"¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio."

Albert Einstein

"No hay lugar como el hogar parte 1"

…o lo que es lo mismo "Prejuicio"

-¿De verdad estás hablando en serio?- Dijo un sorprendido Alec, realmente no podía creerlo, pero hay estaba justo frente a la entrada del instituto, Dios pareciera como si nada hubiera cambiado.

-Por supuesto, no ando por ahí creando falsas esperanzas- Dijo Sebastián mirando a Alec con el ceño fruncido, pero con una sonrisa a punto de formarse en su boca.

-¡Oh Dios mío!- Exclamo Catarina atónita, mirando fijamente el instituto; Alec y Sebastián habían olvidado de que a pesar de ser ahora parte de su equipo de no-vivos, ella había sido una mundana toda su vida natural, para ella todo era más nuevo y fascinante que para ellos, que toda su vida habían crecido sabiendo que los demonios y los submundos existían. – ¿Tu vivías aquí?- Pregunto mirando a Alec extasiada.

-Si- Se limitó a contestar Alec –Viví aquí con mis padres, Hodge, iglesia, mi hermana y mis dos hermanos…- se detuvo dando se cuenta de cómo habían cambiado las cosas, Hodge los había traicionado y al final había muerto, asesinado por Sebastián Morgenstern igual que su pequeño hermano Max, su padre también se había marchado y Alec se había preguntado varias veces cuanto faltaría para que Jace también lo hiciera ya sea por Clarie o por Sebastián, por razones muy diferente pero con el mismo resultado a fin de cuentas.

-Lo mejor será que vayamos de una vez; antes de amanezca y Lestari nos eche de menos- Dijo Catarina intentando distraer a Alec; ella conocía perfectamente esa sensación de nostalgia, a menudo ella la sentía cuando estaba en el Lacandona, alejada de su familia; aun ahora los extrañaba, pero le gustaba pensar que se encontraba lejos, una vez más, en alguna cruzada para proteger el planeta, y de cierta forma así era.

Alec en respuesta le sonrió, agradecido por el gesto de Catarina, que si bien no funciono realmente, le dejo ver que le importaba, tanto como a Sebastián; su nuevo equipo se preocupaba por el aun cuando solo se conocieran por unas cuantas horas.

-¡Espera!- Exclamo Sebastián, deteniendo a Alec que acababa de avanzar, poniendo su atención en el francés; en cuyo rostro se mostraba la incomodidad –Hay algo que aún no te he dicho, se supone que Lestari debía decírtelo pero la muy cobarde huyo dejándome el paquete a mí y…- Decía el, pero fue interrumpido.

-Deja de divagar, algodón de azúcar y ve al punto- Impaciente, Catarina apresuro a Sebastián.

-Bueno…-Sebastián realmente lucia incomodo, además de lo alarmante que era el hecho de que no corrigió a Catarina de llamarlo algodón de azúcar; cosa que solo hizo que ambos chicos prestaran toda su atención a Sebastián, algo que no ayudo en nada a los nervios de esté –El tiempo en el Mas allá funciona diferente al de aquí-

-¿Qué es lo que quiere decir?; cuanto tiempo ha pasado desde que me fui; me parece que solo fue un día- Dijo Alec armado –No puede ser tanta la diferencia.

Sin poder mirarlo a la cara Sebastián se limitó a contestarle.

-Seis meses- Murmuro el francés, pero lo suficientemente alto como para que tanto los sentidos carontes de Alec como de Catarina lo escucharan y lo miraran alarmados.

-Pequeño cabron desgraciado- Dijo furiosa Catarina en su lengua natal, acercándose colérica hacia Sebastián dispuesta a darle un buen golpe.

-¡Pero solo ha pasado un día!- dijo Alec rompiéndose en la desesperación, se derrumbó en el suelo –Un día… solo un día- Susurro con tristeza -Mi madre, mi hermana y hermano, mis amigos… Magnus; todos ello han… la muerte de Max sucedió hace tan poco eso nos rompió el corazón a todos- Las lágrimas surcaban el rostro de Alec contorsionado en una mueca de sufrimiento –No puedo hacerles esto, se supone que yo debía estar hay para ellos y los abandoné-

Catarina había dejado a Sebastián y se acercó hasta Alec, se arrodillo en el piso junto Alec.

-No es tan malo- Dijo acariciándole el cabello al melancólico chico –Volviste y estoy segura de que ellos se alegraran muchísimo de verte- Dijo dándole una sonrisa comprensiva.

-Realmente lo lamento- Dijo un muy apeado Sebastián, ganándose una mirada de odio por parte de Catarina.

Alec solo suspiro, estaba siendo injusto.

-No es tu culpa, tanto Catrina como Lestari me advirtieron que había reglas, debí suponer que no sería tan fácil- Dijo levantándose del suelo.

-Supongo que es cierto, Lestari te dejo el trabajo sucio, algodón de azúcar- Dijo la chica verde como si nada. –Oigan está bien que nos presentemos así- Dijo ella mirando su ropa y la de sus compañeros de equipo.

Vistos desde fuera parecían un grupo extraño, un crio de unos 14 y una pareja de adolecentes de unos 18, pero era su vestimenta lo que más llamaba la atención.

Alec traía unos jeans viejos y suelos, junto con una sudadera que alguna vez fue negra y unos tenis viejos; sin duda su ropa había visto tiempos mejores y el aspecto de haber salido del agua y no haberse cambiado no ayudaba mucho; de hecho Alec juraba que apestaba a pescado.

Sebastián por el contrario parecía demasiado formal; por alguna extraña razón que ninguno de los presentes comprendía, ni siquiera el mismo Sebastián; parecía vestido para una reunión familiar, con sus pantalones y camisa formales, ambos en tonos a oscuros; claro que la formalidad se perdía por el hecho de carecer de calzado y su ropa tenía es aspecto de haber pasado días mojada, el chico olía como a ropa remojada y aseda.

Catarina contrario a ellos dos, no olía a pescado ni a agua estancada sino a tierra mojada; sus ropas que alguna vez fueron un vestido largo tipo princesa de color verde que había sido hecho con telas recicladas y algunas bolsas reusadas, adornos de papel mache y diversos artículos a los cuales se dedicó a darles un segundo uso eran sus adornos tales como el broche de envolturas que traía en su cabello, sin duda había sido un vestido hermoso, pero ahora estaba en su mayoría lleno de hojas y tierra, algunas partes rotas y en algún lugar había perdido uno de sus zapatos, lo único intacto que quedaba del vestuario del día de la tierra era la pintura corporal verde y el pelo verde con las puntas rosas.

Básicamente parecían muertos que acababan de abandonar sus tumbas acuáticas y terrenales.

-Es una sorpresa que nadie haya huido espantado- Dijo Alec, recordando la película de zombis que Simón y Jace los habían practicamente obligado a ver; había sido extraño e inquietante que esos dos se pusieran de acuerdo en algo y aún más que conspiraran juntos, pero los unía una insana; en su opinión y la de Clary, fascinación por los zombis.

-No nos pueden ver- Contesto Sebastián a la silenciosa pregunta.

-¿Cómo?- Pregunto confundida la ecologista.

-Lestari nos dejó el glamour activo- Dijo como si fuera lo más normal del mundo, clara que la mirada que le dio Catarina obvio que ella no había entendido nada –Es como una ilusión, los vivos ven a través de nosotros- Explico.

-Y qué hay del olor porque te juro que no entiendo, cómo es que no me había dado cuenta de semejante olor, apestamos horrible…- Dijo con una mueca la chica.

-Es parte de la ilusión, es como si no existiéramos para ellos- Termino de explicar Alec.

-…como a drenaje mezclado con pescados podridos y lodo; creo que me van a llorar los ojos- Continúo hablando Catarina simplemente ignorando a Alec.

-Creo que ella tiene razón- Dijo Sebastián haciendo una mueca ante la descripción de Catarina –Apestamos-

-Además no puedo presentarme ante mi familia así, realmente parecemos recién salidos de nuestras tumbas, creerán que somos alguna clase de demonio o submundo suicida- Alec imaginaba las reacciones de sus familiares, muy probablemente Jace e Izzy los atacarían creyéndolos una broma cruel, antes de permitirles explicarse.

-Tenemos que lavarnos y cambiarnos de ropa- Dijo Sebastián totalmente de acuerdo, no tenía ganas de enfrentar excompañeros Nefilim.

-Si bueno…excelente idea Einstein, pero por si no lo has notado no tenemos un lugar donde bañarnos y mucho menos dinero para ropa- Catarina deseaba que su líder de equipo e instructor involuntario, tuviera algo más de sentido común.

-Catarina tiene razón, Sebastián- Dijo Alec con un suspiro de frustración, mientras volteaba a ver a su nuevo instructor –No tenemos los recursos y tampoco es una opción presentarnos así-

Sebastián se quedó pensando un momento cuando su cara se ilumino por la respuesta.

-El hotel Du Mort- Dijo Sebastián con un marcado acento francés y revolviendo los idiomas.

-¡Que!- Exclamo Alec totalmente sorprendido –Pero no se supone que eso rompe las reglas y además porque nos ayudarían…-

-Claro que no rompe nada, porque ellos ya están muertos, además Catrina tiene un acuerdo con el consejo vampírico, ellos como clan tiene la responsabilidad de ayudarnos, así que vamos- Dijo Sebastián desplegando dos alas de plumas tan negras como las de un cuervo –Esta vez nada de portales, es hora de que aprendan a volar-

-Eso es lo más pasado que he visto- Grito emocionada Catarina, ella siempre había soñado con volar como un ave en vida eso siempre fue solo eso un sueño.

-Vamos chicos concéntrense, solo déjense ir- Dijo Sebastián agitando un poco sus alas negras.

-Eso es fácil decirlo- Dijo Alec un tanto nervioso –Ni siquiera estoy seguro de cómo hacerlas aparecer- Dijo inseguro no le agradaban mucho la idea de volar.

-Imagina como si fueran tus brazos y quisieras estirarlos, solo piensa que no son más que un par de extremidades más- Les dijo Sebastián.

Catarina realmente ponía empeño en ello y solo fue cuestión de poco que un par de alas negras de desplegaran a su espalda, Alec se concentró y olvido por un instante sus miedos y un par de alas negras como las de sus compañeros aparecieron en su espalda; era un sensación extraña, justo como si tuviera un par de brazos extra tal como había dicho Sebastián.

-Muy bien chicos- Los felicito Sebastián -La siguiente cuestión es sencilla para despegar deben impulsarse hacia arriba con ellas y para mantenerse en el aire es cuestión meramente mágica como si las corrientes de aire que utilizan para planear aparecieran mágicamente, lo demás es cuestión de instinto ya lo descubrirán.-

Un muy confiado Sebastián desplego las alas y alzo el vuelo hacia el cielo nocturno; Catarina terriblemente impaciente despego apenas un segundo después, Alec se dejó llevar antes de que sus miedos e inseguridades volvieran y se elevó en los cielos junto a sus nuevos compañeros.

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-Abre los ojos Alec- Era la voz de Sebastián.-No te va a pasar nada-

-Solo mira lo bello que esta todo desde aquí arriba- Esa era Catarina.

Armándose de valor una vez más Alec abrió los ojos, y observo la vista más fantástica que allá visto en vida o en muerte, cientos de edificios que tocaban el cielo se alzaban en el horizonte las luces de la ciudad que nunca duerme iluminaba las calles y avenidas; el invierno había cubierto a la ciudad con una manta de fría nieva, dándole un aspecto mágico a la metrópolis.

-Nueva York a mis pies, nunca creí que vería algo así- dijo Catarina encantada con lo que veía. –Para una chica de Sinaloa, llegue bastante lejos-

-Bueno chicos no debemos perder el tiempo- Dijo Sebastián –Debemos irnos, solo tenemos hasta el amanecer antes de que Lestari nos haga rendir cuentas- Dicho esto los tres jóvenes se perdieron en la noche. –Oh peor aún, que Rachel se aparezca a comprobar a los novatos- Murmuro para si un tanto preocupado.

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Cuando finalmente llegaron frente al hotel Dumort, la demacrada fachada del antiguo hotel trajeron a Alec recuerdos de un época que le parecía ya distante, recordó aquella vez en que Jace estúpidamente fue solo con Clarie a rescatar a Simón, llegaron al amanecer hechos un completo desastre, también recordó cuando conoció a Rafael; parecía totalmente aterrorizado del hecho de que Magnus y el salieran juntos que juraba que todo era una alucinación, además de la ferviente creencia de que él tenía 12 años; honestamente fue algo perturbador.

Sumergido en sus recuerdos, una mano en el hombro lo despertó de su estupor. Al voltear se percató de que se trataba de Sebastián.

-¿Estas bien?- Pregunto él. –Sé que es un tanto incomodo, los submundos…- Realmente no fue lo que dijo sino como lo dijo, lo que hizo entender a Alec, que Sebastián había sido y era el típico cazador de sombras, no que lo culpara pero había encontrado buenos amigos entre los subterráneos, desde esa primera cita con Magnus, había aprendido a ver a los submundos como lo que realmente son personas que aman, odian, ríen y lloran.

-¿Realmente no sabes nada cierto?-Pregunto con un suspiro cansado Alec, ya se imaginaba lo que se venía –¿Lestari no te lo dijo? Aparentemente en el Mas allá los rumores corren como pólvora.- Dijo intentando darle alguna señal, esto de la muerte lo había cambiado un poco, no se sentía tan presionado por todo y era un verdadero alivio; pero eso no significaba que su personalidad cambiara gran cosa, acababa de conocer a Sebastián y a Catarina; le preocupaba un poco como reaccionarían acerca de su rela… bueno ex relación con Magnus; aun le dolía el nombre.

-Oh? ¿Sobre qué?- Pregunto confuso Sebastián y Catarina también lo miro con curiosidad.

-Bueno... –empezó algo dudoso –Sobre…- Pero antes de que Alec pudiera decir cualquier cosa las puertas del Hotel se abrieron, dando paso a tres jóvenes vampiros; bueno parecían jóvenes pero Rafael era la prueba de que eso no significaba nada en el mundo de los niños de la noche.

-¿Neófitos?- pregunto una chica rubia mirándolos con curiosidad.

-¿Y son tres?- Soltó un chico acurrucado en los brazos del otro vampiro que parecía ser el mayor del grupo al menos en apariencia.

-Llévenos con el líder del aquelarre- Dijo más bien ordeno Sebastián, al tiempo que Alec soltó un suspiro resignado y Catarina arqueo una ceja mirando con incredulidad a Sebastián; por parte de los vampiros estos solo se soltaron a reír.

-Valla descaro de los polluelos –Dijo el vampiro de piel oscura, que parecía mayor del grupo. –Al jefe nunca le han gustado los mocosos con delirios de grandeza-

-Especialmente después de esa chiquilla malcriada que quería tomar el mando por haber acabado con Camille, ni que fueras estúpidos chuchos para funcionar así- Dijo el muchacho que parecía mas joven.

-Maureen- Exclamo sorprendido Alec, un flash de lo que parecía una distante vida pasada apareció frente a sus ojos, la perturbadora figura de aquella niña con el rosto y la ropa manchadas de sangre y una siniestra sonrisa de júbilo en el rostro.

-Si- Exclamo extasiada la rubia –Gabriel le dio una lección, pero no dejo que Rafael terminara el trabajo- Dijo esto último con decepción, como si el evitar la muerte de alguien fuera con el único propósito de fastidiar la diversión de otros.

-Si es una lástima que las penas capitales publicas fueran prohibidas pero como dijo el pequeñín necesitamos hablar con su líder es algo urgente- Dijo Catarina un tanto fastidiada por la actitud de Sebastián y los obvios problemas mentales de los vampiros.

Las palabras de Catarina parecieron sacar de su trance a Alec, que miro la reacción de todos los presentes el vampiro más joven se veía total mente despreocupado mientras que la rubia miraba con reproche a Catarina y el vampiro afroamericano tenía un ceño fruncido hacia Sebastián; que no dejaba de mirar con la altives y superioridad propias del cazador de sombras que fue en antaño, la propia Catarina parecía a punto de golpear a alguien como si con eso fuera a hacerlos entrar en razón.

Alec suspiro parecían una bomba de tiempo y como de costumbre a él le tocaba lidiar con la obstinación y aires de grandeza de otros, le gustaría para variar hacer equipo con gente con el ego menos inflado.

-Nos envía La Catrina- Soltó Alec finalmente a ver si con eso centraba a sus compañeros.

El reconocimiento brillo en los ojos del más joven del grupo, un chico quinceañero de piel blanca y cabello negro, un típico vampiro con cara de niño. Saliendo de entre los bazos del otro vampiro.

-Déjenlos pasar chicos- Ordenó a los otros dos vampiros –Rafael está el segundo piso, la habitación al fondo a la derecha, es una puerta doble; la reconocerán de inmediato- Dijo el dejando muy en claro quien era el vampiro más antiguo del grupo –Vámonos chicos- Dijo acurrucándose nuevamente contra el vampiro afroamericano que simplemente lo rodeo con sus brazos mientras avanzaban por las oscuras calles de ese vecindario olvidado de Dios.

-Eso fue extraño- Dijo Catarina rompiendo el silencio que los había embargado- Creo que será mejor que Alec hable, honestamente a nadie humano, muerto o vampiro le gusta que le hablen con semejante altanería- Dijo ella mirando a Sebastián obviamente el comentario iba dirigido a él.

-Es el trato que merecen- Dijo Sebastián con el desagrado escrito en el rosto.

-Si bien en este momento no somos precisamente muy diferentes a ellos, sabes?- Le contesto Catarina, Alec pudo ver en sus ojos ese fuego que la impulso a luchar contra las injusticias en vida.

El ex cazador de ojos azules solo pudo sonreír ante esto, le habría encantado tener la fuerza y determinación de Catarina, cuando estaba vivo, quizás las cosas habrían sido diferentes.

Continuara….

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Chan… chanchanchannnn.

Mil perdones por la tardanza.

Como podrán ver este capítulo está dividido, cundo comencé a escribirlo esperaba que fuera un solo cap largo, pero para cuando me di cuenta casi llegaba a los veinte así que decidí dividirlo en tres para que no resultara especialmente tedioso.

Como bono extra le adelanto que en el siguiente vendrá la visita completa al hotel Dumort y la tercera parte finalmente la tan esperada reunión; más detalles no daré.

Como siempre los invito a dejar me sus comentarios, si ya se todos los escritores enfadan con lo mismo pero de esa forma podemos tomar a cuenta su opiniones.

En lo personal me gustaría que me dieran su opinión de este cap les gusto les aburrió lo odiaron los deje con mucho suspenso (eso fue a propósito)

Y recuerden más comentarios igual a mas rápida la actualización.