Capítulo 6: Descubrimientos sobre el Digi-Mundo
TREN ROJO:
Tras el incidente entre Lara y Karon, la tension en el tren aumentó. Algunos simplemente se alejaron; como Hugo, que pretendía hacerse el desinteresado, sin mucho éxito; Miles caminaba de un lado al otro; Phoenix se habia sentado bastante apartado del grupo y continuaba sin dirigirles la mirada. Tan solo Kalvin estaba totalmente relajado, aunque su cara denotaba cansancio había vuelto a recostarse cómodamente en los asientos del tren. Por otro lado, las gemelas se habían limitado a sentarse una al lado de la otra, sin moverse ni un ápice.
Ana miraba de vez en cuando a los demás, buscando algún cambio en sus conductas, pero la tensión seguía presente. Se dio la vuelta, y pegó la mejilla al cristal, preguntándose hacia donde irían. Unas formas nuevas aparecieron tras una curva, haciendola saltar en su asiento.
-Miren- dijo, señalando con el dedo a la ventana. -Eso parece ser un pueblo.
Phoenix y Miles se aproximaron a ese lado del tren, para poder observar mejor.
-¿Estará lleno de esas cosas? – preguntó Miles, intentando ocultar su preocupación.
Nadie respondió. A sus espaldas, Kalvin se había levantado, sin llegar a acercarse, observando desde su posición el nuevo paisaje. Las gemelas también habían girado la cabeza, confirmando la nueva información, pero no tardaron en volver a mirar hacia el frente. Tardaron media hora en llegar hasta el pie del poblado, donde el tren se detuvo, pero para entonces ya se había creado un silencio más cómodo. Todos se preguntaban qué encontrarían allí. Con cautela, los chicos bajaron uno por uno. Observaron con atención a su alrededor. Las casas estaban hechas con los materiales que sus habitantes habían tenido más a mano, porque las rústicas construcciones contaban con el mismo tipo de roca que las que ahora ellos mismos pisaban.
Entonces Miles interrumpio el silencio:
-Seguro que aqui hay personas que nos puedan explicar bien donde estamos - dijo entusiasmado, olvidando lo que Phoenix había murmurado minutos ante.
-¡Detente, estúpido! – gritó Lara alterada. Había sido la última en bajarse, porque no había visto el pueblo tan rápido como los demás; pero había llegado a tiempo para ver como su compañero de travesía corría decidido hacia la primera cabaña.
grito algo preocupada por la idea de que otra criatura los fuese a atacar.
-Vamos, –se giró, corriendo para atrás con una sonrisa confiada -no sean tan negativa.
-¡Idiota! ¡Mira por dónde vas o te chocaras! – lo avisó Kalvin.
Miles lo miró ceñudo y volvió a mirar hacia delante, justo a tiempo para golpearse la cara con la dura madera que estructuraba a una de las cabañas . Algunos de los chicos soltaron unas cuantas carcajadas tras aquel incidente, menos Ana y las gemelas. La primera parecia preocupada por la salud del rubio impulsivo, y las gemelas ni siquiera se inmutaron.
El alboroto contrarrestó el silencio del pueblo y la puerta de la cabaña no tardó en abrirse. El propietario acababa de ser despertado. Un extraño ser miró a Miles curioso, más sorprendido porque el chico estuviese en el suelo que porque fuese un humano. Las miradas eran recíprocas. Les sorprendió que no fuese tan amenazante como los otros monstruos que se habían encontrado antes. No era demasiado alto, con dificultad le llegaba a Miles por la cintura. Su cuerpo estaba hecho completamente de rocas, aunque no había a simple vista nada que las mantuviese unidas.
-¿Estás bien? – preguntó extrañado, al ver que Miles no acababa de reaccionar.
Antes de que el chico pudiese responder, el monstruo se hizo a un lado, a tiempo para esquivar un golpe de una de las gemelas; sin embargo, no pudo hacer nada para apartarse de la trayectoria de la segunda. Miles, en un autorerflejo se lanzó a los pies de la que resultó ser Karon, haciendola tambalearse, sin llegar a caer. No solo ella se detuvo, sino también su hermana, incapaces de entender el comportamiento del chico, aunque no llegase a importarles lo más mínimo.
-¿Porque protegiste al enemigo?
-Ni siquiera habeis comprobado que sea un enemigo.
-¿Has comprobado tú que no nos quiere atacar? – preguntó, no muy convencido Hugo.
Se quedaron un buen rato en silencio, sin saber que decir. Aunque todo se volvió a favor de Miles, puesto que Gostumon tampoco parecía dispuesto a mover un dedo en contra de ellos.
-Sois nuevos por aquí ¿verdad? – al ver como los chicos asentían lentamente, el monstruo de piedra suspiró -. Pasad. Algo me dice que buscais un refugio – miró a las gemelas y a Hugo -, el lugar es pequeño pero acogedor.
-Gracias – agradecieron algunos, dispuestos a seguirlo al interior de la casa.
-¿De verdad es seguro? – Hugo seguía con sus dudas.
-Solo hay una forma de averiguarlo – Kalvin se encogió de hombros, aunque parecía divertido.
Tal y como había dicho el monstruo, la casa era pequeña. Por dentro se podía advertir la forma octogonal de la contrucción y lo bajo que era el techo, aunque ninguno de los humanos llegaba a tocarlo con la cabeza. Estaba claro que aquello había sido construido a medida. Salvo la pared de la puerta, que era de madera, el resto tenía el mismo aspecto que por fuera, con la única diferencia que aquí estaban contenidas con unas simples estructuras de madera. El mobilario se reducía a una pequeña y rudimentaria cama, una pequeña mesa de madera y un par de piedra talladas que reconocieron como sillas. No había ni una sola ventana, así que lo más probable es que durante el día dejase la puerta abierta para que entrase la luz. Cuando no estaba durmiendo, claro.
-¿Esto es a lo que llamas acogedor? Podrias limpiar esta choza de vez en cuando – Michel se ganó varias miradas de desprecio por parte de sus compañeros.
-Si no te sirve puedes quedarte fuera - le sugirió Kalvin, cansado de las continuas réplicas, mientras se tumbaba en el piso.
Michel simplemente actuo indiferente a ese comentario y se quedo parado contra una pared enrizando su dedo indice en su blanco cabello. No era el lujo al que él estaba acostumbrado; pero tendría que conformase, aunque no fuerade su condición.
-Habia oido historias sobre humanos en el digimundo – empezó el monstruo, después de observarlos un buen rato - pero nunca me imaginé encontrarme con unos. Empecemos por el principio de todas formas: yo soy Gotsumon – se paró un momento – aunque creo que los humanos usan otro tipo de nombres.
-¿Otro tipo? – preguntó Ana, la que se había sentado más cerca de Gotsumon.
-Sí, aunque sois todos humanos utilizais nombres diferentes para cada uno – al ver las caras de los chicos, continuo explicando – a lo que me refiero es que todos los Gotsumon nos llamamos por el nombre de nuestra especie. Todos los digimon lo hacen.
- Espera, espera – lo paró Lara - ¿Qué son todas esas palabras? ¿Digimon? ¿Digimundo?
- ¿No lo sabéis? Vaya, creí que si habíais llegado hasta aquí ya lo sabríais – Gotsumon se rascó su cabeza confundido - Básicamente un digimon es un monstruo digital, estámos hechos a base de datos. El digimundo es nuestro mundo, separado del humano. Ahora concretamente os encontrais en el Poblado Roco.
-¿Acaso estamos en un videojuego o algo así? – murmuró Michel, aunque al ver como Gotsumon lo miraba dubitativo, sin comprender a lo que se refería, se limitó a encogerse de hombros.
-¿No volveremos a ver a más personas entonces? – preguntó extrañada Ana.
-No. Recuerda: en la estacion, cuando todos abordamos el tren, habían más chicos. Había otro tren, azul si mal no recuerdo. Lo más probable es que la mayoría subiesen a él y que quizás ellos tambien se encuentren en este mundo – le respondió Phoenix -. De todas formas ¿Nadie se ha parado a pensar...?
-¿Qué cosa? – interrumpió Lara.
-Si me dejas terminar – Phoenix la miró enfadado – si hay especies dentro de la categoría digimon, eso tiene que significar que hay más de esos que han intentado atacarnos.
Todos tragaron saliva, pero antes de poder seguir indagando se oyó una explosion y un fuerte estruendo. Aunque asustados, todos salieron inmediatamente a ver que era lo que habia ocurrido.
TREN AZUL:
Durante una hora, los humanos no pararon de caminar, procurando alejarse todo cuanto podían de las vías. No sabían como sería la trayectoria del tren, ni hacia donde acabaría girando una vez había pasado el lago; por lo que había optado por adentrarse en el bosque. En aquellos momentos, el cansancio estaba empezando a alcanzar a algunos, asi que cuando llegaron a un pequeño claro, decidieron hacer un alto para descansar.
-Ya puedes bajarme – dijo Erika al joven que la cargaba a su espalda.
La chica seguía un poco abochornada. Le había parecido algo exagerado que cargasen con ella simplemente porque le faltase el zapato. Pero a medida que había avanzado en el camino esa idea había perdido fuerza. En algunos tramos la maleza era demasiado densa y habían perdido de vista el suelo muchas veces. Alguno de sus compañeros tenían incluso algún rasguño en tobillos y brazos. No quería saber lo que le habría pasado a ella con el pie al aire.
-Gracias – sonrió cuando tocó el suelo.
-No hay de que – le contestó Amadeus, ahora distraido mientras sacaba sus pistolas-. Que alivio – suspiró, sacando un pañuelo para limpiarlas. Había esperado que se hubiesen mojado demasiado y estropeado, pero tras un pequeño examen, parecían seguir funcionando. Aunque de momento no podría comprobarlo del todo.
-Deberiamos hacer una fogata para secarnos mas rapido - sugirió David, quien estaba "escurriendo" su cabello.
-Buena idea, pero necesitaremos traer algunas ramas primero - masculló Sonia, recelosa de entrar en el bosque más tiempo del debido.
-Yo ire a buscarlas – se ofreció Dalia -. Pero necesitaré a alguien con fuerza que las pueda traer.
-Entonces yo sere quien las traiga – contestó el joven Samuel rápidamente.
Dalia lo miró sorprendida al principio, pero cuando se dirigió a él portaba una pequeña sonrisa burlona.
-¿Y que planeas? ¿Traer una de cada a la vez? – preguntó haciendo enfurecer al joven del grupo.
-¡Oye! no me subestimes – gritó Samuel bastante enfurecido.
-No te preocupes: yo tambien iré. Entre los dos traeremos todo el bosque si hace falta – le aseguró Jack con una enorme sonrisa mientras con una mano alborotaba el pelo de Samuel de forma amistosa.
-Como quieran, pero ya vamos.
Los otros dos asintieron y se internaron en el bosque, seguidos de cerca por la mirada de Apollo.
-Si vamos a encender un fuego, será mejor que nos movamos hacia allá –aconsejó. No pasó desapercibido el tono que usó, como quien está acostumbrado a mandar continuamente sobre niños pequeños; o sobre gente que considera que no lo entiende. Un tono que no quiere recibir réplica.
La zona que estaba señalando no estaba demasiado lejos, ya que el claro no era demasiado grande. La hierba se hacia menos abundante en esa zona, por lo que parecía que sería más seguro para encender una fogata y no quemar el resto del bosque en el proceso. Cuando observó como los demás comenzaban a avanzar sin hacer ningún comentario significativo, se giró sobre sus talones y miró a Erika.
-¿Cómo te sientes? – preguntó.
-Estoy bien – contestó algo sorprendida – ahora me duele un poco el tobillo, quizás me golpeé al caer del tren, pero puedo andar – aseguró rápidamente. No quería seguir siendo una carga, sobretodo si era para caminar unos pocos metros.
-Está bien, pero no te fuerces – respondió, entrencerró los ojos. No había hecho la pregunta para saber si necesitaría ayuda para ser cargada, pero no la sacó de su error – Por cierto – hizo un ademán para que caminaran juntos - ¿Has averiguado algo sobre ese buscador?
-Todavía no – la chica frunció el ceño – no si hemos tenido que movernos durante una hora.
-Quizás habías recordado haber hecho algo diferente con el portatil antes de encontrarnos con el espantapájaros – Apollo se encogió de hombros.
-¿Con Nohemon? No, creo que no.
-Aún así ¿Me dejarías echarle un vistazo?
Erika asintió lentamente.
-Genial – exclamó Apollo con una sonrisa, mientras se sentaba junto a los demás, esperando a que el trío volviese.
Dalia miró a su alrededor, por fin se había librado de los otros dos. Aquella era una oportunidad demasiado buena para malgastarla buscando leña. Sabía que no se quedarían demasiado tiempo, así que no tenía sentido llevar entre los tres un árbol entero. Apartó con suavidad las hojas gigantes de color verde que le cortaban el paso. Había visto a Jack golpearlas con la cara cuando no miraba por donde iba, así que no debían ser tóxicas al tacto.
Lo que estaba buscando era una flor violeta. Había visto varios especímenes desde el tren y le había parecido bastante interesante. Tóxicamente hablando, claro. Esquivo un par de matorrales y se puso de puntillas. No podía andar demasiado lejos, en su camino hasta el claro se había encontrado con otras dos, así que debía haber más por la zona. No había podido pararse antes porque sus compañeros tenían demasiada prisa escapando del muñeco de trapo. Masculló por lo bajo. No habían encontrado ninguna parada de tren desde que habían comenzado el viaje, así que Nohemon tampoco debería tenerlo fácil para bajarse una vez termino el lago, y mucho menos para seguirles el rastro. Sus pensamientos se interrumpieron en cuanto encontró la flor que buscaba. Revolvió entre sus bolsillos, algún frasco libre tenía que tener, no podía haberselos olvidado justo en esa ocasión.
Su mano paró de remover cuando un fuerte golpe sonó a su derecha. El sonido se repitió dos veces más antes de que Dalia se atreviese a asomarse léntamente. Escondido entre unos matorrales, una bolita azul paraceía querer levantarse. Si es que una bola puede hacer tal cosa. Dalia la miró curiosa. Parecía uno de esos monstruos como Nohemon y Thunderballmon, pero completamente inofensivo. Entrecerraba sus ojos rojos y levantaba su largas orejas, señalando su molestia. La chica evitó soltar una carcajada, esa cosa no podía hacer daño a nadie. Giró la cabeza para ver que era lo que el monstruo miraba. Se trataba de otro montruo igual, pero libre de magulladuras y poseedor de una pila de frutos rojos – que Dalia habría tomado por manzanas en cualquier otra situación-.
El digimon herido se abalanzó a botes hacia su adversario, pero fue golpeado en el aire por una corriente de burbujas lilas. Dalia abrió los ojos, alarmada. Quizás no fuesen tan inofensivos. Ella era capaz de identificar un tóxico cuando lo veía, sobretodo su el afectado ponía tales muecas de dolor. Hicieron falta varios golpes más para que el digimon decidiese que no iba a ser capaz de hacerse con la fruta. Dalia supuso que ahora daría media vuelta y se iría, en busca de alguna forma de sanarse. Pero en vez de eso, observó asustada como una luz blanca cubría al herido y modificaba su forma.
Aunque ahora parecía un monstruo diferente, pudo apreciar ciertas similitudes: las orejas, aunque más largas por el nuevo tamaño del digimon, seguían teniendo la misma forma y conservaba el mismo tono de pelaje y de ojos. Cuando el defensor de fruta vio frente a sí a una especie de zorro, con garras afiladas, comenzó a dudar. Y cuando recibió el primer zarpazo, decidió que había perdido. En unos segundos la fruta había sido abandonada y el recién mutado empezaba a cargar con todo lo que podía.
-¡Dalia! – el gritó la sobresaltó - ¿Dónde estás?
La chica masculló cuando reconoció la voz de Samuel. Si hubiese decidido gritar unos segundos antes, cuando el zorro todavía estaba marchandose, habría tenido problemas.
-¡Ya voy! – intentó no sonar demasiado molesta. La flor ante ella todavía prometía un buen número de usos, pero por desgracia no había encontrado ninguno de sus frascos vacíos.
-Estábamos preocupados – dijo Jack, cuando se volvieron a reunir.
Ambos chicos cargaban sendos montones de leña, y parecieron bastante sorprendidos cuando comprobaron que Dalia no ofrecía la misma imagen.
-Os ví tan concentrados y empeñados en reunir un buen montón que creí que un tercero sería demasiado.
Tras un momento de duda los chicos asintieron y los tres juntos emprendieron el camino de vuelta, no sin cierta dificultad en algunos tramos. Por suerte no se habían alejado demasiado, y cuando llegaron al claro sus compañeros todavía no estaban demasiado fríos.
-¡Listo! – exclamó Samuel tras lanzar la leña en el centro del grupo, siendo rápidamente seguido por Jack. En cuanto amontonaron bien las ramas y reservaron unas cuantas para más tarde, Amadeus se apresuró a encender el fuego.
-¡Qué buen trabajo chicos! – los felicitó Sonia, mirando de reojo a Dalia, al notar que ella venía con las manos vacías. O aparentemente vacías.
-¿Qué es eso? – preguntó Samuel, señalando a las manos de Dalia.
Los demás se fijaron. Al parecer la chica no había perdido completamente el tiempo en el bosque. Después de que el digimon se hubo marchado había visto como abandonaba una de sus recompensas, seguramente al no haber podido cargar más. Dalia la alzó en alto, de forma que fue más sencillo verla.
-Lo encontré en el bosque – respondió, con falso desinterés - ¿Quieres?
-¡Claro! – exclamó Samuel contento, pero antes de poder avalanzarse sobre su compañera, Amadeus se interrpuso.
-¿Qué se supone que estás haciendo?
-Oye... – empezó a quejarse el más joven, pero fue ignorado.
-No se que problema hay en darle una manzana – Dalia se encogió de hombros, sentandose junto a los demás alrededor del fuego. -¿O el problema es que la querías tú?
-¿Por que tragiste una sola de estas? - prosiguió Amadeus, mirando con sospecha la fruta que Dalia acababa de ponerle en las manos.
-Porque fue la unica que encontré – contestó con simpleza, quitándose la chaqueta.
-Los arboles de por aqui son muy altos y grandes, no creo que de ellos cuelguen una sola fruta – Amadeus no parecía querer darse por vencido con el tema -. Además, ¿por qué no la comiste tu?
-Si quieres llegar a algún punto, – interrumpió Apollo, concentrado en el portatil - dilo de una vez.
-No sabemos si esta fruta es comestible o no, puede que tenga veneno, y no me parece adecuado probarlo en mis compañeros.
-¿Crees que le ofrecí la manzana para probar si esta tenia veneno? – rodó los ojos-. Alguien ve demasiadas películas.
Antes de que nadie más puediese seguir con la conversación, Samuel le cogió la manzana a Amadeus y le dio el primer bocado.
-¿Pero qué haces? – murmuró sorprendido Amadeus.
-¿Qué más da? ahora por lo menos podremos saber si es comestible o no, solo es cuestion de esperar – contestó Samuel con simpleza.
Amadeus negó con la cabeza, cabreado. Era la última vez que trataba de ayudarlo. Al final, y en completo silencio todos se sentaron alrededor del fuego. No lo alimentaron demasiado, pero fue suficiente para secarse. A excepción de Yoshi, que aunque era capaz de sentir el calor, optó por no acercarse demasiado al grupo. Observando las últimas brasas, Dalia recordó la extraña luz que había rodeado al digimon.
-Digievolución – respondió Apollo, cuando Dalia se lo describió. Había decidido que guardar la información no le traía ninguna ventaja – estaba en la página de información básica. Permite a los digimon hacerse más fuertes.
-Ojalá esos dos no infoevolucionen también – murmuró Sonia.
-Digievolucionen – corrigió Apollo con el ceño fruncido.
-Lo que sea.
-Ya no queda nada de la fogata – avisó David, volviendo a cubrirse con su chaqueta.- Será mejor ponerse en marcha.
-¿Ya? – preguntó Jack asombrado.
-No podemos quedarnos aquí mucho tiempo, quizás algún monstruo haya visto el fuego – le recordó Amadeus, mientras cargaba a Erika.
El tiempo se congeló cuando encararon de nuevo el camino. A pocos metros de ellos, Nohemon los miraba fijamente, cargando un gran montón de flores, que dejó caer a sus pies, como si de un tributo se tratase.
-Hermosas flores ¿no lo creen? - soltó una risa escalofriante.- Creí que quedarían bien en sus tumbas.-
"El pequeño poblado de las montañas ha acogido a los humanos del tren rojo sin ningún inconveniente. Ya veremos si se lo replantean, cuando vean los problemas que traen consigo. Por su parte, los humanos del tren azul han hecho ciertos descubrimientos, con la ayuda de aquel portatil. Quizás me sea una molestia... ¿Debería arrebatarselo, o dejar que lo utilicen, para que sea más interesante? Tendré que meditarlo..."
