CAP 7

"Un largo día"

Apretó los ojos un momento mientras la niebla comenzaba a disiparse de su mente, para ser suplantada por un insistente y molesto dolor de cabeza intenso.

Parecía como si alguien le hubiese quebrado la cabeza y tal vez así era por la forma en que le zumbaba. Tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no soltar una exclamación de dolor y con mucha pesadez, abrió los ojos lentamente; su cuerpo se sentía pesado y extraño, como si estuviese demasiado tenso. Y en efecto así era.

Muy lentamente, giró la cabeza para ver como le tenían amarrado sobre una mesa de metal, con los ejes y las llantas extendidas lo más que se podía, impidiéndole moverse ni un milímetro.

Apretó los dientes con molestia antes de percibir como alguien se acercaba por delante, cubriéndole con su sombra.

Entrecerró los ojos un poco, toda aquella habitación se encontraba a oscuras excepto por la potente luz sobre su cuerpo que era lo único que le permitía al menos, ver la silueta negra delante suyo.

-Eres tú McMissile?

Lucky tan solo le mostró los dientes mientras le dirigía su mirada de más intenso odio. Conocía esa voz.

Evan Dem Brasilia.

Del grupo de Serpientes de Europa. Una lámina. Qué hacía en Estados Unidos? Trató de moverse para acomodarse un poco mejor debido a que la postura era demasiado incómoda para él pero apenas lo intentó un intenso calambre de dolor cruzó por su cuerpo, haciéndole morderse los labios y apretar los ojos para no gritar.

Su cuerpo se quejaba a gritos por la postura.

El sujeto delante se acercó apenas. Los ojos azules del Ford se levantaron hasta donde se imaginaba se encontraría el rostro del otro coche debido a que seguía sin poder verlo; era ridículo, él sabía perfectamente de quién se trataba! Lo había conocido en una reunión de trabajo del grupo pero era obvio que el otro no lo recordaba.

Lo que al mismo tiempo era un alivio.

-Un vez más: eres tú Finn McMissile?

El joven corredor solo entrecerró los ojos un poco, sin dejar de verlo pero al mismo tiempo sin hablar. En un inicio, le había confundido totalmente el que le hubieran secuestrado, y no tanto por el hecho mismo de quién era (después de todo, ya habían secuestrado a sus padres, que quisieran llevarse al hijo tenía su lógica) sino por el simple hecho de que él no los hubiera detectado.

Cada uno de los miembros del grupo estaba totalmente entrenado para detectar el peligro. En cualquier circunstancia.

Pero esta vez, un grupo de al menos 7 coches se lo habían llevado.

Estaba demasiado distraído esperando a Finn.

Lo que lo había confundido, era por supuesto que requiriesen tantos autos para llevárselo; aunque podía admitir tranquilamente que podía despachar a más de tres, 7 le parecía un número exagerado tan solo para raptarlo. Pero ahora todo tenía sentido. Ellos no habían ido esa madrugada a llevarse a Lucky Daytona, habían ido a secuestrar a Finn McMissile.

Eso significaba que no habían asistido solo 7 láminas a los que seguramente el espía hubiera podido derrotar fácilmente, significaba que entre las sombras seguramente había muchos más cubriendo todas las salidas por las que el británico hubiese podido escapar; y si en ese momento él les decía que no era éste, solo tenían dos salidas a como recordaba:

O lo retenían hasta atrapar al espía. O lo mataban.

Definitivamente morir no era opción. Tenía sus llantas muy bien puestas en su filosofía sobre no morir por sus propios descuidos pero tampoco le agradaba la idea de que fueran a por el espía, que probablemente no se imaginaba que aquellos sujetos habían logrado dar con el sitio donde se había mantenido esos días.

Si ellos iban a por él…

Finn aún estaba débil. Aún estaba herido pero no eran tanto sus heridas físicas si no las heridas psicológicas. Aunque no le gustase admitirlo al otro, había sido bastante evidente aquella noche en que se había quebrado un poco, que no estaba bien; como aquellos sujetos lo atrapasen de nuevo, no iba a sobrevivir.

Y estaba seguro de que lo que le iban a preparar sería tan horrible o más como la primera vez.

Aún no se sacaba las imágenes de su violación reciente de la cabeza.

Tan solo de pensar un poco en el Aston Martin siendo ultrajado nuevamente… no. No podía permitirlo. No los iba a dejar tocarlo de nuevo. No sabía si Finn lo quería o no, pero él lo amaba y se había prometido estar para él y cuidar de su vida en su lugar y esto no solo implicaba ver que no se suicidara en misión, si no abarcaba incluso, el que recibiese algún tipo de daño emocional o físico como aquel.

De nuevo, clavó sus ojos en el otro coche, entrecerrándolos hasta que tuvieron el aspecto de un par de rendijas y le mostró los dientes. No iba a decir nada ni iba a emitir sonido alguno.

Aunque por poco y rompe su propio juramento de no emitir sonido.

Uno de sus cristales laterales se había hecho polvo con el repentino golpe que le habían dado por un lado; no había podido ver de quién se trataba por lo mismo que no podía moverse pero significaba que al menos, había otro coche a su lado, fuera de su rango de visión. Su corazón comenzó a golpearle desesperado el pecho debido al dolor y el joven corredor cerró los ojos con fuerza, tratando de no emitir sonido.

Entonces pudo saber.

Uno, dos… a su alrededor había varios coches más. Probablemente los mismos que le habían llevado arrastrando hasta aquel lugar.

Cómo le dolía la cabeza. No podía concentrarse bien, en cuanto trataba de pensar un poco más, su cerebro empezaba a latir rápidamente; seguramente era un acceso de migraña, pero era demasiado molesto y no le permitía pensar en una solución para salir del lugar.

-Deja de preguntarle si es McMissile, es obvio que lo es!

-Tenemos que estar seguros, si nos equivocamos…!

-Yo sé lo que te digo, lo es! Cumple con todas las características. Es como dice el dicho, tiene el tamaño de un Beetle, parece un Beetle, su claxon suena como el de un Beetle, tiene el color de unBeetle… ES UN CONDENADO BEETLE!

-Bueno… entonces… continuamos donde nos quedamos la vez pasada?- cuestionó otro coche en las sombras- el Profesor Zündapp quiere que nos diga de una maldita vez donde esconde Chromesu preciada cámara…

Lucky solo escuchaba pedazos de la conversación. Uno de sus oídos zumbaba horriblemente por el dolor que aún cruzaba su cuerpo pero aún así, casi no temblaba; era lo bueno de ser un corredor y tener experiencia en choques y golpes, un cristal estrellado no era lo suficiente como para quebrarlo y obligarlo a hablar.

Aunque eso de la cámara…

Definitivamente esas láminas estaban mal de la cabeza.

Era taaaaan difícil volver a pedir una copia de los planos modificados a quien la había hecho?

-Muy bien McMissile. La última vez lograste escapar con ayuda pero esta vez no lo harás. No siquiera podrás siquiera pensar en intentarlo, me escuchas? Y por tu bien, mas vale que empieces a hablar y nos digas donde está- la lámina enfrente suyo se acercó n poco más, cubriendo su rostro con su sombra

Pero el Ford tan solo le gruñó un poco.

Para empezar no tenía idea de donde se encontraba la cámara que querían. En segundo lugar… como lo había pensado, no iba a hablar. Tal vez su físico los engañaba a pesar de que no tenía la forma de un Aston pero sabía que donde abriese la boca, se iban a dar cuenta, no tenía la voz de alguien de la edad de Finn.

La lámina hizo un movimiento de cabeza y la ventana del otro lado cayó al igual que la primera; la boca del Daytona sangró cuando éste clavó sus dientes en sus labios, obligándose a no soltar ni una exclamación aunque su garganta hubiese emitido apenas y un sonido de dolor. Temblaba. Muy apenas pero lo hacía.

-De nuevo McMissile. Dónde está la cámara?

Lucky cerró los ojos. Tal vez sería más fácil soportar el dolor si no veía por donde vendrían los demás golpes. Porque sabía lo que iban a hacerle. Claro que lo sabía! Siempre que alguien necesitaba sacar información, se sometía al capturado a una sesión de tortura para que este confesase a gritos, antes de matarlo o dejarle morir por las heridas.

Palideció y no pudo evitar que un chillido saliese de golpe de sus labios.

Habían pasado un par de rastrillos de jardinería por sus costados, haciéndole saltar la pintura y dejándole marcado un rastro de líneas negras por ambos costados del cuerpo; ahora tenía los ojos abiertos y las pupilas pequeñas, observando a aquel sujeto al que ahora podía percibirle una sonrisa divertida.

-Dolió, verdad McMissile?- comenzó a reír aquel sujeto mientras observaba los temblores que recorrían aquel delgado cuerpo, tenso entre las cadenas que lo sujetaban abierto contra la mesa- seguramente es difícil estar tan relajado pero no te preocupes, en un momento olvidarás ese molesto dolor…

Lucky no lo creía. Se sentía como si le hubieran abierto el metal por los costados con una navaja de hielo que aún permanecía clavada, impidiéndole respirar, pero sabía que era porque al tomar aire, expandía su cuerpo y esto le abría más las heridas; abrió la boca, tratando de que aquella experiencia no doliese más de lo que ya lo hacía.

Volvieron a hacerlo, pero esta vez, añadidas a las nuevas heridas que le abrían a los lados, lo hicieron por su espalda. Trató de arquearse debido a la horrible sensación pero el espasmo de dolor que vino a continuación fue demasiado; el temblor producido por aquello aparecía solo a través de su cuerpo sin poder evitarlo.

Y aún así…

Tan solo abrió la boca de nuevo en un grito mudo.

Cómo demonios el británico podía soportar todo aquello y permanecer en todos sus sentidos?

No pudo cerrar la boca. Al siguiente momento, el sujeto enfrente suyo le había colocado algo parecido a un bozal que le obligaba a permanecer con la boca abierta mientras continuaban rasgando la pintura de su cuerpo y abriendo más las heridas de éste; esta vez el grito que brotó de su garganta resonó por las paredes de aquel sitio, haciendo reír a los presentes.

-Mucho mejor así, no McMissile?- se rió el coche delante, al ver como el sudor frío corría por el rostro del otro coche y como apretaba con los dientes aquella cosa entre sus labios- es más fácil si gritas… te ayudará a resistir más…

Lucky le miró con odio de nuevo. No podía creer que ambos perteneciesen al mismo grupo y mucho menos, que Finn pudiese estar tan tranquilo con el hecho de enfrentarlos después de lo que le hacían; porque estaba seguro de que aquello no era nada todavía y que probablemente venía mucho más por delante.

Cerró los ojos de nuevo.

Tenía que soportar. Prefería mil veces estar pasando él por aquello a dejar que el Aston estuviese en aquel sitio sufriendo aquello; al menos, él creía que lo bueno de ser joven era tener un buen aguante para aquel tipo de cosas. Tenía que concentrarse y pensar en como salir de aquello. Apenas y pudo dar un movimiento para sentir como el calambrazo de dolor cruzaba de nuevo a través de sus ejes debido a lo tenso que se encontraba.

Tenía que pensar en algo y rápido.

-Seguirás sin hablar McMissile?- cuestionó de nuevo la lámina

Lucky emitió un gruñido opaco en respuesta… con aquella cosa en la boca, ni siquiera podía hablar! El otro coche comenzó a reír, su propósito desde un inicio había sido ese, impedirle hablar ya que… que sentido tenía jugar con alguien si ese alguien cedía rápido?.

El Ford comenzó a tener arcadas cuando comenzaron a introducir aquel largo tubo en su boca y hasta su garganta; empezó a resollar y sus ojos se humedecieron debido al esfuerzo que le suponía no vomitar y aguantar aquella cosa gruesa en su interior. Los otros comenzaron a sonreír mientras otro coche se acercaba a una llave de agua, a donde estaba conectado el otro extremo.

-Mueve la cabeza si estás dispuesto a decirnos dónde está la cámara- dijo de nuevo el coche delante suyo

El de color azul tan solo trató de apretar los dientes y volvió a cerrar los ojos.

-Muy bien

Al siguiente segundo sus pensamientos fueron sustituidos por solo una cosa: respirar. Alguien había cubierto su rostro con una gran toalla mojada y a través de aquella manguera el agua comenzó a correr, llenando rápidamente su estómago y comenzaba a temer, que sus pulmones también; su cabeza comenzó a girar mientras su cuerpo gritaba por falta de aire.

Estaba desesperado. Comenzó a retorcerse a pesar del dolor para tratar de tomar aunque fuera una bocanada de aire, tenía que vivir, si quería que Finn en algún momento considerase su vida, él tenía que empezar por poner el ejemplo pero…

Era tan difícil…

Comenzó a perder la conciencia lentamente… todo alrededor comenzaba a nublarse mientras los costados y la espalda se le dormían debido a la adrenalina que circulaba por su cuerpo y le disminuía el dolor… su corazón parecía estar a punto de estallar mientras el color desaparecía de su rostro, siento sustituido por una leve tonalidad morada…

Vomitó.

Le habían sacado la manguera y ahora tosía y vomitaba sin ver, demasiado mareado como para tomar conciencia de si se encontraba en una habitación fija o en una mesa que giraba sin control y ahora estaba demasiado débil como para siquiera luchar contra la necesidad de quejarse; al fin, todo el contenido de su estómago y el agua se vaciaron mientras el aire volvía a ingresar en su interior, permitiéndole vivir un poco más.

Había sobrevivido lo primero.

-…

-Nada aún… no esperaba menos de ti McMissile- dijo la lámina enfrente observando la expresión mareada y cansada del otro.

Habían retirado la toalla y la manguera pero todavía había agua escurriendo por el capó y la parte baja del cuerpo del otro coche, tendido enfrente suyo; el británico ya no lo observaba a el, parecía estar algo perdido de donde se encontraba pero probablemente era a causa de la falta de aire momentos atrás.

La orden que tenían era de matarlo esta vez. No podían arriesgarse a que se les escapase de nuevo y que en esta ocasión, no pudiesen atraparlo nuevamente; pero antes todos ellos querían jugar un rato. No todos los días tenían la oportunidad de capturar a uno de los espías de Chrome y divertirse con éste.

También, dentro de un rato llegarían los demás láminas, quienes originalmente habían capturado a McMissile y quienes lo habían dejado escapar; seguramente cuando lo hiciesen, ellos se encargarían de todo y no les permitirían a ellos, los de nuevo ingreso, divertirse también y disfrutar de la tortura a la que lo someterían.

Tenían que aprovechar y demostrarles que ellos también podían jugar rudo.

El espía de nuevo lo veía con odio a través de su expresión cansada, mientras respiraba con dificultad y algunas gotas de agua aún resbalaban por su boca abierta; su cuerpo estaba mas tenso que antes, gracias a las heridas en todo éste que seguramente escocían al rojo vivo con aquel liquido corriendo a través de estas lentamente.

Hizo un movimiento de cabeza. Aún no estaba lo suficientemente débil como para dejar de luchar, ni siquiera el estar ahogándose le había hecho detenerse de verlo con aquel quemante odio que parecía atravesarlo todo; no, él deseaba verlo rendido y suplicante, de forma que sus superiores se admiraran de un trabajo tan bien hecho.

Finn McMissile iba a verse muy diferente cuando llegasen por él.

Se acercó despacio al otro coche que se tensó a pesar del dolor que podía ver que lo atravesaba por completo; era gracioso, pero creía recordar que las historias decían que el británico era mucho mas grande de lo que aparentaba, ya que a su visa, el sujeto se veía bastante joven. Realmente no tenía la pinta de un espía.

Sonriendo, hizo un lánguido movimiento de llanta a lo que sus compañeros se rieron con diversión mientras se acercaban; el de color celeste parpadeó algunas veces y movió sus ojos alrededor, observando a los otros coches que le rodeaban y que le veían con una expresión bastante retorcida.

El más joven tragó pesado. No era la primera vez que se encontraba en una mala situación, parte de servir con su grupo era pasar por muchas condiciones de peligro en las cuáles tenía que resistir… pero esa era la primera vez en que sentía tanto frío como en ese momento; podía sentir sus focos rojos de alarma sonando a todo volumen pero no tenía forma de alejarse o si quiera, de evitarlo.

Tenía que pensar rápido en algo. Tenía que moverse, tenía que salirse.

No podía dejarse vencer sin luchar.

-Tranquilo, según nos enteramos, esto te gusta…

Bastardos.

El grito salió sin poder detenerlo, debido a aquel maldito bozal.

Lentamente, comenzaron a ingresar un par de largas mangueras por sus dos tubos de escape en su parte posterior; esta raspaba y era forzada a través de sus tuberías hasta el frente, mientras él trataba de cerrar su garganta para no darles aquel gusto. Volvió a observar el coche delante suyo, si no fuese porque realmente se encontraba amarrado de aquella manera, en aquel momento ya lo hubiese matado.

Al fin ya no pudieron ingresarla más al fondo, pero de todas formas aquello era horrible.

Dolía demasiado. Ya no solamente era el mareo o las nauseas o el dolor en su cuerpo, tenía que sumarle el verse utilizado de aquella forma; volvió a tratar de retorcerse ante aquello pero era en vano, alrededor los otros coches comenzaron a reír por lo bajo, disfrutando de aquello. Lucky recordaba haber visto aquello cuando fuese a sacar a sus padres de aquel problema y si no estaba mal…

-Bueno... jugaremos un ratito… los demás no tardarán en llegar y seguramente te gustará verlos pero nosotros nunca hemos tenido la oportunidad…

El más joven cerró los ojos. De todas las cosas que hubiera podido pensar, aquella no era precisamente la que tenía en mente. Era humillante y degradante. Y esa era la intención por supuesto, si algo era bueno para someter al enemigo y hacerlo alejarse de los negocios de los demás, era forzarlo a desear no encontrarse en su camino nunca más.

El recuerdo de Finn siendo violado en aquella ocasión vino a su mente y después, formó la imagen de lo que estaría pasando el auto gris si se encontrase en aquel momento en su lugar; el espía estaba bastante mal… y si lo hubiesen capturado…; de nuevo, apretó aquella cosa entre sus dientes, tratando de resistir.

Lo estaba haciendo por él. Lo estaba haciendo por Finn.

De los dos, si alguien tenía que pasar por aquello, prefería ser él. No podía siquiera permitir que esos sujetos se diesen cuenta de que se habían equivocado y que lo fuesen a buscar; solo tenía que ser fuerte hasta que alguien en casa notase que faltaba o hasta que encontrase la forma de escaparse.

Tenía que hacerlo…

Sintió algo pesado sobre su rostro mientras era cubierto por algo pesado. Parpadeó un poco antes de dejar salir una exclamación de sorpresa y de desagrado, a pesar de que se había jurado no hacerlo nunca; el otro coche había trepado un poco hasta dejarle ver toda su parte inferior expuesta y cerca de su boca.

Volvió a moverse más desesperado, no importaba el dolor o si se arrancaba unas cuantas piezas, eso no iba a permitirlo en absoluto! Tal vez era luchador y tal vez, estaba pensando en huir pero eso no implicaba que les iba a dejar fácil que lo violasen a él de aquella manera; ya le habían ingresado a maldita manguera, no necesitaban hacerle eso también!

De verdad, eran capaces de llegar tan bajo, tan solo por destruir al otro!?

Se conocía el código de las Serpientes de memoria, lo había leído completo antes de aceptar ingresar. Y dentro de las cosas permitidas y prohibidas para destruir al enemigo, entre las prohibidas, se encontraban las violaciones.

Y hasta el momento, ninguno de los líderes o de los miembros del Consejo habían cambiado alguna regla al respecto.

No podían hacerle aquello, no podían.

-AHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

El grito salió por si solo. Por los lados, los otros coches se habían acercado y se empujaban por ser el que se metiese con él; uno había ganado y se había conectado directamente a su cuerpo mientras los demás aferraban sus cables eléctricos a otras partes de su tubería interna. Lo que había venido, había hecho estallar inmediatamente sus fusibles y había corrido a través de toda su hojalatería, quemando sus heridas ya existentes e hiriéndole severamente el estómago.

Aún tenía la boca abierta y el agua con la que lo habían tratado de ahogar, aún corría por el metal, por lo que aquel golpe eléctrico por poco y no lo mataba en un segundo.

Todo ardía.

Casi no podía respirar, sus pulmones parecían haberse quedado duros y los extremos de sus llantas estaban humeando: seguramente los cauchos habían comenzado a derretirse; trató de negar con la cabeza un poco, era demasiada electricidad, ningún coche en su mejor estad podía soportar con vida algo como aquello, ninguno podría pasar por eso sin perder la cabeza…

De nuevo, aquel golpe eléctrico vino sobre su cuerpo, haciéndole emitir un chillido agudo de dolor.

Un par de aquellos sujetos no conformes con tener que apretarse entre todos, arrancaron de golpe dos de sus tuberías que comenzaron a dejar salir aceite a través de estas y usaban estas partes para seguir conectados a él, sin tener que luchar por un espacio.

-…

No podía hablar pero podía expresarles al menos, parte de su frustración a base de sonidos; pero esto solo parecía animarlos mas, ya que uno de ellos dejó salir un par de delgados brazos de metal y lo empujó, provocándole un estremecimiento de dolor debido al crujido que provino de sus rines al ser estirados.

Hasta el momento había podido aguantar de llorar.

Se había negado rotundamente a hacerlo, no podía pensar siquiera en resistir hasta el final si acaso se quebraba de alguna manera; la cosa en su boca crujió peligrosamente y no supo si eran sus dientes o ese objeto, pero hizo su esfuerzo por no dejarles ver que le estaban haciendo tanto daño. Tal vez no podía detener sus gritos y gemidos pero al menos, podía retener las lágrimas hasta donde podía.

O eso creía.

Volvía a marearse. El dolor era demasiado como para soportarlo, ni siquiera en un choque había experimentado algo similar pero…

Las lágrimas brotaron solas al tiempo que abría grande sus ojos y sentía aquello pasar por su boca hasta su garganta.

Fue la primera vez en que trató de gritar y retroceder mientras el coche encima suyo sonreía divertido y dejaba salir una risotada, acompañada por el coro del resto de las lámina a su alrededor.

-Qué sucede McMissile?... no puedes soportar algo tan simple como esto? Pensé que tu lo hacías todos los días con tus jefes!

De nuevo aquel infernal coro de risas mientras el chico trataba de respirar y de removerse pero todo era en vano, aquel sujeto seguía introduciéndose en su boca al tiempo que le mandaba algunas descargas a través de esta

Era demasiado para él. Podía escucharlo gemir y suspirar sobre su cabeza mientras los demás se daban gusto con el resto de su cuerpo; tenía que ser irreal… cómo demonios Finn lograba sobrevivir a todo aquello si él apenas le había sacado de ese infierno, muchos días mas tarde? Apretó los ojos mientras lloraba en silencio.

Si lograba salir de ese maldito lugar, iba a asegurarse de que nadie volviese a ponerle una llanta encima mientras él estuviese con vida.

Así que tenía que sobrevivir.

Pero mientras tanto…

Apretó la garganta en un esfuerzo por no dejar entrar aquel cable, pero era en vano; pudo sentir escurrir a través de este el anticongelante del otro y de nuevo, la tos hizo presa de él mientras se ahogaba ante aquello. Definitivamente, no solo necesitaría un baño, iba a requerir de que le lijaran todo el cuerpo hasta necesitar una nueva carrocería.

Nunca lo iba a admitir.

Pero estaba aterrorizado. Lo peor de todo fue cuando literalmente no pudo detenerse de sollozar y temblar cuando uno de los coches que le pasaban energía, se alejó con sorpresa al tiempo que su clavija de seguridad, saltaba de la caja de su circuito eléctrico, dando por confirmado de que le habían arrebatado la inocencia de forma abrupta.

Se sentía ridículo. Pequeño y simplemente como nada.

Al fin, dejaron su cuerpo en paz mientras le retiraban aquel aparato de la boca y le permitían respirar y tratar de calmarse ante lo ocurrido pero no podía; aquel maldito líquido azul le corría por el rostro y por la boca y le recordaba que estaba ahí por su propia estupidez; era como tener una guerra de voces en su cabeza, una que le chillaba por haber terminado en aquel sitio y otra que le recordaba, que gracias a eso, el Aston Martin no era la víctima amarrada.

Pero qué tanto estaba dispuesto a pagar por la seguridad del otro?

Acaso eran palabras vanas las que le había jurado al otro coche, de protegerlo y cuidarlo toda su vida?

De impedir que tuviese que volver a pasar por una tortura como aquella?

-Última oportunidad McMissile. Hablarás o no?

Malditos bastardos.

Abrió los ojos con furia, aún húmedos y las cadenas crujieron mientras el hijo de los Daytona empezaba a hacer girar sus ruedas con fuerza, tratando de romper aquellas malditas cadenas y alcanzarlos a todos para hacerles pagar; rápidamente un par de coches se lanzaron a sus costados, haciéndole crujir el metal y provocándole al otro perder el aire.

El sistema que le permitía respirar se había fracturado y el aceite comenzaba a brotar de los labios del coche celeste; la lámina enfrente suyo se acercó y golpeó con fuerza su rostro con una de sus llantas.

-MALDITO MCMISSILE! NO ENTIENDES QUE ESTÁS ACABADO!? ESTO TERMINÓ PARA TI! SOMOS MÁS FUERTES QUE TU, SOMOS MEJORES QUE TÚ! ESTÁS TERMINADO, HUMILLADO, SANGRANDO… A PUNTO DE MORIR Y AÚN ASÍ SIQUES TRATANDO DE LUCHAR!?

Lucky tragó pesado parte del aceite que brotaba desde su estómago antes de escupirle al otro en el rostro con todo el desprecio que tenía. Este abrió mucho los ojos y retrocedió lentamente antes de apretar los dientes.

-Sí así lo quieres… entonces te mataremos como lo deseas- gruñó el otro coche antes de ver al resto- amárrenlo! No nos detendremos hasta que hables maldito desgraciado!

-Pero…- interrumpió una de las láminas levantando aquella pequeña pieza de seguridad y observándola

-HE DICHO QUE LO HAGAN!

Cuatro láminas se acercaron al cuerpo del chico y ataron unas cuantas cadenas más gruesas en los extremos de las llantas de éste, hasta los ejes. Lucky gimió de dolor y dejó salir un poco más de aceite por la boca mientras los observaba; acto seguido, otros coches llevaron a empujones cuatro enormes tractores que se acercaron mugiendo con expresión cansina mientras los amarraban a los extremos de aquellas cadenas

El Ford se removió de nuevo pero ahora más débil mientras le estiraban un poco más y el coche se le ponía delante con expresión peligrosa

-Encomiéndate a Chrysler, McMissile, porque nadie podrá sacarte de esta… ya perdí mi paciencia contigo… hablarás?

El más joven cerró los ojos, tratando de pensar en otra cosa. Lo que fuera. Aunque seguía pensando en tratar de escapar, las esperanzas eran muy pocas de hacerlo realmente. Pero no se iría sin pelear. No se iría sin tratar de resistir hasta el último segundo, manteniéndole siempre al espía su promesa de no dejarse caer y de mantenerse lo más posible por él.

Su promesa de protegerlo hasta su último día.

Al menos, podía morir sabiendo que esa parte la estaba cumpliendo.

Golpearon a los tractores y estos comenzaron a avanzar despacio, estirando el metal de los ejes y los rines del coche sobre la mesa, que perdió todo el color de golpe y parecía estar a punto de desvanecerse.

-AHHHHHHHHHHHHHHHHH! AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

El dolor era intolerable. Literalmente lo estaban partiendo a la mitad mientras se encontraba con vida todavía; algunas tuercas de sus ruedas saltaron mientras era estirado hacia los lados y de poco en poco el metal se iba desgarrando a gajos conforme la presión aumentaba; los gritos de dolor del otro coche resonaban por todo el lugar, mientras las láminas tan solo observaban aquello.

Algunas incluso apartaban la mirada ante lo que estaba ocurriendo, en especial, cuando uno de los ejes se resquebrajó en dos y el coche de color celeste perdió el conocimiento debido al golpe de dolor.

Estaba muriendo muy despacio.

-Evan…- interrumpió de nuevo la lámina acercándose al otro que furioso, tan solo esperaba a que el maldito espía de Chrome se partiese por la mitad- Evan!- insistió

-Que!?- espetó el coche volteando con furia ante su compañero que llevaba en una pequeña garra, aquel pequeño dispositivo

El coche se veía confundido y levantó aquello a la altura de los ojos del otro

-A McMissile ya lo habían violado los otros chicos- dijo con voz queda y audible a pesar de las exclamaciones de dolor del otro coche

La lámina tragó un poco antes de tomar aquello y observarlo.

-Es un…

-Seguro eléctrico… saltó cuando se vino- explicó el coche con un leve tic- este era virgen Evan… y McMissile no lo es…

El lámina palideció.

-Pero, pero, pero…!- el coche comenzó a temblar- NO DIJO NADA! NUNCA NEGÓ SER MCMISSILE! Si él no es McMissile, entonces quién demonios lo es!?- exclamó en voz alta aquel coche

El sonido desgarrador del metal al reventarse y el chillido de agonía fue lo último que se escuchó de aquella tortura en aquella enorme bodega antes de que el sonido cubriera ese espacio… para luego, ser sustituido por una gélida voz que hizo que cada uno de los presentes, sintiera que el alma se escapara de sus cuerpos.

-Yo lo soy…

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