Mil gracias por los reviews, siempre me animan y me dan mucha inspiración. Sobretodo las ocurrencias de algunos (Pollo crudo, elefantes) XD
Hoy tenemos lemon XD. Si no les gustan ese tipo de escenas, no lean. Por algo esta historia es M, Mature! Advertencia hecha!
Disclaimer:RK, sus personajes y trama no me pertenecen. Pertenecen a N.Watsuki. Sólo los emborraché un poco para que participaran en mi fic.
Desatando la Pasión:
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7. Su Favorita.
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Cómo no pudo prevenir esto?
Cómo pudo enamorarse de un paciente?
En el preciso instante en el que supo que había tal sentimiento de su parte, debió haber transferido el caso!
Enamorarse de un paciente era algo que siempre traería problemas para un terapeuta. No sólo el prestigio del profesional se daña, la confianza se desvanece y se crea más inseguridad en la persona. La consulta perdería algo de su credibilidad, hasta podría quedarse sin trabajo.
Sin mencionar la tristeza que se siente cuando el amor no es correspondido.
Además, Kenshin estaba casado aún. Si se llegaba a saber que ella estaba interesada él, los rumores arruinarían su carrera. Y no sólo dirían eso, podrían hasta inventar una relación extramarital entre ellos!
Si eso llegaba a oidos de Tomoe, posiblemente ya no seguiría con Kenshin.
Enishi la despreciaría y se obsecionaría aún más con la idea de no dejarle trabajar.
Fui descuidada...esto me pasa por dejarme llevar sin pensar en las consecuencias.
"Sucede algo, Kaoru-san?" Preguntó Elizabeth.
"Si Kaoru-chan...Hay algún problema?" Dijo Gensai.
Kaoru miró a Gensai y tuvo miedo. Admiraba a su mentor por ese gran talento que poseía y que a veces se le hacía peligroso. Cuando uno lo miraba, se sentía desnudo. Como si desaparecieran esas barreras que protegen los sentimientos. Él la conocía desde pequeña, lo cual hacía aun más desaventurada la situación.
Y si, la pelinegra tenía una gran objeción en contra de que le quitaran a su Kenshin, pero revelar su disyuntiva sería sospechoso.
Le preguntarían por qué estaba tan ligada a un cierto paciente y ese sería su fin. Por mas mentiras que pudiese inventar...la inseguridad la estaba carcomiendo.
Nadie puede saberlo. Nadie.
Amaba a Kenshin pero...
No tengo voz en este asunto. Jamás fue parte de mi jurisdicción.
Es mi culpa...
La pelinegra esbozó una sonrisa amarga.
Parece que yo soy la única que saldrá mal en esto.
Estoy protegiendo a mis cercanos y a mi trabajo...Pero que hay de mi?
Quisiera ser realmente feliz algún día...
"No tengo ninguna objeción" Mintió. "Me alivia mucho esta noticia, la verdad. Megumi y yo alucinabamos ya con unos días libres, no es asi, Kitsune?" Decidió aliviar la tensión con una broma.
Megumi la miró inquieta. Claro que sabía que Kaoru estaba tramando algo hace unos dias, normalmente ella no sonreía y no era tan risueña. Sin embargo ella cambió desde que...
Sus ojos se expandieron con sorpresa.
Takani lo descifró. Tanuki había cambiado...desde que Kenshin llegó!
Se moría se ganas de saber que era lo que realmente pasaba, asi que por hoy, le salvaría el pellejo a su amiga. "Tuve que trabajar un Domingo! Domingo, Gensai!! Eso es normal?!" Se quejó con ambas manos en sus caderas.
Elizabeth rió, sin percatarse de nada.
"Oh, chicas. Compré tantos recuerdos en Osaka. Pero no me olvidé de ustedes! Traje regalos!" Dijo la joven esposa.
Así se entretuvieron un rato, relatando sus vivencias en aquel viaje tan corto. Megumi recibió un reloj, el cual miró con decepción.
"Lo siento, Megumi-san" Se disculpó con su acento inglés. "Nos conocemos de tan poco tiempo, no sabía que elegir."
"Yo entiendo." Dijo Takani con una finjida sonrisa.
Kaoru recibió un libro empaquetado. Estaba por rasgar el papel cuando Elizabeth la detuvo.
"Por favor Kaoru-san! No lo abra aún." Ella sonrió con complicidad. "Ábralo cuando desee algo de creatividad...Usted comprende." Le guiñó un ojo.
Kamiya la miró con extrañeza, sin embargo obedeció.
La plática siguió normal, a pesar de haber viajado por tan poco tiempo, había muchas historias. Básicamente eran los chascarros de Gensai, sus constantes olvidos y como fue que terminó colgado de un árbol después de una fiesta en donde se emborrachó a más no poder.
Se respiraba un buen ambiente, lleno de risas.
Pero, en el fondo, Kaoru luchaba por sonreir.
La verdad era que quería llorar. Llorar como hace años que no lloraba.
Llorar tanto como esas noches en la casa de los Yukishiro.
Quería llorar por haber sido tan tonta. Quería llorar porque se había enamorado. Quería llorar porque no era correspondida. Quería llorar porque amaba a Kenshin como no podría amar a nadie pero que jamás podría tenerle...
Por qué molestarme? Él no me ama.
Sería una lucha perdida.
Era una chica romántica, pero también era realista.
"Lo siento mucho, pero ya es muy tarde. Debo ir a casa." Dijo Kaoru. "Mañana hay trabajo."
"No quieres que te llevemos, Kaoru-san?" Ofreció Elizabeth.
"Muchas gracias, pero no quiero ser una molestia. Además mi casa está cerca." Rechazó la pelinegra de la manera más cortés que pudo.
"Descuida, Eliza." Dijo Megumi con voz sorna. "Tanuki siempre espanta a los que intentan atacarla, verdad?"
Kaoru la miró con la ceja levantada mientras se encaminaba a la puerta y la abría.
"Ten cuidado, Kaoru-chan." Gensai la miró con preocupación.
"Estaré bien." Kaoru no le miró mientras se ponía su abrigo y salía a la calle, cerrando la puerta tras de sí.
Kamiya jamás se percató que su jefe, Gensai, la miró fijamente en todo momento mientras charlaba.
"Por favor, Enishi." Rogó Tomoe.
Enishi la miró con molestia. "No pienses que todo será tan fácil. Nos debes muchas explicaciones, Nee-san."
Tomoe miró sus manos con tristeza. Estaba sentada en el gran sillón de cuero de la sala de estar de la mansión Yukishiro, a su lado estaba su hermano menor, Enishi.
Se había quedado sin trabajo. Su jefe la descubrió saliendo del camarín con Akira justo cuando iba a regañarle el no haber atendido su turno. Eso había sido suficiente para que le diesen el sobre azul.
Ya no tenía como sostener la casa que ellla y su marido habían comprado. De todas maneras, no quería volver ahí. Akira sabía la dirección y la encontraría nuevamente.
"Me quedaré aquí por un período corto, Enishi. No te causaré problemas."
"Jamás dije que tu entrada a esta casa estuviese prohibiba." Dijo él. "Pero como tu bien sabes, no puedes simplemente ir y venir a donde se te dé la gana sin dar alguna explicación. Y eso es lo que te exijo."
Ella titubeó, sin embargo, terminó accediendo.
"Tu recuerdas como era mamá. Siempre soñó con mi matrimonio, yo con un vestido de novia hermoso, casándome con algún tipo rico. Arregló muchas citas para mi, pero todos ellos eran tan falsos, sólo perseguían la herencia de papá. Huí porque ya estaba cansada de esa vida, de no haber sido asi, habría terminado odiándolos a todos."
"No se te ocurrió pensar en cómo se sintió mamá al saber que te habías ido?" Enishi la miró con tristeza. "Cuando te fuiste, ella se volvió una mujer tan fría, sumando también que para ese entonces papá había muerto, y ella tuvo que administrar todo..."
"Pero ahora eres tú el que está a cargo, ella te transfirió todo...siempre es amable contigo." Repuso Tomoe.
"Pero con Kaoru nunca lo fue." Dijo él con rabia. "Sabes que nunca perdió la oportunidad de humillarle, nunca la sintió como una hija. Más bien para ella era una extraña. Jamás olvidaré las lágrimas de Kaoru...Papá ya había muerto y yo no me atreví a protegerla"
Tomoe compartió su pena. Ella lo había visto con sus propios ojos, las humillaciones que recibió Kaoru a espaldas del Sr.Yukishiro cuando estaba vivo, se repitieron aún con más frecuencia luego de que este hubiese muerto. Tomoe jamás entabló una amistad en su totalidad con Kaoru, pero le apreciaba. El haber crecido juntas, a pesar de lo mucho que pelearon, hizo que se diera cuenta que ella era lo más parecido a una amiga en su vida, ya que Tomoe nunca fue una persona muy sociable.
Aunque debía admitir que muchas veces le tuvo envidia. Kaoru siempre tuvo mucha más atención de su padre, el Sr. Yukishiro. Él siempre le trató como una princesa, dándole lo mejor...hasta el día de su muerte, cuando pidió hablar con ella; minutos antes de morir. Nadie supo que le dijo, pero seguramente fue algo importante, ya que la quinceañera Kaoru no fue la misma luego de ese acontecimiento.
Pero estas serían las preguntas que siempre estarían a los corazones de Enishi y Tomoe a pesar de que hubiesen pasado 12 años desde la muerte de su padre. Por qué el Sr.Yukishiro adoptó precisamente a Kaoru? Por qué le tenía tanto cariño? Ella siempre fue su favorita, fue a la que siempre protegió...Por qué su madre la detestó tanto? Por qué..?
...Cuál es esa relación tan compleja con Kaoru que su padre jamás les reveló?...
"Por favor continua, Nee-san"
"Esta bien." Tomoe recuperó el hilo de su explicación. "Cuando me fui, usé mis ahorros en arrendar un apartamento y busqué trabajo inmediatamente. Encontré un trabajo de camarera que por el momento me sustentó bien con las propinas. Comencé a interesarme en el jazz y cuando la situación me lo permitió, entré a una pequeña escuela en los suburbios. Ahí me enseñaron muchas cosas y cuando pude graduarme en unos pocos meses encontré trabajo al instante, en el club jazz, Pure & Sweet. Con ese trabajo tenía dinero más que suficiente. Fue ahí cuando conocí a Kenshin."
Enishi arrugó la nariz. Tomoe se detuvo, sabía a su hermano no le agradaba nada Kenshin.
"Continúa" Dijo el, intentando ocultar su molestia.
"Él solía frecuentar el club, ya que era muy amante de la música. Pero es muy tímido, yo tuve que dar el primer paso." Dijo con cariño. "Comenzamos a salir y pronto me pidió que nos casaramos, luego de que yo se lo insinuara muchas veces..."
"Esta bien, entiendo" la cortó Enishi. "Entonces como es que tu marido no cuida de ti?"
Tomoe agachó la cabeza con vergüenza. "Yo...le engañé con un amigo suyo de la infancia...Por eso él ya no me ama."
"..." Enishi estaba estupefacto. Jamás habría esperado algo así de su hermana. "Qué has dicho?..." Siseó.
"Kenshin nos descubrió en nuestra cama matrimonial...A mi y a Akira Kiyosato..." Ella pudo haber mentido, pero simplemente no podía mentirle a su hermano menor, la única persona que iba a acogerla luego de lo que había hecho.
Enishi le miró furioso. Esa mujer ya no parecía su hermana, con la mandíbula apretada y luego de un cargado silencio; habló.
"Puedes quedarte aquí cuanto desees. Pero no te me acerques en unos dias, no quiero verte, entendido? O haré algo de lo que me voy a arrepentir." Le amenazó. "No creí que fueses ese tipo de mujer, Tomoe. Me avergüenzas." Era la primera vez que se refería a su hermana mayor sin el honorífico.
"..." Tomoe no dijo nada. Sabía que se merecía ese trato tan frío. Simplemente asintió.
"Estás muy pensativo."
Sano se sobresaltó. Miró a Kenshin con nerviosismo, quien en ese momento estaba mirando por la ventana. Sanosuke había asumido que Kenshin no se había dado cuenta de su comportamiento, pero al parecer..se había equivocado.
"No es nada." Dijo sentado en el suelo mientras se rascaba la nuca.
Kenshin le miró. "Esta bien, Sano. No me cuentes" repuso con una voz gentil. Volvió a fijar su vista al cielo a través de la ventana.
Entonces, una maliciosa sonrisa apareció en sus labios. Algo nada común en él.
"Después de todo..." Dijo con una peligrosa voz, Sano miró la espalda de Kenshin con sorpresa...Kenshin rara vez hablaba así. Era como si estuviese poseido. "Yo jamás te preguntaría cosas personales, al contrario de otras personas que siempre buscan meter su nariz en todo..."
Los ojos castaños de Sanosuke se expandieron con rabia. Con brusquedad agarró a Kenshin del cuello de la camisa, tirándole de espaldas al suelo. Rodeó su cuello con un brazo, inmovilizándolo, mientras levantaba su puño; amenazándole.
"Que quisiste decir, eh? ¡¡Himura Kenshin!!" Gritó
"Es..espera, Sano. Era una broma.." Dijo con su sonrisa típica.
"Demasiado tarde,..." Declaró Sano. "CONOCE MI NUEVA TÉCNICA!!"
Sano comenzó a darle fuertes jabonadas en la cabeza a Kenshin, sin piedad. El pelirrojo sólo podía retorcerse, mitad riéndose y mitad quejándose del dolor.
"Cómo te atreves, Kenshin! Te haré tantas jabonadas, ¡¡que pedirás morir!!" Decía mientras aplicaba más fuerza en su puño, despeinando más a su amigo.
"Ah! Ya! Por favor Sano!" Dijo él, sofocado. "Lo siento!" Realmente la combinación de risas y jabonadas hacía menguar hasta la más ferréa voluntad.
"...Esta bien." Sano le soltó y Kenshin pudo normalizar su respiración.
"Heh.." Himura puso una mano sobre su cabeza. "Tu técnica ha mejorado" Dijo, aún bromeando.
"...Por qué dirías tal cosa antes? Eh?" Dijo Sano con seriedad.
"Lo siento si te molestó, es sólo que estabas demasiado adentrado en tus pensamientos y me preocupé un poco. Además... no puedo negar que me interesa mucho saber que pasó hoy con Megumi-san" Dijo sonriendo.
Sano se sonrojó un poco y miró hacía otro lado. "Y eso que yo soy el que mete su nariz en todo..." Espetó. "No...no fue nada especial, sólo charlamos y...bueno, simplemente le invité a salir mañana..."
"Lo hiciste?" Dijo con sorpresa. "Y ella que dijo?"
"Dijo sí."
Kenshin sonrió. "Eso es bueno. Estoy seguro de que esta vez las cosas saldrán bien para ustedes."
Sano miró al suelo. "Ese es el problema. Cuando estuvimos aquí, comenzamos a platicar de forma tan amena...pedirle que tuviesemos una cita fue algo totalmente inconciente. No sé que voy a lograr saliendo con ella, lo más seguro es que todo términe de la misma forma que la primera vez.." Dijo con pesimismo. "Digo...ella me gusta pero, si voy a salir mal parado de esta..lo mejor sería resignarme."
"Sano..cuando Megumi te dejó..ella te dijo por que lo hizo? Te dió alguna razón?" Inquirió.
"..No recuerdo. Dijo que quería estar sola, o algo así"
"Creo que deberías preguntarle, Sano" Dijo el pelirrojo con una conciliadora mirada. "Haz que te diga la verdadera razón."
"Que cursi eres." Le espetó Sano, quien a pesar de todo, pensaba que Kenshin tenía toda la razón.
Himura rió, "Eso piensas?...bueno, lo que realmente quiero decir es que es mejor que Megumi te rechace con total conocimiento de porque lo esta haciendo, no?" Dijo de manera despreocupada mientras se rascaba una mejilla.
Sano levantó una ceja.
"Quizas te hice muy pocas jabonadas, Kenshin."
Era martes en la mañana, y Takani Megumi observaba con sus agudos ojos el comportamiento de su amiga mientras bebía café. Una de las pocas cosas que Kaoru sabía hacer sin destruir la cocina.
Kamiya estaba deprimida. Nada le animaba. No quería trabajar, ni comer, ni sonreir, ni hablar. Con suerte le dió los buenos días a Megumi.
Seguía revolviendo perezosamente el café con la cuchara, cosa que hacía hace veinte minutos. Y no paraba de suspirar.
"Empiezas a exasperarme, Tanuki." Dijo Megumi con sinceridad.
"Qué quieres que haga?..no puedo complacer a todo el mundo." Dijo con desánimo mientras seguía en su labor. El café ya estaba tibio.
"Qué es lo que te está pasando, Kaoru? Estás muy rara estos dias."
"Ja!..no me digas, te preocupas por mi?" Kamiya le miró con ironía.
"Extraño pelear contigo, no eres la misma vieja aburrida. Estás empeorando, la verdad" Megumi retiró su vista de Kaoru y finjía arreglar su cabello. "...Aunque...quizás si,..estoy preocupada."
Kamiya por fin mostró algo de interés en su mirada. "Habla ya, Megumi. Si tú no das el primer paso como quieres que yo hable?" Era la sonrisa más forzada de todas, la que ahora le mostraba a Meg.
La aludida suspiró. "Cuando te conocí, tu ya estabas comprometida. Si no estabas casada era porque inventabas excusas para que Enishi te dejase en paz. Sé que todos esos años de estudio y de desempeño de tu carrera no son sólo fruto de tu esfuerzo. Sin todos los pretextos que usaste nada hubiera sido posible, Enishi jamás te habría dejado terminar tus estudios..."
"Aah..." Kaoru suspiró y se frotó la frente, cubriendo sus ojos. "...A qué quieres llegar, Takani?"
"Lo que quiero decir que nunca has sido feliz realmente. Siempre te estan presionando por algo. Si no es la familia, es el trabajo." Puntualizó ella.
Un pequeño silencio siguió.
"Sin embargo..." Continuó Megumi, débilmente. "Todo cambió cuando..."
Kaoru se mordió un labio. Sabía exactamente hacia que lugar apuntaba esta conversación.
"Cuando conociste a Kenshin...Tú sonries de verdad cuando él está contigo. Hasta cuando piensas en él sonries...te he visto hacerlo." Megumi miró sus uñas y habló con dulzura.
"Eso es porque lo amas, no es así?"
Kaoru, aún con sus manos en la frente, sonrió con tristeza. "Tanto se nota?" Musitó.
"...Sé que te hace daño todo esto, pero sería bueno que le contaras a alguien de confianza. Sabes bien que no se puede hablar de esto de forma ligera. Kenshin busca salvar su matrimonio y tú podrías casarte en cualquier momento."
Tanuki suspiró de nuevo. "No me lo recuerdes...Yo no quiero casarme...quiero seguir trabajando..." Gimoteó en voz baja. "Juro que lo he intentado...pero no logro ver a Enishi como un hombre...sólo es mi hermano, sólo eso!. A pesar de que nos hemos besado en algunas ocasiones...yo no siento nada, jamás logré sentir algo real y duradero por nadie...a excepción de mi padre y Kenshin.."
Megumi estaba algo soprendida, por primera vez, ella y Kaoru hablaban de algo vital.
"Ahora te preguntas porque le mentí a Gensai, verdad?"
"Si amas tanto a Kenshin, por qué dejaste que el viejo se quedara con el caso? Ustedes dos ya estaban avanzando." Reconoció Megumi.
"No puedo, Megumi...yo no podría decirle algo asi...no tengo el valor.." Kaoru estaba totalmente derrotada. "Tengo miedo, Megumi...temo que alguien más descubra todo esto. No he sido yo últimamente, soy más impulsiva...más inconsecuente.." Se reprochó con pena.
"...Entiendo. No te habías enamorado nunca, verdad?"
"Asi como lo estoy ahora? No, nunca de forma tan intensa."
Megumi compartió un poco su dolor. Con razón estaba tan deprimida.
"Aunque...quizás sea mejor así. Digo..Kenshin y yo ya no nos veremos tan seguido..me hará bien, todos tenemos obligaciones que cumplir...no es posible distraerse.." Kaoru al fin quitó sus manos de su frente. Sus ojos azules eran el mar, estaban anegados en lágrimas que Kamiya se apresuró por quitar, antes de que recorrieran sus mejillas. "Heh...mira en lo que me convertí...Jamás me sentí tan insegura.."
Megumi la miró con molestia. "No pensé que fueses tan débil, Kaoru Kamiya. Al parecer me equivoqué sobre ti." Kaoru apenas se inmutó por su declaración. "Eras una mujer fuerte y decidida, sin embargo...ahora sólo veo a una chiquilla llorosa." Dijo con desprecio.
"Entonces...que sugieres que haga?" Un sutil enojo se deslizaba en las palabras de Kaoru. "Qué todos lo sepan? Qué pase de mi trabajo y mis familiares por Kenshin? Alguien que aún siente devoción por su esposa, Megumi! Alguien que ni siquiera me ofrecería estabilidad!" Al fin las emociones comenzaban a salir de ella. "Las cosas no son fáciles para todos! Nunca fue fácil para mi! Estoy aquí por mi esfuerzo y dedicación! No pienso desechar todo por alguien a quien apenas conosco!!" Kaoru se levantó de la mesa.
"Pero lo amas." Dijo Megumi con calma mientras miraba su vacía taza de café.
"...Eso ya no importa." Se volvió a sentar con pesadez. "Tengo cosas que hacer. Esto sirvió para abrirme los ojos."
Kaoru se sentía un poco mejor, había logrado desahogar algo de su tristeza. "De la impotencia al enojo...del enojo a la tristeza...de la tristeza a la aceptación" Habló ya más calmada.
"Me permitiré darte este consejo porque dudo que lo logres por ti misma, ahora que estas tan miserable...además..te aprecio mucho" Parecía que aquellas palabras no salían tan innatamente de la boca roja de Meg. "No pienses que todo está perdido, eres una gran mujer. Siempre hay una salida...quien sabe, posiblemente todo salga bien. Tu no sabes como tomará Kenshin esta situación, él aún no lo sabe." Se levantó de la mesa y comenzó a colocarse su abrigo.
Kaoru le dedicó una sonrisa llena de gratitud. "Ya te vas?"
"Si...tengo una cita, y quiero lucir bien." Dijo distraídamente.
"Con?" Habló mientras comprobaba que su café estaba totalmente frío.
"...Con Sagara." Dijo luego de una pausa.
"Ya veo...le dirás todo, no?"
"No sé...aún tengo tiempo para retractarme, pero el problema es que ya estoy ilusionada..." Megumi se mordió un labio.
"Vaya..." Kaoru suspiró.
"Puedo tener un consejo gratis, srita Kamiya?" Takani miraba sus uñas, comprobando su estado.
Kaoru rió un poco. "La srita Kamiya te dice que al menos le digas la verdad para poder seguir con tu vida en paz."
Takani suspiró. "Vaya..eso si ayudó" Dijo con ironía.
"Y..." Dijo, volviendo a llamar la atención de la kitsune. "tu amiga, Kaoru, te dice que luches hasta el final, porque siempre habrá una salida." Dijo con una sabia sonrisa.
"Ese consejo nos viene bien a las dos"
Kaoru la miró con una ceja levantada.
"No sé de que hablas...y ya vete."
Megumi esbozó un coqueta sonrisa y acto seguido, se encaminó a la salida. Kaoru apenas escuchó a su amiga salir y cerrar la puerta desde afuera, suspiró.
Era innegable, Megumi tenía la razón. No todas las voces se habían alzado aún. Quizás...no todo estuviese perdido. Kenshin no estaba conciente aún de lo que pasaba.
Seguramente Gensai le llamaría para conocerlo. Entonces ahí, la elección dependería totalmente de Himura.
Kaoru suspiró nuevamente, ya no tenía hambre.
De pronto sintió algo extraño.
Cómo fue que se convertió en esto?...
Ella no era de esta forma!, no se daba por vencida asi como asi!
No es que vaya a luchar por él, pero me sobrepondré a esto.
Mucha gente tiene decepciones amorosas..no soy la primera, y tampoco seré la última!
Kamiya Kaoru se levantó con fuerza, tirándo la silla para atrás y haciendo saltar todos los utensilios que tenía sobre la mesa.
Su enojo, su pena, todas sus emociones se liberaban espontáneamente.
"Haré que te arrepientas..." Amenazaba. "Haré que veas lo que te perdiste, Himura!!"
Ese estúpido!
Por qué tuvo que casarse?!
Él era el malo de la historia! Era su culpa! Si no fuera por esa cautivante personalidad, ella jamás se habría enamorado!!
Libera el enojo...
Entrégate al descontrol!
Caminó rápidamente por el pasillo y en su camino, se encontró con su espejo de cuerpo entero. Se horrorizó por lo que vió. Tenía ojeras, sus cabellos negros estaban desordenados, estaba usando una remera gigante gris que desfiguraba su silueta y le hacía ver algo gorda...no, más bien, se veía muy gorda...
+Rabia
-Autocontrol
Con pasos rápidos se dirigió a su dormitorio, y de su guardaropa comenzó a sacar ropa por montones, descartando y descartando; musitando insultos y maldiciones.
"Es tu culpa...! Kenshin!..Tu! Maldita! Culpa!!" Siseaba mientras buscaba entre sus zapatos. "Cómo es posible que esté tan miserable por ti?!..." Una vez selecciono lo más sexy de su repertorio, se quitó toda la ropa y se dirigió a la ducha desnuda. "Ah noo...pero no pienso dejas que me ganes,...afeminado!" Ya casi no le quedaban insultos que no hubiese dicho antes.
Abrió la llave y salió agua fría. Kaoru miró el agua con algo de miedo. De seguro estaba helada...muuy helada...
"Ah! Mierda!" Exclamó. "Hoy iré al trabajo!"
Se metió a la ducha. El agua caía sobre su cuerpo, como cuchilladas, erizando todos sus vellos. Los escalofrios estaban a la orden. Pero como un hechizo, el agua le calmó totalmente. Su fruncido ceño se relajó y las ganas de llorar se desvanecieron.
Por supuesto que todo lo que había dicho hace un rato era mentira. Se había convertido en una niña por unos momentos, echandole la culpa a todo el mundo.
Era mejor así. A pesar de que uno pareciera psicópata, había que liberar el enojo de alguna forma. Era más sano, y se podía pensar con más claridad. Claridad era lo que Kaoru más necesitaba, era lo que había perdido desde que todos estos sucesos ocurrieron en su vida.
Conocer el amor tenía sus ventajas, y desventajas.
Sin duda alguna, le había ayudado a conocerse mejor, pero a cambio le había dado nuevas preocupaciones.
Aunque no todo estaba perdido, Kamiya se sabría sobreponer. Ignoraría sus sentimientos por el momento. Era calma lo que su alma pedía. El tiempo curaría todo...
Sin embargo, no soy una chica buena.
Ese era el problema mayor. Kaoru quería desquitarse con algo...ahora. Y sabía que desquitarse con Kenshin le traería más placer que nada en el mundo.
Ya habría tiempo para olvidar todo...
El presente era su oportunidad, y no la desaprovecharía.
A pesar de no haber estado ahí mas que una vez, Kenshin sentía mucha familiaridad con el destartalado edificio. Sabía que a pesar de lucir horrible, adentro había gente de buen corazón.
Como Kaoru-dono.
Kenshin sonrió de tan sólo pensar en el nombre de su nueva amiga. Se sentía tan bien, era como esos días en los que todo sale a la perfeción. Aunque tenía el presentimiento de que no debía fiarse mucho de esa rara buena suerte, ya le había pasado una vez y podría repetirse.
Pero al pelirrojo no le causó tanta aflicción aquel pensamiento. Sencillamente disfrutaría de la suerte mientras la tuviese.
Un poco más distraído, iba Sano. Pensativo como nunca antes. Venía para recoger a Megumi, pero por alguna razón, que hizo que los extremos de la boca de Kenshin subieran hasta los cielos, quería que su amigo le acompañase; al menos al principio.
"Llegamos al lugar de trabajo de Megumi-san." Dijo Kenshin satisfecho.
"Hace tiempo que no veía este lugar...muy moderno, no crees?" Respondió Sano con una sonrisa.
"Eh..es un poco...eh..bueno..." Un gotita resbaló por la mejilla de Kenshin."..aquí trabaja Kaoru-dono..." Reprochó, intentando defender el edificio.
"Anda dilo, es un cuchitril. Ese borracho de Gensai no pudo encontrar otra cosa mejor, esto era lo más barato." Sanosuke se rascó la cabeza y disimuladamente chequeó su apariencia.
"Cómo estoy?"
Kenshin aguantó la carcajada, todavía le dolían las jabonadas que Sagara le había hecho. "Bien."
"Hey! No te rias!!" Sano le descubrió y se le pusieron las mejillas rojas.
"No me rio. Es solo que jamás te había visto asi" Reconoció el pelirrojo con su típica calma. "Debería agradercerle a Megumi-san."
Sano lo miró con algo de molestia, pero sus ojos se expandieron al ver que ella se acercaba.
"Agradecer que, Ken-san?" Ronroneó Megumi en su oido mientras le abrazaba por la espalda.
"Oro!..Megumi-san!!" Esta de más decir que Himura ya se había sonrojado.
"Oh, Ken-san...hace tiempo que no te tocaba..." Dijo abrazandole más. "Sano! Estabas aquí?" Un brillo malicioso se adueñó de los ojos de la kitsune.
Sanosuke no respondió. Simplemente le frunció la mirada y Kenshin supo que debía volar de ahí antes de que las cosas terminen mal.
"Ken-san" Dijo ella, soltandole. "Hay alguien que quiere conocerte. Esta ahora en el edificio. Estoy segura de que te interesará mucho" Kenshin la miró inquieto, sin embargo accedió y se despidió cordialmente de ella. Le dirigió una mirada de apoyo a Sano, quien hizo una media sonrisa y acto seguido se encaminó a la consulta, abrió la puerta y entró, dándole una última mirada a la pareja que ya se encaminaba hacía el lugar de su cita.
Himura suspiró. Sentía algo de envidia, a él le gustaría mucho algún día ir así, acompañado del amor de su vida.
Le sorprendió mucho no haber pensado en Tomoe cuando reflexionó sobre eso.
Cerró la puerta y miró con satisfacción el acogedor recibidor. Realmente no tenía idea cual era el propósito de estar ahí, pero no le molestaba.
Y si es Kaoru-dono? Sonrió de solo pensarlo. Ya iba subiendo las escaleras, con la intención de ir al despacho de Kaoru cuando una voz le detuvo.
"Disculpe, señor." Kenshin se giró y quedo asombrado de la belleza de la joven. "Quién es usted?"
Himura no reaccionaba. La mujer, mas bien dicho, tenía un acentó ingles. Su cabello era rubio, y su piel que era como la leche, estaba cubierta por un vestido con flores tenues y de colores pastel. Se veía tan virginal...era como un espejismo...
"Hi-Himura...K-Kenshin.." Musitó.
"Oh! Pero si es usted!" Dijo ella con entusiasmo. Se acercó a él y le dió un beso en la mejilla. Un gesto bastante comprometedor para los japoneses, mas no para los occidentales. "Soy Elizabeth" Se presentó.
"Ah...Elizabeth" Reconoció Kenshin, aún ensimismado.
"Si, soy la esposa de Gensai" Dijo sonriente.
Eso había sido suficiente como para sacar a Kenshin de su estado de ensueño. "Oro?"
Gensai debía ser joven, no? Para tener una mujer asi como esposa...
"Ven conmigo, Kenshin-san. Te llevaré." Acto seguido le tomó del brazo y avanzó con rápidez por las escaleras, tirando de un Kenshin que aún no entendía nada.
Prontó notó que no iban a la oficina de Kaoru, iban para otro lado...
Llegaron a la puerta que correspodia a la oficina principal del edificio. "Entra" Dijo Elizabeth con dulzura mientras abría la puerta.
El pelirrojo titubeó al principio pero entró con lentos pasos. Se sobresaltó al oir la puerta cerrarse a sus espaldas. Habían estantes llenos de libros a ambos lados de la habitación y al final de esta había un escritorio y la reclinable silla estaba mirando hacia la ventana, había alguien ocupándola, pero era imposible saber quien era ya que el repaldo del asiento de cuero era muy grande.
"Elizabeth?" Dijo una voz masculina bastante madura proviniente de la silla.
"Eh..no, soy Kenshin Kimura. Megumi-san me ha mandado aqui." Respondió con nerviosismo.
...Podría ser que...? Ya que la esposa de Gensai estaba aquí...
Entonces!...este tipo es...!!
"OH pero si eres tú!! Kenshin! Ya quería conocerte!!" Exclamó.
De pronto la silla se giró para verle y el hombre que estaba sentado se levantó con energía. Gensai estaba con los brazos abiertos y una gigante sonrisa.
Kenshin no lo podía creer.
Este viejo...está casado con esa mujer? Este viejo quería 5 meses de luna miel con su esposa para repetir?!
"Por favor, toma asiento." Dijo con cordialidad. Kenshin accedió y se sentó
"Conociste a Elizabeth, no?" Habló aún con esa sonrisa. "Que mujer! Estoy tan feliz de haber podido atraparla!"
"...Qué?" No daba crédito a sus oidos. Ese viejo hablaba con una satisfacción tremenda.
"Es broma!" Corrigió riendo. "Estoy muy enamorado de ella, y ruego porque no me deje nunca." Dijo sinceramente.
"Ah.." El pelirrojo sonrió. "Entonces usted es Gensai."
"Asi es. Sexólogo de renombre! Con más títulos y premios que el mejor médico del mundo!" Exclamó para luego reir sonoramente.
"Yo vine aqui al principio preguntando por usted...pero no estaba, asi que.." Empezó Kenshin, un poco menos cohibido.
"Caiste en las manos de Kaoru, verdad?" Atajó Gensai. "Qué te pareció? Nada más ni nada menos que mi única aprendiz! Me sorprendería mucho que no hubiesen avanzado algo ya!"
"Si...creo." Kenshin debía reconocer que no sabía si había cambiado o no. Si había hecho y pensado algunas cosas que jamás habría imaginado, pero eso no significaba bastante.
"Piensa que estas cosas toman tiempo" Dijo el viejo. Era como si le hubiese leído la mente. "Una terapia de buen fin inicia cuando el paciente acepta su problema y pone todo de su parte para salir adelante, mas la ayuda de su terapeuta."
"Entiendo" Kenshin suspiró con alivio.
"Qué piensas de Kaoru?" Inquirió con naturalidad.
Gensai estaba muy atento. Sabía que aquí había algo extraño. Kaoru no era la misma y todo parecía tener relación con la llegada de aquel muchacho.
Ayer había sido prueba suficiente. Él conocía a su chica desde bebé y sabía que algo malo le pasaba.
"...es alguien muy importante para mi..." Dijo mientras sonreía.
"Muy importante..." Repitió, reflexionando a la vez.
Hmm...Muy importante puede tener muchos sentidos..
Decidió dejar todo hasta ahí, de lo contrario sería un poco sospechoso, no quería pasar por metiche. Además tenía el presentimiento de que terminaría enterándose tarde o temprano.
"Ok, Kenshin. Sin más preámbulos, te diré porque estás aquí." Empezó Gensai mientras jugaba con sus pulgares.
"Cuando viniste aquí lo que solicitabas era mi ayuda. Al estar yo ausente, Kaoru tomó tu caso, sin embargo fue por muy poco tiempo. Es imposible que haya progreso en una terapia tan corta. Si hubiesen avanzado un poco, sería indiscutible que te quedases con ella, aún con mi presencia. Pero como no han registrado ningún cambio, el caso debería ser transferido automáticamente a mi, el terapeuta que solicitaste al principio."
Kenshin abrió la boca para decir algo, sin contar que Gensai le atajaría al instante.
"Gen..!"
"Y! como soy alguien muy flexible...te doy la oportunidad de que elijas. A mi no me importa un paciente más la verdad. Soy muy dedicado con mi trabajo y tengo bastante experiencia." Dijo con calma. "Pero si ya estas a gusto con Kaoru, entonces podrán continuar la terapia"
Himura estaba algo atónito, no se esperaba algo así. Quiso decir algo pero de su boca no salió palabra alguna.
"No tienes que presionarte" Dijo el viejo con una sonrisa tranquilizadora. "Tienes un día para pensarlo. Iniciar una terapia nueva conmigo o continuar con Kaoru."
"..." Kenshin estuvo a punto de decir que quería quedarse con Kaoru, pero se dió cuenta de que era mejor hacerle caso a Gensai, y pensar un poco las cosas. "..Esta bien."
"Entonces eso es todo! Puedes retirarte. Ha sido un placer conocerte" Exclamó.
El pelirrojo, algo cabizbajo, se levantó "Hasta pronto, Gensai-dono" Se dirigió a la puerta con pasos pesados y salió del despacho, cerrando la puerta débilmente.
Justo cuando pensaba que todo saldría bien de ahora en adelante, venía el destino y ponía todo en su contra. Era terrible. Comenzó a bajar las escaleras, totalmente sumergido en sus pensamientos.
Estuvo a punto de decir que quería quedarse con Kaoru, sin embargo recordó las veces en las que su relación con su sexóloga se había vuelto algo..íntima. Recordó las veces que ella flirteó con él, las miradas lascivas, cuando bailaron, cuando ella le dijo que pensaba de él, cuando la abrazó, cuando descubrió lo atractiva que era, cuando...se besaron. (Besarla era algo que le iba a resultar muy díficil de olvidar. Para el pelirrojo, un beso no era cualquier cosa)
Sin duda alguna, todo esto no era normal.
Quizás si empezaba otra terapia con Gensai...no sufriría más distracciones.
"Kenshin." No escuchó cuando lo llamaron pero se sobresaltó cuando la persona que había dicho su nombre, lo tomó del antebrazo.
"Kaoru-dono!" Reconoció.
Se quedaron en silencio. Kenshin callaba porque sentía que Kaoru quería decirle algo. Y Kaoru, ya habiéndose dado cuenta de que el pelirrojo ya había conocido a Gensai, se debatía consigo misma; no sabía que decir.
Quería que él se diese cuenta de todo lo que había hecho, de todo lo que se había arreglado...todo para él!
Pero...ahora que le veía, su corazón latía y hacía fluir el amor y la docilidad en sus venas...ella no podía ser así con él.
Kenshin le hacía desear ser mejor persona. Le hacía desear tenerle, cuidarle y jamás lastimarle...
Oh por dios...Lo quería tanto!
Todo su infantil resentimiento se había desvanecido.
"Olvídalo." Repuso Kaoru con una sonrisa triste. "No era nada. Lo siento." Siguió subiendo la escalera lentamente. Kenshin se quedó en su lugar y luego se giró para verla subir.
Qué quiso decirle? Qué le detuvo?...Sentía tanta curiosidad, habían muchas cosas que quería saber sobre Kaoru. Tendrá que ver con la llegada de Gensai?
Después de todo, si su elección era Gensai, ya no la vería tan seguido...
Estará triste por eso?...
De pronto se dió cuenta, mientras miraba a Kaoru subir la escalera, que el ángulo que ella le proporcionaba con ese vestido violeta tan corto era muy...
Oh cielos...
Se habría quedado ahí, sonrojado y mirando para siempre, si no hubiera sido porque Kaoru se detuvo y se giró para verle algo extrañada. La mujer había sentido la mirada del pelirrojo en su cuerpo.
"Lo-losiento!!" Luego carraspeó y bajó la escalera corriendo, lleno de vergüenza.
Kaoru lo miró hasta que desapareció cuando llegó al primer piso. Una sonrisa pícara apareció en sus labios.
Ese pervertido me estaba mirando el trasero...
"Misión cumplida" Dijo satisfecha.
Seguía sonrojado. El hecho de que hubiese logrado llegar a la casa de Sano hace bastante tiempo no aminoraba la vergüenza. Apenas llegó a casa preparó la cena, luego vió algo de televisión y despues de darse cuenta que nada lograba quitarle de la cabeza lo sucedido; se dirigió al comedor y se sentó sobre la mesa.
Se quería matar! Como pudo hacerlo!...Qué pensaría Kaoru de él ahora?! Frunció el ceño mientras se rascaba la nuca. Él no era como todos los hombres. Sus amigos y conocidos jamás se perdían la oportunidad de hacer un escaneo total de los atractivos de las chicas que pasaban cerca de ellos, sin embargo Kenshin, por alguna razón, no se atrevía.
Esta era la primera vez que hacía eso. Sentía que ese tipo de miradas había que reservarlas para la pareja. Y ni eso. Él jamás miró a Tomoe de esa forma.
Eso podía ser considerado algo extraño, pero hablamos de Kenshin. Simplemente él no podía mirarle de esa forma. Hasta en la intimidad había sido así.
De las pocas veces que habían hecho el amor, el siempre había sido gentil. No era salvaje, ni se dejaba llevar por sus deseos. Y no es que fuera una persona muy arrebatada por los impulsos sexuales.
El punto es que Kenshin comenzaba a inquietarse. Estaba haciendo cosas que él jamás habría pensado que haría, hasta pensaba distinto!
No es mi culpa...
A veces siento una voz interior...
Si...Y siempre terminaba de acuerdo con esa voz. Parecía como si otra personalidad viviese en él. Su yo reprimido.
Cada vez se sentía mas extraño,...le proporcionaba placer hacer lo que su corazón mandaba, pero temía las repercusiones que eso traía...Besar a Kaoru es un claro ejemplo de ello. La voz de su corazón se apoderó de su voluntad y le hizo besar a esa mujer como si no hubiese mañana, sin embargo la incómoda situación que se desencadenó después...nisiquiera habían hablado de eso. Himura pensaba en pedir perdón pero cayó en la verdad de que no tenía ni una gota de arrepentimiento. Por más vergüenza que le diera el asunto.
Además él sentía que su sexóloga no deseaba tocar el tema nuevamente. Ella es una mujer muy inteligente, sabía que eso era beneficioso para ambos sin duda.
Aunque Himura no estaba conforme, a pesar de haberse dicho que eso era lo correcto, se sentía inquieto; aquel beso había hecho estragos en su mente. A veces se asustaba con los atrevidos pensamientos que cruzaban por su "virginal" mente, todo por culpa de ella.
Por qué me siento asi?
"Calma, calma" se dijo suavemente mientras cerraba los ojos. Esto debía ser una equivocación...hace tiempo que no estaba con una mujer!
Sano tenía razón. Tarde o temprano iba a sentir la falta de la compañia femenina...Si, eso tiene que ser. No es que sienta atracción por Kaoru, es sólo que ella es una mujer muy hermosa, porqué no besarla accidentalmente? cómo no soñar con ella? Cómo no excitarse con ella? Cómo no mirarle sus...atributos? Solo fue un accidente...
No era un bruto, salvaje (aunque esa voz le decía lo contrario); pero en el fondo era un hombre. Un hombre con necesidades. Si..si, eso tenía que ser...verdad?
Escuchó a alguien entrar pesadamente con pasos lentos, seguramente era Sano.
"Sano? Eres tú?" Atisbó Kenshin.
"Bingo" Su voz sonaba desganada, como si toda su energía se hubiese desvanecido tan solo por decir una palabra. Entró al comedor con la chaqueta en la mano y con la camisa a medio abrochar. Fue a buscar un vaso de agua a la cocina que estaba cerca y luego tomó asiento sobre la mesa también pero al otro lado, a espaldas de Kenshin. Bebía el contenido del vaso como si fuera una tarea más. No había satisfacción en la acción. Himura supuso que Sano solo bebía agua por hacer algo, en el fondo, no tenía idea de nada.
"Sucedió algo con Megumi-san, no?" Inquirió sutil y pacíficamente. Sanosuke estaba al otro lado de la mesa, sentado sobre ella igual que él y dándole la espalda, no podía ver su cara. No sabía que era, pero si era algo grave lo que estaba ocurriéndole.
"Tuvimos sexo" Su voz grave y pausada murmurando aquellas palabras hizo que Kenshin se pusiera nervioso. Empezó a rascarse la nuca, con las mejillas rojas.
Espero que no me cuente los pormenores...no pensé que iba a ser tan directo!
Estaba por decirle que no era necesario que le contara los detalles, sin embargo, Sano con el vaso de agua ya vacío sobre la mesa y con los dedos entrelazados, dijo las dos palabras más duras de su vida.
Palabras para las que tuvo que tener fortaleza. Palabras por las que necesitó algunas horas para poder digerirlas.
"Es esteril."
Los ojos violetas de Himura se expandieron e inhalo por la boca, solo de la sopresa.
Todo tenía sentido! El deseo de Sano era tener un hijo! Él mismo se lo había dicho hace mucho tiempo!...
Y Megumi no podía quedar embarazada.
Ella tenía un buen corazón. No permitió que él supiese la verdad para no lastimarlo.
"Es increíble que recien me venga a enterar ahora." Dijo con cansancio, pero no del físico, sino del corazón, del alma... "No me di cuenta cuando empezó a llorar...y me lo confesó"
"Sigues bailando bien" Reconoció ella, algo impresionada pero con una sonrisa satisfecha.
"Yo jamás decaígo, Megumi. Solo mejoro. Si no hubieses terminado conmigo lo sabrías" Dijo mientras rodeaba la femenina cintura con sus brazos, acercándola mas. Inhalando su aroma y mirandola como si fuera el dulce mas tentador del mundo.
"Espero que te refieras a bailar. Aún nos queda mucho por comprobar esta noche. No sé porque hemos venido a un rincón apartado. Pudimos ir a mi casa." No rechazó el contacto, recostó su cabeza en la clavícula de su hombre. Y él le abrazó más.
Era una sensación extraña...Se sentía entero cuando estaba a su lado, abrazándola simplemente. Era intoxicante y atractivo, deseaba estar ahí. No le importaba que sus caminos se hubiesen separado una vez, ella estaba aquí. Solo eso bastaba...Solo eso...
"Y eso que aún no hemos hecho nada...Parece que estas muy deseosa. Lo sentí antes. Si me conocieras sabrías que no te traje aquí en vano." Habló con diversión.
"Estúpido."
Esta bien...la verdad era que no le importaba donde lo hicieran. Sería ahí mismo.
Y contra un pared, en una de las bodegas de la oscura discoteca, con la música y las luces; el sudor y los gemidos los hicieron completos. Qué importaba si alguien abría la puerta y los descubría? Estaban juntos, eso era lo importante.
Sano acarició, besó, lamió cada centímetro de su cuerpo, haciendo un reconocimiento completo de aquella anatomía que hacía que su sangre se transformase en lava y que sus ojos se volvieran soles, iluminando a su amada; haciendole delirar por sentirse tan expuesta. Cubierta de sudor y besos.
Pero los años no habían vuelto a Megumi dócil, como antes. Tomó el control de la situación, ante la estupefacción de Sano. Desabotonó su camisa con cierta destreza, acarició y beso su pecho. Habían escalofrios de placer por los músculos del moreno, nisiquiera podía pensar. Los suspiros y pequeños gemidos hacían saber a la kitsune que su labor estaba muy bien encaminada.
Sanosuke ya no aguantaba más. Llegó al límite cuando sintió los delgados dedos de su amante rodear su virilidad. Volvió a tomar el control de la situación y bajó el cierre de su vestido con desesperación y torpeza, sin la intención de desnudarla completamente. Lo logró, dejando ver hasta donde terminaban sus senos, y sonriendo perversamente, le quitó la atrevida y húmeda tanga.
"Te habías anticipado a la situación." Susurró mientras subía su vestido a la altura de las caderas.
"Siempre estoy preparada." Respondió ella.
"Lamentablemente" La levantó súbitamente y la recargó en la pared. Terminó de quitarse la camisa con la ayuda de Takani y aflojó sus pantalones. "No estas preparada para lo que viene ahora..."
Entró en ella con fiereza. Su amante gritó y se aferró a él con ahínco.
Cuanto tiempo pasó?...Minutos, horas quizás. Eran dos enamorados en la oscuridad que se entregaban completamente. El renacido amor volvía a colmarlos.
No había civilización, gente, decencia, pudor, delicadeza...solo placer.
Pero de pronto pareció que sus cuerpos no podían más, su sangre caliente había llegado a su punto máximo y el clímax no se hizo esperar. Agotados, arreglaron un poco su ropa y se sentaron en el suelo uno al lado del otro.
Su respiración era entrecortada, estaba desarreglada. No quedaba nada de su lápiz labial, los salvajes besos de Sagara lo habían quitado todo. No veía su ropa interior y uno de sus tacones estaba tirado en el suelo, lejos de ella.
Aún asi...Sano pensaba que se veía hermosa.
Pasaron algunos minutos en los que solo se oían sus respiraciones entrecortadas, intentando recuperarse de toda la emoción que habían vivido. Hasta que el moreno se decidió, ya no podía esperar mas. Se acercó a ella y besó su cabeza, sintiendo el aroma de su cabello.
"... No me molestaría intentarlo de nuevo." Dijo intentando ser distraído, aunque en el fondo estaba muy seguro. En su corazón lo sentía así.
Pero de pronto, el cuerpo de Megumi comenzó a convulsionarse débilmente, víctima de los sollozos. Se separó un poco de él y sin mirarle a los ojos, habló con la voz algo ahogada, a pesar de sus intentos por sonar clara.
"Sabes por qué te dejé?" Comenzó.
"Yo no puedo tener hijos, Sano. Me...me es imposible...Soy infertil."
Lo demás había sido terrible. Megumi no pudo seguir ahí y se fue rápidamente, sin decir adiós. Sagara estaba desamparado. Solo atinó a hacer lo obvio, se levantó, tomó su chaqueta, se arregló los pantalones y se fue.
"De...de todas las razones..por las que pensé que Megumi...podría dejarme..." Hablaba de manera pausada, cada palabra llevaba un peso. "Te juro, Kenshin...Jamás imaginé algo como esto. No pensé que ella fuese...que no pudiese tener hijos"
Estaba derrotado. No sabía que hacer...estaba perdido. Enfadado por no haber visto el lado humano de Megumi. Triste porque al fin, luego de años, supo la verdad.
Kenshin escuchaba su lamento. Podía deducir que las lágrimas del arrepentimiento ya las había gastado Sano en el camino a casa. Y ya no podía llorar, solo lamentarse. Sin embargo...
"Sano" Empezó Kenshin con suavidad. "Megumi-san te quiere todavía, no?"
Sagara lo pensó un momento. No podía decir con seguridad si ella seguía amándole, Megumi nunca fue muy cariñosa. Preferia ser sutil con su afecto. Un afecto bastante díficil de ganar, por cierto.
"Supongo." Dijo vagamente.
"No veo la necesidad de preguntarte si la quieres. Es evidente"
El moreno esbozó una débil sonrisa. "Muy evidente."
"Entonces...no creo que hayan mas impedimentos. Se aman y eso es suficiente. Siempre habrá una salida." Kenshin se giró y miró con benevolencia la espalda de Sano. "Los hijos..nacen del amor. Y eso es algo que ustedes ya tienen"
Sano abrió sus ojos, y en sus pupilas había luz.
Eso es!
Siempre..! Siempre habrá una salida!!
"El Sanosuke que yo conocí era un tipo que nunca se daba por vencido. Un cabeza dura que dejaba de lado todo y sobrepasaba la misma realidad. Ese Sano es mi mejor amigo" Puntualizó Himura. "Ahora." Miró el reloj que colgaba de la pared. "Son las 7:54. Aún es temprano y la noche es joven."
La sonrisa del moreno se enanchó aún más y comenzó a transformarse en una armoniosa carcajada. Se giró y le dió una fuerte palmada a su amigo pelirrojo en la espalda, haciendo que este se bajara de la mesa, tambaleandose.
"Gracias Kenshin, Sano ha vuelto y tiene una zorra que reclamar!" Se paró y prácticamente corriendo salió de la casa.
Himura fue hasta la puerta y la cerró. Quiso comentarle a Sano lo que había pasado con Gensai, pero se dió cuenta de que eso no importaba ahora.
Se rió cuando escuchó a Sano gritar a lo lejos mientras corría por la calle.
"Te Amo, Kitsune!!"
Miércoles. Himura ya se había decidido. Lo había consultado con la almohada (Sano no llegó a casa la noche anterior.), había pensado en todas las variantes y ya tenía su determinación. Nada le haría cambiar de opinión, no podía estar mas seguro de su decisión. Cosa bastante rara en él.
Salió de casa en la mañana vestido con solo una camisa celeste y sus jeans, a la primera persona a quien le comunicaría su decisión sería a Kaoru. Pero fue algo díficil encontrarla, no estaba en su casa ni en el trabajo. Tampoco quiso llamar a Megumi...no quería...interrumpir. Y preguntarle a Enishi era impensable. Fue en busca de Tae, por suerte ella le recordó y le dijo todos los posibles lugares donde su sexóloga podría estar. Y este era el último, luego de una larga lista. Un dojo en el despoblado, en las afueras de la ciudad cerca de unas montañas. Un lugar bastante inhóspito, pero de alguna forma acogedor. Le resultaba un poco extraño que su sexóloga asistiese a un dojo para ejercitarse.
Bueno...El ejercicio es la única forma sana que tiene para conservar esa figura...
Se dió una pequeña palmada en la mejilla. Definitivamente no eran sus pensamientos, no podían serlo!. Kenshin empezaba a pensar que estaba loco.
Había traído su equipo para cambiarse, después de todo, nunca estaba mal tener un poco de práctica. También le producía un poco de de nostalgia, hacía mucho que no veía un dojo, que no tenía una espada en las manos...Lo había olvidado todo por sus libros de matemática. A pesar de que tuvo que apreder el Hiten Mitsurugi Ryu a la fuerza por su padre, no podía evitar sentir un gran placer cuando practicaba kenjutsu.
Era una pasión oculta que pocos comprendían. Se sintió mas cercano a Kaoru ahora que sabía que ella practicaba el arte de la espada.
Caminó un pequeño trayecto hasta que ubicó los portones cafés del dojo, se sorprendió cuando leyó el tablón que estaba a un lado de las puertas, colgado impetuosamente.
'Dojo de Kendo. Kamiya Kashin Ryu"
Mas claro no podía estar. Kaoru practicaba en el dojo de su familia!
Kamiya Kashin Ryu no era un nombre conocido para él, en su vida había escuchado sobre tal estilo. Pero decidió ser precavido, y no subestimar nada. Entró al dojo a través de los portones con pasos seguros y firmes. Eran varias casetas dispersadas por el terreno, unas mas grandes que otras. En el fondo, este dojo recreaba como eran estos, durante épocas mas antigüas. Entró a la más grande que seguramente estaba destinada a las prácticas en grupo. Era una gran habitación, espaciosa, el piso era de madera y relucía, impecable como un espejo. En una de las paredes, en la parte de arriba habían algunos tablones con nombres, seguramente los integrantes del dojo, tambien habían estantes con algunas espadas de bambú detenidas a modo de decoración, las demás estaban siendo utilizadas por los apréndices. Su primera impresión fue muy buena, era un lugar grande, con buenas condiciones para entrenar; sin embargo le extrañó mucho la poca cantidad de estudiantes, aunque no era mucho lo que podía esperar; el dojo estaba en las afueras.
"Buenos dias, señor" Le saludó una anciana que se acercó a él. "Desea inscribirse?"
"Me temo que no, señora. Busco a Kaoru-do...Kaoru Kamiya. Ella está?" Inqurió el pelirrojo cortésmente.
"Claro, debe estar en el área de práctica privada. Sígame por favor, le llevaré con ella." Con tranquilos pasos, la amable anciana le condujo a una caseta más alejada. Se veía más rústica y pequeña que las demas. "Es aquí, desea que le anuncie?"
"No, gracias. Estaré bien" La anciana sonrió y se alejó con lentos y algo exasperantes pasos.
Himura agudizó sus oidos y pudo sentir que un boken cortaba el aire, seguido de una respiración que seguramente era la de su sexóloga. Con movimientos sutiles se acercó y deslizó un poco el shoji, dejando una pequeña rendija por la cual ver. Y ahí estaba Kaoru.
Su boken estaba fuertemente tomado con sus blancas manos, en una postura firme. Practicaba movimientos de defenza con la espada de bambú. Probablemente había empezado a practicar hace un rato porque no había sudor en su cuerpo. Sin embargo, lo extraño era que Kaoru susurraba algo cada vez que daba un golpe al aire con su espada. Su gi era blanco y la parte de abajo era un hakama azul, como toda una kendoka.
No quiso estar más de mirón, deslizó totalmente el shoji y la luz entró a la pequeña sala de entrenamiento, sobresaltando a la pelinegra.
"Kenshin! Cómo me encontraste?" Dijo ya mas recuperada del susto. Se acercó a él, sonriente con la espada de bambú en mano.
"Necesitaba comunicarle algo Kaoru-dono, le pregunté a Tae donde podría estar y llegué aquí."
"Veo que viniste preparado, eh?" Con el boken tocó suavemente el bolso deportivo que Himura traía. Él rió un poco, nervioso. "Qué te parece si practicamos?" Ofreció entusiasmada. "Tú también sabes algo de kenjutsu, verdad?"
"No sé, Kaoru-dono, quizás no sea correcto que..." Empezó Himura.
"Ve a cambiarte, ahora" Ordeno Kaoru con una ceja levantada. Por mas feliz que se quisiese mostrar, su fachada no era eterna.
En unos minutos Kenshin estuvo listo, con un gi burdeo y hakama blanco, tomó otro boken que le lanzó la pelinegra. No estaba acostumbrado a manejar un arma mas ligera. La sakabatou con la que habría practicado siempre, era mas pesada. Decidió tener cuidado, si no controlaba su fuerza algo saldría mal. Tendría que suavisar sus golpes.
"Estas listo?" Preguntó Kaoru, quien ya estaba en posición "No seas delicado, no juzgues por mi apariencia." Dijo con una sonrisa pícara.
"Entiendo" Por supuesto que sería delicado, herir a Kaoru era lo último que quería. Tomó el boken con firmeza y esperó el primer movimiento de la mujer. Ella sintió su intención y sin mas preámbulos, se lanzó sobre él con un golpe directo a su hombro. Automáticamente lo esquivó, pero ella no se desanimó. Siguió mandando golpes hacia distintos puntos estratégicos donde posiblemente Kenshin bajaría la guardia. Sin embargo este solo evadía y solo bloqueaba las arremetidas de Kamiya cuando ya no tenía salida. En ningún momento atacaba y eso le desesperaba a su contrincante. Aunque debía admitir que el pelirrojo era bastante rápido. Se movía con ligereza, como si no le costase nada, como si fuese un fantasma.
"No me subestimes!" Gritó Kaoru de pronto. Kenshin se sobresaltó, como ella esperaba. No perdió la oportunidad y le asestó un golpe en el costado con fuerza. Himura bajó la guardia al fin, y Kamiya estaba por darle una estocada en su estómago para terminar el duelo cuando él volvió en sí y bloqueó el ataque, empujando a Kaoru; haciendole caer.
"Kaoru-dono! Yo...! Lo siento..!" Dijo apenado por haberse dejado llevar.
"Eso es..." Ella se incorporó satisfecha, volvió a su posición, lista para atacar nuevamente. "Te dije que no fueras delicado, Himura."
Kenshin la miró algo sorprendido. Era bastante perseverante. Eso le gustaba. Sonrió algo sonrojado mientras tomaba posición.
Kaoru-dono parece una fiera.
Esta vez fue él quien se abalanzó sobre ella. No lo hizo con toda su fuerza, pero tampoco buscó ser tan suave como al principio. Le sorprendió que Kaoru todavía pudiese desviar sus ataques con facilidad. Cada vez que él atacaba, ella devolvía los golpes con la misma firmeza sin titubear ni un poco.
Esta bien...hagamos esto más díficil...
Kenshin se separó de Kaoru de un gran salto hacia atrás, tomó el boken con una sola mano y lo puso al otro lado de su cintura, como si fuese una espada de verdad, envuelta en la saya y colgada de su cinto. Kaoru comprendió lo que quería hacer y sonrió, aquel hombre realmente parecía un samurai. Quitó un poco el sudor de su frente y se preparó.
El silencio envolvió la concentración. Cada uno pensaba en su siguiente paso. Himura estaba totalmente entregado a la pelea al igual que Kaoru.
Sintieron que el momento estaba cerca...Tres...Dos...Uno...!
Kenshin y Kaoru reaccionaron al mismo tiempo. El sacó el boken, dando un golpe horizontal y ella, buscando frenar la arremetida, intentó bloquear verticalmente. Bambú contra bambú. El sudor adornaba la cara de ambos. Pero aquella vez, Himura había actuado enserio. La fuerza que había puesto en su arma, hizo que el boken de Kaoru saliera volando, lejos de su alcance.
Luego, el pelirrojo apuntó al pecho de la desarmada Kamiya con el boken, señalando su victoria. Pero la fiera pelinegra no estaba conforme. Ya había sido suficiente juego limpio. De un manotazo quitó la espada de madera del camino y se lanzó sobre él, haciendole una llave en el brazo, doblándoselo, amenazando con quebrar sus huesos.
"No será tan fácil" Dijo con la respiración entrecortada, acto seguido aplicó mas fuerza en el brazo de Kenshin. Y este se aguantó el dolor, no chillaría como una niña.
Y tampoco perdería.
Se armó de coraje y golpeó a Kaoru con el codo en las costillas del lado derecho, vengándose. Esta cayó al piso y soltó de inmediato su agarre, debilitada. Kenshin no perdió el tiempo y se colocó sobre ella, la inmovilizó de brazos y piernas con sus extremidades. Kaoru se recuperó rápidamente y comenzó a forcejear con persistencia. Himura ya no podía contenerla y sin querer, soltó las piernas de Kaoru. Sin pensarlo dos veces, la pelinegra lo abrazó con sus extremidades y lo hizo girar, quedando ella arriba. El pelirrojo aprovechó entonces, para llegar al costado izquierdo de Kaoru con su puño derecho. Pero ella alcanzó a rodear su muñeca con el brazo izquierdo. Después levantó su otro puño, lista para golpear y desfigurar al hombre que amaba. Kenshin agarró la muñeca de Kaoru casi al instante, deteniéndola.
Asi se quedaron un momento. No había forma de escapar. Kenshin no podía mover sus extremidades superiores, al igual que Kaoru, una mano contenía el golpe del otro. Estaban agitados, el sudor se deslizaba por sus pieles.
"Empate?" Ofreció Kenshin, ya mas sereno.
"Esta bien." Aceptó.
Ella suspiró satisfecha y sonrió contenta. Himura la habría imitado, de no ser porque se dió cuenta de lo atrevida que era la pose en la que estaban ahora.
Kaoru arriba y él abajo. Sudados y satisfechos...
"K-Kaoru-dono..." Él soltó la muñeca de la pelinegra lentamente. Se sonrojó aún mas cuando notó que estaba rozando el pecho de Kaoru con el brazo derecho que ella misma inmovilizaba. "Por favor..." No sabía si era un pedido o una súplica.
Pero su sexóloga parecía no responderle. Le miraba algo ensimismada. Pero se recuperó al instante. "Lo siento." Le soltó para luego incorporarse. Le tendió la mano para ayudarle a su paciente a levantarse y este la aceptó.
"No sabía que usted se defendía tan bien, Kaoru-dono" Reconoció Kenshin.
"Prático kenjutsu desde pequeña. El Kamiya Kashin Ryu es el estilo de mi familia. Antigüamente, entrenó guerreros bajo el principio de que la espada debía usarse para dar vida, no para exterminarla." Dijo ella con calma. "No tuvo mucho fama, pero es genial que a pesar de eso este estilo no haya desaparecido."
"Su padre también practicaba kenjutsu, verdad?" Preguntó Kenshin amablemente.
"Mi padre?..." Kamiya se detuvo y miró a Kenshin. Sonrió de manera simplona, restándole importacia al asunto. "No sé...quiéres que te mienta, cariño?" Bromeó.
Kenshin lenvantó una ceja, preocupado. Quizás había hablado de más. "Lo siento"
"Descuida. Todos tenemos una o dos cosas de las cuales no queremos hablar" Repusó la pelinegra aún sonriendo. Fue a buscar dos toallas y le dió una a Kenshin. "Entonces...qué era lo que querías contarme?" Inquirió mientras secaba el sudor de su cuello.
"Aahh-..." Otra vez se había quedado sin coraje. Finjió el secarse el sudor de la cara mientras buscaba una manera de decir lo que quería. Sin embargo no se le ocurrió nada.
"Conociste a Gensai, verdad?" Dijo ella mientras sonreía, enternecida por la manera de ser del pelirrojo. "Te habló sobre la transferencia de tu caso?" Quiso ayudarle un poco.
Kenshin se quitó la toalla de la cara y miró al suelo. "Si. Me dió un día para decidir."
"Imagino entonces que vienes para contarme tu decisión." Concluyó Kaoru.
La ojiazul se quería morir. Ya casi podía escucharlo decir que ya no quería seguir bajo su consejo...
"Yo..." Kenshin se obligó a mirarla. Tenía que ser un hombre! Ya no quería tener miedo! "Decidí que..." Empezó algo atolondrado, tomándola por los hombros.
"Quiero quedarme con usted, Kaoru-dono" Habló con seguridad.
Posiblemente eso representaba un peligro. Pero estaba dispuesto a pasar por sobre ese peligro, con tal de que ella fuese su amiga. Jamás pensó que terminaría tan encadenado a una persona. Debía admitir también que se sentía un poco mas diferente, quizás un poco mas extrovertido...algo mas dominante.
Sin embargo, Kaoru no decía nada. Estaba ahí, petrificada.
"Kaoru-dono?" Himura comenzaba a sonrojarse. Pensó que ella sonreiría como siempre o que bromearía con él al menos.
Al final, Kaoru logró salir de su estupefacción y le abrazó fuertemente. Kenshin levantó los brazos, totalmente sorprendido y rojo. No se percató de las emocionadas palabras que Kaoru musitaba contra su pecho.
"Te amo...te amo tanto...gracias, amor...gracias..."
Continuará...
Al fin vacaciones! Mucho mas tiempo para escribir! Wi!
Creo que el lemon quedó bien. Además! El sexo es parte de esta historia! Es obvio que hay que escribir una que otra "Escenirijilla no aptirijilla para niñirijillos". Iré subiendo un poco más el nivel en la próxima...
Espero que hayan disfrutado de este capítulo. El título no se refiere únicamente a la relación de Kaoru con su padre, sino que también se refiere a Kenshin y su elección de terapeuta.
Realmente fue díficil elegir entre Kaoru y Gensai para mi. Pero hay una escena que me muero por escribir y para eso, Kaoru debe estar a cargo de Tomate-Himura!
Ojalá pueda actualizar el próximo mes. Hasta entonces!
