Título: Una sombra persistente
Claim: Ushiromiya Natsuhi, Yasu
Notas: Spoilers hasta el EP7.
Rating: T
Género: Family
Tabla de retos: Abecedario
Tema: 80. Último


El tiempo asignado por la bruja ya casi se ha agotado y Natsuhi no puede evitar preguntarse con cierta reticencia qué pasará después, qué podría haber peor que ver a todos sus seres queridos morir, que el hedor de la muerte muy cerca de los suyos, de los que aún quedan vivos, entre ellos su hija. Quizás se ha vuelto paranoica y se lo reprocha mentalmente cuando sale de la habitación junto con sus sobrinos, en busca de la única persona a la cual nunca podría soportar perder, en busca de lo único que, si muere, le recordaría heridas del pasado y pecados que, muy de vez en cuando en las noches, regresan a atormentarla. María es sólo una niña y el sospechar de ella, el haberla expulsado de la habitación, sólo para probar una absurda teoría que podría terminar como el asesinato de una inocente, es algo que Natsuhi no sabe cómo ha dejado que suceda.

Por suerte la niña está sana y salva en el salón principal, cantando con esa voz siniestra que presagia aún más desgracias, que todavía la hace dudar, buscar los hilos escondidos de la bruja que pueden moverla. Una voz y una sonrisa siniestras que habría desaprobado totalmente, que la hacen entender a Rosa cuando la regaña, que la hacen apartar la vista cuando explica lo sucedido, el cómo Beatrice le pidió que se diera la vuelta, el cómo Beatrice asesinó a todos, ahora yacientes en el piso, como un mal retrato de una guerra que ella no eligió pelear.

Cuando la mujer aparta la vista del grotesco espectáculo, ignorando los gritos de sus sobrinos, que parecen o están tan desesperados como ella interrogando a una niña que aparentemente no sabe nada, un sobre con motivos dorados en el suelo llama su atención poderosamente, como si fuera el llamado de su destino final, uno que supo desde siempre, desde que arrojó a ese indefenso bebé al vacío, que sería horrible. Sin embargo, nunca llegó a pensar en qué dimensiones su predicción se haría realidad, con cuánta saña el destino habría de pagarle por sus malas acciones.

El sobre en el suelo contiene una carta que ella recoge, llena de una pulcra y estilizada caligrafía que no corresponde a los contenidos, llenos de pecados y blasfemias que sólo la hacen palidecer.

—Te estoy esperando, madre —Casi puede oír la voz monstruosa de la bruja hablándole al oído, burlándose con una sonrisa horrible de cada gesto que aflora en sus facciones conforme sus ojos se deslizan por la carta—. Soy el hijo que rechazaste hace 19 años, el hijo que no murió y que ha regresado del infierno para llevarte consigo. ¡Pronto estaremos juntos para siempre, madre! Enfréntate a mí cara a cara, ¡quiero jugar un poco! ¿O prefieres que aparezca y le cuente a tu preciada hija lo que hiciste tantos años atrás? ¿Cómo mataste a un niño indefenso, que nada tenía que ver con tus propios problemas? ¡Vamos, madre! ¡Vamos a jugar! Te espero frente a mi retrato, para ajustar cuentas como se debe. Beatrice, la Bruja Dorada.

Sus piernas se mueven como impulsadas por su propio temor, sabe que se merece un castigo por los crímenes cometidos pero aún así quiere ocultárselos a Jessica y al mundo, que nada tienen que juzgar. Está enojada, también. Piensa que toda esa absurda venganza ha ido demasiado lejos, que su culpa no es tan pesada como para matar a todos, no lo comprende. Para cuando llega al lugar citado en la carta, su furia le hace temblar las manos —¿o quizás es el miedo?—, le da potencia a su voz, que busca a la bruja dorada, ese extraño hijo del cual bien hizo en deshacerse tantos años atrás.

—¡Beatrice, sal! ¡Sal y enfréntate a mí! —se siente segura con su escopeta en la mano, como si su sólo peso entre los brazos fuera capaz de paralizar todo tipo de magia. Ve a una figura moverse entre las sombras y duda cuando visualiza un rostro conocido, enfundado en lo que parece un vestido negro. Ése es su gran y único error, el que la lleva inmediatamente a la muerte.

Un proyectil se impacta directo en su frente con la precisión de un asesino, de ésos que salen en las películas que a su esposo le encantan, sigilosos y mortalmente certeros. Mientras su mundo comienza a desvanecerse, mientras su cuerpo se precipita en caída libre, la misma figura enfundada en las sombras se acerca a ella, extrañamente familiar.

—Buenas noches, madre —es lo último que escucha, lo último que quizás imagina escuchar y la sombra de Shannon vuelve a desvanecerse en la noche, justo como ella escondió en las sombras de su mente el crimen cometido.

FIN.