Everything is done.

Be Cold & Makes Me Wonder – Concorde.


Podría decirse que el alba del nuevo día había pateado a Stan en las bolas, cercenado sus esperanzas y derretido sus ojos.

Claro, aquello fue lo que él experimentó, pero no necesariamente a causa del sol naciente.

Dios, no había salido de su cama en todo el fin de semana. Su madre dejaba la comida frente a la puerta y él la tomaba por el simple hecho de que si no lo hacía ella se inmiscuiría en su cuarto, y eso sí que no planeaba permitirlo.

Cortinas cerradas. Música underground con temática de desamor. Nada de baños calientes o fríos.

Joder, Amy Lee nunca había sido tan buena compañía.

Por supuesto, eso duró hasta que Shelly se cansó de su -en las palabras de la chica- mariconeria de mojón, quitó las cortinas y le golpeó contra la puerta del baño para dejarlo dentro del mismo.

- ¡Hoy mueves tu trasero fuera de esta casa, aunque tenga que ser por la fuerza! –

Shelly podía ser un amor cuando quería.

El espejo delante suyo le mostró cuan vuelto mierda estaba. Diablos, la palidez en su rostro le asustó hasta a él, las venas azules de su frente eran demasiado notables. Obviamente, ello no podía ser sano.

"Bienvenido seas a otro día de instituto repleto de mierda desde la cabeza a los pies: Para comenzar, un aplauso a Kyle Broflovski, el bastardo antes conocido como tu súper mejor amigo."

¿Por qué siempre se enamoraba de personas que le hacían daño?

La vida a veces era una perra.


- S-tan – Y allí estaba el pelirrojo, con una cara de nervios terrible y la marca de cicatriz que tenía desde hace dos semanas. Su cabello estaba brillante y desordenado; y sus ojos hundidos. Además, no había que ser un genio para denotar que había intentado colarse al cubículo, tampoco para oler la nicotina.

- Necesitamos hablar, Ky - Se acercó un poco, a lo que el otro retrocedió. Y si había estado destilando tristeza todo el día, aquel gesto hizo que se cristalizara.

- Ahora no es el momento, Stan – Con las manos adelante, empezó a lograr distancia.

No obstante, Stan estaba cansado de correr y esconderse.

Le tomó de las manos con las quería alejarlo, botando el cigarrillo en el proceso. Kyle se puso tenso, tan rígido como una piedra. Marsh ya no miraba el suelo, sino los ojos verdes de su crush.

Solo tenía que decirlo. Dos simples palabas a quien había sido su compañero de toda la vida.

Oh claro, pero la comunicación no era el fuerte de ninguno de ellos.

- ¡¿Cuándo será el momento entonces, Ky?! – Stan asía sus manos de forma dura. Tenía miedo, como cualquier persona intentando declarar sus sentimientos. Y esperanza, como todo enamorado. Además, estaba furioso consigo mismo por su cobardía.

"Solo suéltalo"

- ¿Y hablar sobre que…eh? – La sonrisa sardónica y realmente malévola del pelirrojo adornó su rostro tan rápido como un rayo. Broflovski estaba cansado de ser usado como un juguete a voluntad. Cansado de aparentar estar bien siempre, de buscar consuelo en Stan. Además, él no era… era imposible que fuese… – Vamos ¿hablar sobre nuestro pequeño Hook up de medianoche? ¿Ese tipo de cosas se hablan? Stan, no me jodas –

- ¡No fue eso! ¡Por favor escúchame! –

- ¡¿Entonces que fue aquello Stan?! ¿Querías tirarte a un heterosexual? ¿A un judío? ¡¿A tu amigo?! Pues alégrate, lo lograste, eres todo un conquistador. Ahora solo piérdete – Kyle se soltó brusco. Sus puños apretados y preparados para terminar en la quijada de su amigo. Las lágrimas por poco escapaban de sus ojos y antes muerto a mostrarse débil.

- ¡No le haría eso a mi mejor amigo, maldición! ¡Tú me…! –

- ¡No soy homosexual! – Kyle se pasó las manos por la cabeza, con fuerza, quedándose con algunos mechones al acto - ¡NO SOY COMO TÚ! ¡DEJA DE CONFUNDIRME! ¡NO LO SOY! –

Stan quedó con la palabra en la boca y los ojos bien abiertos. Kyle le había alejado de sí con un empujón seco, que lo mandó directo al piso.

Broflovski empezó a pasarse las manos por el rostro, en pleno ataque de catarsis. Sus ojos cerrados, para abrirlos en total arrepentimiento. Intentó acercarse a Marsh para ayudarlo a levantarse, pero éste se levantó del suelo por cuenta propia, alejándose del pelirrojo. Kyle quedó con la mano extendida, rechazado después de que él rechazase.

¿Nunca se pondrían de acuerdo?

"No soy homosexual, no soy homosexual. Ser gay está prohibido. Solo fuiste un juego. Derroche de lujuria. No vales nada. No soy homosexual. No soy homosexual. No le quiero de esa forma, no debo quererle de esa forma ¡NO DEBO! Para él solo fui un reto. A gustado de quebrarme solo por lujuria. Debo ser perfecto para la sociedad. No debo quererlo… no debo quererlo, no soy homosexual. Él solo es el otro jugador del videojuego, mi cordura es la partida y yo soy el perdedor"

Kyle volvió en sí solo hasta que escucho el ruido de la puerta cerrándose. Stan ya no estaba.

Se deslizó desde la pared al suelo. Las rodillas contra su pecho y las manos sujetando sus piernas. Temblaba mientras las retenidas lágrimas empezaban a salir, en silencio. Enterró su rostro en sus rodillas y las uñas en su carne porque no podía soportarlo.

Se estaba quebrando más rápido de lo que había intuido.

"Si no soy homosexual ¿Por qué me siento así? ¡Lo detesto!"


Toda la semana había sido un incordio en su casa. Pero este día… ah, señores, este día lo superaba por mucho.

Según había entendido, su madre encontró a Gerald en pleno sexting con otra mujer. Se puso, ya saben, increíblemente furiosa y esta vez sí que deseaba los papeles de divorcio a los cuatro vientos.

A decir verdad, no lo culpen, eso tranquilizaba un poco al pelirrojo. Su vida se volvería más mierda, sí; pero al menos no estaría soportando querellas sobre problemas sexuales o de convivencia de sus padres en horario matinal, ni Ike tendría que refugiarse en su cuarto cuando éstas fueran nocturnas. Además, mamá podría volver a ser esa persona estricta pero que le cuidaba con amor, y no esa señora que no ha intercambiado con él más que el saludo y notas académicas desde hace demasiado tiempo como para recordarlo sin que se ponga mal, aunque ella diga amarlo.

En fin, Kyle siempre se preguntaría como esa familia tan compacta y perfecta de antaño se convirtió en ese esperpento. Nada que hacerle, al fin y al cabo.

Además, estos días había estado en otro plano existencial. No dormía casi, dado que se levantaba cada dos o tres horas. Tampoco comía mucho, en parte porque su comida era un asco y nadie más parecía cocinar últimamente, en otra porque su estómago simplemente no le llamaba.

Había terminado con una relación de amistad de nueve años.

Carajo, y todo por exteriorizar sus miedos.

Stan no había vuelto a hablarle. A decir verdad, el pelinegro evitaba juntarse con su persona, y cuando le veía, siempre cargaba una mueca de desagrado tremenda.

Aunque…

"No solo fue por lo que dije, también fue porque no le deje hablar."

Las palabras son poderosas. Kyle estaba seguro que había ofendido a Stan con una expresión en particular.

¡No soy homosexual! ¡NO SOY COMO TÚ!

Diablos, aunque le doliera, eso denotaba que era un hipócrita. El muchacho que da sermones a los demás sobre tolerancia y comportamiento no era tan correcto como demostraba ser.

Aun así, aunque Kyle gustase de darse golpes de pecho luego de cometer errores, tal vez había olvidado que todos los humanos tienen un lado turbio. Nadie puede ser perfecto.

Lo importante aquí es reconocer las malas acciones y los pensamientos detrás de éstas, y resarcir los atropellos que hemos cometido con los demás.

Broflovski, después de bastante reflexión, había cumplido los dos primeros puntos, pero no estaba dispuesto a cumplir el tercero.

Bien podía perder una amistad y su felicidad inmediata (e incluso mediata), pero que Stan le alejase de si permitiría a Kyle no confundirse más. Ya no querría ahogarse en él, ni buscarle con ahínco. Con el tiempo Stan también saldría de su cabeza, y así su religión, sus intereses académicos y su raciocinio volverían a predominar en ésta.

O eso creía.

Tampoco es como si pudiese ponerse en estado gótico-depresivo estando a cargo del equipo. Suficiente había sido con que le echaran tres veces en las semanas anteriores, no cometería el error de desconcentrarse otra vez.

No obstante, el entrenador parecía preocupado por la forma en que estaba tacleando, buscando inmovilizar y hacer daño, en vez de salir corriendo con el balón como debería hacer.

Americano puede ser una muy buena válvula de escape para la ira. Stan lo había aprendido hace poco.

Salió a las duchas antes que todos, pues no planeaba encontrarse con el equipo de baloncesto y mucho menos con Kyle. Sin compañía alguna, porque digamos que en su melancolía y cólera no había querido relacionarse con nadie más que sus sabanas. Los únicos que se había salvado de ello eran Kenny y Wen, porque eran ellos quienes lo buscaban, preocupados por él.

Preocupados una mierda, él no era un gatito perdido en busca de un hogar.

Apenas salió, pudo ver como un grupo de porristas novatas estaba practicando rutina. Además de que el jefe de básquet estaba regañando a alguien.

Era Kyle, y se veía terrible. Aun a la distancia se le notaban las ojeras.

"No pude decirle que le quería. Fui rechazado antes de tiempo y mira de qué forma ¿Debería alegrarme de verlo tan mal? No puedo, aun le quiero, aunque también le deteste ahora mismo."

El pelirrojo botó el balón justo en el pie de su entrenador, en una expresión de pura y plena rabia, y se fue murmurando maldiciones. No obstante, al ver a Stan sus ojos parecieron brillar.

Marsh no pudo hacer otra cosa que deformar su gesto.

Broflovski quiso acercarse, pero decidió que no era lo mejor.

- Si vas a faltar a los entrenamientos, lo mejor es que salgas del equipo. Le daré tu puesto a un muchacho de primer año –

Decir que estaba enojado era poco. Tenía ganas de coger al entrenador a puños.

Pero no podía culparlo, tenía razón. Su presencia en las prácticas ahora era extraña. Como ya no dormía en las noches, solía quedarse en el sofá una o dos horas dormitando sin darse cuenta, o simplemente se dormía en clase y debía copiar las anotaciones que los muchachos del club de ajedrez muy amablemente le daban.

"Yo no soy homosexual, pero tal vez…"

También se le había hecho costumbre observar los entrenamientos de americano desde el hueco de las gradas, donde nadie podía verlo a él. Stan parecía mucho más violento, pero se veía en buen estado físico.

Hoy lo vio de cerca. Parecía más pálido de lo normal, y esa cara de desagrado, dios, como la odiaba.

"Soy un idiota"

- Los súper mejores maricas ya no se hablan, no puedo creerlo – Y esa voz. Su tarde parecía irse por el caño cada vez más rápido.

- No es algo que te importe culón, ahora mueve tu gordo trasero antes que te rompa los dientes –

- Khal, pareces particularmente molesto hoy. Que te he dicho sobre acumular arena en tu vagina –

- ¡Te la ganaste, Cartman! – Y se le fue a puños. Eric Cartman era la única persona con la cual podía ser una porquería y ser Kyle Broflovski al mismo tiempo. El gordo sacaba lo peor de sí, solo con su presencia.

En medio de la pelea de manotazos, el pelirrojo descubrió algo. Claro, tuvo que huir para pensar y dejar que Cartman ganara la partida esta vez, pero Kyle se vengaría luego, no lo duden.

¿Su descubrimiento? Él siempre había sido una porquería de persona, con cosas buenas sí, pero no era de lo mejorcito de la variedad humana. Tenía empatía, y gustaba de poseerla; pero para alguien tan jodido como él, buscar la perfección era algo estúpido.


Stan se había prometido a si mismo no echarse a morir por un amor no correspondido como lo hizo en primaria, pero joder ¡Era Kyle, su mejor amigo cuasi novio! El caso es que tomó tanto whisky que empezó a ver elefantes rosas.

Sharon estaba bastante preocupada; aunque Randy estuviese orgulloso de que su hijo llegase al grado de alcoholemia Jumbotastic con solo diecisiete -era record de edad dentro de toda la familia-, así que la mujer decidió arreglar la habitación del pelinegro como no hacía desde que su hijo tenía doce años y llamar a la escuela. Stan no iría los próximos dos días.

Shelly miraba todo con desaprobación.

Tal vez el primero en notar la ausencia de Stan fue Kenneth, pero crean que se arrepintió de mencionarlo, ya que el comentario hizo que Kyle estuviese taciturno todo el día.

Siquiera la clase de arte, pintura y escultura estaba ayudando.

Decidió cancelar sus clases particulares de física, no estaba rindiendo lo suficiente ni para sí mismo.

Al parecer Tweek y Craig creían que debía solucionar las cosas con Stan. Tucker parecía molesto con la sola mención de Marsh, pues el entrenador ahora siempre se la pasaba gritándoles a causa de él, o de eso se quejaba.

Sin embargo, Kyle no pensaba seguir sugerencias de nadie.

Terco.


Y así llegamos a:

Bienvenido seas a otro día de instituto repleto de mierda desde la cabeza a los pies.

Stan quedó frio al notar que su cuarto ya no tenía cortinas y por ello era que el sol lo había despertado. Su madre también se había desecho de la música de desamor porque se llevó la grabadora, y no encontró ningún cd de Amy Lee ni su IPad cuando los busco luego. Shelly lo sacó a trompones de la cama y tuvo que bañarse. En fin.

No quería moverse.

Bajo a desayunar con lentitud. Randy estaba particularmente feliz de ver a su hijo de nuevo. Le dio un par de palmadas en la espalda junto a la promesa de pasar al bar con Jimbo.

Normalmente, Stan diría que aquello es una estupidez, dado que él era menor de edad, pero ahora mismo le pareció una idea increíble.

De último momento, justo al salir, Randy le detuvo y le dio dinero.

- Ve y compra comida para la cena – Dijo, para voltear a ver si su madre estaba – Y aquí tienes más, pero que Sharon no se entere o me cuelga –

Stan sabía que significaba eso: Haz lo que quieras, pero no vuelvas antes de que acabe el horario escolar.

Su padre solía ser una patada en las bolas, pero por cosas como esa es que lo quería.

Stan había vuelto a faltar al instituto.

Kyle, francamente, estaba bastante aburrido, así que decidió saltarse el resto de las clases e irse a casa.

Seguro no habría nadie.

Dio un paseo bastante largo por todo el pueblo. Fue al lago Stark, de allí al Hool Foods y a la Paltle de Mielda, también paso por la zona nueva de la ciudad y por la comisaria.

Era una ciudad relativamente pequeña, aunque hubiese crecido bastante a comparación de su niñez.

"Todo cambia"

Estuvo en la veterinaria hasta que se escondió el sol.

Justo cuando abrió la puerta, pudo escuchar los sollozos silenciosos de alguien.

Era su madre.

Usualmente, se escondería y correría de nuevo a completar sus deberes, temiendo alguna represalia de Sheila, pero hoy todo parecía estar de cabeza. Kyle sintió como su corazón se desquebrajaba al escuchar a su madre llorar.

Ella estaba en el comedor.

Se sentó a su lado, algo tímido, pero dispuesto a servir de apoyo.

- ¿Es por el divorcio? – Aun así, siempre iba al punto.

Sheila se recargó en el hombro de su hijo mayor. Viendo ese pequeño corte a la altura de la ceja y como su cabello parecía estar opaco y sin vida, además de la piel oscura bajo sus ojos.

La mujer se sorprendió con el parecido, ambos se veían igual de demacrados.

- Lo lamento, Bubalah – Kyle sonrió por la mención de su apodo. Dejo de ver a su madre y la mirada pasó a los papeles sobre la mesa. Allí fue que la decepción cubrió sus ojos de manera inevitable.

Estaban rotos.

- ¿Acaso no estas cansada, mamá? – Dejo ir, aunque se arrepintió de su osadía.

"Seguirán haciéndose daño y nosotros seguiremos viéndonos afectados por eso. ¿Por qué no paran?"

- Lo estoy –

- ¿Tanto amas a papá? -

Sheila calló por un momento. Recordaba la voz de su Bubalah mucho más aguda, su cuerpo mucho más pequeño y su carácter menos apagado. Su niño se había ido hace bastante, y no había sido consciente de eso hasta ahora.

- No lo hago – Sheila solo miraba el acta de divorcio, rota por sus propias manos.

Kyle permaneció con su madre toda la tarde.

- No conozco nada más, es lo mejor –

"Es lo más fácil. Y aquello está acabando contigo, mamá"


¿Acaso no era lo mismo que él estaba haciendo con Stan?

"Ellos por cercanía insoportable. Yo por alejamiento y desprecio del sujeto de cariño"

Él también se estaba rompiendo. Aunque en su caso era por la constante confirmación de que nadie lo había hecho sentirse así de bien. Stan ya era parte de su vida, sacarlo de ésta le estaba doliendo porque bien sabía que eso no es lo que quería.

Lo más fácil era terminar con todo y vivir con el arrepentimiento de no haberlo intentado, lo complicado era permitirse dar un salto de fe sin observar el precipicio.

Hay cosas que no se escogen, solo llegan y ya.

Gustaba de un hombre, aunque ello fuera en contra de sus principios religiosos.

Sin embargo, ahora mismo eso no podía valerle menos. Era humano y tenía sentimientos después de todo. Y haría que fueran correspondidos, carajo, porque estaba cansado de intentar erradicarlos.

Por eso estaba timbrando en la casa Marsh, sonrojado por correr desde su casa y sin abrigo. Ya iba a anochecer y no podía permitirse perder más tiempo.

Sharon fue quien le abrió la puerta, sorprendida de verle en camisa en medio de la nieve. Iban de salida.

Con un – te lo encargo – Randy y Sharon se fueron quien sabe a dónde, muy elegantes. Shelly lo miró mal, aunque luego soltó un suspiro y una sonrisa, ella iba a casa de unas amigas.

Cerró y subió. Tocó la puerta del cuarto del pelinegro al menos tres veces antes de que se la abrieran.

Stan intentó cerrarla de golpe al verle allí, pero puso el pie antes de que lo lograra y se empujó dentro de la habitación.

- Stan, solo quiero hablar contigo ¿Me lo permitirías? Si no te gusta no mencionaré más acerca del tema – Ahora era Kyle quien cargaba el miedo a ser botado a la basura, aunque no tenía esperanzas, sino determinación.

Marsh le vio con su mueca de desagrado desde la cama, pero a quien engañaba, una pequeña parte de su corazón se alegraba de ver al pelirrojo allí.

- Bien, pero solo por esta vez – Afirmó.

- Yo no soy homosexual… - Stan sintió su vena hincharse en furia, esto no podía ser enserio.

- ¡Eso ya lo sé, cabrón! – El grito que dio fue brutal, pero Broflovski no se detendría.

- No lo soy, pero no puedo sacarte de mi cabeza, maldito animal – Kyle se acercó a la cama. Estaba a punto de revelarse débil ante alguien, y ello le daba tanto pavor – Me gustas porque eres tú, Marsh, no porque seas un hombre –

Terminó. Soltó la parte más importante de todo el embrollo armado en su cabeza por gracia de aquel pelinegro de ojos eléctricos delante suyo. Ahora, vendría la parte en que Kyle decide ceder y convertirse en el amigo con derechos, por mera calentura del otro, aunque aquello pudiese dolerle en el futuro a sí mismo.

Stan se quedó mudo.

Enserio ¿Acaso en South Park nada podía suceder de manera convencional? Se supone que fuese él quien se declarase y que ellos estuvieran juntos y lindos desde el principio, no que fuese Kyle quien se confesara y que ambos tuvieran que pasar tremenda mierda que pasaron para llegar a ese resultado.

Confirmado, la vida a veces puede ser una perra.

Pero ese sentimiento de desagrado y desprecio estaba siendo corrido por pura alegría. El dorso de sus manos cubrió sus ojos, todo era tan jodidamente irónico que sentía que podía ponerse a llorar como un niño pequeño en ese momento.

Kyle notó que su amigo parecía ocultar sus ojos con las manos y sin pensar en nada más decidió arrodillarse frente a él, tomando sus mejillas.

- Lo siento mucho, Stan – Volvió a hablar – Estaba tan encerrado en mi porquería que te herí. Nunca fue mi intención, solo que… bien, soy desechable, siempre lo he sabido, pero que tú me vieras de esa forma pudo conmigo. Me volví una loca histérica con problemas de ira, ya sabes, así como Garrison –

Stan volvió su mirada al chico delante de él. Ninguno solía hablar de sus miedos.

Al parecer, él también había herido a su amigo.

Paso sus manos por detrás de la espalda del ojiverde, acercándolo a sí mismo. Sin intención de soltarlo en mucho tiempo. Sentía el corazón del pelirrojo contra el suyo, su calor. Hasta imaginaba que sus ojos debían estar abiertos como platos.

Kyle se sorprendió, pero al poco rato cerró los párpados, acurrucado en el calorcito ajeno. Se sentía tan bien, tan vivo.

- Enserio, viejo, no importa si solo quieres acostarte conmigo, es suficien… - Interrupción.

- Deja de hablar, Ky. Siempre me quieres quitar el turno, aguántate hasta que yo acabe – Dijo, con una sonrisita que esa habitación no había presenciado desde hace bastante.

Kyle se calló de ipso facto, viéndole a directo al iris.

"Solo suéltalo"

- Me gustas, hombre. Realmente creí que había enloquecido de amor por ti, porque enserio me volví muy marica. Digamos que por poco y cagaba arcoíris –

Un pequeño sonrojo se apoderó del rostro de Marsh, en verdad todo era demasiado irónico.

Kyle abrió los ojos de nuevo. Su boca abriéndose y cerrándose cual pez. Se alejó un poco del otro solo para ver su sonrisita.

- Por eso, dios, por eso es que parecías estar tan mal cuando paso lo del baño – Estaba muy avergonzado, no solo por su evidente error y sus maquinaciones incorrectas, sino porque eso no se lo esperaba.

El rojo subió desde sus mejillas hasta sus oídos.

- Sip. Se puede decir que me rechazaste. ¿En verdad nunca lo creíste? Puedes llegar a ser un imbécil algunas veces, Ky –

- Soy un idiota – Sin embargo, esa sonrisa que se formaba en su rostro era de propia felicidad. Stan soltó su abrazo – Y… ¿ahora qué? –

- No sé ¿Somos pareja? –

- Obviamente sí, Stan – Dijo, aun un poco rojo – Me refiero a, pues, que se supone que deberíamos hacer ahora -

- Pues ¿Quieres ir a North Park? Mis padres dejaron el auto y papá me dio dinero – Dijo él.

- De putas a North Park ¿Un lunes? Estás demente – El pelirrojo empezó a reír.

- De puta-putas, no. Vamos a bailar. Y que problema hay con que sea lunes, estaremos aquí para mañana. Además, estarás tan cansado que seguro podrás dormir de corrido –

Kyle se sorprendió con el comentario.

- ¿Tan mal me veo? –

- Pues… - Stan abrió la boca y empezó a señalarla con su dedo índice, simulando provocarse arcadas.

- Pendejo – Se acercó un poco, le tomó de la nuca y le planto un corto beso en los labios, sin cerrar los ojos.

En verdad se sentía increíble.

- Yo conduzco – Empezó el pelirrojo.

- Es el auto de MIS padres, yo conduzco –

- Vete a la mierda, Marsh –

- Si te vienes conmigo, lo pensaré – Stan tomó las manos del pelirrojo con suavidad. Kyle le sonrió y sus ojos, aun dentro de esas ojeras, volvían a parecer esmeraldas brillantes.

- No hay necesidad de que lo hagas, sabes que no lo dudaría –

- Eres taaan gay, Kyle –

- No más que tú, Stan. Ahora muévete o yo conduciré –

Wendy recibió un único mensaje de su exnovio, era un pulgar en alto.


...

FIN.

Ven, el final que todos esperaban: Quedaron juntos.

Ojalá les haya gustado y un aplauso a todos los que llegaron hasta aquí.

Voy a utilizar este espacio para hacer publicidad de otros escritos de mi autoría: Otherkin (AU. Style). Del Tulipán cagón y Del Girasol puto (Genderbender. Bunny)

Decidí cambiar el título. Si alguno quiere compartir canciones que sean así medio chidas, se lo agradecería aún más.