Los personajes de OUAT no me pertenecen

(Adaptación)

Como soy buena he subido un capi nuevo ¬_¬ pero quiero mas RWs

Así que ya saben chicas entre mas RWs mas rápido subo capi nuevo.

Este capi va dedicado a las TAMIS! :3 las quiero chicas, aun no llegamos a sus capítulos dedicados ;)

Las dejo leer no sin antes recomendarles algunas muy buenas escritoras por acá fanclere con historias muy originales, franchiulla con muy buenas traducciones y se ha animado ha publicar una historia de su autoría muy buena , The Little Phoenix para aquellas que le gusta lo sexoso y MaryMontoya17 buena amiga y autora de una muy buena historia en proceso

Disculpen los errores

DISFRUTEN DEL CAPITULO


Capítulo siete

Como la mente de Emma ya no se rebelaba contra sus sentimientos hacia Regina, la noche se convirtió en su amiga y la animó con imaginaciones de besos y abrazos en lugares que no reconoció. En armonía con su mente conspiratoria, recurrió a chanchullos y artimañas: una suave corriente de aire imitaba el aliento saturado de sueño de alguien a su lado, los tiernos dedos del crepúsculo alborotaban su pelo. Las trampas eran tan realistas que, cuando despertó por la mañana, creyó realmente que abrazaba a Regina y no la almohada.

Se obligó a esperar las horas más razonables de media mañana antes de coger la tarjeta de negocios y, con el dedo tembloroso, marcar el número de Regina.

—Hola, soy Regina Mills Hertford. ¿En qué puedo ayudarle?

Emma saboreó todas y cada una de las palabras, deleitándose con la cálida, aunque profesional, presentación.

—Hola, soy Emma, la otra mujer de Inglaterra que admira los poemas de Sharon Olds —bromeó espontáneamente.

Oyó una risita. A Emma le aletearon los dedos de placer. La había hecho reír, pensó con ingenuo orgullo.

—Vaya, hola, colega. Me alegro de que hayas llamado. Estoy trabajando en unos diseños un poco complicados y tu llamada me sirve de bienvenido descanso —respondió con voz tierna, pero clara.

—Encantada de ser útil —repuso Emma—. Espero ser de más ayuda cuando lo necesites... Me preguntaba si te gustaría venir mañana a comer conmigo.

—Es muy amable de tu parte, Emma, pero tengo un pequeño problema. —A Emma se le encogió el corazón momentáneamente—. El dueño de los diseños en los que estoy trabajando me va a llamar mañana para concertar una cita. Por desgracia, tengo que estar cerca de los bocetos, así que creo que debería quedarme.

—No te preocupes —susurró Emma, intentando en vano ocultar la decepción que reflejaban aquellas tres palabras.

—Eso no quiere decir que no podamos vernos —dijo Regina tendiendo un cable—. ¿Tienes coche?

Emma no tenía, pues nunca había visto la necesidad de tener coche en Londres.

—Hay una buena caminata de aquí a la estación —continuó Regina—. ¿Qué te parece si voy a recogerte sobre las diez, comemos aquí, recibo mi llamada y luego salimos a pasear? El tiempo ha sido muy agradable esta semana y las predicciones indican que mañana hará sol. Podemos abrigarnos bien.

Emma intentó contener la juvenil exuberancia de su voz cuando respondió, casi chillando: «¡Sí, suena fenomenal!», antes de que Regina hubiese acabado la frase.

Regina volvió a reírse al percibir el evidente entusiasmo de Emma.

—En ese caso, jovencita, será mejor que me diga dónde vive.

Después de la llamada, Emma se dedicó a flotar por las habitaciones con una sonrisa idiota en la cara. Antes de llamar había experimentado la duda, el inevitable titubeo que forma parte del enamoramiento: «¿Se alegrará de que la llame o pensará que es demasiado pronto?». El hecho de que sus temores fueran infundados se sumó al claro espíritu positivo de la conversación.

Después, encendió y apagó el reproductor de CD varias veces, incapaz de decidirse por el estilo de música que concordase mejor con su estado de ánimo, así que decidió hacer algo concreto y ejercitar parte de su energía.

Se entretuvo recogiendo el bañador, la toalla y varios cosméticos que necesitaría para ir a nadar. Era una hora estupenda para ir a la piscina, pensó, pues la mayoría de la gente iba de compras el sábado por la mañana y la piscina solía estar casi vacía.

Con la mente en blanco, Emma buceó en las atrayentes aguas translúcidas de la piscina y pasó tres cuartos de hora recorriendo las calles de arriba abajo, deteniéndose sólo de vez en cuando para cambiar de estilo.

Cuando completó su extenuante recorrido, se sentía exhausta, pero mejor. Al menos podía pensar.

De camino a casa, Emma se detuvo en el supermercado para comprar unas cuantas cosas imprescindibles para la semana siguiente. En la entrada principal del supermercado había un puesto de flores en el que compró crisantemos blancos para el salón.

Mientras admiraba las flores, una dependienta con ganas de agradar se acercó a Emma con su uniforme acreditativo.

—¿Busca flores pensando en alguien, querida? —preguntó haciendo con el brazo un gesto que abarcaba toda la selección.

—Sí, sí, para un amigo —murmuró Emma tímidamente, intentando imaginar qué diría la dependienta si supiese la verdad. Su incomodidad se convirtió en provechosa, pues la eficiente empleada adoptó el papel de amante al que quería obsequiar.

—Bien, querida, las rosas significan amor y pureza si evita las amarillas; los narcisos, amor no correspondido; los tulipanes son una declaración de amor; los alhelíes, vínculos de afecto, y los claveles, sobre todo los rojos, indican que mi corazón sufre por ti. ¿Alguna de estas opciones es la adecuada? —

Esperó, inclinándose ligeramente hacia delante, como si quisiese invitar a Emma, igual que una de sus delicadas flores.

—Es fascinante —declaró Emma, impresionada con su dominio de los significados—. Sí, definitivamente quiero dos ramos de claveles rojos y dos blancos. ¿Qué representan los blancos?

—La inocencia y el amor puro, querida —anunció mientras seleccionaba los ramos que había pedido Emma.

«Mi corazón sufre por ti y el amor puro... irán de maravilla», decidió Emma.

Pasó la tarde pensando en qué se pondría al día siguiente. Como había dicho Regina, estaban disfrutando de un largo período de días soleados, pero había que pagar un precio. Tras el cristal, invitaban a salir y disfrutar del calor; uno se confiaba y se ponía jerséis ligeros, pero luego emitían fríos zarcillos que se colaban en finas capas hasta la médula. No, sería mejor llevar ropa elegante, pero práctica. Con las sensuales eufonías de un CD de Enigma siguiéndola por la casa, decidió al fin su indumentaria. Llevaría una blusa de algodón a cuadros rosas con vaqueros de lona caquis y un grueso jersey con dibujos de rosas y cuello francés. Sobre eso se pondría su trenca universitaria y en los pies unas botas de caminar.

Mientras revisaba la ropa, le pareció prudente ponerse su mejor ropa interior, ¡por si acaso! Eligió un sujetador rosa estampado con un top de encaje a juego con la braga, su lencería. Una palabra para saborear: lencería. Sonaba tan elegante y exclusivamente femenina que no se imaginaba una palabra mejor.

Cogió su libreta y escribió:

Aquí esta la verdad, la manzana real

con su mohín rosa que flota sobre

«alguien» moreno.

Un sueño fugitivo de sedoso tesoro

suspendido, maduro, con rosado rubor,

resbala jugosamente cuando desabrochado

cae,

tentando a la Reg (ina) que hay en nosotros

antes de deslizarse.

Una alegre Emma estaba lista. Aún tenía tiempo hasta el día siguiente, así que pasó las primeras horas de la noche acicalándose el cuerpo y el pelo antes de acurrucarse en la cama, esperando el manto del sueño y la llegada de su amiga. Amiga; se sumió en la placidez mientras su boca dibujaba la palabra.