Ootori dormía con una Linda sonrisa en sus labios, todavía con Osito a un costado. Emanaba tanta paz interior, tanta tranquilidad y bondad que parecía un angelito. Ryou, vestido solo con su camisa del colegio, lo contemplaba embelesado, estirando ocasionalmente la mano para acariciarle el pelo, sin atreverse a despertarlo para no romper el hermoso cuadro que le ofrecía esa ternurita dormida.

Hacia media hora que se había despertado y había salido de la cama en silencio para ir al baño, recoger los restos de la cena y la ropa que habían tirado por ahí. Después solo se sentó para ver a su novio, sin importarle que se les estuviera haciendo tarde para la escuela. Cuando el peliplata se desperezó con un gran bostezo el se agachó y le dio un beso en la boca; Ootori entreabrió los ojos y al ver que era Ryou le echó los brazos al cuello, feliz.

-Buenos días, mi amor- le dijo el moreno con suavidad.

-Buenos días, Ryou-senpai.- Ootori se dio cuenta que aun estaba desnudo y enrojeció, pero el mayor no le permitió taparse, le apartó las manos y lo miró con fijeza mientras le decía:

-Cariño, no puedes tener vergüenza conmigo, no después de la noche maravillosa que pasamos.

-Creo que tienes razón, lo siento.

-Está bien, es lógico, aun estás un poco dormido. Ven- añadió de repente, levantándolo por los muslos como la noche anterior. Ootori lo abrazó riendo y le preguntó que hacia.- Vamos a tomar una ducha para despertarnos bien, los dos juntos porque ya se nos esta haciendo tarde.

Ootori hundió su rostro en el cuello de Ryou, recordando todo lo acontecido la noche anterior. No es que se le fuera a olvidar fácil… había perdido la virginidad a manos de su amado Ryou Shishido, había probado el sabor de su cuerpo, había entrado en un mundo nuevo y maravilloso del que ya no podía ni quería escapar.

El moreno entro a la ducha con dificultad (¡si Ootori es mas alto que el!) e hizo bajar a su novio mientras estiraba una mano para abrir el grifo de la ducha, previo revoleo de su camisa. El chorro de agua fría les erizó la piel, incluso Ootori ahogó un gemido.

-Perdóname, mi amor, pero tenemos que despabilarnos todo lo posible.

-Para eso podrías haber echo esto- dijo el menor antes de lanzársele encima y atraparle la boca en un beso de lengua. Lo terminó apoyando contra la pared de la ducha, observando el agua que le corría por todo su hermoso rostro y excitándose sin querer.

-Mira, Ootori, no creas que esta situación no me gusta…

-Shishido, que rico- murmuró Ootori mientras lo besaba en el cuello.

-… pero si no nos apuramos llegaremos tarde al colegio y Atobe y Sakaki nos matarán…- el peliplata ni lo oyó, tan concentrado como estaba en dejarle unas buenas marcas rojas sobre la piel- … y te aseguro que si sigues haciendo eso me voy a excitar mucho y terminaré haciéndotelo aquí mismo.

Por toda respuesta Ootori pego más su cuerpo al de Ryou y lo enlazó por la cintura, mirándolo con ojos de cachorro triste. Ryou perdió la poca conciencia que le quedaba y besó a Ootori, dándolo vuelta para ponerlo a el contra la pared. El moreno tenía una sexualidad más explosiva, por eso sus besos eran más lascivos.

Empezó con los hombros y siguió para abajo, haciendo un camino de besos que le recorría el cuerpo en toda su extensión. Ootori no puso ninguna resistencia cuando Ryou le agarró el miembro y empezó a masturbarlo con salvajismo, de hecho gimió su nombre como sabia que le gustaba para incitarlo a seguir adelante. El pequeño (bah… de pequeño no tiene nada) amigo de Ootori se irguió orgulloso ante el moreno Ryou, que no tardó ni un minuto en metérselo a la boca como si fuera su desayuno.

-Eso funciona mejor que el agua fría- gritó Ootori al sentir como su virilidad era succionada al máximo por Ryou. Empezó a moverse para atrás y para adelante, provocándole una sensación tan erótica al mayor que era casi insoportable. Haciendo uso de todo su autocontrol Shishido se mantuvo en su lugar, hasta que por fin logró que Ootori se le derramara encima. Sonrió seráficamente mientras repasaba bien la anatomía de su chico con la lengua para no dejar rastros de semen, y se dio cuenta que el peliplata tenia los ojos cerrados. El agua le chorreaba por el pelo, ofreciéndole una imagen súper sexy. "Choutarou no toma conciencia de lo hermoso que e y de lo mucho que me provoca con esa pose inocente y perversita…"

-Hazme tuyo, Ryou- pidió Ootori con voz dulce.

Esas tres palabras hicieron que a Shishido se le volaran todos los pájaros y mandara a freír espárragos a Atobe, al colegio y al resto del mundo en general. Se levantó para besarlo otra vez y apartarle el pelo mojado que le tapaba los ojos, e inmediatamente lo puso de cara a la pared.

-Ootori… mi osito hermoso, adorable y rico…

El menor se sonrojó por los piropos, pero enseguida puso su expresión mas caliente y provocativa al sentir como Ryou le hurgaba en la entrada con sus dedos habilidosos. El moreno se agachó y empezó a lamerlo, no para humedecerlo antes de la penetración (para eso bastaba con la lluvia de la ducha) sino por puro gusto y porque la noche anterior se había olvidado de hacerlo.

-Que delicia, Ootori- susurró Ryou- no hay una sola parte de tu cuerpo que no sea deliciosa.

Ootori emitió un sonido ahogado, estimulado por las palabras de Shishido. Su corazón latía a mil por hora, ansiando el momento en que fuera violentamente penetrado por el moreno…

-"Mabushii gogo mado wakeru/ wakemonaku kakeru hikage no komichi…"

-¡Ryou, tu celular!- exclamó Ootori repentinamente nervioso.

El moreno soltó una palabrota y salio de la ducha, envolviéndose en una toalla a las apuradas. Agarró su celular y reconoció el número de Mukahi.- ¿Hola?

-Shishido, ¿aun estas en tu casa? Tienes que venir ya mismo al colegio, hay entrenamiento…

-Ya lo sabia, no hacia falta que me fastidies- protestó Ryou.

-No, lo digo en serio, Atobe está de pésimo humor esta mañana, está que echa fuego por la boca y si no vienen pronto nos matará a todos.

-¿Quiénes mas faltan?

-Jirou, Ootori y tú. Atobe me pidió que los ubicara a todos, y mira, lo estoy oyendo gritar.

-Bueno, Ootori y yo vamos para allá, dile que no se preocupe.

-¿Qué? ¿Ootori está ahí contigo? ¿Durmió en tu casa?

-Adiós Mukahi, nos vemos dentro de un rato- cortó Ryou de golpe. EL peliplata había salido de la ducha y se había puesto los boxers y el pantalón. Cuando se enteró del llamado de Atobe se puso muy nervioso.

-¡Esta vez no nos perdona, Ryou!- exclamó mientras se subía el cierre de la campera de club. Shishido se le acercó para tranquilizarlo.

-Cálmate, lindo, si se atreve a gritarte yo te defenderé. Además tal vez Mukahi exageró un poco…

La pareja de plata avistó las canchas de Hyoutei Gakuen una media hora mas tarde de lo usual. Al principio no notaron nada anormal, Kabaji jugaba contra Oshitari mientras Mukahi observaba desde las gradas. Cuando los vio se fue corriendo hacia ellos, agitado.

-Menos mal que ya llegaron, chicos, rápido…

-Dijiste que había problemas, acá estamos, ¿qué pasó?- exigió saber Ryou.

-Yo te voy a decir que pasó- susurró una voz amenazante a sus espaldas. Voltearon a ver y Atobe los agarro de las orejas.- ¡Pasó que me harté de sus indisciplinas! ¿Por qué llegaron media hora tarde?

-¡Atobe-senpai, lo sentimos mucho, de veras!- chilló Ootori.

-¡Suéltanos ya!- dijo Shishido, furioso por la indignidad que suponía ser tironeado de la oreja por el capitán.

-¿Adonde está Jirou? Otro incorregible como ustedes- espetó Atobe.

-¿Y yo que se donde está Jirou? Seguro que durmiendo por ahí. Vamos, suelta a Ootori- la mirada del moreno sostuvo la del furioso Keigo hasta que este liberó al peliplata, que lloriqueaba y se frotaba la oreja.

-Si no se ponen a practicar ya mismo haré como Tezuka y tendrán que correr cien vueltas- amenazó antes de ir a martirizar a un grupo de alumnos más jóvenes. Shishido abrazó a Ootori y le acarició el cabello, diciéndole que se calmara un poco, mientras Mukahi los observaba con curiosidad.

-¿Y por que a ti no te ha castigado?- preguntó Ryou al pelicereza.

-¿Crees que no lo intentó? Pero Yuushi- le dirigió una mirada tierna a su novio- me defendió y se tuvo que callar la boca. A el no se atreve a gritarle. Y ahora me ha puesto aquí de centinela para ver cuando llegaran ustedes y Jirou, y se nota que está furioso por su tardanza.

Shishido y Ootori se integraron a las practicas y comprobaron que Atobe estaba realmente fuera de si, por lo que trataron de no cruzarse en su camino. De Jirou, ni rastros. Llegó la hora de ir a clases y el capitán estaba en el paroxismo de la indignación, y se los hizo saber.

-Escuchen una cosa, vagos sin remedio- vociferó- falta menos de un mes para los partidos contra Seigaku y Yamabuki, y algunos- miradita a la Silver Pair- llegan tarde, otros ni aparecen, hacen todos lo que se les da la gana. ¿Qué se creen que es esto? ¿Una fiesta, un carnaval? Yo mismo me respondo, ¡NO! De a partir de esta misma tarde vamos a empezar un entrenamiento mas intensivo, creado por mi y aprobado por Sakaki. No los entretengo más. Pueden irse.

-Me pregunto porque hoy se vino con una carga extra de maldad- preguntó Ryou.

-No se, pero si nosotros la pasamos mal, imagínate lo que tendrá que soportar Jirou cuando venga- apuntó Yuushi- si es que viene.- Los tres mayores se metieron en su salón, pero continuaron la charla con discreción a espaldas de la profesora.

-Por cierto, Ryou- preguntó Mukahi- ¿Ootori durmió en tu casa?- ante la mirada de desconcierto del peliazul agregó:- cuando lo llamé hace un rato me dio esa impresión.

-De hecho, si- admitió el moreno con toda la tranquilidad de la que fue capaz.

-Y… ¿que tal la pasaron?

-¿Qué me estás preguntando? Fue a cenar y a dormir a mi casa, nada más.

-¿Seguro?- Yuushi lucía escéptico. Cuando Mukahi iba a su casa, lo que menos hacían era dormir.

-Eso no les incumbe a ustedes- soltó Ryou nervioso, con lo que solo logró intensificar las dudas de la Dirty Pair acerca de la "inocente" velada entre el moreno y Ootori.

-Oye, Ryou, no iremos a contarle a nadie- susurró Mukahi- puedes confiar en nosotros.

-¿Qué te pasa? Lo que Ootori y yo hacemos o dejamos de hacer es cosa nuestra.

-Vamos, no seas tan mojigato. Mira, Mukahi y yo no tenemos ningún problema en contarte que hacemos. Tuvimos nuestra primera vez a la semana de salir juntos, ¿recuerdas, cariño? Le hice el amor tres veces y le encantó. Y pronto cumpliremos un mes, y ya decidimos que queremos romper el record… o al menos yo le romperé algo a el…

Ryou se quedo paralizado al oír la naturalidad con que Yuushi se refería a su relación intima con el pelicereza. La profesora los llamó al orden y ya no pudieron seguir haciéndose confidencias. Claro que Shishido no hizo ningún intento por decirles nada, pero no hacia falta. Los otros dieron a sus sospechas la categoría de certeza, y empezaron a tomar nota de sus miraditas, toqueteos inocentes, besos, etc. Ootori, que no sabia de aquella conversación, dejaba evidencias contundentes de lo acontecido esa noche: se sentaba medio de costado y cambiaba la posición cada cinco minutos, como si le doliera el trasero directamente. Cuando Ryou se dio cuenta lo sacó de allí y lo llevó a su rincón, oyendo las risitas de la Dirty detrás suyo. Antes que llegaran se cruzaron a Jirou, con el uniforme del colegio y su aire de despiste habitual. Se quedaron asombrados.

-¡Jirou! ¿Qué haces aquí?

-Eh… pues, buscaba a Sakaki para avisarle que ya llegue. ¿No lo vieron?

-No. Entonces, ¿tenias permiso para llegar tarde hoy?

-Yo le avise al director que tenia una cita médica y vendría para la segunda hora. Pero… creo que se me olvidó decirle a Atobe y al entrenador.

-Si, se te olvidó- dijo una voz detrás suyo (esto ya se esta haciendo costumbre).

Atobe había aparecido, solo, con una mirada de furia tan terrible que podría haber incendiado el despeinado cabello de Jirou. Se acercó a paso rápido y se plantó al bello durmiente: Ryou se vio venir un escándalo mayúsculo y sacó a Ootori casi a la rastra. El menor parecía preocupado de dejar a su senpai a merced de la furia del capitán, pero el moreno le señaló algo.

-Allá va Sakaki; quédate tranquilo, si el entrenador esta presente no pasará nada grave.

Durante el entrenamiento de la tarde, todos notaron que Atobe se comportaba con extrema frialdad con Jirou; de seguro Sakaki lo había salvado de un castigo injusto, pero aun así Keigo lo trataba como si le hubiera hecho una ofensa imperdonable, algo que nadie se explicaba. El propio Jirou no sabia que había hecho y eso lo deprimía un poco, porque a el no le gustaba estar peleado con nadie. Ryou y Yuushi trataron de averiguar que pasaba, pero Atobe descargó parte de su ira con ellos, armando una gritería que alarmó al equipo.

-Ya basta, Atobe- dijo Sakaki con voz cortante- no se que problema tienes, pero no vengas a solucionarlos de esta manera. No permitiré indisciplinas de nadie. ¿Entiendes?

-Si, entrenador Sakaki.

-Tomate un momento para reflexionar y calmarte, Atobe.

El capitán de Hyoutei asintió con una cortés inclinación de la cabeza; acto seguido salió de las canchas, sin mirar atrás, con un profundo sentimiento de vergüenza. Ootori, sin embargo, creyó ver que estaba llorando, pero eso le pareció imposible por ser Atobe quien era.