No pensaba al principio de esta historia escribir algún trozo con un personaje que no fuera Damon, Elena o Stefan. Pero claro, tampoco esperaba que el fic en cuestión me salieran taaaan largo, y si quería intentar mantener algo de "coherencia" resultaba raro que nadie más saliera en esta historia. Así que... dicho y hecho. Y este trozo está dedicado más a un cuarto personaje, je. Espero nuevamente que me perdonéis por todas aquellas posibles erratas o ignoradas de tintero, y que sigáis esta historia con al menos una pequeña parte del entusiasmo que tengo yo al escribirla... porque os aseguro que entonces será muuuucho ;)

Gracias a todos los que dedicáis vuestro tiempo en leerla, y aún especialmente a los que encima me escribís comentarios, siempre son muy de agradecer!

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Quedan pocos.

Apenas se lo cree, pero es cierto: ya quedan muchos menos del Consejo que recuerden lo sucedido días atrás. Cuando cierta declaración a sus miembros pareció hundir el futuro de Caroline Forbes.

Bueno, a decir verdad, ese futuro está totalmente hundido. Su vida no ha vuelto a ser la misma, ha tenido que cambiar drásticamente su rutina, y... Y el nombre se incrusta al instante en su mente, paseándose ante sus ojos y burlándose de su entereza: Tyler. Su novio. O mejor dicho, su fallecido novio.

Pero eh, tiempo al tiempo; eso fue lo que le dijo Stefan, y eso es lo que la mantiene alerta y más o menos funcional. Eso, y la repentina necesidad de estar allí. Tendrá tiempo para asumir las pérdidas, para abrazar el dolor y para volver a Mystic Falls de nuevo entera... o quién sabe, quizás incluso para empezar a comprender de verdad que ha perdido a quien más ha querido de toda su vida.

Habrá tiempo, sí. Pero en estos días, tiene otra misión: Debe ayudar a Elena, de la misma manera que ella siempre le ha ayudado. Ha de guardar su dolor momentáneamente, hasta que pueda regodearse en él para intentar salir algún día de su sufrimiento particular.

Stefan la llamó cuando ya mediaba una cierta distancia de Mystic Falls. Resultó incluso consolador, en medio de la radio encendida a media voz, y sus silenciosas lágrimas a toda pastilla. "Te necesitamos", le suplicó él. "Ella necesita a alguien como tú, alguien de su círculo que haya pasado por lo mismo. No quiero presionarte, de veras que no, y sabes que lamento más que nadie lo sucedido, pero... Elena necesita que le cuentes tus sensaciones, tus miedos, tus vivencias. Mientras, te prometo que te ayudaré a esconderte, y hallaremos la forma de que puedas volver a casa si así lo quieres". Bonitas palabras, y preciosa declaración de intenciones. Todo lo que Caroline necesitaba para regresar.

Y aquí está: cual fugitiva de todas esas películas que Tayler (oh, Tayler) le hacía ver a regañadientes. En un motel barato, trabajando por su redención todas las noches, y recibiendo la compañía de su necesitada amiga en horas diurnas.

Al menos, ahora puede recibir visitas, lo cual es un alivio. Aunque debe reconocer que al principio tenía su miga ir disfrazada cual famosa frente a posibles paparazzi (el hecho de disfrazarse casi la hacía olvidar por momentos lo que no se va de su memoria), ha terminado siendo un tanto cansino... Y siempre corría el peligro de ser reconocida por alguien del Consejo o similar. Bueno, por alguno de los que no hubieran sido obligados por compulsión a olvidar lo sucedido ese día, y que tuvieran una repentina dificultad por hablar con los demás. Cada noche tocaba una o dos casas por visitar. Entre Stefan y ella acabarían conociéndose a todos los habitantes de Mystic Falls, se lo veía venir. Pero oye, ahora Elena consentía en salir más de la casa Salvatore, y era Caroline la anfitriona en un cuarto de hotel que empieza a recordarle más una prisión que al inicio de una supuesta exoneración.

Como ahora. En esos instantes. Están las dos juntas... pero, por momentos, Caroline tiene la espeluznante sensación de ser la única que está realmente en la habitación.

Elena ha llegado puntual, como siempre. Vestida como lleva vistiendo desde que cambiara de naturaleza (de un insidioso oscuro), con la misma mochililla que ha ido trayendo todos estos días (que, a todo esto, por mucho que se haya transformado, bien que podría cambiar de complementos, ¿no?), rostro más pálido del que solía tener cuando era humana (algo lógico, dadas las circunstancias... aunque el maquillaje en esos casos siempre resulta una bendición)... y total y absolutamente ida.

Es decir, más ida de lo que lleva estando todos estos días.

A veces Caroline se pregunta si Mystic Falls será alguna especie de cúmulo de grandes desgracias, un pueblo concentrado de desdichas expuesto solo para exprimir a sus habitantes hasta dejarlos secos, sin alma ni ganas de sonreír. O totalmente aislados en mundos privados e infranqueables para los demás.

- Este café está horrible-su voz suena más aguda de lo que suele ser, y supone que será cosa del tiempo. Del tiempo, o de su propia tormenta interior-. Aunque, debo reconocerlo, es todo un alivio saber que nuestra alimentación no tiene porqué ser sólo de sangre, la verdad. Vale que no necesitamos realmente la comida, pero... no sé qué habría hecho si no volviera a poder comer patatas... y café. Aunque sea un café tan malo como este- su amiga sigue total y absolutamente perdida, puede verla asentirle con los ojos desenfocados. Así que toma aire, y en el mismo tono de voz casual, añade-. Y he decidido que a partir de ahora voy a pasear desnuda por la calle, es ridículo llevar ropa si no pasamos frío o calor.

Elena vuelve a asentir unos instantes... para, repentinamente, captar algo de significado, entrecerrar los ojos sorprendida y volver por fin la vista a la rubia:

- Perdona, ¿qué has dicho?

- Digo que... ¿se puede saber dónde andas?

- ¿A qué te refieres?

- Vale, Elena, se que nunca he sido lo que se dice una mujer especialmente avispada en algunas cosas, pero hazme un favor, ¿quieres? No me tomes el pelo. ¿Qué te pasa?

- No digas tonterías, Car. Sabes más que de sobra que no eres en absoluto tonta, sino todo lo contrario -la nueva vampiro la contempla enfadada, y Caroline afianza interiormente el por qué, a pesar de su maltrecho corazón, está allí-. Y no es nada, de veras, solo... tonterías. Tonterías que, créeme, no quieres oír.

- Es decir, que se trata de Damon- el solo nombre la hace hastiarse.

Damon. Últimamente todo gira en torno a Damon, a pesar de que no se ha mencionado en ninguna ocasión. Ni directa ni indirectamente. Pero el vampiro moreno está ahí, oculto entre frases, entre miradas perdidas de Elena, en sus respuestas vagas e impersonales a las preguntas relacionadas con Stefan, con cómo les van las cosas. Caroline lo sabe, de la misma manera irracional que sabe que, con toda probabilidad, ni la propia Elena se dé cuenta de ello. Los dos Salvatore y ella juntos en esa casa forman un extraño volcán que parece permanentemente a punto de entrar en ebullición; Caroline lo ha sentido cuando ha ido a visitarles. Demasiados silencios, miradas huidizas y escapadas del mismo cuarto discretas. O más o menos discretas.

Lo peor de todo es que Elena no sabe nada acerca de lo sucedido con el mayor de los Salvatore días atrás. De cómo, al instante de encontrarse con Matt tras el accidente, el vampiro lo acorraló contra una pared, dispuesto a matarlo sin más preámbulos ante la atónita mirada de Stefan y la propia Caroline. Culpándolo por la muerte de Elena, culpándolo de su decisión de sacar a Elena de Mystic Falls, culpándolo de ser "tan jodidamente humano mientras que Elena ya no lo era". Hizo falta la fuerza combinada de Stefan y Caroline para agarrarlo, si bien no fue hasta que la vampiro rubia hizo flotar una pregunta al aire lo que hizo detener realmente al moreno.

"¿Crees que Elena te llegaría a perdonar algún día porque hubieses matado a Matt?"

Tras esas palabras, la tensión desapareció, y con ella algo de color en los ojos claros de Damon. Con un sencillo "no vuelvas a acercarte a mí más de lo estrictamente necesario", el vampiro había soltado finalmente al humano, y no había vuelto a intentar absolutamente nada contra él... ni contra Jeremy, ya puestos.

Y ahora... ahora solo parecía interesarle los libros, porque siempre que lo veía estaba con la nariz enterrada en alguno, vaso con alcohol en mano y sofá de la biblioteca ocupado.

Cada loco con su tema, supone.

- ¿Qué? ¿Por qué iba a...- ante la mirada de su amiga, Elena bufa vencida-. Vale, vale, está pasando algo...raro últimamente- dicho lo cual, pasa a contarle a Caroline la historia más inverosímil que ha escuchado nunca (y debe decir que ha escuchado varias desde que pasó a ser lo que es ahora), para terminar con un- ...y cuando decidimos que sería bueno que uno se quedara con él, me quedé yo- menuda sorpresa, rumia maliciosa una parte escondida de la cabeza de la rubia-, y me echó como un auténtico energúmeno a la mañana siguiente. Pero ésa no es la cuestión, Car -¿ah, no? No te lo crees ni tú, cielo-. La cuestión es que ni Stefan ni yo sabemos qué narices está pasando, y tememos que vuelva a tener una de esas... crisis tan extrañas.

- ¿Lo habéis hablado con Bonnie?

- ¿Hablar quién y de qué?- repentinamente, la puerta del cuarto del motel se abre, y las dos pegan un bote ante la tercera persona que se presenta frente a ellas.

(Continuará)