Disclaimer: Naruto no me pertenece.
¿Revelaciones?
Ahora se encontraban caminando tranquilamente de regreso a la base. La idea de enterarse por fin de lo que había ocurrido mantenía a Sakura callada y obediente, y Hidan sonreía satisfecho. Un poco más y llegarían a su destino sin ningún contratiempo. Sin embargo, la paciencia de Sakura tenía un límite, un límite al que llegaba con facilidad.
- Me lo prometiste. Me dijiste que me contarías por qué me consideran un a traidora a Konoha.
Era demasiado bueno para ser verdad. Hidan oteó el horizonte buscando la base, intentando calcular cuánto tiempo tendría que cargar con Sakura ahora que las cosas iban a poner feas.
- Tienes razón – contestó con tranquilidad mientras seguían caminando. Mientras más consiguiera avanzar, menos tiempo aguantando su peso.
- ¿Y bien?
- Bien, ¿qué? – contestó haciéndose el despistado.
Sakura bufó, exasperada, y se detuvo. Hidan se vio obligado a parar también. Observó su expresión: el ceño fruncido, los brazos cruzados y una mirada que parecía lanzar rayos fulminantes. Todo en ella destilaba hostilidad hacia su persona. Pensó en actuar por la vía rápida. Un simple golpe y caería noqueada. Así se ahorraría el tener que aguantar la ira de una kunoichi que parecía al borde de un ataque de histeria. El paso que dio Sakura en su dirección le decidió a actuar. Sin embargo, decidió que antes se daría el placer de observar su reacción al escuchar una última frase:
- Te dije que te lo contaría, sí, pero no creo haberte dicho cuándo.
Los ojos de Sakura se abrieron en un gesto de sorpresa, que inmediatamente fue sustituido por el de la más pura consternación. Un fuerte golpe en la nuca la impidió hacer nada más. Hidan la atrapó antes de que cayera al suelo y la colocó sobre un hombro, vigilando que no se pudiera rozar con las puntas de su guadaña. Lo único que le faltaba después de tener que aguantar a la mocosa, era soportar al líder si Sakura llegaba a la base llena de cortes sangrantes. No sabía que problema tenía la gente con la sangre: su sabor dulcemente salado, su inigualable belleza cuando resbalaba por la piel de una persona, el tenue sonido cuando caía al suelo la primera gota... Pero parecía ser que sus "queridos" compañeros tenían una concepción de belleza distinta a la suya, aunque todos fueran unos sádicos asesinos. Por eso, tendría que controlar que llegara intacta. ¿Qué iba a ser lo próximo, untarle la piel con crema hidratante?
Hidan dio un pequeño salto para acomodar a Sakura, que había ido resbalando imperceptiblemente hacia delante mientras él estaba sumido en sus pensamientos. El hecho en sí de cargar por la chica no le molestaba, no pesaba lo suficiente como para suponerle un gran esfuerzo. Lo que le contrariaba verdaderamente era el tener que aguantarla en su equipo; Kakuzu y él funcionaban perfectamente y una persona extraña les entorpecería. Pero por lo visto estaba solo en su idea, ya que una vez que el avaricioso tesorero veía una forma de ganar dinero, era imposible que la olvidara, y tenía razón al pensar que en muchas aldeas pagarían por la atención médica de la kunoichi. Ahora no le quedaba más remedio que divertirse jugando con ella, poniéndola nerviosa, enfadándola, confundiéndola... como un niño con su juguete nuevo. Suspiró aburrido y continuó su camino.
Llevaba dos horas más caminando y ya veía un poco más lejos el lugar donde se asentaba la base. Sintió como la chica empezaba a despertar. Si lo miraba por el lado positivo, era una ventaja. Por la falta de tránsito, el camino se había ido estrechando y después de unos pocos metros desaparecería. Obviamente, a los akatsuki también les interesaba que así fuera, ya que sería demasiado sospechoso y tentador para la curiosidad de cualquier aventurero ver una senda internándose en esa misteriosa zona. Si la kunoichi siguiera inconsciente, tardaría mucho tiempo en atravesar todo el follaje sin que ella resultara herida por alguna de las múltiples espinas o ramas a afiladas que rodeaban al supuesto pantano. Ahora, aunque tuviera que aguantarla nuevamente, por lo menos caminaría por sus propios medios.
Por su parte, Sakura sentía un incómodo movimiento rítmico, provocado por el inmortal al andar. Después se dio cuenta de que la llevaba sobre su hombro, como si de un saco se tratara. Y, por último, se fijó en como la llevaba sujeta: para que no estuviera completamente cabeza abajo durante tanto tiempo, la había colocado de tal manera que la mayoría de su cuerpo colgara hacia delante, por lo que el brazo que le rodeaba las piernas se encontraba peligrosamente arriba, más de lo que ella hubiera permitido nunca de estar consciente. El hecho de que, por mucho que le molestara, no tuviera otra opción que quedarse con los akatsuki hasta poder demostrar su inocencia en el asesinato de Iruka no quería decir que fuera a permitir semejante situación por más tiempo. Empezó a revolverse, enfadada.
- Eh, eh, solo tienes que decírmelo si quieres bajar –se quejó mientras la dejaba en el suelo.
- Quiero bajar – respondió Sakura sarcásticamente, comenzando a andar.
Bueno, al menos no tendría que obligarla. Parecía que se había dado cuenta de que no tenía otro lugar más a donde ir. El inmortal se limitó a seguirla sin dirigirle la palabra. Al fin y al cabo, ahora que caminaba por su propia voluntad, no quería ser él quien la disuadiera con sus palabras burlonas.
Curiosamente, a Sakura le fue mucho más fácil atravesar el complicado entramado de ramas que les separaba de la base y Hidan tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para seguirla. Debido a su estatura y a su delgadez, la kunoichi podía colarse más fácilmente por los huecos en el follaje, mientras que el inmortal, que no podía cortar las ramas ni con su guadaña ni con su chakra para no dejar huellas, tenía serias dificultades para atravesar los mismos huecos que Sakura. Aunque la cara de la chica no reflejaba la menor expresión, tenía la certeza de que, en el fondo, estaba disfrutando con la situación y se cobraba su pequeña venganza de ese modo. "Y parece que este bosque está de su parte" pensó mientras la parte que sobresalía de su guadaña se quedaba enganchada por enésima vez.
Sin embargo, la chica ni siquiera se había fijado en la situación. Lo único que quería era llegar a la base y pensar...
No tardó mucho en ver cumplido su deseo, aunque no encontró a nadie para recibirla, ni siquiera para amenazarla por haberse intentado escapar. Parecía que allí todos la consideraban tan débil que daban por supuesto que Hidan sería capaz de traerla de regreso. El inmortal, por su parte, ya se dirigía a su habitación sin una palabra, pero visiblemente cabreado y con herida de una espina en el brazo.
Al quedarse sola en la oscuridad del pasillo, realmente se dio cuenta de hasta qué punto no valoraban su poder al dejarla sin vigilancia. Podría marcharse ahora mismo si lo deseara. Pero ellos sabían que no lo haría. Gracias a la brillante (sí, era brillante aunque no quisiera reconocerlo) estrategia que habían ideado para alejarla de su villa, se encontraba allí confinada por tiempo indefinido. Un rugido en sus tripas la sacó de sus pensamiento. Se dio cuenta de que hacía horas que no comía. Bueno, por lo menos eso tendría fácil solución.
- Bienvenida, Sakura – dijo Itachi cuando la kunoichi entró en la cocina – Te hubiéramos esperado para cenar, pero me temo que has llegado un poco tarde.
Ignorándolo, la chica se dirigió rápidamente hacia el frigorífico, que encontró vacío. Mierda, había entrado en la cocina a sabiendas de que se encontraría con el Uchiha, teniendo el consuelo de que Pein se encontraba en la sala contigua y de que Itachi no se atrevería a hacerla nada con el líder tan cerca. Pero parecía que no era su día de suerte y no había comida. Solo habría alguna que no necesitara de refrigeración en la despensa, pero ella no sabía donde se encontraba ésta.
El portador de sharingan la miraba divertido , adivinando el hilo de sus pensamientos. Cogió la última fruta que había en el frutero, una manzana, y se apoyó en la encimera mientras le daba el primer mordisco. Sakura ni le miró, sabía que lo hacía solo por enfurecerla.
- Yo puedo decirte donde está – dijo Itachi traquilamente. – Y te puedo asegurar que el precio de esa información no será algo que no me puedas dar – concluyó mirándola con calma, mientras seguía comiendo su manzana.
Sakura decidió no mostrar su miedo hacia él, no tenía por qué saber de su debilidad.
- Vete a la mierda, Uchiha, tú y tu manzana – le espetó mientras salía de la habitación.
El Uchiha se quedó mirando un momento la puerta, que aún se movía debido a la fuerza con que la chica la había golpeado. Después volvió a observar la fruta que sostenía en su mano.
- Con lo sanas que son las manzanas – dijo sonriendo mientras le daba el último mordisco.
¡Siento verdaderamente la tardanza!
Pero estas Navidades apenas he tenido tiempo para actualizar otras dos historias. Ahora vuelvo, e intentaré publicar con más regularidad.
Como no quería hacerlo muy dramático, este capítulo un poco más ligero, de transición, tampoco quiero que el fic se convierta en un drama de principio a fin, y como los dos próximos capítulos los tengo pensados con bastante carga trágica...
¡Gracias por leer!
