Nuevo capii :D Muchas gracias por los reviews y favs, me hace muy feliz ^^ ENJOY!


Cuando entramos en el apartamento, apenas se veía nada. Todo estaba completamente oscuro. Franziska recojió mi bolsa del suelo y me la tiró bruscamente. Se quitó los tacones para evitar hacer demasiado ruido y la seguí a la habitación de invitados, mi habitación a partir de ese momento. Incrédulo, vi a la fiscal cerrar la puerta tras de sí misma y sentarse en el borde de la cama.

Mi cama.

-Antes de que te acomodes y hagas lo que te venga en gana, voy a recordarte que te encuentras en mi casa -empezó, firme. Tenía los brazos cruzados y los ojos cerrados, como hacía a menudo en los juicios.- Y por eso voy a aclararte un par de cosas. Uno: no preguntes por la niña. No le hables de ella a nadie. Ella no existe, ¿entendiste? Es de vital importancia.

Le dirijí una mirada de sorpresa y decepción. Tengo que admitir que me moría de ganas por saber sobre la pequeña. Pero decidí que sería mejor si me lo contaba ella algún día, cuando volviese a confiar en mí. Así que permanecí en silencio y dejé que siguiese con sus "normas".

-Dos: nada de esto está pasando. Tú no estás aquí. Yo no vivo aquí. Miles Edgeworth, no puedes decir absolutamente nada.

En ese momento, la miré con preocupación. Parecía ansiosa, como si fuese culpable del terrible crimen de vivir en este apartamento.

-...Por favor, no preguntes. Solo...no. -le costaba encontrar sus palabras, algo a lo que yo no estaba acostumbrado. Me senté a su lado y, por un momento, todo era igual. Ella a mi lado, a una distancia a la que podía escuchar su respiración intranquila, su calor corporal. Como cuando yo era un simple adolescente y ella una niña de diez años. Pero sabíamos que ya no eramos niños, y ella se levantó inmediatamente.

-Tres -terminó, susurrando- no se entra en mi cuarto.

Con esto, salió de la habitación. Me tiré sobre la cama y caí enseguida en un sueño profundo. Demasiadas cosas habían pasado en tan solo veinticuatro horas. Iba a necesitar una buena consulta con la almohada.

A la mañana siguiente, me presenté en la cocina, aún agotado. Aunque era más adicto al té, me hacía falta una buena taza de café. Franziska estaba mirando por la ventana, como ensimismada. Los hombros relajados, la mirada perdida, parecía tranquila, la antítesis de la fiscal intimidante. La ocasión era demasiado tentadora. Me acerqué a ella por detrás, sigilosamente. Antes de que pudiese percibir mi presencia, le piqué en el costado, y ella se sobresaltó. Sonreí, en esto sí que no había cambiado. Tenía unas cosquillas tremendas en la tripa. Me miró de tal manera que parecía que me quería matar solo con la mirada. Di gracias que no tenía un cuchillo a mano.

-Miles Edgeworth, ¿es que el cerebro se te reblandece por la mañana, o es así de nacimiento? -me espetó, furia retenida evidente en su voz. Y por mucho que intentase retenerme, se me escapó una sonrisa arrogante.- Tienes suerte de que no tuviese mi látigo a mano, porque...

Aproveché su amenaza para coger una taza y colocarla bajo la máquina. El fuerte olor a café invadió la estancia.

-Bueno, creo que fui bastante explícita ayer – continuó ella al acabar con su amenaza.- Nadie debe saber nada. Te lo juro, Miles Edgeworth, si alguien se entera, yo...

Noté que le tembló ligeramente la voz a pesar de mirarme con determinación, así que puse una mano sobre su hombro.

-Cálmate Franziska, ¿quieres? No diré nada. Puedes estar tranquila.

No parecía del todo convencida. O sí. No estaba seguro. La prodigio apartó mi mano y desapareció en el pasillo. Tras diez minutos, yo había acabado mi café, y ella reapareció con su maletín en mano.

-Ya tienes las llaves de la casa, ¿verdad? -yo asentí y ella se giró hacia la salida.

-¡Franziska! -la llamé. Ella no se dió la vuelta, pero sabía que me escuchaba.- Gracias.

Pareció reflexionar unos instantes sobre lo que iba a decir, pero al final soltó:

-Ya sabes que no lo hago por tí, estúpido.

Y finalmente se fue, dejándome solo con mi pensamientos.


Llegué al despacho a las ocho y media. Los dos equipos forenses ya estaban allí, al igual que en mi apartamento, según me habían informado. Dentro me esperaba el detective, servicial como siempre.

-Buenos días, detective -saludé, profesional.- ¿Informe sobre el caso?

-Sí, señor -me tendió una carpeta mientras continuaba su informe.- Ahora mismo, un equipo está estudiando la escena del crimen. Me han informado que estaban particularmente interesados en la sangre alrededor de la víctima, que podría haberse mezclado con la del asesino. Por cierto, hemos identificado a la víctima. -Gumshoe me dió un papel con toda la información.

Nombre: Lucy Gallagher, 27 años.

Hora de muerte: 23:42

Apuñalada dos veces (hombro y pierna izquierda) y disparada en el hombro derecho. Varios golpes y arañazos dan a pensar que tuvo un enfrentamiento con el agresor antes de fallecer.

Por un momento, me dieron ganas de abofetearme por mi estupidez. Lucy Gallagher vivía justo encima de mí. Era una jovencita muy trabajadora y fuerte que me había prestado su ayuda años atrás cuando me instalé en mi apartamento. De ahí me sonaba su cara cuando la vi, los ojos cerrados y el pelo machado de sangre, en mi despensa.

¿Ni siquiera has llegado a los treinta y cinco y ya tienes Alzheimer? Bien, Miles. Bien.

-Me gustaría saber qué hacía ella en mi apartamento, como consiguió entrar. ¿Qué más sabemos sobre ella? ¿Familia, trabajo?

Pero el detective no tenía respuestas a mis preguntas. Me explicó que esa mujer era un completo misterio, no aparecía en los registros civiles. ¿Utilizaba un nombre falso, quizás? Pero si lo hacía, ¿con qué motivo? Mientras le daba vueltas a estas preguntas ordené que se examinasen las grabaciones de las cámaras del pasillo y que se me informase con todo lo imprescindible para el caso junto con las cintas.

Tras una charla con el equipo forense, me dirijí a mi casa. Tal y como me había dicho Gumshoe, los equipos ya se encontraban allí. Me confirmaron que se estaban examinando las muestras de sangre. Decidí bajar a la despensa para comprobar el lugar yo mismo. Pero lo único que quedaba era un suelo lleno de sangre seca, ya que el equipo se había encargado de llevarse a la víctima para examinación. Durante unos instantes, observé la escena sin encontrar nada relevante o fuera de lo normal. Nada, hasta que me llamaron desde mi cocina. Salí de la despensa, y según llegué a la cocina, me quedé paralizado.

¿Cuántas veces había encontrado un nombre escrito con sangre cerca de la escena del crimen?¿Cuántas veces los fiscales creemos que tenemos el caso ganado por culpa de este tipo de pruebas? Solo que esta vez, me estremecí como nunca al leer el nombre escrito.

Sobre la pared de mi cocina, las letras rojas e irregulares contrastaban con mi antes inmaculada pared blanca. Se podía leer: TE AMO KAROLINA


Antes de dejar mi piso, cogí todo lo necesario para mi estancia en casa de Franziska. Como ya dije, no habían robado nada, así que no fue difícil encontrar todo lo que buscaba. No hablaré de todo el papeleo que tuve que hacer en las fiscalías durante el día: denuncias, firmar toneladas de papeles y, por supuesto, confirmar que iba a tomar este caso.

Admito que cuando leí las grandes letras sangrientas, la imagen de la ex-fiscal fue lo primero que se me pasó por la mente. Pero como fiscal, mi trabajo es dudar, recorrer todas las posibilidades. Karolina no era un nombre tan raro. ¿Puede que fuese el nombre del asesino? ¿Un farol?

Aunque no era algo privado que había vivido varios años bajo la protección de Karolina von Karma. Puede que el asesino lo supiese. Y si ese fuese el caso, ¿quería enviarme una señal, un mensaje? Estaba desafiándome. Ver si era capaz de encontrarle. Estaba jugando al escondite conmigo.

Espero que sepa que soy muy mal perdedor.


El siguiente capítulo lo contaré seguramente desde el punto de vista de Franzi :3 me hace ilu cambiar de narrador.

see you, minna ^^

Alicia: sii también leí esa fanfic, está super entretenida :)