En busca de la felicidad
Capitulo 7
La mente te lo decía, tu conciencia te susurraba, tus sentidos lo intuían, sin embargo, por mas que te resististe, al final, tu corazón te lo confirmo, por que el no te lo decía, ni te zurraba, mucho menos, lo sospechaba, el siempre lo supo y te lo gritaba. ¡Lo amas!, Ahora que lo sabes ¿Qué aras? Acaso, ¿lo seguirás negando?
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—Ella te agradara mi cielo. — La mujer dejo ir en un susurro desde su asiento en el jardín, ya habían pasado los meses donde el caprichoso invierno hacia de ventiscas y nubarrones en el paisaje, donde se buscaba el calor corporal entre las ropas afelpadas y las brazas ardientes de la leña en las chimeneas, ahora, solo rebosaba la flora, se apreciaba la vida y olía a primavera, con el sol abrigándote en su espesura. Mirian vestía un hermoso vestido blanco y sus mejillas mostraban un extraño pero agradable rubor rosado, Helga a su lado la observo con detenida concentración, a su mente solo llega la palabra "hermosa", puesto que a sus casi 6 años no encontraba mejor palabra en su vocabulario para expresarse de su madre.
Hoy era un día "bueno" para Mirian, y no solo por que estuviera emocionada por la llegada de su hija mayor, no, y Helga lo sabia muy bien, era un día bueno, por que, hoy, Mirian se sentía bien, no como una persona sana, pero si como una persona enferma puede sentirse, Helga lo agradecía, puede que mas que la mismísima Mirian, puesto que con tan prematura vida, Helga sabia perfectamente lo que implicaba la muerte, para su horror, desde que Mirian se convirtió en su mayor tesoro, vivía con el desasosiego de perderla, y ,es que como no temer hasta que caía rendida ante el sueño, el que Mirian se durmiera, y como no sentir la anticipación del dolor cuando despertaba, el cual desaparecía hasta que se cercioraba caminando descalza sintiendo la frialdad de las losas del piso como su fiel compañera hasta el lecho de Mirian y esta abriera los ojos en la mañana pronunciando con su queda voz " buenos días mi cielo", para así confirmar que realmente estaba dormida, y no se había quedado para siempre en el sueño eterno.
Si, Helga sabia muy bien que era la muerte, y le temía, la aborrecía y la despreciaba, como puede odiar y temer alguien que nunca ha tenido nada para pasar atenerlo casi todo sintiéndose el ser mas dichoso y amado del universo, por que a sus casi 6 años, Helga sabia lo que era la soledad, el odio y la tristeza,y, eso traería para ella la muerte si osaba quitarle a Mirian, por que Mirian era para una niña como Helga un lucero, su mayor tesoro y sobre todo, su felicidad, por que Mirian era su madre, y los niños necesitan a sus madres, y, Helga necesitaba a su madre, Helga necesitaba a Mirian.
Vio emocionada como algunos rayos del sol se colaban por las hojas del árbol donde se encontraban resguardándose del inclemente calor, iluminando los dorados cabellos de su madre, haciéndolos resplandecer como el mas puro oro, si, su madre era hermosa, y a su infante mente golpeo nuevamente el descorazonador pensamiento de la realidad, ella no se parecía a Mirian, por que aunque amaba a Mirian, esta no era su madre biológica, dios no le concedió la dicha de que Mirian la engendrara en su vientre y mucho menos el que Mirian le heredara su belleza, bufo por lo bajo y miro su vestimenta, un vestido realmente hermoso que en el cuerpecito de Helga en conjunto daba la impresión de repelús a la vista de cualquiera, con el pelo tan lambido que sentía su cabeza apunto de estallar por la jaqueca que le ocasionaba, dándole el aspecto todavía mas contradictorio a la belleza que tanto buscaba, bufo nuevamente y frunció el seño mientras se cruzaba de brazos, una pose algo rara para una niña, la cual mostraba su frustración.
— ¡Mami!— la joven rubia corrió hacia su madre y se le lanzo encima, literalmente, con tal fuerza que Mirian tuvo que hacer milagros para no caer contra el suelo, — te extrañe tanto mami.
Helga miraba la escena con los ojos entrecerrados, sintiendo como la bestia de los celos y posesividad crecia en la boca de su estomago, giro su infante mirada y vio como una marcada sonrisa se mostraba en los labios de Bob, el cual observaba a las rubias desde el marco de la puerta, sintió como un golpe daba en su pecho, si, Bob amaba a su hija mayor, lo supo por como le sonreía, sonrisa que aparecía con regularidad hacia su esposa cuando esta lograba que el gran y huraño hombre bajara sus defensas y se acurrucara como cachorro desvalido en el regazo de su amada, sonrisa que solo mostraba cuando esta muy orgulloso o feliz, sonrisa que hasta la fecha, nunca había aparecido para ella.
—Yo también te extrañe, cariño.
Helga observo detenidamente a la recién llegada, como cualquiera que ve al objeto de sus celos, tenia una marcada belleza, un pelo dorado como el sol y una aptitud de amar al mundo, Helga bufo, si, ella si se parecía a Mirian.
— ¿Es ella?— la Hermosa mujer pregunto a Mirian y desvió su atención hacia Helga, la niña le miro con el rostro apacible queriendo demostrar indiferencia.
—Si cariño, es ella. — Helga sintió como era examinada, mientras la hija mayor de su padre se acercaba hasta que quedo frente a ella agachándose a la altura de su rostro.
Lo veía venir, que la joven la odiara, se había mentalizado para ello, después de todo, si Bob que supuestamente era su padre no daba indicios siquiera de querer soportarla, ¿por que ella tendría que quererla?
Olga dio un par de parpadeos con sus negras, largas y rizadas pestañas, hasta que soltó una radiante sonrisa, —que mona eres.
Hipócrita…
Helga frunció el ceño en conjunto con las comisuras de sus labios, mientras la miraba con los ojos entrecerrados, expresión demasiada adulta para una niña, expresión demasiada implícita, expresión donde se mostraba ofendida, esa mujer se estaba burlando de ella.
Olga dio nuevamente otra par de parpadeos mostrándose sorprendida y hecho a reír con más ganas mientras la abraza melosamente, – ¡deberás que eres mona hermanita bebe!— Helga se sintió mas irritada, acaso estaba loca esa mujer, ¿quien en su sano juicio ahoga y tortura a la gente de esa manera?
Demencia….
—Pero, ¿sabes?, hermanita bebe, tu peinado no cuadra contigo, es demasiado rígido.— Llevo sus manos aun con los guantes puestos hacia las coletas de la pequeña niña y comenzó a despeinarla con sumo cuidado y cariño maternal en sus ojos, —¡ahora si¡, por que tu, mi querida hermanita ,estas destinada a la exótica libertad, en eso esta tu grandeza.
Helga sintió nuevamente un calor invadir su pecho y doblegar sus temores y recelos ante eso sinceros y cálidos sentimientos, mientras dejaba atrás su seño fruncido y le daba el mayor tesoro que poseía a Olga Pataki, su amor incondicional.
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Libertad….
¡Ha! Grandiosa y añorada libertad, aquella a la que su hermana le dijo que pertenecía, la misma libertad con que actuaba y deliberaba, libertad que traspiraba en cada poro de su piel, libertad que se le vio arrebatada en cuanto Lucrecia Miller le apunto con un arma en la intimidad de su habitación en la mansión de los Lloyd.
Sintió el cálido contraste del liquido carmesí contra la piel se su rostro, viscosa, resbalando hasta su cuello marcando un camino de brutalidad.
Callo hincada ante el peso que se venia sobre ella y de sus ojos que se negaban a cerrarse unas cálidas gotas comenzaron a salir cayendo deliberadamente sobre el rostro que sostenía en sus piernas.
La desesperación comenzó a hacer mella en ella mientras veía los ojos de la persona que la había defendido, mirándola fijamente, con su típica amabilidad.
— ¡IDIOTA! ¿PORQUE? ¿¡POR QUE LO HIZO SHORTMAN!?— le grito al rubio que ya hacia tendido sobre su regazo desangrándose rápidamente.
Arnold le sonrió genuinamente y con el poco aliento que le quedaba le respondió entrecortadamente. —Ni… yo… mismo… lo se. — Levanto lentamente su mano hacia el rostro de la rubia y la acaricio suavemente, —no llore…. por favor… no llore, un… un... hombre que se respete... jamás… hace llorar a una mujer.
Helga apretó con una de sus manos la mano de Arnold sobre su rostro y comenzó a derramar mas lagrimas, lagrimas de amargura y desolación, lagrimas de desesperanza, lagrimas que se dan cuando se siente lo perdido, lagrimas que se derraman ante lo que pudo ser, lagrimas que salían desde su corazón, el cual mostraba sus sentimientos escondidos y apresados, lagrimas de amor.
—Que desperdicio, era tan guapo. — Lucrecia sonrió con malicia y volvió a apuntar hacia la rubia, —No te preocupes querida, le aras compañía.
"Aun cuando deje de respirar"
Helga la miro fijamente y sostuvo con fuerza a Arnold, ya no mostraba el miedo que al principio la azoto, no, no con Arnold muriendo entre sus brazos, ni siquiera parpadeo cuando escucho el "clic" que hizo la pistola cuando Lucrecia jalo el gatillo por segunda vez, "clic" "clic" "clic", Lucrecia refunfuño y comenzó a azotar la pistola contra una de sus palmas, tratando de que esta funcionara —Porquería inservible.— Gruño por lo alto tirando el arma al piso, y saco una navaja de entre los pliegues de su vestido sonriendo con malicia. —Ni que decir Pataki, te quería dar un final rápido e indoloro, pero se tiene que hacer lo que se tiene que hacer, aun se al modo antiguo.
"Te protegeré"
Camino hacia Helga con cuchillo en mano, nuevamente Helga sintió como el cálido escozor de la sangre sobre su piel, mientras Lucrecia caía de rodillas con su tétrica y maniática sonrisa estampada en su rostro mientras el eco del disparo se disipaba por las paredes.
La morena se llevo las manos al pecho y después bajo su mirada hacia sus palmas completamente empapadas por su sangre, dejando por fin que la sonrisa desapareciera, para pasar a una expresión moribunda y desorientada.
—Yo solo quería amor. — Giro su cabeza para ver a un Alan con expresión pérdida apuntándole con la misma arma con la que ella había herido a Arnold, la misma arma que no había querido funcionar, la misma arma que ella había tirado al suelo. —Tu… Amor… Alan. — Lucrecia le sonrió por última vez para después caer sin vida aun mirándolo con sus ojos sin brillo.
Alan dibujo una triste expresión mientras el arma resbalaba de entre sus dedos.
— ¡Shortman! ¡SHORTMAN!— Helga movía desesperadamente a un inconsciente Arnold tratando de que este reaccionara mientras las lagrimas ya cada vez mas reacias a desaparecer inundaban su ojos, y así, ante los ojos del roto Alan, Helga abrazo a Arnold con tanto desesperación, ahínco y amor en su mirada que Alan no tubo mas que aceptar su derrota. —Por favor, Arnold, ¡no me dejes!
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¡HOLA! que tal mis amores, gracias por sus hermosos comentarios me hicieron muy pero muy feliz, perdón por la tardanza, fue un mes si no es que un poco mas sin actualizar pero apenas tuve la oportunidad y apenas se me abrió la mente para proyectar lo que llevo meses imaginando.
A los que se toman la molestia de hacerme inmensamente feliz con sus comentarios, le agradezco:
sweet-sol
xxy c
Mari301
selene
Lizzy
MarHelga
Seorito Annimo
Silvia
bombondespistadapenny2
Milanh
escribir toma su tiempo, cariño y dedicación, por eso gracias por tomarse el tiempo de comentar.
Les adelanto a partir de este capitulo ya vendrá el romance en toda su esplendor, sin dejar de lado el drama por supuesto.
El siguiente capitulo ya esta escrito, dependerá si veo aceptación si decido subirlo pronto, además del tiempo que me tome editarlo.
De antemano pido disculpas por las faltas de ortografía que pueda haber, no es escusa pero se los contare, yo soy disléxica, y la razón por la que comencé a escribir fue por que me lo recomendaron como ejercicio para mejorar mi ortografía, que si, era un horror, mas que ahora, y termine enamorada de escribir, he mejorado pero aun así se me complica el asunto, así que si encuentran alguna falta díganmela para corregirla se los agradeceré muchísimo.
Hasta la próxima
