Tercera persona, limitada
Empezaba a preocuparle que su paranoia la alejara de Ron.
Cuando él luchaba por encontrar sus propios recuerdos, ella se convencía de que se estaba alejando de ella. Su frialdad en momentos en los que hubiera sido cariñoso con ella, era algo difícil de enfrentar, ya que Ron nunca había sido una persona desapasionada.
Algo que nunca hubiera esperado después de saber sobre el accidente con el pensadero, eran los celos que empezaba a sentir por la cercanía entre su madre y Ron. Si, era maravilloso que su madre le estuviera ayudando. Ella era la única persona en el mundo que leía más que Hermione, y los libros mágicos eran ahora su pasión.
Ron era una persona que ella creía conocer mejor que a sí misma, pero aún así no había sido capaz de ayudarle a salir de su confusión de la manera en que su madre lo había hecho.
Aunque había algo que la hacía sentir necesitada, y era el hecho de que Ron aún despertaba de un salto en las noches, en un estado casi frenético, cuando recordaba el momento en que se derramaba el pensadero.
"Está bien," decía mientras lo obligaba a volver a la cama y lo abrazaba, "Estoy aquí, estas bien."
Ron estaba empapado de sudor y su corazón latía con fuerza contra su pecho. En ocasiones, Hermione se despertaba de una sacudida cuando apenas empezaba a dormirse, mientras sentía golpes de adrenalina por la impresión. A veces sentía que se estaba cayendo, por lo que tenía que calmar sus nervios antes de poder volver a dormirse. Así era como debía sentirse Ron cuando despertaba repentinamente a su lado.
Sentía que Ron se alejaba y ella lo retenía a su lado con más fuerza.
"Todo sigue ahí," susurraba, "no lo has perdido. Sigues siendo mi Ron y yo aún soy tu Hermione."
Él asintió, respirando fuertemente en su pelo, antes de enderezarse y alejar sus brazos al mismo tiempo.
"Lo sé, estoy bien," dijo, intentando formar una sonrisa tranquilizadora al hablar, pero a ella le pareció más una súplica para que le diera un momento para recuperarse.
"¿Quieres que te traiga algo de tomar?" Se ofreció, intentando darle una razón para decirle que se fuera, sin que se preocupara por lastimar sus sentimientos.
"No, vuelve a dormir," dijo mientras levantaba la sábana.
Mientras pasaba la delgada tela sobre su cuerpo, se congeló al notar que tan bajo estaba el pantalón del pijama de Ron. Estaba bajo los protuberantes huesos de su cadera y sus tobillos también estaban expuestos. Deslizo su mano por la tela desgastada que se pegaba a su pierna y se arrugaba en la rodilla.
"¿Hermione?" Ron frunció el ceño mientras se sentaba en la cama, apoyándose en los codos.
"No es posible que sigas creciendo y estos están nuevos," dijo, jalando la tela, "¿Por qué te quedan pequeños?"
Ron le sonrió y acarició su pierna con el dedo del pie.
"Lo encogí en la lavadora," dijo, con un murmullo travieso.
"¿A propósito?"
"No," la miró a los ojos, le tomo la mano y empezó a jugar con sus dedos en el poco espacio que quedaba en la cama, en medio de los dos, "pero sé que te gusta que lave la ropa en tú maquina muggle, en lugar de usar el método mágico y… bueno, todavía no he logrado que deje de encoger las cosas."
Ella sonrió suavemente, recorrió con la mano su estómago y sintió algunos vellos sobresaliendo sobre el pantalón del pijama. La piel suave y pálida, casi brillaba a la luz de la luna, que cruzaba por la habitación a través de la ventana.
"Yo, uh," Ron se distrajo por el movimiento de la mano contra su cuerpo, "no tengo mucha suerte con los líquidos ¿no crees?"
Sonrió nervioso y trago saliva. Hermione se giró y le paso una pierna por encima, para sentarse sobre él, se inclinó y lo beso en los labios.
"¿Todavía quieres ese vaso de agua?" dijo en voz baja mientras dejaba besos a lo largo de su cuello. "Si quieres puedo supervisar que siga el camino correcto por tu boca."
"Si," dijo Ron, con la boca seca. "Yo lo traeré."
Trato de sentarse pero Hermione lo mantuvo en su lugar, poniendo ambas manos contra su pecho desnudo.
"Yo iré," dijo con fuerza, "tú quédate aquí y espérame así."
Ron asintió y la observó mientras se levantaba y se dirigía hacia la puerta; antes de salir a la cocina, se detuvo e hizo un gesto de despedida con la mano.
Ella había revisado los libros de psicología de su madre en su tiempo libre, en un desesperado intento por entender el por qué de la perdida de los peores recuerdos de Ron en el pensadero. Sabía que parte del problema, lo distraído que estaba y la manera en que se alejaba de ella cuando intentaba consolarlo o intimar con él, se debía a que estaba perdido en parte de su cabeza, donde solían estar caminos claramente delimitados.
Aún así, odiaba que algo hubiera cambiado entre ellos por culpa del accidente.
Mientras pensaba en el impacto de un pequeño derrame, sintió el flujo de agua fría derramarse sobre el borde del vaso y derramarse entre sus dedos. El escurridizo vaso se deslizo de su mano y cayó en el fregadero. Murmuró una maldición que había aprendido de Ron, y se dio cuenta que había dejado su varita en la habitación, así que tuvo que recoger los pedazos de vidrio roto con las manos. Cuando recolectó todos los pedazos, pensó en dejarlos a un lado para repararlos con magia al día siguiente.
Pero había cosas que no podían repararse tan fácilmente, en algunos casos tienes que llorar sobre la leche derramada, porque simplemente no podías volver a ponerla donde estaba. Desde primer año le habían enseñado que la magia no podía solucionarlo todo; no había manera de que un huevo volviera a estar crudo, la muerte lo conquistaba todo y una parte del cuerpo que ha sido removida mágicamente, no puede volver a colocarse.
Había cosas con las que tendría que aprender a vivir, cosas que no podían volver a ser como eran, y decidió tirar los pedazos a la basura. Aún podían ser felices con las cosas que no podían ser mágicamente reparadas, no serian lo mismo, los vasos se romperían y los pijamas se encogerían, pero Ron encontraría de nuevo su camino y sería feliz.
Tomo otro vaso y lo llenó. Mientras caminaba hacia el dormitorio pudo escuchar los leves pero inconfundibles ronquidos de su novio; se detuvo en la puerta y suspiró. Estaba acostado, con las piernas y los brazos abiertos, como una estrella de mar humana, con las sábanas en el suelo. Uno de sus brazos estaba sobre su lado de la cama y sus pies estaban estirados como los de una bailarina de ballet. Era un desastre elegante.
Volvió a roncar.
Dejo el vaso de agua en la mesita de noche y se agacho a un lado de la cama para mirarlo; hacia un mohín mientras dormía.
"Te amo," susurró, quitando un mechón de pelo que caía sobre sus ojos.
"¿Mmm?" Ron arrugo la cara, pero luego volvió a relajarse. Agito uno de sus brazos y se golpeo a sí mismo en el estomago.
Ella sonrió, se acerco a él y lo besó. Ron hizo un ruido en medio de su sueño y luego se quedo quieto, con una expresión sonriente en su cara. Hermione encontró un lugar bajo su brazo y se acurrucó allí, a su lado, para poder dormir.
Tal vez el que algunas prendas se encogieran por lavarlas del modo Muggle no fuera tan malo, pensó, empezando a dormirse, después de todo, le gustaba que los pantalones de Ron fueran más estrechos en la parte de atrás. Sonrió para sí y se sintió un poco mejor, Ron encontraría la manera de volver a ella por un camino largo, y después de un viaje como ese, a él siempre le gustaba jugar.
Lo acaricio con el dedo del pie, de la misma manera que él lo había hecho antes, y cayó en un placentero sueño en el que estaba con su caballero de estrecha y encogida armadura.
Cuando despertó, estaba sola. Estaba cubierta con la sábana y, mientras giraba la cabeza para mirar el reloj de la mesita de noche, noto que el vaso estaba vacío. Se sentó y se froto los ojos antes de bostezar.
"¿Ron?"
Salió de la cama y se acercó a la puerta del baño. La ducha estaba abierta y ella se giró para buscar su bata por la habitación. Encontró el pantalón de pijama de Ron en el suelo y sonrió para sí, mientras se quitaba su camisón de flores. El sonido proveniente del baño se detuvo mientras doblaba los pantalones y el camisón y los dejaba en el suelo, al lado de la cama. Se puso unas pantuflas lila y ató su bata, alrededor de su cintura. La puerta del baño se abrió y ella empezó a cepillarse los dientes.
Ron estaba en el pasillo, secándose fuertemente el pelo húmedo con una toalla y usando una mucho más pequeña alrededor de la cintura. Hermione tomo aire haciendo un ruidito y Ron rodo los ojos y sonrió.
"No encogí la toalla," dijo, "simplemente soy alto."
Hermione tenía la boca abierta, y cuando Ron cambio su expresión divertida para mover la cabeza a un lado y mirarla de manera interrogante, la cerró súbitamente.
"Tú…" dijo Ron antes de tragarse las palabras que tenía pensado decir. "eres sexy en la mañana."
Bajó la mirada y se vio con la bata color durazno, las pantuflas lila y las piernas sin depilar, y luego levanto la mirada hacia Ron.
"Muy gracioso."
Ron dejo caer su toalla.
Los ojos de Hermione se dirigieron inmediatamente a un punto de su anatomía, que apuntaba directamente hacia ella.
"¿Dónde estuviste anoche?" le preguntó.
Ron se aclaró la garganta y se acercó.
"Perdona por quedarme dormido."
"Está bien," dijo Hermione, distraída por lo que estaba en medio de los dos.
"¿No seguirás pensando que también te perdí a ti?" Le preguntó mientras tiraba de una de las borlas del cinturón de su bata. "Porque, en primer lugar, nunca sales mi cabeza ¿Por qué quitaría lo mejor de mi vida?"
Se abalanzó sobre él, lo besó con los labios fuertemente cerrados y se alejó, sonriéndole.
"Bueno, recuerdo que besarte es mucho mejor que eso" bromeó Ron.
"No me he lavado los dientes," dijo, cubriéndose la boca con una mano.
Ron retiró su mano y tomó su otro brazo por la muñeca, mientras se inclinaba para besarla completamente. Su boca y su lengua con sabor a menta la sobrecogieron y pronto se fundió en un profundo beso. Ron estaba desnudo y ella vestía la peor combinación posible, pero aún así no se sintió poco deseada.
Ron desato el nudo de su cinturón, abrió la bata y la deslizo sobre sus suaves hombros para que cayera al suelo, para unirse a la toalla húmeda.
"No me he depilado las piernas," protestó Hermione, dando un salto y rodeando la cintura de Ron con sus ofendidas piernas.
"No importa," dijo Ron, haciendo una pausa para besarla, mientras la sostenía agarrándole el trasero con ambas manos, "tampoco yo."
Ella sonrió contra su boca, mientras él la apoyaba contra la pared del baño, para bajarla y poder mover sus caderas hasta que ambos gimieron y se quedaron quietos, con los ojos cerrados. Se quedaron allí parados por un momento, hasta que Hermione, mordiéndose el labio, agarró el pelo mojado de Ron y apretó los músculos que lo rodeaban.
Ron enterró la cara en su cuello y gruño contra su piel.
"Recuerdo la primera vez que estuve dentro de ti." La voz de Ron sonaba rica y profunda; si el chocolate derretido pudiera hablar, sonaría así.
"Mmmm-hmmmm," Hermione aflojo los músculos y se deslizo hasta que Ron estuvo dentro al máximo. "Recuerdo cuando te enteraste que solía tocarme pensando en ti."
"¡Oh, Dios!" jadeo Ron pesadamente, tambaleándose, mientras se alejaba de la pared y cargaba a Hermione hasta la ducha. Se escucharon dos ruidos cuando las pantuflas cayeron al suelo, mientras ella tanteaba a ciegas para abrir la ducha.
El agua caliente cayó sobre ellos y el pelo de Hermione se alisaba sobre sus hombros y su espalda.
"Dime que más recuerdas sobre nosotros," dijo, mientras grandes gotas de agua de deslizaban por sus labios.
"La primera vez que toque uno de tus senos fue por accidente, pero entonces hiciste un ruidito como si te hubiera gustado, así que lo levante y lo apreté, entonces metiste tu mano bajo mi suéter y me besaste hasta marearme."
Hermione sintió el empuje de Ron dentro de ella y gruñó, sin aliento, cerca a su oreja.
"¡Tócame ahí ahora!"
Ron gruño mientras la empujaba contra la resbaladiza pared de la ducha, y luego puso la cabeza entre sus pechos desnudos para besar uno de sus pezones.
"¡Más!" exigió Hermione.
Ron la sostuvo con un brazo mientras el otro se acercaba a uno de sus senos y lo rodeaba con la mano, tomando todo el peso y masajeándolo, como si estuviera manipulando arcilla húmeda, convirtiéndola en una esfera perfecta.
"Joder," jadeo Ron, cayendo de rodillas y moviendo sus caderas contra Hermione, mientras su cuerpo caía sobre su regazo.
"Creo que nunca te dije que me gustaba tomar tu asiento después de que te levantabas para sentir tu calor, ni que abrazaba uno de los cojines que habías aplastado mientras te removías en el sillón y hundía mi nariz en él para olerte ¿cierto?"
Ron abrió la boca, jadeando, mientras ella lo montaba y lo llevaba al clímax. Pequeñas gotas de agua saltaban sobre su cara y corrían en pequeños ríos sobre su pie. Ella agarró sus bíceps, sintiendo los músculos expandirse bajo sus dedos, manteniéndolo en el suelo de la ducha mientras mecía sus caderas con un ritmo cada vez más acelerado.
"Nunca pude decirte," dijo, con una palabra en cada empuje, antes de balbucear el resto de forma casi histérica, "que me encantaba que tu ropa no te quedara bien. Piel, estómago y cadera… tan… abrumadores. Y… cuando… tú… ¡aaahhhhh!"
Sintió que Ron se venía y arqueo la espalda, tirando la cabeza hacia atrás y apretando los dientes.
Era difícil imaginar la época en la que creía que lo más erótico que Ron podía hacer era bostezar, porque cuando lo hacia su camiseta se levantaba y los pantalones de su pijama se deslizaban.
"Gracias a Dios tu madre no tiene que ayudarme a trazar el camino a estos recuerdos," dijo Ron aturdido.
