Capítulo 6
―No sé qué diantres hacer...―murmuró para ella misma, tumbada en la cama de su cuarto, mirando al techo.
Ese día, sus compañeras de las animadoras tenían planes con sus respectivos novios, y para su sorpresa, Jake tenía reunión con unos amigos suyos de la clase de baile, por lo que esa noche, Kitty se tenía que quedar en casa, para su desgracia. No era de las mujeres que saliesen por la noche sola, y aunque en casa también estaba Marley, no tenía pensado hacer nada con ella.
Había pasado una semana desde esa discusión, y Kitty se había ahorrado dirigirle la palabra para nada, pese a que la castaña había intentado disculparse por lo que había dicho. Pero la rubia era orgullosa, y todo lo que le había escuchado, le había hecho daño. Era indiferente a muchas personas, además de ser egoísta. Pero en verdad se había interesado por la joven con un buen interés, además de la curiosidad. No creía, en esta ocasión, haber hecho algo malo, y el simple hecho de que Rose reaccionase así no le había hecho nada de gracia.
Si de verdad esa chica se pensaba que ella era así, y que no eran nada, así iba a ser. No iba a ser su amiga, solamente compañeras de piso, y esperaba que por cualquier casualidad del destino, la otra se marchase de la casa y le dejase a ella sola. Prefería estar sola, o que más bien, fuese Jake a vivir con ella que tener que aguantar esas salidas de tono que no tenían razón de ser. Por una vez, ella había sido una buena chica después de todo lo que había ocurrido.
Finalmente, pese a todo, decidió salir hacia el salón, debido que ahí estaba la televisión, y le apetecía ver una película. Buscó en el cajón de las películas que tenía una de miedo, entre tantas otras que tenía, y finalmente, escogió una suave, que se llamaba "La dama de negro". En la primera parte, que era la que más le había gustado, salía el actor que protagonizaba a Harry Potter en las películas de esa saga, y no le apetecía asustarse mucho, solamente mantenerse entretenida.
Escuchó como una puerta se abría, y casi podía percibir como la otra joven se asomaba por ella para ver que ocurría. Ella de mientras eligió el idioma y puso la película, sin hacerle mucho caso a la castaña. Quería guardarse un comentario mordaz o mandarle que se metiese dentro de la habitación; y aunque ese era su mayor instinto, una pequeña parte de ella quería que fuese con ella al sofá y se sentase a su lado. Y que viese junto a ella esa película. No sabía porqué, pero aunque había sido ella misma la que había impuesto esa escasa relación entre ellas debido a lo ocurrido, por el orgullo, no podía evitar echarla un poco de menos.
Los días anteriores habían sido geniales, y le había gustado un poco estar con Marley, hablar con ella, y ver su pequeña sonrisa. Detalle que le hacía cavilar un poco, aunque sin llegar a una conclusión exacta. Suponía que con la joven podía mostrarse un poco más de como podía llegar a ser ella en verdad, y ese vínculo extraño que había sentido que se había formado entre ellas. Siempre lo había sentido así, y ahora era una sensación más intensa.
A Kitty siempre le había parecido que su relación con Marley había sido así. De enemigas, y a la vez, de amigas. De no gustarse mutuamente, y a la vez, estar cerca la una de la otra. Era como el vaivén de una ola, yendo de un lado a otro. De un extremo a otro. De la cercanía a la lejanía. Era tan confusa esa relación, que en verdad, nadie allí había sabido catalogar si era odio u otra cosa. Ni siquiera la misma Kitty Wilde era capaz de definir los sentimientos que Marley Rose le provocaba.
― ¿Puedo sentarme?
La aludida no apartó la vista de la pantalla, pero sabiendo que su compañera estaba parada de pie al lado de ella, esperando a que la mandase a su cuarto, o que le permitiese quedarse. Su corazón se encogió mientras ella sopesaba un momento, y finalmente, clavó sus ojos verdes en el rostro de la muchacha, que la miraba con timidez. No supo porqué, pero eso hizo que se enterneciese un poco, y al final, cediese.
―No tengo derecho a echarte―respondió con sequedad, de manera que no mostraba debilidad, pero tampoco la apartaba de su lado. No quería que Marley se marchase.
―No quiero estar si te incom...
―Vamos, Rose, no molestes más y siéntate―respondió tajante, haciéndole un gesto con la mano que aún sostenía el mando para que la chica se colocase a su lado.
Esta, azorada y tímida, se sentó a su lado en el sofá, y se acomodó un poco, clavando sus ojos azules en la pantalla, para concentrarse, gesto que no le pasó desapercibida a la otra, que sonrió disimuladamente antes de volver a centrarse en la trama de la película.
Pero a lo largo de la película, no podía dejar de observarla. De ver sus expresiones de miedo, ni de como sujetaba el cojín entre sus brazos, apretándolo contra ella, gesto que le dio mucha ternura a Kitty, comprobando que Marley era una persona asustadiza que se ponía nerviosa con las películas de miedo. En un momento, incluso pudo ver como se tapaba el rostro con el cojín mientras contenía un pequeño grito del susto, cosa que había asustado a la rubia más que cualquier escena de la película. Sin lugar a dudas, a Wilde, Rose le parecía una persona llamativa.
―Rose...No te gustan las películas de miedo.
―No es que no me gusten...Es que paso miedo con ellas―Kitty alzó una ceja ante tal contestación.
―Sí quieres podemos ver otra película, no me importa cambiar―aclaró la joven, mientras observaba la escena de soslayo.
―No, estabas viendo esta película, y sino me puedo marchar yo...
En ese momento, volvió a surgir otro momento de miedo, que hizo que Marley se sobresaltase y, en un acto reflejo, se abrazase a Kitty, escondiendo el rostro en el hombro de esta. La animadora se estremeció ante la cercanía de la más alta, y al sentir el tacto de su piel contra la suya. Podía notar el aliento contra ella, y como hacía que ella temblase un poco, cerrando los ojos con fuerza, dejándose abrazar, y para su propia sorpresa, abrazándola ella también por la cintura, en un gesto que parecía que no quisiese que su compañera se soltase, que seguía sin atreverse a mirar la pantalla.
Kitty suspiró por lo bajo, cerrando los ojos, disfrutando por un momento de esa cercanía, aspirando su aroma, disfrutando de lo fría que se encontraba la piel de Marley, que se la rozaba con los dedos, por el lugar donde estaba un poco levantada la camiseta que la chica llevaba. Por un instante, Kitty no quiso que aquel contacto que había surgido entre ellas, se acabase nunca. Quería estar así para toda la vida, rodeando un poco con sus brazos a la chica de cabello castaño, enredando los dedos en su las puntas de su cabello, que llegaba hasta la mitad de la espalda. Se permitió aquella suave caricia, que pasaba desapercibida para la otra, y con sumo cuidado, finalmente, se llegó a apartar, solamente para ver si la otra se encontraba bien.
― ¿Marley? ¿Te encuentras bien? ―La aludida se separó, cubriendo su rostro con ambas manos.
―Dios, me muero de la vergüenza, Kitty, perdóname―susurró en bajo, con timidez, mientras separaba los dedos para mirar entre ellos, volviendo a taparse entera al ver que aparecía otra escena de miedo.
La rubia se la quedó observando, y no pudo evitar soltar una enorme carcajada, mirándola Marley de reojo un poco mal, frunciendo el ceño; pero cuando pareció comprender que la muchacha no se reía de ella, sino de la situación en sí, no pudo evitar hacer lo mismo, debido a que aquello tenían que admitir ambas que era bastante divertido.
―No te preocupes...Ya sé para la próxima que no podemos ver una película de miedo, sino te vas a asustar―dijo la animadora, riéndose entre dientes, en tono divertido.
Marley asintió en silencio con una sonrisa, cohibida en parte, quitando las manos para poder así ver del todo a Kitty, que la observaba también, con expresión divertida. Ambas se quedaron así unos segundos hasta, que finalmente, volvieron a reírse juntas, sacudiendo la más baja la cabeza, en señal de resignación.
―No, no tienes porqué...No voy a volver a salir del cuarto cuando quieras ver una película―susurró Marley, apartándose un mechón de su cabello―. Lo siento, Kitty―murmuró, encogiéndose de hombros―. Te he estropeado la película.
―No te preocupes...Es más, me gustaría que vieses películas conmigo―confesó la muchacha de ojos verdes, que mantenía la vista fija en la de los ojos azules―. Es más divertido que verlas sola―comentó, encogiéndose de hombros.
Por un momento, Kitty se había olvidado de su enfado con Marley, y por un momento, fue como los primeros días. Con ambas mostrando cierta confianza y complicidad, algo propio de unas compañeras de piso. Pero cuando se quiso dar cuenta de nuevo, volvió al fruncir el ceño, se colocó correctamente en su lugar, se cruzó de brazos, y volvió a centrar toda su atención en la pantalla; pero se percataba de la postura de Marley, y de como la miraba de reojo, como dudando de si hablar o no.
Una parte de ella, quería que Marley hablase, y otra parte, no. Era extraño que la castaña pudiese provocar unos sentimientos tan contrapuestos en su interior, esas sensaciones que luchaban entre ellas por ver cual era de ellas la predominante. Y por mucho que le molestase admitirlo, quería arreglar las cosas con Rose. No le gustaba estar a malas con ella, y más si tenía que convivir junto con la joven durante mucho tiempo.
Pero también tenía claro que, sinceramente, no se iba a molestar ella en arreglarlo. No sabía sido la que había ofendido a la otra, cuando, por una vez en su vida, había decidido empezar bien con aquella chica inocente, que ahora, al menos, ya no veía tan santurrona como antes. No sabía si eso era bueno o malo, pero también era consciente que pese a eso, la muchacha no era capaz de expresar adecuadamente sus enfados, o no como lo hacía ella, que sabía mostrar una frialdad que congelaría a muchos de los que estuviesen presentes en ese momento.
―Kitty...
Ella apretó los labios, como si hubiese escuchado algo molesto. Pero resopló, rodando los ojos un instante, para al final, desviar su mirada, y clavar los ojos verdes en los azules que, por un momento, hicieron que le invadiese una sensación de vértigo, como si estuviese frente a un abismo, una claridad, un algo que la perturbaba. Se aclaró un poco la garganta, permaneciendo con los brazos en jarras, arqueando ambas cejas.
― ¿Qué ocurre, Rose? ―Quiso saber, esperando que la otra hablase.
―Quería disculparme...
―Ya sé que no me querías estropear la película―interrumpió, frunciendo el ceño―. No hace falta que te repitas varias veces―apartó la vista de ella y la volvió a posar en la pantalla de la televisión.
―No...Quería disculparme por lo del otro día―aclaró la castaña, con cierta timidez.
La rubia volvió entonces a centrar su atención en la figura de la otra chica, viendo que era sincera la disculpa. Era capaz de verlo en la mirada, en su forma de hablar, y en como le temblaba un poco el labio inferior, gesto que, internamente, le pareció adorable, aunque se maldijo por dentro cuando pensó eso, aunque manteniendo una postura serena ante la otra, que parecía estar esperando pacientemente a que le contestase.
― ¿Disculparte?
―Sí...Sé que no es justificable como me puse a la defensiva, si tú ni siquiera habías hecho nada para que yo reaccionase así―dijo, suspirando, con la mirada baja―, y sé que no lo justifica, pero ya he entendido muchas veces que mucha gente hace daño a propósito, sin tú hacer nada por ello, y después de que en su momento nosotras tuviésemos nuestros problemas, pues...Tanta amabilidad me asustó―susurró en un tono más bajo de lo normal, lo que hizo que Kitty sonriese un poco, en un gesto de que en parte, lo entendía.
―Estoy bastante molesta, Rose...―replicó en un fingido tono de enfado.
―Lo sé, y si pudiese hacer algo para que me perdonases...
― ¿Harías lo que sea? ―Esbozó una sonrisa maliciosa, lo que hizo que Marley se asustase― Con que bajes abajo y compres dos tarrinas de helado, me conformo―contestó al final, divertida, haciendo que la castaña se relajase―. Venga, yo de mientras busco una película que nos pueda gustar a las dos.
― ¿En serio? ―Inquirió Marley, mirándola con cierta esperanza― ¿Eso es qué me perdonas?
Kitty rodó los ojos ante la pregunta, y sintió como Marley le rodeaba con sus brazos y la apretaba contra ella, correspondiendo Kitty entre risas ante tal gesto, cerrando los ojos, y dejándose embriagar por el aroma de su colonia, que le rodeaba por completo, y hacía que se sintiese especial. Le gustaba estar tan cerca de la castaña, que se acabó separando para levantarse del sofá.
― ¡Ah! Compra unas patatas fritas y unas palomitas, las guardaremos para la próxima ocasión―comentó Kitty, que se acomodó mejor en el sofá.
―Vale, vale...Ahora vuelvo.
La rubia pudo observar como, al rato de haber tomado lo necesario para bajar al supermercado que había abajo, Marley salió por la puerta de la casa. La más baja sonrió para sus adentros, y se permitió cerrar los ojos.
Se podría acostumbrar a vivir con Marley siempre.
