7.- Taronyu o Los Cazadores

"Con vislumbres de angustia y dolor, busco en las Cuatro Direcciones ¿Quién será la buena persona que me proteja de este gran temor, de esta gran pena?"

B. Shantideva

Byakuya no tardó en descubrir cómo re-enhebrar las delgadas fibras vegetales del Árbol de Voces. Mientras sus finos dedos se dedicaban al trabajo de reconectar poco a poco las partes oscuras, no podía dejar de pensar en lo que Urahara le había contado, sobre Ean y Uryuu. Al noble le pareció un sarcasmo; las habilidades del joven quincy serían, en este momento, inapreciables. Sólo él sería capaz de retejer aquellas fibras de manera perfecta, sin dejar un nudo o una marca. Y era un arquero, un cazador natural de hollows. Evidentemente, Urahara había elegido mal a quienes mandar a Pandora.

Swizsam se le acercó, llevando una hoja llena de rollos de carne cocida, retoños de palma, fruta y otras delicias: el noble Kuchiki no lo advirtió hasta que ella tocó sus hombros, acariciando sus negros cabellos. Byakuya no estaba hecho a eso -en diez días en Pandora, más gente lo había tocado que en el Seireitei, en toda su vida, Hisana y Rukia incluidas- y aunque el gigai que llevaba encima le impediría rechazarla, gracias a la grabación de las costumbres, Swizsam se dio cuenta y su rostro tomó una expresión herida, bajando el rostro, sin saber a dónde mirar. Byakuya se esforzó y acarició su brazo.

—Muchas gracias, VelozFlecha

Ella sonrió levemente y se sentó junto a él, esperando a que comiera.

—Caminante, ¿puedo preguntarte algo?

—Sí, si tengo respuestas, Swizsam.

—¿Por qué decidiste ti'ram terkup? ¿Por qué no devolviste tu fra'pu txel'an, tu corazón/alma a Eywa de tu mundo? ¿Por qué Caminas?

Byakuya estuvo a punto de atragantarse. No tenía forma de recordar quiénes habían originado su Noble Clan, en el Seireitei; sólo sabía que los años podían contarse en miles, quizá en kalpas. Intentó explicárselo a la hermosa joven:

—Mi Clan siempre ha sido de Caminantes, FlechaVeloz. No recuerdo cómo eran las cosas cuando estaba vivo o si alguna vez lo estuve. Me eligieron como sucesor y cumplo con mi trabajo; obedecemos al llamado de Eywa, aunque su presencia sea diferente, en todos los mundos. Y sabemos que ella sigue las Reglas que marca ElQueDebeSer —no había una palabra para Rey del Cielo.

Swizsam permaneció callada unos momentos.

—Pero ¿No es raro estar solo?

Byakuya sonrió.

—No lo estoy, Swizsam. Tengo una hermana pequeña y dirijo un escuadrón completo de Caminantes. Tengo amigos queridos en muchos mundos…

Swizsam alzó una mano y acarició los mechones que se escapaban del kenseikan. Na'vi o shinigami, Byakuya seguía siendo extraordinariamente bello; fue en la mirada de ella cuando comprendió sus preguntas. Siguió hablando, calmadamente.

—Cuando llegó mi edad, elegí mujer y ella me reclamó, también. Ella volvió a la Vida y murió para mí. Desde ese entonces, sólo Camino, Swizsam. Nuestro fra'pu pertenece a nuestro Deber.

La joven asintió, suspirando, conteniendo la reacción implícita en el rechazo del Kuchiki. Un aytokirina bajó del Árbol, ondeando sus pistilos y posándose en el hombro de Byakuya; Swizsam lo tomó en sus manos y sonrió, comprendiendo.

El Caminante Blanco no era para ella ni para nadie; pertenecía sólo a Eywa, no le estaba permitido amarle. Una lágrima se derramó por su mejilla; sus ojos, del amarillo de un ópalo perfecto, se detuvieron en las gemas color plomo que eran los de Byakuya. Ella llevó su mano izquierda a su propio pecho y la derecha, al corazón de él.

—Ahora Te Veo, Byakuya ' evi —sonrió de nuevo—; ¿te puedo molestar con una pregunta más?

Byakuya tomó la mano posada sobre su corazón. Le molestaba sobremanera, pero no podía comportarse como estaba acostumbrado. Asintió. Swizsam echó sus largas trenzas hacia atrás, levantando su pecho.

—Cuando yo muera… ¿puedo Caminar a tu lado?

Byakuya sonrió, con ternura, aterrado por dentro ¡Mataría a Urahara, con seguridad! ¡En cuanto volviera al Seireitei! ¿Cómo responderle a esta jovencita, tan dulce y hermosa? ¿Cómo hacerla totalmente a un lado, sin herirla más?

Tomó la larga trenza de Swizsam e hizo el sahey'lu con una de las ramas que brillaban, recién reparada.

—Ora a Eywa, Swizsam… es Ella quien provee de respuestas…

La joven cerró los ojos y oró, unos momentos. Y luego, sin esperar a que Byakuya terminase de comer, lo dejó solo. El shinigami miró sus pasos desvanecerse en el tapete fosforescente del bosque: conforme las leves luces se apagaban, su corazón se encogió, recordándole cuán duro y solitario era su trabajo. Concentrándose, se volvió al Árbol. Debía seguir reparándolo…


—No hay manera de grabarte el lenguaje, Renji-kun.

—¿Lo que significa?

—Que tendrás que aprenderlo por tu cuenta —subrayó Urahara, desde la pantalla—; sin embargo, hay un dato útil; Zabimaru puede ayudarte. Entra en comunión con él…

—¿Cómo diablos va a poder ayudarme mi zanpakutoh a comprender a un quincy que es mitad simio y mitad dragón?

—Zabimaru no es cualquier simio, Renji. Es un macaco.

Macaca fuscata –interrumpió Mayuri —un Cercopithedae, para ser exactos.

Renji puso ojos de espiral. Urahara le dio un codazo a Mayuri.

—Son los únicos monos en todo el mundo que han APRENDIDO hábitos nuevos, tomados de los humanos, Renji. Zabimaru domina el lenguaje de Ean, con seguridad y es parte de tu alma; entra en comunión con él y déjalo que hable a través de ti. Así, podrás comunicarte. Norm sabe suficiente na'vi. Tienen que actuar como equipo

Renji asintió, desolado. En tres días, Ean se había limitado a observar el horizonte y no hablarles, sumergido en una especie de trance. Desconectó el intercomm. Norm lo miró, igualmente desalentado.

—Casi no tenemos provisiones ya —dijo el científico.

—Nos ordenó no movernos… como si esperara algo —Renji acarició el rubio cabello de Norm—¿Sabes? Voy a meditar; si Urahara tiene razón, tal vez mi zanpakutoh tenga la respuesta…

El rubio se encogió de hombros y se dedicó a ordenar su escaso equipaje, cuando notó los teylus escondiéndose en las trenzas de Renji. Tan rápido como pudo, lo sacudió de los pequeños insectos y comenzó a regañarlo.

—¡Tienes las trenzas hechas un asco! ¡Estarás cubierto de bichos en dos días si no las deshaces y limpias!

Renji reunió su ya escasa paciencia ¿Cómo iba a conectarse a Zabimaru con tanta interrupción?

—¡Y tú eres un maniático obsesivo! ¿Qué carajos te importa?

—¡No voy a dormir en un nido de pulgas! —le señaló el pequeño teylu y sus diminutas garras. Renji rugió y le mostró los dientes.

—¿Sabes? ¡Me tienes harto! ¡Tu ciencia y explicaciones y tu pretencioso acento na'vi! ¡Y cada vez que puedes, lloras por Tenzi! ¡Carajo, sólo nos has complicado las cosas! ¡Todo aquí es desesperante y húmedo y si no fuera porque tengo que hacer honor a mi Escuadrón, ya me habría largado!

—Es Te'enzi, estúpido ¿Yo te tengo harto? ¡Tú eres un maldito mono, tragón, apestoso y acosador sexual! ¡Digno material de trabajo de Urahara! ¡Qué bueno que Grace se quedó aquí y no está con ustedes, en el Seireitei!

Renji rugió, amenazadoramente, agitando la larga cola; Norm se echó a reír.

—¿Crees que te temo, shinigami? ¿Crees que Urahara sólo me enseñó biología o japonés?

Sin vacilar, Norm le pegó un coletazo en pleno rostro a Renji y esto bastó para enfurecer en verdad al pelirrojo. El pleito que siguió fue el de dos gatos rabiosos… hasta que Ean los separó a varazos con uno de los arcos, mirándolos asombrado y riendo después. Con la barbilla, señaló a Renji y comenzó a deshacerle una de las maltrechas trenzas. Con la otra mano, a Norm.

"Tú, Flecha, espulgarle y tú, Arco, canta hacia dentro"

No había hablado, sólo silbado entre los colmillos y hecho señales con sus manos, tocando el corazón de Renji y sin embargo, habían comprendido. Renji gruñó y Ean alzó la vara, amenazadoramente, empujándolo después con una mano en el hombro y mostrando sus largos colmillos. Lo miró fijamente y juntó sus rudimentarias manos de tres dedos.

"Arco, canta hacia dentro, tu alma guiarte"

Renji no supo cómo comprendía el na'vi mezclado a las señales. La orden era literal; medita y conéctate con Zabimaru. Norm se dedicó en tanto, a desbaratar todas sus trenzas -más de cien- y desenredarlas y espulgarlas

—No apesto —gruñó hacia Norm por lo bajo.

—Es verdad.

—Y no soy un acosador sexual…

—Tengo mis dudas.

Renji sonrió.

—No te negaste cuando te besé, Norm Spellman.

Norm no alzó la vista.

—No dije que me hubiera gustado; haz lo que Ean ordenó o recibiremos más varazos, Abarai Renji…

Ean los miró un momento, trepado desde su alta roca y suspiró ¿Por qué los dioses no lo querían y le mandaban a forjar a un par de idiotas cuando era evidente que no lo necesitaban? Pensó en lo que el muyjoven le había dicho; ya había notado el poder espiritual en ambos. El del Rojo fluía como si tuviera un largo entrenamiento en controlarlo. El del rubio era fuerte, pero lleno de manchas oscuras y saltos desordenados. Esperó hasta que el Rojo salió de su trance, cuando el Rubio ya había terminado de espulgarlo y peinarlo y después, saltó hacia ambos. Nuevamente, sus señales fueron claras; era turno de Renji el hacer lo mismo con Norm y el shinigami comprendió el largo sermón que Zabimaru le había tirado y la risa de su compañera serpiente. Se estaban comportando como monos, limpiándose cuidadosamente, antes de una cacería.

Cuando los dos tuvieron los largos cabellos sueltos y desenredados, brillantes por la humedad, Ean se acercó a cada uno y les tejió dos largas trenzas laterales, parecidas a sus propios mechones. No sólo serían más fáciles de limpiar; también lucían mejor.

Lo siguiente que el Txantslusam hizo fue algo que pareció un acto de locura a los dos; se acercó al borde de la roca flotante sobre la que estaban… y saltó al vacío. Su terror se cambió en sorpresa cuando lo vieron regresar, montado en un ikran.

Una bandada de ellos iba pasando, bajo la montaña. Kami nos ampare, pensó Renji. Con que ESE era su entrenamiento; nada parecido a lo que Jake o Byakuya habían pasado. Y Ean no les daría ninguna orden; estaba implícito que tenían que seguirlo. Norm lo miró, retadoramente.

—El último en llegar no comerá hoy, ¿neh?

Y sin dar pausa, se dejó caer sobre la nube de ikran, colgándose del cuello de uno de los aterrados animales y haciendo el sahey'lu casi de inmediato… no sin perder el control, casi orinarse del miedo y aullar no precisamente de triunfo. Cuando por fin logró volar de forma estable, trazando un amplio círculo sobre la flotante montaña, siguiendo a Ean, notó que Renji lo seguía de cerca, sonriendo de satisfacción. Antes de que pudieran pelearse por quién había hecho qué primero, Ean se tiró en picada hacia el bosque, deshizo el sahey'lu y aterrizó en etapas, sobre las grandes hojas.

Renji escuchó la voz de Zabimaru. Salta, suéltate y abre tu cuerpo en cruz. Usa tu cola, idiota, es un estabilizador. Y CUIDA DE NORM.

Los dos llegaron al piso, hechos una desgracia de rasguños y golpes, pero vivos. Ean alzó una mano.

"Calma. No respirar"

Olfateó el piso y se los mostró; los dos reconocieron las huellas, el yerik -antílope- debía estar cerca, aún rezumaban agua en el barro. Ean se arrastró con la agilidad de un insecto y los otros dos lo imitaron lo mejor que pudieron. Hasta que Renji quebró una ramita…

El antílope saltó sobre ellos y sólo la habilidad de Ean los salvó de morir pateados. La flecha lo atravesó de lado a lado. Saltó ágilmente sobre él y oró, antes de enterrar la Sele Schneider en su corazón. Un momento, pensó Renji. Eso NO es una daga ¿En qué momento se había dado cuenta de que no se trataba de una daga normal, así fuera sólo de madera? Ean sólo señaló con su barbilla, Renji y Norm se acercaron a destazar al animal, no sin antes agradecerle el don de su vida, como Norm le había instruido antes a Renji.

Ean se limitó a alzar las cejas; mientras ellos se dedicaban a la tarea, cortó una de las grandes hojas y formó una especie de cesta, llenándola de bayas, hongos y hasta algunos insectos. Cuando Renji pensó que su tarea estaba terminada, se dio cuenta de que apenas estaban empezando; Ean aleteó un poco, dando unas cuantas vueltas y les señaló un árbol.

—Oh no… no me digas…

—Oh si, Abarai Renji. No podemos quedarnos aquí abajo, es peligroso.

—Él puede volar; estamos en desventaja—

—Sugiero que te apresures; la noche caerá en un par de horas…


La vista desde la alta terraza formada entre las tres ramas era impresionante; Polifemo al fondo y las otras lunas en su danza eterna y, hacia lo alto, las estrellas. Renji se sentía soñoliento y satisfecho; habría podido acabarse toda la comida, fácilmente. Incluso los insectos asados tenían un sabor delicioso, muy similar al taiyaki.

Y sin embargo su quehacer aún no terminaba; hicieron un nido de hojas y Ean les ordenó espulgarse y limpiarse mutuamente, entre los tres. De vez en cuando, mataba un pequeño insecto y lo arrojaba silbando, por el borde de la terraza. Norm sonrió y en unos segundos, los tres estaban haciendo lo mismo. Ean comenzó a conversar, a la luz del fuego, mascando una varita, una vez terminado el aseo.

"Muchas guerras en tu memoria, Rojo"

"Una sola, Ean"

"Escuché el Cantar de lamentos; grietas en su cielo. Menos Grande y grandes mentiras"

Renji no cuestionó, se limitó a asentir, en los límites de su asombro. Ean siguió hablando

"Su Caminante muyjoven, mala estrategia, estúpido, ruidoso 'evi"

Norm preguntó:

—Comprendo sus palabras, pero ¿A qué se refiere?

—No me lo creerías

—Inténtalo

Renji le relató la Guerra de Invierno, las matanzas, la muerte de dos de los capitanes y todo, gracias a Aizen, aunado al triunfo de Ichigo, el cuál era… como era: joven y ruidoso. Ean pareció escucharlos, divertido.

—¿Cómo es que sabe eso?

—Ni idea.

Ean los interrumpió:

"Mentir con verdad, malo. Caminantes sabían que Lena'yga mentía con verdad. Con no creer en él, bastaba"

Se rió, a carcajadas.

"Pero Caminantes creer y esa fue su pérdida. Más creían, mas fuerte Lenay'ga. Más fuerte, más muerte, desolación, dolor"

Renji se quedó con la boca abierta. Lena'yga, Bestia Destructora. Aizen, indudablemente. Mentir con verdad, Kyoka Suigetsu ¡Era cierto! ¡Ellos habían creído en el poder del bankai de Aizen y ello no había hecho más que incrementar su fuerza y alargar la guerra! Tuvo que aparecer Ichigo como un arrancar, uno que NO CREÍA en ese poder, para lograr vencerlo. No iba a quedarse con la curiosidad; construyó la frase con cuidado:

"Ean, ¿cómo llegó la canción a ti?"

El quincy los miró como si fuesen estúpidos.

"Muyjoven de mi Clan, muntxa del Tuyo. Su corazón cantó en el mío"

Norm tradujo lo más rápido posible:

—Dice que hay otro como él, pero de corta edad, otro quincy, como ustedes les llaman, que es esposo del estúpido ruidoso, un Caminante también y que fue quien los salvó de la guerra. Ese joven quincy se lo dijo.

—Ishida…

—¿Quién? ¿De qué hablas?

—Ishida Uryuu… es un quincy entre los nuestros. Los quincy y los shinigami somos clanes enemigos, me tardaría mucho en contártelo. Como sea, nuestro shinigami sustituto es un chico, pero fue el héroe que terminó la guerra. Él y Uryuu son pareja. Eso no lo sabía y ¿Cómo habrá hecho Uryuu para hablar con Ean?

Antes de que pudieran preguntar, Ean frunció su naricilla.

"Muntxa ustedes. Arco y Flecha, inseparables. Forja distinta, danza diferente; volverse fuertes, poderosos. Ti'kin. Nift'xavang"

Señaló con su ala las lunas; medianoche. Y, sin hablar, saltó a la rama más alta, envolviéndose en una vaina, dejándolos solos. Fue el turno de Norm para quedarse impávido y cambiar de colores.

—¿Qué te dijo?

Norm abrió y cerró la boca varias veces, sin saber cómo traducirlo.

—Norm, me estás poniendo nervioso…

—Dijo que somos una pareja, que por eso nuestro entrenamiento es diferente, que debemos ser mejores que el resto y que… seguramente tenemos "necesidades" y "amor con pasión" es algo bueno. Es decir, espera que nos apareemos. Por eso nos dejó solos.

—No estás hablando en serio…

Norm se quedó callado. SÍ hablaba en serio.

—Renji yo…

El teniente acarició su rostro.

—Te prometo una cosa; déjame besarte y duerme en mis brazos y no te haré nada, ¿neh? Estoy muy cansado para discutir, de veras

—Pero Ean…

—Él sólo va a entrenarnos. Mañana, le explicarás que aún no somos Arco y Flecha y que no puedo reclamarte ni tú a mí, hasta el Renacer. Pero, si no nos ve juntos, no nos creerá y todo esto, es parte del plan para NO matarte, ¿me explico? Ah, y lo del beso fue una broma. Ni creas que me muero por ello…

Norm frunció el ceño y, antes de que pudiera responder nada, Renji lo besó hasta dejarlo sin aire, pegándolo entero a su cuerpo. Alzándolo en brazos, lo llevó hasta la gigantesca vaina. Norm se separó, asfixiándose por dos cosas; la falta de aire y la pasión implícita del Caminante Rojo.

—Estás loco.

—Ya cállate. Y abrázame, tengo frío…

Norm no lo pensó dos veces. La fosforescencia del bosque y sus miles de murmullos nocturnos no les impidieron dormir, profundamente. En algún momento, Norm volvió a sentirse como cuando habían llegado a Pandora: absolutamente fascinado por el hermoso mundo que se abría ante él. La tristeza sufrida, desapareció durante sus sueños…


Ean hizo sahey'lu con el árbol en que estaban. No necesitaba ir al Árbol de Voces a orar; él era un Txantslusam. Esos dos idiotas creían que podían engañarlo. Allá ellos.

Se quedó dormido con una sonrisa en la boca.