Así, de aquella manera, olvidaban por completo el intercambio de cuerpos. Conformaban un único ser, no podían diferenciar dónde terminaba y empezaba cada uno. Con sus bocas abiertas hasta el extremo, se besaban profundamente, amparados por la sombra de aquel estrecho callejón. Zoro aún apoyaba sus manos en la pared, y aunque disfrutaba delimitando el espacio de la capitana como haría un depredador, le gustaba más la idea de terminar cazándola por completo. Levantó las manos y las llevó hacia su bañador, para tirar de la tela hacia sí mismo. Ese movimiento atraía peligrosamente a Tashigi hacia él, aproximando sus cuerpos de la misma manera que se había acercado sus bocas.
La capitana, que se había abandonado a aquella placentera sensación, imitaba los movimientos del espadachín. Extendió los brazos y agarró la fina cintura de su compañero, con fuerza. Seguía notando la imponente erección que tenía entre sus piernas, que no amenazaba ni lo más mínimo con bajar, es más, la notaba cada vez más dura, caliente y palpitante. Sentía unos incontrolables y confusos deseos de quitarse la poca ropa que tenía, y utilizar el sexo que ahora le correspondía. Fantaseaba con la idea de penetrar su propio cuerpo mientras lo sentía el espadachín en primera persona.
Separaron sus labios para tomar una bocanada de aire, y se miraron con auténtica lujuria. Parecía no importarles ni el lugar, ni la circunstancia, en aquellos momentos estaban cegados por el deseo. Contra todo pronóstico, Tashigi tomó el brazo izquierdo de Zoro, y le obligo a girarse, de manera que su erección rozaba intensamente con el trasero del espadachín. Pero eso no era lo que pretendía, ella quería tocar su propio cuerpo estando él dentro, ver sus reacciones. Introdujo su mano derecha en el interior de la braguita del bikini, de manera directa. Le sorprendió ver que Zoro se encontraba igual o más excitado que ella. No le gustaba admitirlo, ni siquiera para ella misma, pero de todas las veces que su cuerpo se había excitado, aquella era la más fuerte sin lugar a dudas. Sus dedos resbalaban con una facilidad pasmosa. La entrepierna, propiedad en aquellos momentos del espadachín, estaba tan húmeda que podría lubricar sin problemas. Bajó aún más su mano hasta que su índice rozó el abultado clítoris, que había duplicado su tamaño. Sabía qué era lo que tenía que hacer, cómo moverlo para dejar a Zoro indefenso y a su merced.
Comenzó a frotar sus dedos acompasadamente, y con rapidez. De los labios del espadachín brotó un quejicoso gemido. Aquello era como magia, sólo había rozado estratégicamente su entrepierna, y con eso había sido suficiente para desestabilizarle. Destensó su cuerpo, y notó como la chica lo cargaba parcialmente mientras seguía moviendo sus dedos. Definitivamente, no lo hacía al azar, sabía exactamente cómo hacerlo para disfrutar al máximo. Después de todo, parecía que algo de experiencia sexual si tenía.
No podía dejar que ella lo hiciese todo, necesitaba tener también sus manos ocupadas. Se recuperó parcialmente de la impresión inicial, y aunque aquella sensación placentera casi le nublaba el sentido por completo, se vio con la suficiente fuerza e iniciativa para dar el paso. Extendió su mano izquierda y la puso detrás de su espalda. Tanteó a ciegas, y como pudo, la zona, en búsqueda de la entrepierna de Tashigi, la que en realidad le pertenecía a él. No le fue difícil, su erección era tan firme que se hacía notar rápidamente. Introdujo la mano en el interior de la tela, y con dificultad, agarró su miembro. La postura era increíblemente incómoda, pero en ese estado podía hacer lo que se propusiese. Con dificultad, empezó a maniobrar, a frotar hacia arriba y hacia abajo con mayor intensidad y frecuencia.
Tashigi no podía evitar que los gemidos se escapasen de entre sus labios. Aunque el roce era burdo y la postura no era la más práctica, la situación sí era enloquecedoramente excitante. Tenía que admitirlo, era la primera, y seguramente la únicamente vez en su vida que iba a sentir en su propia piel cómo era tener un orgasmo dentro del cuerpo de un hombre. Pasaron los minutos entre ellos, tan absortos en el placer de la carne, que no se dieron cuenta de que algo sucedía a su alrededor.
- ¿Habéis encontrado algo, chicos? –
- Por aquí nada, jefe –
- Seguid buscando, no pueden estar muy lejos –
Las fuertes pisadas de un grupo de hombres, sacaron a Tashigi y a Zoro de su propia burbuja, de la peor y más irritante de las maneras. Estaban tan cerca que las sombras que proyectaban sobre el suelo se filtraban en el estrecho y angosto callejón, hasta llegar a sus pies. Pararon bruscamente, permanecieron estáticos durante unos segundos, y cuando se percataron de la magnitud de la situación se separaron con rapidez y torpeza. Se colocaron la ropa, la cual tenían casi quitada, incluso Tashigi, en un arranque, colocó en su sitio su aún erecto y palpitante miembro, con el cuidado de que no asomase nada hacia el exterior.
- Mierda, será mejor que nos vayamos, seguro que nos buscan a nosotros –
- ¿¡Q-qué!? P-pero si no hemos hecho nada, Roronoa –
- ¿Tú crees? Nuestras apariencias y nuestra forma de actuar no inspiran confianza, estoy seguro que quieren saber, al menos, que ha ocurrido exactamente –
Tashigi no contestó, sabía perfectamente que el espadachín tenía razón. En una situación tan extraña, estando de servicio, ella hubiera hecho exactamente lo mismo, al menos informarse. Tenían suerte de que el callejón tuviese doble salida, por lo que se precipitaron, con presteza, al lado contrario. Miraron hacia los lados, y se tranquilizaron al ver que en esa calle no había ningún tipo de vigilancia.
- Vamos, caminemos con normalidad, aquí no destacaremos –
La capitana asintió en silencio, salió junto a él prudentemente del callejón, y lideró la marcha, no era nada conveniente perderse en una situación así. Una vez pasada la sensación de peligro, lo que sentía en aquellos momentos era una increíble frustración y amargura, tanto, que notaba cómo la sangre había dejado de agolparse en su miembro, que estaba indiscutiblemente flácido en esos momentos. Pero el sentimiento de frustración no duró mucho tiempo, casi al instante, tornó en una increíble vergüenza, no podía asimilar lo que había estado haciendo, hasta dónde había estado a punto de llegar. Lo mirase por donde lo mirase, aquello la atormentaba. Era su archienemigo, se la tenía jurada. Su trabajo era perseguirle, darle justicia y arrebatarle sus espadas, no encontrarse con él y dar rienda suelta a un encuentro amoroso. Porque ella no sentía nada por él, o al menos no lo suficiente para entregarle su cuerpo, o como pudiera interpretarse eso en aquella situación tan especial.
- Q-qué hemos hecho… Roronoa. N-no… eso no ha sido verdad… –
Zoro podía entenderla perfectamente, pero él no era tan drástico con sus decisiones ni se atormentaba tanto. Era cierto que habían empezado con mal pie, que pertenecían a dos esferas opuestas entre sí, incluso que su parecido temprano con Kuina le había dado mala espina, pero en esos momentos había terminado por admitir que, a pesar de que podía resultar irritante, su presencia también le atraía de una manera alarmante. Había sido plenamente consciente de lo que había estado haciendo un rato antes, y si algo le atormentaba en aquellos momentos, era precisamente no haber llegado hasta el final.
- ¿Ah? ¿Cómo que no ha sido real? Tanto como los gemidos que salían de tu garganta – le susurró con fiereza Zoro, que estaba de puntillas junto a ella.
- Q-qué dices, ¡Para! – replicó Tashigi, que seguía igual de avergonzada.
- ¿Por qué lo niegas, ah? Si no hubiera sido por esos tipos habrías llegado hasta el final, y luego qué, ¿Lo habrías seguido negando? –
- ¡T-t-t-t-te he dicho que p-p-p-p-pares! –
La capitana estaba increíblemente alterada, no podía escuchar ni siquiera una palabra de su boca, sabía que terminaría dándole la razón. Suficiente era ese debate interno que tenía desde hacía tanto tiempo, como para admitir de golpe aquello. Necesitaba tiempo, y el espadachín se lo estaba quitando. Jugueteaba con ella, la provocaba como siempre solía hacer, pero esta vez con un tema demasiado íntimo y personal.
- ¿Estás segura? Te veo muy nerviosa –
Necesitaba pararle los pies como fuera, seguir manteniendo la distancia entre ambos o incluso en su estado más racional pasaría esa línea de no retorno. Era una oficial de la marina, capitana, ni aunque fuera en su tiempo libre podía implicarse hasta la médula con un pirata.
- Tú… debes cumplir tu parte –
Tashigi dejó de agazaparse, y se encaró al espadachín, que quedó momentáneamente descolocado.
- Mi parte… ¿De qué exactamente? –
- No te hagas el despistado, tú incumpliste tu parte, viste lo que había debajo del vestido, así que me corresponde admirar tus espadas –
- ¡De ninguna manera! Yo no lo hice, fue esa mujer –
- ¡Ya hemos hablado sobre eso! Me da igual cómo empezase, ¡No hiciste nada para resistirte! –
- N-no… no te pienso dejar tocar MIS espadas –
- ¡Entonces le diré a todo el mundo que eres un pervertido! –
- ¡No soy un pervertido, onna! –
- Miraste debajo de mi ropa, ¡Cumple tu promesa, Roronoa! –
Las tornas se habían cambiado para Zoro. Justo antes había llevado las riendas de aquella conversación, pero en esos momentos se encontraba a merced de la capitana. Sabía que tenía razón, había incumplido su parte del trato casi deliberadamente. Él no había comenzado nada, pero tampoco había opuesto resistencia para evitarlo, había sentido demasiada curiosidad.
- Demonios… mujer. Está bien, ¡está bien! Sólo un momento, y bajo mi estricta supervisión… y mientras me tomo una buena botella de sake –
- ¡Vamos, a lo lejos hay un bar! – dijo Tashigi, visiblemente entusiasmada.
La capitana reanudó la marcha, con tanta alegría, que casi olvidó la desazón de la interrupción en el callejón. No se negaba que hubiera sido interesante llegar hasta el final, pero tres Meitou eran tres Meitou. Aquella era una oportunidad de oro para familiarizarse con las espadas que pensaba poseería en un futuro. Por el contrario, Zoro se encontraba doblemente abatido. Aún sentía la frustración de la interrupción, y además la furia por tener que ceder a la hora de dejarle sus armas. Aunque era receloso con sus propiedades más preciadas, y le incomodaba la idea de que Tashigi tuviese como objetivo en la vida arrebatárselas, sabía que bajo esas circunstancias podía confiar en ella. No se las quitaría a menos que le ganase en un duelo justo, y siendo claros, una maniática de las espadas iba a tratarlas con más cuidado que a su propia vida.
En apenas unos minutos terminaron de recorrer la concurrida calle. Al final de ésta, se encontraba de nuevo la zona del parque acuático. La mañana había avanzado bastante, el parque de atracciones tenía el aforo completo a esas horas. Había gente por todos lados, muchos de ellos ya iniciaban la hora de la comida, por lo que Zoro y Tashigi se apresuraron para coger un buen sitio en el bar. Era un lugar elegante, de un inmaculado color blanco. Tenía dos zonas visiblemente diferenciadas, por un lado el restaurante, y por el otro la zona de copas. Aunque la hora de comer estaba cerca, lo que más le interesaba a Zoro era beber, así que sin perderse, siendo esto toda una proeza para él, se adentró en la zona de copas. Era sin ninguna duda la parte más sofisticada del local, bajo sus pies tenían un suave césped de un verde intenso, y en el centro de la zona una enorme piscina jacuzzi donde la gente tomaba sus copas mientras charlaba amigablemente. En uno de los extremos del recito, había una coqueta cabaña donde se servían las bebidas, y esparcidas aleatoriamente por el lugar, incontables camas y puffs de agua.
- ¡Waou! ¡Este sitio es espectacular! ¿Verdad? –Preguntó Tashigi, increíblemente sorprendida, era la primera vez que visitaba un lugar tan sofisticado y de alto nivel.
- Es un sitio para beber, sólo eso. Espero que la bebida sea fuerte, nada de tonterías como las que hay por todas partes –
- Qué rudo eres, Roronoa. Habrá de todo, sólo hay que preguntar –
Zoro refunfuñaba, además de todo lo que había sucedido, había dado a parar a un lugar para nada acorde con lo que él estaba acostumbrado. Le gustaban los antros oscuros, viejos, no aquel sitio para gente del estilo del ero cook.
- ¡Buenas, pareja! ¿Estáis buscando sitio? Tenemos muchas camas disponibles todavía – Intervino un amable camarero, que llevaba un bañador de color blanco y una pajarita al cuello.
- ¿¡Pa-pa-pa-pareja!? – Dijeron los dos espadachines al unísono, alejándose el uno del otro - ¿¡Cama!? –
Zoro y Tashigi volvían a repetir sus errores. De nuevo, justo al abrir la boca, asustaron por completo al camarero que tenían delante. Sus extrañas poses, acompañadas de unas voces totalmente opuestas a la de los cuerpos en los que se encontraban, asustaban a cualquiera.
- Y-yo… ¡Lo siento! ¡Lo siento! N-no quería ofenderles…-
Tashigi se golpeó la frente con la palma de la mano izquierda, mientras cerraba fuertemente los ojos. Habían vuelto a precipitarse de manera absurda. Eran dos, por eso eran una pareja, y las camas… eran de agua, los asientos del lugar.
- ¡P-perdón! ¡Perdón! E-es que no estamos acostumbrados a un lugar tan sofisticado como este… s-sí, estamos buscando un lugar para sentarnos y tomar algo –
- Algo muy fuerte, sake fuerte – intervino escuetamente Zoro.
El camarero tragó saliva ruidosamente. Aunque Tashigi se había disculpado efusivamente, había algo que no le terminaba de cuadrar. Tenía frente a él un hombre de apariencia monstruosa, amenazante, de un carácter amable y una voz femenina, y una mujer hermosa de aspecto frágil con una postura amenazante y una voz profunda e intimidante. Veía gente extraña y extravagante a diario, pero ellos dos acababan de liderar la lista. Deseoso de despacharlos con rapidez, los escoltó hasta el sitio más cercano.
- S-s-seguidme… p-por favor –
Zoro y Tashigi llegaron hasta una cama de agua de tamaño pequeño, rodeada de algunos puffs. La capitana se dejó caer sobre el lecho de agua, totalmente sorprendida de que existiese un objeto así. El espadachín, por el contrario, se puso de cuclillas junto a uno de los puffs, se llevó la mano izquierda a la barbilla y empezó a observar los peces que nadaban por dentro.
- ¿Q-qué desean tomar? –
- Pues… yo quiero un té helado, y él una botella de sake –
- ¿E-él? –
- E-ella… ella, ¡perdona de nuevo! – dijo Tashigi con una risilla nerviosa entre los dientes.
- Oi, ¿Cómo comen los peces de dentro? Y el sake que sea el más fuerte del lugar-
- A-ahora mismo lo traigo –
El camarero salió corriendo, dejando a los dos espadachines solos de nuevo. En aquellos momentos, Zoro se levantó y se sentó de golpe sobre el puff que había estado observando, mientras seguía mirando, con curiosidad, los peces que nadaban por dentro.
- Ese idiota me ha ignorado –
- Es lógico, resultas increíblemente aterrador –
- Y tú increíblemente cómica –
- Ahh – Suspiró Tashigi – Creo que es la primera vez en la que vamos a estar de acuerdo en algo -
No tuvieron que esperar mucho tiempo, el camarero apareció casi al instante con una bandeja. Delante de la cama de agua había una mesita baja donde depositar las bebidas, y justo sobre ella el empleado dejó un vaso de té helado adornado con una rodaja de limón, hierbabuena y una pajita de color negro y una botella de aspecto viejo, algo empolvada, acompañada de un par de vasos con aspecto de platillo para beber el sake.
- S-son 200.000 berries. 30.000 berries por el té helado y 170.000 berries por la botella de sake gran reserva –
- ¿¡CO-CO-CO-CÓMO!? – Gritaron los dos espadachines al unísono - ¡ESO ES UN ABUSO! –
- T-tenemos ahí nuestra tabla de precios, es común en todo el recinto… ¿Tenían constancia de eso? –
Zoro y Tashigi se abalanzaron sobre el documento que había sobre la mesa, y de la sorpresa, sus ojos casi se salieron de las cuencas. Todo era desorbitadamente caro, había que pagar incluso por un vaso de agua. El espadachín se llevó la mano izquierda a su rostro, le había sentado aquello como un jarro de agua fría. Intentó serenarse de nuevo para dejar de llamar la atención, y para ello necesitaba la botella de sake. Se dijo una y otra vez que no era algo frecuente, que por una vez en la vida no pasaba nada.
- Demonios, esto es una estafa, ¿ah? – Masculló al camarero mientras se levantaba e introducía su mano derecha en uno de los bolsillos del bañador de Tashigi, en realidad suyo – Maldita sea… me voy a dejar la asignación en una maldita botella de sake –
Tashigi se sentía igual de impresionada, pero le avergonzaba ser tan efusiva como él. No estaba de acuerdo con la política del lugar, pero consideraba que había sido un fallo suyo pedir antes de mirar la carta de precios. Sin decir nada y con el semblante entristecido, tomó su vestido, que estaba sobre el puff y sacó un pequeño monedero donde guardaba su dinero.
- Mi asignación como oficial no es tanta en realidad… 30.000 berries por el té helado… -
Los dos espadachines entregaron el dinero, a pesar de todo el dolor de sus corazones. Ese era el lado negativo de los parques de atracciones, todo dentro de ellos, incluso una simple bebida, salía por un precio desorbitado. Ahora podían entender por qué Sanji había cocinado los bento y los subordinados del G5 habían llevado una cocina portátil.
- S-si… necesitáis algo… -
- ¡Gracias, muchas gracias! – dijo un poco más animada Tashigi, intentando suavizar la situación.
El camarero se fue con rapidez, y volvió a dejarlos completamente solos. La capitana, antes de sentarse de nuevo, tomó su vaso y dio un buen sorbo a la pajita, tenía una sed increíble. Por su parte, Zoro tomó la botella, y sin ni siquiera fijarse en los vasos, bebió directamente de ella, mientras se dejaba caer pesadamente sobre el puff de nuevo. Tashigi no pudo evitar dejar salir una mueca, justo delante de ella podía ver cómo su cuerpo, con una postura descuidada, con las piernas totalmente abiertas y la espalda arqueada, bebía con fruición directamente de una botella de sake, tanto así, que podía ver un reguero de líquido salir de la comisura de sus labios y perderse entre sus senos. Alzó la vista, mirando a su alrededor, y dio un pequeño bote al ver cómo la gente empezaba a fijarse de ellos. Zoro llamaba demasiado la atención estando dentro de su cuerpo, podía ver cómo los ojos de varios tipos miraban su cuerpo de manera lasciva.
- Oye, Roronoa, compórtate dentro de mi cuerpo, ¿Es que no ves que estás llamando la atención de esos tipejos? – le susurró la capitana desde su posición.
Zoro despegó los labios de la botella y se limpió los restos de sake con el dorso de su mano izquierda a la par que enarcaba una ceja. Él, por supuesto, no tenía tanta agudeza en ese sentido, y no se percataba de nada.
- Oi, nee-chan, ¿Qué hace una chica tan explosiva como tú con un pringado como ese? – dijo de repente un hombre que se había acercado peligrosamente hasta Zoro, mientras le dedicaba un gesto de desprecio a Tashigi.
- ¿Ah? –
- Vente con nosotros, preciosa, una chica como tú necesita de emociones fuertes, y yo te puedo dar lo que buscas –
Justo después de terminar su frase, extendió su mano para agarrar el brazo de Zoro, pero éste se adelantó a su movimiento, esquivándolo. Alzó la vista, totalmente serio, y sus penetrantes ojos atemorizaron al tipo que tenía delante. Seguidamente, desenvainó la espada de la capitana y le apuntó con ella.
- No me interesa la compañía de basura como tú –
La increíble y para nada esperable voz de Zoro, dentro del cuerpo de Tashigi, acompañado de aquel movimiento amenazador, espantó al hombre de actitud chulesca. La capitana miraba la escena aún con el vaso en la mano, lanzó un leve suspiro, y lo dejó sobre la mesa. A eso era exactamente a lo que se refería, aunque por lo menos tenía que admitir que Zoro zanjaba los asuntos de manera tajante y con presteza.
- Ah, como sea, ha llegado mi momento – intervino la chica, que había empezado a frotarse las manos.
- Sólo un minuto por espada, ¿entendido? –
- Sí, sí, lo que digas – contestó vagamente Tashigi, que no prestaba mucha atención a lo que decía su compañero – Creo que voy a empezar por Wado Ichimonji, es la primera de tus Meitou con la que tuve contacto –
Zoro tenía los brazos cruzados, y aún sostenía la botella de sake. No le gustaba en absoluto que nadie tocase sus espadas, y menos la espada de Kuina. Aunque desde su perspectiva, era, de nuevo, algo extraño, su cuerpo era el que estaba desenvainando el arma. No pudo evitar imaginar el cuerpo de Tashigi haciendo exactamente eso, en vez del suyo propio. Se preguntó si en otras circunstancias, en las que Kuina no hubiese muerto, sería tan parecida a ella de adulta.
- ¡Qué suguha tan bello! No me canso de admirarlo – intervino la capitana, que admiraba el acabado de la espada – Entiendo que ahora en el Nuevo Mundo tengas otra espada, pero, ¿Cómo un pringado muerto de hambre como eras tú podía tener una espada tan magnífica en el East Blue? –
- ¡YO NO ERA UN PRINGADO, ONNA! ¡Y TAMPOCO ME MORÍA DE HAMBRE! ¡HASTA TÚ HABÍAS OIDO HABLAR DE MÍ! – Le gritó el espadachín, que se desesperaba cuando ella intentaba burlarse de él, aunque no quería admitir que más de una vez había pasado varios días sin comer hasta que se unió a la tripulación – Eso a ti no te importa –
- Pues la verdad es que no… pero seguro que tiene que ver algo con esa amiga tuya –
Tashigi contestó, distraída, y eso enfureció aún más a Zoro. En aquellos momentos se preguntaba cómo podía gustarle, hasta el punto de entregarse, una persona así. Pero tenía que admitir que esa actitud en realidad sí le atraía, aunque no le gustase ser el centro de los dardos que lanzaba en aquellos momentos la capitana. Era cálida y dulce pero con un punto tan mordaz que le resultaba irresistiblemente atractivo.
- La legendaria espada, Sushui – exclamó Tashigi, maravillada, mientras desenvainaba la siguiente arma – Es muy pesada, Roronoa… seguro que también es increíblemente poderosa –
- Ah –
- Seguramente no lo sepas, pero perteneció a un legendario samurái, ¡que cortó la cabeza de un dragón! – Comenzó a explicarle la chica – Por supuesto, eso será una leyenda, no existen los dragones –
- Ya… si tú lo dices – Dijo vagamente Zoro, que en aquellos momentos recordaba cómo le había cortado la cabeza a un dragón en Punk Hazard. Le resultaba irónico, porque ella había estado más cerca de un dragón de lo que nunca jamás hubiese pensado.
- N-no sabía si hacer esto… pero… Sandai Kitetsu… -
- ¡Para! ¡Sabes que está maldita! – Gritó el espadachín, atorado por la bebida.
Zoro se levantó de golpe de su sitio, intentando evitar por todos los medios que Tashigi desenvainase la espada. Ella no tenía ni idea de cuán sanguinaria podía ser, sin contar que la maldición podría volverse contra la chica en apenas un instante. Pero el espadachín tardó demasiado tiempo, y no pudo evitar que la capitana desenvainase su arma. Un aura oscura empezó a cubrirla, extendiéndose desde la empuñadura. Sandai Kitetsu no estaba siendo agarrada por su legítimo dueño, y lo sentía. No había nadie que la controlase en aquellos momentos, y desenvainada y empuñada podía ser increíblemente peligrosa.
- Q-qué… qué sucede con esta espada –
El cuerpo de Zoro, con Tashigi en su interior, empezó a moverse solo y a cortar lo que tenía a su paso. Era todo un peligro, pues podía herir a alguien. El espadachín tiró la botella de sake al suelo, desenvainó la espada de su compañera y se lanzó a hacerle frente, a evitar que cortase todo sin ningún tipo de criterio.
- ¡Te dije que no la desenvainases! ¡Sandai Kitetsu es increíblemente difícil de controlar! –
- Y-ya veo… ¿¡Qué puedo hacer!? –
- Intenta domarla por todos los medios, creo que si puedo frenarte podré envainarla –
Tashigi asintió y garró la empuñadura con ambas manos. Soltó un grito y se esforzó al máximo para poder evitar mover sus brazos. Había cortado la cama de agua donde se había sentado previamente, y la mesa, tirando la bebida al suelo. La gente que estaba alrededor de ellos se percataba de que ocurría algo peligroso, y empezaba a huir en desbandada. La capitana debía tener cuidado, o alguna de las personas que huía en aquellos momentos podía salir herida.
- A-ahora, ¡Roronoa! –
Zoro se lanzó sobre ella y agarró con la mano derecha la empuñadura de la espada. Forcejeaba con fuerza, pero finalmente logró hacerse con el control. La capitana abrió sus manos y la soltó de golpe, dejándosela al espadachín. La chica cayó al suelo, la experiencia la había agotado. Le resultaba increíble lo indomable e impredecible que podía ser una espada maldita. Alzó el rostro y observó cómo el espadachín envainaba primero a Shigure y después se inclinaba para hacer lo mismo con Sandai Kitetsu.
- Demonios… por lo menos hemos tenido suerte y no has cortado a nadie, onna –
- L-lo siento… de veras –
El alboroto alrededor de ellos volvió a llamar la atención de ambos. La gente los señalaba mientras llamaban por sus den-den-mushi. Seguramente estaban informando a las autoridades del lugar.
- Esto es malo, onna, tenemos que irnos lo antes posible –
- S-sí… ojalá no hubiera coincidido en esto contigo–
- Vamos, huyamos de aquí –
El espadachín encabezó la marcha y se dirigió con presteza hacia la entrada del lugar, seguido por la chica. Tashigi se sentía increíblemente culpable por lo que había hecho, tanto, que se paró en seco y abrió de nuevo su monedero, que se había metido justo después de pagar su bebida en el bolsillo del bañador.
- Aquí va lo que queda de mi asignación de este mes… - Lloriqueó la chica mientras apuntaba en un papel las palabras dinero para el mobiliario y dejaba en el interior una buena suma de dinero - ¡Espérame, Roronoa! ¡No vayas tú solo o te perderás! -
Holaaa a todos. Aquí tenéis el nuevo capítulo. Al final se me ha extendido más la cosa *sigh*, pero bueno, más material para leer que tenéis. Espero que os haya gustado este capítulo, ha sido perv aunque he de decir que me he portado un poco mal :P No siempre va a ser lo mismo, hay que darle sus giros y peculiaridades a las cosas. Por otra parte, tengo un montón de ideas en la cabeza, para bastantes, bastantes fics... y tan poquito tiempo. Pero primero va Hinsa Skies, que retomaré muy muy en breves. No os olvidéis de comentar algooo. Ah, y nos leemooos! ;)
