Mil millones de agradecimientos a mi hermanita Tsukasa Moon, quien fue quien escribió y describió la escena de la obra que ven Dino y Kyoya X3 ( a la proxima vere si la mando a que escriba una romantica para q vayan a verla al cine XD, sabes que Te kiero! X3)
Cap 7 -La Primera Lección-
En esos momentos lo único que comprendía es que se encontraba al parecer en el futuro, que se encontraban en una especie de guerra y que la culpa de su molestia era el bronco, le debía una batalla después de todo.
Siempre y cuando él pudiera luchar no le importaba en lo absoluto lo que el resto de herbívoros hicieran; aunque le sorprendió totalmente cuando un tal Shoichi, que en principio los capturó, narrara que su "yo" del futuro hubiera cooperado con el herbívoro-inútil así porque sí, no lo creía; cuando terminó su explicación los dejo salir, advirtiéndoles pronto que el líder los retaría a una batalla. Salieron de aquella guarida de los llamados Millefiore, en la que al parecer ahora tenían alguna especie de responsabilidad por salvar el mundo.
A él le era completamente indiferente ese asunto, a excepción de que quería participar en la batalla, parecía divertido y los contrincantes parecían fuertes, su tipo de presa favorita. Pero mientras el momento llegaba y en cuanto tuvo oportunidad, regresó a su querida escuela Namimori. Aun tenia esperanza de que el bronco se apareciera ahí. Después de todo quizá también el hubiera viajado en el tiempo, y por esa misma razón estaba desaparecido.
-En Namimori-
Abrió la puerta del comité, no había cambiado absolutamente nada, solo que ahora las cosas se veían más desgastadas y polvorientas, pero el potro no estaba ahí. Cerró la puerta y comenzó a pasear por los pasillos, como sospechó no había nadie dentro de todo el edificio, y ya como era costumbre se dirigía a la azotea.
Cuando abrió la puerta, Hibird se encontraba sobre las bardas frente a él, se preguntaba si era el ave de su tiempo o la de 10 años adelante, igualmente se acercó a ella y comenzó a acariciarle la cabeza como siempre hacia, acariciándole desde la parte superior del pico hasta la parte baja de la cabeza, rascándole bajo las alas y dandole pequeños empujoncitos para que saltara.
-Dino! Hibari! – esto sorprendió un poco al pelinegro, siempre hablaba con dos palabras, pero siempre habían sido las mismas, fuera una o fuera otra, parecía que el avecilla era la de su futuro "yo"; y que el bronco además, había hecho de las suyas con su ave.
- al menos en el futuro, el Haneuma seguirá aquí - sonrió levemente e inconcientemente.
Cubierto por la sombra de uno de los pequeños almacenes de la azotea, se sentó. Analizando, el porqué no sentía curiosidad por ver cómo habría cambiado su casa en 10 años y prefería estar en espera del bronco. Se recostó boca arriba, apoyando su cabeza en su brazo izquierdo mientras Hibird llegaba a posarse sobre su zapato, mientras comenzaba a acicalarse.
POV Kyoya
Kyoya sacó de su chamarra una pequeña caja morada,
- ¿Qué habría pasado si su autoproclamado tutor, no le hubiera enseñado a usar las llamas? ¿Si no le hubiera devuelto el anillo? ¿Si se hubiera cansado de su actitud? ¿Que no le agradara?
-¿Qué no le agradara? – se repitió, sin inmutarse. Definitivamente algo extraño le estaba sucediendo. Antes de seguir con sus cavilaciones el grupo de ruidosos ya había subido a la azotea contigua.
Tenía que ser, como siempre aquellos herbívoros llegaban a perturbar su paz, con su escándalo y jugueteando por ahí. Antes de conocer al rubio ya los habría mordido hasta la muerte sin pensárselo ni siquiera dos veces, pero ahora se sentía… ¿nostálgico? De verdad tanto se había acostumbrado ya al alboroto que solía hacerle todos los días el potro?
-Tch, que ruidosos.
-Vamos no seas así, -una voz a sus espaldas, que al momento no reconoció se dejo escuchar, alertando inmediatamente al pelinegro y entrando en modo de defensa
-Se ven bien, probablemente puedo dejarlos solos por ahora – se escucho de nuevo-
-Esa voz – Hibari levanto el rostro, para mirar a su acompañante.
No era la persona que esperaba justamente, se parecía bastante, pero sería él?
-Maa, Matte*, Kyoya. No andes con tanta prisa. Me asegurare de entrenarte bien.
Definitivamente se trataba de él, nadie más se atrevería a llamarlo tan familiarmente, pues al bronco era al único que habia terminado por permitirselo sin arriesgarse a ser mordido hasta la muerte en el proceso. Era él, quien había escapado de sus batallas en los últimos días. Era diez años mayor y seguramente mucho más fuerte y experimentado; entonces… porque en ese momento, más que tener la necesidad de luchar, sentía tranquilidad de verlo frente a él?
Al guardián esta vez no le importó, era consciente de que sus miradas estuvieron en contacto en todo momento, pero no quiso apartar la vista, quería seguir contemplándolo sin motivo; esperando que le dedicara una sonrisa, una sonrisa que tenía tiempo sin ver, que quería ver, pero… por qué no se la mostraba? ¿Por qué no le sonreía? – lo miraba… aguardando.
POV Dino
-que mal, aun no es esa época – el ver a Kyoya recostado en el piso frente a él, le hizo sentir un poco decepcionado
-En fin, todo pasara a su tiempo – esperó no verse un poco desanimado.
-Tch, que ruidosos – susurro para sí el pelinegro.
No pudo evitar reír para el mismo, seguía siendo el mismo Kyoya que recordaba.
-Vamos no seas así – soltó más hacia el aire, como era de esperarse su alumno de 10 años atrás entró en modo de guardia inmediatamente.
-Se ven bien, probablemente puedo dejarlos solos por ahora.- Miraba desde su posición a Tsuna y a sus amigos divertirse en la azotea de alado.
Cuando regreso la vista, su estudiante lo miraba fijamente, no era usual que enfrentaran las miradas de esa manera, el pelinegro aunque muchas de las veces lo miraban, siempre vigilándolo por cualquier movimiento en falso, nunca lo había hecho tan abiertamente, al menos en esa época no.
-Quizá sea por mi apariencia
-Maa, Matte*, Kyoya. No andes con tanta prisa. Me asegurare de entrenarte bien. – todo lo decía en un tono serio, no quería asustarlo. Al final no pudo evitar sonreír levemente, casi imperceptiblemente, la mirada de Kyoya era algo que no había cambiado con el tiempo y el que le dedicara esa mirada, sin ninguna agresión en ella, era un lindo detalle.
El Cavallone, bajo al nivel del guardián de la nube.
-Qué tal si primero damos una vuelta y después comenzamos a entrenar?– aún no había obtenido una respuesta y ya se dirigía a la salida; pero el pelinegro no se movió ni un centímetro.
-Pasaremos a comer hamburguesas y prometo que evitaremos la mayor cantidad de gente – el rubio por fin le dedicaba una sonrisa, no era la que usaba para convencerlo normalmente, esta era solo una tonta sonrisa amable.
El pelinegro bufó y rebaso al potro.
-Debiste decirlo antes.
-En una plaza cerca de Namimori-
Los restaurantes no eran buena idea, pues solían llenarse bastante; así que terminaron sentados en un puesto bastante elegante al aire libre en una plaza. Al ser de alto nivel, los precios eran caros, una de las razones por las que había poca gente y pudieron detenerse a comer ahí, la segunda era que unas dos calles más adelante, se estaban llevando a cabo una especie de festival, asi que todos se dirigían hacia allá.
Durante la comida ninguno habló, ni siquiera el bronco, quien nunca paraba de hablar.
-Vaya que ha cambiado – le dio una mordida a la hamburguesa que tenía enfrente.
Dino solo pidió un capuchino, y ambos perdieron la mirada en la pantalla gigante que se veía sobre el escenario del festival.
Una obra se estaba llevando a cabo y podían escucharla perfectamente pues había bocinas varios metros a la redonda.
La pantalla mostraba un cielo nublado….
Parecía que caería la lluvia en cualquier momento, pero como siempre, no hay forma de prevenir esta clase de infortunios. Fue esa tarde que ella decidió salir a un lugar donde generalmente nunca se atrevería a ir, pero era inevitable seguir posponiendo la fecha que por cierta razón quedó plasmada en su agenda.
El lugar, uno de los lugares más peligrosos de la ciudad, donde entrar era sencillo, salir, era algo que pocos podían admitir haber experimentado, pero, admitámoslo, alguien lo habría logrado alguna vez.
Temblando, en la entrada de un local que parecía de lo más normal posible, decidió pasar. Ahí estaba él, rodeado, como se esperaba, de toda clase de personas tanto atemorizantes como elegantes, había desde niños hasta ancianos, todos con esa aura de superioridad que es casi imposible verlos directamente a los ojos. En fin, él la esperaba, sentado como rey en su palacio con una sarcástica sonrisa, aquella chica que hacía menos de una semana era solo otra persona más caminando indiferentemente por el mundo. La miró inspeccionándola, era más normal de lo que recordaba, pero no podía oponerse de nuevo a la voluntad de quienes lo habían educado, así que sin más preámbulos, la invitó a sentarse.
Ella temblaba, él la veía, parecía un pequeño gato mojado que acababa de ser abandonado en la oscuridad de la noche, lo cual por alguna extraña razón lo había conmovido. Cuando por fin decidió hablar, sus miradas se cruzaron inmediatamente, y él, por lo menos, sintió que esa era una reunión preparada por el destino.
La presentó ante los reunidos ahí, a aquella chica que había sido elegida como su prometida por parte de los padres en ambos lados, pues una promesa había sido hecha desde antes de que hubieran nacido los dos, y ahora, era el momento de cumplirla, aunque apenas y se conocieran.
El lugar dejó de estar lúgubre a los ojos de la chica, y empezó a tornarse armonioso y alegre, todos los reunidos celebraban a los recién prometidos, aunque ella aun no sabía si lo que estaba pasando era un sueño. Aún lo recordaba, la forma como ambos se habían conocido cuatro días antes.
Fue en uno de los restaurantes de sus padres, ella había estado pensando en lo que haría ahora que se había graduado del colegio, y al no encontrar respuesta decidió ir por su platillo favorito. Ese día, él también había tenido el antojo de una buena comida, y como era de esperarse, iría a uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Extrañamente, o quizá no tanto, desde hacía un mes lo habían estado siguiendo, y sus persecutores no dudaron en darle un festín a su paladar por ese día, así que como toda una obra teatral, los elementos básicos se habían reunido en el lugar más inesperado.
Al llegar, todas las mesas estaban ocupadas, pues había una celebración que extramente nunca fue mencionada a los dos jóvenes, pero cuando llegaron, reconocieron rostros familiares, y bastante, pues las familias de ambos acababan de reunirse en esa ocasión, para decidir qué hacer con la extraña carta que acababan de encontrar, con una promesa. Nunca se habían visto, él tenía un aura de actor famoso o al menos, alguien de la nobleza, ella, era una normal ex colegiala que podrías encontrar en cualquier calle del país. Los hicieron sentarse juntos, en una mesa para dos, aceptaron, pero nunca hablaron, ella lo veía de reojo…el solo quería comer algo. Siguió así por un tiempo, hasta que un hombre se paró tras el chico, y le pidió que saliera.
Se despidió y salió del lugar, pero ella notó que había olvidado su gabardina, así que corrió a alcanzarlo para dársela, y fue ahí cuando vio como éste era amenazado con un arma. Quedó inmóvil, pero notó que él estaba tranquilo, no entendía, pero inevitablemente gritó su nombre.
Él la vio, tenía un semblante de preocupación, que logró hacerlo sonrojar, lo cual logró que los hombres tomaran a la fuerza el brazo de la chica. Él se enojó, ella, tenía miedo y cerró sus ojos, pues el arma acababa de ser dirigida ante ella. Escuchó ruido, luego silencio, y cuando estaba a punto de abrir los ojos, su cabeza fue cubierta por el pecho del chico quien la abrazaba con fuerza. Los compañeros del chico por fin llegaron y se deshicieron de los enemigos, mientras el chico había perdido sus fuerzas, y cayó al suelo.
Ella lo puso sobre sus piernas, y notó que sus manos estaban húmedas. Las vio y eran más rojas que el vino que había tomado hace menos de 10 minutos. Su mirada se puso en blanco y empezó a llorar, pero una cálida mano se posó sobre sus frías mejillas, mirándola con una dulzura que nunca pensó podría ser dirigida hacia ella. Sonrió. No sabía por qué, pero su alma estaba llena, y pensó que podría morir en paz. No recordaba cómo, pero llegó a su casa y se quedó dormida, y al despertar, llegó la noticia de que ahora estaban comprometidos.
Regresando a los cuatro días después, ella lo volteó a ver. La herida había desaparecido, o, al menos, parecía no causarle dolor. Se miraron dos minutos, aunque les parecieron 2 años. Sabían que era una reunión del destino y sin más preámbulos, ambos sonrieron, él se levantó, se acercó a ella, e inclinando la cabeza, tomó su barbilla, y puso sus labios sobre los de ella.
Una vez termino el espectáculo, ambos se levantaron de sus asientos y Dino pago la cuenta.
Que te pareció, Kyoya? – por fin le habló, intentando hacer la plática; caminaba a su lado con un poco de dificultad, pues el pelinegro intentaba ignorarlo como solía hacer con el bronco de su tiempo, acelerando el paso.
Regresando de comer ya se encontraban nuevamente en Nami-chu. Kyoya amaba tanto su escuela que le encantaba pasar el mayor tiempo posible ahí, sobre todo para con sus batallas con el caballo salvaje.
Segundos antes de abrir la puerta, y pasar al interior del colegio...
-Son débiles. -soltó Hibari de la nada, deteniéndose al mismo tiempo
Dino le acaricio la cabeza, desacomodándole un poco el cabello al pelinegro. No hubo reacción, el rubio de su tiempo lo solía hacer tan a menudo que ya lo consideraba algo normal
De verdad crees que ese acto fue de débiles? - sabiendo que se refería al acto de la obra que acababan de observar.
-claro que sí, no tiene sentido el recibir una herida así. Te hace débil el no poder esquivar un ataque y te hace aun mas débil el que lo recibas por otra persona – lo enfrentó.
-Te equivocas Kyoya – esa curiosa sonrisa, esa que por razones desconocidas anhelaba ver, apareció finalmente en el rostro del mayor.
Una mirada incrédula fue la respuesta.
-el poder proteger a alguien te hará mas fuerte- antes de que su pupilo lo mencionara...-lo mismo que llorar.
-lo que dices no tiene sentido - ahora su mirada era de desinterés. Pero aun así Dino continúo
-debes de ser lo suficientemente fuerte para poder llorar, para expresar lo que sientes, Kyoya.
-de que manera uno es fuerte llorando? Las lagrimas son signos de debilidad. - afirmó.
El Cavallone llevo dos de sus dedos al pecho del guardián, y con el reverso de estos, dio un par de pequeños golpes, señalando el corazón.
Bufó en respuesta, terminando de entrar al recinto.
-heh, aun eres un niño, Kyoya.
A la mención de que el mayor lo consideraba algo como tal, le intentó atestar un golpe con sus tonfas
- no me gusta que me llames así, lo miraba furioso.
-Maa*, Kyoya no te enojes...-había esquivado por milímetros su ataque y la nube molesta se dirigió a la azotea, subiendo a la parte más alta de esta, justo encima de un tambo de agua.
-Vamos Kyoya, deja de estar perdiendo el tiempo y comencemos a entrenar.
Hibari odiaba que lo consideraran un niño, sabía que ahora la diferencia de edades era mucho mayor, pero eso definitivamente no lo hacía un crío.
-¿No estás interesado en esto? Dino había sacado su propia caja de armas, mostrándosela al menor, quien giró un momento a verla fingiendo total desinterés.
-¿Cómo es que ese potro, siempre sabía que era lo que llamaba su atención? Aunque nunca admitiría, que preferiría que hubiera subido y le desacomodara el cabello para convencerlo, como ya acostumbraba hacer el Dino de su tiempo.
-No realmente – volteó nuevamente el rostro. Quizá si lo ignoraba un poco más, lo haría. Pero parecía que el Cavallone no tenia ninguna intención de subir.
Enojado por como el rubio ahora lo trataba de una manera diferente, se lanzo contra él, tonfas en mano
-Eso es lo que dices, pero en realidad….
Interrumpió el discurso del bronco, lanzándole un ataque directo, que pareció no tener problemas al esquivar.
-Oh, eso estuvo cerca – había retrocedido dando una marometa inversa apoyado solo con una de sus manos.
-Solo estoy interesado en morderte hasta la muerte.
-No tienes remedio… - ¿Seguirás diciendo eso aun después de ver esto? – saco llamas del cielo de su propio anillo
-Liberar – introdujó las llamas recien expulsadas en una caja roja.
Enormes llamas color naranja, comenzaron a salir. Kyoya no podía apartar la vista.
-Estúpido bronco, ¿Cómo es que siempre de una u otra manera siempre podía llamar su atención?
Un radiante corcel apareció al lado del rubio, quien se encontraba ya acariciándole el lomo.
-Te gusta? – Dino sonreía, pero sin dejar de contemplar al animal – jeje, a que es totalmente mi estilo.
Regresó la vista a su alumno, - vamos inténtalo tú también. Como había hecho con anterioridad, expulsó las llamas de su anillo introduciéndolas a la pequeña caja, que contemplaba cuando su proclamado tutor apareció.
Nuevamente un pequeño puercoespín apareció, mostrándose un poco tímido, seguramente por haber lastimado a su maestro en la ocasión anterior. Hibari se acuclilló frente al pequeño animal, intentando nuevamente acercar su mano. La pequeña criatura, esta vez con cuidado de no clavar sus filosas agujas, se dejo acariciar para después ser levantado por el pelinegro, quien como siempre no podía evitar sonreír al tener a tan pequeña criatura.
Ahora quien no podía apartar la mirada era Dino, aun el Kyoya de 10 años en el futuro, amaba a los pequeños animales y esa sonrisa – suspiró, como extrañaba esa sonrisa.
Saliendo de su momentáneo trance se acerco al pelinegro.
-Es muy lindo – cerró los ojos e intento acercar su mano para acariciarlo, quien al sentir el toque del rubio se hizo bolita, escondiéndose.
-Ha Ha! Parece un rollo – Acaricio suavemente su espalda, sin lastimarse con las agujas del puercoespín y este asomo la cabecita, reconociendo también a aquella persona que lo tocaba suavemente. Aceptando también sus caricias.
-Roll – murmuró Hibari.
Cuando el rubio escucho aquello, sonrió para sí, sabiendo que se refería al nombre que acababa de elegir para el pequeño animal.
Los días pasaban y se dedicaban a entrenar como hace tiempo hacían, Kyoya estaba dominando rápidamente las nuevas técnicas que le enseñaba y desarrollaba suyas propias ayudado por Roll.
-Kyoya, es tiempo de ver a los demás, necesito comenzar a entrenar a Tsuna y al resto de sus guardianes.
-A esos inútiles-herbívoros?
-Herbívoros o no, son tus compañeros de equipo, y Tsuna es el líder, no deberías hablarle así.
-Tch – también en el futuro, se involucraba demasiado con aquel inútil.
-Sigue practicando, no te preocupes regresare.
Dino camino hacia el guardián y acerco su rostro al de Kyoya, quedando a centimetros de unir sus labios… si el rubio un segundo antes no se hubiera apartado, dándose cuenta de lo que estaba a punto de hacer, seguramente el pelinegro le habría golpeado con una de sus tonfas.
-Ahhh…este…lo siento Kyoya, debo irme, paso rápidamente su mano por la cabeza del pelinegro, antes de salir corriendo. Parecía que se había agotado entrenando, pues Hibari pudo notar que el bronco tenía las mejillas con un tono rojo sobre ellas, antes de marcharse.
-Maa, Matte* : Vamos, espera
Sigo pensando q quedo un poco corto hmmm, pero bueno e sque tenia pensado solo abarcar en un cap la parte del futuro, pero ahora se alargara a dos y aun pienso si sacar algun tipo de extra del Dino y Kyoya del futuro =9
Y Gracias por leer!
