Las semanas pasaron mientras trabajábamos en los preparativos de Samhain y en el Trabajo de mi padre. Ángela se convirtió en mi sombra, pasando las tardes en mi casa cociendo hierbas, fundiendo velas e intentando memorizar todo lo que le explicaba. Por otro lado, para evitar quedarnos atrás en los estudios, aprovechábamos cualquier momento libre para organizar grupos de estudio con los Cullen.

En principio Ángela y yo nos reuníamos normalmente en la biblioteca o la cafetería cuando nos coincidía una hora libre y casualmente siempre había algún Cullen con tiempo y dispuesto a tutorearnos. Más adelante quedamos al menos una vez por semana en mi casa. Allí nos encontró Charlie más de una vez, apelotonados en el salón. Era una visión que de alguna manera le hacía gracia, viéndonos recoger apuntes lo más deprisa posible de la mesa y el suelo.

Edward era obviamente parte de nuestros grupos de estudio y poco a poco la situación entre Ángela y él dejó de ser tan incómoda. Sin embargo, para mortificación de Edward, tras el rechazo que sufrió pidiéndole ir al baile Ángela parecía decidida a tratarlo de manera distante, centrando las conversaciones en temas académicos casi exclusivamente.

-Se lo tiene merecido -dijo Alice una de las tardes en las que nos reunimos con Rose y con ella en mi casa-. Por indeciso. Lleva semanas dándome dolores de cabeza con tanto cambio en mis visiones.

-No entiendo qué quiere de mí -Ángela sacudió la cabeza y suspiró-. Y no parece que lo sepa tampoco él.

-No es tu culpa, Angie -Rosalie le palmeó el hombro con simpatía-. El muy crío está enfadado porque ya no te lee la mente, así que no sabe qué vas a hacer o qué piensas de él... Esta falta de control le vuelve loco.

-Claro, porque como no Angie no dejó clara sus intenciones cuando le pidió ir a esa mierda de baile juntos... -comenté secamente, frustrada por el montón de problemas de Trigonometría que tenía que hacer- ¡Que pregunte como haría cualquiera!

-Lo que yo daría por tener vuestra privacidad -suspiró Rosalie-. Ojalá los amuletos funcionaran en nosotras. Cada vez que siento que está hurgando en mi cabeza tengo que ponerme a pensar en Emmett… muy concienzudamente.

-¿Concienzudamente? ¿A qué te refieres? -preguntó Ángela inocentemente

Alice soltó una risita y Rosalie abrió la boca para responder, pero la corté.

-Por favor, nada de hablar de penes mientras intento concentrarme. Esperad a que termine con Trigo.

Todas se rieron y miré satisfecha a Ángela, felicitándome por el cambio de tema. Entre nosotras y los hermanos Cullen las bromas y el buen rollo eran fáciles de conseguir. Además después de una semana tomando malva el olor de su sangre empezaba a difuminarse, algo que Jasper nos recordaba de vez en cuando aliviado. En ese tipo de momentos era cuando podía distinguir algo de esperanza en los ojos de Edward. El muy capullo no tenía cojones de acercarse a ella mientras no tuviera control total de sus instintos vampíricos.

La semana antes de Halloween sin embargo, Edward nos sorprendió a todos pidiéndole ser su pareja en el baile del instituto. Parecía que por fin había tomado una decisión. No es que ninguna de nosotras (excepto Angie, claro) estuviése presentes, pero en cuanto nos volvimos a reunir las cuatro en mi casa, Alice no pudo evitar sacar el tema, que había visto vívidamente en una visión.

-Bueno, no es que me lo pidiera realmente -nos explicó Ángela avergonzada y con la vista fija en el zumo de manzana que le puse por delante-, pero durante la clase de Español dijo algo así como "¿Bailarás conmigo esa noche?".

-Con razón estaba tan gruñón en el coche -comentó Rosalie- tenía el ceño tan fruncido que por un momento me pareció que se le había quedado el músculo de la frente agarrotado en esa posición.

-¿Qué le contestaste? -pregunté con mucha curiosidad.

-Le rechazó, ¿no? -preguntó Alice como si no hubiera visto toda la escena en la visión- Si no no me explico su mal humor.

-No lo rechacé realmente. Solo le dije la verdad -replicó Ángela-: que no voy a ir al baile. Que voy a pasar toda la noche contigo.

Todas estallamos de risa, mientras que Ángela se quedó callada un rato, mirándonos confundida.

-Di que sí, Angie -dijo Rosalie entre risas-. Amigas antes que novios.

-Espero que Edward no me tome por un rival amoroso -comenté sonriendo.

-Si lo fueras creo que tendría poco que hacer -Alice me guiñó un ojo y volví a reírme.

Terminamos el zumo tranquilamente y nos pusimos a terminar el trabajo de Literatura; Rosalie era mi compañera y Alice la de Ángela en esa asignatura, ya que estábamos en grupos diferentes. Era nuestro último proyecto en común, nuestra última tarde de estudio hasta después de diciembre, aunque ya planeábamos quedar tan a menudo como pudiéramos, incluyendo a los chicos y a los papás Cullen.

Respecto a temas no acádemicos; en menos de dos semanas preparé todo lo necesario para ayudar a mi padre y evitar la influencia de Renée. Mi madre había disminuido sus llamadas a un par a la semana y afortunadamente parecía haber superado el bache con Phil, pero con el Trabajito que pensaba hacerle a mi padre me aseguraría que no tuviera que volver a sufrir por ella.

Lo primero que hice fue un incienso con el que ahumé todo el contenido de su armario (dejó un aroma a rosa mosqueta (que justifiqué con un suavizante y ambientadores nuevos). También derramé un par de gotas de esencia (esta inodora) sobre la almohada y le preparé varias recetas de pastelería con harina de trigo y amapola (una mezcla asociada al arraigo en el amor), entre ellos tortitas con miel, bizcocho de almendras y magdalenas con frutos silvestres. Charlie estaba encantado y preguntaba casi diariamente si iba a hornear algo ese día.

La semana anterior al famoso baile de Halloween (que era una excusa tan buena como cualquier otra para que los alumnos de Forks se arreglaran y tuvieran barra libre), los ánimos estaban bastante caldeados. Lauren comprobó horrorizada que en esta ocasión solo cuatro chicos habían competido por llevarla al baile. Jessica estaba satisfecha por haber cazado a Mike, aunque cuando se enteró de que yo lo había rechazado varias veces antes y ella era la segunda opción se enfurruñó.

De hecho a pesar de contarle a todo aquel que quiso escucharme que NO estaba disponible en Halloween por motivos familiares, recibí un buen montón de indirectas de varios compañeros (Mike incluido, por supuesto; el bueno de Mike se dedicó a perseguirme una semana intentando animarme a ir al baile hasta que se dio por vencido), que rechacé lo más diplomáticamente posible. Al menos las seis o siete primeras.

El viernes anterior a la fiesta, salí de clase de Español y me despedí de Conner (junto al que me sentaba siempre que podía desde el día de la excursión), cuando me di cuenta de que tenía a Jessica pisándome los talones. No estaba muy segura de si venía buscando pelea por el asunto de Mike, así que la ignoré lo mejor que pude, como si no la viera prácticamente correr detrás de mí. Hacía días que no hablábamos, o más bien hacía días que no intentaba sonsacarme información sobre los Cullen. Su popularidad y su posición en su grupo ahora dependía de conocer a "los amigos de Cullen".

-¡Oye, Bella!

Como ya no podía ignorarla más y su energía no parecía demasiado hostil, me paré en seco a pocos pasos de la cafetería. En caso de que la conversación acabara en pelea al menos evitaría un espectáculo público ante los ojos del cuerpo estudiantil al completo.

-Hey, Jess -me di la vuelta y forcė una media sonrisa como si acabara de verla por primera vez.

-Hola, Bella, quería preguntarte algo. Sobre el baile del domingo.

-No voy a ir -repetí sin pensarlo de tantas veces que esas palabras habían salido de mi boca-. Tengo asuntos familiares que atender.

-Oh -de repente pareció intimidada por mi tono seco y sonreí un poco más abiertamente para no quedar tan mal-... Lo sé, lo sé. Es que verás… Las chicas y yo habíamos planeado ir mañana sábado a Port Ángeles. Por si alguna de vosotras quiere venir.

Cogí al vuelo que se refería a Rose o Alice. Probablemente su nueva fama de "amiga de amigas" le exigía pruebas como esta. Pensé en las chicas... en Ángela y las hermanas Cullen y en cómo se tomarían la invitación. Ángela me había confesado hacía unos días que se sentía mal por ignorar a Jess, a la que conocía desde la guardería, así que probablemente querría ir, aunque solo fuera para retomar el contacto. Pero si yo pudiera evitar la reunión social...

-No es mala idea -respondí vagamente-. Le preguntaré a Ángela, a lo mejor necesita algún disfraz para sus hermanos.

-¡Guay! Y si pudieras hablarlo también con los Cullen...

Antes de que terminara de hablar vi que se nos acercaban Lauren y una de sus seguidoras (¿Amy?¿Cory? De verdad que soy pésima recordando nombres) así que le asentí con la cabeza, me despedí y entré en la cafetería lo más rápido posible, reuniéndome con Emmett y Alice en la cola para pedir. Al acercarme Emmett me pasó el brazo por los hombros.

-¡Bella! Adivina de que voy a ir en Halloween.

-¿De coloso de circo?

Se quedó pensando unos segundos y empezó a reírse como si fuera una broma estupenda.

-¡Ya tengo disfraz para el año que viene!

Me reí con ganas y alcancé a coger el último bol de macedonia que quedaba. Alice me acercó un trozo de mi pizza favorita (atún y queso), que estoy bastante segura de que se lo había birlado a alguien porque era de las primeras en desaparecer. Ellos también llenaron sus bandejas, como camuflaje, y al salir de la cola hicimos gestos a Angie, que acababa de entrar en la cafetería.

Nos sentamos todos juntos en la mesa Cullen, donde Rosalie se apresuró a hacerme un hueco entre Jasper y ella. La bandeja de Ángela, vacía por haberse saltado la fila para pedir, empezó a llenarse por cortesía de los vampiros presentes. El resto iría a la basura, así que por pena cogí un par de cosas yo también.

Después de un rato de discutir qué pareja de disfraces era mejor para Rosalie y Emmett (Marco Antonio y Cleopatra o un coloso y una trapecista de circo) y de reírnos cuando Jasper retó a Edward a comerse la hamburguesa gigantesca que Emmett tenía delante, le comenté a Angie la propuesta de Jessica.

-Oh, sí, Samantha también me ha invitado. Me dijo que podemos ir en su coche.

-¿Con podemos te refieres a que has aceptado?

-Bueno… le dije que lo consultaría contigo.

-¿Sabes qué le vendría bien a mi peluca de Cleopatra? -preguntó Rosalie dirigiéndose a Alice- Más pedrería. A lo mejor deberíamos pasarnos mañana por el centro comercial de Port Ángeles.

-¡Desde luego! Necesito más rosas de tela para mi traje -ambas nos miraron expectantes.

-¡Que casualidad! -les seguí el juego- Pues espero que lo paséis bien en compañía de Lauren Mallory y su grupo de putillas. Yo me quedo en Forks.

Ángela se volvió hacia mí y guiñó un poco los ojos, practicando la comunicación mental que llevábamos unos días practicando. Habíamos conseguido que funcionase fluidamente con mucha concentración y a pesar de llevar ambas los talismanes consiguió proyectarme su sorpresa y su deseo de ir.

-Yo no veo ningún problema con que vayas sola, Ang. La compañía no es especialmente disfrutable, pero suficientemente inofensiva.

-Podemos hacer lo siguiente -comenzó Ángela y todos juntamos las cabezas como si planeáramos una gran estrategia bélica-. Voy en el coche con Samantha y vosotras… o más bien cualquiera de vosotros -miró a los Cullen- puede ir en otro coche y reunirnos después.

-Me parece bien. Así si empiezan a agobiarte o te aburres tienes un plan secundario -Rosalie me miró buscando mi aprobación.

-Eh, por mi genial. Yo aún tengo cosas que preparar para Samhain.

-Podría ayudarte…

-No, Angie, te mereces un descanso. Diviértete y cómprame algo bonito.

Los ojos de Alice parecieron brillar de ilusión durante un segundo al mencionar las compras, pero inmediatamente todos empezaron a hablar de qué tiendas eran sus favoritas y cuáles visitarían. También recordamos entre todos la última excursión a Port Ángeles, en la que Ángela descubrió el mundo paranormal (evitamos delicadamente hablar del intento de violación grupal y nos centramos en detalles como la tienda de manualidades que tendría que revisitar y la de libros usados que interesó mucho a Jasper).

Veinticuatro horas después, a solas en mi casa, me preparé para una excursión improvisada al bosque. Me había pasado la mayor parte de la mañana limpiando la casa (tanto física como energéticamente), colocando protecciones en puertas y ventanas (y renovando las viejas, ya que de tanto venir los Cullen a casa estaban insensibilizándose un poco) y adecentando mi habitación para la ceremonia de Samhain. Sin embargo este proceso no estaría completo hasta que terminara la purificación energética y una protección a fondo de la zona.

Samhain es el momento en el que el Velo entre el mundo físico y el espiritual se hace más delgado y fácil de atravesar. Hacer magia en ese momento es tan efectivo como peligroso. Las invocaciones accidentales son muy comunes y la protección resulta indispensable. Y dado que íbamos a realizar una ceremonia secreta, las protecciones debían ser especialmente fuertes.

Tenía varias hierbas secas en mi alijo que me servirían para este propósito, pero si encontrara alguna fresca con las mismas propiedades tendría un mejor efecto. Así que me calcé las botas de montaña, cogí mis tijeras podadoras y una cesta y me monté en Chevy rumbo al bosque que rodeaba La Push.

Una vez allí empecé a vagabundear sin rumbo fijo entre los árboles, fijándome más en la flora del bosque que en qué dirección quedaba el coche.

Disfruté mucho paseando en silencio, recogiendo flores de cornejo, agujas de pino y toqueteando todo el musgo que podía (es un tacto suave y blandito que no puedo resistir). Para cuando me di cuenta estaba delante de un acantilado bastante alto, con una vista maravillosa del mar. Me senté a disfrutarla, acompañada de la brisa y el sonido de las olas rompiendo a varios metros abajo y pensando en cómo demonios volvería a mi coche (para entonces ya me había dado cuenta de que quizás estuviera un poco perdida).

-¿Bella?

Me di la vuelta para ver aparecer entre los árboles a Jacob Black. Al principio me sorprendió no haberlo sentido llegar, pero comprobé cómo su energía se difuminaba con la del bosque, salvaje y pura. Una prueba más de que Jacob Black no era un humano normal, por si me quedaba alguna duda después de nuestra conversación en la playa.

-Jake… -me incorporé lo más rápido posible mientras se acercaba a mí. Estaba a mi lado en un segundo y me ayudó a levantarme.

Nos quedamos en silencio un minuto, sin saber qué decir. Me puse a pensar otea vez en nuestro último encuentro, en la excursión a la playa de La Push y en los temas que dejamos sin hablar, tanto su sensibilidad psíquica como la posibilidad de algún avance en nuestra relación. No es que tuviera expectativas por ese lado. Bueno, a lo mejor sí.

-¿Qué haces aquí? -pregunté por fin.

-¿Yo? -sonrió cálidamente- ¿Qué hago yo aquí?

-Bueno, lo mío es fácilmente explicable -señalé la cesta llena de flores.

-Yo estoy al lado de mi casa.

-Hay más de una hora a pie hasta La Push. Creo.

-Hora y media -me corrigió y luego se encogió de hombros-. Me gusta pasear.

Volvimos a quedarnos en silencio, así que aproveché para recoger la cesta y sacudirme los pantalones. Jake señaló el camino por el que había llegado y echamos a andar juntos.

-Así que… cogiendo flores.

-Me gusta secarlas y… hacer… cosas con ellas. Ambientadores, aceites... -expliqué vagamente.

-Está bien -me sonrió-, yo coleccionaba caracolas.

-¿Y qué hacías con ellas?

-Las guardaba en botellas. A veces… -tragó saliva- mi padre me ayudaba a hacer collares para mi madre con las más bonitas.

Le acaricié el brazo sintiendo su pérdida, muy profunda a pesar de que habían pasado tantos años. Me sonrió muy suavemente, agradeciendo el gesto, y puso su mano cálida y suave sobre la mía..

Caminamos lentamente rodeando los árboles y con el crujido de la hojarasca como música de acompañamiento. Octubre estaba siendo un mes inusualmente seco para los estándares de Forks. La humedad ambiental era pesada, pero las nubes no llegaban a descargar más que una llovizna ligera cada tres o cuatro días.

Esa tarde era, igual que habían sido todas las de la semana, fría y húmeda, así que al salir de casa me había asegurado de ponerme mi anorak y los pantalones más cálidos que poseía. Jake sin embargo llevaba solo una chaqueta vaquera y estaba impasible ante los soplos de aire frío que se colaban entre los abetos. Aproveché para cogerle de la mano cuando tuvimos que rodear un riachuelo y me divertí viendo como enrojeció hasta las orejas.

-Bueno… ¿qué vas a hacer mañana? -preguntó mientras notaba su nerviosismo latiendo en su energía a través de nuestras manos entrelazadas- Sé que organizáis un baile en tu instituto...

Se calló, supongo que dando por sentado que iría al baile y esperando confirmación. O a lo mejor no, no soy adivina. Maldije varias veces haberme acostumbrado a llevar el amuleto a diario y perder así la ventaja poder saber qué pasaba por su cabeza. También maldije a Edward por ser la razón de esa costumbre. Jake, como decía, se quedó callado, con algo de miedo, supongo que esperando algo que en su mente era probablemente un rechazo seguro.

-Si, mañana por la noche habrá un baile. Pero yo no voy. Pasaré la noche con amigas, típica noche de pelis, palomitas, chismorreo... -me encogí de hombros pensando en lo poco típica que iba a ser mi noche de Halloween. Me dolió un poco lo fácil que me salió la mentira

-Oh, había pensado que tal vez… querrías… Bueno, nosotros… mis amigos y yo haremos una fiesta en la playa. Con una fogata y… bebidas… Nada grande pero a lo mejor te apetecería venir

-Oh, que guay -calculé mentalmente las horas y las oportunidades de asistir sin influir en la ceremonia de Angie.

Habíamos pasado varios días calculando las horas en que la influencia lunar (fuente muy importante de energía mística) sería más fuerte y habíamos sacado como conclusión que la ceremonia debía celebrarse entre la una y las tres de la madrugada. Así que técnicamente siempre y cuando estuviéramos en casa antes de las 12 tendríamos tiempo para prepararlo todo, ya que tomarme este día para ultimar detalles había dejado los preparativos casi terminados. Por supuesto, no podía comprometerme sin consultarlo con Ángela, pero la anticipación de Jacob se me estaba contagiando.

-¿A qué hora os reunis? -la sonrisa de Jake me deslumbró un poco mientras me contaba los pormenores de la fiesta.

-... y puedes traer a tus amigas si quieres -terminó después de explicarme detenidamente cuando y donde sería, quién iría y de qué los conocía.

-No puedo darte una respuesta ahora mismo -expliqué-, porque tendría que preguntar… pero me parece una buena idea.

Seguimos andando, bastante más contentos y aún cogidos de la mano. Estábamos ya bastante cerca del pueblo, el sendero medio escondido que habíamos seguido se iba ensanchando y decidí pararme y pedirle que nos sentáramos en unas piedras cercanas.

Antes de perder estos momentos de intimidad, a salvo de oídos indiscretos, quería aprovechar para hablar con él.

-Respecto a nuestra conversación de la última vez… Cuando estuvimos en la playa… -comencé.

-Bella, siento mucho si te asusté...

-No, Jake -le corté haciendo un gesto desenfadado con la mano y sonriéndole-, no me asustaste en absoluto. Saber que tenemos estos… temas en común fue una sorpresa y no me la esperaba, eso es todo.

-Bueno, a mi también me sorprendió saber que puedo compartir mis habilidades contigo.

Sonreímos como tontos y nos dimos la mano como dos putos críos enchochados, sentados uno frente al otro con nuestras rodillas juntas. Jacob Black era tan dulce. Con quince años aún le quedaba inocencia suficiente para ser entrañable sin que fuera ilegal (creo. No conozco bien las leyes de Washington). Y aun cuando la perdió, su sonrisa deslumbrante y la calidez que desprendía con solo una mirada no cambiaron.

Yo perdí la inocencia (en varios sentidos de la palabra) demasiado joven. Mis estudios con la congregación, viajar constantemente con su consecuente desarraigo emocional y tener que cuidar constantemente de mi madre y su falta de madurez me hicieron crecer de manera prematura. Supongo que en parte fue eso, su inocencia, lo que me atrajo de Jacob en primer lugar. Eso y la comodidad que sentía a su lado. Como si pertenecieramos al mismo mundo (una sensación muy acertada).

-¿Y cuándo podremos hablar de esas habilidades? -pregunté.

-Emmm… pues no lo sé. Tal vez deberíamos reunirnos un día… para hablar... a solas… -miró el suelo, incómodo.

Sin pararme a pensar en qué estaba haciendo alargué la mano hacia Jacob, tomándole del mentón para que me mirara.

-Y... ¿Qué te parece esta noche mientras cenamos?