Disclaimer: los personajes pertenecen a J.K. Rowling y la historia es solo mía.
Capítulo 6. San Mungo
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-¡¿Qué?!
Draco soltó a Hermione y se quedó mirándola atónito. ¿Él, padre de Darlene? ¿Cómo podía ser posible? ¿Qué había pasado? El rubio no sabía que pensar, tenía muchos sentimientos encontrados, ¿qué debía hacer? ¿Pedirle una explicación? ¿Irse? ¿Quedarse? ¿Qué estaba pasando? Ahora entendía un poco la reacción de la bebé hacia él y su propia reacción, esas ganas de no dejarla, de no separarse de ella, de protegerla de todo.
-Draco lo siento, siento tanto no habértelo dicho.
-Deberías, ¡debiste decirme!
-Lo siento Draco, pero compréndeme.
-¿Comprenderte qué, Hermione? –el rubio la miro furioso. Hermione trató de no llorar, no debía llorar.
-Tú estabas comprometido Draco, ¿qué se suponía que debía hacer yo? ¿Decirte? Por dios Draco, eres un Malfoy, un Slytherin, ¿y yo que soy? Se supone que me odiabas, me hiciste la vida imposible en el colegio. Fuiste un mortífago.
-¡Pero era mi hija! Me quitaste el derecho de ver su crecimiento, su nacimiento. Nunca fui un verdadero mortífago y lo sabes, ¡sabías lo que sentía por ti Hermione!
-¡Pero estabas comprometido!
-¿Esa es tu excusa? ¿Mi compromiso? Vamos Hermione, se supone que eres lista.
Sin que Draco se lo esperara, la mano de Hermione chocó violentamente en su mejilla, por un momento se quedó estupefacto. La había insultado, y en cierta forma la entendía y se lo merecía, pero estaba cabreado, demasiado cabreado como para que ese lado racional saliera a flote y le diera la razón a la castaña. Hermione estaba aterrorizada. Había abofeteado a Draco Malfoy, habia sacado todo el coraje en un solo golpe y ahora la mano le dolía. Le dolía terriblemente.
-¡Dios! –gimió la castaña agarrándose la mano lastimada con la sana- Tienes la cara dura, Malfoy –la chica se metió a su habitación, donde estaba el baño que compartía con Lene.
Draco la siguió sin decir nada. Aún estaba cabreado pero ella se había lastimado. La miró en silencio mientras ella iba de un lado a otro abriendo y cerrando cajones, diciendo maldiciones y sacando cosas. Se dejó caer en la cama y se tapó la cara con las manos. Vaya día, cuando decidió hacerle frente a la escurridiza castaña no había previsto nada de eso, aunque para serse sincero, cuando la pequeña rubia lo había mirado camino del parque de juegos, él reconoció sus ojos en los de ella.
-¡Demonios! ¿Dónde está? Debería estar por aquí. ¡Mierda!
Draco miró a Hermione quien ahora abría y cerraba los cajones del baño. Entonces miró su mano, que se había hinchado de una forma horrenda. El apenas y sentía el dolor de la cachetada, pero evidentemente la mano de Hermione no era tan fuerte como él. Se levantó y fue al baño, pero entonces la castaña comenzó a llorar y a decirle que se fuera, Draco la ignoró y la tomo en sus brazos para llevarla a la cama, sorpresivamente Hermione no protestó.
-Déjame ver –le ordenó el rubio tomando la mano lastimada de la chica-. Oh, parece que te rompiste un dedo, Hermione.
-Cara dura –le dijo la chica molesta si ocurrírsele una ofensa mejor. Draco sonrió un poco.
-Tenemos que ir a San Mungo a que te arreglen el dedo.
-¡No! –gritó la castaña horrorizada quitando su mano adolorida del agarre del rubio.
-Vamos Hermione, sabes que los remedios mágicos son más efectivos que los muggles.
-No voy a ir a San Mungo, Malfoy.
-Lo bueno es que no te estoy pidiendo tu opinión, Granger.
Y sin decir una palabra más, Draco la tomo por el brazo y se aparecieron en el vestíbulo de San Mungo.
La sorpresa de Luna Lovegood no pudo ser más evidente cuando el rubio y la castaña se aparecieron frente a su escritorio. Hacía años que no veía a la castaña y que nadie del mundo mágico tenía noticias de ella, por lo que verla aparecer y del brazo de nada más y nada menos que Draco Malfoy causó toda una conmoción, no solo en ella, sino en todos los presentes. Draco prácticamente arrastró a Hermione al escritorio de la rubia.
-Hola, Luna. Hermione necesita ayuda, al parecer se quebró un dedo.
-Te dije que no quiero estar aquí, Malfoy –respondía la castaña para después mirar a su soñadora amiga-. Hola Luna, que gusto verte.
-¡Hermione! Que sorpresa.
-Sí, sí, sí, luego se ponen al tanto de sus vidas, Hermione necesita ayuda –las cortó el rubio.
Ambas chicas fulminaron a Draco con la mirada pero sin decir nada más, Luna les indicó que la siguieran ante la mirada atónita de varios magos y medimagos que se encontraban en el vestíbulo de San Mungo. Entraron en una habitación con una cama en el centro, muy parecida a las de los hospitales muggles, y Hermione se sentó en la cama mientras Luna les indicaba que regresaría con un Medimago.
-Malfoy, no debiste traerme, no puedo dejar a Lene sola, ¿qué es lo que te pasa? Llévame con mi hija.
-Granger, deja de ser una pesada por unos momentos, ¿sí?
Y sin previo aviso, el rubio se desapareció dejando a Hermione sola en la habitación. Luna entró con Neville unos segundos después y Hermione no pudo contener la alegría al ver a sus antiguos amigos. Abrazó a Neville y después a Luna, la rubia la miraba con sus ojos soñadores llenos de felicidad, mientras que Neville la miraba con cara de molestia.
-¿Qué rayos te pasó, Hermione?
-Un dedo roto, no es nada. Le dije a Malfoy que no era de importancia.
-¿Malfoy? –preguntó Neville sin ocultar su sorpresa.
-Hermione se apareció en el vestíbulo con Malfoy, aunque creo que más bien Draco la traía a la fuerza –dijo Luna con su voz aniñada.
-Vaya, veamos –Neville tomo la mano de Hermione y ella intentó no quejarse, pero la verdad era que le dolía mucho-. Bueno, tienes dos dedos rotos, Herms, y uno dislocado –el chico soltó su mano y comenzó a revisar el armario de la habitación-. ¿Qué hiciste para lastimarte?
-Le di una cachetada a Malfoy –dijo ruborizada, Luna soltó una risita.
-¿Es un cara dura, ah? –dijo Neville burlón mientras preparaba una poción.
-Más de lo que te imaginas.
En ese instante, una cabellera pelirroja se apareció en la habitación. Hermione se quedó por un momento helada al ver esos ojos verdes mirándola enojados, pero después la pelirroja se abalanzó hacia ella y la abrazó fuertemente.
-¡¿Dónde diablos te habías metido, Granger?! Estábamos preocupados por ti. Ni una lechuza, ni una llamada, ¡nada!
-Hola Ginny.
-No me vengas con un hola, Hermione –la cara de enojo de Ginny y su postura le recordaban a la madre de la pelirroja-, de verdad estábamos preocupados.
-Estoy bien –replicó la castaña al borde de las lágrimas.
-Bien, tomate esto –Neville le dio la pócima y Hermione la agarró con la mano sana-. No sabe a cerveza de mantequilla, pero te aliviará –Hermione se tomó la asquerosa poción sin rechistar, esperando que el rubio se apareciera pronto y la llevara con su hija-. Pero tendrás que quedarte en observación –terminó Neville. Hermione lo miró asustada.
-No puedo quedarme.
-¿Cómo que no puedes? –Preguntó Ginny molesta- Te vas a quedar.
-No, de verdad no puedo.
-¿Por qué? –exigió saber la pelirroja. Hermione se mordió el labio.
-Porque…
Y justamente, en ese momento, Draco se apareció en la habitación con su hija. La bebé estaba profundamente dormida en los brazos del rubio, quien cargaba una bolsa llena de todo tipo de cosas.
-No supe que traer, así que traje un poco de todo. Mantas, pañales, biberones –dijo el rubio sin darse cuenta del público que tenía-. Wow, cuanta gente.
-¿Qué haces aquí, Malfoy? –Preguntó la pelirroja mirando a Draco con enojo.
-Tranquila, Weasley –dijo dándole a Hermione la bolsa para bebé.
-¿Por qué tardaste? –gruño la castaña poniendo la bolsa a un lado de ella y extendiendo los brazos para que le diera a su hija- Estaba comenzando a preocuparme.
-¿Podrías confiar en mi por una vez en tu vida? –preguntó el rubio claramente irritado.
Hermione lo fulminó con la mirada mientras intentaba quitarle a Lene de los brazos de Draco, pero el rubio se lo impidió mirándola con enojo. En intercambio de miradas no pasó desapercibido ante los ojos de la pelirroja, y supo inmediatamente que había algo más entre ellos, Hermione tenía mucho que explicar, comenzando con el porqué su desaparición dos años atrás.
-Qué bonita bebé tienes Draco, se parece mucho a ti –dijo de repente Luna con esa voz infantil tan propia de ella.
-Gracias, Luna. Es toda una Malfoy.
-¿Astoria sabe que estás aquí? –preguntó Ginny maliciosamente mirando a Draco y a Hermione a la vez.
-No es de tu incumbencia saber, Weasley, pero Astoria ya no es mi esposa –Draco le dio una mirada arrogante a Ginny quien bufó cruzando los brazos-. ¿Tú no deberías estar con Potter?
-Harry está en el ministerio, y yo trabajo aquí. Tengo más derecho que tú de estar aquí.
-Por favor Weasley –dijo Draco con arrogancia-, sin mis contribuciones a San Mungo, tú no podrías trabajar aquí.
-Mal…
-Basta, dejen de pelear –interrumpió Hermione a su amiga. Ginny la fulminó con la mirada pero no dijo nada más-. Si tengo que quedarme aquí no quiero que ustedes se estén peleando.
Ginny miro feo a Hermione pero no dijo nada. Draco bufó y con sumo cuidado se sentó en una silla que estaba a un lado de la puerta, cuidando que Lene no se despertara. Luna se acercó a Draco y acarició los rizos de Lene mientras que Neville escribía algo en un pergamino para después desaparecerlo y salir seguido de Luna. Hermione se recostó en la camilla y Ginny se sentó a un lado de ella.
-¿Dónde habías estado? –preguntó la pelirroja con preocupación. Hermione sonrió tímidamente.
-En casa de mis padres.
-¿Estos dos años estuviste en casa de tus padres? –preguntó la pelirroja atónita ante la mirada de su amiga.
-Apuesto a que jamás se les ocurrió buscar allí –comentó Draco como quien no quiere la cosa. Ginny lo fulminó con la mirada.
-¿Tú que haces aquí?
-Cuido a mi hija hasta que su madre se recupere, ¿no es obvio?
Hermione deseo que Draco no le hubiera dicho eso a su amiga. Ginny miró a Hermione estupefacta para levantarse escandalizada de la camilla. Ni en un millón de años la pelirroja imaginó que su amiga tuviera alguna especie de atracción hacia el rubio arrogante y malcriado, deseó poder ser más discreta pero no pudo. Draco la miraba claramente divertido, mientras que la cara de Hermione era todo un regalo.
-¿Tú con él? –dijo tapándose la boca. Hermione se ruborizó.
-¿Por qué es tan difícil de creer? –preguntó Draco molesto, Ginny lo fulminó con la mirada de nuevo.
-No hables –le indicó, Draco giró los ojos-. Hermione tienes mucho que explicar, ¿por eso fue que desapareciste? Pudiste decírnoslo, Harry y yo hubiéramos estado encantados en apoyarte.
-No lo creí así, lo siento –se disculpó Hermione, Ginny la miró feo.
-¿Cuándo aprenderás que por el simple hecho de que no funcionara lo de mi hermano no quiere decir que te dejemos de considerar de la familia?
-Eso lo sé, Ginny. Es solo que es más complicado –inconscientemente Hermione miró a Draco quien simplemente recargaba la cabeza en la pared con los ojos cerrados. Ginny miró curiosa a Hermione.
-Fue por su compromiso con Greengrass, ¿cierto? –Ginny no necesito que Hermione le respondiera, su mirada le decía todo. Hermione miró a Ginny con los ojos llenos de lágrimas- Malfoy, ¿puedes dejarnos a solas por unos momentos?
Draco abrió los ojos de golpe y miró a Ginny con coraje para después mirar a Hermione. Draco sabía que su castaña también tenía cosas que explicarle a la chica Weasley, pero no quería separarse de ella. Acababa de encontrarla, y sabía que era un idiota al pensarlo, pero tenía miedo de que Hermione desapareciera otra vez. Hermione lo miró con suplica y Draco se derritió, no podía negarle nada a su castaña.
-Por supuesto –dijo sin malicia ante la mirada atónita de la pelirroja y se levantó de su silla y salió al pasillo, cerrando la puerta detrás de él.
-¿Qué fue lo que pasó, Herms?
La castaña le contó todo. Desde cómo fue que descubrió el engaño de su hermano, para después toparse con Draco. Le contó cómo Draco se sinceró con ella y terminaron juntos en la cama, la carta que Hermione hizo explicando sus sentimientos hacia él y que destruyó al escuchar el discurso del señor Greengrass anunciando el compromiso y la boda. Le contó como descubrió que estaba embarazada y porque decidió irse del mundo mágico, la visita de Viktor y como el búlgaro no la dejo sola ni cuando dio a luz. Ginny escuchó todo pacientemente, y hasta cierto punto la comprendió, no había sido fácil para la castaña.
-Hace tres semanas Kingsley se apareció en casa de mis padres en el cumpleaños de Lene, me dijo que Draco me había estado buscando todo este tiempo, le mentí cuando Lene hizo levitar la mesita de centro, le dije que un amigo de la infancia era el padre de mi hija, creo que no me creyó, porque hoy Draco apareció en mi puerta, discutimos, le confesé todo, me insultó y lo abofeteé, pero me lastime la mano.
-Vaya Hermione. Lamento tanto todo lo que sucedió, pero no tenías por qué huir.
-Lo sé, Ginny.
-Sabes que cuentas conmigo para lo que sea –le dijo la pelirroja abrazándola.
La puerta se abrió y Draco entró con Lene haciendo pucheros. Hermione miró la hora y se horrorizó, era casi la media noche y Lene aun no había cenado.
-Creo que tiene hambre –dijo Draco dándole la niña a su madre.
Lene hizo un puchero al separarse de Draco pero cuando su madre le dio su papilla de frutas dejó de hace pucheros. Draco miraba atentamente como su hija comía intentando memorizar todo para poderlo hacer él después, miró como Hermione le ponía el baberito y le daba pequeñas porciones de papilla. Como esperaba a que la niña lo tragara todo para darle un poco más para después limpiarla.
Ginny también los miraba atenta, pero a diferencia del rubio, ella notaba otras cosas. Los ojos de Lene eran idénticos a los de Draco, así como también el cabello rubio platino, la nariz y el color de piel, pero la mirada era totalmente de Hermione como los rizos rebeldes, la pequeña boquita y las mejillas sonrosadas. La bebé era una hermosa mezcla de su amiga y el rubio arrogante. Ginny sonrió, podría odiar al rubio, pero la forma en como miraba a su amiga y a su hija era de auténtico amor, ella lo sabía, la reconocía, porque la veía a diario.
Wow, de verdad muchísimas gracias por los reviews que alimentan mi imaginación, de verdad, ¡gracias! No olviden dejar reviews, jejejeje.
¡Besos! Kat.
