Disclaimer: Los personajes de DBZ no me pertenecen, sino a su creador Akira Toriyama.
EL PROBLEMA
Capítulo #7: Oportunidad en la desventaja
El desencajo de la muchacha fue abrumador al ser testigo de aquello. ¿Cómo era posible que él pudiera volar? La respuesta lógica a ello era que se tratara de algún simple truco. Volar por los cielos era algo imposible para un hombre común y corriente, ella lo sabía porque ni siquiera su padre era capaz de hacerlo.
Permaneció oculta tras el mismo arbusto a la espera del regreso de Gohan. Necesitaba saber qué tipo de truco usaba para poder volar sin necesidad de una nave. Aquella habilidad de su compañero, sin duda le aportaba una ventaja que significaría un problema a los propósitos de Videl; pero nada la detendría.
Vio a Goten sentarse a esperar a su hermano sobre el gran tronco derribado. Aquello era indicio de que el muchacho tardaría en regresar. Pero por el contrario, en breves minutos apareció arrastrando un árbol de menor envergadura. Su hermano menor al verlo acercarse se puso de pie contemplándolo pensativo.
–Oye Gohan ¿te puedo hacer una pregunta? –inquirió curioso el infante.
–Claro Goten, dime qué sucede –contestó amable, el chico.
–¿Yo puedo volar por los cielos como tú?.
En aquella interrogante, Videl vio la oportunidad de enterarse del truco que utilizaría Gohan para volar y así, en un momento de descuido arrebatarle el artefacto que le ayudaba para equiparar habilidades.
–Claro que sí, Goten. Solo debes aprender a controlar tu ki y lo lograrás. Solo necesitas algo de entrenamiento.
–"Controlar su ki ¿De qué se supone que está hablando?" –se cuestionó la secreta espía.
–¿Y tú me enseñarías? –preguntó ahora el menor de los Son a su hermano.
–Sí. Pero ahora apresurémonos que mamá se molestará con nosotros si no llegamos pronto –entonces iniciaron el camino de regreso al hogar arrastrando los troncos derribados.
La situación había logrado generar en ella durante todo aquel fin de semana un debate interno del cual no hallaba pronta resolución. El orgullo y la astucia no se daban tregua como contendores. Por una parte, Videl sentía que era humillante el solo hecho de pensar en pedirle ayuda al sujeto sobre el cual recaía su necesidad de venganza; pero por otra, aquello le resultaría muy ventajoso, al menos para equilibrar las habilidades entre ambos en el momento del enfrentamiento.
Ya era lunes y sintió que no podía esperar más. El tiempo corría y debía abastecerse de todos los medios posibles para finalmente concretar su objetivo. Fue así como ahora se hallaba en aquella terraza. Siendo una vez más testigo de la salida del sol por detrás de los edificios para ser recibido con su esplendor por el firmamento azulado que abrazaba la tierra.
–Entonces es mentira que viaja en una nave. Vuela por sus propios medios hasta aquí – monologó la muchacha aquel lunes en la terraza –"Será mejor que me oculte para sorprenderlo" –reflexionó ahora.
Miró a su alrededor, en búsqueda de un lugar donde permanecer oculta para no advertir de su presencia a su compañero, entonces se encontró con aquel viejo escritorio detrás del cual Gohan le había asegurado que dormía. Se acercó a paso sigiloso hasta el lugar, quizás estaba allí; pero para su alegría, no lo halló. De tal manera, utilizó el sitio como su propio escondite.
Los minutos pasaron y él no aparecía. La teoría de que el muchacho llegaba con gran anticipación a la preparatoria era derribada con mayor seguridad por la ojiazul. Si bien la habilidad de volar con la que contaba Gohan era una gran desventaja para ella, también veía en ello una oportunidad para aprender algo que le ayudaría a vengarse.
–Que bueno, he llegado justo a la hora –monologó el muchacho mientras veía la hora en su reloj –"Será mejor que me de prisa, alguien podría sorprenderme" –caviló ahora mientras se disponía a iniciar su marchar.
–Buenas noches, Gohan –la sarcástica voz de Videl lo hizo brincar del espanto.
–No… No puede ser. Videl ¿Qué estás haciendo aquí? –formuló atolondrado el muchacho al ver a la chica sentada sobre el escritorio.
–Como me contaste que venías a dormir aquí por las mañanas, quise venir a asegurarme que mi compañero de salón no faltara a clases por quedarse dormido; pero ya veo que no será necesario –a pesar del tono irónico de la joven, Gohan parecía creer en las palabras de la chica.
–Te lo agradezco de todas formas –una gota de sudor bajó desde su frente mientras veía a la muchacha aproximarse a paso lento y con aquella eterna hostilidad dibujada en sus ojos. Por su expresión, comenzó a dudar de la buena voluntad que reflejaban sus palabras.
Ella se detuvo a escasos pasos de él con desafío en su mirada; ante tal amenazante presencia el muchacho retrocedió por inercia como queriendo huir del peligro que lo acechaba. Videl permaneció en silencio, parecía no querer decir nada; Gohan por su parte, no lograba formular frase alguna para acabar con aquel incómodo mutismo, que no hacía más que incrementar las dudas en su mente respecto a la aversión de su compañera hacia él y sobre todo qué había visto cuando lo vio llegar.
–¿Cómo lo haces? –preguntó de golpe, generando el sobresalto del pelinegro.
–¿A qué te refieres? No sé de qué hablas –titubeó evadiendo la mirada de su interlocutora.
–¡Si sabes de qué te hablo, no te hagas el tonto! –gruñó– Te vi, Gohan. Sé que puedes volar por los cielos. Explícame como lo haces –exigió ahora sin apartar su mirada del rostro del muchacho.
–¡Qué! Yo no sé … –intentó negar las palabras de Videl; sin embargo, al ver como esta fruncía el ceño de forma más enérgica, supo que no tenía posibilidades de ganar aquella discusión– Para ser honesto, es algo difícil de explicar –susurró apremiado.
–¿Que no eres tan listo, eh? Entonces sabrás explicarme.
–Es que yo…
–Si no me lo quieres contar a mí, si se lo querrás decir a alguien más.
–¡No! ¡No! Nadie debe saberlo –contestó alarmado.
–Así que es un secreto ¿eh? –reflexionó en voz alta –Bien, si no quieres que nadie más se entere, deberás enseñarme a volar por los cielos –negoció la chica de ojos azules.
–¡Qué! Yo no puedo hacer eso –rebatió.
–Entonces si quieres que todos sepan que puedes volar…
–¡No, no, no! Claro que no.
–Entonces me enseñarás a volar.
Esta vez, Gohan advirtió que las palabras de Videl no eran una petición, sino más bien una sentencia a la cual de forma obligatoria debería obedecer, al menos que quisiera que todos supieran de una de sus habilidades. De tal manera, desistió en su negativa.
–Esta bien, te enseñaré a volar –musitó.
–Muy bien, Gohan. Puedes contar con que tu secreto estará a salvo –dijo la muchacha para luego abandonar la terraza.
Aquella situación logró perturbar a Gohan. Era la segunda vez que tenía un diálogo con la muchacha, y ella ya había descubierto que podía volar. Y ahora debería enseñarle aquella técnica. Sin duda debería ser más cuidadoso, o ella acabaría enterándose de su identidad, lo cual le causaría grandes problemas.
–"Esa chica es muy lista o yo muy despistado" –reflexionó ahora, teniendo como ruido ambiente, la armonía de las campanas que anunciaban el inicio de aquella jornada académica.
La jornada avanzó y Gohan pudo notar el evidente cambio de la actitud de Videl con él. Ya no se encontraba con su insistente mirada inquisitiva cargada sobre él, ni tampoco con su negación a incluirlo en sus actividades académicas. Ante la orden del profesor de gimnasia de formar grupos para el partido de baloncesto, la chica solicitó a Ireza, Akira, Shapner…
–Y Gohan también estará con mi equipo –indicó, generando el asombro no solo del pelinegro, sino también el del resto de sus compañeros que habían sido testigos de la antipatía de la muchacha hacia él.
–¿Yo? –le preguntó desencajado.
–Claro que sí, ¿hay algún otro Gohan en nuestra clase? –respondió con molestia, la ojiazul.
–No, no. Es solo que yo…
–Tú nada. Estarás en nuestro equipo, es una orden –Gohan no terminaba de comprender en qué pensaba la muchacha. La posibilidad más lógica era que quería que haciendo uso de su capacidad de volar les asegurara la victoria; sin embargo, con el avance de la jornada se daría cuenta que era algo más preocupante que eso.
Durante la clase de química, el profesor solicitó a los estudiantes reunirse en parejas para el trabajo en el laboratorio de ciencias. En aquel momento Ireza quiso aprovechar la oportunidad para trabajar a solas con el estudiante nuevo.
–¿Seamos equipo? –preguntó insinuante la rubia.
–Claro, con mucho gusto – contestó Gohan con una sonrisa, aquella muchacha era la única persona que lo hacía sentirse acogido en aquella preparatoria, y por supuesto se sentiría cómodo al trabajar con ella.
–De ninguna manera, Gohan será mi equipo –Videl intervino, el pelinegro la miró con espanto.
–¿Qué dijiste? –tartamudeó.
–Ya escuchaste, tú trabajarás conmigo –repitió clavando su mirada amenazante en el chico.
–Lo siento Videl, pero yo se lo propuse antes –rebatió Ireza.
–Es una lástima, pero Gohan y yo tenemos un acuerdo y no lo puede romper.
–¿De qué acuerdo hablas? –inquirió curiosa, Ireza.
–Es algo entre él y yo –respondió la hija de Míster Satán– ¿Verdad Gohan? – cierto tono amenazante advirtió en aquellas dos simples palabras, ante lo cual no tuvo más remedio.
–Lo siento, Ireza. Pero haré equipo junto a Videl –se excusó.
Y lo mismo ocurrió más tarde a la hora de almuerzo. Se quedó junto a él, aunque sin dejar escapar palabra alguna. La extraña actitud de Videl intrigaba a Gohan de sobremanera. A pesar de que buscaba con insistencia su presencia, parecía no querer crear algún lazo amistoso con él.
–"Es como si realmente quisiera dejar en claro que lo único que le interesa de mi es que le enseñe a volar" – aquella fue la única reflexión a la que podía llegar al verla consumir sus alimentos en estricto silencio.
Más tarde la jornada acabó. Milk había pedido a Gohan que aprovechara su estadía en la ciudad para comprar algunos productos que eran escasos en las tiendas colindantes a las Montañas Paos. Fue de aquel modo, que el primogénito de Gokú caminó a paso descuidado por el centro de Ciudad Satán.
–Espero encontrarlo todo –monologó mientras echaba un vistazo a la extensa lista que su madre le había entregado.
Al ingresar a la tienda, cogió un carro para añadir los productos. Entre los pasillos de cereales, lácteos y pastas, ya había logrado completar la capacidad del carro. A vista de cualquiera, aquellos alimentos estarían destinados a ser consumidos en un periodo no menor a un mes; sin embargo, siendo que aquella familia contaba con dos saiyajines, lo más probable es que aquella comida fuera consumida al cabo de una semana. Claro, si los hermanos Son no tenían demasiado apetito.
Al momento de querer cancelar los productos, Gohan recién advirtió la gran cantidad de clientes que se encontraban en el lugar. Pareciera que hubieran conspirado para visitar el lugar justo a la misma hora que él y así extender la estadía del muchacho en la ciudad.
El bullicio de las personas allí dentro, más la música que ambientaba el lugar acompañada de la voz de un hombre que a través de un micrófono daba a conocer diferentes ofertas; hacía que Gohan permaneciera ignorante al escándalo que se desarrollaba en las afueras de aquella tienda. Solo cuando abandonó el sitio, se pudo enterar de lo que ocurría.
–¿Por qué todos huyen? –balbuceó curioso mientras veía correr a las personas en la misma dirección.
Caminó al encuentro del objeto de sus temores, y pudo ver que se trataba de dos tigres que en completa libertad recorrían las calles de la ciudad intimidando a los ciudadanos.
–¡Oye, disculpa! ¿Qué hacen esos tigres aquí? –preguntó curioso a un muchacho rubio que observaba desde un callejón la escena.
–Se escaparon del zoológico, aún no han venido por ellos –relató temeroso el chico.
–"Tengo que detenerlos, o sino podrían lastimar a alguien. O la policía los herirá a ellos" –reflexionó el primogénito de Gokú. Dejó las bolsas con sus compras con el muchacho rubio, y buscando un lugar solitario, se transformó en súper saiyajin.
Segundos más tarde, estaba junto a las fieras.
–¡Miren es el guerrero dorado! –uno de los presentes anunció la presencia del héroe.
–¡Sí! Vino para salvarnos de esos animales –añadió otras voz.
–¡Vamos, guerrero dorado! ¡Tú puedes! –animó un tercero.
–¡Por favor, aléjense! Solo detendré a estos animales. No pretendo hacerles daño –anunció el ahora rubio, mientras contenía a los tigres abrazándolos.
Minutos más tarde, el personal del zoológico ya estaba en el sitio para llevarse de regreso a las fieras.
–"Bien, todo ha vuelto a la normalidad" –caviló mientras veía como los animales eran trasladados.
–¡Gracias, Guerrero Dorado! –se escuchó una voz a la distancia.
–¡Sí, gracias! –se oyeron nuevas voces.
–"Creo que será mejor que me vaya antes que empiecen a hacerme preguntas" –reflexionó ahora mientras se disponía a iniciar el vuelo; sin embargo, un peso sobre sus hombros lo detuvo. Lo primero que vio, fue unas piernas que colgaban desde sus hombros y luego, un rostro que de forma sorpresiva se inclinaba hacia el propio con inquietante cercanía.
–Al fin nos conocemos, Guerrero Dorado –espetó la muchacha.
–"No puede ser, es… es Videl" –reflexionó espantado al reconocer a su compañera de salón en la persona que yacía sentada sobre sus hombros.
Claro, en medio del ruido, había pasado por alto el rugido de un motor de una nave que sobrevolaba la zona. La cual creyó que correspondía a los dueños del zoológico o de la policía; pero no, era Videl que advertida del peligro que acechaba a la ciudad, se preparaba para intervenir. Pero enorme fue su sorpresa cuando desde las alturas lo vio a él; al hombre de escurridiza identidad.
–"Esta vez no escaparás" –pensó mientras se preparaba para saltar desde su nave. Acercó su avión lo necesario y calculando de forma milimétrica el paralelismo entre ambos, brincó para caer sobre los hombros del muchacho.
Gohan intentó huir, pero con ella sobre sus hombros, por más que corriera, no lograría apartar lo suficiente.
–Señorita, por favor bájese. Ya debo irme –solicitó el rubio.
–No lo haré hasta que me digas quién eres –rebatió esta afirmándose con mayor ímpetu del guerrero.
–Eso no tiene importancia –contestó mientras se sacudía de un lado a otro intentando aflojar las extremidades de Videl.
–Claro que sí. De lo contrario no lo ocultarías –discutió ahora, la ojiazul.
–"Esta niña sí que es obstinada" –reflexionó ahora –Esta bien, si te bajas te lo diré .
–¡Claro que no! Quieres que haga eso solo para huir –contradijo.
Definitivamente Gohan se sentía perdido. Pareciera que estuviera escrito que aquel día no podría escapar de Videl. Primero descubrió que podía volar, luego las amenazas para que hiciera trabajos con ella y ahora estaba a punto de descubrir que él y el Guerrero Dorado eran la misma persona.
–"No quería hacer esto, pero no me queda más remedio" –se dijo a si mismo –Lo siento, señorita Videl.
–"Cómo sabe mi nombre" –abrió sus ojos con desmesura al advertir que él la conocía.
Se hallaba tan ensimismada en aquella reflexión, que no notó el momento en que Gohan haciendo uso de su velocidad se escurría de su joven viéndose arrebatada del sustento que la mantenía distante del pavimento, emprendió la súbita caída; pero para su fortuna él estaba ahí.
Antes que impactara contra el suelo, el rubio la sostuvo entre sus brazos. La muchacha al verse fuera de peligro, frunció enérgicamente el ceño.
–¡No necesito tu ayuda! Puedo hacerlo sola –gruñó divorciándose de los brazos del nuevo héroe.
–¿Qué le pasa a Videl?
–Se está comportando muy extraño.
–Creo que no le agrada el Guerrero Dorado.
–Es cierto, yo pienso que lo odia.
–¿Serán rivales?
–Puede ser… Pero él parece no odiarla.
–Quizás ella está celosa.
Los murmullos de la gente que observaba la escena, logró hacer recordar a la muchacha que no estaban a solas. Sus dientes comenzaron a crujir mientras su rostro reflejaba verdadera exasperación.
–¡Ya cállense, eso no les importa! –prorrumpió sintiendo arder su rostro.
Momentos más tarde, lo recordó a él. Miró en todas direcciones, pero no lo encontró. Gracias a aquella distracción, Gohan logró huir sin mayores impedimentos de regreso a casa.
Una vez allá, su madre lo recibió con una gran sonrisa como esperando algo de él. Entonces lo recordó.
–¡No puede ser! ¡Olvidé las compras en el callejón! –exclamó espantado.
–¡Que hiciste qué! –la vivienda pareció brincar ante la furia de Milk– ¡Ah! ¡Mi Gohan aparte de traer el cabello como un rebelde se ha vuelto un distraído! –lloriqueó la viuda de Gokú.
MUCHAS GRACIAS POR LEER, ESPERO SEA DE SU AGRADO : D
Agradezco los reviews de Vanessa NekoChan, Usuario865, ScarDreamer, Fabiola.H.J y Majo24. Sus apreciaciones siempre son un incentivo para seguir c:
