Bueno, de nada Guest, me alegro que te guste.
dcromeor, ya sabes que Regina nunca deja nada al azar.
De nada, Ayde. Otro cap para la lista.
Regina Mills
Cuando abrí los ojos no estaba en el coche. Estaba en una cama grande de matrimonio. Las mantas eran cálidas. Y por un momento remoloneé, resistiéndome a despertarme. Para mí no era sencillo aceptar que finalmente había salido. Pero aquella no era mi habitación de hospital. Era el dormitorio que compartía con Emma. O al menos, me sonaba vagamente que lo era.
Mis recuerdos seguían estancados en la universidad. Y no sabía lo que iba a encontrarme cuando saliese. Aunque estaba segura de que estaría mi hijo… que estaría Emma. El resto era secundario. Pero lo que finalmente me llamó la atención fue un olor que me resultaba familiar.
La cocina debía estar en marcha y ese olor me secuestraba. Me vi a mí misma en pijama. Pero no me cambié. Abrí la puerta y me encontré con un loft bastante grande. Emma y Henry estaban en la cocina. Y eso me provocó una sonrisa inmediata.
Algo en aquella imagen tan cotidiana me llenaba el pecho de una cálida sensación. En un acto de puro instinto me acerqué y le di un beso en la cabeza a mi hijo. Él se giró y me envolvió con los brazos. Aquello era muy real.
_ Vaya, buenos días._ Dijo Emma, sirviéndome un plato.
Huevos… Bacon… Gofres. Todo aquello estaba lleno de unas cantidades ingentes de calorías. No era nada sano. Y, sin embargo, no pude evitar sentarme y coger con las manos aquel grasiento gofre que sabía que iba a ir directo a mis cartucheras y darle un buen bocado.
_ Mucho mejor que la comida del hospital.
_ Es que mi chica se estaba quedando en los huesos._ Dijo Emma, cogiéndome por la mejilla.
_ Entonces… ¿Puedo coger otro gofre?
_ De eso nada, jovencito._ Le dije._ Ya has comido bastante.
_ Bueno, eso iba a decir yo._ Dijo Emma._ Además, tienes que ir a clase. Ivy ya te espera abajo.
_ ¿Y por qué no me lleváis vosotras?_ Henry hizo un mohín.
Emma suspiró, porque le resultaba muy difícil decirle que no a esa carita, pero tenía que quedarse en casa conmigo y continuar con mi tratamiento.
_ Te llevaremos pronto, cielo._ Dije, poniéndole las manos en las mejillas._ En cuanto esté mejor.
_ Pero… ya estás en casa._ Me dijo, mirándome._ ¿No estás ya mejor?
Sonreí y le di un beso en la mejilla. La genuina preocupación de ese chico por mí era todo lo que necesitaba saber para esforzarme al máximo por recuperar toda mi memoria.
_ Estoy mucho mejor… pero aún no estoy recuperada del todo._ Le dije, moviéndole el pelo._ Mamá me dejará como nueva en un periquete. Pero tienes que ser paciente, ¿De acuerdo?
_ De acuerdo, mamá._ Me dijo. Me besó la mejilla e hizo amago de irte.
_ Te dejas el desayuno._ Dijo Emma, pasándole una bolsa de papel.
Me miró y sonrió, cogiendo ella misma un gofre.
_ Siempre has sido mejor madre que yo._ Me dijo, mientras se echaba el sirope._ Has tardado nada en convencerlo.
_ No creo que sea para tanto.
_ Oh, sí que lo era._ Dio un trago de café._ Incluso cuando estaba embarazada… era una pésima embarazada.
_ Bueno… sé que te gustaba comer cosas que no debías._ La miré fijamente, con reproche.
_ Ah… odio cuando pones esa cara, no me mires así._ Dijo, evitando mi mirada.
Emma Swan (Flashback)
Odiaba cuando me miraba así. Por momentos, Regina parecía la madre que yo nunca había tenido. Me dolía porque sabía que tenía razón. A fin de cuentas, estaba haciendo mal. Pero eso no quitaba el hecho de que éramos las dos adultas.
_ Estudiar, Emma._ Me recordó, quitándome el mando de mi Super Nintendo._ Los finales son la semana que viene. Y además, sales de cuentas después. Si suspendes no vas a poder ir a recuperación.
_ Eres cruel y diabólica._ Le dije, apuntándola con un dedo acusador.
_ Ah no, eso debiste haberlo pensado antes de escoger medicina._ Me dijo._ Que estudies en la universidad a distancia de Illinois no significa que puedas relajarte.
Sabía que Regina tenía razón y que tenía que hincar los codos. Mi barriga ya indicaba que poco o nada restaba para que diese a luz. Tendría que movilizarme justo después de dar a luz. Estaba todo muy calculado por parte de Regina.
_ Está bien, estudiaré._ Dije, cogiendo el libro y dejando a un lado el mando… cómo iba a lamentar no poder terminar la partida de A Link to the Past.
Cogí el libro… repasando para mi futuro examen de Anatomía. Mi sueño era ser psiquiatra. Y no iba a ser fácil, desde luego. Llevaba ya un rato estudiando cuando Regina apareció con un vaso de leche y se sentó conmigo. Me dio un suave beso en la tripa y se me escapó una sonrisa.
_ ¿De verdad crees que soy cruel y diabólica? ¿Cómo una especie de reina malvada?_ Me preguntó, mirándome a los ojos.
_ No, claro que no…_ Le acaricié el pelo._ Eres lo mejor que tengo en la vida. Pero… entre las hormonas y, que no puedo salir de aquí.
_ Estás agobiada, claro._ Dijo, mirándome.
Asentí con la cabeza y Regina me rodeó con los brazos. Me dejé caer sobre ella, entrecerrando los ojos. Sabía que todo lo hacía por mí, para asegurarse de que consiguiéramos salir adelante. Y no podía imaginar lo estresante que debía ser para ella sacar la carrera de derecho al mismo tiempo.
_ No es nada._ Hablé en un susurro._ Tengo a la mujer de mi vida y pronto seré madre de un niño maravilloso que criaré con ella. Me da un poco de miedo pero… sé que mi vida no podría salir mejor.
Si no me hubiera quedado embarazada… ¿Quién sabe? Quizá Regina hubiera seguido con su vida, estaría en aquella casa con otra mujer… tendría planes para con otra. Mi mente estaba empezando a sumirse en la tristeza cuando noté algo deslizándose sobre mi dedo.
Regina me había puesto un anillo. Uno con un diamante. Me quedé observándolo durante unos segundos, y luego la miré a ella. No me había preguntado nada… sabía que no hacía falta pero… aun así… me costaba creer que sentía un anillo de compromiso en mi dedo.
_ No sé cuánto tiempo pasará hasta que podamos casarnos pero… quiero que sepas tú serás la única, desde ya mismo.
Cuando la morena me besó, yo rompí a llorar. Para mí fue demasiado. La abracé y pude sentir cómo se apoyaba en mi hombro. Yo también sabía que ella sería la única. Pasara lo que pasase.
Regina Mills
_ ¿Y por qué no llevas el anillo que te di?_ Le pregunté, mirándola.
No dejé que me asaltaran dudas, y por eso mismo le pregunté directamente, necesitaba saberlo para seguir avanzando. Mi recuperación era ya lo más importante.
_ Cuando… bueno… cuando empezó esto y te dije que el anillo era tuyo… intentaste arrancármelo a bocados. Casi me arrancas el dedo y… después estuviste a punto de tragártelo._ Bajó la mirada._ No quería arriesgarme…
La tomé del mentón para que me mirase y asentí lentamente. Había llovido mucho desde aquello. Y no quería avergonzarme. Era cierto que había estado perturbada y negarlo no haría nada bueno por mí. Abrazar la realidad era lo único que me mantendría cuerda.
_ Emma._ La miré a los ojos._ Sé qué hacemos esto despacio para que no me haga daño… pero… Quiero acabar ya… por nuestro hijo… por ti.
Y se lo decía totalmente en serio. Pero podía notar el temor en sus ojos. Y lo entendía. La primera vez que Emma entró por la puerta de mi habitación del hospital, yo estaba totalmente convencida de que era la reina malvada. Se me hacía algo muy lejano… irreal.
Hacía apenas unas semanas, y se me antojaban años cuando me paraba a pensar en ello. Todo había pasado tan deprisa. Había sido como un agradable sueño. Uno en el que Emma me había acompañado diligentemente.
_ Ten un poco de paciencia, Regina._ Me cogió la mano._ Debes entender lo mucho que me asusta que esto no salga bien.
Tomé su mano y se la besé lentamente, asintiendo. Tendría que tener paciencia. Recuperar los recuerdos que me quedaban poco a poco. Ese era el método más fiable, el más seguro.
_ Ya sabes que… me obsesiona la eficiencia._ Bromeé, tratando de quitarle hierro al asunto.
Se me escapó la risa y Emma me siguió. Yo acerqué el tenedor al huevo. Estaba empezando a enfriarse. Cogí un poco de pan y rompí la yema. Aquello me sabía a gloria. Dulce placer culpable.
Tilly
¡Dulce comida de la basura! ¡Alguien había tirado una hamburguesa después de darle un solo bocado! La gente no valoraba la comida, y eso era un verdadero hecho, no algo que simplemente pensase yo.
Por suerte, después de mi tentempié, me dirigí hacia el bosque. Recordaba a la perfección donde estaba la entrada al país de las maravillas. Volvería a mi hogar y me encontraría por fin libre de toda aquella trama que habían diseñado con intención de hacerme creer que estaba loca.
Me tiré por el agujero… y caí… y caí. Me di de bruces contra la tierra reblandecida por la lluvia. No lo entendía. ¿Acaso se había cerrado el portal? Permanecí allí durante dos días hasta que alguien hizo el amago de rescatarme.
_ Sujétate a la cuerda._ Decía el hombre, mientras la deslizaba por el agujero.
No fue fácil. Aún estaba embarrado y mis pies se deslizaban por los bordes. Pero el hombre tiró con fuerza y la cuerda fue empezando a ascender. Cuando me vi arriba, me fijé en mi salvador. Era un hombre menudo, encapuchado.
_ Gracias…_ Dije, mirándole los ojos._ Si no llega a ser por ti me muero ahí abajo.
Estaba débil y me costaba moverme. Por eso no pude evitar que aquel hombre me tomase por la cintura y me empujase contra el árbol más cercano.
_ Yo creo…_ Su voz sonó sombría._ Que deberías agradecérmelo como es debido.
Supe a lo que se refería de inmediato y traté, en vano, de separarme.
_ No me van los tíos._ Le dije, pero él no me soltó.
_ A las invertidas como tú hay que darles una lección.
Su tono era de absoluto deprecio, y sentí un miedo muy real que se extendía por todo mi cuerpo. No podía hacer nada. Después de dos días sin comer era como una marioneta en sus vamos.
_ Estás enfermo.
Me habían dicho que estaba loca y enferma muchas veces, pero comparada con él lo mío no era más que un leve trastorno. Notaba sus sucias manos rebuscar en mi vaquero para bajarlo. Y sentía cómo mi mundo se desmoronaba.
Pero no lo consiguió. Se separó… o más bien… alguien le separó. El hombre cayó al suelo y un zapato de tacón se clavó en su pecho. Anzu había salido de quién sabe dónde y me lo había quitado de encima. Y lo redujo con una facilidad pasmosa.
_ Nombre._ La voz de Anzu sonó gélida.
_ Fred Johnson._ El tacón pisó más fuerte.
_ El auténtico._ Al hombre le costaba hablar._ No creas que puedes engañarme.
_ Neal… Cassidy.
Pude ver cómo los ojos de Anzu relampagueaban antes de darle una patada en la cara y provocar su inconsciencia. Me miró y yo no me atreví a moverme mientras el sonido de las esposas de plástico al cerrarse me indicaba que Anzu no iba a dejar nada al azar.
_ Le cortaría la cabeza a este desgraciado._ Dijo, y se volvió hacia mí._ Vámonos. No me obligues a tirar de ti. Me ha costado dos días encontrarte, dando vueltas por este bosque.
En otras circunstancias habría huido. Había sido muy difícil conseguir salir del hospital. Pero la seguí y me senté en el asiento del copiloto de su coche.
_ ¿Por qué odias tanto a ese hombre?_ Le pregunté, viendo cómo le tiraba en el asiento de atrás.
_ ¿Te parece poco lo que te ha hecho?
_ Hay algo más._ Aventuré, mirándola.
_ Ese hombre es el causante de que Regina haya perdido el último año de su vida._ Me miró a los ojos._ Además de otras muchas cosas. Como de que tú no sepas quién eres.
_ Sé quién soy._ Dije, negando._ Aunque intentes ocultármelo. Soy Alicia y…
_ Tilly…_ Suspiró._ Será mejor que hablemos de eso después de comer.
