Disfruten la lectura.


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Encantador Psicópata

VII

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El estadio donde se llevaría a cabo el concierto estaba lleno de personas: varios colores de piel; diversas nacionalidades y culturas; de todas las edades posibles, desde ancianos hasta pequeños niños que iban acompañados de sus padres o algún adulto; prendas de todos los estilos posibles. En fin, que había para elegir ahí adentro.

Hermione, que sólo había asistido a un ballet en Londres cuando era muy pequeña, se maravilló al ver la festividad que se sentía dentro de esas cuatro paredes que acogían a los fanáticos expectantes por el comienzo del recital. Como acto reflejo antes las emociones que la embargaron, presionó con fiereza el brazo de Fred, que estaba preso entre los suyos para evitar separarse, consiguiendo la misma respuesta en su cintura, en donde la manaza del pelirrojo la empujaba con delicadeza para guiarla hasta el lugar donde les correspondía.

Estaba ansiosa por el concierto. Sentía las piernas temblar debido a la anticipación, pero no importaba, porque fuera de que las figuras que la rodeaban impedían que cayera, atrás de ella se encontraba el fuerte y ancho torso de Fred, sirviendo de escudo frente a los acostumbrados empujones que se suscitan en acontecimientos de esa índole. El corazón el martilleaba contra las costillas, apretujando órganos vecinos, por lo que el aire tenía dificultad para distribuirse por todo su organismo. Las manos sudorosas resbalaban de la reja que obstaculizaba su avance hacia los artistas; el pulso sonaba fuerte en sus oídos, mezclándose con la música de Coldplay que servía como un ansiolítico, calmando a los impacientes espectadores. Pero eso era soportable con tal de ver a la banda.

También había otra razón por la que estar ansiosa.

Cuando la música cesó y las luces se apagaron, la respiración se le cortó de golpe y sus ojos marrones, que miraban curiosos hacia el escenario, se abrieron cómicamente. Fred se había pegado a su cuerpo como si quisiere fusionarse con ella. Sentía cada curva de su cuerpo acoplarse con los músculos masculinos, encajando hasta convertirse en uno. Todo empeoró al percibir el frenético latir del muchacho. Cerró los ojos, acongojada.

Diferente era la apreciación de la situación para Fred. Los fanáticos comenzaron a empujar aún más cuando dio inicio la introducción en las pantallas, intentado avanzar hacia el escenario. Demonios, que siguieran haciéndolo, porque él no se quejaría.

Un latido fue lo que se saltó su corazón y todos sus músculos se tensaron al percatarse de que la respiración del chico chocaba en su oído izquierdo, enviándole descargas eléctricas a través de su espina dorsal.

«Deja de reaccionar así», se ordenó frustrada.

En el momento que aparecieron los cuatro integrantes de Coldplay, con Chris Martin liderando la marcha hacia el escenario a través de la oscuridad, las sensaciones de vértigo y nerviosismo que sintió con anterioridad debido a la cercanía del muchacho, se drenaron en el grito agudo que lanzó una vez que los instrumentos tocaron las magnificas notas que se traducían en increíbles melodías.

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Estaba agotada, sentía los músculos agarrotados, adoloridos por forzarlos a mantener una incómoda posición que le permitía observar todo el espectáculo. Tenía las prendas mojadas en sudor y agua lanzada por los integrantes de la banda; los oídos le pitaban sin tregua, sintiendo que probablemente se convertiría en la abuela Minerva, sorda como un topo dorado.

Sin embargo, sentía el corazón lleno, el sentimiento de euforia recorría sus vasos sanguíneos, la adrenalina causaba que la lengua se le enredara al hablar, pues gesticulaba a gran velocidad. Cielos, era casi como si se hubiese convertido en una Weasley, intrépida, con el atrevimiento de hacer de todo.

«Tal vez…»

Buscó al ojiazul, quien había desaparecido tras un rápido: "Vuelvo enseguida, preciosa. No te muevas", moviéndose por el mar de cabezas, siempre a la vista a causa de su alta complexión. Lo pudo vislumbrar a la distancia debido a sus cabellos en llamas, desordenados y suaves al tacto. ¿Cómo lo sabía? Pues en un arrebato, Fred la tomó de las caderas y pasó por debajo de sus piernas abiertas, sentándola en sus hombros de una forma tan fácil que le resultó hasta insultante; aterrada, sólo atinó a posar ambas manos en la cabeza de él, esperando buscar estabilidad.

Él jamás la dejaría caer.

Pero el ceño se le frunció automáticamente, sin voluntad propia, cuando pudo apreciar mejor al chico y ver que venía acompañado de una mujer. Piel clara que brillaba debido al sudor; cabello lacio y rubio que caía como una sedosa cortina; mirada profunda, un bosque con infinitos troncos que observaban los cielos de Fred. Sintió un feroz vuelco en su vientre, pero se obligó a dejarlo pasar, aparentado normalidad y disfrazando la fachada con una máscara alegre, adornada de una sonrisa que jamás iluminó su mirada.

«¿Qué demonios te sucede? Subnormal», se regañó.

No obstante, cuando los orbes azules la enfocaron y refulgieron, todo lo anterior no cobró sustancial importancia. Reprochando su actuar anterior, saludó a la recién llegada con exquisita educación, sintiendo el peso demoledor de la mirada masculina.

«Excelente Hermione, inflemos el ego del Narciso contemporáneo»

―Como dejamos nuestros móviles en el carro, le pedí a Katie que nos fotografiara. Será la primera foto que le mostraremos a nuestros nietos, estará en la primera página del álbum familiar ―dijo serio, como si realmente lo creyera. Su rostro lleno de solemnidad le hizo perder la fe en la humanidad.

«Tiene que abrir la boca para que el mundo paralelo anterior desaparezca. No hay nada que temer»

Encogiéndose de hombros, se posicionó junto al hombre de contagiosa sonrisa y decidió centrar su atención en la polaroid blanca que reposaba en las delicadas manos femeninas, restándole importancia al peso que ejercía el tonificado brazo de Fred, al calor reconfortante que desprendía su cuerpo o al perfume que invadía sus fosas nasales, aturdiéndola.

Mientras esbozaba una sonrisa, el sonido del obturador trajo el caos.

Sintió un suave toque en su mejilla izquierda, que sonrojada ya por la cercanía del muchacho, ahora se tiñeron de un rojo furioso sus pómulos. Sus labios formaron una perfecta "O", muda por la sorpresa y sentía que las cuencas le quedarían vacías, ya que sus ojos luchaban por salir. La cabeza le explotaría en cualquier momento, saturada por la sobredosis de exaltación vivida ese día.

No fue consciente de nada una vez que la chica rubia, Cat o algo similar, se alejó, dejándolos solos en un mutismo impropio, al menos extraño en Fred.

Estaba tan inquieta y avergonzada que cuando el chico le sonrió cariñosamente, extendiéndole un trozo de papel que debía ser la fotografía, no lo notó hasta que éste la tomó de la muñeca y depositó la imagen en su palma.

Echó una ojeada al recuerdo. Se veía el perfil de Fred chocando contra su faz, los ojos risueñas son sendas rendijas, los labios besando su mejilla, entretanto una abierta sonrisa invade su boca. Ella no tuvo tanta suerte, tenía los luceros desorbitados y la boca ligeramente abierta, evidenciando su desconcierto. Ambos con el cabello pegado a la sien por el sudor y ruborizados por el calor que invadía el estadio.

Aún así, le pareció una imagen preciosa.

Después de eso, una adorable mueca sonriente se adueñó de su cara durante todo el trayecto a casa, mientras hablaban de trivialidades, una vez que agotaron hasta la saciedad el tema del concierto.

Era lo bueno de su relación con Fred, si es que se le podía denominar así a aquello que tenían; podían estar hablando durante horas sobre un mismo tema y luego, sin previo aviso, saltar a otros tópicos. Jamás se aburrían.

Estaban aparcando en el estacionamiento del edificio, luego, sin previo aviso, el pelirrojo extrajo una bolsa de papel que estaba en el asiento trasero.

―Tenía esto preparado desde que te conocí ―susurró suavemente, mirando sus manos. Esto la dejó impactada, pues Fred adoraba intimidarla con el poder de sus orbes ―, el concierto, el regalo, todo. No quiero que te asustes, en serio que no. Pero me gustas, de verdad. Quería que todo fuese perfecto.

«Lo fue», pero prefirió callar. Increíblemente, no podía apartar la vista de él.

―Tal vez no soy capaz aún de convencer a la persona más testaruda con la que me pude cruzar, pero está en mi naturaleza no rendirme. ―Dejó de respirar cuando Fred fijó sus cielos en el mar chocolate de la chica, turbios en confusión ―. Te esperaré el tiempo que sea necesario, Hermione.

La fuerza de sus palabras conmovió a Hermione de una manera cautivante. Tal vez no fuese su príncipe azul, pero era caballero y tierno, a pesar de que su brutalidad y crueldad a la hora de bromear la descolocaba. Quizás hubiese preferido a una persona que se tomara en serio la vida, alguien con quien fuese fácil hablar de política, economía o conflictos estatales. Acaso pudo soñar con unos ojos verdes y rubia cabellera, como en los cuentos que su abuela Minerva le contaba antes de dormir, con el cuerpo esbelto cubierto de acero y la espada envainada, esperando por defender a su princesa de cualquier mal.

Pero en estos momentos, en un auto de segunda mano y con sobras de McDonald esparcidos por el piso, Fred Weasley le pareció el más valiente de los príncipes, interesante, gallardo y muy guapo. Con su cabello alborotado llameante enmarcando un rostro lleno de pecas que salpicaban su piel. Las facciones que un modelo envidiaría, masculinas y definidas. Labios rellenos lo suficiente para parecer apetecibles; una nariz recta, elegante y aristocrática; los iris con un color similar al firmamento, que ahora inspeccionaban su alma, penetrando en su mente, estudiando su reacción.

Era tan endemoniadamente guapo.

Pudo parecer una eternidad, pero en el instante preciso que él posó su mirada en la menuda figura de ella, enseguida desvió la vista.

«Al carajo todo»

―En ese caso ―masculló cohibida, centrando su atención en las manchadas zapatillas ―, aunque sea un tiempo grosero, espérame. De todas formas no prometo nada, primero debo pensarlo bien.

Se desternilló de la risa debido al matiz brusco añadido al final de la frase, pero por sobre todo, porque al fin tenía una oportunidad, diminuta como un ácaro, pero una chance a fin de cuentas.

¡Que el mundo temiera! Fred Weasley utilizaría todas sus tácticas de conquistas.

Ella sería suya. Era ya una mantra.

—Hagamos algo ahora ―propuso de imprevisto ―, sólo deja darte un beso, sólo uno. Si no sientes hormigas en el vientre, entonces te daré más tiempo; mas no creas que me rendiré.

—Eres tan obstinado.

—Estoy persiguiendo un tesoro, ¿cómo crees que me rendiría tan fácilmente? —comentó, provocando un sutil sonrojo en las pálidas mejillas.

—Si me mantengo normal, sin ganas de repetirlo, entonces desistirás de tus intentos de conquista. Y no es una petición.

—Quedarás loca por mí. Si no es por mi forma de ser, será porque jamás olvidarás mis labios.

—Arrogante.

—Hermosa.

Giró la cabeza, incómoda. Sin embargo su orgullo la obligó a devolverle la mirada traviesa que le dirigía el pelirrojo, y sin esperar nada más cerró los ojos, esperando el choque de bocas.

Sin embargo, una risa jubilosa inundó el lugar, causando total desconcierto en la ya perdida mente de la fémina. Su orgullo, que hasta el momento se mantuvo intacto e invencible, fue atacado por aquel loco que no dejaba de asecharla a donde fuese que la chica estuviera.

Oh no, Fred Weasley era hombre muerto.

Un salvaje golpe aterrizó en el hombro masculino, pero esto sólo causó que las sonoras carcajadas se volvieran incontrolables.

Cuando Fred se deshizo en disculpas y Hermione superó el suceso, como tenía reunión de chicos en el departamento de su hermano, se despidieron en el vehículo, pues él ya iba con retraso y Hermione se negó rotundamente a que fuere acompañada hasta la puerta de su departamento.

―Como si necesitara escolta. ―Se mofó del hombre, desdeñosa.

Pero toda altanería se redujo a timidez en el momento que Fred se acercó demasiado a su rostro, depositando un suave beso en la comisura de sus labios.

―¡Imbécil aprovechador! ―Gritó en cuanto el chico se escondió en la fortaleza que significaba su automóvil, acelerando para escapar del fuego que en nada escaparía de la boca de Hermione.

Lo último que escuchó la castaña fue la risa jocosa, luego el rugir del motor le advirtió que tenía una mueca estúpida en el rostro que debía borrar cuanto antes si quería mantener el respeto del muchacho y no parecer tarada. Agitando la cabeza, buscando espabilarse, subió hasta su hogar, afirmando con un fuerte agarre el regalo de Fred.

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'¿Están?', tecleó en su celular, ya acostada en su cama, sobre las sábanas, pues el calor era infernal.

'No'

Arrugas poblaron su frente cuando vio la respuesta de Ronald en el WhatsApp, en un grupo hecho por éste: Trío Dorado.

«Pequeño gusano»

'Tengo serios problemas, llámame'

Y tal como había dictado la chica, el pobre vasallo, según el mismo pelirrojo, marcó el número de la muchacha, quien respondió al primer tono, sin alcanzar a deleitarse con la voz de Tom Chaplin.

―¿Qué sucede? ―dijo su mejor amigo al instante. Le extrañó escuchar tanto ruido al otro lado de la llamada, pero quizás tenía el televisor muy fuerte, como tenía costumbre hacer cada vez que quedaba solo en casa. Era un niño.

―Estoy aterrada ―escupió torpemente, tan veloz como si la estuvieran persiguiendo ―. Fred ha cumplido un sueño que tengo desde pequeña: ir a un concierto de una banda importante para mí. Y Coldplay es muy relevante. Me regaló una edición de Cumbres Borrascosas con tapa dura y chocolates. Me dedica canciones, y lo peor es que son increíbles, de un gusto exquisito; trae flores para mí porque sabe la obsesión que tengo con el olor natural de éstas. Deja propinas bastante generosas cada vez que va al local, o sea, diariamente.

»Tiene detalles demasiado encantadores, siempre. Demonios, que si el condenado pelirrojo guapo sigue así, terminaré enamorada de él. Y temo que la atracción que siento por él esté mutando a algo más, pero estoy casi segura que ya es tarde.

Un silencio, que al comienzo creyó era obra de su amigo al silenciar el televisor, se apreció a través de la línea.

―¿Ronald?

―Mione ―interrumpe el chico. Puede percibir incomodidad en su voz ―, estoy en casa de George, todos están aquí.

Todos están aquí, todos están aquí, todos están aquí.

Nuevamente el mutismo se apodera del ambiente, tan denso que se siente ahogada. Necesita aire.

―Dime que no estoy en altavoz.

―No estás en altavoz ―responde la voz ronca de George.

«Mátenme. Por favor, ahora»

―Si te sirve de consuelo, Mione ―dice Ron inquieto. «No, no me sirve nada. Toda tu colección de mangas arderá, Weasley. Espera y verás» ―, Fred en estos momentos está momificado, con la boca tan abierta que perfectamente podría meter mi cabeza ahí, y mira que no es nada pequeña ―Calla brusco y un ups le llega a través del móvil ―. Rayos, Herms, tiene ésa sonrisa.

Joder, ahora ella podía despedirse de su dignidad.

«Maldito Fred Weasley. Él tiene la culpa de todo: de esto, del calentamiento global, de la hambruna en África, todo»

Importándole un cuerno la educación y cortesía, cortó la llamada sin despedirse.

Tan concentrada estaba en su desgracia, que el aviso de una notificación en Facebook la pilló desprevenida, soltando un grito patético.

Fue etiquetada en la fotografía polaroid que se había tomado con Fred en el concierto, horas atrás. El muy mal nacido había comentado debajo de ésta: "Come up to meet you, tell you I'm sorry, you don't know how lovely you are. I had to find you, tell you I need you, tell you I set you apart".

Lo odió más al notar que el muy idiota tenía razón. Una vez que lo conoció, no pudo sacarlo de su mente nunca más. Y no se arrepintió de la decisión que tomó al aceptar acudir con él al concierto.

«Cianuro para mi, gracias»


¡YEHET! DJBSDJVBSD Me demoré la vida en escribir esto, porque escribo otras cosas y caos de ideas.

Bueeeeeno, como ven, después de mes y fracción (para ellos), seguir a la chica a todas partes, acosarla por todos los medios posibles, regalarle cosas e insistir mucho, ¡Fred lo consiguió!

Ahora, ¿qué pasará? ¿irá viento en popa su relación o tendrán problemas? ¿Hermione dejará de ser tan orgullosa? ¿Yo seré más responsable para actualizar? ¡Veremos más adelante!

Muchas gracias por los comentarios, los favoritos, los follows, los views, porque sé que hay gente que lee desde las sombras e.é Entiendo que no comenten, yo tampoco lo hago jeje. Me animan mucho, no sólo a seguir escribiendo, sino que el día, en general, es más amenos cuando llegan esos comentarios bonitos o esos mensajes :)

En fin, espero que les guste :))))

Cuídense muchote, abrazos.

Lizzie