La cita perfecta


Headcanon de Luz253:

Daisuke en una cita con Hikari, para él sería un sueño hecho realidad. En mi headcanon, Daisuke le pediría ayuda a Ken, quien está de novio de Miyako por mucho tiempo. Daisuke planearía la cita perfecta, hasta preparo chocolates únicos el mismo y están deliciosos; pero él tiene tanta mala suerte que el lugar que reservo no guardo su reserva, los chocolates terminaron aplastados y él se quiere morir. A pesar de todo Hikari le muestra una dulce sonrisa; lo lleva a comprar un helado y pasear a un parque, descubre los chocolates aplastados y saca uno de ellos, le encantaron. Daisuke aun así sigue decepcionado de no hacer lo planeado, para subirle el ánimo le da un beso sabor a chocolate y le dice que a pesar de todo le encanta estar con él y ama cada momento que pasa con él.


Para Daisuke el esperar un momento adecuado para poder hablar con Ken fue muy complicado. No era solo por la diferencia de horarios o su horario laboral sino por su propia impaciencia. Teniendo pocas horas, o menos de las que creía necesarias, era fácil sentirse nervioso.

—¿Podrías hablar más despacio? No entendí nada de lo que dijiste.

—Necesito consejos —repitió Daisuke, seguía hablando rápido, pero en esa ocasión su dicción era más clara.

—¿Para…?

—Para una cita.

—¿Qué es lo que hace esta cita tan especial? —preguntó Ken, su rostro denotaba sospecha —. Nunca te había visto tan nervioso.

—Saldré con Hikari.

—¿Hablas de Hikari Yagami? ¿La misma que tú y yo conocemos?

Daisuke asintió con la cabeza. De haber sido otra persona quien le hiciera esa pregunta se hubiera sentido ofendido, pero la verdad es que incluso él seguía sin creerlo. Años atrás había perdido la esperanza de que sus sentimientos fueran correspondidos e incluso se había esforzado en deshacerse de ellos. Si invitó a Hikari a formar parte de su viaje fue porque notó que ella necesitaba de ayuda, nunca tuvo segundas intenciones.

—Tú tienes experiencia con las citas, necesito tu ayuda.

—Es una cita, no tienes que actuar como si fuera el fin del mundo.

—Te creería si no recordara como fue tu primera cita con Miyako.

—Por eso te lo digo. Las cosas comenzaron a salir cuando decidí tomarme las cosas con calma. Si Hikari aceptó salir contigo es porque vio algo en ti que le gusta.

Daisuke tomó una libreta y un lapicero para poder escribir lo que Ken le había dicho.

—¿Algunos consejos? —preguntó Daisuke —, necesito que sea una cita perfecta.

Ken negó con la cabeza, consciente de que, por más que insistiera, no lograría hacer que su amigo cambiara de opinión.

—Primero asegura de bañarte bien y de usar perfume, no demasiado. Llévala a un lugar donde ambos se sientan tranquilos.

—¿Crees que sea exagerado usar traje de etiqueta?

—Depende ¿Van a ir a un lugar que lo requiera? ¿o se trata de un evento demasiado formal?

—Se podría decir, incluso hice una reservación —Daisuke no estaba completamente seguro de lo último.

—¿Por qué no me sorprende? —comentó Ken, por la forma en que hablaba, parecía estar pensando en voz alta.

—Siento que debería sentirme ofendido, pero voy a dejarlo pasar —respondió Daisuke —. ¿De qué debería hablarle?

—Se supone que las citas con para conocerse mejor, pero ustedes han sido amigos por muchos años así que ignora eso, ya te lo dije antes, la idea es divertirse.

Ken recordó su primera cita con Miyako. Había sido ella quien tomó la iniciativa. Había hecho la mayoría de las cosas que le había dicho a Daisuke que no hiciera. Los silencios los sintió tan pesados que lo hicieron hacer comentarios nada apropiados, muchos de ellos seguían avergonzándolo. Ambos habían ido a la feria de diversiones, Miyako quería que se relajara, pero para Ken cada puesto de juego era un desafío, en aquel momento creía el éxito de la cita dependía de que pudiera obsequiarle los premios de estos.

"Me gustan los peluches, pero no debes obsequiarme tantos. Si te pedí una cita fue porque me gustas tal y como eres", fueron las palabras que Miyako le había dicho en esa ocasión. Aunque lo hizo sentir mejor, no se tranquilizó de inmediato.

—¡Debo demostrarle que soy un caballero! —comentó Daisuke con entusiasmo —, como los de las películas románticas y las novelas.

—Quizás funcione al principio, pero no creo que sea una buena idea, especialmente porque no eres así.

—¿Bromeas?

Ken no respondió, pero la expresión de su rostro era lo suficientemente clara. No era solo el hecho de que Daisuke era demasiado energético y glotón. Sus modales a la hora de comer no eran precisamente los mejores.

—Puedes hacerle un obsequio, algo sencillo —agregó Ken recordando los peluches que le regaló a Miyako. Fueron varios, más de los que los dos podían cargar y todos ellos los atesoraba, pero solo uno era su favorito, el primero que ganó, peluche que había dicho se parecía a ella.

—¡Gracias, Ken! ¡De verdad salvaste mi vida! ¡Hablamos luego, tengo que regresar al trabajo!

Después de terminar la videollamada, Daisuke regresó a la cocina. Durante el resto del día tuvo mucho trabajo por hacer, de las muestras que habían preparado, ninguna les gustó a los clientes por lo que tuvieron que preparar un nuevo menú. Varias veces le llamaron la atención pues se distraía al imaginar cómo sería planear su propia boda.

—La novia dice que le gustó el pastel de zanahoria —le dijo Hikari —, y que lo elegirá si le pueden poner más pasas.

Una pequeña ovación se escuchó por parte de los cocineros. De todos los pedidos que Jennifer había hecho, ese era el más sencillo, sin contar el hecho de que había probado más de diez postres sin llegar a decidirse por ninguno.

—Dígale que estaremos encantados de cumplir con su deseo —respondió la jefa del departamento de cocina.

Una de las cosas que Daisuke agradecería de la indecisión de los clientes fue que le permitió probar diferentes chocolates y encontrar uno que consideró perfecto para la ocasión. En cuanto tuvo el tiempo libre se dedicó a prepararlos. Apenas pudo dormir, pero el resultado lo hacía sentir satisfecho.


Daisuke pasó varios minutos contemplando su reflejo en el espejo, pensando en una forma de acomodar su cabello sin llegar a sentirse satisfecho. Nunca le había molestado lo rebelde del mismo. Hubiera permanecido más tiempo de no ser por lo poco que faltaba para su cita.

Cuando vio a Hikari se quedó sin palabras. Para él ella siempre se veía hermosa, pero en esa ocasión consideraba que algo en ella la hacía brillar. No sería la última vez que tendría esa sensación al verla. Sintió el impulso de pellizcarse para comprobar que no era un sueño; la voz de Hikari lo hizo salir de sus pensamientos.

—¿Nos vamos?

—Sí, solo tenemos que esperar a que pase el taxi.

No era la primera vez que estaban solos, eso era algo inevitable tomando en cuenta que los dos estaban viajando juntos, pero sí la primera vez que Daisuke se quedaba sin palabras. Disimuladamente buscó entre los bolsillos de su pantalón sus notas de papel, específicamente una sobre temas de conversación.

—Lindo clima —Inmediatamente se reclamó por su comentario. El cielo estaba nublado e incluso parecía que estaba por llover en cualquier momento.

—Sí, supongo que debería llevar una sombrilla.

—¿Cuál es tu color favorito?

—No tengo un solo color favorito, me gusta el rosa, pero también el amarillo y el verde, aunque no sea un color creativo.

—¡El mío también, que coincidencia!

Al notar lo que había dicho, Daisuke pretendió asomarse en la carretera, para su buena fortuna, vio un vehículo rosa estacionándose frente al hotel. Cuando vio al chofer bajarse, supo que el taxi que pidió había llegado. Le avisó a Hikari y cuando la vio acercarse, le abrió la puerta.

—Gracias.

Después de indicarle al chofer la dirección del restaurante al que se dirigían, tomó asiento al lado de Hikari. Al notar lo sudadas que estaban sus manos las llevó hasta los bolsillos, intentando que Hikari no lo notara, olvidando las notas que había preparado para la ocasión. De no haber estado tan nervioso habría notado la pequeña y casi imperceptible sonrisa en el rostro de Hikari.

Una presa hizo que sus nervios aumentaran. No solo era el hecho de que no se sentía capaz de mantener una conversación sino la posibilidad de perder su reservación. Ocasionalmente volteaba hacia donde Hikari se encontraba, ella lucía tranquila y más ocupada observando el paisaje a través de la ventana. Daisuke deseaba tener un poco de su calma, se sentía como en aquellos días en que fue consciente de lo mucho que Hikari le gustaba, no sabía si eso era bueno o malo.

A su lado, Hikari también lidiaba con sus propios pensamientos. No se arrepentía de haber aceptado esa cita, era la intriga de lo que Daisuke podría estar planeando, esos sentimientos que surgieron en Paris y que no podía etiquetar, el temor de equivocarse una vez más, pero que en esa ocasión las cosas terminaran mal y arruinar lo que con tanto esfuerzo habían construido.

Después de pagar por el taxi, Hikari y Daisuke se dirigieron a la recepción. Daisuke se apresuró tanto en abrir la puerta para Hikari que terminó tropezando con la acerca. A pesar de que habían llegado a la hora adecuada, no pudieron ingresar al restaurante.

—Lo sentimos, pero su reservación es para mañana —le dijo la recepcionista, en ningún momento apartó su mirada de la computadora.

—No hay forma de cambiar la reservación.

—Tenemos el lugar lleno. Solo se podría si alguien cancelara, pero no guarde esperanzas, todos los clientes que reservaron están en sus mesas.

Daisuke intentó negociar, pero incluso si su español fuera mejor, no habría logrado convencer a la recepcionista. No teniendo ninguna opción, se retiró al lado de Hikari, disculpándose en repetidas ocasiones.

—Se me antoja un helado —le interrumpió Hikari.

—Supongo que es lo menos que puedo hacer después de lo que te hice pasar.

—Un error lo comete cualquiera, no es nada grave —intentó animarlo, no funcionó realmente.

Hikari le hizo la parada a un taxi y le preguntó por una heladería. Una sonrisa se dibujó en su rostro al saber que había una en el parque, siendo estos uno de sus lugares favoritos. Tuvo que tomar la mano de Daisuke para que la siguiera. Estaba un tanto triste por el problema con la reservación, algo que no demostraría para no hacer que Daisuke se sintiera peor.

Hikari fue quien compró un cono para cada uno y la que eligió un lugar cercano a la fuente para tomar asiento. Pretendió comer su helado como si nada pasara, creyendo que, si le mostraba a Daisuke que se estaba divirtiendo, él se relajaría, algo que consideraba, necesitaba.

Un carrito de elotes llamó la atención de Hikari. Nunca había comido uno, pero el olor y el aspecto provocaron que tuviera el antojo de probarlos. Hizo el intento de levantase cuando Daisuke la detuvo.

—Iré yo, es lo menos que puedo hacer.

En cuanto se levantó, Hikari notó que una caja se había caído de su bolsillo. Planeaba devolvérsela en cuanto regresara, mas el moño rojo y la tarjeta con su nombre escrito le hicieron cambiar de opinión. Impulsada por la curiosidad decidió abrirlo. "Es un regalo para mí, no tiene nada de malo si lo abro", se dijo mentalmente.

Era una caja de chocolates. Al igual que la caja, también se encontraban aplastados. Ignorando su apariencia, decidió probarlos. Sabían mejor de lo que había imaginado.

—Preparé chocolates para ti, debí haberlos olvidado con todo el asunto del restaurante —le dijo Daisuke mientras le entregaba uno de los elotes que llevaba.

Hikari no pudo evitar sobresaltarse al escucharlo hablar, tan concentrada estaba con los chocolates que ni siquiera notó el momento en que llegó. Después de calmarse tomó el elote. Mentalmente se dijo que no tenía motivos para sentirse avergonzada.

—Lamento que las cosas no salieran como lo planeado —agregó Daisuke —, apuesto a que debes arrepentirte de salir en una cita conmigo.

—Es divertido salir al parque y los chocolates estaban deliciosos.

—No es necesario que intentes animarme, estaban aplastados.

Había muchas cosas que Hikari quería decirle, contarle que, pese a lo ocurrido, estaba disfrutando de la cita y que estaba bastante segura de no haber probado unos mejores antes. No dijo nada, en su lugar pensó que había una mejor forma de convencerlo y de paso deshacerse de sus inseguridades.

—Entonces te mostraré que no es solo cortesía.

Hikari tomó un chocolate y lo llevó a su boca. Para sorpresa de Daisuke, lo siguiente que hizo fue besarlo.