LIBRO SIETE

La rosa en primavera y el lobo en otoño

Eugène François Vidocq era el mejor detective francés de la época, cierto que su vida estaba rodeada de escándalos que él no se preocupaba en ocultar y mucho menos negar, había casado, enviudado, cortejado, seducido y utilizado a tanta dama de la sociedad francesa y hasta europea había deseado y el sexo femenino se lo había permitido; en su juventud había robado dinero de sus padres con la intención de viajar a las Américas y lo había perdido había entrado al servicio, había participado en más de quince duelos y había ganado, nunca había perdido, si había un obstáculo lo saltaba y lograba llegar al final sin importar el medio y todo le era permitido ¿ y por qué le era permitido? ¡Porque era Vidocq! ¿Y qué importaban los deslices que el gran Vidocq pudiera cometer siempre y cuando detuviera a los delincuentes de toda Francia? No importaban… lo importante era velar por la seguridad de los buenos ciudadanos de Paris y de toda Francia ¿qué podían importar los descarriados, los miserables, los esclavos de las galeras y el presidio? ¿Qué importaban los miserables…?

Sí, el gran detective Vidocq podía enfrentarse contra todo y contra todos… No había nadie que le ofreciera un buen reto… nadie… O al menos eso creía…

1830, ese año había sido determinante para Vidocq, ese año había aparecido su némesis, su archienemigo había movido la primera pieza en ese tablero de ajedrez representado por las calles de Paris ¿su nombre? El Alquimista criatura sobrenatural que parecía siempre ir un paso delante de Vidocq, en ocasiones el gran detective, el héroe de todo Paris parecía cerrarle el paso y estar a punto de atraparle entre sus fuertes manos… en otras el némesis cometía asesinato tras asesinato aterrorizando a los ciudadanos, parecía ser tan letal como la misma epidemia de Cólera, era un genio del mal, sus planes eran terriblemente elaborados, no dejaba ninguna pista, no cometía ningún error, Vidocq desesperaba y a la vez se encontraba extasiado de haber encontrado por fin un reto a la altura de su superioridad… Sí, tanto el Alquimista como Vidocq disfrutaban el darse cacería mutua…

Fue la noche del 7 de junio de 1832 que Vidocq parecía haber atrapado por fin de una vez por todas al Alquimista, habían estado enfrascados en singular duelo donde en un momento dado el detective hubiera perdido la vida si no hubiera sido por la oportuna intervención de su mozo August, un jovencito de no más de doce años… Lamentablemente la ayuda del niño no había servido más que para dar tiempo al Alquimista de escapar, corría como el mismo diablo, su velocidad era sorprendente y le perdieron el rastro por la plaza del Chatelet… Vidocq no había tenido tiempo esa noche de desquitar su furia por el fracaso contra el niño ya que por azares del destino o por un designio de la Providencia una pieza fundamental en este juego de fuerzas colosales entraba en acción, si hubiera sido una pieza de ajedrez … El Inspecteur Javert….

Si Vidocq era el Rey en este juego, Javert podría ser su Alfil, desde la primera vez que Vidocq reconoció al inspector, supo que frente a él tenía a un hombre clave para su enfrentamiento contra el Alquimista, Javert era su alfil, su recto carácter demostrado a lo largo de los años de servicio a favor de la justicia y la ley francesa lo hacían el elemento clave para cerrarle el camino y atrapar al Alquimista, sí, un hombre, que siempre seguía una senda de rectitud, su movimiento sería igual que al de la pieza de ajedrez, una diagonal perfecta para llegar hasta el rey contrario, jaque mate al Alquimista.

Ese era el razonar de Vidocq, era obvio que Javert aceptaría ¿Por qué negaría las ordenes de la autoridad? ¿Por qué se negaría a obedecer a Vidocq? ¡Todas las fuerzas de la policía francesa obedecían a Vidocq! Sí, todas las fuerzas de la policía, pero no el destino, el destino no servía a Vidocq…

El destino se mostraba en contra de los deseos de Vidocq ¿Cómo? Javert había sido salvado por su mano en el Sena, Vidocq había estropeado su intento de suicidio sí, pero ahora la muerte, ese fría dama, reclamaba al hombre a quien había abrazado en el Sena… Después de haber salvado a la sobrina de Vidocq, Javert agonizaba, Vidocq había visto como su pieza clave se ahogaba entre estertores a causa de un pulmón perforado ¿Sería más grande el destino que Vidocq? Sin saberlo una vez más el gran detective acudía al auxilio de Javert tal vez pensando en su propio beneficio tal vez realmente pensando en hacer el bien al prójimo…

Por un momento Vidocq había visto arruinados sus planes para enfrentar al Alquimista con su nueva carta bajo la manga… Cuando el detective regresó con la ayuda médica para el inspector Javert le encontró muerto entre los brazos de su sobrina, estaba seguro, cuando le había colocado en el piso de madera para que el doctor le revisara no había sentido el latir de su corazón, "Merde" pensó no tanto lamentando la muerte de Javert sino por ver fracasar su plan contra su archienemigo; pero solo fue un fugaz pensamiento ya que al momento esa parte humana que solo dejaba ver con su círculo más cercano se hizo presente y puso manos a la obra para arrebatarle una vez más a esa fría dama blanca al caballero que reclamaba para su lecho mortuorio ¿El resultado? El inspector Javert continuaba en el mundo de los vivos…

Al parecer la contraofensiva contra el Alquimista debería esperar un poco más, ya que aun un titán como el mismo Javert necesitaba descanso, Vidocq tendría que aguantar esta lenta recuperación; pero, siendo como era de necio, arrogante y sobretodo determinado no perdió el tiempo sentado junto al lecho del herido, no, para eso estaba su sobrina, no, él se puso en marcha preparando todo para el momento preciso, reunir las pocas pertenencias de Javert, recabar toda la información que hubiera de él y sobretodo… eliminarle definitivamente de este mundo…

¿Cómo se encuentra?- preguntó Vidocq sin levantarse de su sillón solo ver al viejo doctor Anton bajar las escaleras- ¿Ya está listo?

El doctor Anton había terminado su visita diaria al convaleciente inspector Javert. Esa tarde solo llegar el doctor se había topado con una sonriente aunque con lágrimas en los ojos Sophie quien le decía atropelladamente que el inspector había despertado, el anciano le había sonreído, esa joven que tanto peleaba con Vidocq por la semejanza de carácter se había vuelto un ángel que velaba en todo momento a Javert. Debía ser un hombre muy afortunado para tener tan noble alma a su servicio.

Y en efecto, por fin Javert había despertado, su corazón y pulmones aunque débiles le permitían vivir de nuevo… El doctor Anton estaba satisfecho, solo necesitaba descanso para recuperarse. Sí, estaba seguro que Javert lo lograría, tenía la fuerza para lograrlo…

La pregunta de Vidocq lo había tomado momentáneamente desprevenido pero al momento solamente negó con la cabeza, sabía cómo era el carácter de Vidocq, no por algo era su médico de cabecera desde hacia tantos años.

Se recuperará- contestó el doctor con su carita de sabia tortuga- pero ya os había dicho que no podrá levantarse en menos de un mes.

Pero sobrevivirá- habló de nuevo Vidocq levantándose del sillón- eso es lo único que importa.

Y sin hablar más con el doctor Anton se puso el sombrero que tenía listo junto a él y salió de la casa sin avisar a nadie a dónde iba.

Ya habían pasado las dos semanas que estrictamente el doctor Anton había ordenado Javert guardara absoluto reposo, claro que las había desobedecido un poco al no permanecer todo el tiempo en cama, como se recordará ya se permitía ligeras caminatas en la habitación y algunos intentos de bajar la escalera que siempre terminaban con una sofocación alarmante para Sophie después de los primeros escalones ocasionando para su orgullo herido y frustración que le regresaran inmediatamente a la cama para descansar.

Una vez más la obligada visita del doctor Anton se llevaba a cabo, el médico había revisado el pulso del inspector asintiendo satisfactoriamente, con su estetoscopio escuchó el latir de su corazón mostrándose una vez más conforme con la evolución de su paciente; pero, solo llegar a la revisión de sus pulmones comenzó a mostrar una clara mueca de estar a disgusto de lo que reconocía.

Javert se había dado cuenta aun cuando el médico no decía nada lo mismo que Sophie, la damita francesa se había quedado cerca de la puerta observando todo el examen médico sin proferir ni una sola palabra.

El inspector Javert estaba sentado en la orilla de la cama, el doctor Anton estaba apoyado ligeramente sobre su espalda desnuda escuchando con su estetoscopio.

Aspire- indicaba.

Javert obedecía.

Respire- ordenó después de unos segundos.

Javert soltó el aire, el sonido ronco que percibía con su estetoscopio preocupaba al doctor Anton.

Respire normalmente- volvió a pedir.

Una vez más Javert obedeció.

-Ahora de manera profunda, llene lo más que pueda sus pulmones con aire, Monsieur

Javert obedeció al momento pero antes de que pudiera soltar el aire una fuerte punzada de dolor en su costado lo hizo toser ruidosamente.

Sophie abandono al momento su puesto, pero solo ver la glacial mirada de Javert sobre ella se detuvo sentándose en el sillón de la habitación.

El doctor Anton le golpeó entre los omoplatos logrando que la tos cediera lentamente.

¿Cómo se encuentra?- preguntó cuando el inspector dejó lentamente de toser.

Aunque lo intentó el inspector no logró contestar inmediatamente, como siempre sucedía después de la molesta tos seca respiraba con dificiultad.

Mareado…- contestó finalmente llevándose una mano a la cabeza- Un poco… mareado.

El doctor Anton asintió con la cabeza, después le dio un poco de espacio al inspector mientras guardaba su estetoscopio en su maletín.

Mademoiselle Sophie- llamó el doctor- ¿Podría traeros un poco de agua, por favor?

Sophie asintió retirándose al momento. Solamente ser dejados solos el doctor emitió un largo suspiro. Javert no era tonto cómo para no darse cuenta de la gravedad de la situación.

¿Es… muy grave?- preguntó sin temer la respuesta.

El doctor Anton tomó el lugar que Sophie ocupara en el sillón.

Monsieur- comenzó- estoy satisfecho con el avance en su recuperación. Sois un hombre muy fuerte… pero, me temó vuestros pulmones sí han quedado sentidos por el Sena y por la perforación que la costilla provocó…

Javert cerró un momento los ojos ¿por qué no sencillamente no se había muerto en el Sena? ¿Por qué no sencillamente Jean Valjean no lo había matado en la barricada?

El doctor Anton pareció vislumbrar lo que el inspector pensaba ya que rápidamente agregó.

Solo es necesario seguir descansando, Monsieur, debe seguir recuperando sus fuerzas, seguir tomando muchos líquidos y alimentarse bien- le sonrió desde el asiento- no es el fin del mundo, Monsieur, solo es una batalla más que debe ganar…

Cuando Sophie regresó con la bandeja de plata entre sus manos encontró al doctor Anton sentado en el sillón y Javert abotonando su camisa.

Doctor, el agua- habló sin saber realmente que decir.

El doctor asintió tomando el vaso y ofreciéndolo a Javert.

Vidocq regresó esa tarde antes de que el sol se ocultara. Lo primero que hizo fue preguntar sobre cómo se encontraba Javert.

El doctor Anton dice que necesita un poco más de descanso pero está mejor- informó la joven con ciertas reservas.

¿Descansar más? ¡Descansar más!- rugió Vidocq.

Al parecer venía de mal humor.

¡El Alquimista ha estado muy tranquilo últimamente! ¿Sabes qué significa, Sophie? ¡Que mi némesis planea algo! ¡Algo maligno y terrible! ¿Y qué me dicen? "Oh, Vidocq, no puedes tener el apoyo de Javert" "Oh Vidocq dejadle descansar" "Oh Vidocq qué no veis que está delicado" ¡Merde!-gritaba Vidocq.

Sophie estaba tan roja como un tomate, su tío una vez más era un necio y no solo eso sino que escucharlo hablar así de Javert le hacía hervir la sangre ¡Hablaba de él como un objeto, como un peón!

¡Suficiente!- gritó Sophie a su vez- ¿Cómo podéis ser tan cruel? ¿Cómo podéis ser tan desconsiderado? ¿Para esto lo habéis salvado? ¡Pensáis sacrificar su vida!

Vidocq se acercó peligrosamente a Sophie.

Mucho cuidado cherie- siseó- Vidocq no está ciego como para ver lo que tu piedad oculta…

¿Dónde está August?- preguntó Sophie temiendo que si la conversación seguía por ese camino ella terminaría por contesta de peor manera a su tío.

Haciendo el trabajo que le correspondería a tu "frágil" inspector- Vidocq se dio la vuelta dándole la espalda- No podemos darnos el lujo de dejar que el Alquimista dé su golpe antes que nosotros.

Y sin dar tiempo a cualquier otra pregunta el inspector salió de nuevo de la casa.

Pobre August…- musitó dejándose caer en el sillón.

Sophie emitió un largo suspiro. No podía creer lo cruel que había sido su tío, aun seguía pensando en su discusión cuando un ruido en la parte alta de las escaleras llamó su atención, cuando se levantó no vio nada, solamente escuchó el ruido de una puerta cerrándose.

Javert estaba en la habitación a oscuras sentado en la orilla de la cama, había escuchado la discusión de Vidocq con su sobrina, así que ese era la conversación de negocios que Vidocq había dejado pendiente antes de que él sufriera el colapso que casi le había costado de nuevo la vida, cerró con fuerza los puños, estaba atado de manos ¡Estaba encadenado! Si ayudaba a Vidocq pondría su vida en riesgo al no estar completamente recuperado, si se quedaba seguiría siendo una carga y estaría encadenado a las atenciones de una mujer, ¡no podía soportarlo!

Semejante agitación hizo que la tos se presentara de nuevo mientras intentaba respirar.

La puerta se abrió de golpe, Sophie había subido solo escuchar el acceso de tos.

¡Inspector!- llamó preocupada con una vela entre sus manos.

Javert ni siquiera se giro mientras intentaba con todas sus fuerzas concentrarse en obligar a su cuerpo a respirar y refrenar la tos.

Sophie dejó la vela en la mesilla de noche para llegar hasta su lado.

¿Javert?- llamó tímidamente.

¡Quién le daba derecho a esta mujer de tratarlo de esta manera! ¡Quién le daba derecho de hacerlo sentir como una carga miserable! Y para aumentar su frustración la maldita tos que no cedía.

Sophie se arrodillo frente a él.

Llamaré al doctor Anton- trató de sonreírle.

Esa fue la gota que derramó el vaso. Mientras con una mano Javert tapaba su boca con la otra empujó con fuerza a Sophie, la chica fue tomada por sorpresa y cayó de sentón al suelo. ¿Por qué reaccionaba de esa manera?

Desde donde estaba sentado Javert observaba con atención a la mujer en el suelo mientras lentamente comenzaba a normalizar su respiración.

Siempre había estado solo, sin saberlo esa era la gran diferencia entre él y Jean Valjean, mientras el exconvicto tenía a Cosette, él nunca había tenido a nadie, en toda su vida siempre había seguido un solo camino recto que lo había alejado de todos los demás, nunca había tenido tiempo para preocuparse por nadie y mucho menos había tenido tiempo de amar a alguien, primero estaba la ley y el respeto a la autoridad, lamentablemente la dama que representaba a la justicia era una dama ciega que nunca podría abrir sus brazos para recibir en su pecho al hombre que tan augustamente le servía…

Sophie miraba con ojos llorosos a Javert, no entendía su reacción, no… Un momento, sí lo entendía, ella era las cadenas que sujetaban las piernas y brazos de su Dios encadenado. No solo era su convalecencia sino que también era ella quien impedía que Javert se liberara…

Sin poder evitarlo Sophie comenzó a llorar.

Javert estaba desconcertado de esta reacción ¿la había lastimado? Él nunca había tenido ningún trato directo con ninguna mujer antes, y mucho menos con una mujer decente, las mujeres de las calles de Paris, las miserables como Fantine que abundaban por las callejuelas eran completamente diferentes a la chica que ahora lloraba a sus rodillas.

La chica que lloraba a sus rodillas… Hasta ese momento Javert no había reparado realmente en la presencia de Sophie, era la mujer que le atendía, cuidaba y se preocupaba por él, pero nunca la había visto como lo que ahora se presentaba ante sus ojos…

-Excusez-moi

Sophie dejó de llorar al momento. La voz de Javert había cortado el caudal de sus lágrimas. La pobrecita asintió levemente con la cabeza sintiéndose muy tonta por haber comenzado a llorar. Javert no sabía cómo reaccionar, lo primero que había pensado fue en pedirle disculpas, finalmente era una dama y por tal debía ante todo de respetarle además era la sobrina de Vidocq, intentó decir algo más pero un repentino dolor en el costado lo hizo callar llevando su mano hacia la herida que le había salvado la vida.

Sophie se puso de rodillas levantándose hasta la altura de las rodillas de Javert, con una sola mirada pareció pedirle permiso para revisarlo, pese al dolor el inspector retiró la mano de la herida recién cicatrizada.

La sobrina del detective levantó la tela de la camisa de Javert para ver la herida en las costillas, la piel aun estaba amoratada, le tocó levemente con las yemas de sus dedos. La sensación de alivio refresco la piel de Javert quien dejó escapar sin poder evitarlo un leve gemido de alivio. En ese momento ambas miradas se toparon. Los ojos verdes de Sophie y los ojos azules de Javert.

Sophie… Su cabellera castaña clara, su bonito rostro, sus ojos verdes, sus labios rosas, era una imagen delicada, parecía el cuadro del rostro de una virgen de las pinturas del renacimiento, una rosa en primavera.

Sí el repentino descubrimiento de Sophie sorprendió a Javert, semejante impresión causo él en ella, hasta este momento el hombre al que debía la salvación de su honra se presentaba como ella lo veía, como un Dios que lentamente recuperaba su libertad. Los ojos azules eran lo que más atraía a Sophie, esa mirada profunda que parecía analizar a la persona que miraba, sus pobladas cejas, las patillas que extrañamente se habían mantenido perfectamente arregladas, su cabello castaño recién encanecido. ¿Un sabueso? ¿Un lobo en otoño? ¿Qué era Javert?

Sophie retiro su mano de la piel de Javert mientras lentamente se ponía de pie. Javert no dejaba de observarla en todo momento, cuando se acercó a él tanto que podía sentir su perfume, cuando sus rostros estuvieron tan cerca que la punta de su nariz se tocaban… Él corazón de Javert latía con fuerza, era la primera vez en toda su vida que sentía esta extraña sensación en el pecho y como si su desconcierto no pudiera ser mayor Sophie le sonrió, con la misma sonrisa que le mostrara cuando la salvo de su agresor en la escalera. ¿Qué pensaba esa dama? ¿Qué…?

Javert se quedó sin palabras, no sabía ni que decir ni que pensar… ¡Sophie le había besado en la frente! En un rápido movimiento la chica había levantado su bonito rostro para depositar un tierno beso en la frente de Javert, después sonrió de nuevo y de un ligero soplo apago la vela que llevaba en las manos…

Continuara…