Alec continuó caminando por una calle desierta, a esas horas de la noche no había nadie cerca, nadie que le pudiera ayudar si algo le ocurría, nadie a quien recurrir si algo malo le pasaba. No podía dejar de pensar en Magnus, en lo que sentiría el brujo centenario si a él le ocurría algo. Le quería como no había querido a nadie en toda su vida y sabía que el brujo sentía algo muy similar por él. Sin duda, le destrozaría saber que había sido él mismo el que había ido a la boca del lobo, el que se había plantado delante de Sebastian y en su estado había intentado luchar.

Pero al menos, eso sí, lo habría intentando. Así era Alec, tenía que luchar siempre, bajo cualquier circunstancia, necesitaba estar en primera línea de fuego, aunque eso supusiera su propia muerte. Pero así le habían educado, como cazador de sombras, como luchado, como guerrero hasta el final. La rendición no entraba en su mente y mucho menos el dejar que alguien cuidara de él y se ocupara de protegerle.

Por eso, ahora, aunque apenas podía caminar y su mente no estaba ni mucho menos, en su mejor momento, estaba dispuesto a pelear, siempre a pelear, nunca dejarse vencer por mucho hecho polvo que estuviera.

Por fin llegó al edificio, sabía que Sebastian estaba cerca, muy cerca en realidad, pero no se había dado cuenta que su sentido había cambiado, no se había percatado que su intuición le decía que Sebastian estaba más cerca de lo que había pensado en un primer momento.

Así, cuando un cuchillo se colocó en su garganta y le obligó a estirar el cuello para no contarse, le pilló por sorpresa.

"No sabía que me fuerais a enviar un regalo. Y mucho menos hubiera pensado que ibas a ser tu mismo."

"Sebastian." La voz de Alec se había quebrado aunque había intentado evitarlo.

"Tenía ganas de volver a verte. Además no tuve mucha ocasión de conocerte. Tan sólo intimé de verdad con tus hermanos." Alec trató de darse la vuelta, no podía soportar que hablara de Max, el mismo tipo que lo había matado a sangre fría; pero el cuchillo posado sobre su garganta no se lo permitió. "No, no… Alec, no me pongas las cosas tan fáciles, quiero matarte, pero también quiero atraer aquí a tu querido Alec y ¿Por qué no? También sería divertido ver la cara de Magnus cuando te encuentre." Sebastian se acercó todavía más al oído de Alec "¿Sabes una cosa? Nos lo vamos a pasar muy bien tu y yo aquí hasta que lleguen tu novio a sus amigos."

Sebastian lo empujó al interior del edificio puesto que este no contaba con puertas y cayó al suelo de golpe. No protestó, pese a que se había golpeado las costillas con la caída. Estaba débil, demasiado para luchar, pero seguramente podría hacer algo.

Sebastian estaba imponente delante de él y no parecía ser un impedimento para él la falta de una mano. Comenzó a caminar hacia Alec y el muchacho se arrastró por el suelo hacia atrás. No era la escena más bonita viniendo de un cazador de sombras, pero tenía que ganar tiempo hasta que se le ocurriera algo que pudiera hacer.

"¿Vas a estar mucho rato así?" Sebastian sonrió de una forma que parecía casi diabólica, pero Alec trató de mantenerse tranquilo. "Porque entonces esto va a parecerse al juego del ratón y el gato.

"Eres un maldito psicópata." Protestó Alec.

"Lo se, es posible." De un simple salto, Sebastian se colocó detrás de Alec, se agachó y dejó el cuchillo colgando sobre su cabeza. "Pero es como mi padre me enseñó y si te soy sincero me gusta dar miedo, me gusta que la gente me respete, porque lo veo en tu cara Alec, veo que me tienes miedo, piensas que te voy a matar y no te atreves a hacer nada contra mi por que te aterran las consecuencias." Alec no dijo nada, pues por mucho que tratara de negarlo era completamente cierto.

No tuvo tiempo de reaccionar, pues aún con la única mano que tenía disponible y mientras sostenía el cuchillo, Sebastian lo levantó del suelo y lo lanzo contra la pared. Nunca se había parado a pensar en la fuerza que podría tener. De nuevo saltó y de una forma tan gracil como podría haberlo hecho Jace, Sebastian se colocó junto a él y le acarició el rostro.

"Pobrecito, vas a tener que sufrir mucho porque tu novio no ha sabido cuidarte y porque tu no supiste decirle que no has perdonado nunca la muerte de tu hermanito." Alec abrió de par en par los ojos, parecía que Sebastian le hubiera leído la mente. "Por si no te acuerdas puedo entrar en tu mente cuando quiera. ¿No me digas que no aprendiste una cosa tan simple en tu instituto?"

Sebastian se retiró un momento para coger algo de su bolsillo que Alec no fue capaz de ver. Entonces aprovechó, seguramente sería su única oportunidad para hacer algo, para poder enfrentarse a él. Sacó un cuchillo que había guardado en la parte trasera de su pantalón y se movió todo lo rápido que pudo, que desde luego no fue suficiente para sorprender a su contrincante.

Agarró el cuchillo con fuerza, a la mínima ocasión que tuviera se lo clavaría a Sebastian y terminaría con todo aquello. El problema era que no iba a tener ninguna ocasión. Antes de llegar hasta él, en una milésima de segundo, Sebastian se dio la vuelta, alargó el brazo, cogiendo el de Alec y lo dobló de una forma demasiado dolorosa, como para seguir sosteniendo el cuchillo.

Pegó su cuerpo contra la pared, aplastándolo con fuerza, mientras el cuchillo caía estrepitosamente al suelo. clavó el otro codo, el del brazo que carecía de mano en los riñones de Alec y se acercó hasta su oído.

"Deja de hacerte el héroe muchacho, porque al final lo único que vas a conseguir es que tenga que matarte antes de tiempo."

"Si me vas matar, me harías un favor haciéndolo ya y lo sabes."

Alec estaba muerto de miedo, pero intentó controlar su cuerpo. El dolor se apoderó de él cuando Sebastian retorció un poco más todavía su brazo. Estaba seguro que se lo iba romper y creía estar preparado. Pero cuando escuchó el chasquido, no pudo evitar gritar. Si Sebastian no lo hubiera estado sujetando, su cuerpo se hubiera dejado caer al suelo sin ninguna duda.

"Como ves, puedo hacer muchas cosas antes de matarte, porque tengo pensadas unas cuantas sorpresas para tus amigos y cuando por fin haya terminado con ellos, tu y yo tendremos una interesante charla."

Alec notó la respiración de Sebastian sobre su cuello y se estremeció. No quería saber lo que aquello significaba, pero tampoco tuvo mucho tiempo para pensar. Una punzada en el costado le hizo volver a la realidad. Protestó y se revolvió, pero Sebastian era más grande que él y teniendo en cuenta el estado en el que se encontraba Alec; lo sujetaba con demasiada fuerza.

"Pero antes de que seas mi cebo, necesito hacer un par de preparativos." La única mano de Sebastian recorrió el cuerpo de Alec lentamente, mientras lo que para Alec parecía ser una aguja hipodérmica salía de su costado. "Lo cierto es que has llegado un poco pronto a tu propia fiesta sorpresa, pero eso lo puedo solucionar sin problemas."

Un momento más tarde, Alec sintió que la cabeza comenzaba a darle vueltas, el estómago parecía haberse convertido en una centrifugadora y las piernas dejaron de sostenerle. Sebastian se hizo un poco atrás, para que Alec pudiera caer al suelo y lo miró desde arriba.

"Eres muy lindo ¿sabes? Tal vez, después de todo te deje vivir, podríamos divertirnos mucho juntos."

"Vete a la mierda." Alec apretó los dientes, todo su cuerpo se puso rígido y la vista se le nubló de repente. "Sebastian eres un maldito…" No pudo decir más, sintió que caía de golpe, cerró los ojos, pues las ganas de vomitar se estaban haciendo más intensas.

Sin embargo, no pudo volver a abrir los ojos y en pocos segundos, quedó completamente inconsciente.

- o -

Jace se sintió raro de repente, como si le faltara algo, como si supiera que algo no andaba bien. Miró a su alrededor, pero en aquel mundo irreal, dentro de las creaciones de Sebastian, no había nada.

"¿Qué ocurre?" Preguntó Luke, al ver al muchacho agitado.

"¿No lo notas? Algo va mal, algo va muy mal." Jace estaba muy nervioso y ni si quiera sentía la presencia de Sebastian allí. "¿Crees que Clary está bien?"

"Yo no siento nada, así que imagino que si." Luke no había hecho más que pensar en Clary desde que se habían separado de ella en el hospital y el sentimiento se había hecho mucho más intenso al entrar en la mente de Sebastian. "Jace, tienes que calmarte, si no tan sólo conseguirás que Sebastian te coja desprevenido."

"Lo se pero…."

Jace se dio la vuelta, una sombra acababa de pasar justo por detrás de él; una sombra que no estaba seguro de reconocer como Sebastian. Luke lo había olido, le había sorprendido, pero allí también se podía guiar por su olfato y de la misma forma que le había ocurrido a Jace no estaba seguro que se tratara de Sebastian; sin duda sería uno de sus juegos.

"Apostaría cualquier cosa a que se trata de una trampa." Luke no contestó, aunque estaba seguro de lo mismo. Los dos hombres apoyaron la espalda contra el otro para protegerse mejor y ambos sacaron sus armas, preparados para cualquier cosa.

Escucharon pasos y Jace sujetó con más fuerza su cuchillo, alguien se estaba acercando a ellos. Los pasos sonaron mucho más próximos y por fin vieron una figura masculina.

"Sebastian, eres un desgraciado; pero no ha sido una gran idea por tu parte atacar a mi mujer." Dijo Jace casi en un grito. Dio un paso adealnte hacia él, pero Luke detuvo. "Y lo que le has hecho a Alec, ¿Cómo puedes jugar así con los sentimientos de la gente? Eres un monstruo."

"¡Jace!" El recién llegado levantó la mano y en ella portaba un cuchillo. "Jace, por favor."

Jace no tardó en reaccionar, incluso antes de que Luke pudiera decirle nada, porque el licántropo ya había conocido el olor, incluso antes de que el muchacho hablara. No pudo detener a Jace, porque cuando el cazador no pensaba cuando se lanzaba, dejaba pensar y razonar y no le importaba en ese momento que el hombre al que iba a atacar, contaba con las dos manos, o que justo antes de estar frente a él, su figura no era la de Sebastian, sino la de Alec. Luke no pudo evitarlo.

Jace dio un gran salto al mismo tiempo que sacaba su cuchillo y cayó sobre el recién llegado, lo derribó y lo tiró al suelo, sin que el otro hiciera nada por evitarlo. Le dio con la empuñadura del cuchillo en el estómago dejándolo sin respiración y apoyó la rodilla sobre su garganta.

"Pensaba que eras más rápido, Sebastian." Levantó el puño que cogía con fuerza el cuchillo y estaba dispuesto a terminarlo todo de una vez cuando escuchó un gemido proveniente del hombro al que estaba aplastando.

Sin duda, reconoció su voz.

"Jace, ya basta." Luke le hizo a un lado y ayudó al muchacho en el suelo a ponerse lentamente en pie.

"¿Alec que estás haciendo aquí?"

Jace corrió hasta él y le sostuvo, pues el chico apenas podía mantenerse derecho por su propio pie. Alec se tambaleó, no solo por el ataque de Jace, que en si no había sido mucho peor que cualquiera de los entrenamientos. Sino que había algo más, algo que le había dado Sebastian para llevarle allí.

"Sebastian me ha atrapado."

Jace lo sujetó con fuerza y le hizo mirarle a los ojos.

"¿Sebastian te ha traído aquí en tu estado?" Jace miró rápidamente a Luke, los dos recordaban las palabras de Magnus cuando les había dicho que estar en ese mundo, iba a consumir mucha energía física. Tal y como estaba Alec, no aguantaría mucho allí. "Tenemos que sacarte de aquí."

Jace dejó que Alec, se apoyara en él, pero antes de dar el primer paso hacia alguna parte, una voz les detuvo.

"¿Os vais tan pronto? Y yo que pensaba que habíais venido a buscarme."