Disclaimer: Los personajes lamentablemente no me pertenecen...

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien... Bueno no he podido actualizar tan rápido como yo hubiese querido pero para compensarlos les voy a dejar ver un hermoso regalito que me hizo mi hermana, a mí, a este fic y a todos los que les guste esta pareja. Mi super hermana, llamemosla X Lalacleao X me hizo un hermoso dibujo de esta perfecta pareja. Para que todos lo puedan ver subi el link en mi perfil! Pasense si quieren, realmente le quedó muy bien.

Ahora sí, los dejo con el nuevo cap!

Un beso gigantesco! Y muchas muchas gracias por leer y comentar mi historia! =)

Lu


VII

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Pasada la primera impresión había decidido que debía ser fuerte, que debía ser optimista. No le haría bien a ella o al… Bueno no le haría nada bien llorar tanto y llegar a tales estados de angustia en los que terminaba desmayándose. Sí, había llegado a esa conclusión, pero no era tan fácil hacerlo como decirlo. De a momentos se sentía capaz, llena de energía y vitalidad, y en otros se sentía morir, sentía que había perdido lo más importante para ella, tenía miedo de que él no regresase, tenía miedo de ser madre.

Y ahí estaba lo que más la atormentaba. Estaba embarazada… Hinata no sabía qué hacer. No lo había planeado así, no quería pasar por todo eso sola pero no había otra salida. Hinata no tenía amigas, no realmente. Ino, Tenten y Sakura siempre habían sido muy buenas con ellas, incluso en algunas oportunidades habían compartido tiempo juntas, pero no había la suficiente confianza, no había confidencialidad. Sus mejores amigos, desde que tenía memoria, habían sido Kiba y Shino. A Kiba no le había podido contar por razones obvias y a Shino…. ¿Cómo podía ir y decirle que estaba embarazada cuando ni siquiera le había dicho que salía con Kiba? No era ingenua, sabía que esa misma situación pasaría con todo el mundo, pero con Shino era distinto.

Ya lo podía imaginar, enfurruñándose, recordándole una y otra vez lo mala amiga que había sido. Se enojaría con ella y con Kiba. Y ella no quería que se enojara con él, no cuando él no tenía la culpa, porque había sido ella la que principalmente había querido ocultar su relación. Además había otro detalle: Shino era un chico, y Hinata seguía sin sentirse cómoda hablando de ciertos temas con ellos. Si bien su relación con el Aburame era distinta, le daba pánico tener que contarle la clase de sentimientos que sentía por su otro compañero, y obviamente lo que habían hecho para que ella quedase embarazada.

–Buenos días Hinata-san –La saludó Shino cuando llegó al campo de entrenamiento.

–B-Bueno d-días Shino-Kun –Respondió como pudo –¿K-Kurenai-sensei aún no ha llegado? –Shino negó con su cabeza.

Hinata caminó hasta un árbol y se sentó en la tierra apoyando su espalda contra el gran tronco. Estaba demasiado nerviosa, tanto que ya estaba temblando. Debía concentrarse de lo contrario podría ser peor de lo que ya era. Ésta sería la primera vez que entrenaría siendo consciente de su embarazo y estaba muerta de miedo. No quería que le sucediese nada malo al bebé, aún cuando no lo hubiese buscado, ese pequeño puntito que crecía dentro suyo era su hijo, suyo y de Kiba, y quería protegerlo. No sabía mucho del tema, no sabía que tanto podía exigirse ni la gravedad de recibir un golpe. Ni siquiera sabía si su bebé estaba bien, el sangrado que había tenido los dos primeros meses le preocupaba demasiado, pero no podía ir al médico.

El hospital de Konoha estaba lleno de gente conocida, como por ejemplo: Sakura. Y todo el mundo sabía que ella no sabía guardar un secreto. Además había gente del clan, si alguien conocido la atendía o leía su expediente todo el mundo se enteraría, y eso era algo para lo que ella no estaba preparada. Hinata había decido ocultar su embarazo el mayor tiempo posible, sabía que era una tontería, que tarde o temprano todos se enterarían, pero quería esperar a Kiba. No estaba segura de poder afrontar todo sola, quería verlo, quería saber qué era lo que él pensaba, lo que él quería. ¿Aceptaría a su bebé?

No sabía muy bien lo que hacía, por el momento bastaba con seguir usando su campera holgada para tapar la pequeña pancita que adornaba su cuerpo. Suponía que eso no serviría por mucho más y eso la atemorizaba, pero trataría de no pensar en eso, de no adelantarse en el tiempo. Llevó sus manos a su vientre, la preocupación la tenía bastante mal, estaba deseando que le diesen una misión en la cual tuviese que ir a otra ciudad para hacerse revisar en un hospital. Ya vería cómo hacía, lo único que sabía era que al de Konoha no podía ir.

–Fuiste a despedir a Kiba-Kun –Comentó Shino. No era una pregunta, más bien una afirmación.

–Y-Yo… E-Esto… K-Kiba… –No sabía qué decir. Si Shino sabía que lo había ido a despedir, ¿también sabría cómo se habían despedido?

–Está bien, los camaradas hacen eso –Hinata suspiró aliviada –También sirven para conversar cuando uno está mal, los sabes… ¿Verdad? –Alzó su mirada y clavó sus perlados ojos en los de Shino, o bueno en sus lentes, y sonrió tímidamente. Él sabía, ella ahora sabía que él sabía y hablaría con él cuando estuviese lista.

En ese instante llegó Kurenai, rompiendo el clima serio que se había formado. Saludó a los que una vez habían sido sus alumnos y los ayudó con su entrenamiento al igual que había hecho desde que se graduaron de la academia. Ya no eran su responsabilidad, ya no eran el equipo 8, sin embargo seguía viendo a esos tres como sus alumnos, seguía sintiendo la necesidad de asegurarse que estuviesen bien, de ayudarlos… Los quería, más de lo que debería, pero no podía evitarlo. Ellos habían estado ahí para ella cuando Asuma había muerto, eran ellos los que en ocasiones cuidaban de su pequeño cuando tenía que ir a alguna misión… Ellos eran como su familia.

Hinata se posicionó frente a Shino, las piernas ya no le temblaban. No podía permitirse ningún error, ya no era solo su vida la que estaba en juego por eso ni sentir miedo se permitió. Se concentró en su defensa, olvidándose por el momento de atacar. No lo haría a menos que estuviese ciento por ciento segura que no fallaría, no podía arriesgarse. Del cuerpo de Shino comenzaron a salir insectos, los cuales volaron en dirección hacia ella. Logró eludirlos a todos y pudo sonreír por al menos un segundo hasta que una nueva nube negra de bichos voló hacia ella. Le costó el doble, pero también logró evitarlos.

Así pasaron un tiempo, la defensa de Hinata fue inquebrantable y los pocos ataques que realizó fueron totalmente efectivos. Si de un entrenamiento normal se tratase, hubiese sido genial, pero Hinata comenzaba a cansarse, su cuerpo resentía tanto esfuerzo y la preocupación le jugaba en contra.

–¡No! –Gritó cuando por fin un insecto de Shino logró alcanzarla.

–Hinata… ¿te encuentras bien? –Preguntó Kurenai un poco preocupada.

–S-Sí… Y-Yo… L-Lo s-siento, no d-debí g-gritar así –Estaba completamente apenada, se suponía que era una ninja, no debía comportarse de esa manera.

–No te preocupes Hinata-san –Dijo Shino mientras observaba el insecto que minutos antes se había posado sobre su amiga.

Los tres permanecieron en silencio, hasta que Kurenai habló.

–Bien chicos, hoy estuvieron muy bien… –Dijo sonriendo –Creo que será mejor dar por terminado el entrenamiento, ya está anocheciendo –Tanto Hinata con Shino asintieron y empezaron a acomodar sus cosas –¿Quieren que vayamos a cenar juntos?

–Lo siento Kurenai-sensei, tengo una reunión del clan –La morocha asintió y se volteó a ver a su otra alumna.

–¿Y tú Hinata? ¿Qué me dices?... ¿Noche de chicas? –Bromeó.

Aún avergonzada por su comportamiento asintió suavemente. No quería volver a su casa, no creía poder soportarlo sin al menos descansar un poco de su entrenamiento. Dentro de los terrenos de su clan era donde peor se sentía. La presión y el constante miedo a ser descubierta hacían de ese lugar el peor de todos, dentro de las paredes de su casa los mareos se hacían más intensos y la energía parecía abandonarla.

Luego de despedirse de Shino, Hinata Y Kurenai se encaminaron hacia la casa de la última. El cuerpo de la Hyuuga poco a poco comenzaba a relajarse. Pasar tiempo con su sensei siempre la hacía sentirse bien, después de todo nunca nadie había demostrado tanta confianza, tanto cariño por ella como lo había hecho su sensei aquel día que su padre la despreció. Aún, a pesar del paso del tiempo, recordaba la conversación que había mantenido Kurenai con su padre, las palabras de él resonaban una y otra vez en su mente, haciéndola querer esforzarse cada día más…

Finalmente llegaron a su destino. Hinata se sorprendió bastante cuando encontró que el que estaba cuidando del pequeño Asuma era Shikamaru. Ella sabía lo mucho que él quería a Kurenai y al hijo de ésta, pero nunca se lo imaginó cuidando al niño. Sin embargo, la imagen del chico con el bebé le hizo sonreír, se veían muy tiernos juntos y en los ojos del Nara se podía observar la adoración que tenía por el pequeño. Por un efímero segundo se imaginó que ese no era Shikamaru y que el bebé no era Asuma; La imagen de Kiba cargando a un pequeño bebé apareció en su mente, haciéndola sonreír.

–H-Hola S-Shikamaru-kun –Lo saludó cuando éste se puso de pie y le entregó el niño a su madre.

–Hinata… ¿Cómo estás? –Preguntó con demasiado interés, algo que puso incómoda a Hinata.

–Eh… B-Bien… ¿Y… Y tú? –Shikamaru sonrió, aunque la alegría no llegó a sus ojos.

–Bien… Tú sabes… ¡Bah, todo esto es problemático! –Hinata se removió inquieta por miedo a que su sensei hubiese estado escuchando –Bueno me voy, la problemática de mi madre me matará si no llego temprano a la cena –Dijo tomando su mochila.

Besó la frente del pequeño Asuma y se despidió de las mujeres con un simple gesto de mano.

Hinata observó a Kurenai, buscando algún indicio de que las palabras de Shikamaru la hubiesen alertado sobre el tema, pero su sensei parecía tener ojos y oídos únicamente para su hijo, el cual estaba sonriendo y jugando con el collar de su madre. Viendo la escena se preguntó si realmente había sido buena idea aceptar la invitación a la cena. Kurenai gritaba "madre" por todos lados, sus gestos para con sus alumnos y para con su hijo estaban impregnadas de maternidad, y eso a Hinata le daba pánico, le recordaba constantemente su situación, situación que aún no había incorporado, que aún no había aceptado del todo.

Se quedó unos minutos en silencio, deseando conseguir más fuerzas, fuerzas que la ayudasen a controlar sus emociones, sus sentimientos, que la ayudasen a sobrellevar todas las cosas que estaban sucediendo en su vida. Cerró sus delicados ojos por algunos segundos, intentando adquirir un poco de paz, un momento tranquilo, algunos segundos que la alejasen de la realidad. Queriendo olvidar todo lo que había sucedido un par de días atrás, anhelando que solo se tratase de un mal sueño; Pero no consiguió nada. Kiba se había ido a una peligrosa misión y ella estaba embarazada.

–¿Hinata? –Preguntó Kurenai –¿Estas bien?

–S-Si… S-Si… S-Solo un p-poco c-cansada –Dijo en un suave susurro.

–De acuerdo… –Le contestó no muy convencida –Vamos a la cocina, yo preparo algo mientras tú vigilas a Asuma unos minutos, ¿quieres?

Asintió y se dispuso a hacer lo que su sensei le había pedido. Hubiese preferido ser ella la que cocinara, de esa forma podría haber despejado un poco su mente, mantenerla ocupada para que no trabajase con temas demasiados inquietantes, pero sabía muy bien que Kurenai no la dejaría cocinar. "Yo te inventé a cenar, no a cocinar" Le diría, como tantas otras veces.

El pequeño Asuma tironeó de su cabello para ganar un poco de atención. Hinata forzó una sonrisa y se dispuso a entretener al niño, después de todo él no tenía la culpa de sus problemas, él era solo un bebé que quería jugar, que no llegaba a comprender las complicaciones que podían llegar a tener los adultos. Su pensamiento se detuvo ahí. ¿Era ella una adulta? Semanas atrás había pensado que sí, se había sentido como una, pero desde que se había enterado que sería mamá, todo eso le parecía mentira. Se sentía más pequeña que nunca. Se sentía una niña, apenas una adolescente. ¿Cómo podría cuidar de su bebé si ni siquiera se atrevía a decir que estaba embarazada? ¿Cómo le ensañaría a ser fuerte si por dentro se estaba derrumbando?

–¡Muetas, muetas! –Gritó el pequeño entre sus brazos.

–Muecas… –Lo corrigió su madre con ternura mientras revolvía algo en una olla –No ha parado de pedirlas desde el otro día que Kiba vino a visitarnos –Le explicó a Hinata al mismo tiempo que servía un poco de arroz en dos platos.

–¿K-Kiba… K-Kiba? –Sintió el corazón rompérsele, desde que él se había ido, tres días atrás, prácticamente no había escuchado su nombre y eso la había ayudado a no derrumbarse, a mantenerse en una pieza. Pero ahora, la simple mención, el simple recuerdo de él… La hacía temblar.

–¿Te encuentras bien Hinata? –La aludida asintió y se sentó en una silla, estaba segura que de seguir parada se caería, sus piernas ya no tenían fuerza y un nuevo mareo comenzaba a afectarla –No luces bien… Hinata, sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea, ¿verdad? –Hinata, incapaz de pronunciar palabra alguna, volvió a asentir –¿Es por Kiba? ¿Por la relación que tenías con él?

–¿C-Có-mo lo… lo… S-sabes? –Preguntó –¿Él… Él t-te lo… t-te lo d-dijo?

–Solo me dijo que te cuidara, tú me lo acabas de confirmar –Hinata se sonrojó violentamente y comenzó a balbucear cosas inentendibles –Tranquila… Me parece muy bien que estén juntos, Kiba llevaba tiempo detrás de ti –Hinata la miró sorprendida –Soy su sensei, es mi trabajo saber qué le pasa a cada uno de mis alumnos –Dijo con una sonrisa.

–Y-Yo… E-Esto… L-Lo s-siento… –Murmuró finalmente.

–No tienes por qué –Acomodó al pequeño Asuma en su sillita alta y se sentó junto a Hinata –Es algo hermoso… Tener alguien a tu lado –Dijo más para sí misma que para la Hyuuga.

–S-Sí, p-pero él… Él se f-fue… –Esas palabras le desgarraron un poquito más el corazón, el sonido de ellas hacía más denso el sentimiento, no dejaba lugar a dudas, no dejaba lugar a esperanzas… Él se había ido y quizás no volvería.

–Pero volverá… –Afirmó Kurenai –Debes ser positiva, debes tener esperanzas.

Hinata asintió, más no se sentí muy esperanzada en ese momento. Si ella no estuviese embarazada, si no estuviese aterrada por ser mamá, tal vez tendría más fuerzas, más fe. Pero en su estado, y quizás era culpa de las hormonas, había momentos en los que simplemente perdía toda racionalidad y comenzaba a tener los peores miedos. Trataba de luchar con esa imagen, esa escena que aparecía una y otra vez en su mente: Ella y su bebé solos, frente a una tumba… Una lápida con el nombre de él.

Sacudió su cabeza como queriendo alejar esos pensamientos y secó una silenciosa lágrima que se había escapado de sus perladas orbes. Sonrió, o al menos eso intentó, a Kurenai y procedió a comer. Esta vez en silencio, volviéndose a encerrar una vez más en sus propios pensamientos. Intentando, como lo venía haciendo los últimos días, en encontrar algo que la ayudase. Quizás sí debería ser más positiva, tal vez tendría que buscar más luz entre las sombras. Y ahora que se esforzaba, se dio cuenta que encontró un poquito de alivio, algo que mitigó muy poquito –pero al menos algo- el dolor de su corazón. Se sentía bien, le agradaba poder hablar de Kiba con Kurenai, la hacía sentirse menos sola. Aún cuando no fuese a contarle nada más de lo ya hablado, le ayudaba contar con ella…

–¡Lamento la demora! –Gritó Naruto cuando llegó junto a ellas –Me quedé dormido y… –Pero no pudo terminar de hablar porque Sakura lo golpeó con todas sus fuerzas.

–¡Eres mala Sakura-chan! –Murmuró el rubio mientras se sobaba el lugar donde había recibido el golpe.

–¡Pues te lo mereces, eres un idiota, no puedo entender cómo no consigues llegar temprano a una misión, seguro te quedaste hasta tarde comiendo ramen! –Le gritó aún más enfadada, haciendo que Naruto retrocediese un poco más –¡Y además ya te dije que no me llamases "chan"!

–E-Esto Sakura-san… Y-Yo… Y-Yo c-creo q-que N-Naruto-Kun no… no q-quiso llegar t-tarde –Sakura, que un segundo antes tenía la cara descompuesta de ira, se volteó a mirar a Hinata y le dedicó una sonrisa que intentaba ser dulce, pero que salió completamente lunática.

–Eh… Puede ser Hinata-san, como sea… Tenemos una misión a la que partir –Hinata y Naruto asintieron y se pusieron en marcha.

Comenzaron a caminar, alejándose cada vez más y más de la aldea. Hinata escuchaba entretenida las conversaciones, o mejor dicho riñas, de Sakura y Naruto. Era una mañana hermosa y la perspectiva de tener que ir a buscar un pergamino a una aldea cercana la llenaba de emoción. Por fin, luego de una semana de ansiedad, tendría la oportunidad de hacerse revisar en un hospital. Aún quedaba el hecho de cómo haría para ausentarse o para alejarse de sus compañeros sin levantar muchas sospechas. Pero eso ya lo resolvería cuando llegase el momento.

Miró como Sakura golpeaba una vez más a Naruto. No le gustaba aquello, no era de las personas que consideraban a la violencia una buena manera de razonar, porque claramente no lo era. Quería decirle a Sakura que dejara de golpearlo, que esa no era una buena forma de demostrar afecto -porque Hinata sabía lo mucho que la pelirrosa quería a Naruto- pero esta vez no se animó. Había ocasiones en las que la chica realmente resultaba atemorizante, y esta era una de esas veces. Hinata comenzaba a considerar que el incremento de golpes y de fuerza para con Naruto se debía a que éste había comenzado recientemente una relación con Ayame.

Siguieron avanzando entre los árboles, por el momento no creían toparse con ningún inconveniente, eso llegaría a la vuelta, cuando regresasen con el pergamino en su poder. Y esa era la parte que más le preocupa a Hinata, temía que tuviesen que enfrentarse a alguien, no quería poner en riesgo a su bebé, pero tampoco podía flanquear. Después de todo ella era una kunoichi y como tal no se echaba atrás. El esfuerzo que había realizado desde aquel primer examen chunin había dado resultados y no los destruiría fácilmente.

–¡Miren, miren! –Gritó Naruto señalando hacia adelante –Ya casi llegamos y justo para la hora de la comida, ¿creen que habrá un buen lugar para comer ramen? –Y recibió otro golpe de Sakura, aún más fuerte que el anterior, y Hinata confirmó sus sospechas –¿Y ahora qué hice?

–¡Ramen, Ramen! ¿Es lo único que puedes decir? –Gritó con todas sus fuerzas mientras sacudía a Naruto.

–S-Sakura-san… N-No s-seas t-tan m-mala con Naruto-kun –Murmuró Hinata.

–¡Sí, sí… Eso! –Dijo el rubio mientras se alejaba de Sakura y se posicionaba detrás de Hinata, utilizándola como escudo –¿Podemos seguir? –Sakura, sin siquiera mirar al rubio, comenzó a avanzar a grandes zancadas.

Aceleraron el paso hasta llegar a la entrada de la pequeña aldea y pronto estuvieron recorriendo sus calles. La gente caminaba hacia todos los sentidos, iban de una tienda a otra, conversaban, se saludaban. El sol alumbraba en su plenitud y en cielo no se divisaba ni una nube. Era un día perfecto, y eso eran los días en que Hinata más feliz se sentía. Hoy, como no lo hacía desde que él se había ido, caminaba con una sonrisa en su boca. Hoy se sentí positiva, optimista… Tenías más esperanzas que temores y suponía que el poder ir al hospital, junto al bello día contribuían en que la sonrisa no se borrase de su rostro.

Siguiendo las instrucciones que les había dado la Hokage llegaron hasta la casa de un señor, que según les habían indicado, poseía el pergamino que debían cuidar y llevar hasta la aldea de la Hoja. Hasta el momento ningún inconveniente se había presentado, todo marchaba bien, en tiempo y en forma. Hinata sabía que debía actuar deprisa, no se detendrían mucho tiempo, solo descansarían un poco, almorzarían y luego partirían de regreso a la aldea.

Naruto propuso descansar un poco a la sombra de un gran abeto y Hinata supo que esa era su oportunidad. Mientras el rubio cerró los ojos y se dispuso a relajarse, y mientras Sakura comenzó a leer un libro sobre ninjutsus médicos, ella sacó los kunais que llevaba enganchados a sus piernas y se dispuso a afilarlos. Aunque claro, ese no era su objetivo. "Accidentalmente" un kunai se le resbaló de la mano y le produjo un corte en la misma. Aún cuando sabía que dolería, no pudo evitar emitir un leve grito.

–¡Hinata-san! –Gritaron Naruto y Sakura al mismo tiempo.

–N-No e-es n-nada… –Y realmente no lo era, ella misma había comprobado con su Byakugan que el corte no comprometiese nada importante.

–Déjame curarte –Le dijo Sakura intentando tomar su brazo –Solo será un minuto…

–¡N-No… N-No h-hace f-falta! –Casi gritó Hinata.

–¡Pero estás sangrando! –Dijo Naruto.

–N-No quiero… q-que g-gastes chakra… D-Debes c-cuidarlo p-para lo que… lo que r-resta de la m-misión –Su voz la traicionaba, sabía que estaba más nerviosa de lo normal y es que mentir se le daba fatal –Y-Yo… Y-Yo p-puedo ir al… al h-hospital de a-aquí… M-Mientras u-ustedes p-pueden c-comer…

–¿Y tú? –Preguntó no muy convencida la pelirrosa, después de todo ella era una ninja médica y la herida de Hinata no era muy grave.

–N-No t-tengo a-apetito… –Se puso de pie presionando la herida –N-Nos v-vemos en... un r-rato…

Sus compañeros asintieron y ella comenzó a caminar deprisa rumbo al hospital. No podía demorarse mucho pues sabía que, si ese era el caso, Sakura y Naruto la irían a buscar. Por eso, cuando estuvo segura de que ya no podían verla, comenzó a correr. Siguió las indicaciones que más temprano le había pedido a un señor, y pronto se encontró frente al gran edificio blanco. Se adentró en él y fue directamente hacia la recepción.

–Buenos días señorita, ¿en qué puedo ayudarla? –Pregunto una muchacha desde el otro lado del mostrador.

–N-Necesitaría v-ver a un… a un m-médico, p-por f-favor… –No quiso especificar mucho, le daba demasiada vergüenza.

–Lo siento pero si no es una urgencia deberá tomar un turno –Hinata tembló ante los nervios pero, sabiendo que esa era su única oportunidad dijo.

–Y-Yo… Y-Yo e-estoy… e-estoy e-embarazada y… Y r-recibí un… un g-golpe… –Los ojos de la chica se abrieron ante la sorpresa y enseguida la hizo pasar por una sala continua al mostrador.

Hinata se sentía fatal, le había mentido a esa chica, o bueno no del todo. No le gustaba comportarse de esa manera, pero era la única opción que tenía. Debía asegurarse que todo estuviese bien, que su bebé estuviese sano.

Como le indicó la chica del mostrador se sentó en la camilla a esperar al médico, aunque rogaba que le tocase una doctora. Los nervios volvían a apoderarse de ella y toda la energía positiva que había acumulado durante el día se había esfumado. ¿Qué sucedía si algo iba mal? ¿Estaría su bebé sano y salvo? ¿Qué pensaría el doctor cuando le dijese la verdad? La cabeza le dabas vueltas y estaba segura de que se hubiese desmayado si en ese mismo instante no hubiese ingresado una mujer por la puerta.

–¿Hyuuga, Hinata? –Preguntó mientras tomaba un papel y leía lo que en él estaba escrito. Hinata simplemente asintió –Aquí dice que has recibido un golpe y que estas en cinta…

–S-Si… E-Esto… B-Bueno… –La mujer la miró con cara severa, dándole a entender que no tenía todo el día, por lo que Hinata se apresuró en contar la verdad –E-Estoy e-embarazada… P-Pero h-hasta a-ahora no… No me he… podido h-hacer un examen… Y… Y los dos p-primeros m-meses t-tuve un… un p-poco de s-sangrado…

Por los próximos quince minutos la médica se dedicó a criticar a Hinata. Primero por su falta de cuidando, donde mencionó lo irresponsable que habían sido ella y su pareja, lo inmadura e infantil que había sido; Y luego la reprendió aún más duramente por no haber ido antes a una consulta médica.

Los ojos de Hinata, humedecidos a causa de las lágrimas que inútilmente había intentado reprimir, parpadearon sorprendidos cuando la señora le dijo que le haría unos estudios para ver si todo estaba bien. Con tanta reprimenda se había olvidado completamente que lo que realmente quería era asegurarse que todo estaba bien. La doctora le indicó que se recostará en la camilla y le pidió que se levantase un poco la campera y la remera. Le explicó lo que haría, que sentiría un poco de frio a causa del gel, pero que no le molestaría para nada. Hinata observó como la mujer acercaba un monitor a su lado, como lo encendía y luego sintió el típico aparatito moverse por su vientre. Mentiría se dijese que entendía algo, claramente la imagen que mostraba el monitor le era indescifrable, pero al menos esa imagen le decía que pronto sabría cómo estaba su bebé.

–¿Ves ésta mancha de aquí? –Dijo señalando una parte pequeña de la pantalla que era más oscura. Hinata asintió –Bien, ese es tu bebé –No pudo evitarlo, las lágrimas se escurrieron por su mejilla, era demasiado… Ya ni siquiera podía fingir ser fuerte –Al parecer tienes ya unas quince semanas… Dime cuándo fue la última vez que tuviste tu período normalmente –Hinata murmuró el día, pero su mirada y toda su atención seguía fija en la pantalla del monitor.

–¿E-Esta t-todo b-bien…? –La doctora revisó unas cosas más en la pantalla, moviendo aún más el aparatito sobre su abdomen y finalmente asintió.

–Sí, parece que tienes suerte –Dijo con una sonrisa –El sangrado que has tenido no ha afectado ni al embrión ni a las paredes del útero, pero eso no significa que puedas seguir sin controles… ¿Volverás dentro de tres semanas?

–Y-Yo… Y-Yo no sé… N-No sé si.. si p-podré v-venir… –Tomó aire, las emociones la tenían bastante afectada –Y-Yo.. Y-Yo s-soy una… una kunoichi y… y n-no p-puedo ir al h-hospital de mi aldea… N-No sé c-cuando p-podré v-volver…

–Entiendo –Y por primera vez desde que entró a la consulta su rostro manifestó un poco de simpatía y de comprensión –Bien, haremos lo siguiente: Te daré tú historial junto con una nota de mi parte, cuando vengas a esta aldea o a cualquier otra, exhíbela en el hospital y te darán asistencia inmediata. No debes perder oportunidad alguna, siempre que puedas hazte revisar, por ahora todo está bien, pero el sangrado ese puede volver a ocurrir y a esta altura ya puede ser peligroso. Tomate estas pastillas, son vitaminas, te ayudaran un poco con la fatiga y fortalecerán al bebé… –Hinata asintió –Y supongo que lo que diré no lo escucharás pero… No deberías seguir yendo a misiones. Un golpe puede quitarle la vida a tu bebé e incluso a ti. Tus fuerzas están reducidas a la mitad, por eso deberías hablar con tu superior…

Hinata iba a explicarse, quería decirle que esa no era una opción, que no podía simplemente presentarse frente a Tsunade y explicarle su situación. No era por la Hokage, era por ella misma. No sabía qué hacer, una vez que se enterasen de su embarazo se podía considerar viviendo en la calle. Nunca se había enterado de alguna chica de su clan que hubiese quedado embarazada, pero estaba segura que si había habido alguna, el Clan no la había tratado nada bien. Quería explicarle todo eso, aún cuando le diese pena, quería hacerlo, pero la doctora no la dejó.

–Toma… Esta es la ecografía, llévala junto con tu historia clínica y ésta nota –Dijo extendiéndole un sobre –Y por favor, cuídate…

Hinata asintió y le dedicó una sonrisa a la médica. No podía ni describir el alivio que sentía al saber que su bebé estaba bien, de que todo marchaba en orden. Se despidió de la señora, agradeciéndole por todo y caminó hasta la sala de estar. Allí se encontraban Naruto y Sakura, rápidamente ocultó los papeles que le había dado la doctora en su mochila y se encaminó hacia donde sus compañeros se encontraban. ¿Habrían preguntado por ella en la recepción? ¿Les habrían dado alguna clase de información?

–¡Hinata-san! –Gritó Naruto cuando llegó a su lado –Vaya que éste hospital es molesto, tardaron un montón en curarte un simple rasguño y encima no nos quisieron dar ningún tipo de información! ¡Ya verán, cuando yo sea Hokage las cosas cambiarán, si un amigo pregunta por la salud de su compañera tendrán que informarle!

Inmediatamente Sakura golpeó a Naruto, diciéndole que no podía gritar en un hospital y que además si no le habían dado los datos era por algo que se llamaba confidencialidad, y que ella como ninja médico comprendía al hospital. Luego de eso se enfrascó en una conversación, o en realidad en un monologo sobre como ella cumplía con todas las normas del hospital y que siempre sabía guardar discreción. Sí, cómo no, pensó Hinata, sin embargo todo aquello: las peleas entre Sakura y Naruto, el monologo interminable de la pelirrosa y el resto de las cosas, pasaron a segundo plano. En su cabeza solo había una cosa, una imagen… La de su bebé.


Muchas gracias una vez más...

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Lu