Capitulo 7: De la tierra al cielo… y de vuelta.

Me sentía ligero, más liviano que el aire inclusive. Me vi volando, pero no podía ver nada alrededor mío, excepto por una luz, en el horizonte. Mis patas comenzaron a llevarme con un trote ligero y calmado hacia esa luz… cada vez la veía más cerca… y ya no era una luz… veía una entrada y un paisaje casi paradisiaco al otro lado de una reja dorada. Estaba a unos escasos metros, la belleza era impresionante; cuando de repente se abren las puertas, de par en par, pero no entré. Me quede mirando la belleza divina de ese lugar, vi a muchos pegasos, ponis de tierra y unicornios, felices disfrutando del pasto, el viento era fresco y calmaba al espíritu y el sol entibiaba el ambiente. Pude haberme quedado ahí para siempre, pero una voz muy familiar me interrumpió.

- ¿Y tú qué haces acá?

Fijo mi mirada en la figura que estaba acá, mis ojos no creían lo que veían… ¡era Twilight!, pero no como la recordaba, sino como fue en su juventud. Sin vacilar le respondí.

- He cumplido con la promesa que te hice hace tanto… te prometí proteger Equestria… rindiendo mi vida si fuese necesario… y pues acá me tienes… morí por Equestria, por darle la paz que había perdido… o por lo menos para evitar otra guerra.

Mientras le decía esto, le mostré las heridas que habían dejado los clavos en mis patas, los orificios aún estaban abiertos y sangrantes, pero no me dolían. Luego de esto, se acercó una figura llena de luz… sólo pude hacer una profunda reverencia ante esta figura luminosa… era el padre de Celestia y Luna… era nuestro dios.

- Hijo mío… hemos visto cómo entregaste tu vida con tal de proteger la vida de tus otros hermanos. Sin embargo, aún debes completar otra misión; aún no es tiempo de que entres a mis dominios. Por lo tanto, te enviaré de nuevo a la tierra… debes de acabar con la última amenaza en Equestria, tu deber será eliminar al mal encarnado y se ha revelado en las tierras que reinan mis hijas.

Una vez dijo esto, las dos figuras se adentraron nuevamente hacia el paraíso, y cerraron tras de sí las puertas. Yo sólo sentí una fuerza que me arrastraba lejos de este paraíso, comencé a alejarme de esta luz, y volvió a ser de nuevo sólo un punto de luz en medio de la oscuridad…

Desperté en una habitación blanca, casi inmaculada. Estaba acostado en una cama igual de blanca, traté de moverme, pero el dolor me paralizo inmediatamente y me hizo desistir de la idea. Solo pude hablar (ya que en esos momentos, era lo único que podía hacer sin problemas).

- ¿Hay alguien por ahí?

- Vaya, ya ha despertado coronel.

Se acerca una figura, era una unicornio blanca, vestida de enfermera, su crin era de un color rosa pálido, sus ojos eran de una negro profundo, pero brillante a la vez; y sus facciones eran delicadas y fluían con gracia.

- Todos en Canterlot estaban muy preocupados por usted, coronel.

- ¿Y por qué se habrían de preocupar por alguien como yo?

- ¿Cómo qué por qué?

- Sólo soy un soldado… que no entiende cómo es que ha sobrevivido.

- Bueno… ahora no es sólo un soldado… ahora es un verdadero héroe.

La enfermera se dio media vuelta y tomo con su hocico un diario, y me lo paso para que lo pudiera leer. Como pude me acomodé hasta quedar semisentado en la cama del hospital. Acerque el diario hasta donde pude verlo. En grandes letras impresas de una sucia tinta negra estaba escrita la leyenda "LARGAS VIGIAS EN TODA EQUESTRIA POR LA SALUD DEL CORONEL BLACKSUN – CANTERLOT SE HA CONVERTIDO EN EL EPICENTRO DE LAS VELADAS"

- No lo entiendo… no entiendo nada de esto…

- Es normal que no lo entiendas… llevas tres días inconsciente, en un sueño muy profundo… muchos creíamos que ibas a caer en coma… incluso que morirías… pero por gracia de los dioses no ha sido así.

Luego de decir esto, la enfermera llenó unos papeles y luego se alejo, enfilando hacia la puerta, pero antes de irse, me dijo algo…

- ¡Ah!, se me olvidaba algo, tienes una visita muy importante… y creo que ella también desea mucho verte.

Cuando dijo esto, me guiñó un ojo. No entendí bien a la primera, pero sólo me recosté y cerré mis ojos, tratando de relajarme… mis heridas dolían, pero no tanto como antes… de seguro eran por las infusiones intravenosas que tenía conectadas. Comenzaba a quedarme dormido, cuando siento que la puerta se abre y unos pasos se acercan a mi cama, vuelvo a abrir los ojos y la veo… ahí estaba la Princesa Luna, escoltada por dos Guardias Nocturnos, de los cuales uno de ellos comenzó a hablar.

- Presentando a su etérea majestad, empera…

- Creo que podemos prescindir de las formalidades, soldado.

- Como usted diga, su majestad, lo siento mucho.

- No hay nada que perdonar, ahora, os pido que se retiren, deseo estar a solas con el coronel.

- Como usted diga, su majestad.

Los dos guardias se retiraron de la habitación, un poco extrañados por la orden. Quedamos los dos, en absoluto silencio, sólo nos miramos mutuamente por un momento. Yo cerré los ojos y bajé la cabeza, para poder hablar sin sentirme incómodo

- Su majestad… yo…

Pero me vi interrumpido, sólo sentí calor… un calor que no provenía ni del fuego ni del sol… era una calor corporal, levanté la cabeza y abrí los ojos… y la vi… abrazada a mí, su cabeza estaba apoyada en mi cuerpo, sus patas delanteras me tenían firmemente abrazado del cuello, por su rostro rodaban lágrimas.

- No sabes la alegría que me da verte bien… verte vivo… ya no sufres… ya no sientes dolor…

- Era mi deber hacerlo.

- Tu deber era luchar contra el rey… pero jamás era tener que sufrir ese calvario.

- ¿Pero sigo sin entender algo?

- ¿Qué?

- ¿Cómo es que llegue hasta acá?... y más importante… ¿cómo sobreviví a la crucifixión?

La princesa se alejo de mi, soltándome, se sentó y secando sus lágrimas contó como todo había ocurrido.

*Inicio del Recuerdo*.

A las afueras del coliseo, el carruaje que llevaba a la princesa Luna seguía estacionado afuera… y adentro de él, la princesa seguía sentada, llorando mientras veía al coronel Blacksun entrando a las entrañas de esa mole de piedra. Mientras la figura del militar se perdía en las sombras, una voz le sacó de su abstracción.

- Princesa… ¿no va a entrar?

- ¿Con qué objetivo?... no… no pienso ver morir a mi…

- ¿Su qué, alteza?

- A mí soldado… no es más que eso… y no puede ser más que eso…

- Princesa… ¿acaso usted?…

- ¡No hables tonterías!

- Aún no contesta mi pregunta, su alteza.

-

- ¿Y bien?

- ¡No lo sé, está bien, no lo sé!... estoy tan confundida… mi razón dicta que guarde distancia… pero mi corazón dice todo lo contrario.

- ¿Y a quién piensa escuchar?

- No lo sé…

- Su alteza, si me permite opinar, la razón se puede equivocar muchas veces… pero los sentimientos nacidos de un corazón puro siempre son acertados.

Estas palabras causaron algo en la princesa, que abandonó el coche a toda velocidad, corriendo directamente hacia el coliseo… subió escaleras y recorrió todos los pasillos, esquivando a cuanto grifo se le cruzará. Finalmente llegó hasta el asiento que le estaba reservado. El sol la encegueció un poco, pero pronto adaptó su vista para el pesado sol que caía sobre el coliseo. El horror inundo su vista cuando vio la escena en que Black tenía al rey Nabucodonosor en el suelo… y se alistaba para asesinarlo…

- No… no lo hagas… por favor… ese no eres tu… no eres aquel de quien…

Pareciera que sintió la mirada fija que le dio a Black, porque de inmediato bajo su espada… y algo en su presencia… algo se libero… se hizo menos oscura… menos maligna.

Luna se relajo al ver que desistía de sus intenciones… pero su relajo duró poco… su espíritu se congelo cuando Black había renunciado al triunfo.

- ¿Qué haces? – se dijo a sí misma, como tratando de hablarle a Black - ¿qué es lo que estás haciendo?

Luna se quedó ahí, viendo como se proclamaba al rey grifo como vencedor, como los guardias tomaban apresado a Black, vio como el pueblo lo condenaba a la crucifixión… pero definitivamente, su espíritu comenzó a desgarrarse cuando comenzó la ejecución. Cada golpe de martillo… cada grito de dolor… el sonido del hierro de los clavos abriéndose paso por entre la carne y el hueso… era como una apuñalada directa a su corazón. Nuevamente comenzaba a llorar.

- ¿No van a hacer nada? – le dijo a los dos ministros que contemplaban inmutados la escena.

- No podemos hacer nada, su majestad – le respondió uno de ellos.

- ¿Cómo que no podemos hacer nada?

- El coronel Blacksun se rindió, sabía perfectamente que pasaría si declaraban al rey Nabucodonosor como vencedor.

- Eso… eso significa entonces que…

- Lo siento… pero mejor será que volvamos a Canterlot.

Los dos ministros se comenzaban a retirar, pero Luna se quedo ahí...

- Váyanse ustedes.

- ¿Perdón?

- Vayan a Canterlot.

- ¿Y usted que va a hacer, su majestad?

- Voy a intentar algo.

Después de que dijo eso, Luna comenzó a correr por los pasillos del coliseo, tenía una idea en mente… y esperaba que resultara.

Después de un momento, entró a un camarín dentro de las entrañas del coliseo, ahí estaba el rey Nabucodonosor, sacándose la armadura y sorprendiendo al rey de los grifos.

- ¡Princesa Luna!, ¿qué hace usted acá?

- Vengo a pedirle un favor, su majestad.

- Entonces… adelante.

- Vengo a pedirle me permita rescatar al coronel.

- Me encantaría concederle esto, su majestad… pero mi pueblo ha hablado. Además, el coronel Blacksun sabía perfectamente que ocurriría si perdía la batalla… incluso si el mismo se rendía.

- ¡Pero debe de haber algo que podamos hacer!

- Lo lamento mucho, princesa Luna… pero ya no hay nada que podamos hacer.

Cuando termino de decir esto, el rey comenzaba a retirarse del camarín, pero hubo algo que le detuvo.

- Es que acaso ya han olvidado sus tradiciones – le dijo Luna, con la vista fija en el vacío, sin mirar al rey Nabucodonosor.

- ¿Perdón?

- Su cultura… su historia… su gente siempre ha apreciado el valor y el honor.

- ¿Y eso que tiene que ver?

- Pues creo que no ha habido mayor muestra de valor y honor que la que ha demostrado el coronel hoy en la arena.

- ¿A qué se refiere con eso?

- El coronel pudo haberle matado en cuanto lo tuvo a su merced… pero no lo hizo. Se entrego de forma voluntaria para un juicio popular y enfrentó sin vacilación y sin miedo no sólo a usted, sino que a la voluntad del pueblo, a su sentencia y a la muerte.

El rey no pudo contestar, se quedó helado ante tal panorama, bajo la vista y su mirada cambio… miraba casi como si se hubiera dado cuenta de que acababa de cometer un gran error… y debía de ser corregido ahora.

- O por… ¿pero qué hemos hecho?... ¡pronto, princesa Luna, acompáñeme!

Y los dos corrieron hacia el medio de la arena. El sol pego implacable sobre los cuerpos del grifo y de la alicornio. El calor pesaba en todo el coliseo y en medio de la arena solo estaban dos guardias grifos y el condenado a muerte, ya en proceso de dejar este mundo. El olor a sangre era fuerte, el coliseo enteró seguía atónito frente a la horripilante escena que estaba presenciando. Los guardias se quedaron platicando al lado de la cruz, mientras Black comenzaba a respirar difícilmente, su sangre brotaba a borbotones y caía en la arena, sus cabellos le cubrían el rostro, el cual sudaba por el impresionante calor. Los dos monarcas se acercaron donde los guardias.

- ¡Pronto, ustedes dos, vayan a buscar unas pinzas, unas cuerdas y un botiquín… vamos a rescatar a este pony ahora!

- ¡Si señor!

Los dos guardias salieron corriendo de la arena, y fueron a buscar lo que le pidió el rey. Volvieron con lo pedido y rápidamente bajaron la cruz, Black prácticamente ya no respiraba y había perdido la conciencia, además de muchísima sangre. Con las pinzas quitaron los clavos de sus patas y con una espada cortaron las cuerdas que le sostenían en el travesaño. Con las vendas cubrieron las heridas que dejaron los clavos, pero pronto se empaparon de sangre. El rey mano a buscar el carruaje de la princesa que aún estaba afuera, el carruaje entro en el coliseo y subieron al mal herido Black y a la princesa.

- Muchísimas gracias, su majestad– le dijo Luna al rey Nabucodonosor.

- No hay de que, su majestad… pero será mejor se lleven ahora al coronel.

El carruaje salió del coliseo a toda velocidad, con órdenes de ir directamente al hospital del Canterlot. Cuando se fue, el rey le habló a su pueblo.

- ¡Pueblo mío!, se que os confunde este repentino cambio de planes… pero he de decir… que en el coronel Blacksun no he visto mayores ejemplos de honor, valentía, entrega, honestidad y sacrificio que no se habían visto desde nuestros antepasados, que lucharon y triunfaron valientemente en defensa de estas tierras. Es por eso que he decidido perdonarlo y dejar que viva, y si llega a morir, que reciba los honores funerarios en su tierra. Él solo luchaba por lo que creía correcto, tal y cual lo haríamos todos nosotros si nuestra patria nos los pidiese así. Su ejemplo ha de ser tanto para su raza como para la nuestra, pues él encarno los valores que tanto apreciamos… compatriotas míos, ¡aprended de su ejemplo, pues otro ser como él no habrá sino hasta mucho tiempo!

Los grifos que estaban ahí se conmovieron con las palabras de su monarca y comenzaron a aplaudir ruidosamente, mientras la carroza iba a toda velocidad hacia Canterlot…

La carroza tardo unos 30 minutos en volver a toda velocidad a Canterlot, atravesando las atestadas calles de la ciudad capital, se estaciono frente al hospital. La primera en bajarse fue Luna, que entró abruptamente en la recepción del hospital.

- ¡Pronto, traigan una camilla!

- Su majestad… - le contesto una enfermera - … es un verdadero honor y una sorpresa tenerla acá, pero ¿qué ha ocurrido?

- ¡Tan solo obedezcan! – reclamo la princesa, usando la voz real de Canterlot (asique podeos imaginar el tremendo ruido que provoco).

A la orden de la princesa, apareció una camilla y tres paramédicos, Luna los llevó hasta la carroza y les indico que tenían que hacer con Black. Le subieron a la camilla y entraron corriendo a la sala de urgencias mientras Black trataba de mantenerse con vida.

- ¡Oh por Celestia, ¿qué le han hecho a este pobre pony? – pregunto asombrado uno de los paramédicos.

- Le han crucificado – contesto Luna.

- ¡¿Qué?

- Así como lo oyen… pero luego os daré las explicaciones del caso, por ahora… ¡apurémonos!

Ya comenzaban a acercarse a la sala de urgencias, cuando otra enfermera se acerca a Luna y la aleja de la camilla, que siguió su camino hacia adentro de la sala.

- ¿Qué ocurre, por qué me detienes así?

- Su majestad, lo siento mucho, pero no puede entrar a la Sala de Emergencias… es solo para el personal del hospital.

- Pero…

- Si así lo desea… puede quedarse en la sala de espera, a ver que dice el doctor sobre el estado de su… amigo.

- Bueno, si así debe ser, que así sea.

Luna se sentó tranquilamente en la sala de espera. La enfermera la entrevisto para tomar los datos de identificación del recién internado. Era obvia la impresión que causó su presencia en la sala de espera del hospital, pero ella pareció no notarlo, estaba más preocupada por otra cosa.

Pasaron una… dos… tres horas, los ponys salían y entraban al hospital. Finalmente, salió de la sala de urgencia un doctor…

- ¿Algún acompañante del paciente Blacksun?

- Si, yo doctor – respondió la princesa Luna - ¿cómo se encuentra?

- Pues… eso sólo el tiempo lo dirá.

- ¿Por qué dice eso, doctor?

- Su majestad… el hecho de que Black aún respirara cuando llegó acá nos sorprende. Ha perdido mucha sangre y su actividad metabólica, cardiaca y cerebral aún es muy baja. Hemos podido parar la hemorragia, pero lo tendremos bajo observación en Cuidados Intensivos. Por ahora él no puede salir de este hospital, de lo contrario…

- ¿De lo contrario qué?

El doctor bajo la mirada, y siguió hablando calmadamente.

- De lo contrario… podría morir.

Luna comprendió de inmediato lo importante de que Black quedara internado… y aunque le dolía tener que dejarlo ahí, aceptó.

- Muy bien doctor, si así debe de ser, pues interne al coronel Blacksun.

- ¿Y quién correrá con los gastos médicos?

- No se preocupe de eso doctor, yo me encargaré de financiar todo.

- Es muy generoso de su parte, su majestad.

El doctor se alejo a hacer los papeleos para poder oficializar el internamiento de Black. Mientras Luna volvía al palacio… esperando que Black se recuperara por completo.

Las horas pasaron y se transformaron en días, mientras en el hospital mantenían a Black con sueros y transfusiones de sangre cada cierto tiempo; Luna miraba el horizonte desde la ventana de su habitación, perdida en sus pensamientos. Alguien llama a la puerta y Luna despierta de su abstracción.

- Adelante.

Por el umbral de su puerta entra otra alicornio, de pelaje blanco, un poco más alta que ella, su crin era de colores suaves y su corona evidenciaba su autoridad… era su hermana, la princesa Celestia.

- Luna, pequeña hermana, ¿estás bien?

- Si, si lo estoy Tia, muchas gracias por preocuparte de todas formas.

- Pero no has comido nada en días, ni siquiera has salido de esta habitación.

- No he tenido apetito.

- ¿Sigues preocupada por él?

- ¿D-De quién me hablas? – dijo un poco sorprendida y nerviosa por la pregunta.

Celestia rio un poco, apenas un risilla, y se acercó a su hermana, abrazándola con una de sus alas.

- ¡Ay hermanita!… ¿y tú crees de verdad que no me di cuenta de la forma en que le mirabas?

- Sigo sin comprender nada de lo que hablas Tia… – dijo Luna, mientras trataba de ocultar su nerviosismo con una sonrisa fingida (y esa actitud de caricatura japonesa cuando te atrapan y tratas de ocultar algo).

- Pues al coronel Blacksun.

Luna sólo bajo un poco la cabeza, tratando de desviar la mirada de los ojos de su hermana. Celestia acerca su cabeza a la de Luna y la frota en señal de cariño; y sin despegarse de ella le comienza a hablar.

- Es normal que estés confundida… después de tanto tiempo sola… pero lo que sientes no es malo, es bello y es absolutamente natural.

- Pero… él es un soldado… es imposible que llegue a pasar algo entre nosotros.

- Bueno hermana, eso sólo tú lo puedes decidir.

- ¿Qué quieres decir con eso?

Celestia se levantó comenzó a alejarse para dejar a su hermana, pero antes de marcharse, se detuvo bajo el umbral de la habitación de su hermana y giro su cabeza para verla un poco y decirle algo.

- Sólo te puedo recomendar una cosa, querida hermana.

- ¿Qué sería?

- Escucha a tu corazón… y escúchalo con suma atención.

Luna pareció comprender estas palabras… y sonrió mientras miraba el atardecer desde su ventana. De repente, el mundo se le hizo un mejor lugar, se hizo más bello frente a sus ojos, aunque en si no haya cambiado nada. El viento se hizo más fresco, el calor del sol que comenzaba a retirarse era más agradable, los pájaros cantaban mas armoniosamente, en fin, todo le parecía idílico en esos momentos… cuando se dio cuenta de todo… cuando sus dudas se aclararon… ahora estaba segura de lo que sentía… y sobre todo… ahora estaba feliz.

Los días pasaron, Luna iba todos los días al hospital a ver como se encontraba Black, se sentaba al lado de su cama y no se despegaba de ahí por tres e incluso cuatro horas. Le gustaba conocer cada detalle sobre el estado de Black… y los doctores le respondían de buena gana, aunque algo nerviosos (después de todo, no tienes todos los días a una princesa atenta a cada palabra de jerga médica que tú digas). Dentro de los pasillos del hospital ya corrían rumores sobre la verdadera relación entre la princesa y el soldado, y pese a que los doctores trataban de acallar esos chismes, a Luna no le molestaba en lo absoluto.

*Fin del Recuerdo*

- … y bueno, acá estamos.

- Wow… ha tenido grandes aventuras, ¿eh alteza?

- Creo que podemos dejar de lado las formalidades, Black.

- ¿Y cómo desee que la trate, su majestad?

- Pues… por ahora puedes dejar de decirme "su majestad" o "su alteza", puedes llamarme por mi nombre.

- Bueno, como usted lo desee su majes… perdón… como quieras, Luna… ¿así está bien?

- Jiji… está perfecto - dijo Luna, sonriendo.

- Bueno, si así lo quieres… aunque creo que me voy a tener que acostumbrar a tratarte así.

- Pero ahora lo estás haciendo a la perfección.

- ¡Claro!... pues porque ahora lo recuerdo… cuando me conozcas mejor vas a ver que soy bastante olvidadizo.

Luna sólo se puso a reír… su risa era como una dulce melodía para mis oídos. Nos quedamos así un rato, conversando de todo y nada al mismo tiempo, pero yo apreciaba mucho ese tiempo junto a ella. Sentía a Luna más abierta, más cercana a mí… y yo también me hice mucho más cercano a ella. La verdad es que ella me tenía absolutamente absorto en sus ojos, me perdía en ellos en cada momento… ahora estaba completamente seguro… estaba perdidamente enamorado de ella… quería gritarlo a los cuatro vientos y predicar mi felicidad… pues veía en su mirada que ese amor era correspondido… por fin en mucho tiempo, volvía a ser feliz… a ser feliz de verdad.

Luego vino la parte más difícil: la rehabilitación. Después del trauma que recibieron mis patas, debía acostumbrarlas nuevamente a que soportaran el peso no sólo de mi cuerpo, sino que también de la armadura. En esto tuve que ser sumamente cuidadoso, pues nadie quería que nuevamente me lastimara… especialmente Luna. En las primeras sesiones el dolor sobre mis patas era casi insoportable, pero no iba a rendir fácilmente… después de todo, ya combatí a dos legiones de rebeldes, pelee contra el Rey de los Grifos y soporte las torturas de la crucifixión… ¡no pensaba rendirme a estas alturas de la vida y dejar que unas heridas me derrotasen! Además… ya contaba con el apoyo de alguien especial, lo que me daba más fuerza para lograr volver a estar en mis condiciones anteriores.

Tuve que quedarme por lo menos un mes más en el hospital, curando mis heridas y acostumbrándome a volver a caminar. Tuve la suerte de poder ver mis radiografías… fue escalofriante ver mis huesos hechos polvo después del paso de los clavos por mis patas. Pero con los cuidados del hospital pude en poco tiempo estar curado por completo, pero claro estaba que las cicatrices quedarían ahí… como un recuerdo de cuando casi morí… de mi tortura… de ese dolor casi infernal que significaba esa cruenta ejecución… cuando conocí el cielo… y me mandaron de vuelta.