-Porque una vez tu me salvaste sin importar quien yo fuera y lo que te costara-dice Nadir con una gran sonrisa ladina en su cara mientras echa la mirada hacia atrás por el espejo retrovisor. Suenan tan bien las palabras que salen por su boca, me embelesan y hacen que pierda el sentido del tiempo, espacio y mis preocupaciones.

Debo decir que aun soy débil a su sonrisa y no puedo evitar devolvérsela. La respuesta ejerce una presión fuerte sobre mi corazón y siento como late con fuerza y violencia. Sé que es una reacción extraña de hombre a hombre, pero no puedo evitarlo para nada, me atrae hacia él con cada cosa que hace sin poder poner yo resistencia alguna -o más bien no quiero hacerlo-. Además, tengo unas terribles ganas de llevar mi mano a su mejilla y acariciarla. Ha pasado tanto tiempo... han pasado tantas cosas desde que se fue.

Su rostro se ha endurecido, ha dejado de tener esa cara aniñada con la que le conocí aquel día que revolucionó por completo toda mi vida... y pensar que solo ha pasado un mísero año de nuestras vidas. Se le nota muchísimo más maduro y algunas cicatrices en su cara ayudan a ello. Debería preguntarle dónde ha estado, por qué no contactó conmigo en ningún momento, por qué tiene tantas heridas o simplemente como está. Pero me siento demasiado abrumado como para ello.

He de reconocer que pasados los dos meses de perderle de vista pensé que ya no volvería a verle -aunque muy a mi pesar- pero por lo que veo fallé con esa predicción, para mi fortuna. Llevo una de mis manos cerca del corazón e intento que se calme. Los latidos impactan sobre mi extremidades notablemente. Aparte de eso, tampoco consigo retener la emoción que sale directamente de mis ojos. Me estoy volviendo un llorón.

-Gracias- susurro. Ese gracias no es por haberme salvado de ir a la cárcel, sino de haberme redimido como persona. Si él no hubiera aparecido hubiera seguido con mi vida de lujos y ceguera aplastando a los que me sustentaban-Estoy en deuda contigo-consigo decir un tanto más fuerte, intentando hacer como no me cuesta hablar bien.

-Veo que no has cambiado nada, Gabriel-y ríe dulzonamente-Me gustas tal que así.

Mas nuestro pequeño reencuentro no dura felizmente por mucho más tiempo. Unas sirenas empiezan a sonar tras de nosotros y si pongo más atención, oigo como se están acercando a bastante velocidad.

Echo la mirada hacia atrás y veo un grupo de coches que se nos acerca. Agarro el hombro de Nadir para avisarle pero él ni se inmuta. Sin embargo, aprieta el acelerador velozmente y yo salgo disparado hacia atrás, sentándome en el asiento algo incómodo por culpa de los cinturones que se me clavan. La cabeza también se me va hacia atrás y con la poca fuerza que tengo, no consigo llevarla a una posición normal.

Las sirenas cada vez se escuchan más cercanas de nosotros y Nadir no para de acelerar. No se cuanta velocidad puede llegar a alcanzar el coche pero puedo suponer que no mucha más. Después de varios intentos por ponerme en una buena postura, lo consigo y miro por la ventana. Estamos pasando un puente que cruza de un lado a otro un enorme lago salado que seguramente utilizan como almacén para la filtración del agua salada y convertirla en agua de consumo. Vuelvo la mirada hacia delante y una fila entera de coches, como en el que estamos montados, nos cierra el paso al final del puente. Apenas quedarán unos 10 segundos para llegar allí y atrás nuestra, unos 5 coches nos están pisando los talones.

-¡Estamos acorralados!-grito desesperadamente y un agobio horrible me apaga la voz en la última vocal que suelto. Demasiadas emociones para mi en menos de un día. Odio, sediento de violencia, apenado, confuso, triste, asustado, feliz, agobiado, acorralado, medio muerto... Adiós días normales.

Nadir sigue sin inmutarse y tiene la mirada clavada delante nuestro. Maldita sea, ¿qué le pasa? ¿Es que no se da cuenta de lo que está pasando? Muchos gritos empiezan a salir de mi boca hacia él estrepitosamente y empiezo a temblar de nerviosismo.

Mierda, hasta aquí hemos llegado. Otra vez me voy a tener que despedir de él, aunque ahora si puedo hacerlo despierto. Después de un par de segundos esperando a que Nadir hiciera algo -cosa que no pasa-, me echo hacia delante, agarro su cara y beso una de sus mejillas. Así es como se despidió él en su día y así es como lo voy a hacer yo hoy. Parece estar todo perdido.

-No seas tan dramático-dice él tranquilamente. Su voz suena tan serena que me desconcierta y me deja con cara de tonto. Nos quedarán unos 15 metros aproximadamente antes de estrellarnos con ellos pero bueno... lo mejor es no pensar en eso. Siempre sufres menos si no lo haces.

Nadir gira su mirada hacia mi y con una sonrisa, su típica y dulce sonrisa, me rodea la cintura con sus largos brazos y tira de mi hacia el asiento del copiloto. Mi pecho lentamente se hincha de unos sentimientos que jamás he experimentado y siento como mi cara de llena de sangre. ¿Aun tengo que añadir más al repertorio? Es extraño estar tan pegado a un chico que, en realidad, aun no sé mucho de él. Pero es como si él fuera el polo negativo y yo el positivo.

-Agárrate a mi-dice imperante pero manteniendo aun su serena voz. Yo, obedientemente, hago lo que me pide y siento como su agarre se vuelve un tanto más agresivo.

Estamos completamente pegados el uno al otro. Ahora todo pasa muy rápido. El coche sigue su camino rápidamente hasta los demás que nos esperan al final del puente. Nosotros aun estamos dentro, aunque que no por mucho tiempo.

Veo como Nadir lleva una de sus manos hacia la puerta y la abre levemente. Yo le miro confuso pero él me guiña el ojo. Se que me pide con esa acción que vuelva a confiar ciegamente en él de nuevo y no creo que pase nada malo por intentarlo. Aun no me ha decepcionado.

Los dedos de su otra mano se clavan en mis caderas y de un segundo a otro siento como mi cuerpo empieza a volar. Bueno, mejor dicho, empezamos los dos a volar. Nadir nos tapa con su enorme capa y se aprieta más contra mi. Es una sensación muy singular el caer hacia algún sitio que no sabes bien a cuanta altura está ni lo doloroso que va a ser la caída.

Todo se me viene para arriba y grito con todas mis fuerzas. No estoy asustado, pero he tenido ese grito tan retenido dentro de mi cuerpo que ahora es el mejor momento de soltarlo y ha salido sin impedimento alguno. En cierto modo me he liberado de él.

-Coge aire-pide Nadir y éste lo hace. Yo tardo un poco en darme cuenta de por qué tengo que coger aire, pero lo hago.

Me aferro a su pecho con todas mis fuerzas y espero la inminente llegada al agua. Llevamos mucha velocidad ya que íbamos muy rápido con el coche y nos hemos lanzado al vacío. Imaginad... ¿a cuánto podíamos ir? ¿150-160 km/h? Miedo me da solo pensar el impacto.

-¡SE ESCAPAN!-grita uno de Seguridad.

-¡DISPARAD!-grita otra persona con furia.

Mas ya es tarde. Cierro los ojos con fuerza esperando lo que tenga que pasar. Chocamos contra la superficie del agua y nos adentramos un par de metros oblicuamente. Nadir se ha encargado de entrar lo más limpiamente para no hacernos daño.

Al principio siento un leve impacto sobre mi nuca, pero luego es como si me dejara caer sobre agua -aunque es literal-. Pocos segundos después de habernos mojado, una gran explosión perturba notoriamente el agua. Debe ser la colisión de nuestro coche con los que nos acorralaban al final del puente.

Y si os digo la verdad, ahora mismo me dan igual las posibles víctimas que eso pueda haber causado. ¡Me querían meter en la cárcel y a saber qué cosas más!

Ya sumergidos, mi salvador me suelta y abro los ojos para orientarme. No estamos ni muy lejos de la superficie ni muy cerca del fondo. Puedo ver como algunas balas -o eso me parece- se abren paso por el agua pero pierden fuerza unos centímetros encima nuestro. Nadir empieza a hacerme señas para que le siga y yo sin demorarme mucho le sigo.

Lo gracioso es que ya sentía que me faltaba aire antes de entrar y ahora lo siento con aun más fuerza. Esto es peor que cuando salgo fuera a trabajar recogiendo basura. Al menos allí empiezo con una buena dosis de oxígeno y no se termina en las horas de trabajo.

Como puedo, voy empujando con mis manos y pies el agua para moverme en la dirección que me indica, sin embargo voy muy lento. Si os digo la verdad, estoy asombrado de saber nadar aun sin haberlo hecho nunca.

Me siento muy impotente por no poder moverme todo lo rápido que me gustaría y encima siento unas tremendas ganas de tomar aire. La garganta se me contrae y me pide oxígeno. Quedo parado completamente entre la lluvia de balas que llegan sin fuerza y la mirada de Nadir. Mierda, no puedo más, tengo que subir a tomar aire. Empiezo a hacerle señas a Nadir de auxilio. Éste rueda los ojos como si no le importara nada y yo sin poder aguantarlo más, empiezo a subir hacia la superficie. Aire, aire.

Torpemente voy subiendo. Necesito aire. Apenas quedan dos metros para llegar pero algo me impide seguir subiendo, él. ¡QUIERO AIRE! Me está mirando con cara de querer matarme pero mis pulmones están ardiendo deseosos de tener aire nuevo. Pataleo para intentar librarme de su agarre pero este tiene mucha más fuerza que yo y lo único que consigo es perder energías y tiempo. Si, ese que poco me queda. Aire...

Al final, pega un tirón hacia abajo, lo que me hace descender -aunque intente lo contrario-y éste sale disparado hacia la superficie como si no le costara ni el más mínimo esfuerzo hacerlo. No tarda nada en llegar a ella y tal como lo ha hecho baja lo más rápido posible porque la lluvia de balas se ha intensificado notablemente al, seguramente, ver su figura emerger del agua.

Afortunadamente ninguna es capaz ni de rozarle y baja majestuoso hasta donde yo me encuentro, perdiendo la vida. ¿Cuanto llevaré así sin poder moverme? Me he estado centrado en él para no pensar que me estoy muriendo ahogado. Encima de mí se puede ver un gran conjunto de burbujas intentan alcanzar el final para salir fuera de está jungla de agua.

Además, la angustia que siento es imposible de relatar. Por mi mente se pasar imágenes de los bonitos bosques que tanto me gusta ver en los libros de botánica o yo tomando una gran bocanada de aire cuando estoy rodeado por los pocos árboles que hay en Luna. La cabeza se me cae hacia atrás sin yo poder evitarlo -no se si es por pérdida de fuerza o algo lo ha provocado- y miro indirectamente hacia la superficie. Pero antes de cerrar mis ojos por completo agotamiento, veo como Nadir viene nadando rápidamente hacia mi y junta sus labios con los míos. Tira de mi barbilla hacia abajo para abrírmela y me pasa aire. Mis pulmones se llenan de nuevo, aunque la sensación de ahogamiento no se ha ido para nada.

Después de haberme dado una cantidad considerable de su aire me agarra de la mano y tira de mi hacia su objetivo. Me cuesta alejarme de sus labios. Nunca los he ansiado, pero ahora es como su hubiera estado ciego de ello. Me lleva a rastras. A lo mejor si me hubiera contado algo hubiera dado algo más de mi -aunque quien sabe, soy demasiado débil-.

El tiempo se pasa lentamente. Ya debería haberme ahogado pero Nadir no pierde las esperanzas en mi. ¿Cómo este chico puede seguir nadando después de todo esto? No solo se lleva a si mismo, si no que me carga. Ojalá fuera más fuerte y algo más atlético, así podría ayudarle a llevarme. La corriente de agua choca contra todo mi cuerpo creando un rozamiento notable, mas aun así Nadir sigue con una gran velocidad. Es como si tuviera los pies y las manos palmeadas.

La eterna espera se termina cuando llegamos a una pequeña orilla donde él me deja en ésta boca arriba.

Toso, toso todo lo que nunca he tosido y grandes borbotones de agua salen de mi boca. Sabe mal, muy mal. Creo que en mi vida volveré a comer sal. A mi lado, tendido también, está Nadir intentando recuperar el aliento. Yo, cuando consigo sacar todo el agua posible de mi interior, me dejo caer hacia atrás y cierro los ojos.

-¡Hey! Despierta-grita el pelibonito meciéndome de un lado a otro considerablemente y al final consigue su cometido.

Abro los ojos confundido. No me he dormido, hacía menos de un segundo que había cerrado los ojos, no me puedo haber dormido. Me siento sobre la arena mojada que hay a nuestro alrededor. La cabeza me empieza a dar punzadas de dolor y la agarro con una mano. Vale, me he quedado dormido.

-No podemos quedarnos aquí por mucho tiempo, Gabri-dice mirando hacia todas las direcciones en posición defensiva. Se le nota tenso y muy concentrado en buscar cualquier evidencia de cualquier ser humano que nos persiga. Yo me quedo K.O al escuchar el diminutivo que me ha designado de un momento a otro.

Asiento con la cabeza y trato de levantarme. Primero me apoyo sobre mis piernas y palmas para comprobar la estabilidad de mi cuerpo. Luego flexiono las rodillas para subir en altura mientras, con ambos brazos, intento no caerme. Al final, consigo levantarme sin problemas, aunque aun no he dado ningún paso. Miro hacia mis piernas buscando alguna herida o sangre, mas no encuentro nada parecido.

-Date la vuelta-me ordena Nadir. Enarco una ceja desconcertado por ese mandato y niego con la cabeza. Ya me he cerciorado bien de que no me pasa nada-¡Hazme caso!-grita perdiendo los nervios y ahí es cuando si le hago caso.

Doy una vuelta de 180 grados y me quedo de espaldas a él. Siento como sus fríos dedos recorren la tela de mi camisa que está totalmente pegada a mi piel, humedecida por el reciente baño que nos hemos dado. Luego, noto como un trozo de ella se desgarra y una corriente de aire me hace saber en que zona ha sido: por mi omoplato.

Él vuelve a posar sus robustas pero finas manos, ahora sobre mi piel desnuda, y llega a un sitio donde dejo de tener sensibilidad alguna. Éste empieza a rascar esa zona mas sigo sin sentir nada. Molesto, empiezo a mover la espalda por si siento dolor en ésta, sin embargo, sigo sin sentir nada de nada.

-¿Qué me pasa?-pregunto sofocado mientras llevo una de mis manos hacia la zona e intento tocar el foco de incertidumbre. Nadir no tarda en golpear mi mano para alejarla-Auch.

-Es mejor que no te lo toques-responde, aunque no de la manera que me hubiera gustado. Me he quedado igual o peor que cuando he hecho la pregunta.

-¿Qué es?-me giro para volver a mirarlo y ahí es cuando me doy cuenta de que sus hermosos ojos oceánicos están abiertos como platos y su boca parece que se va a desencajar. Esa reacción solo puede significar que nada bueno tengo en la espalda. Mis dos manos agarran mechones aleatorios de mi pelo y empiezo a estirarlo. Pierdo el control, no. No.

-Eso...-intenta decir mas la voz se le quiebra y tiene que tragar saliva para poder seguir hablando- eso es el menor de nuestros problemas ahora.

Y en cuanto lo dice, como si lo hubiera predicho, un disparo rebota en la arena muy cerca de donde nos encontramos. En cuanto escucho el tiro fallido me agacho y cubro mi cabeza con las manos. Nadir hace lo mismo y me hace señales para que le siga.

Él echa a correr, aunque más lento porque mantiene la forma evasiva, siguiendo la orilla del lago. Yo le sigo sin problemas alguno, aunque mis músculos a los 5 pasos empiezan de nuevo a resentirse. El mundo se está riendo de mi por cuando dije que no iba a correr más en mi vida.

Seguimos corriendo por un cuarto de hora. Los pies se han convertido en una especie de rocas muy pesadas que cada vez me cuesta más levantar. Mis brazos están completamente desconectados de mi sistema funcional y están colgados moviéndose por la fuerza de inercia. Mi boca reseca ansía respirar con menor dificultad y mis ojos necesitan hacer un parón para poder descansar. Nadir no para ni un minuto, parece una máquina hecha para correr y nadar a la perfección. Los disparos ya cesaron, ahora solo corremos para distanciarnos lo más posible de ellos e intentar escondernos en cualquier lado.

1, 2, 5, 10, 15 minutos más pasan. En verdad creo que ya he perdido la cuenta de cuantos de ellos, pero se clavan en mi sin piedad. El sudor me cae por las cejas y a veces algunas gotas me entran en los ojos distrayéndome de mi camino. Me he comido un par de hoyos y rocas, en donde me he caído, pero Nadir siempre ha estado ahí para tenderme la mano y ayudarme a seguir corriendo.

A cada paso que doy, más cosas empiezan a perder el sentido. Mi vida, todo lo que he luchado por conseguir, mis estudios, mi casa, mis amistades, las fiestas de conmemoración, las caricias, mi padre... Mi mente se sumerge en un estado de depresión viscosa que tira de ella hacia una zona más profunda. ¿Por qué correr? ¿Para qué hacerlo? Todo está perdido por mucho que intente negarlo.

-Creo que ese puede ser un buen lugar donde refugiarnos por hoy-dice súbitamente mi compañero, señalando un gran tubo medio enterrado en el suelo.

Ahora es cuando debería ilusionarme por haber encontrado algo en lo que aferrarme, mas ya estoy cansado de ello. Decelero mi paso y voy hacia donde él va, aunque desganado. Ya me da igual que las piernas me tiemblen por el sobre-esfuerzo casi inhumano que he hecho. Ya me da igual que mi cabeza de vueltas, al igual que todo el paisaje que me rodea. Ya me da igual ver la cara borrosa de Nadir que se acerca velozmente hasta donde me encuentro.

Ya me da igual la oscuridad.