Hey, como ya les he dicho (Y si no lo había hecho lo hago ahora) escribo cosas como esta cada vez que, muy estúpidamente, me enamoro. Cuando empecé a escribir esto, me habían roto el corazón. Hoy, después de una felicidad que había durado demasiado, lo han hecho de nuevo. Escribo esto porque esa etapa buena se ha acabado, después de todo, la felicidad tiene un sólo propósito:Hacerte miserable. Les dejo este capítulo esperando que ustedes nunca pierdan la esperanza, la felicidad y la fe en el amor romántico, y si de hecho la pierden, sea tan poca su tristeza que no se den cuenta de que ya no la tienen en su relación. Espero que vivan en una ilusión feliz, porque por más que lo desee, es más que imposible desear que no amen nunca.
Así de estúpida resulta la naturaleza del sentimiento. Por hoy, es una naturaleza muerta. Disfruten del capítulo.
DEL COLOR DE LAS TORMENTAS.
A FUEGO.
"Yo ya no puedo prometerte amor eterno.
Regalé mi corazón y todavía estoy enfermo,
más todavía no he salido del infierno
pero tengo el secreto de Dios escrito en un cuaderno
eterno".
El aire aún huele a gritos de agonía, y ambos se toman de las manos, ahogándose de la fragancia del dolor ajeno. El fuego y la tierra parecen arrodillarse ante ellos, la madera de las casas aún chasqueando por el calor y el lodo alimentándose de la sangre que rinden como tributo.
Se besan, sintiendo el ardor del odio que las almas a su alrededor parecen tenerles, acechando, buscando y deseando una justicia que nunca va a llegarles.
Pueden apresarlos, pueden matarlos, aún así no lograrán que las sonrisas enfermas en sus rostros muestren atisbo alguno de arrepentimiento.
Se tocan, como si fueran llamaradas, abriéndose paso lentamente, creciendo su esplendor, su ardor, haciéndose uno con el viento y fundiéndose con el otro, consumiéndose entre su brillo, sus gemidos un rugido de desesperanza y sus ojos el averno de su consuelo.
Ninguno de los dos sabe quién es la madera y quién es la llama.
Sólo pueden sentir la náusea de la luz disminuyendo, irónicamente, cada vez que el fuego crece.
La oscuridad naciendo del útero de la combustión.
La vida desapareciendo ante el roce del dedo de Dios. La inmunda brasa de la pequeña aldea a sus pies alimentando el fuego de sus locuras.
La exquisita paleta de colores que crean el naranja del atardecer, el rojo de la sangre y el amarillo de la luz.
Ambos se vienen, sus pupilas dilatándose ante el vacío, sus manos inmaculadas tratando de ensuciar al otro.
Negro y blanco.
Ambos eran una absurda mezcla que ellos lograban hacer funcionar.
El sabor del suelo en sus lenguas, la esencia del otro en sus sexos, la corteza de un árbol arañándoles la espalda,, las palmas. El cielo partiéndose en dos entre sus manos, las estrellas celosas de su altura.
Era hermoso sentir la psicosis enlazándose con su inmortalidad, querían morir, una, diez, mil veces más para volver a pasar por la sensación.
Pero aún había sueños pendientes así que lanzaron el recuerdo de esa tarde en el depósito de su memoria. Konoha había hecho de ellos un par de asesinos imparables, artistas de la destrucción.
Tal vez esa misma podría ser su obra maestra. Como el último roce de pincel, el suspiro final de un amante, el vuelo final de una mariposa. La cordura besando los pies de la fe ciega.
Así ella, así él, ambos envueltos en el hedor del sacrilegio, usándolo como si de perfume se tratara.
Que todo desapareciera, entre lanzas, lluvia, viento y trueno. Nubes negras y aves muertas, hierba roja, carne desgarrada bajo las uñas, llagas ardientes, puñaladas, una y otra vez hasta perder la cuenta, hasta perder la sensación en los dedos y hasta olvidar el motivo que había atraído el metal al corazón.
Risas huecas, aflicción, miedo y ruina.
Que todo se desvaneciera, lento como los días. Que todo se fuera entre las manos del fuego.
Su fuego.
Espero que les haya agradado, después de este largo tiempo. Y lo espero de verdad, prefiero que ustedes disfruten de mi dolor a que lo haga ese imbécil.
Que le den.
Sin nada más que decir se despide, su amable vecina.
FARAH MAYSOON.
Alias "El Cisne negro".
Hoy más oscuro que otros días.
