¡Hola de nuevo! Siento no haber actualizado estos días, pero tuve un fin de semana super ocupada :c por lo que les dejo este nuevo capítulos que... ¡Sorpresa! Tiene dos partes, la segunda intentaré subirla en un par de horas, o si no mañana en la mañana estará actualizada ;) un capítulo mucho más dramático que el anterior, pero como he dicho antes... amo lo trágico :) ¡Disfruten!
Época: Año 1 de la Nueva Era, meses después del fin de la Guerra por el One Piece.
Corazón Roto, Parte 1
Los amantes compartían apasionados besos con ardiente fervor. El capitán subía su mano por sus desnudos muslos, acariciando su suave piel y arrancándole silenciosos gemidos. Mientras, la navegante acariciaba su fornido torso con la camisa abierta, pasando sus manos lujuriosamente.
Luffy bajó sus besos por el cuello de la chica, apartando su cabello con una mano y con la otra comenzando a direccionarla a sus voluptuosos pechos aún cubiertos por su delgada camiseta. Nami, con la respiración agitada de la pasión, sacó la roja prenda del muchacho, dejándolo a torso desnudo y lanzando la ropa por los aires, cayendo en seco a metros de la cama, donde minutos más tarde, la masculina ropa se iban acumulando junto a la de la colorina en el oscuro rincón.
Suspiros y silenciosos gemidos provenían de la habitación. En la oscuridad de la noche, los enamorados compartían sus cuerpos en un pasional acto de amor y deseo. La chica mordía sus labios con fuerza para evitar los fuertes gemidos provenientes de su boca, mientras que Luffy mordía con suavidad su desnudo cuello, ahogando los gruñidos bestiales provocados por el enorme placer de hacerle el amor.
Ahora sus suaves respiraciones se mezclaban en el silencio de la madrugada. Nami, con la cabeza del chico sobre sus desnudos pechos, daba caricias de amor en su cabello, completamente agotada por el movido ejercicio. Luffy roncaba profundamente sobre sus suaves almohadas, con los brazos rodeando a su navegante en un cálido abrazo. La chica sonreía embobada al chico de goma entre sus brazos.
Era completamente feliz a su lado. Estaba enamorada de él… y estaba segura que su corazón le pertenecería a él y solo a él durante toda la eternidad.
—Nami… yo… —El chico hablaba entre dientes, vacilante. No podía hacerle esto a ella, simplemente su corazón no se lo permitía.
— ¿Qué pasa Luffy? —La chica, preocupada, lo miraba sentada desde su escritorio dispuesta a escuchar lo que su novio tuviera que decirle tan urgentemente.
Minutos antes, el chico la había encontrado en el observatorio mientras realizaba un par de trazos en un nuevo mapa de una pequeña isla donde habían estado hace un par de días. Luffy se acercó a la chica, con lentitud, mientras examinaba su enmarañado rostro.
Hace un par de meses, se había convertido en el nuevo Rey de los Piratas, alzando su fama mundial por las nubes y llevándose a su paso la notica de una Reina Pirata a su lado. La búsqueda por su cabeza había aumentado peligrosamente, y peor aún para su consternación, la vida de la mujer que amaba.
Habían dirigido el rumbo a una isla invernal hace 3 días, donde un grupo potencial de piratas los había emboscado y habían logrado llevarse a la navegante para llegar a su capitán. Con el alma envuelta en cólera y furia, el chico no pudo evitar que Nami saliera un poco herida, más sin embargo lograron salir a salvo rápidamente de la isla.
Ahora con el pesar en su corazón, el Rey caminaba a su Reina, examinando meticulosamente las palabras que diría para evitar romper completamente a la mujer frente a sus ojos. Nami, quien lo miraba de lejos, notó su rostro ensombrecido en tristeza, comenzando a preocuparse de sobre manera.
— ¿Luffy? —Susurró una vez que el pelinegro llegó a su lado. Con el corazón herido en la mano, Luffy alzó su mano, colocándola en su suave mejilla tomando su calor.
—Nami… —No podía, de verdad no podía hacerle eso.
La colorina se puso de pie sin alejarse de su toque, mirándolo curiosa. El chico temblaba de tristeza, por lo que levantó sus manos a su rostro. Lo observó detenidamente; sus rasgos un poco más maduros para un chico de 20 años le daban un aire de grandeza ante su título por los mares. Con los hombros más anchos, calzaban mejor junto al hermoso abrigo negro que ella le regaló hace un par de meses, antes de la gran guerra por el One Piece. Examinó su rostro distraídamente dándose cuenta que su mentón, cubierto por una fina capa de barba sin afeitar hace días, tiritaba al igual que todo su cuerpo. ¿Qué estaba pasando?
—Cariño… ¿Qué pasa?
Por favor… no me llames así… no me hagas esto Nami…
Bajó su apenado rostro tras su toque, evitando sus achocolatados ojos a toda costa.
—Luffy… mírame. —Susurró severamente, la preocupación la estaba impacientando. Con un ahogado suspiro, el pelinegro habló firme, con su alma en pedazos.
—No podemos seguir con lo nuestro… Nami.
Cuando levantó sus ojos a su ahora ex novia y amante, su corazón se rompió en cientos de pedazos. La chica había quedado perpleja, sabiendo perfectamente a que se refería. Con las manos aún sobre el rostro del chico, sus ojos se llenaron de profunda tristeza, volviéndose a cada segundo más y más llorosos.
—Es una broma… —Su voz susurrante y quebrada resonó en el tenso silencio del observatorio.
—No. —Devolvió la voz, en un mismo susurro firme.
Nami alejó las manos de su rostro de golpe, como si su tacto quemara gravemente. El chico sintió la falta de calidez y su estómago se apretó en un fuerte nudo, aguantando las ganas de tomarla en sus brazos y brindarle el amor que le estaba quitando.
La chica no podía pronunciar palabra alguna. Sabía que el ambiente tenso desde lo ocurrido en la isla aún no desaparecía, pero, no esperaba aquello, en lo absoluto. Con un movimiento un poco más bruto del que imaginaba, se alejó del tacto del chico dando un par de pasos hacia atrás, dejando su mano estirada en medio de ambos.
—Nami… yo…
— ¿Por qué? —Dijo con la voz molesta y temblorosa, la ira comenzó a hervir en su interior. Su mirada nublosa se posó en los tristes ojos del chico, pidiéndole explicaciones. — ¿Por… por qué quieres terminar con esto tan abruptamente? ¡P-Pensé que todo estaba bien!
Luffy no sabía que decir. Había pensado tanto en su decisión que no quería volver a recordarlo. Había temido tanto por ella que su corazón estaba desesperado por mantenerla alejada. Había tomado una decisión, como hombre, como novio, amante y capitán. Debía mantener a su Nakama a salvo, pese a todo. Pero no podía decirle todo eso a ella… no podía dejar salir sus temores por miedo a lo patético que sería para el gran Rey Pirata.
Tras un largo silencio sin respuesta, Nami comenzó a temblar entristecida, aguantando con dificultad las lágrimas que amenazaban por caer. Apretó los ojos fuertemente, luchando con el llanto que quería salir de su pecho.
—Sal.
Luffy bajó la mano afligido, con la culpa y la ira creciendo en su interior. Había prometido cientos de veces proteger y no quitar la sonrisa en el rostro de su navegante, pero aquella promesa se deslizaba entre sus manos como la arena, sintiendo la culpa de romper su corazón y la rabia de haberla defraudado.
El rápido arrepentimiento llegó a su cabeza al ver sus llorosos ojos, intentando pensar en la forma de mejorar la situación. No quería que la colorina pensara que jugaba con su corazón, estaba haciendo esto por ella, ¿Por qué no podía entenderlo?
—Nami…eres mi Nakama. Debemos volver a cómo eran las cosas antes entre tú y yo. —Su voz firme dio inicio al comienzo del fin. —Soy tu capitán, deseo lo mejor para ti… y si eso significa que n-
—Cállate. —Le cortó furiosa. Apretando sus puños, dejó caer las lágrimas que tanto aguantó en su corazón, encarándolo con tristeza envuelta en ira. — ¿Simplemente soy eso… tu navegante?
Luffy la miraba perplejo, con el pecho doloroso al ver sus lágrimas. ¿Qué estaba haciendo?
—D-Después… de todo lo que hemos vivido… simplemente me dices que todo termino entre nosotros… ¡¿Y pretendes que actúe como si nada?! ¡COMO SI TODO ESTE TIEMPO NO HUBIESE VALIDO NADA PARA TÍ! —Hablaba histérica, entre ahogados llantos. Ya no le importaba si su rostro luciera patético entre las gruesas lágrimas que no aguantó. — S-Siempre te he apoyado Luffy… dediqué años de mi vida para que lograras tu sueño, amándote, y dices eso tan fácil… como… como si todo lo que pasamos hasta aquí n-no valiera en lo absoluto, c-como si fuera tan fácil desprenderte de todo…
Ya no tenía palabras. Estaba destrozado viendo a la mujer que amaba rompiéndose frente a sus ojos, por su culpa. Pero la rabia comenzó a salir a flote. ¿Realmente ella pensaba que era fácil para él terminar su relación? ¿Realmente pensaba que no sentía aprecio alguno por todo lo que habían vivido? ¿Qué no sentía amor por ella?
—Después de todo lo que nos costó obtener… esto. —Señaló débilmente a ambos, reflejando la fuerte unión que hasta hace un par de días tenían. —Después de todas las promesas que hicimos… —Hipó fuerte, limpiando sus lágrimas secamente.
Pero el chico no decía palabra alguna. Sentía rabia, impotencia, tristeza… culpa.
—Déjame sola… por favor…— Interrumpió hablando entre dientes, con las lágrimas aun cayendo sin control. —Capitán.
Su voz fría y cortante terminó de romper al chico, dando un paso tambaleante tras de sí. Capitán. Ella nunca lo llamaba seriamente así. A pesar de los años que ambos habían navegado hombro a hombro, Nami nunca había realzado su título como capitán, nunca había realzado su poder sobre el de ella. Su tono burlón, juguetón, valiente e incluso sensual, han pronunciado esas palabras en distintas ocasiones… pero nunca de una forma tan tortuosa y enrabiada.
Se alejó poco a poco de la mujer frente a sus ojos, aguantando todo sentimiento vivo en su corazón. Con un fuerte y firme paso, dio medio vuelta y salió de la habitación, cerrando silenciosamente tras de sí.
Sentía su corazón latir con fuerza y a mil por hora. Cerró los ojos con fuerza, apretando los puños cuando los fuertes llantos de la navegante resonaron por el otro lado de la puerta. Sintió un toque húmedo en su mano, y abriendo los ojos, se percató de que pequeñas gotas habían caído en ella, fue ahí que se dio cuenta de las amargas lágrimas que salían de sus ojos. Aguantando un silencio quejido de su pecho, emprendió caminata hacia el camarote de los hombres, decidido a encerrarse por toda la eternidad.
Al caer la tarde, ni capitán ni navegante habían dado la cara al resto de sus Nakamas.
Todos habían notado el tenso ambiente entre ambos desde que zarparon de la invernal isla. Luffy había evitado por completo a la chica, dejándola intrigada y preocupada por su extraña actitud. Si bien no habían hablado desde aquel fatídico evento, Nami no pensó en la magnitud que afectaría al chico.
Sanji había terminado de cocinar la cena, llamando a todos a comer, esperando a sus bellas damas cortésmente. Pero luego de un par de minutos y extrañadas miradas, la tripulación notó la ausencia de Luffy y Nami.
—Tal vez están divirtiéndose un rato… —Comentó el ciborg entre risas junto a Usopp y Brook. —Después de todo llevan saliendo casi un año…
—Mi bella Nami-san no dejaría que ese mierdoso de goma la tocara. —Irritado, el cocinero salió en busca de la chica, sin notar la preocupada mirada de la arqueóloga.
Caminando con un cigarro en la boca, expulsó en una suave exhalación el vicioso humo. Siguió su camino hasta el observatorio, donde estaba completamente seguro que la chica se hallaba.
Dio un par de pasos, y un segundo antes de golpear la puerta, escuchó los suaves sollozos de la mujer que adoraba.
— ¿Nami-san? —La llamó preocupado. Tras pronunciar su nombre, los sollozos se callaron inmediatamente.
Sintió un par de pasos dentro de la habitación, hasta que la puerta se abrió ligeramente dejando ver su rostro. Sus ojos chocolates estaban rojos del llanto y habían sido limpiados con rapidez. La chica al percatarse del cocinero, le regalo una suave sonrisa falsa.
— ¿Qué pasa Sanji-kun? —El corazón del chico se apretó al ver su expresión.
Juntando uno más uno… se dio cuenta rápido de que había ocurrido.
— ¿Qué hizo el idiota gomoso? —Le preguntó seriamente.
—S-Sanji-kun… no-
— ¿Qué te hizo Luffy, Nami-san? —Le preguntó firme. La colorina, sin poder aguantar más, comenzó a derramar lágrimas dejando su rostro caer en el pecho del chico.
El gomoso hombre estaba muerto.
Luffy, con los ojos aguados, estaba acostado de espaldas a la puerta, con la respiración tranquila y el sombrero tapando su rostro.
Había escuchado al cocinero llamarlo para cenar, pero sin ganas de salir, prefirió quedarse en completa oscuridad en compañía de las múltiples emociones que rodeaban su corazón. Varios minutos más tarde, con ayuda de su Kenbunshoku Haki, notó la furiosa presencia que se acercaba al cuarto, pero ni siquiera se inmutó, sabiendo perfectamente que pasaría a continuación.
—¡LUFFY! ¡VEN AQUÍ GOMOSO DE MIERDA! —El grito furioso de Sanji resonaba desde la cubierta.
Sin moverse un centímetro, el chico se quedó ahí, recostado.
—¡LUUUUUUFFY! —Ahora, al otro lado de la puerta, el chico gritaba hasta raspar su garganta.
— ¡Sanji! ¡Por favor… déjalo! —Su voz…
Rápidamente, Luffy se puso de pie y caminó hasta la desesperada voz de la chica. Le daba igual si el cocinero lo golpeara e incluso que lo asesinara… pero debía ver a su navegante e intentar que detener su tristeza, incluso si eso significara que Sanji le diera su merecido por el horrible acto que había cometido.
—¡Ese imbécil te hizo llorar Nami-san! —Protestaba el cocinero. Abruptamente, el rubio chico abrió la puerta del camarote, encontrándose cara a cara con el inexpresivo capitán.
El pelinegro, bajo la sombra de su viejo sombrero, alcanzó a ver la angustiada expresión de su amada, quien agarraba por los hombros a Sanji en un intento de alejarlo de ahí. Cruzaron miradas un par de segundos, viendo la tristeza en el otro. Luffy iba a abrir la boca, intentando formular palabra alguna para su navegante… pero el fuerte empujón de Sanji lo sacó volando, golpeándose fuertemente contra la pared de la habitación.
—Capitán de mierda… ¡¿Qué le hiciste a Nami?!
— ¡Sanji! —Le exclamaba la chica, viendo perpleja el pequeño show que se estaba formando.
Enojado, Sanji caminó hasta el chico levantándolo por la camisa y arrinconándolo contra la pared, resquebrajándola.
—Sé que eres más fuerte que yo… pero si le hiciste algo a Nami, te juro que te mato.
Luffy no le respondía. Levantó la vista a la fiera mirada del cocinero, y sin expresión alguna, lo miró en silencio. Como si lo desafiara en silencio.
—Gomoso de… —No alcanzó a terminar la frase cuando un fuerte empujón de Luffy lo tiró hacia atrás.
Nami, quien se había dado un par de pasos a sus espaldas, observaba desconcertada la situación. En un abrir y cerrar de ojos, capitán y cocinero comenzaron a pelear violentamente. Luffy daba fuertes golpes al chico en su estómago y rostro, mientras que el cocinero devolvía fuertes patadas, furioso.
— ¡Sanji!… ¡Luffy! —Comenzó a alzar la voz, con el corazón destrozándose aún más de ser posible. Estaban peleando, Nakama contra Nakama por culpa de ella. — ¡Basta!
Se acercó a ambos, intentando agarrar a cualquier de los dos, pero los bruscos y rápidos movimientos se lo impedían. Ambos seguían golpeándose fuertemente, uno en busca de venganza y el otro a modo de desahogo. Sanji levantó el pie con fuerza, incrustándolo en el estómago de Luffy, a quien envió a volar varios metros, cayendo sobre los casilleros del cuarto. En un estruendoso sonido, el metal chocó contra el piso, saltando todo tipo de objetos por la habitación.
—Por favor… chicos… —Ambos seguían sin inmutarse ante la llorosa voz de la chica. —Basta… ¡Basta!...
Apretó los puños frustrada y nuevas lágrimas cayendo por sus mejillas. Cerró los ojos con fuerza, y gritó hasta quedar sin aire.
—¡BASTA MALDITA SEA!
El ruido se detuvo. Pero cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que no fue su voz quien los detuvo. Cientos de brazos sostenían a ambos chicos, alejándolos un par de metros en un intento de tranquilizarlos. Miró a ambos, con las respiraciones agitadas y heridos levemente, mirándose con profunda cólera.
— ¡¿QUÉ RAYOS PASA CON USTEDES?! —Gritaba entre sollozos. Odia esto, odiaba ver como sus amigos se separaban.
— ¡ROMPISTE TU PROMESA IMBÉCIL! —Sanji gritaba con ira ardiente, mirando a su capitán ignorando las palabras de ella. — ¡ME LO PROMETISTE JUSTO DESPUÉS DE LA GUERRA! ¡ME LO PROMETISTE Y NO CUMPLISTE TU PALABRA!
— ¡¿De qué hablas Sanji?! —Preguntó la colorina llorando, en medio de ambos, pero seguían ignorándola.
—No la rompí… lo hice por ella… —Le respondió Luffy fríamente, con el sombrero nuevamente tapando su rostro. —Lo hice para cumplirla…
—¡ENTONCES POR QUÉ ESTÁ LLORANDO!
—¡DEBÍA HACERLO! ¡¿QUÉ NO LO ENTIENDES?! —Explotó el pelinegro, intentando zafarse del agarre de los brazos Fleur de Robin.
La colorina harta de todo, dio media vuelta para salir del cuarto, chocando con la mirada perpleja de sus Nakamas mirando la escena desde afuera.
— ¿Qué demonios le hicieron a Sunny? —Habló Franky, amenazante, mirando a los chicos encerrados. El cuarto estaba destrozado por completo. Múltiples objetos estaban esparcidos por el lugar, las camas echas trizas y las mantas desparramadas por todos lados al igual que la ropa.
— ¿Nami? —Habló su amiga preocupada, llamando su atención.
—Yo… lo siento. Esto es mi culpa… —Apenada, limpió rápidamente las lágrimas en su rostro. Observó al capitán y el cocinero con rabia, quienes ante su mirada, se quedaron inmóviles entre los poderes de la Akuma no Mi.
—Sanji… por favor… no te metas. —Le pidió suplicante. —Sé cuánto te preocupas por mí… pero esto es algo que Luffy y yo debemos resolver. —Con dificultad, miró al capitán tristemente, mezclado con furia.
—Luffy… por favor no sigas con esto. Si lo nuestro se acabó… déjalo así y no causes más alborotos.
Los Sombreros de Paja escucharon en completo shock las noticias. Con la voz temblorosa, la colorina siguió hablando.
—Seguimos siendo Nakamas Luffy… pero si sientes un poco de cariño por mí… por favor… paren de pelear.
Luffy seguía con el corazón hecho trizas, pero tras las palabras de la chica, sabía que nunca volvería a recuperarse por completo. Con los ojos vacilantes y aguados, el chico mantenía su mirada, con el dolor de su alma. Toda esperanza de unir su corazón había abandonado su cuerpo, a pesar de ser él el causante de todo.
Con un suspiro angustioso, Nami dio media vuelta y salió de la habitación, dejando a todos en un incómodo y triste silencio.
Aquel día, fue el fin de la relación entre Luffy, el Rey Pirata y Nami, La Reina Pirata.
Bueno, eso fue el capítulo de hoy... espero que les haya gustado.
Por otra parte, quería responder a una sugerencia que me dijeron por ahí (gracias 3), subiré un pequeño fanfic explicando a detalle lo que ocurrió en el one-shot "Amor de madre", probablemente tendrá entr capítulos para lograr explicar a fondo algunos detalles que se mezclarán con esta historia, así que si les gustó, espero que estén atentos.
Intentaré subir la segunda parte en un rato, o si no, mañana si o si estará frente a sus ojos para que la lean :) ¡Nos leemos! (No olviden dejar sus criticas y/o comentarios ¡Shishishishi!) ¡Adiosito!
