezaron a reír.

–Por supuesto que no, señor Hagrid. Yo nací en Londres, en 1640, aproximadamente. Era una época donde la caza de brujas... –observó atentamente a la directora, que mantuvo su expresión estoica–, hombres-lobo... –la mirada iba ahora para Jacob– y vampiros. Localicé un verdadero aquelarre de vampiros, pero no pudimos contra ellos. Uno me mordió... y aquí estoy –explicó Carlisle.

–Pero, ¿cómo decidiste dejar de beber sangre humana? –preguntó Harry, curioso–. Nessie me ha explicado que los neófitos carecen de auto-control.

–Y así es –intervino Edward–. Cuando Carlisle descubrió lo que era, trató de matarse de todas las maneras... pero la fuerza vampírica que poseemos, sobre todo en el primer año de nuestra vida, le impidió lograr su objetivo...

–... y una noche, incapaz de soportar la sed, ataqué un grupo de venados. Y descubrí, que al igual que en mi otra vida me alimenté de carne de ciervos, podía alimentarme en esta de sangre de ciervos –continuó el doctor–. Constituyó un gran alivio para mí, y, solucionado ese problema, empecé a estudiar. La noche me ofrecía infinitas posibilidades, ya que los vampiros no dormimos, y la eternidad me ofreció tiempo suficiente –Carlisle sonrió ante el recuerdo.

''¡Guau! Sí que es viejo. Y además no lo parece...'' pensaba Harry.

''Ser vampiro parece más útil que ser semi-gigante'' se decía Hagrid con despecho. ¿Semi-gigante? Ahora Edward comprendía muchas cosas.

''Parece que realmente pueden ayudarnos'' pensó McGonagall.

–Bueno, sigue contando, sigue –insistió Harry.

–En fin, yo conocí a Edward, compartíamos una clase. Noté rarezas en él, como el cambio del color de sus ojos, pero no relacioné nada... Un día, estuve a punto de ser atropellada, y Edward, de una punta del estacionamiento a otra, apareció de repente y detuvo la camioneta. –Bella le sonrió a su esposo– Y allí fue cuando empecé a sospechar. ¡Dios, si hasta las abolladuras del coche tenían la forma de los hombros de Edward!

–Resumiendo: Edward arriesgó el secreto salvando a una simple humana, sin importancia alguna en ese momento –dijo Rosalie, rodando los ojos.

–Nadie en la familia se lo tomó muy bien –repuso Edward–. Y Rose y Jasper sugirieron que a lo mejor, ya le había llegado la hora a Bella. Alice, Carlisle y yo nos opusimos en redondo.

Harry abrió los ojos como platos, mientras que la directora alzó levemente las cejas. No fue posible observar la reacción de Hagrid, debido a su barba.

–Descubrí que Edward era un vampiro y... para resumir, diré que a partir de allí pasaron muchas cosas.

–De entre ellas, la más notable fue que un vampiro intentó cazarla, los Vulturi la amenazaron, y que una vampira sádica buscó venganza intentando matarla. ¡Ah! Por si fuera poco, Bella se metió con un grupo de chuchos inestables que a la mínima podrían haber entrado en fase y matarla –se desesperó Edward–. Y luego me preguntaba: ¿por qué eres tan sobreprotector, Edward?

Todos los que estaban escuchándole se rieron, mientras Bella protestaba:

–¡No fue para tanto!

–Sí lo fue. Eres un imán para los problemas, cariño –sonrió mientras le acariciaba la cara con suavidad.

–Sigo. Pasado un año, Edward me pidió matrimonio. Yo... le tengo fobia al matrimonio debido al divorcio de mis padres, pero aún así acepté. Nos casamos tres meses antes de que cumpliera 19 años y nos fuimos de luna de miel a Isla Esme.

–¿Isla... Esme? ¿Existe? –preguntó McGonagall desconcertada.

–Por supuesto. Se la compré a Esme como regalo de boda –explicó Carlisle, muy sonriente y orgulloso.

A los humanos presentes se les descolgó la mandíbula, y hasta McGonagall se llevó una mano al pecho.

–¿Usted... le compró... una ISLA a su esposa como regalo? –balbuceó McGonagall.

–Yo hubiese preferido comprarle otra algo más grande, un poco más alejada de Brasil, pero Esme no me dejó –se encogió de hombros–. Y entonces Edward me sugirió no insistir más o Esme rechazaría el regalo.

–Iba a hacerlo –aclaró la aludida–. En serio, los miembros de esta familia tenemos algo perdidos el sentido de lo caro y lo barato. Hemos conseguido acumular a lo largo de los siglos bastante dinero, pero eso no es razón para hacer cosas tan... exageradas como regalar un isla, aunque aprecio mucho el gesto, querido –añadió mirando con cariño a su marido.

–¿Bastante dinero?

–Sí. Aunque desde que Alice se unió a nosotros, hemos conseguido ver de antemano los altibajos de la bolsa, las mejores inversiones... Nuestro capital ha aumentado cien veces más –respondió Edward. Leyó la mente de Hagrid, y aclaró–. Señor Hagrid, la bolsa y las inversiones son un modo de ganar dinero. Por ejemplo, hacer una inversión es comprar toneladas de café por la mañana, cuando aún es barato, y venderlo por la noche, cuando el precio ha trepado por las nubes, casi triplicando su precio de la mañana.

Hagrid parpadeó sorprendido.

–¿Cómo has sabido lo que pensaba? –dijo estupefacto–. Y, por cierto, llamadme Hagrid a secas, tanto formalismo no me va. Eso de las inversiones... qué pena que no existan en el mundo mágico. Siempre digo que los muggles tienen buenos inventos –rió.

Antes de que Harry se hubiera dado cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo, aparecieron los postres. Se sirvió un poco de tarta de melaza, observando divertido, como Jacob se comía nueve décimas partes de un pastel de crema y chocolate. La décima parte que quedaba, se la estaba comiendo Nessie con mucha tranquilidad.

También la directora y Hagrid se habían quedado mirándole.

–¿Cómo puedes comer todo eso?

–No lo sé. Simplemente, desde que soy un licántropo, me alimento por diez.

Hagrid se inclinó levemente sobre el oído de la directora.

–¿Licántropo?

–Metamorfo, Hagrid. Pero están más habituados a ese término.

Hagrid se incorporó y miró con sorpresa a Jacob, que seguía comiendo.

–Siga con su historia, señorita Cullen.

Bella sonrió y siguió contando por donde lo había dejado.

–Sí. Cuando estaba de luna de miel, descubrí, con sorpresa, que estaba embarazada. Pero no fue un embarazo normal, y Edward ya lo sabía entonces.

–Cuando volvimos a Washington, mi intención era que Carlisle extirpase el monstruo que se alimentaba en la entrañas de mi esposa. Pero surgió un imprevisto.

–Yo –sonrió Rosalie, casi malignamente.

El resto del alumnado empezó a retirarse del Comedor, pero los Cullen, Harry, Hagrid y McGonagall seguían allí sentados.

–En cuanto supe de las intenciones de mi estúpido esposo –hizo una pausa, mirando asesinamente a Edward, que se encogió casi perceptiblemente–, llamé a Rose y le pedí ayuda. Esme, Alice y Rosalie se pusieron de mi parte, así que conseguí salvar por el momento a mi niña...

–Fue un embarazo difícil y peligroso. Y, por si fuera poco, mi manada decidió que sería peligroso que la criatura naciera –intervino Jacob mientras se limpiaba la boca–. Me negué a que lo hicieran y dejé a mi manada.

–¿Tu manada?

–Sí, ya sabes. Son los grupitos en los que viven cierto número de lobos que...

–Ya lo hemos captado, chucho. Ya lo hemos captado, ¿OK? –le interrumpió Rosalie, hablando con mucha lentitud, como si le hablara a un niño pequeño algo tonto.

Los demás se rieron al ver la cara de fingida indignación que había adoptado Jacob.

–Oh, cuán ofendido me siento porque me haya interrumpido una rubia mononeural –dijo Jacob con voz afectada.

Las risas aumentaron de intensidad. Rosalie frunció el ceño y murmuró:

–Mira quien fue a hablar: el asqueroso chucho hormonal acosador.

Las carcajadas fueron desapareciendo poco a poco hasta que McGonagall le hizo un gesto a Bella para que continuara.

–La manada de Jake es una manada de hombres-lobo. Los licántropos y los vampiros han estado enemistados desde hace siglos, es un odio casi instintivo. Jake convive con nosotros por un lazo.

–¿Un lazo?

–Entre los licántropos hay un fenómeno llamado imprimación, mediante el cual los hombres-lobo eligen a su pareja. En cuanto Jake vio a Nessie, se quedó imprimado de ella. Es algo parecido al amor a primera vista, pero los licántropos son capaces de crear una relación perfecta con sus parejas.

–Podemos ser lo que necesite nuestra pareja. Tener a un hombre-lobo imprimado de ti es lo mejor que te podría pasar, ya que se adapta a tus necesidades, por así decirlo. Si estamos imprimados de alguien desde que es un bebé, como es mi caso, nos convertimos en el mejor hermano mayor que una chica pudiera desear. El hecho de entrar en fase, es decir, transformarnos en lobos cada cierto tiempo, nos mantiene jóvenes, así que mantenemos el mismo aspecto todo el tiempo que la chica quiera. En cuanto empieza a notar la necesidad de que crezcamos y envejezcamosjunto a ellas, dejamos de entrar en fase.

–En cuanto pasó la ''etapa del hermano mayor'', el chucho se convirtió el algo así como el mejor amigo de mi sobrina. Tengo que admitir que son los mejores amigos que puedas tener: son confidentes, leales, dignos de confianza y son un buen hombro sobre el que llorar –continuó Alice–. Esa es la etapa, digamos, del mejor amigo.

–Pasada esa etapa, el licántropo te cuenta lo que es, lo que implica y lo que tienes que aceptar si quieres estar junto a él. Lo que implica es que es posible que muramos, ya que sólo entramos en fase si hay algún chupasangre cerca. Entrar en fase significa luchar contra ellos, con la posibilidad de morir. Tienes que aceptar que un licántropo es inestable, con fáciles accesos de ira en los que puede entrar en fase por accidente y –Jacob tomó una gran bocanada de aire– atacarte sin reconocerte siquiera.

–Estar junto a un hombre-lobo es peligroso, y así se lo advertí a Bella, ya que Jacob era su mejor amigo, y siguió siéndolo después de entrar en fase por primera vez.

El Gran Comedor estaba totalmente vacío, a excepción de los Cullen y compañía. Empezaron a desaparecer los platos del postre, junto con los restos de comida y los manteles, dejándolo todo extraordinariamente limpio.

–¿No te preocupó que Jacob se imprimara de tu hija? Digo, como dices que es peligroso y todo eso...

Edward sonrió levemente.

–Por la línea de descendencia, Jacob tendría que haber sido el Alfa de su manada, y todos los Alfas gozan de un gran control.

–¿Tendría? –señaló McGonagall.

–Antes de que naciera Jacob, nació otro muchacho, llamado Sam Uley, así que él fue el primero en entrar en fase y tomar el control de los chicos que se iban entrando en fase. Jacob, creo recordar, fue el séptimo en unirse a la manada. Sam le ofreció el cargo, pero Jacob lo rechazó, convirtiéndose así, en el Beta, el segundo al mando –explicó Edward.

–Normalmente, el mero hecho de nuestra presencia suele ser un incentivo para que se desate una guerra entre vampiros y licántropos. Sin embargo, setenta años antes de que Edward conociera a Bella, nosotros habíamos vivido ya una temporada en Forks. Sólo había tres lobos, y nosotros éramos cinco, ya que conocimos a Alice y a Jasper unos veinte años más tarde. Podríamos haberlos vencido con pocas dificultades, pero decidí que ya era hora de cortar las guerras y empezar una convivencia, aunque sin ser precisamente los mejores amigos, al menos ser capaces de vernos a lo lejos sin luchar. Constituí un tratado con Ephraim Black, el tatarabuelo de Jacob. Nosotros no mordíamos a nadie, ellos no nos atacaban. No resultó fácil para nadie, pero resultó todo un cambio, para ellos y para nosotros.

Hagrid y McGonagall miraron con admiración a Carlisle, quien se sintió ligeramente incómodo.

''¿Habría sido yo capaz de hacerlo?'' se preguntó Harry.

–Yo, personalmente, Harry, no habría sido capaz tampoco. Carlisle es una persona muy compasiva, con una gran capacidad para lograr lo que se propone y tiene un gran auto-control. Es una persona sumamente pacífica, por lo que suele ser difícil discutir con él. Sólo él puede ser capaz de lograr algo como una tregua entre vampiros y hombres-lobo –dijo Edward.

''Gracias, hijo'' pensó Carlisle mientras decía:

–Me tienes en un pedestal, hijo, pero tengo tantos defectos como cualquiera de vosotros.

Pensamiento general de toda la familia:''¡Ja!''

–¿Qué ocurrió después de que tu manada decidiera que Nessie era peligrosa? –preguntó Hagrid ligeramente inseguro.

–Me rebelé contra mi Alfa y avisé a los chupasangres. Perdido el factor sorpresa sabía que no se arriesgarían a atacar. Protegí a Bella el resto de su embarazo, hasta el día del parto...

El rostro de Bella se contorsionó ante el recuerdo.

–Sólo me agaché a recoger un vaso. Nessie no estaba preparada para el movimiento y se resistió.

–¿He comentado que Nessie heredó mi fuerza? –murmuró Edward.

Hagrid tomó una expresión preocupada.

–No podía ser tan fuerte ¿cierto? Ni aunque fuera tu hija, los vampiros no pueden ser tan fuertes.

Nadie contestó a Hagrid. En vez de eso, Alice agarró casi sin fuerza el borde de la mesa, arrancó un buen trozo y lo redujo a virutas diminutas de madera con lentitud. Los humanos presentes tragaron pesadamente, y Emmett casi hasta disfrutó viendo como la nuez de Adán de Harry se desplazaba hacia abajo.

–Supongo que podrán arreglar la mesa, ¿no? –preguntó Alice alegremente.

En respuesta, la directora agitó la varita con la mano temblorosa hasta que las virutas se movieron solas y se unieron de nuevo en un trozo grande, que se pegó a la madera sin problemas.

Alice tocó la superficie de la mesa, casi acariciándola.

–¡Guau!

Edward se aclaró la garganta.

–Prosigamos. Carlisle y Esme habían salido de caza ese día junto con todos los demás. Sólo quedábamos mi esposa, Jacob, Rosalie y yoBella sufrió un fuerte desgarre, nuestro bebé se ahogaba –Harry se estremeció al percibir con claridad la desesperación y el dolor de Edward.

–No hace falta que entremos en detalles, simplemente digamos que Nessie salió a salvo, aunque no resultó ser el niño que creía Bella.

–¿Esperabas un niño? –preguntó Harry divertido.

–Bueno, sí... pero tampoco me disgustó que fuera una niña, al contrario. Me daba igual si es niño o niña, sólo quería que... sobreviviera.

–¿A qué?

–Primero a su manada y después... a los Vulturi –reconoció Bella.

Jacob sonrió con arrogancia y pasó el brazo por encima de los hombros de Nessie.

–La ley de la manada prohíbe atacar a la persona imprimada por otro miembro, ya que la pérdida resulta desgarradora. Todos los miembros, al entrar en fase, compartimos nuestros pensamientos, por lo que nadie querría que uno de sus compañeros pasara por algo similar, además de tener que soportar el dolor. Estar imprimado de Nessie facilitó muchas cosas.

Hagrid arrugó el ceño con desconcierto.

–Pero ¿quiénes son los Vulturi?

–Una... familia que son la realeza vampírica. Imparten las leyes y todo el mundo debe cumplirlas. Son la imagen del orden y del respeto.

–¿Por qué suponían un peligro?

Carlisle suspiró.

–Un día, cuando Nessie tenía unas semanas y el aspecto de un bebé de tres meses, pasó a visitarnos una prima nuestra. Se llamaba Irina.

–¿Qué ocurrió? –interrogó McGonagall.

–Confundió a Nessie con una niña inmortal.

''¿Niña inmortal?''

–En el pasado, convertíamos a muchos bebés en vampiros, ya que tomaban un aspecto sumamente adorable, pero...

–...su mente estaba congelada en su estado, eran incapaces de aprender. Cazaban sin control, y en una de sus rabietas podían destruir un pueblo entero. Los Vulturi determinaron entonces que los bebés inmortales eran peligrosos y debían ser destruidos –explicó Carlisle.

–Diversos aquelarres trataron de proteger a los niños, y en consecuencia desaparecieron por ello. La madre de nuestras primas fue ejecutada también por tener un niño inmortal, cuya existencia aún no se lo explican. Habían pasado dos siglos juntas, fue una gran pérdida para ellas.

–¿Cómo se llaman vuestras primas? –inquirió Hagrid.

–Tanya, Kate e Irina. Más tarde, tras la muerte de su madre, se les unieron Carmen y Eleazar.

–Siguiendo con la historia, Irina fue hasta los Vulturi y nos denunció, por así decirlo. Bella lo sospechó y Alice nos lo confirmó –dijo Rosalie.

–Somos un peligro para los Vulturi, así que aprovecharon la oportunidad para tratar de exterminarnos, sin importar si había pruebas o no. Somos la segunda familia más numerosa del mundo vampírico, pero los Vulturi son casi treinta componentes, en total –intervino Jasper.

–Nos superaban ampliamente en número, así que empezamos a reunir a gente. Viejos amigos de Carlisle, ya sabes –dijo Emmett agitando la mano, como si le restara importancia.

–Jasper y yo nos fuimos mientras en busca de algo que demostrara sólidamente que Nessie era inofensiva, y a la vez, enviábamos a la gente que nos encontrábamos a Forks. Era como buscar un punto ciego –bufó Alice.

Jasper extendió un suave manto de tranquilidad sobre la familia, que se estaba exaltando ante el recuerdo.

–Logramos reunir a un gran número de gente, les demostramos que Nessie era inofensiva y, al final, había tantos vampiros que al menos estaríamos en igualdad de condiciones si había lucha –relató Esme.

–No era cuestión de demostrar que era inofensiva, sino que era capaz de seguir creciendo mentalmente, que era capaz de evolucionar. Que era capaz de guardar el Secreto –replicó Bella.

Los humanos escuchaban fascinados la historia, ya casi sin interrumpir.

–El día de la llegada de los Vulturi, nos reunimos en un claro. La presencia de nuestros amigos les detuvo, aunque momentáneamente, les detuvo.

–La razón, Harry, por el que te oculté mi don, fue porque en cuanto empezamos a negociar, comenzaron a atacarnos algunos de los guardias de los Vulturi. Jane es una vampira capaz de producir dolor sólo con la mirada, un dolor que, según me han contado, es tan horrible que deseas la muerte a cada segundo que lo sufres... –''La maldición cruciatus'' dedujeron los magos–... pero mi don bloquea los dones como el de Jane.

–¿Cómo? –preguntó Harry desconcertado.

–Mi don inhibe todo tipo de dones que tengan algo relacionado con la mente, es un escudo. El dolor que provoca Jane es imaginario, sólo existe en tu mente. Después nos atacaron más vampiros, pero los dones que sirven para atacar a distancia son sólo mentales, de modo que los bloqueé todos.

–Sigo sin entenderlo –respondió Harry.

Bella intercambió una mirada con Edward y Jasper.

–Mi don, Harry, resultó ser el factor determinante de la batalla. No hubo lucha ya que los Vulturi estaban en desventaja. He pensado, al averiguar que los dones de Edward, y, seguramente, los de Alice y Jasper también, tienen nombre, es probable que el mío también lo tenga. Si tiene nombre, es que es usado en el mundo mágico...

McGonagall alzó la mano para interrumpir un momento a Bella.

–Ciertamente, señorita Cullen, su don en nuestro mundo es llamado Oclumancia. Creo que se trata de eso al juzgar por cómo lo describe.

–Entonces, si tiene nombre, la Oclumancia es usada como algún tipo de protección ¿cierto?

–Así es, señorita.

Bella sonrió triunfalmente.

–Debo suponer que es útil y que seguramente podría ser otro factor sorpresa en una batalla de magos. Mi intención al mantener mi don en secreto, era probarlo como factor sorpresa en uno de los entrenamientos que mencionó la directora anteriormente.

Harry frunció el ceño al pensar que la excusa era bastante pobre, pero seguramente efectiva. La magia nacía de la mente, pero la gran mayoría de los hechizos afectaban a un plano físico. Sin embargo, una vocecita en su mente muy parecida a la de Hermione le recordó que dos de las Maldiciones Imperdonables, al igual que los hechizos que podían afectar a los vampiros (si tenía en cuenta que serían tan o más resistentes que los dragones o los gigantes) se atenían a la mente. El hechizo desvanecedor, Tarantallegra, Rictumsempra. Todos eran hechizos que afectaban a la mente. Si Bella era capaz de repeler los hechizos mentales y físicos...

–...Bella sería totalmente inmune a la magia –concluyó Edward al comprobar lo que pensaba Harry.

–Exactamente, querido –sonrió Bella.

McGonagall se puso en pie y llamó a los Cullen. Hagrid y Harry la siguieron inmediatamente, al igual que los Cullen y Jacob.

–Ha sido un relato verdaderamente fascinante, señorita Cullen, pero ahora necesito que pasemos a mi despacho a solucionar ciertos temas relacionados con lo que esperamos de ustedes aquí. Potter, puede volver a su torre. Hagrid, debería regresar a sus ocupaciones, esta noche el profesor Flitwick no precisará de su ayuda.

La directora abrió paso hacia los pasillos del colegio, y empezó a subir los escalones de un modo elegante. Los Cullen mantuvieron un ritmo similar al de la directora, mientras Jacob y Nessie trataban de recordar lo que les dijo Harry para no tropezar.

Los personajes de los cuadros estaban ya adormilados, pero los pocos que seguían despiertos saludaban respetuosamente a la directora al verla pasar. Al llegar a la gárgola del despacho de la directora, McGonagall murmuró:

–Dumbledore.

La gárgola se apartó con una sutil reverencia y McGonagall entró en la escalera giratoria, seguida de los Cullen. Entró en el despacho con un gesto imperioso y se sentó en su butaca invitándolos a hacer lo mismo con un gesto.

En cuanto todos los Cullen estuvieron acomodados, la directora tomó la palabra.

–Desde que Dumbledore murió, el colegio ha estado mucho más desprotegido que antes. Mi predecesor conocía muchos encantamientos y magia antigua, más de la que yo o nadie pudiéramos soñar. Protegió el colegio con todo lo que sabía, pero a su muerte muchos encantamientos se rompieron. Hemos recibido mucha ayuda por parte de los alumnos más aventajados para proteger el colegio, pero nada es suficiente –miró con severidad a todos los Cullen a través de sus gafas–. Dumbledore me pidió expresamente que recurriera a ustedes si a él le llegaba a pasar algo –los ojos de la directora se humedecieron levemente.

Carlisle intervino con educación al percibir el largo silencio.

–Nosotros haremos todo lo que nos pida, dentro de lo posible. Hemos visto a esos niños, y trataremos de mantenerlos a salvo de Quien-Usted-Sabe.

–Hay un peligro mucho más cercano que el del Innombrable. En el colegio, hay muchos hijos de mortífagos, dispuestos a seguir los pasos de sus padres. Están dispuestos, incluso, a poner el colegio en peligro. Los hechizos de magia antigua, los turnos de guardia de los profesores, todo eso protegerá el colegio de ataques externos, pero no de las traiciones de los alumnos.

Jasper y Edward se miraron entre sí.

–¿Quiere usted decir que habría alumnos dispuestos a poner en peligro a los niños que vimos hace unos momentos? –gruñó Rosalie.

–Exactamente, señorita Cullen. Esa es la cruda realidad. En especial, hay que vigilar a los alumnos de séptimo curso, de la casa Slytherin; son los más peligrosos. Si es posible, hay que observar si llevan tatuadas una calavera y una serpiente en el antebrazo izquierdo. Deben observar todos y cada uno de sus movimientos, deberán vigilar todas sus clases, les daré una lista para que se fijen en los más sospechosos. Si es posible, necesitaré que el señor Edward Cullen chequeara a todos y cada uno de ellos, ya que a veces –suspiró– la astilla no tiene porqué ser igual el palo.

–¿Cómo debo hacer eso?

–Sería simplemente que siguiera a uno de ellos en concreto durante todo el día, hasta determinar si es peligroso o no. Es un trabajo arduo, muy difícil y peligroso, pero confío en que podrán llenar nuestras expectativas.

–¿Qué haremos Jake y yo? –Bella y Edward abrieron la boca para protestar, pero Nessie les cortó con un gesto–. No quiero quedarme de brazos cruzados. Por favor, dejadme hacer algo –puso los ojitos de cordero degollado que le había enseñado Alice y ninguno de los dos padres dijo nada (aunque Edward apretó peligrosamente los dientes).

–Estoy segura de que la señora Pomfrey, la enfermera, encontrará muy útil su ayuda, señorita. Hay algunas ramas de la magia que no requieren varita, ni siquiera magia, en las que podrá ayudar a la enfermera, tanto como durante el curso como en la Batalla. Con respecto al señor Black, había pensado en difundir el rumor de un gran hombre-lobo recorriendo los pasillos del castillo de noche. Siempre hay alumnos traviesos y temerarios. Estoy segura de que un susto les vendría algo más que bien.

–Pero yo no soy un ser nocturno, señora, no puedo pasearme cada noche. Además, con lo grande que es este castillo podría no encontrarme con el alumno que se escape –se quejó Jacob.

–Pero los demás si sois seres nocturnos –Carlisle asintió–. Es por eso que haréis turnos de guardia delante de las puertas de las Salas Comunes de las cuatro casas. Serían dos de ustedes en cada entrada, sin contar a la señorita Reneesme, que descansará por las noches, ni al señor Black, que estoy segura que no se levantará cada noche.

''Hay que reconocer que lo ha pensado todo de maravilla'' pensó Jasper.

''Me pregunto si es planificado o improvisado'' caviló Emmett.

–Tonto Emmett, es obvio que está planificado –murmuró Edward a velocidad vampírica.

–Si algún alumno sale de su Casa de noche, síganle sin que se percate de su presencia. Si es una travesura, despierten y avisen al señor Black para que le dé su merecido susto. Si se trata de algo más serio, espíenle y tráiganme a la mañana siguiente un informe. Si se trata de Potter o alguno de sus amigos –resopló, disgustada con lo que iba a decir–, déjenles en paz, he dado mi palabra para que ellos cumplan con la misión que les asignó Dumbledore antes de morir.

–¿Dumbledore les encargó una misión? –preguntó Bella, extrañada.

–Una misión de alto secreto, que sólo conocen ellos tres. Ha sido imposible averiguar de qué se trata.

–¿Quiénes son sus dos amigos? –curioseó Emmett.

–Ronald Weasley y Hermione Granger. Reconocerán a Weasley por ser un muchacho alto, no muy corpulento y de cabellos pelirrojos. Granger es una chica de pelo castaño, ondulado, muy abundante. Es la chica más inteligente de su curso, pese a no pertenecer a la casa Ravenclaw; Potter tuvo su punto al incluirla en la misión –suspiró la directora–. Ustedes se ocupan de algo mucho más importante que la protección de los muros del castillo: ustedes protegerán a los alumnos de los ataques internos. Son la protección interna del castillo, no lo olviden nunca.

Sobrevino un fuerte silencio en el que los Cullen trataron de asimilar todo lo escuchado. La directora quedó complacida al comprobar, por las expresiones de sus caras, que habían asimilado la importancia de su cometido. Emmett rompió el silencio con una pregunta:

–¿Cómo nos ''repartiremos'' las puertas?

La directora pensó por largos momentos. Tenía que reconocer que no había pensado en eso, pero lo solucionó rápidamente.

–Es probable que vaya a haber detalles que escapen de su vigilancia, como por ejemplo, la intimidación entre los compañeros de un mismo cuarto. Necesitamos que los alumnos confíen en ustedes para contarles sus sospechas, sus temores... y por eso, vamos a establecer entre ustedes y ellos un lazo más fuerte que el que hay entre un alumno y un profesor. Vamos a crear el lazo de complicidad que existe entre los compañeros de Casa.

La familia se miró entre sí.

–¿Cómo haremos eso, directora?

–Los alumnos son Seleccionados para sus respectivas casas mediante el Sombrero Seleccionador, ¿cierto? Entonces dejaremos que sea el Sombrero Seleccionador quien decida qué casa deberán vigilar cada uno de ustedes. Serán seleccionados justo después de los alumnos nuevos, en el Banquete de Bienvenida, con su debida presentación primero, claro. No creo que nadie sea Seleccionado para Slytherin, así que... salga para la Casa que salga, quiero que el señor Edward y Jasper vigilen la entrada de Slytherin –sentenció McGonagall.

Ambos asintieron, contentos de haber quedado juntos, aunque algo decepcionados al no poder estar con sus esposas.

–Bueno, no todo puede estar a nuestro gusto –susurró Edward.


Charity Burbage dio media vuelta al llegar al límite del Bosque Prohibido, dispuesta a seguir con su turno de guardia. Todo era normal esa noche. De hecho, era una muy buena noche, ya que no había alumnos revoltosos, siquiera.

''Sólo me quedan diez minutos de guardia, y después... ¿A quién le tocaba hoy? ¡Ah, sí! Hoy es el turno de Sinistra. Bien, bien...'' pensaba la profesora, sin percatarse de que dos mujeres surgían a sus espaldas del Bosque Prohibido.

Silencius –oyó Burbage.

Se dio la vuelta muy rápido, sólo para ver cómo un rayo azul impactaba de lleno en su pecho.

Apuntó al cielo con la varita para dar la alarma, pero otra voz distinta, de mujer, arrastrada y aburrida, que le heló la sangre en las venas, murmuró:

Aresto Momentum.

El movimiento de Burbage se quedó congelado en el aire. Su mano aún apretando fuertemente la varita, los ojos desorbitados de terror, la boca abierta tratando de gritar, pero sin emitir sonido alguno.

–¿No crees que esto ha sido demasiado fácil, Bella?

–Por supuesto, Alecto, pero, como te decía, hasta los hechizos más fuertes sucumben ante un Bombarda Maxima. Con un Silencius incluido, por supuesto –sonrió malignamente, asegurándose de que la viera Burbage.

–Bueno, Bella, lo que decíamos. Dame el honor de lanzar el primer cruciatus–se relamió los labios.

–Claro, que sí. Será tu recompensa por ser la única en acompañarme, aunque estoy segura de que el Amo nos recompensará. Pero, déjame quitarle la varita primero, creo que va a recuperar la movilidad pronto –se adelantó a quitarle la varita a Burbage.

La profesora empezó a sudar al ver el intercambio de palabras entre ambas mortífagas. Temía a Alecto Carrow, más que nada por su crueldad, pero le tenía verdadero pánico a Bellatrix Lestrange. Y más aún al oír con qué tranquilidad hablaba de torturarla.

Bellatrix y Alecto debían de haber entrado haciendo algún boquete en la muralla, razonó Burbage, a juzgar lo que habían dicho las mortífagas. ¿Cómo no las habría visto antes? ¿Por dónde se habían acercado? Por el Bosque Prohibido... Entonces, debieron alejarse de la muralla y adentrarse en el Bosque para ocultarse. Ojalá hubiera encontrado el boquete.

Pero ya era tarde para arrepentirse.

El hechizo perdió efecto, y Burbage se cayó al suelo debido al impulso, pero seguía sin poder hablar. Se echó hacia atrás e intentó correr, pero Alecto la detuvo:

–¡Crucio!

Bellatrix observó con placer y deleite a la pobre mujer retorcerse por el suelo, lanzando al cielo gritos mudos de agonía.

–Que comience la fiesta.


La directora se levantó al dar por concluida la reunión. Los Cullen se levantaron también, pero la puerta se abrió con estrépito justo cuando iban a salir.

Era una mujer de mediana edad, aunque con los cabellos ya grises, y un sombrero de bruja ladeado sobre su cara horrorizada.

–¡Directora, están atacando el colegio!

–¡¿Qué?

Sin perder tiempo, los Cullen se abalanzaron hacia las escaleras y corrieron hacia donde empezaban a oír gritos de dolor. ¿Qué más podía ocurrir? ¿Por qué les pasaba esto a unos niños indefensos?


¡Muchas gracias a todos los que sigan leyéndome a pesar del tiempo que tardo en actualizar! ¡Gracias por todos vuestros comentarios!

Espero reviews con impaciencia, actualizaré pronto.

Saludos =)

lady Evelyne