En el capítulo anterior...

Robert G. Lawson entra a formar parte del reducido grupo de líderes mundiales dentro de la organización ultra secreta conocida como Majestic 12. Una vez allí, entrega el informe del proyecto Gantz que cambiará al mundo entero en todas sus formas conocidas y por conocer. Mientras tanto, en el presente, la lucha de Gantzers contra Kira continúa, pero L y Maki seguirán un camino distinto al dictatoriado por la esfera negra Gantz, cuyo objetivo es acabar con el propio L.

Gantz contra L, y L contra Gantz. ¿Quién se alzará con la victoria?

Capítulo VII: Gantz VS Kira Parte II

La avalancha de perros rabiosos contra el asesino de masas sigue su curso, mientras L observa en perspectiva la escena, junto con Maki a su lado.

—L, tenemos que actuar, y rápido. Si conseguimos desviar su atención hasta que se termine el tiempo tal y como tú has dicho antes, la misión habrá fracasado, y probablemente Kira no se percate de todo esto, ¿cierto?

—Indudablemente no. No así. Si no cumplimos la misión, Gantz nos hará repetir la misión la próxima vez y, en su defecto, algo cambiará. Si no logramos al menos quince puntos la siguiente vez, Gantz nos matará. Al menos, esa es la teoría, la del juego de Gantz, y nosotros tenemos que limitarnos a seguir sus reglas.

—¿Y piensas seguir a ese jodido pastor como un borrego? Ambos llegamos a la misma conclusión; si acabamos con Kira, probablemente sus seguidores se percaten de que quienes han cometido la venganza no sean ni más ni menos que sus propias víctimas, por lo que inexpugnablemente, el punto de mira se inclinará de nuevo hacia ti. Ahora el mundo está a favor de Kira, y por otro lado, si conseguimos desviar su atención, como bien también has dicho, a la próxima misión Gantz nos hará picadillo, no tenemos salida; a menos que...

—Exactamente, en marcha.

Ambos retomaron el camino establecido por Gantz en su escáner para hallar al objetivo; Kira. Debían apresurarse para cumplir con su arriesgado plan, jugándose todo a una sola carta. Avanzaron entre la sorprendida multitud, abriéndose camino a toda prisa hasta alcanzar siete de los doce gantzers, ninguno de ellos llevaba el traje puesto, y sólo tres empuñaban las armas de Gantz; uno del susodicho trío era el único poseedor de la pistola Y, la única capaz de retener a un objetivo y enviar los datos a un lugar desconocido.

—Chicos, tenéis que escucharnos, por favor —balbuceó Maki, casi sin aliento.

—¿Qué queréis?

—¿Es que no veis que tenemos prisa?

—Yo me largo, no quiero que se me adelanten en cazar a ese hijo de puta.

—Sí, vamos a llevarle donde nos envió a nosotros.

«Es inútil, L. No hay modo de convencerles. Tiene que haber una manera, una salida, o de lo contrario... no, no debo visualizar ese tipo de pensamientos negativos. Debo, debo... L, dime qué debo hacer.»

—Vosotros, panda de inútiles —exclamó el detective levantando la voz, atrayendo la desagradable mirada de aquellos que, tan dispuestos a dar con su enemigo, se detuvieron sin demora alguna—. Sí, os lo estoy diciendo a vosotros. Imbéciles —añadió fría y lentamente. Uno de ellos, que tenía una complexión atlética propia de un culturista, hizo crujir los huesos de sus manos desnudas, aproximándose al joven de diez centímetros menos que el molestado agresor, hasta permanecer a menos de cinco centímetros de su rostro.

—¿Quién coño te crees que eres, capullo? —L simplemente le ignoró, pasando por su lado sin tan siquiera prestarle un mínimo de atención o respeto por su inmenso tamaño.

—He dicho que vosotros, capaces de creeros algo tan ridículo como que habéis muerto a manos de alguien que ni siquiera conocéis, no sois más que un atajo de gilipollas —uno del grupo, cuyo pelo teñido, disimuladas cicatrices en varios puntos del rostro y cuerpo tatuado señalaba que posiblemente había pertenecido a una banda de poca monta aspirante a los yakuza, se precipitó hacia L apuntándole con una de las armas de Gantz.

—Maldito crío, haber si ahora eres tan valiente.

—I... nú... til —el rostro del agresor se encendió de un tono rojizo de rabia, y justo disponerse a pulsar el gallito inferior del arma con poca seguridad, con un ágil movimiento, L, con ambas manos en los bolsillos de sus tejanos, le desarmó gracias a su fuerte patada, arrojando el arma al suelo, instante que Maki aprovechó para abalanzarse y recoger el arma, apuntando al gigante que se disponía a atacar a su compañero L. Ese, que sin percatarse de que le estaba apuntando con un arma de tal potencia destructora, dirigió un derechazo hacia un L que, situado de espaldas, se encogió hacia el suelo a modo de esquivar el golpe de su agresor, al unísono que tras levantarse un segundo después, le noquearía de un golpe de su pie izquierdo directo a la nuca.

¡Bang! —exclamó, simulando una pistola con su dedo índice, apuntando a uno de los armados criminales asesinados por Kira.

—«Hijo de puta. Ahora va a ver con quién se mete» —pensó otro de los tatuados, éste disparando sin reparo al detective, quién se encontraba rodeado. A Maki nadie parecía hacerle demasiado caso, aún con pistola en mano. Un disimulado zumbido, y partes del arma extendiéndose luminosamente a modo de descarga, apuntando al rostro de L, quién no se movió ni un solo centímetro.

—«Uno, dos, y...» —las vísceras de un ser humano tiñendo la blanca ropa del detective, quién hizo un leve giro a la derecha para así evitar la descarga interior del arma de nanopartículas, siendo el joven que poseía la pistola Y ahora desposeído de su cabeza.

—Nunca se debe perder la cabeza, chicos. Mirad qué desastre —habló con suma tranquilidad, mientras que, siendo el único al que no le cundió el pánico, recogía el arma del cadáver con sólo dos dedos y una expresión de disgusto en el rostro; lo más probable por los restos de masa cerebral que impregnaba el arma, y la suciedad que eso comportaba. Maki se quedó estupefacto delante de esa escena, sumándole el hecho del modo que L mantuvo la calma de tal exuberante modo frente a una situación así. En las calles sucumbió la pérdida de la cordura y el escándalo de lo desconocido, y el grupo de cazadores no padeció de distintos síntomas, perdiendo así todo afán de seguir con la búsqueda de Kira—. Bienvenido al mundo real, Maki —la espontánea reacción hizo volver en sí al más que sorprendido chico.

—Ahora tenemos que detener a los otros cinco. ¿Cuánto tiempo nos queda?

—Yo diría que muy poco, a no ser que hagamos algo. De ti miraría a tu alrededor —efectivamente, el resto de cazadores les habían rodeado. Uno de ellos, de cabeza rapada y cuerpo entrenado —aunque no muy musculoso— se encontraba a pocos metros de ellos, en un tejado próximo, apuntándoles con un rifle del arsenal de Gantz. Otros dos se hallaban a los flancos, cubriéndose mediante el edificado entorno, esperando el momento oportuno —o tal vez una señal— para pasar al ataque, y finalmente, los dos restantes efectuaron un acto de presencia frontal, en afán de distraerles mediante un enfrentamiento dos contra dos y aprovechar la ventajosa posición de sus compañeros para pasar a la ofensiva total.

—No se qué coño pasa contigo, chico, pero no nos han gustado nada tus malos modales —replicó mientras avanzaba lentamente, aspirando el humo del cigarrillo hasta consumirlo totalmente, para finalmente arrojar la colilla al suelo.

—Oh, permítame añadir que realizar un acto sin preguntar primero al grupo es un signo de total falta de respeto, y sólo por eso podéis ser castigados por indisciplinados, si a alguien del mismo grupo no está de acuerdo con vuestras acciones.

—Déjame recordarte de que has llegado el último, y sin decir nada has armado todo ese follón. Ahora dejad las jodidas armas al suelo y marchaos de aquí antes que nos enfademos de verdad.

—Norma número uno: nunca te alejas del perímetro establecido, o de lo contrario, tu cabeza explotará.

—¿Qué mierdas hablas?

—Norma número dos: si un miembro del equipo no está de acuerdo con las acciones del grupo, nadie le prohíbe si, ése es su deseo, de acabar con sus propios compañeros, incluido si eso pone en peligro los parámetros principales de la misión.

—Mira, o te callas ya, o voy a... —L ignoraba totalmente las palabras del individuo, quién empezaba a irritarse considerablemente.

—Norma número tres: inevitablemente, la naturaleza de la raza humana tiende a establecer una jerarquía, y las acciones de los colectivos suelen limitarse a los mandatos de un líder, por lo que consiguientemente...

—¡Acabad con él!

—... y efectivamente, ese líder, eres tú.

L le arrebató el arma a Maki, justo después le empujó con suficiente fuerza como para lanzarlo a unos dos metros de ahí. De un giro, calcó el primer gatillo apuntando a uno de los cazadores, situado justo en el flanco derecho de su desprotegida retaguardia; justo dónde estaba situado anteriormente, nació una explosión producida por el francotirador, que no tardaría en ser reducido gracias a la pistola Y del detective, que le inmovilizó gracias a la habilidad del arma. Cara a cara con uno de sus adversarios, ambos de apuntaron con el mismo modelo de arma, y manteniendo la sangre fría, fue el treinta añero de pelo azul y numerosos pendientes en ambas cejas quién pulso con determinación los dos gatillos; con lo que L respondió con un efectivo golpe en el abdomen de su rival, junto con un agarre del brazo izquierdo que le empujó dónde estaba situado recientemente L; justo donde pulsó el gatillo, justo donde su cuerpo fue despedazado por su mismo disparo.

—¡Ha matado a Saki, a por él! —el detective suspiró de aburrimiento. Con el desesperado ataque directo de sus rivales, respondió usando la pistola Y reteniendo al supuesto líder, acto seguido y tras recoger el arma de su recién abatido rival, la usó para amputar la pierna izquierda y el brazo derecho de uno de sus atacantes, así desarmándole e imposibilitando una posible huída.

—Sólo quedas tú —las palabras fluyeron lentamente por los labios de quién redimió a todos de un suspiro. Parecía una máquina de matar, un demonio sediento de sangre sin escrúpulos en una noche de luna rojiza, acercándose lentamente hacia su presa, asustada detrás de las vísceras de uno de sus compañeros, como si solo viera eso, a modo de presagio de cómo terminaría también su propio cuerpo. Sus manos temblaban, incluso no podía ni sostener el arma con firmeza, hasta el punto que le resbaló de sus manos.

—Mírame a los ojos. Eres una rata que se ha apresurado ella misma en un callejón sin salida, mordiendo a la serpiente sin percatarse de las consiguientes consecuencias. Toma —L arrojó una de sus armas al hombre, situado en el borde de la locura y del total pánico—. Agárrala con fuerza, sin miedo —obedeció tembloroso las órdenes de su demonio—. Ahora escúchame bien: puedes disparar, hazlo pulsando el gatillo inferior, o bien puedes arrojar el arma, y aquí se termina la historia. Cómo ves, estoy desarmado, ni tan siquiera me molestaré en moverme, tú decides hacer o no jaque mate —las lágrimas mezcladas con sudor del hombre que permanecía en el suelo, con el arma del detective en sus manos, no vaciló en disparar. Por su sorpresa y mala suerte, fue su cabeza en lugar de la del detective la que fue implosionada, marchitando aún más las calles de Akihabara—. Elección errónea. Mi primer acto fue escanearte con esa misma arma, por lo que daba igual donde disparases, el efecto surgiría en su captura original.

Maki estaba muy nervioso. Temblaba, estaba sufriendo los claros síntomas de un ataque de ansiedad, normal teniendo en cuenta las circunstancias.

—Les has... matado a todos, sin dudarlo un solo instante.

—¿Yo? No te confundas, ellos mismos se han estado matando entre ellos. Como ves, dos de ellos están atados, y respecto a los heridos, una vez termine el tiempo de la misión, Gantz reconstruirá sus miembros perdidos además de cualquier herida, por muy ínfima que sea. Aún no lo entiendes, Maki. Esto no ha sido nada. Aquí verás a tus amigos morir, una tras otro, en cacerías donde tan solo importa la supervivencia y la impecable resolución de los objetivos asignados. Nunca he matado a humanos, pero te seré sincero: matar alienígenas o personas no debe ser tan distinto. Sí he disparado contra humanos tal y como habrás visto, y te aseguro que es exactamente lo mismo, o incluso mejor; nos han mandado matar bebés extraterrestres, totalmente indefensos, algunos lloraban y suplicaban una clemencia que nunca se les fue otorgada, y hasta había cazadores que disfrutaban torturándoles, con la excusa de que no son humanos. Me importa una mierda si tengo que matar humanos, alienígenas o a la madre que nunca conocí por tal de llegar hasta Gantz y humillarle, mostrarle la verdadera angustia de la total e inevitable derrota, la defenestración que le espera a ese bastardo. No lo hago por justicia, ni tampoco por vengarme de los compañeros temporales que he tenido durante mis misiones; sino por algo mucho más personal. Y si te soy sincero... no he tenido esta sensación desde mi lucha contra Kira. Él fue un increíble adversario, pero ese Gantz es totalmente distinto, ni por asomo se les puede comparar.

—Así pues, déjame ayudarte en tu lucha contra Gantz —el detective sonrió.

—Escucha bien esto. Si de verdad quieres ayudarme, tendrás que asumir el puesto que pronto dejaré —la transferencia hacia la habitación comenzó.

—¿Qué demon...?

—Tranquilo, estamos de vuelta —estaban de nuevo en la misma habitación, con la esfera negra en medio esperándoles—. Muy pronto, moriré.

Las palabras de L causan impacto en la mente de Maki, una sorpresa tras otra, empieza a perder el mismo sentido de la propia realidad.

Próximo capítulo: Fracaso total