Disclaimer: Quiero aclararles que, como todos sabemos, los personajes, lugares y el mundo maravilloso de magos sobre los que trata mi historia no son producto alguno de mi imaginación! Harry Potter es producto de JKR.
Buenas noches a todos/as! Cómo están? Yo me siento muy feliz por estar actualizando en fecha, finalmente! Gracias a todos los que me leen, los que me siguen, me tienen en sus alertas y en favoritos, es realmente un orgullo para mí! Y agradezco también, y especialmente, a todos aquellos que me han dejado sus comentarios, espero seguir sabiendo de ustedes :D
Paso a responder, como es debido, señoritas:
Alissa-2012: Qué bueno que te guste este fic! Y espero que te siga gustando hasta el final, porque realmente falta, y demasiado. Las idas y vueltas de la vida son muchas y quedarán plasmadas aquí! Espero no desilusionarte con este capítulo! Besitos!
Euge: Comprendo lo de tu facultad, tengo conocidos a los cuales les pasa exactamente lo mismo! Así que te agradezco de todo corazón el que te tomes un minuto para leerme y dejar tu comentario! Y, en cuanto al regalo para Navidad, yo que vos seguiría intentando, quién dice que los milagros no existen? Jajaja, besitos y hasta pronto!
C.M.M.A: Hola! Gracias por pasar por aquí! El fic es actual, así que estoy subiendo un capítulo aproximadamente cada dos días. Es la primera vez que la publico, así que sería un placer para mí que me acompañes a lo largo de esta historia! Espero verte seguido :)
Y, ahora sí, me despido de todos/as! Les dejo un saludo gigante y hasta la próxima!
Scorpius & Lily.
Capítulo 7: Nunca podría traer buenos resultados.
Ginevra Potter había dictaminado: su primogénito, James Sirius Potter, estaría castigado de por vida. Ese mismo jueves del incidente, por la noche, su madre había recibido una carta de la Directora McGonagall, en la cual la citaba para contarle lo sucedido entre su hijo y Scorpius Malfoy, y para explicarle cuál serían los hechos consecuentes, dada la gravedad de la situación.
El viernes por la mañana Lily y Albus habían visto a su madre pasar hecha una furia por la puerta del Gran Comedor, sin siquiera detenerse a saludarlos, y ambos estuvieron de acuerdo en que seguramente intuía lo que le iba a decir McGonagall. Luego de aproximadamente media hora, en la que Lily había regresado a la Sala Común para buscar sus útiles, vio nuevamente a su madre entrar por el retrato de la Dama Gorda (seguro la había obligado a que la dejase entrar, porque suponía que su madre no sabía la contraseña) y, con la cara mucho más roja que su cabello (tanto que se confundía con el rojo escarlata de los sofás de la sala), le preguntó a los gritos si sabía dónde se encontraba James. Lily no tuvo tiempo a responder porque el aludido, en aquel preciso instante, bajaba por las escaleras de los cuartos de los chicos, junto a Matt, ambos riéndose de alguna estupidez, como siempre.
-¡JAMES!-, había gritado su madre, en un estado de enfurecimiento absoluto. Lily pensó que no guardaba ninguna diferencia con una carta vociferadora, pero era mejor no jugar con eso, en aquel preciso momento, si no quería quedar enredada en el asunto. -Se puede saber…- dijo en un tono de voz que hasta Lily le causaba escalofríos, -¿qué tienes en el cerebro?
James había palidecido repentinamente, sabía que esta vez su madre estaba enfadada con él, y tal vez era una de las veces que más lo había estado en toda su vida. Su cabello, que siempre lucía pulcro y en orden, parecía ahora que había sufrido el paso de un tornado, porque se encontraba todo alborotado y desarreglado.
-¿Lanzaste un hechizo a Malfoy, por la espalda?-, continuó Ginny elevando cada vez más la voz. -¡POR LA ESPALDA!- repitió levantando los brazos, en clara señal de resignación. -¡HECHIZASTE A UN ALUMNO POR LA ESPALDA! Y no sólo eso, sino que Malfoy es dos años menor que tu… ¡DOS AÑOS MENOR, JAMES!
James miró a su madre con un gesto de fastidio. Si bien sabía que se había pasado un poco al atacarlo por la espalda, no le importaba realmente. No le importaba para nada. Primero, porque era Malfoy, y Malfoy siempre se lo merecería. Y, segundo, porque había molestado a su hermana y, aunque intentaran convencerlo de lo contrario, no dejaría que ese Slytherin se saliera con la suya. Así que, encogiéndose de hombros, contestó: -Él se lo buscó.
-¿Qué dices?- Ginny no podía dar crédito a sus oídos. -¿QUÉ ES LO QUE DICES?
-¡QUE ÉL SOLITO SE LO BUSCÓ!- devolvió James, ahora gritando también sobre la voz de su madre, la cual, prácticamente fuera de control, se acercó a él mirándolo con los ojos centelleantes.
-¿Y se puede saber qué fue lo que hizo?- le preguntó cruzándose de brazos.
-Molestó a Lily-, dijo señalándola ahora, con la mano. -Ya le había advertido que, si se acercaba a ella, sufriría las consecuencias. Él se lo buscó.
-Te diré una cosa, James- exclamó su madre, levantando un dedo en un gesto de fastidio. -En primer lugar, yo no te crié para que fueras este tipo de persona. ¡No puedo entender como atacaste por la espalda a un alumno menor que tú!-, bramó consternada. -Y, en segundo lugar, Malfoy no es culpable de nada. DE NADA.
-¡QUÉ!-, James no entendía a qué se refería su madre cuando decía que Malfoy no era culpable de nada. -¡Claro que sí! ¡Lo es!-, y con la cara impregnada de odio, añadió: -Fred me dijo que escuchó cuando Dominique se lo contaba a Louis. Los habían encontrado a Parkinson y a Malfoy molestando a Lily en el vagón de los baños.
La aludida, al escuchar finalmente cómo su hermano se había enterado de lo que había sucedido ese día en el Expreso de Hogwarts, abrió los ojos, sorprendida. De alguna forma, al parecer, Dominique se había enterado. Tal vez se lo había contado al pasar Molly, que era quien los había descubierto, ya que ambas eran prefectas y pasaban mucho tiempo juntas. Y, ésta, seguramente se lo comentó en algún momento a su hermano. Claro, cuando Fred se enteró de todo, Lily imaginó que fue corriendo sin perder ni un segundo a informar a su mejor amigo y primo, que Malfoy y Parkinson habían estado molestando a su pequeña (como él solía decirle). En fin, había sido todo un enredo de palabras, por el cual Malfoy había salido lastimado.
-Sea como sea, ¿crees que es motivo para atacar a alguien por la espalda?-, le dijo su madre en tono de autoridad, remarcando que era ella la que allí mandaba. -Y, te informo, que tu primo escuchó mal, porque McGonagall me dejó bien en claro que tu hermana le aclaró que Malfoy no había hecho nada en su contra.
Al escuchar aquellas palabras, Lily notó que su hermano la estaba mirando directo a los ojos, cuestionándole lo que recién había dicho su madre, pero ella, sin sentirse intimidada, le sostuvo la mirada, desafiante. -¿Y qué debo hacer ahora? Si se puede saber.
-No debes hacer nada-, respondió Ginny. -McGonagall ya me puso al tanto de tus castigos. Primero, todos los viernes por la noche, durante tres meses, tendrás que realizar distintas tareas-, enumeró otra vez levantando el dedo. -En segundo lugar, no tendrás visitas a Hogsmeade hasta el inicio de la temporada de Quidditch-, Lily observó que la cara de su hermano dejaba entredicho que no parecía molestarse mucho por recibir aquellos castigos, porque seguramente ya lo habría recibido varias veces. -Y, en tercer lugar, no asistirás al Baile de Navidad, y no jugarás el primer partido de Quidditch de la temporada-, concluyó sonriendo maliciosamente.
-¡QUÉ!
No sólo James, sino también Matt, y varios alumnos más de la casa de Gryffindor, que se habían quedado en la Sala Común al escuchar los gritos estridentes de Ginevra Potter, se enfurecieron al escuchar cuál sería el último castigo para James, dado que éste era capitán del equipo, y uno de los mejores buscadores de todo el colegio. Y, principalmente, todos en la Sala se sentían indignados, sabiendo que el primer partido de la temporada siempre era Gryffindor contra Slytherin, como de costumbre. Y hacía años (y muchos años) que no perdían aquel encuentro.
-Pero, señora Potter…-, se animó a acotar Matt. Aunque, al ver la mirada que Ginny le dirigió al escucharlo hablar, enmudeció al instante.
-¿Sí?-, devolvió la susodicha, con un tono de voz suave, advirtiéndole que sería mejor para él que no se metiera en aquella discusión que estaba teniendo con su hijo.
-¡No pueden dejarnos sin capitán en un partido contra Slytherin!
Lily giró la cabeza, para ver quién había pronunciado aquellas palabras, y lo identificó como un alumno de quinto del cual no sabía el nombre, pero que recordaba haberlo visto muchas veces en compañía de su prima Dominique.
-¡Perderemos! ¡No hay otro buscador como James!- había hablado ahora una alumna, a quien Lily esta vez no pudo identificar. -¡Nos van a aplastar sin remedio!
Ginny también se había volteado al escuchar los reproches de los compañeros de casa de su hijo. Sí, sabía que era un castigo bastante tormentoso, tanto para James como para sus compañeros de casa y equipo, y que varios sentirían las consecuencias. Pero era necesario. Lo que había hecho James no estaba para nada bien, y si necesitaba una vuelta de rosca, esperaba que estos castigos se la dieran con suficiencia. Ella se sintió muy avergonzada cuando McGonagall le había contado lo que sucedió con el hijo de Draco Malfoy. Tanto, que salió como un cohete del despacho de la Directora buscando a su hijo a los gritos. No podía entender como éste había atacado por la espalda al hijo de Draco Malfoy. Justamente al hijo de Malfoy.
-No me importa-, había dicho su madre mientras se dirigía al orificio del retrato. -McGonagall ya me informó que no cambiará de opinión bajo ningún concepto y, a mí parecer, es la decisión más acertada-. Y, sin decir nada más, Ginevra Potter abandonó la Sala Común de Gryffindor, dejando a todos los que estaban allí presentes con una sensación de malestar y disgusto.
Lily, sin más que hacer allí, y sabiendo que si no se movía rápido llegaría tarde a su primer clase de ese viernes (la cual era Pociones, con Horace Slughorn, quien la había admirado en todo sentido, y no había parado un sólo segundo de recordarle los grandiosos que habían sido sus padres como estudiantes, y especialmente, su difunta abuela, Lily Evans), tomó sus pertenencias, sintiendo la mirada de James clavada en su nuca. Decidida a enfrentarlo, y sin nada que perder, giró sobre sus talones y le dijo, provocativamente: -¿Qué quieres, James?
-¿Qué quiero?-, le respondió impacientemente. -¿Qué quiero?-, volvió a repetir acercándose a ella.
-Sí, qué quieres-, Lily notó que los ojos de su hermano refulgían de furia contenida. Pero no, no se acobardaría. Era momento de decirle a James Sirius Potter que, la próxima vez que actuara en nombre de ella, las consecuencias serían aún peores. Estaba hartándose de aquella situación.
-Quisiera que me expliques-, James pronunciaba cada palabra en un susurro, -qué es eso que dijo mamá. Lo de Malfoy, ¿es cierto?
-Sí-, respondió secamente. Y, como no tenía más nada que decir, se dispuso a irse, pero su hermano la tomó por los hombros y prácticamente la empujó contra la pared, para retenerla. Lily sintió como al instante su rostro se llenaba de un calor intenso. -¿Qué crees que haces?-, le espetó a su hermano, y dirigiendo las manos hacia sus hombros, lo empujó con fuerza, alejándolo. -¡Ya me estoy cansando, James!
-¡Por qué mentiste, Lily!- le escupió James en la cara, soltándola por el empujón que había recibido.
-Yo no mentí-, le respondió. Era hora de hacerle entender. -Malfoy no hizo nada, ni me habló, ni me tocó un pelo. NADA-, Lily estaba cada vez más encolerizada. -¡Sólo nos cruzamos en un vagón! ¿Entiendes? ¡SÓLO ESO!
-¿Y qué?- replicó su hermano, -¿no dijo nada?
-No, James. ¡NO DIJO NADA! ¿Acaso no entiendes?- le dijo mirándolo con un gesto de exasperación. En serio parecía que James no iba a comprenderla ni un poco. -Estábamos ahí, como si nada, ni me miró, y luego fue Parkinson quien llegó para abrir su estúpida boca. Pero Malfoy, aún así, no dijo ABSOLUTAMENTE nada.
-No me importa lo que digas, Lily- le contestó James. Su furia se había desvanecido, y ahora sólo quedaba un inmenso rencor por las actitudes que había tenido su hermana. -¿No sabes que Malfoy es amigo de Parkinson? ¿No entiendes que son la misma basura?
-No deberías meterlos en la misma bolsa-, objetó Lily, cruzándose de brazos.
-¿Lo estás defendiendo?-, su hermano parecía haber cambiado su gesto por uno de desconcierto e indignación. -¿Estás defendiendo a Malfoy?
-No lo estoy defendiendo-. Irritada y cansada del asunto, Lily estaba dispuesta a terminar rápido con el tema. -Sólo es la verdad, y cuando McGonagall me preguntó, decidí ser sincera-, se acercó a su hermano para poder verlo directamente a los ojos. Los tenían del mismo color, castaños, como los de su madre. -Estoy muy cansada de que acuses a Malfoy, y a cualquier otro, en mi nombre. Estoy cansada, ¡cansada!, de que andes por los pasillos diciendo que debes defender a tu pequeña hermanita. Debes parar, James. Ya no soy la pequeña Lily, ¡no lo soy! ¿Entiendes, o no? Si tú, o tus amigos, tienen un problema con Malfoy, lo arreglan por su cuenta. Pero no quiero volver a escuchar acusaciones y peleas en mi nombre. Te lo advierto- finalizó, puntualizando cada palabra.
-Por tu culpa, por ser sincera con McGonagall, perderemos el primer partido de Quidditch de la temporada-, escupió su hermano mirándola con odio, haciendo caso omiso al discurso que segundos antes le había dicho Lily. No le importaba.
-¿En serio lo dices?- sintió como sus ojos la aguaban. Otra vez, James, como era costumbre para él, estaba culpando inciertamente a alguien. ¿También lo haría con ella? ¿Le daría la culpa por las consecuencias de sus propios actos? Por lo visto, sí. -¿Me estás culpando?
-Sí-, le respondió simplemente. -Y me ocuparé de que todos sepan quién fue.
Y, sin más, James se marchó con Matt, quien también la había mirado con desprecio. Su hermano, su propio hermano, pondría a todos en su contra, por algo que realmente no hizo. Había sido sincera con McGonagall porque le parecía lo correcto. Ella le había preguntado si era cierto que Malfoy la había molestado en el vagón de los baños, y le había dicho que no, que sólo se habían cruzado, y nada más. Y aquello era cierto. Era la verdad. Y Lily, tal como fue criada, siempre lucharía y hablaría por la verdad. Y no fue su culpa la gravedad de los castigos de James. No lo fue. Porque McGonagall le había preguntado a Lily sobre Malfoy para, en caso de que fuese cierto, castigarlo a él. No para incrementar el castigo de su hermano. En realidad ella no había estado enterada de cuáles serían aquellos castigos. Pero a James no le importaba, igual la culparía. James dirá a todos que lo acusé y que por eso está castigado, pensó Lily. Sí, lo sabía. Eso haría su hermano. Y Lily sabía que lograría convencerlos. Y estaría sola, en su propia casa. La casa que ella había elegido. La que había deseado por sobre su verdadera casa. Y ahora, estaría allí, sola.
Había pasado casi una semana del incidente de James Potter y su madre en la Sala Común, y Lily estaba sufriendo las consecuencias cada vez en mayores proporciones, tanto por parte de su casa, como por parte de la casa de las serpientes. La voz de que el tan reconocido buscador de Gryffindor no jugaría en el primer partido de la temporada contra Slytherin se había esparcido tan rápido que, ya en el primer descanso de la mañana del viernes, los de Slytherin no paraban de canturrear y festejar su nuevo triunfo, especialmente cuando veían a los que habían estado involucrados en lo sucedido en el hall de entrada (es decir, Lily y James).
Lily sentía que sus increíbles y maravillosos primeros días en Hogwarts se habían ido por el retrete, literalmente. A todos lados escuchaba los cantitos de los de Slytherin, señalándola con el dedo. Ellos pensaban que Lily había ido corriendo velozmente a contar a su hermano mayor que Malfoy la había molestado en el viaje del Expreso, para que la defendiera de alguien tan malvado y ruin. Y, James Potter, como buen hermano y como hijo del "salvador del mundo mágico", fue en busca de éste para vengar sin dudarlo a su pequeña hermanita. Eso era lo que había llegado a sus oídos, y Lily había tenido que controlarse varias veces (unas varias más de veinte), para no lanzar el maleficio de Mocomurciélagos (en el cual era excelente, aún más que su madre, ya que ésta se lo había enseñado con apenas ocho añitos), a quien se atreviera a señalarla una vez más con un dedo, o dos, o tres.
Y también, para mayor desgracia de Lily, estaban los cuchicheos de los de su propia casa. Porque, como ella sabía, James no se había quedado atrás y, como siempre, la había acusado de la injusticia de aquel castigo, desarrollando una historia retorcida y completamente falsa. Había contado a todos que, como ella lo acusó con McGonagall al explicarle que Malfoy no le había hecho absolutamente nada, la Directora decidió de inmediato incrementar sus castigos, por atacar a un alumno sin razón alguna. Y, era por aquello, que él se quedaría sin jugar el primer partido contra Slytherin. Así que, en la Sala Común, en la mesa de Gryffindor del Gran Comedor, en los pasillos y en la mayoría de las clases, Lily era atosigada por todo tipo de comentarios y habladurías, y hasta había escuchado que le gritaban "traidora" cuando había abandonado la cena, harta de que la observaran como si fuera una peste.
-Lily, tranquila…- le había dicho su prima Rose por decimocuarta vez aquella mañana.
Sí, porque su prima Rose estaba, para suerte de Lily, de su lado. Y creía en sus palabras. Y comprendía lo que había hecho y lo que había dicho a McGonagall sin acusarla. Porque así era Rose, y ella jamás acusaría a alguien inciertamente, como lo hacía James. Y, también, para asombro de Lily, Albus estaba de su lado, aunque seguía hablándose con su hermano mayor, más que nada para hacerlo entrar en razón, porque él tampoco había creído una letra de todo aquel cuanto que había desarrollado. Albus, con una sonrisa, siempre intentaba animarla, diciéndole que era algo pasajero, que James se disculparía. Pero, para Lily, no parecía algo muy pasajero, ya que luego de una semana los rumores y cánticos seguían estando allí, para atormentarla.
En realidad, todos sus primos, menos Hugo (para seguir el juego de su tan admirado primo James Potter) y menos Fred (porque era el mejor amigo de su hermano), estaban de su lado. Y todos habían resuelto no dejarla ni un segundo sola, porque Lily parecía controlar cada vez menos sus ataques de ira cuando alguien se disponía a señalarla y comentar algo de su persona. Hasta Molly y Dominique, sintiéndose ambas terriblemente culpables de todo, se habían disculpado con ella por haber comentado sobre lo sucedido en el vagón de los baños a Louis.
-Sólo lo dije como un comentario, al pasar- le aseguró Dominique, abrazándola tan fuerte que Lily pensó que le rompería todas sus diminutas costillas. -Estaba hablando con Louis y se lo conté, sin saber que Fred estaría escuchando e iría con el cuento, agrandándolo, además.
-No te preocupes-, le dijo Lily con un amago de sonrisa en el rostro. Lo cierto era que no estaba enfadada con ni Molly, ni Dominique, pero hubiese preferido un millón de ves que ninguna de las dos contase nada, porque al fin de cuentas, todo había empezado por ahí. -No es culpa de nadie que Fred sea un metido, y que James sea tan inútil.
-Es cierto-, había acotado Rose. Era así, realmente, y ella siempre lo había dicho.
Y, por último, Lily se había sentido milagrosamente afortunada cuando todas sus compañeras de cuarto le habían dado su apoyo incondicional. Hasta Eva, que no le dirigía la palabra desde que se presentaron aquella vez luego de la Cena de Selección, se había acercado y le había hablado mientras juntas terminaban la tarea para el profesor Flitwick (un ensayo de 500 palabras acerca del correcto movimiento de la varita al realizar el encantamiento Wingardium Leviosa). Lily había apreciado en demasía aquel gesto por parte de Eva y, desde ese entonces, se había hecho muy amiga de ella, descubriendo que, si llegabas a ganar su confianza, aquella chica podría llegar a ser una persona increíblemente alegre, risueña y muy charlatana (algo que Lily no había imaginado en absoluto).
Aquella mañana Lily, junto con Eva y Rose, había bajado muy temprano al Gran Comedor para desayunar, y así poder esquivar el cotilleo constante de los de su casa, y los comentarios hirientes acerca del partido de Quidditch que siempre traían a colación los de Slytherin. Por suerte, aún no había muchos estudiantes, sólo un grupito de Ravenclaw que apenas se había dignado a mirarla, seguramente por el sueño que tenían a tan prontas horas de la mañana.
Se sentaron en el extremo más alejado de la mesa, por si algún grupo de Gryffindor llegaba a desayunar también. Lily tomó, como siempre, un tazón de chocolate caliente, y unas tostadas con miel. Frente a ella, Eva se servía unos bollitos de canela, mientras Rose, como hacía habitualmente todos los días, repasaba los temas de aquellas asignaturas que le tocaban cursar.
-¿Alguna vez se detiene?- le preguntó Eva en un susurro, igualmente audible para Rose, quien la miró con una sonrisa irónica. Al notarlo, se río de su propio comentario, y le dijo, mirándola: -¡En serio, Rose! Está comprobado que estudiar mientras uno come provoca malestares estomacales-, acotó. Sus padres eran médicos muggles, muy reconocidos en el ámbito, y Eva sabía mucho acerca de aquellos temas.
-¿En serio?- quiso saber Lily, mientras buscaba algo en su bolso.
-Lo sé-, aclaró Rose. Por supuesto, pensó Lily, cuando no, Rose sabiendo todo acerca de todo. -Pero a mí no me sucede.
Ante aquella acotación, Eva y Lily comenzaron a reírse por lo testaruda que podía llegar a ser muchas veces Rose. Su prima era inteligente y brillante, sí, como su madre. Pero indudablemente testaruda y cabeza dura, como su padre, también.
-Olvidé mi kit de pociones-, acotó Lily con cara de fastidio. Como siempre, ella olvidando cosas por ahí. En el poco tiempo que llevaban de clase, había perdido ya dos plumas, un tintero y unos cuantos pergaminos. -¿Me esperan para ir a clase? Voy y vuelvo en un segundo.
-¿No quieres que te acompañemos?- le preguntó Eva, temiendo que su amiga se cruzara con algún incoherente en los pasillos que la sacara de quicio. Y no era conveniente a estas horas de la mañana.
-No, no. ¡Gracias!- respondió dando un saltito. Y, antes de marcharse, agregó: -Iré corriendo rápidamente, ¡y ya regreso!
-¡Ten cuidado!-, escuchó a lo lejos que gritaba Rose. Lily levantó el brazo derecho y, a modo de respuesta, le contestó con un gesto de la mano, afirmativamente.
Se apresuró trotando por los pasillos y las escaleras en movimiento de Hogwarts, hasta el séptimo piso, donde se encontraba la Sala Común de Gryffindor. Iba corriendo a tal velocidad que casi tropieza varias veces con algunos estudiantes, los cuales la esquivaron milagrosamente. Lily no quería ir más despacio porque sabía que, si lo hacía, podría escuchar las voces de aquellos que estarían hablando de ella y, sinceramente, no quería amargarse desde tan temprano. Estaba en el sexto piso, cuando decidió que sería mejor doblar en la siguiente esquina para alcanzar las escaleras que la conducirían directamente a la torre de su casa.
Así que, movió sus piernas con mayor rapidez hasta allí, pero, inesperadamente, se encontró con un muro en cuanto se dispuso a tomar aquel atajo. O, se había parecido a un muro, por la fuerza del impacto que la impulsó hacia el suelo. Lily, al observar mejor, se dio cuenta que se trataba de una persona. Y no cualquier persona. Lily se había estrellado, nada más, y nada menos, en el cuerpo de Scorpius Malfoy, quien la estaba observando desde las alturas con un gesto que no pudo comprender. Al principio pareció sorprendido, ya que seguramente no esperaba que alguien lo arremetiera de esa forma. Pero, con el paso de los segundos, había adquirido en su rostro una mueca de intolerancia.
Lily, rápidamente, y como le era posible sin asemejarse a un desastre de persona, se puso de pie, sintiendo dolor en su espalda y piernas, seguramente por el golpe que había recibido, pero lo ocultó con bastante disimulo. Sus ojos viajaron directamente a los ojos grises de Malfoy, quien la observaba con una ceja alzada, claramente cuestionándole lo que había sucedido. Su cabello estaba refinadamente peinado hacia atrás, y Lily sintió un cosquilleo en sus dedos, recordando la suavidad que poseían. ¿Sabría Scorpius que ella se había tomado el atrevimiento de tocar unos mechones de su flequillo para apartarlo de su frente?
Sin decir nada, Scorpius se dispuso a seguir de largo, pasando por un costado de Lily, quien lo observó mientras se alejaba, sin poder decidirse entre actuar en ese preciso instante o dejar que se fuera. En realidad, no pudo contenerse y, antes de que siquiera ella misma se controlara, escuchó su voz, saliendo algo tímida e insegura: -¡Malfoy!-, Lily se sorprendió, no esperaba llamarlo. Si bien quería, deseaba con todas sus fuerzas, hacerlo, no se sentía preparada para enfrentarlo.
Scorpius se detuvo al escuchar la voz de la menor de los Potter. Lily lo vio endurecer su postura, hasta adquirir un porte extremadamente rígido. Giró sobre sus talones y, con aquellos ojos de color gris casi perlados y brillantes, la analizó, desde arriba hacia abajo, con una mirada de superioridad impresa en el rostro.
-¿Qué quieres?-, le contestó, y Lily sintió como sus mejillas se tornaban coloradas. La voz de Malfoy demostraba que estaba molesto e irritado, y que prefería encontrarse en cualquier lugar del castillo antes que en aquel sitio, y justamente con ella.
-Disculparme- le dijo Lily, con toda la seguridad y firmeza que era capaz de adquirir en ese instante (la que, si debía ser sincera, no era mucha). -Disculparme por lo que hizo James-, explicó ante la mirada evaluadora del Slytherin. Lily había notado que en ningún momento había dejado de analizarla, y se sentía cohibida ante ese descubrimiento.
-No lo necesito-, le retrucó Scorpius con cara de desinterés. Su voz, que arrastraba las palabras como de costumbre, sonó para Lily muy fría y vacía. Eso le dolió, pero no se dio por vencida, así que agregó, aún con más decisión:
-Como sea, tienes mis disculpas.
-¿Por qué?-, Scorpius se había acercado a ella repentinamente, y Lily notó que las facciones de Malfoy eran casi perfectas. Casi, porque supuestamente la perfección no existe, se dijo Lily.
-¿Por qué las disculpas?-, quiso saber a la vez que ella también avanzaba un paso hacia él. No se acobardaría. No frente a él.
-Sí, ¿por qué?-, volvió a repetir. -¿Acaso te sientes culpable por haberme acusado con tu hermanito, el gran James Potter?-, dijo con un claro matiz de recelo en su voz.
Lily se sintió bastante ofendida por sus palabras. Él, Scorpius, pensaba que ella había ido corriendo con su hermano mayor para contarle lo sucedido. Y, claro, ¿cómo no iba a pensarlo si medio colegio estaba hablando de eso? Aún así, Lily había tenido la esperanza, tonta ilusión, de que él no fuera tan descerebrado como su hermano para creerse lo primero que le llegara a los oídos. Rumores baratos y sin sentido, después de todo. Pero tal vez había sido ingenua, demasiado para su propio bien.
-Yo no te acusé- exclamó, sintiendo como la voz le temblaba al decir aquellas palabras, ya que estaba conteniendo las ganas que tenía de mandarlo a volar ahí mismo. Ya demasiado había tenido con los de su casa por el rencoroso de su hermano.
-¿No?-, cuestionó Scorpius con un deje de burla en la voz. -¿Tengo que creer que el idiota de tu hermano se entero solo? ¿Que no fuiste tú la que abrió la boca?
-No me importa lo que creas-, le devolvió Lily con la mirada endurecida. A estas alturas, no le importaba si Malfoy le creía o no. No le importaba lo que pensara. Al fin de cuentas, él le estaba demostrando que era un inútil sacando conclusiones propias. -Yo solo quería decirte que me disculpo por lo sucedido-, finalizó Lily.
Scorpius la examinó una vez más, y Lily notó que la duda cubría su rostro. Seguramente se estaría cuestionando si creerle o no. Sus ojos grises conectaron nuevamente con los de ella, y Lily se mantuvo firme ante la mirada evaluadora de él.
-Puedes decirle a tu hermano- continuó Malfoy, ahora con un tono distante, -que la próxima vez que se atreva a atacarme por la espalda, le devolveré el gesto.
Y, sin agregar ni una palabra más, Scorpius Malfoy se alejó de allí, se alejó de ella. Y Lily, sin entender realmente lo que había pasado, siguió su camino hacia la Sala Común, porque aún debía buscar el kit de pociones, y aún debía ir a clase. Y, daba por sentado que Rose y Eva estarían preguntándose en donde se había metido, o tal vez pensarían que finalmente había soltado su furia contenida durante días con el primer desgraciado que se hubiera metido con ella.
Y, no estarían tan equivocadas. Porque Lily estaba tan furiosa, que ella misma pensó que se parecía a su madre aquel día en que se había enterado de lo de James. Y, no era para menos. Al final, Malfoy la había metido en la misma bolsa. Y, en cierta medida, Lily podía entenderlo. Pero no del todo. Y tal vez, disculparse había sido un error. Tal vez al disculparme le di motivos para pensar que yo fui la culpable, por contarle a James, pensó Lily. Y, por eso, sólo por eso, lo entendía. Además de que estaban los cuchicheos de todos los de Slytherin. Y seguramente Malfoy se guiaría por los de su casa, ¿o no?
En conclusión, Lily se sentía perdida, enojada e incomprendida. Porque, al final, James y Malfoy habían hecho lo mismo. Se habían guiado por rumores, y sacado sus propias ideas al respecto. Y se habían equivocado. Porque, como bien sabía Lily, al final aquello nunca, nunca, es bueno. Nunca podría traer buenos resultados.
