Exención de Responsabilidad: Ni One Piece, ni Bleach, ni Full Metal Alchemist, ni Fairy Tail, ni Hunter x Hunter, ni One Punch Man, ni Fate Zero, ni Dragon Ball, ni Death Note ni Sword Art Online me pertenecen. Todos esos animes y mangas pertenecen, así como sus películas, ideas y cualquier elemento bajo su control, a sus respectivos mangakas, productoras y estudios. Escribo esta historia sin ánimo de lucro

Nuevo capítulo nakamas. Prometí que iba a hacer un especial de One Piece, y aquí está, y algo más largo que el resto de capítulos que publiqué en el fic hasta ahora. Espero que lo disfrutéis, y como siempre, espero vuestras reviews!


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CAPÍTULO 7

UN DÍA CON LOS MUGIWARA

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ESPECIAL DE ONE PIECE (PARTE I)

NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS. 19 DE MAYO DE 2017, DOJO DE ARTES MARCIALES "WANO"

Luffy, Zoro, y el resto de Mugiwara tenía unos días de descanso antes de comenzar las preparaciones para ir a la gala de los Anime Awards. Aprovechando eso, habían decidido, en palabras de Nami "adelantarse para reconocer el terreno" como le habían dicho a Oda, para pasar unos días en Nueva York. Con todas las nominaciones a las que optaba One Piece (mejor anime, mejor director, mejor historia, mejor anime de aventuras, mejor banda sonora… y algunas más), Oda no había puesto ninguna pega a que se tomaran un descanso, y había aprovechado para dar un permiso generalizado de cinco días a todos los miembros del equipo Habían llegado el día anterior, y estarían otro par de días más. Luffy y Zoro habían optado ese día, después de desayunar todos juntos, por irse a ese famoso dojo para entrenar por su cuenta un rato, al fin y al cabo, ninguno de los demás podía seguirles el ritmo con la misma eficacia.

– Pie derecho adelantado, guardia alta, ¡esquiva! – decía Zoro mientras acompañaba sus indicaciones de lentos y pausados golpes de espada. Al otro lado, Luffy hacía lo que podía para seguir las indicaciones, improvisando de vez en cuando. El experto espadachín era Zoro, pero Luffy tenía talento natural para casi cualquier tipo de deporte, arte marcial o técnica de pelea. Por eso, Zoro llevaba un tiempo entrenando junto a Luffy. Al fin y al cabo, se conocían desde hacía más de diez años, y todo ese tiempo habían sido grandes amigos, incluso mejores amigos podría decirse. Luffy le daba confianza a Zoro, y tampoco era malo entrenando, lo que le servía al espadachín para mantener la forma.

– Esto de pelear con espadas se hace aburrido – se quejó Luffy mientras desviaba una estocada del peliverde.

– La esgrima es un noble arte para dignificar la mente y entrenar el cuerpo Luffy, tómatelo en serio – le regañó su amigo y compañero Zoro, que se tomaba muy en serio su entrenamiento.

– ¿Y por qué no entrenas con alguien a quien sí le guste la esgrima, como Shanks? – le preguntó Luffy. Zoro tragó saliva nerviosamente, y desvió la vista incómodo.

– Eso sería un abuso por mi parte… yo peleo con dos espadas, y hasta tres, el sólo puede usar una… sí, eso es, no quiero ser desconsiderado con alguien a quien admiras… y al que le falta un brazo – contestó nerviosamente Zoro.

– Anda, hola Shanks – contestó Luffy mirando por encima del hombro del peli verde. Antes de que éste pudiera girarse, una mano se posó con firmeza de hierro en su musculado hombro.

– Bwejajajajajaja, ¿qué hay Luffy? Zoro, con que sería un abuso enfrentarte a mí, que sólo tengo un brazo, ¿no? – dijo un hombre alto, pelirrojo, cercano a la cuarentena, y sin cicatriz en el rostro. La cicatriz era un añadido de maquillaje necesario por la herida que Kurohige le había hecho en la historia del anime, pero en la vida real lo único que le faltaba a Shanks era el brazo izquierdo.

– Luffy, yo no dije nada eso ¿verdad que no? – preguntó Zoro dirigiéndole una significativa mirada al peli negro, intentando desesperadamente que su compañero captara el aviso.

– Claro que sí, Zoro shishishishi ¿tienes problemas de memoria o qué? – contestó Luffy mientras hacía su clásica risa. Zoro gruñó con intenciones asesinas, pero Shanks se volvió a reír y soltó a Zoro dándole una fuerte palmada. Tan fuerte que le incrustó un par de centímetros en la tarima de la habitación donde entrenaban

– Es broma, es broma, cabrones. No vine aquí a pelear ni poner nervioso a nadie, sino a daros una buena noticia. ¡Mi hermano está en la ciudad! – explicó Shanks. Luffy lanzó por los aires imprudentemente al instante la espada que tenía en la mano, que quedó clavada en el techo, y se colocó junto a Shanks. El pelirrojo de One Piece había ido con todos los Mugiwara a Nueva York, porque tenía ganas de pasar un tiempo con su ahijado, pero ahora además también se juntaría el pelirrojo de Fairy Tail. Los dos juntos eran una mezcla explosiva y legendaria.

– ¿Gildarts está aquí? – dijo muy contento. Zoro, ahora ya más tranquilo, pasó un brazo por el cuello de Luffy haciéndole un mata león, y le hizo alzar la cabeza para mirar la espada clavada en el techo, a tres metros sobre sus cabezas.

– Ahora bajas a mi chica de ahí, idiota – dijo él mientras señalaba las fundas de sus katanas. Una de ellas estaba vacía, la misma que le había dejado a Luffy para que entrenara con ella.

– Cierto, Zoro, gomen. Tus espadas son importantes para ti – se disculpó Luffy, mientras se zafaba de Zoro, saltaba sobre él, y usaba su propia cabeza para impulsarse hábilmente hasta el techo. Extrajo la espada sin esfuerzo y luego se dejó caer, entregándole el arma a un molesto peli verde, que volvió, como siempre, a gruñir, y envainó el arma con hábiles y suaves movimientos.

– Tan hábil como siempre – comentó un segundo pelirrojo, que acababa de entrar en la habitación sin esperar a ser llamado. Shanks se giró y se acercó a su hermano con una gran sonrisa, y le pasó el brazo derecho (el que le quedaba) por los hombros, en un gesto muy clásico suyo. Gildarts soltó una fuerte carcajada, y correspondió al gesto de su hermano. Fuera de los armatostes metálicos que usaba en Fairy Tail, Shanks tenía su brazo y pierna izquierdos enteros y normales. Brazo que usó, sin separarse de su hermano, para saludar efusivamente a Luffy y Zoro.

– Llevábamos tiempo sin vernos, maldita sea. ¡Esto hay que regarlo chicos! Os espero a todos esta noche a las once en el Dressrosa Club – anunció Gildarts muy motivado.

– No creo que el dinero sea un problema para ninguno, pero aun así es un sitio caro en extremo hermano – contestó Shanks haciendo una mueca.

– No te preocupes, tengo la tarjeta de crédito del director del fondo presupuestario de Fairy Tail – se rió con ganas Gildarts, provocando las risas de Luffy y Shanks, y el suspiro de frustración de Zoro por estar rodeado de idiotas por todas partes.

– A Mashima le va a dar algo – rió Shanks mientras salían de la habitación haciendo el idiota.

– Sí, se lo diré cuando esté en el país de yupi, como suele estar él gracias a sus pastillas Wahahahaha – escucharon decir por último a Gildarts Zoro y Luffy, que cruzaron una mirada mientras les caía una gota por la frente.

– Van a ser las cuatro de la tarde. ¿A qué hora hemos quedado con todo el grupo? – recordó Zoro de golpe. Todos los Mugiwara habían quedado esa tarde para ir a dar una vuelta por las avenidas principales de la ciudad y visitar un nuevo centro comercial bastante famoso.

– Hace media hora shishishishi – contestó Luffy, que de golpe recordó que Nami y Robin iban a estar allí también, por lo que todo el mundo habría sido puntual – ¡Mierda, nos van a matar! – gritó, mientras corría a las duchas. Zoro tragó saliva y le siguió. La opción de no acudir acarrearía consecuencias aún peores para ambos, era mejor llegar tarde y llevarse los gritos y burlas de Nami y Robin respectivamente, que no acudir, y dios sabe a qué problemas enfrentarse.

mientras tanto, en un parque de la ciudad…

– Esos idiotas llegan más de media hora tarde – le dijo Nami cabreada a la peli negra de su derecha. Ella asintió ligeramente distraída. Ambas llevaban ropa cómoda y gafas de sol, para pasear por la ciudad desapercibidos, aunque en cuanto se fueran a algún lugar más céntrico sin duda mucha gente se lanzaría sobre ellos.

– No te preocupes, llegarán en seguida. Así podrás ver a tu peli negro – contestó Robin con una sonrisita felina.

– ¡Yo no quiero ver a ese idiota, no insinúes cosas raras! – contestó Nami desviando la vista incómoda. Robin soltó una divertida carcajada distinta a las que hacía en su personaje, pues era una risa nada contenida. Era cantarina, sonora, y totalmente natural.

– ¿Qué tal está tu Makino? – cambió de tema la peli negra adoptando un tono de voz cálido, cercano y cariñoso con su querida amiga. Ella la miró agradecida, y se animó a responder.

– Está mucho mejor… gracias Robin – ssonrió Nami, claramente más animada. Se quedó callada, y pareció dudar un par de veces, pero finalmente se aventuró a añadir algo más – ¿Sabes qué Robin? La semana pasada pillé a Luffy robando comida – dijo ella en voz baja.

– ¿Y eso que tiene de raro querida amiga? – contestó Robin con una sonrisa divertida.

– Pues… que esa comida era para mí – contestó Nami, provocando que Robin abriera la boca de par en par. Nami se la cerró, pues el gesto era cómico, y siguió hablando – Tenía intención de dármela para animarme con lo de mi hermana… al menos, la mayor parte de ella – añadió soltando una risita.

– Ya veo… interesante – contestó Robin comenzando a interesarse genuinamente en el asunto. Aquello se ponía de lo más interesante para la peli negra.

– Deberíamos dejar de esperar a esos idiotas – comentó, interrumpiéndolas, el cocinero/actor Sanji Vinsmoke. Llevaba una camisa blanca y pantalones negros, y tenía como de costumbre las manos en los bolsillos. Fiel a su costumbre, tenía un cigarro en la boca que chupaba nerviosamente. A su lado, su hermana mayor de pelo rosa le soltó un capón. Dicha hermana llevaba un sencillo vestido de una pieza de color morado que dejaba sus largas piernas totalmente al descubierto desde la mitad del muslo.

– Tú también has llegado tarde, hermanito idiota – contestó Reiju Vinsmoke, que llevaba ya una larga temporada saliendo con los Mugiwara por su afinidad con el último nakama incorporado en el anime a las filas del futuro Rey Pirata… futuro… muy futuro… tanto que la mitad de nosotros habremos muerto para cuando lo sea, (pero no pasa Oda tómate tu tiempo.)

– No le hagas esas cosas a Sanji… ¡qué digo! Golpéale más fuerte maldita – dijo una mujer de pelo castaño que abrazó posesivamente a Sanji, para después soltarle haciendo gestos de asco, todo eso en cuestión de unos segundos.

– Pudding, es hora de tomarse la medicación – dijo un chico que parecía bastante joven, pero que rondaría la veintena. Tenía una cara de no haber roto un plato en su vida, y su voz era casi igual que la de Chopper. Era muy bajito, a duras penas pasaba del metro cincuenta, y tenía unos grandes ojos y una curiosa nariz que le daban una ligera similitud con su personaje.

– Cierto, gracias Chopper. Maldito intento de doctor, no sé qué haría sin ti, no te necesito para nada estúpido, ni a ti ni a ninguno, perdón no sé lo que digo – contestó Pudding, para después tomarse la medicación que le ofrecía Chopper.

– No te preocupes Pudding, el doctor sabe bien lo que hace – comentó un Franky muy distinto al de la serie. Llevaba un traje negro elegante de dos piezas, el pelo azulado peinado hacia el lado, y no tenía los accesorios robóticos de su personaje. Era alguien al que se notaba de lejos la seriedad, formalidad y elegancia, ni rastro de sus "Súuuuuper" y de sus estrambóticas y geniales locuras… salvo que se tomara alguna bebida con gas o cafeína, en ese caso, daba un cambio radical y volvía a ser el loco motivado de siempre. A su lado, Brook, un hombre de carne y hueso (sobre todo hueso) de más de dos metros y con un afro, también trajeado pero con un traje que parecía del siglo dieciocho, soltó una alegre risotada.

– Pudding y Sanji están hechos el uno para el otro – comentó con una contenida carcajada un joven de pelo plateado, que era esa nueva incorporación a los nakamas del futuro Rey Pirata, y que tendría unos veinticuatro años. Todos los Mugiwara, de hecho, con excepción de Franky y Brook, que tenían unos treinta y cinco años, rondaban entre la veintena y los veinticinco años.

– Cállate Altazor. Aún no he dado mi visto bueno para que salgas con mi hermana maldito pervertido – dijo Sanji muy rojo mientras se arremangaba la camisa e iba con intenciones beligerantes hacia el peli plateado, que le miró sin cambiar su relajada expresión. Reiju agarró a Sanji por la oreja y tiró de él hacia atrás con firmeza.

– ¿Desde cuándo necesito tu permiso, maldito patán, para salir con alguien? Bastante que él habló contigo para decirte que yo le gustaba, antes de que se me declarara y estuviéramos toda esa noche… – le riñó Pudding, que ni corta ni decorosa iba a detallar lo que hacía escasas semanas, Altazor y ella habían hecho entre ellos por primera vez. Pero Altazor hizo unos cuantos gestos con las manos y ella se detuvo en mitad de la frase.

– Ue ue ue ue, Reiju, córtate un poquito, no quiero mi comida envenenada – pidió Altazor mirando hacia el cielo y silbando con disimulo. Sanji soltó un suspiro de frustración y se acercó a Pudding, que tenía la baba goteando por la boca e iba con la mirada perdida.

– Como sea, nunca envenenaría tu comida. Si tratas mal a mi hermana, te cortaré las pelotas – fue todo lo que dijo Sanji.

– Jamás haría eso… y tendrías que ponerte a la cola, seguro que vuestro padre es el primero en matarme y cortarme las… – reconoció Altazor mientras tragaba saliva algo nervioso. Reiju se rió y se pegó a él mientras ambos compartían un cálido y alegre beso (Sanji miró hacia otro lado con una vena hinchada en la frente)

– Yohohoho, sois una panda de locos. Vais a hacer que me vuelva loco… ¡pero yo ya estoy loco! – dijo Brook mientras alzaba los brazos al cielo. Apoyado en una rama baja de un árbol estaba Usopp, con una gorra de los Lakers, que se la alzó ligeramente para mirar a Brook. Su nariz era un palmo más corta que en el anime, ya que su nariz de pinocho la alargaban mediante un implante para la serie, pero por lo demás era igual, aunque llevaba ropa bastante casual y bien combinada.

– ¿Asique ésta semana toca esa muletilla Brook? – preguntó Usopp, que parecía bastante más seguro de sí mismo de lo que era habitual en él.

– Sip – contestó Brook.

Las conversaciones entre unos y otros se vieron interrumpidas por el estruendo de una moto y un grito que todos identificaron al momento.

– ¡OEEEEEEEEEEEEEEEE! ¡CHICOOOOOOOOOOOOOOOS! – gritó el usuario de esa voz, voz que todos reconocieron al momento. El lugar en el que estaban tenía unas escaleras ascendentes para subir a él, y por ellas aparecieron rodando Luffy, una moto, y Zoro, que iba maldiciendo dentro de su casco de color verde el no haber conducido él mismo hasta allí. Zoro rodó hasta estrellarse contra el suelo de cabeza, y Luffy terminó ágilmente sentado en el suelo sin haber sufrido daños – Shihsihsishi, fue más divertido de lo que me imaginaba llegar hasta aquí – dijo, que parecía intacto, mientras se quitaba su casco de color rojo. La moto pasó sobre las cabezas de los Mugiwara (Sanji cubrió protectoramente a Pudding) y se estrelló contra el tronco del árbol donde estaba sentado Usopp, que se cayó al agua del estanque al no poder mantenerse en equilibrio.

– Mi pose guay – se lamentó el medio narizón saliendo del estanque mientras se sacaba agua de las orejas, en medio de las carcajadas y maldiciones de todos, y de una Nami que furiosa golpeaba una y otra vez a Luffy.

– Cuando termines con él, lo mato yo – dijo Sanji soltando a Pudding, que seguía relajada y sin gritar a nadie.

– Ponte a la cola – gruñó Zoro mientras se ponía en pie ayudado por Franky y Altazor.

– ¿Dices algo baka marimo? – exigió saber Sanji, buscando pelea. Zoro le incrustó el casco que había llevado en la moto con todas sus fuerzas, calándoselo hasta los hombros, y se alejó de allí gruñendo.

– Bueno chicos, donde vamos – interrumpió todas las discusiones un muy oportuno e inocente Chopper.

Todos juntos dieron una vuelta por los alrededores, evitando llamar la atención, ya que eran famosos y podían ser reconocidos con relativa facilidad, y finalmente llegaron al gran centro comercial. De repente, al ver la cantidad de tiendas, a cada uno le dio por una locura distinta.

– Quiero comprarme un instrumento nuevo – comentó Brook mientras se iba hacia la sección de música.

– Tengo que mirar corbatas – dijo Franky, que se marchó sin más.

– ¡Chicos quedamos dentro de una hora! ¡Me oís! – les gritó Nami mientras se alejaban.

– ¡Hai! – gritaron los dos haciendo un saludo casi militar.

– Altaazor... hagamos algo los dos solos – coqueteó Reiju arrastrando al peli plateado lejos de los demás.

– ¿Qué quieres hacer? – preguntó él mientras se alejaban.

– Han abierto una nueva tienda de ropa aquí que me interesa mucho… pienso probármelo todo – dijo ella.

– Reiju, ¡vamos contigooo! – gritó Pudding, que ya se encontraba de nuevo recuperada, y arrastró con ella a Sanji.

– Dios noooooo, capitán sálveme – pidió Altazor, pero ya se encontraba muy lejos.

– Shishishishishi – se rió Luffy mientras veía a los cuatro alejarse.

– Usopp vamos a dar una vuelta por ahí – sugirió Chopper, y ambos se marcharon también, dejando repentinamente solos a Luffy, Nami, Zoro y Robin

Pero eso lo veremos en el próximo capítulo… (muajajajaja)

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¿Qué os pareció? Un poco lleno de clichés, para que negarlo, pero divertido igualmente ¿no? Ningún capítulo de este fic pasará de los 4k de palabras, de hecho casi todos serán entre dos y tres, asique este fue bastante largo para lo que tengo pensado. Capítulos cortos divertidos y o con romance o sin nada de romance.

En el próximo veremos la conclusión de éste especial, y dedicaremos la segunda mitad a volver con los personajes de Fairy Tail. Y en el próximo, aparecerán por fin Naruto y Evangelion.

Sin más que decir, espero vuestras reviews