Notas de la autora: Acabo de volver de un viaje, lo que explica que haya tardado cerca de un mes en actualizar, pero si lo comparamos con la vez anterior... En fin, espero que os guste y que me dejéis vuestra opinión en un bonito review o en un mensaje privado… No rechazo ninguno de los dos.

Disclaimer: Nada de este mundo me pertenece, solo soy dueña del argumento y de una caja de colores.

Capítulo 7. El soplo de aire fresco.

Dennis Creevey no recordaba un día en el que se hubiese quedado en la cama pasadas las nueve. Nunca había sido de los que disfrutaban de largas siestas y tardíos despertares, si dormía era porque lo necesitaba y no porque lo considerase productivo, de hecho, sus mejores proyectos hasta la fecha habían surgido de noches de insomnio en las que no podía sino dar vueltas y contar hasta números de cuatro cifras a pesar de las tilas y los vasos de leche caliente… porque nunca se arriesgaría a tomar una poción para dormir por miedo a no despertar, nunca lo haría si la recompensa fuese simplemente el descanso, nunca pondría en juego su noche por un posible mañana.

Pero a pesar de todas esas noches en vela, a pesar de las ojeras y los bostezos, nadie podía decir que fuese un amargado incapaz de disfrutar de la vida por el cansancio, es más, cuanto menos dormía más cosas hacía en un intento de caer rendido al llegar a su habitación. No le importaba ir a desayunar a la otra unta de Londres utilizando el metro en lugar de la aparición, ni recorrerse todas las calles comerciales aunque supiese que lo que buscaba estaba en cierta esquina, y mucho menos dedicar el día a revisar sus obras; aunque esto implicase visitar dos galerías, tres redacciones y, gracias a su último trabajo con Dior, pasearse por el Callejón Diagón y el Paseo del Fénix sonriendo ante la imagen coqueta y desenfadada de la rubia que sonreía, lanzaba besos o simplemente miraba con curiosidad a los transeúntes.

No podía negar que estaba orgulloso de su trabajo, de esas fotos con un ligero filtro sepia que se habían adueñado de todo el mundo mágico y habían disparado las ventas del perfume; pero si había algo mejor que ver su esfuerzo recompensado con el reconocimiento aunque éste no fuese su principal objetivo, era el haber compartido la experiencia con una de las personas más importantes de su vida: Gabrielle Delacour, que según la prensa se había convertido en el soplo de aire fresco que necesitaba Inglaterra, y aunque la chica en cuestión no podía sino sonrojarse y argumentar que solo había dejado que le sacasen unas fotos, él no dejaba de pensar que, si bien por motivos diferentes a los periodistas, no había una descripción que se ajustase mejor a lo que la francesa había ocasionado con su llegada.

Desde que la había visto en el Callejón comiendo con su sobrina en un pequeño restaurante, no había sentido con tanta fuerza la opresión que le provocaba contemplar una escena, un lugar o simplemente oler un aroma y probar un sabor, que le recordasen a su hermano. Y no se sentía más ligero porque comenzase a olvidar el pasado, a renunciar al recuerdo o a contentarse con lo que tenía no, se sentía más ligero porque ahora sabía que ella estaba allí, a una chimenea de distancia, porque no dudaba de que ella le ayudaría a levantarse si fuese necesario… Porque si bien nunca habían dejado de escribirse cartas, el dolor por la muerte de Colin se le hacía más soportable cuando ambos estaban en el mismo país, razón por la que hasta ese verano, había pasado varios meses al año en el país vecino; porque él necesitaba una mano real que tirase de él y no simples cartas, porque también sabía que la marcha abrupta de su hermano había roto algo en la francesa cuando ésta solo tenía 11 años.

Y ahora que había encontrado un café desde el que podía seguir observando a la imagen en movimiento de la que fuese la niña que no dudaba en llenarles de arena como venganza, dejó que los recuerdos fluyesen libremente. Volvió a ver a la niña de tres años que alejándose de sus abuelos se unía a la construcción del castillo de arena sin ser invitada, recordó la alegría de su hermano al descubrir en ella alguien a quién podía ordenar y sus celos al perder parte de la atención de su héroe, sonrió cuando evocó el momento en el que tras una encarnizada pelea de agua y arena habían firmado la paz entre risas tras dos años de disputas y peleas, y pasó con celeridad ante el momento en que su hermano le había contado a la pequeña que era mago tras su primer año en el castillo y cómo ella había ladeado la cabeza y le había comunicado que ya lo sabía. Y se dejó llevar por el torrente de recuerdos de todos esos veranos hasta llegar a su primer año en Hogwarts, su selección y la posterior llegada de Beuxbattons y Durmstrang, así como la segunda prueba del Torneo en la que Colin y él se habían escabullido entre la multitud y habían esperado al lado de una atemorizada Fleur a qué alguien rescatase a la pequeña Gabrielle… Porque sí, tanto Colin como él habían hecho grandes amigos en Hogwarts, pero desde que se conocieron y todos fueron capaces de escribir, no recordaba haber pasado una semana sin noticias de la francesa. Eran los tres mosqueteros, los tres valientes que se enfrentaban al mundo cogidos de la mano y con una sonrisa en los labios, los que no pensaban dejar que nada ni nadie los separase…

Dennis había prometido que sus pensamientos no volverían a llevarlo a ese oscuro lugar, así que tras dejar de juguetear inconscientemente con la cadena de su hermano y dejar de lado los recuerdos, volvió a centrar su vista en la realidad que se desplegaba ante él; realidad que parecía incluir a Pansy Parkinson, que entraba en el café acompañada por Theodore Nott y Blaise Zabinni. Y dado que no quedaban mesas vacías, y haciendo gala de sus modales, no dudó en llamar a la que se había convertido en una muy buena colaboradora para que compartiesen su mesa.

-Tienes toda la pinta de no haber dormido en varios días… ¿En qué estás trabajando?- Ante la directa pregunta de Pansy, él no pudo sino reír para después hacer un resumen de las ideas que había desarrollado últimamente en las horas que el resto de mortales dedicaban al sueño. Y después de esa pequeña introducción, y siguiendo las normas de cortesía, saludó a los dos acompañantes de la morena a los que ya había conocido en una de las galas de la maison a la que había acudido en calidad de fotógrafo principal del proyecto de Pansy; aunque si era sincero, no sabía muy bien como iniciar una conversación con dos personas que no parecían demasiado interesadas en su trabajo o el arte en general, pero sí muy informadas en temas de política y economía, que a él poco le importaban.

Pero no había silencios demasiado largos si la morena estaba presente. Así que en cuanto tuvieron sus bebidas, comenzó a dirigir la conversación con gran maestría: combinaba la política y el arte, interrumpía un monólogo con una pregunta de deportes, cambiaba de tema mencionando a alguna persona influyente e incluso afirmando cosas totalmente falsas para que los demás las debatieran y desmantelasen… Con el paso del tiempo, unos más que otros, habían descubierto las sutiles tácticas de manipulación de Pansy, pero en esos momentos a ninguno le importó que les manejase como marionetas porque la alternativa del silencio pesaba sobre ellos, porque era más sencillo distraerse con la conversación que recordar sucesos en silencio.

Así que muy pronto se vieron envueltos en el nuevo tema favorito de la mujer: Gabrielle Delacour y su futura carrera; y muy pronto quedó claro que el italiano, reconocido mujeriego, le había echado el ojo a la francesa desde la fiesta, que Pansy ya le había empezado a buscar otros proyectos a pesar de la insistencia de la chica de que no iba a tener tiempo cuando empezase a estudiar medimagia, y que el reservado Theodore Nott parecía tener sus propias ideas y preguntas acerca de la protagonista; y Dennis Creevey no pudo evitar mirar con curiosidad a éste último, que casi no había participado en la discusión en la que Zabinni preguntaba cuándo sería la próxima fiesta a la que asistiría la chica y Pansy respondía que no se la presentaría hasta que ella hubiese firmado su siguiente contrato, y que tan solo asentía o fijaba su mirada en determinados momentos, y él, amante del cine y la literatura de suspense, no pudo sino compararlo con Hannibal Lecter cuando analizaba a sus víctimas, porque en esos momentos, su mirada oscura era la de un depredador que calcula cada movimiento y camino posible.

-Por cierto Dennis, ¿crees que tendré que suplicar mucho para que en su próxima campaña se deje el pelo suelto?- El aludido, ante la mención del tema tabú, no pudo evitar cierta sorpresa y una pequeña vacilación antes de dar un trago a su bebida, signos que el cazador analizó cuidadosamente, mostrando él, tras unos momentos de cavilación, una mirada de curiosidad fija en el que intentaba evitar la respuesta, una mirada que parecía indicar que Pansy, casi sin quererlo, le había dado una ligera pista del misterio que parecía ser para él la francesa. Y ante esa mirada, él no pudo sino apartar la vista y dar una vaga respuesta, que sin embargo pareció cerrar el tema gracias a la llegada de otra serpiente a la mesa: Daphne Greengrass, que seguía siendo arrebatadoramente glacial, al contrario de su hermana Astoria, que si bien podía convertirse en tus peores enemigas, solía ser bastante cálida y cercana; cómo él mismo había podido comprobar durante todos los años en Hogwarts en los que habían formado algo parecido a una amistad basada en la admiración mutua.

Pero que él fuese a ser el fotógrafo, además de invitado, a la boda de su hermana, no parecía haber afectado ni lo más mínimo a la fría Daphne, así que despidiéndose con una sonrisa y frases lentas y tranquilas para no dar a entender una marcha precipitada que podría malinterpretarse, Dennis abandonó el abarrotado local. Y si bien él no se consideraba especialmente observador, no pudo evitar darse cuenta de que la mirada calculadora de Nott cambiaba por una más relajada ante la recién llegada y que ésta, si bien seguía siendo igual de mordaz e intratable, parecía adquirir cierta calidez en presencia del hombre; sin embargo, la llegada de la serpiente no evitó por completo que el tema cayera en el olvido, porque Pansy le aseguró que no cejaría en su empeño y la mirada fría y calculadora que le acompañó hasta que perdió de vista la mesa le aseguró que Nott no era de los que olvidaban algo, y mucho menos si le había llamado la atención.

Y si bien él no terminaba de entender qué era lo que le había resultado tan intrigante al slytherin, y no pensaba darle motivos a su amiga para volverse paranoica, sí que pensaba advertirla levemente de las intenciones del italiano… Aunque tal vez lo que necesitaba Gabrielle para olvidar su desastroso último año en Beuxbattons era justamente un ligero amorío de fin de verano, porque no se podían olvidar de que ya estaban a mediados de agosto y de que eso significaba que muy pronto el soplo de aire fresco volvería a Francia dejando a Inglaterra estancada en la rutina y la tradición.

Notas finales: este capítulo no me convence mucho… ¿Qué os ha parecido?