El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como todos los símbolos y elementos relacionados, son propiedad de Warner Bros., 2000. A excepción de personajes, sucesos, lugares que yo misma saqué de mi mente perturbada. Esto es sin fines de lucro.

Aclaraciones: Historia basada en la novela romántica "Orgullo y Prejuicio" de Jane Austen. Los personajes de "Harry Potter" han sido adaptados a los de la popular novela británica, por lo que las personalidades de algunos personajes serán algo ajenas a lo que en realidad son en sus libros originales. También tuve que adaptar la novela romántica a los personajes de Harry Potter. Mil disculpas por eso.


Capítulo 7: 'El señor Malfoy confiesa'

-¿Cómo se encuentra su familia, señorita Weasley? – preguntó el rubio después de unos minutos en completo silencio de ambos mientras Lady Umbridge conversaba sobre banalidades con Neville.

-Muy bien – contestó Ginny tratando de ser lo más cortés posible. Si Lady Umbridge o su hija notaban lo desagradable que le era, estaría en problemas – Mi hermano mayor, Ron, está en Londres… Quizás le haya visto o sabido de él.

-La verdad es que no tenía idea que él se encontraba en la ciudad – dijo él amablemente, casi en un tono tan sincero que Ginny pensó que era un actor de primera – He estado pocos días en Londres; me la he pasado viajando más que nada.

-¿Ustedes ya se conocían?

El señor Malfoy y Ginny se giraron para ver a Lady Umbridge. En su anfibio rostro se enmarcaban unas finas arrugas que parecieron cobrar vida y hacerse más profundas… La mujer había arrugado el ceño examinando con detalle a su sobrino y a la invitada. Sus labios se apretaron como si no le gustaba lo que veía y Ginny se asombró del gran parecido con un sapo.

Un amago de sonrisa se esbozó en su rostro, pero no precisamente por cordialidad, si no por lo gracioso que era ver a una mujer convertida en sapo.

-El señor Malfoy estuvo una temporada en nuestro pueblo – dijo mirando de soslayo a Luna, quien asintió vigorosamente.

Luego de la respuesta, la señora le pidió a su otro sobrino, el Colonel Fitzwillian que prosiguiera con su relato de la biblioteca de andaluz.

Se dedicó a observar con atención la sala.

Al parecer esta sala era usada para recibir a los invitados y quizás tomar el té, pero no había ninguna mesa que invitara a cenar o almorzar. La pequeña mesa de centro era de un cristal limpio y tan transparente que se sorprendió de no ver ninguna mancha que indicara que fuera un cristal, y éste estaba sostenido por unas patas con recovecos bañadas en oro. Encima de la mesa reposaba una tela exquisitamente entrillada con flores y hojas. Había cuatro tazas de té. El plato era blanco y el borde era de una fina línea dorada junto con flores rosas que jugueteaban con la línea. La taza en sí era exagerada, muy al estilo francés del barroco, con una forma de capullo de flor; y no se podía negar, ya que también estaba cubierto con flores rosas invadiendo desde la manilla hasta el orificio circular.

Se acercó a la pared comprobando que no estaba pintada de rojo, si no que era papel tapiz rojo. Había flores en el papel tapiz que a penas se distinguían con la lúgubre iluminación y mariposas que se disfrazaban en los esquineros dorados de la habitación.

Ginny miró a Luna y su amiga se le acercó después de hacerles una leve inclinación de cabeza a Lady Umbridge y su hija:

-No dudé en que notarías la florería disfrazada en este lugar – le dijo a su amiga en voz baja y dándole la espalda a los demás. Miraba atentamente un retrato de Lady Umbridge y su hija – Aquí hay mensajes escondidos.

-Sí, como amor a la naturaleza y las flores rosas… Es espantosamente divertido – contestó sonriendo juguetonamente y Luna hizo un fallido intento de mitigar su carcajada llamando la atención de todos, así que fingió que tosía – Luna, te dije que debías andar más abrigada en casa – dijo mirando a Lady Umbridge con una sonrisita – Esta mujer parece que no se cuidara de su salud…

-Si quiere puedo pedir que le traigan un abrigo, señora Longbottom – ofreció la robusta mujer.

-No, muchísimas gracias. Es solo un ataque de tos. Es usted muy amable – Miró unos segundos a la mujer antes de dirigirle una mirada asesina a Ginny – ¿Te parece gracioso?

-Me gusta reírme – respondió inocentemente.

El primo del señor Malfoy, Colonel Fitzwillian, resultó ser un hombre muy amable. No se atrevió a preguntarle la edad, pero Ginny estimó que debía tener unos veintisiete años, ya que apenas tenía una arruga en la frente y su mirada era sumamente jovial y cándida para ser de alguien de mucha edad. Hablaron de literatura y de política internacional, dejando impresionado al hombre por saber política; en especial se ganó una mirada de reproche por parte de Lady Umbridge.

Las mujeres sólo debían hablar de asuntos banales, de los precios de la ropa, el cuidado de los niños y la nueva moda francesa. Estúpido, al parecer de la pelirroja. Tenía la suerte de haber nacido en una familia que crió a todos sus hijos por igual y su padre nunca le negó leer el periódico, prestarle libros de la antigua Grecia ni escritos de economía alemana.

Mientras Ginny y Colonel Fitzwillian hablaban, el señor Malfoy volteaba a ellos tantas veces que todos hasta que la misma muchacha se empezó a dar cuenta. Tenía una aburrida, según Ginny, conversación con su tía y su prima, pero su atención se desviaba a ella que sintió sus mejillas arder. La ponía muy nerviosa. Podía recordar a la perfección cuando se habían visto por última vez en Netherfield. Él tan cerca, con su mirada gris y fría convirtiéndose en una celeste y cálida.

Otra persona que pareció ponerse nerviosa por la repentina distracción de Malfoy, era Lady Umbridge. Arrugó el ceño viendo que la mirada de su sobrino se dirigía a la muchacha sin muchos reparos. La mujer ocultó el impulso de recordarle a su sobrino que estaba comprometido en matrimonio con su hija desde hacía años y no podía darse el lujo de pensar en una jovencita sin educación ni apellido.

Desde que su hija nació, supo al instante que la única manera de mantenerla en la riqueza y alcurnia, sería casarla con un hombre de renombre. Justo hacía dos años que su primo, Lucius Malfoy, había tenido un niño y era la oportunidad perfecta para hacerle una visita. Ninguno de los dos perdía al asegurarle las vidas de sus hijos y de paso dejar inmaculados sus apellidos para que no se tiñera de calumnias ni deshonra.

El mismo mayordomo que los había guiado en un principio apareció en la habitación y fue hasta Lady Umbridge. Le dijo algo en voz baja y ella asintió para luego anunciar que la cena estaba lista con una voz muy aguda e intentando ser melodiosa.

El salón donde cenarían era contiguo al donde estaban, así que sólo se abría una puerta junto a la de la entrada y ya estaban ahí.

En el trayecto al salón, Luna le mandó una mirada muy expectante a Ginny y ella se alzó de hombros levemente preguntándole con ese simple gesto qué pasaba. Su amiga sólo alzó las cejas para cambiar su mirada a una amenazante, como reprochándole que hubiera hecho algo malo…

Ginny miró el salón y no pudo aguantar el grito de espanto que emergía de su garganta, por lo que hizo un sonido tosco y profundo.

-¿Se encuentra bien? – preguntó el señor Malfoy deteniéndose detrás de ella.

-Perfectamente – respondió entre un ataque de tos fingido para que pasara desapercibida su verdadera intención – Gracias por preocuparse.

-No es nada – dijo él sonriéndole tan genuinamente que Ginny sintió sus mejillas arder.

Luna había anticipado que su amiga tendría una reacción como ésa o mucho peor al entrar al salón, ya que no era para nada cotidiano ver un salón con paredes rosadas y adornada con figuras de yeso doradas. La mesa era de una madera firme y oscura, la alfombra de una tela intrincada y con figuras de flores rosadas, junto a la mesa había muebles con adornos de color rosa. Todo era rosa, rosado. Ginny se fijó principalmente en los platos de la pared que tenían unos satánicos gatos con grandes ojos amarillos y de color negro paseándose por el plato, y todo tenía algo de color rosa. Aquella habitación no parecía el salón principal de la mansión de una Lady, si no el salón soñado de cualquier niña de cinco años. Sólo le faltaba el pony, pensó la pelirroja sentándose al lado derecho de Lady Umbridge, quien iba en la cabecera de la mesa.

Sin escuchar la aburrida conversación que mantenían sobre algo que de verdad poco le importaba a Ginny, se encontraba viendo cada detalle del salón hasta que miró la mesa y sintió como su quijada se caía un poco. ¡Había más de ocho cuchillos, ocho cucharas y ocho tenedores para ella sola! Jamás había visto tantos. Sabía que para distintos platos de comida se usaban distintos cubiertos, pero… ¿ocho platos diferentes? Eso era atroz.

Neville había visto la cara de la muchacha y le sonrió amablemente diciéndole en voz baja que no los iría a usar todos, y que estaban allí más por protocolo que por algo más.

-Oh, señor Longbottom… No puede sentarse junto a su esposa – dijo de repente Lady Umbridge mirando al hombre. Neville estaba al lado izquierdo de Luna, y Luna al lado izquierdo de Ginny. El matrimonio intercambió una breve mirada extrañada – Es una falta completa a la honradez y fineza de ésta familia. Por favor, Draco, querido, cambia con la señora Longbottom.

Por un breve momento, Ginny pensó que aquella señora le quería hacer la vida imposible. Desde que cruzaron palabra había sentido un aura molesta proveniente de la mujer. No sabía cómo explicarlo, pero le era desagradable su presencia. Era extraño. Muy pocas veces le había pasado que tenía tan poca empatía con alguien… Y su pensamiento se reforzó por aquel breve instante al oír como la silla, donde antes estaba Luna, se movía y Draco Malfoy se sentaba en ella. ¿Por qué a su lado? De verdad esa señora la odiaba, le quería hacer la estancia en aquella casa lo más espantosa posible. 'Soy una paranoica' pensó y se dio cuenta que comenzaba a hablar al igual que su madre, que con cada detalle inventaba la más increíble historia.

-Tengo entendido que tiene seis hermanos, señorita Weasley – comentó Lady Umbridge cuando las sirvientas trajeron las fuentes llenas de ensaladas y salsas.

Ginny tenía la boca llena de tomate y lechuga, por lo que sonrió masticando lo más rápido que pudo para contestarle, pero al ver el frío semblante de la mujer prefirió limitarse a asentir y soportar la mirada de pena de Luna.

-¿Cuántos de ellos están casados?

-Tres – dijo después de beber la mitad de su copa de agua.

-¿Y lleva una vida social activa siendo que faltan otros tres por tener una familia? – inquirió con una voz que trataba de parecer amable, pero las marcadas arrugas que se formaban en la frente decían lo contrario.

-No puede esperar que siendo la menor deba esperar casi veinte años esperando a que mis hermanos se casen. Conveniente para evitar las malas intenciones entre hermanos es que compartan muchos de los privilegios, así se genera un afecto mayor entre todos – respondió con calma callando a todos los presentes e incluso las sirvientes, quienes estaban al lado de la puerta esperando retirar los platos, se miraron atónitas por la elocuencia de Ginny.

-Para ser sólo una jovencita se expresa con mucha claridad – dijo antes de limpiarse los labios con la servilleta. La pelirroja pudo percibir que sus mejillas adquirían un tono rojizo, seguramente de rabia - ¿Cuántos años tiene?

-Comprenderá que mi hermano mayor tiene veintiocho años y hemos nacido casi seguidos, por lo que no me gustaría reverla mi edad…

Al otro lado de la mesa, Luna le sonrió a Neville y él también. Ambos sabían que Ginny era lo suficientemente joven para decir su edad, pero había notado el interrogativo de Lady Umbridge y quería declararle la guerra. La rubia miró nuevamente a su amiga esperando la reacción de la mujer; sin embargo, no puedo dejar de notar que Draco Malfoy miraba fijamente a Ginny y con una sonrisa. No parecía estar molesto por las respuestas de ella que podrían interpretarse como una falta de modales a su tía, si no que disfrutaba muchísimo la situación, o quizás ni siquiera se diera cuenta de la situación. Parecía estar concentrado sólo en Ginny.

-No puede ser mayor de veintiún años – dijo poniendo sus manos temblorosas sobre la mesa.

-Aún no tengo veinte – respondió volviendo su rostro hacía la derecha encontrándose con los ojos grises rodeados de rubias pestañas del señor Malfoy - ¿Me podría alcanzar el aceite, por favor? – le pidió esquivando su mirada y viendo a la botellita de aceite cerca de Neville.

-Por supuesto – dijo él sonriéndole y se volvió para tomar el aceite.

El resto de la cena fue un poco más amena, aunque Ginny aún era acosada por truculentas preguntas de Lady Umbridge. Las respondía ocultando muy bien el desagrado que le producía la mujer, pero siempre las esquivaba o decía algo para demostrarle que no era para nada inferior a ella.

¿Cómo Neville podía trabajar para una mujer tan malvada? Parecía que por el simple hecho de no haber tenido una educación de niña de porcelana en la ciudad le tenía desprecio, odiaba a toda su familia. Con razón Luna odiaba esa casa y a esa mujer, en especial. Neville era un hombre correcto, amable, cooperador y servicial, nunca quería hacer quedar mal a nadie y socorría a cualquiera en su grito de auxilio. ¡Estaba completamente loco para trabajar para Lady Umbridge! Era el mismísimo demonio. 'Y creía que Pansy Parkinson era el demonio en persona… Estaba equivocada' se dijo a sí misma respirando hondo para calmarse y estar lista para no dejar avasallar por la señora.

Volvieron a la sala que habían estado en el principio y tomaron café, té junto con unas galletitas de nueces deliciosas, según Ginny.

-Usted es una mujer muy inteligente, la admiro – dijo Colonel Fitzwilliam acercándose a la chica y se sentó a su lado.

-Agradezco su halago, pero me pregunto a qué se debe.

-Pocas personas pueden enfrentarse a la misma altura de mi tía – contestó antes de tomar un sorbo de su té – Draco tenía razón cuando me dijo que era una señorita diferente a las demás…

-Oh, ya veo – Su mirada buscó al señor Malfoy y lo encontró conversando con la hija de Lady Umbridge, Susan, para después concentrarse en el señor Fitzwilliam nuevamente - ¿Dónde vive usted?

Lady Umbridge estaba feliz que su sobrino estuviera hablando con su hija, y al parecer la conversación iba bien entre ellos, que se sorprendió que Draco girara su cabeza en ciertas ocasiones. Se dio cuenta entonces que miraba a la señorita Weasley.

Una ola de rabia invadió su cuerpo y observó con cuidado a la pelirroja con su sobrino Colonel para decir:

-¿De qué hablan, Colonel? – preguntó a su sobrino sonriendo demasiado para cualquier persona normal – Me gustaría oír de lo que le dices a la señorita Weasley.

-Hablábamos de música, tía – dijo educadamente.

-¡Música! – chilló como una niña pequeña y Ginny apretó los labios molesta por su tono de voz chillón – Entonces déjenme oírlos. No hay nadie más amante de la música en Inglaterra que yo, no, digo de Europa. Disfruto tanto de ir a la ópera y de las nuevas tendencias con este instrumento raro, este nuevo… - Miró a Susan y suspiró – Me hubiera encantado aprender a tocar cualquier instrumento, pero mis padres insistieron en que aprendiera a dibujar. Y Susan tiene tan delicada salud, que no puede hacer mucho esfuerzo físico… Pero estoy segura que ambas hubiéramos sido excelentes pianistas o violinistas.

-Estoy de acuerdo, tía – asintió Colonel lanzándole una extraña mirada a su primo. Luego se volteó hacía Ginny para seguir hablando, pero se le ocurrió una idea - ¿Por qué no nos toca el piano?

-¿Yo? – preguntó Ginny horrorizada señalándose a sí misma.

-Claro – dijo Lady Umbridge sonriendo – Me encantaría que nos deleitara tocando el piano.

-Oh, no, por favor. No quiero hacerlos pasar por un a sesión de tortura… Mi amiga Luna aquí presente sabe muy bien que tocar el piano no está dentro de mis talentos – Luna dijo que era verdad y todos rieron, menos Lady Umbridge – Ella toca muchísimo mejor, así que me inclino a la idea que ella nos lleve al paraíso con sus talentosos dedos.

-Pero ya sabemos de la fama de la señora Longbottom, queremos escucharla a usted. Insisto.

Aquello era casi una obligación por las palabras que había usado.

La muchacha suspiró y se puso de pie para dirigirse al piano del rincón. Miró a Luna suplicándole que fuera ella quien tocara, pero su amiga se alzó de hombros y le sonrió deseándole suerte.

Tocó una de las pocas canciones que había aprendido de Luna y se mordió el labio inferior nerviosa al equivocarse en menos de tres compases. Siguió tocando lo mejor que pudo y no quiso darse vuelta para ver la cara de espanto de los presentes. Les había advertido que el piano ni cualquier instrumento eran de su dominio.

A los pocos momentos, sintió que alguien se quedaba de pie a su lado y vio al señor Malfoy. También se dio cuenta que el señor Fitzwilliam se sentaba en un sillón muy cercano al piano.

-No crea que me va a asustar con su presencia, señor Malfoy – dijo la pelirroja antes de tocar una nota dos veces más grave de lo que era – No me rindo tan fácilmente.

-Es increíble que piense que quiera asustarla… No debería afirmar cuando ni usted misma lo siente.

-Aquí el caballero presente quiere dejar una mala imagen mía – Volteó hacia el señor Fitzwilliam y éste se rió – Espero que tenga cuidado con lo que oye – agregó y miró al rubio – Quizás no sólo sienta, si no que lo sé. Es imposible que evite que diga la verdad sobre su persona.

-No esperaba menos de usted – respondió sonriéndole encantadoramente.

-Cuénteme lo que sabe de mi primo. ¿Qué hizo en Ottery St. Catchpole?

-¿De verdad quiere oírlo? Oh, no quiere irse por la tangente… Bien, le diré – Empezó a mover rápidamente sus dedos tocando bastante bien las teclas del piano en la secuencia más difícil de la canción – En el primer baile que lo conocí no bailo con nadie. Y había varias señoritas sin pareja.

-Señoritas que eran desconocidas – se limitó a agregar el rubio – Me cuesta mucho relacionarme con personas a las que no conozco.

-Señor Fitzwilliam… ¿Por qué su primo encuentra tan difícil estar con extraños? – preguntó burlonamente.

-Eso es fácil, es porque simplemente no quiere enfrentar su timidez.

-Me resulta difícil – repitió viendo como los dos se reían – A algunos les resulta fácil iniciar conversación con desconocidos, pero a mí no.

Ginny terminó de tocar y recibió los calurosos aplausos de Luna, Neville, el señor Fitzwilliam, Susan Umbridge y el señor Malfoy. Se giró con gracia sobre el taburete y le contestó resueltamente al rubio:

-Podría tocar tan bien como cualquier mujer si practicara más el piano, pero es mi culpa porque no lo hago y podría hacerle frente a las que tocan muchísimo mejor que yo.

-Entiendo. Ninguno quiere practicar sus debilidades porque no nos interesa lo que piensen los demás de nosotros – dijo mirándola con mucha intensidad.

-¡Oh, señorita Weasley! – exclamó Lady Umbridge – Tocó bastante bien, no fue ninguna sesión de tortura como dijo… Pero creo que sería adecuado que viniera desde hoy hasta el día que vuelva a casa aquí a practicar.

-No se preocupe… - Apretó los puños molesta por el comentario de la mujer y trató de suavizar su rostro. Le daría su lección - ¿No quieres tocar Luna y yo te acompaño cantando?

-¿Cantando? – preguntó Lady Umbridge moviéndose en su asiento.

-Sí, quizás Ginny no tenga talento para el piano, pero sí nació con una voz preciosa. Debería ser una soprano – dijo Luna entusiasmada y se dirigió al piano.

Se levantó del taburete cediéndoselo a su amiga y le sonrió sabiendo que Lady Umbridge se tragaría sus palabras al oírla cantar, ni siquiera notó que el señor Malfoy le había ofrecido su mano para ayudarla a levantarse y aún sus manos seguían juntas.

-¿Lista? – preguntó Luna.

-Cuando quiera, señora Longbottom – asintió sonriendo divertida por decirle así.

Una vez que empezó a cantar se sintió por primera vez feliz desde que había puesto un pie en esa endemoniada casa. Todos, a excepción de Neville, la miraban maravillados y cerraban los ojos disfrutando de la exquisita canción acompañada de la melodiosa voz de ella. Incluso vio que a su lado el señor Malfoy apretaba su mano y ella sonrojada la apartó sutilmente. Siguió cantando sabiendo que Lady Umbridge no podía darse la molestia de invitarla a practicar en el piano de su casa porque ya tenía otro talento más y mejor desarrollado.

OoOoO

Al día siguiente, Luna y Ginny fueron temprano al correo. La pelirroja le mandó una larga carta a su familia y también una a Ron esperando que le contara más detalles sobre su estadía en Londres, y más bien que le dijera si había visto o no a Hermione. Deseaba tanto que su hermano fuera feliz.

Cuando bajaban del carruaje, otro venía desde la mansión de Lady Umbridge. Se detuvo y de él bajó el señor Fitzwilliam. El joven las saludó preguntándoles cómo estaban, si habían dormido bien y si necesitaban algo.

-Lo siento mucho, señor Fitzwilliam, pero mi marido está muy resfriado y está en cama. Quiero ir a verlo. Espero que aún esté vivo… - se disculpó Luna haciendo reír a los dos.

-No se preocupe. Espero que el señor Longbottom ya esté pronto en pie y agradeciendo tener a una esposa tan atenta como usted – dijo antes que la rubia entrara en la casa.

-¿Adónde se dirige? – preguntó Ginny viendo el carruaje – Creo que su parada no se debe más que a una pequeña charla antes de seguir su camino.

-A dejar listos unas actas con el abogado de un amigo mío. Como mañana nos vamos con Draco…

-¿Se van? – inquirió rápidamente y se sorprendió por su atrevimiento.

-Sí, a Kent. Draco tiene que ir allá y como lo ayudo a mantener varios de sus negocios, debo hacer lo que me ordene.

-Muchos se ven obligados a hacer lo que el señor Malfoy quiere, no me sorprende – comentó un poco molesta.

-Bueno, como somos familia y trabajamos en conjunto, tengo que hacerlo; pero no siempre es así. Los amigos de Draco no son sus empleados – explicó jugando con los guantes que traía en las manos – Por ejemplo, la familia Granger es muy amiga de nosotros y no los hacemos trabajar. Es sólo una excepción la de mi primo y mía. Es un buen hombre en el fondo.

-Conozco a las hijas. Hermione… La señorita Granger es muy buena persona.

-Sí, desde que éramos pequeños hemos sido amigos, pero Draco es más unido a Hermione desde que su madre falleció y su padre se casó con la señora Parkinson. Son muy amigos, casi hermanos, e incluso Draco la ayudó a no caer en desgracia.

-¿A qué se refiere? – preguntó Ginny sintiendo como su corazón se le agitaba un poco.

-Le aconsejó que se alejara de un hombre con el que estaba muy cercana de contraer matrimonio – contestó en un tono muy confidencial.

-¿Y por qué hizo eso? – Sus manos le temblaban y agregó con la voz un poco quebrada – Tal vez se amaban…

-No era un matrimonio conveniente por la familia del hombre. Sé muy poco del tema porque Hermione está destrozada y se ha ido de viaje por varias semanas queriendo escapar de todos, en especial de Draco. Y él no quiere hablar del tema, se comporta extraño al hablar de la familia del hombre.

-Oh, ya veo…

Intercambiaron un par de palabras más antes que el señor Fitzwilliam se fuera y le deseaba que estuviera bien y esperaba verla una vez más antes de partir a Kent. Ginny le contestó que esperaba que así fuera, pero en sus planes no estaba concertada una visita a la mansión dentro de varios días.

Entró en la casa y un ruido ahogado salió de su boca. Agradeció que Luna estuviera con Neville, porque realmente no quería que su amiga la viera en ese momento. En realidad, no quería estar con nadie.

Una criada se le acercó pidiéndole su abrigo y Ginny se lo pasó respondiendo vagamente su cariñosa bienvenida. Se fue a su habitación sin quitarse sus botas húmedas por la nieve que dejaban marcas en el parqué y se encerró sin decir nada, sin darle tiempo a la criada que le preguntara si quería algo de beber, sin dar tiempo de nada. Nada.

Temblorosa abrió uno de sus baúles y entre sus vestidos y zapatos sacó un fajo de cartas. Había traído todas las cartas de Ron sabiendo que no era buena idea dejarlas en casa con su madre. La quería mucho, pero era una mujer terrible y obsesiva en cuanto a las relaciones de sus hijos. Quién sabe Dios que hubiera hecho la mujer con esas cartas en su poder.

Al leerlas todas se dio cuenta de la magnitud de la tristeza de su hermano. Ron se sentía tan miserable que ya no confiaba en que las cosas mejorarían, en que su vida tendría sentido y sentía que no merecía el apoyo de sus seres queridos, en especial de ella, su hermana pequeña. Incluso no creía en Dios, en nada, simplemente en la nada. Sus días eran un vacío que no significaban nada y añoraba los días en que no había conocido a Hermione, los días en que aún no conocía un dolor tan intenso como el que sentía en esos instantes.

Ginny rompió a llorar lanzando todas las cartas y así esparciéndolas por la habitación. ¡Oliver Wood había tenido tanta razón respecto al señor Malfoy!

Desde la primera vez que lo había visto le había parecido una persona fría y descortés. Les había dicho a varios hombres que no era lo suficientemente bonita para tentarlo. Ése comentario marcó el desagrado que mantenía con el hombre, pero se divertía al molestarlo y ciertamente era bastante inteligente. Mantenían una conversación rápida que le encantaba. Y no podía dejar de decir que la sorprendía. Era frío y podía hacer que su mirada brillara de tal forma que la inquietaba, su sonrisa podía ser tan orgullosa como halagadora y su actitud amistosa como atacante.

Ya no era desagrado, si no apatía, asco, odio. Draco Malfoy había sido el responsable que Hermione se fuera del pueblo y dejara a Ron con el plan de comprar un anillo de compromiso. Había separado a dos personas que se amaban pensando en el dinero, en el apellido, en el escándalo que causaría que una Granger contrajera matrimonio con un hombre pueblerino sin renombre ni educación con los mejores profesores del país. Era tan orgulloso que no podía soportar que Hermione se casará con uno de los Weasley.

La rabia que sentía se había transformado en lágrimas, y también en desolación.

Desolación por darse cuenta realmente quién era el señor Malfoy. Él le había dicho que tenía que conocerlo para poder dar por sentado su carácter, su actitud; y quería encontrar algo bueno en él. Algo que hiciera agradarle un poco más, sólo un poco, ya que no le gustaba sentir tan poca avenencia con las personas. Aunque no fue así. Sólo encontró un maldito rubio, paliducho con unos ojos grises sin vida que movía su mundo como un titiritero incentivado por su orgullo.

Y llorando como si en ello se le fuera la vida, hundió su rostro en la perfumada almohada y dejó que el sueño le secara las lágrimas, pero no así el dolor.

OoOoO

-Menos mal que despierta, señorita – dijo una voz apenas audible y que sonaba muy preocupada.

Una criada le tocó la frente e hizo un amago de sonrisa antes de acomodarle bien la sábana y frazadas. Le dijo que en la mesita de noche tenía una bandeja con el desayuno, y que como ya no se encontraba con fiebre, le avisaría a la señora para que no llamara al médico.

-¿Dónde están los señores? – preguntó con la voz rasposa.

-Han ido al centro de Hunsford a ver unos asuntos y también a comprarle medicina para la fiebre. Por favor, pruebe bocado que no nos haría gracia que llegará a una neumonía. Dios quiera que no – dijo antes de persignarse la señal de la cruz varias veces – ¿Quiere ayuda para comer?

-No, muchas gracias…

-Entonces me retiro.

Ginny dio un respingo comprobando que su nariz estaba congestionada y que le dolía todo el cuerpo. Se sentó con un poco de esfuerzo y se sorprendió un poco al ver que estaba con su camisón de dormir. Por la ventana se filtraba la débil luz del sol tapado por nubes casi negras y unas gotas caían, dando cuenta que la nueve del techo se estaba derritiendo. La bandeja en la mesita de noche consistía en varias tostadas, leche con avena, jugo de naranja, mermelada, quesillo, un tarrito de miel, rebanadas de limón y muchas galletas.

Comenzó a comer sin muchas ganas y con muchas dificultades porque la garganta le ardía al tragar. Mientras trataba de comer lo suficiente para que nadie en la casa se preocupara por su salud, pensaba en lo sucedido ayer.

Suponía que estaba con gripe porque no se había quitado las botas húmedas y todo el dobladillo de su vestido estaba mojado por la nieve.

Luego de terminar toda la leche con avena, comerse dos tostadas, tragar tres cucharadas de miel y beber la mitad del jugo; se quedó un rato con los ojos cerrados sintiéndolos hinchados y secos. Se sentía muy cansada, como si un potro chúcaro la hubiera arrollado sin piedad.

Nunca había sido buena para quedarse en cama por un día sin hacer nada. Lo único que sus padres conseguían para hacer que se quedara en reposo absoluto era que le trajeran varios libros que se devoraba contenta y sumida en las palabras de los relatos, pero jamás había permanecido más de un día en cama. Realmente odiaba la idea de quedarse sin hacer nada y por eso mismo se quería vestir, ayudar a las criadas y hacer todo lo que una persona sana haría normalmente.

Se puso un vestido de mangas largas y de varias telas para abrigarse. Su cabello lo dejó suelto para que su larga melena protegiera su cuello del frío y casi no se puso nada de maquillaje, sólo ocultó un poco sus ojeras de manera que se viera natural.

Llevó la bandeja a la cocina recibiendo quejas de las criadas y un mayordomo le dijo que fuera a acostarse si no se enfermaría más, pero ella le dijo que se sentía tan bien que la fiebre de la noche estaba en el olvido.

El día anterior, cuando con Luna habían ido al correo, le entregaron una carta a su nombre de parte de su tío Albus Dumbledore. El tío Albus era hermano de su madre y estaba casado con la tía Minerva McGonagall, su apellido de soltera. Habían tenido sólo dos hijos y ambos vivían fuera del país, por lo que les encantaba pasar tiempo con los hijos de su hermana Molly. Ginny era la que particularmente se llevaba mejor con ellos, ya que como única mujer, ellos le tenían mucho cariño.

Se sentó en el pequeño y modesto escritorio de su cuarto para responder la carta de su tío encantada que ellos estuvieran deseando verla y contándole muchas novedades de sus primos.

-Señorita… Tiene visita – dijo la misma criada de la mañana entrando en la habitación.

-Claro, voy a la sala ahora mismo – respondió Ginny sin estar muy atenta. Se levantó y se dio cuenta que no había preguntado quién era, pero no le dio mucha importancia.

Al tomar el pomo de la puerta para abrirla, éste giró antes y el señor Malfoy entró en el cuarto dejando a Ginny paralizada en su lugar.

-Buenos días – dijo él tratando de sonreír, pero no pudo – Lamento muchísimo mi llegada tan repentina y mi intromisión…

Retrocedió un par de pasos hasta que sus pantorrillas chocaron con la cama.

El señor Malfoy le preguntó cómo se encontraba y contó que su primo y él estaban muy preocupados al enterarse que había estado ardiendo en fiebre toda la noche. Después de un minuto o dos en los que él hablaba casi sin parar y ella respondía con monosílabos sus preguntas, él dejó de hablar.

Notó como se veía más energético de lo normal, quizás al nerviosismo porque apretaba los puños constantemente y su respiración era un poco agitada.

Entonces vio lo inimaginable: Estaba sonrojado y una gota de sudor caía por su frente. Abrió la boca para decir unas palabras que jamás en su cordura y en su vida Ginny hubiera pensado escuchar:

-Mis sentimientos son demasiado fuertes para quedarme callado… - dijo rápida y nerviosamente haciendo que la pelirroja saltará un poco asustada – Debo decirle cuánto y de qué forma la amo tanto.

Por primera vez en su vida su cabello se veía más pálido que su rostro. Pudo comprobar con una fugaz mirada al espejo del tocador que sus pecas eran invisibles con el tono rojizo más vivaz que había visto.

Un nudo en su garganta se formó de tal forma que no pudo decir nada y la verdad es que tampoco sabía qué decir, por lo que él siguió hablando. Tuvo la extraña sensación que su cuerpo caía lentamente, nada la sostenía y ella no quería seguir cayendo, pero lo hacía y se sumía en la nada, en la oscuridad, en un vacío. De lo poco que escuchó que dijo el rubio fueron las palabras 'orgullo', 'posición en la sociedad', 'dificultades de familia' y 'escándalo'.

De a poco se fue haciendo conciente que se encontraba en su habitación y que el señor Malfoy estaba allí luciendo una extraña figura de un hombre angustiado y sonrojado, lejos de la imagen del arrogante y pretencioso de familia adinerada e importante. Se hizo conciente que le había confesado su amor.

-Es común que cuando un hombre le pida matrimonio a una mujer que ella agradezca su proposición de matrimonio – dijo mirándola inquisitivo y en un tono impaciente, por su prolongado silencio.

Siguió cayendo en el vacío y se sentía perdida, desolada y sumamente enojada. No era sólo enojo, si no rabia, coraje; el mismo que se había transformado en lágrimas la noche pasada y la había hecho arder en fiebre.

-Es común, por lo que déjeme agradecerle por su proposición – dijo con su voz ronca y tosió antes de seguir – Pero me desagrada tanto que no puedo ocultar que le agradezco por educación, no porque me nazca del corazón. Entiendo sus sentimientos y realmente me sorprenden, ya que jamás he querido agradarle. También entiendo las dificultades que ha tenido que pasar ocultando sus sentimientos debido a que tengo menos rango social que usted, que mi familia quizás no es la más indicada para un hombre de su categoría y que no tenga una bodega llena de oro.

Su piel se volvió pálida de golpe y sus ojos volvieron a adoptar ese gris glacial, aún más que aquella vez en el baile de los Lovegood. Sonrió casi con ironía y dijo:

-¿Así que ésta es su respuesta? – habló con una voz cargada de rabia, pero con lentitud.

-¿Cómo quiere que acepté su propuesta cuando no lo amo, cuando sé que es una persona tan orgullosa que se siente avergonzado de las personas de familia como yo? – preguntó enojada y sintió como el nudo de su garganta se oprimía aún más.

El señor Malfoy se acercó a ella y Ginny no le quitó la mirada de encima sintiendo como su rabia se incrementaba con su cercanía.

-¿Ésa es la opinión que tiene de mí? – La fragancia del rubio inundó la nariz de Ginny, pero ella sólo dio un respingo ahogado – No puedo creer que rechace mi propuesta con tan poca delicadeza, con tan poca educación… Digno de una señorita – se burló.

-Su propuesta no fue educada, así que no puede decirme eso. Decir que sus dificultades fueron la inferioridad de mi familia, mi falta de dinero y que su familia jamás podría tolerar que se casara con alguien como yo… Decir que ésas fueron sus dificultades no muestra más que usted es un hombre orgulloso, tan orgulloso que es repugnante – Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no lloró. Estaba tan acostumbrada a tragarse sus lágrimas ante sus hermanos para que no se burlaran de ella por ser una niñita que ahora no podía demostrar debilidad – Me dijeron que usted era así, pero preferí tratar de encontrar al verdadero señor Malfoy para toparme con que era cierto.

-Parece que se lleva demasiado bien con el señor… Wood – dijo su nombre casi escupiéndolo con asco.

-¡Eso a usted no le concierne!

Se dio media vuelta para descansar un poco de sus fríos ojos clavados en ella. La hacían sentirse peor y las piernas le temblaban… No quería estar tan cerca de ese hombre infeliz, endemoniado, maldito que había arrancado el corazón de su hermano. ¡Él le había quitado a Hermione!

-Nunca podría aceptar casarme con la persona que hizo a mi hermano Ron el hombre más infeliz de este mundo – dijo volviéndose a él. El señor Malfoy se irguió y la miró en silencio - ¿Me va a negar que fue usted el causante que Hermione se fuera cuando mi hermano pensaba pedirle matrimonio?

-¿Su hermano lo iba a hacer? Parecía que era una simple amistad porque nunca demostró estar enamorada de ella.

-Ambos estaban enamorados y si no se notaba es porque él es tímido, al igual que ella – explicó con odio – Dígame si niega que los separó.

-Yo separé a su hermano de mi queridísima amiga – admitió después de unos segundos en los que se miraban con intensidad.

-También hay otra razón para que sea tan desagradable – dijo aún más enojada si era posible por escuchar de su propia boca el crimen cometido – El oficial Wood me dijo lo que le hizo. Me contó la clase de persona que era… es. Gracias a usted el oficial Wood perdió todo lo heredado por su querido padre, gracias a usted él es pobre cuando merecía recibir lo que su padre le había dado.

-¡Así que ésta es la opinión que tiene de mí! – exclamó casi alterado - ¡Gracias por decirme todos mis defectos en tan poco tiempo!

Ginny tosió dos veces y trató de mantenerse firme, pero sintió que la cabeza le iba a estallar y necesitaba un pañuelo. Dio varios respingos mientras el señor Malfoy parecía librar una cruel batalla consigo mismo.

-Gracias por mostrarme lo prejuiciosa que es, señorita Weasley – La pelirroja se mordió los labios – Le dije que usted misma se formara una opinión, pero parece que se deja influenciar mucho por los demás…

-¡Esas son las palabra de todo un caballero que separó a mi hermano del amor de su vida! – le interrumpió con rapidez y ella se sorprendió que su voz sonará tan quebrada y chillona, como si no estuviera aguantando las ganas de llorar.

Sus miradas se cruzaron y sin saber por qué se calmaron un poco. Ginny respiró hondamente dirigiéndose a largos pasos -que podrían ser considerados zancadas- a la puerta.

-Jamás hubiera aceptado su proposición de matrimonio, a pesar de los prejuicios, que me ha dicho, pueda tener; a pesar de lo que le ha hecho a mi hermano – dijo con mucha seriedad – Me desagradó su vanidad y orgullo. No puede preocuparse de los sentimientos de los demás por sus defectos. ¡Usted es el último hombre con el que podría siquiera pensar en formar familia!

-Ha dicho suficiente, madam – contestó el señor Malfoy sin mirarla. Ginny sintió como si el tiempo transcurriera más lento al verlo caminar en dirección a la puerta, que ahora estaba abierta invitándolo a salir – La entiendo muy bien. Lo siento mucho por lo que ha ocurrido y le deseo felicidad en el futuro.

Escuchó segundos después que la puerta principal de la casa se cerraba y las voces de las criadas, seguramente comentando el atrevimiento del hombre por haber ido al cuarto de ella, pero realmente no podía afirmarlo porque su mente y su corazón se encontraban muy lejos de ese momento, de esa casa, de Hunsford.

La sensación de caer en un vacío se agrando y se dio cuenta que estaba completamente sola. Nadie podía ayudarla, nadie. Nadie podía entender la opresión de su garganta, la disfonía de su voz, el dolor de su cabeza, el calor en su pecho, el leve palpitar en sus párpados ni entender la sensación de ser la joven más menuda del mundo.

No podía creer lo que el señor Malfoy había dicho. ¡La había amado desde hacía meses y había decidido proponerle matrimonio!

Comenzó a respirar más hondo, pero sentía que le faltaba el aire y lo hizo más rápido. Una onda de calor se extendió por todo su cuerpo y ya no sólo las manos le temblaban, si no que todo el cuerpo. Se subió las mangas del vestido, se sacó los zapatos y se desabrochó un poco el corsé del vestido; pero aún seguía sintiéndose aprisionada y que iba a explotar de calor.

Como pudo se acostó en la cama y cerró los ojos pensando que por el orgullo del señor Malfoy, Ron era infeliz y el oficial Wood pobre. El orgullo de Malfoy era asqueroso, sólo podía destruir a los demás.

Ya sin el señor Malfoy presente, dio rienda suelta a todas las lágrimas que le hacía arder los ojos y lloró hasta que se quedó dormida producto de la alta fiebre que tenía.


Notas de la autora: ¡Konishigua! Aquí saludando en un japonés muy fallido y con un cansancio extremo, me tienen entregándoles éste capítulo. La verdad quería subirlo muchísimo antes, pero como entré de nuevo a clases y estoy en un período de… estrés, no tengo el tiempo ni las ganas que desearía para escribir. Llego a mi casa a estudiar, a hacer ensayos y trabajos, apenas tengo tiempo de estar unos minutos en el computador y luego estoy demasiado cansada… Sólo quiero dormir. Pero me alegro de que hoy no haya tenido clases y pude encontrar al fin el deseado tiempo para escribir.

Bien, hablando del capítulo no puedo decir mucho. Vale, sí tengo que decir mucho. Adoro absolutamente esta conversación en el libro, la descripción y la escena en la película. Es casi lo mejor de la historia, según yo, pero hay variaciones que fueron esenciales, al menos para mí: En la novela original, Mr. Darcy (Malfoy aquí) no alude a lo prejuiciosa que es Elizabeth (Ginny aquí), pero me parece importante que hay que hacerlo para demostrar que Ginny no es una simple víctima… No, no, no. Ella no es ninguna santa y como dijo Malfoy: Prejuicio. Y para que les quedé claro el por qué del Orgullo y el Prejuicio.

Se me ocurrió buena idea poner de tíos por parte de Molly Weasley, a Dumbledore y Minerva xD! Creo que en un universo paralelo estarían juntos, sí, es raro, pero no nieguen que si no ponía a Minerva como esposa de Dumbledore, entonces a quién?

La hija de Umbridge se llama Susan porque se me ocurrió pensando en Susan Bones. No es que la chica no tenga personalidad y sea todo un pollito, pero pensé que la Susan Bones de los libros de Harry Potter sería así con una madre como la anfibio rosa (ah, y puse en algunas partes del fic "rosado" que es rosa, no quería repetir muchas veces "rosa").

Mmm, algo más que aclarar? Oh, sí. La edad de Ginny parece que no la dije porque releí el fic de nuevo. Tiene 18 años. Es joven y está en edad de casarse, pero como ven, las reglas sociales casi de lo medieval (es medieval ¬¬) no permite que los hermanos menores lleven vida social cuando el mayor no está casado y menos que sea una mujer.

¡Muchísimas gracias por sus reviews! Siempre se los digo, pero de verdad me tiene muy alegre que les gusté tanto y estén pendientes… Es rico saber que en lo que gastas tiempo y emociones, sea tan bien recibido.

Bien, bien, bien. Eso es todo por ahora. No tengo idea cuándo actualizaré y lo digo en serio, porque octubre y noviembre son los peores meses de toda mi vida. Sí, por primera vez odio el colegio de tal forma.

Cuídense mucho, pórtense bien (o mal, si quieren, pero sin quedar en la cárcel, jeje) y recuerden tomarse unos segundos para relajarse, porque de verdad que es importante relajarse… ¡Sayonara!