She will always find me (Just maybe not right now)

Habían buscado por todo el bosque, habían pasado horas desde que comenzaran. Habían inspeccionado cada ángulo, pero no habían encontrado el menor indicio, ni escuchado el más pequeño ruido a no ser el de la misma naturaleza. Solo descorazonador silencio.

«Emma, han pasado horas. Debemos volver a casa, descansar un poco. No podemos continuar vagando sin destino»

«Ella está aquí fuera, en alguna parte, no me quedaré en paz hasta que no la haya encontrado»

David suspiró

«Necesitas dormir un poco. Mañana por la mañana continuaremos, inspeccionaremos de nuevo el muelle y la playa, mandaremos a Blanca y a Mulan a buscar por la ciudad, Ruby puede intentar rastrear el olor de Regina y Belle puede ir de casa en casa preguntando si alguien la ha visto»

Emma resopló, sacudiendo la cabeza.

«Mañana por la mañana podría ser demasiado tarde»

«Emma, Regina no está aquí» le señaló, haciendo un gesto con los brazos a su alrededor.

«Entonces, vayamos al muelle, continuamos buscando allí»

David cerró los ojos moviendo la cabeza, listo para protestar.

«No puedo perderla» dijo con fuerza Emma antes de que él pudiera abrir de nuevo la boca «No puedo, David. No puedo criar a Henry sin ella. No puedo caminar por las calles de esta ciudad sin que algo me la recuerde, sin sentir su ausencia aunque la haya visto dos horas antes, papá» murmuró lentamente «No puedo sobrevivir si Regina muere»

David asintió, y apoyó las manos en sus hombros.

«Pero nosotros no la dejaremos morir, Emma. Dormiremos unas horas y después comenzaremos a buscarla de nuevo, y no pararemos hasta que finalmente esté en casa, sana y salva»

Solo cuando su padre la abrazó se dio cuenta de lo que había dejado sobreentender sin quererlo y cerró los ojos, devolviendo el abrazo. Repentinamente, el cansancio acumulado durante las últimas semanas la alcanzó, haciéndole desear recostarse aunque fuera un momento.

«Tienes razón» susurró al final «Es mejor que descansemos un par de horas»


Cuando recobró el conocimiento, la primerísima cosa que logró percibir fue un dolor indescriptible en el rostro. Con un gemido gutural que poco tenía que ver con el comportamiento del que debería hacer gala una Reina, abrió los ojos, reconociendo el sitio que la rodeaba. Y todos los acontecimientos del día anterior regresaron de golpe a su mente, en una mezcla de emociones de las que apenas era consciente y que nunca sería capaz de enumerar.

Apenas tuvo tiempo de inspirar pesadamente un par de veces, cuando su campo visual fue invadido por una figura que habría preferido no tener que volver a ver nunca más.

«Maléfica»

«Bien, así que no estás muerta. Hubiera sido un problema hacer todo este esfuerzo para después verte tirar la toalla tan pronto, sin ni siquiera tener la posibilidad de intentar robarte tu preciosa magia»

«¿Cuánto he estado desmayada?»

«Unas diez horas. Digamos que afuera ya es de día desde hace un buen rato»

El corazón de Regina se encogió apretadamente al tener el conocimiento de que tras diez horas aún no la habían encontrado, a nadie se le había venido a la mente la pregunta más sencilla, aquella que había hecho inmediatamente comprender a Regina dónde se encontraba su adversaria: ¿Dónde es el único sitio de Storybrooke al que podría entrar un dragón y pasar inadvertido? La respuesta era muy fácil, obviamente, es decir, el sitio donde Regina la había mantenido la primera vez, la mina.

Ellos ha sido tan estúpidos que no han tenido en consideración el único sitio que ya habían inspeccionado al principio y obviamente sin saber cuál era el plan de Maléfica, es decir, el de recuperar su propia naturaleza perdida, habían buscado por todo el bosque, el muelle y la playa, porque Ruby les había dicho que durante su secuestro el único ruido que podía escuchar en las largas noches de silencio era el de las olas que chocaban contra el embarcadero. Así fue obvio que buscaran en los sitios cercanos a una corriente de agua. A ninguno de ellos se le había venido a la cabeza lo que meses antes Elsa les había hecho descubrir. Los túneles estaban al lado de la playa. Y en ese momento, el gran hueco en la pared causado por la magia de Elsa, permitía que el ruido entrara en los túneles, que estrechos y largos como eran, permitían probablemente que el sonido, al menos de noche cuando todo lo demás estaba en silencio y en calma, retumbara en el interior de la caverna.

«Entonces» la voz de Maléfica la distrajo de sus pensamientos «¿Una última pregunta antes de comenzar nuestro, digamos proceso de extrapolación?»

Regina apretó los dientes.

Se lo pondría difícil, de eso estaba segura. Si de verdad tenía que irse, entonces lo haría con gran estilo, tal y como había vivido.

«¿Por qué este hechizo en particular?»

Sobre el rostro de Maléfica corrió rápidamente una sombra, que un instante después hubo desaparecido, pero que Regina consiguió ver.

«Nos hace odiar a las personas que hemos amado. He experimentado en mi piel el odio de mi príncipe, así que no veo por qué los otros deberían ahorrarse ese sufrimiento. Quiero que todos miren a los ojos de la persona que aman y solo vean desprecio. Entonces, tendré mi venganza»

Regina le devolvió una sonrisita.

«Oh, querida, ¡qué crueldad!»

«Sí, admito que es un hechizo despiadado»

«Me refería a mentir en la última pregunta de una condenada a muerte»

Maléfica entrecerró los ojos, acercándose a Regina

«Tú lo amabas, en cambio él te odiaba. Lanzando esta maldición todos abandonarán a sus seres queridos por el odio, pero ese sentimiento será recíproco, así que nadie podrá nunca experimentar lo que has sentido tú. O tendría que decir, lo que aún sientes. Porque aún lo amas y recuerdas su mirada de odio hacia ti. Es eso lo que quieres borrar»

En el rostro de Maléfica se dibujó una expresión rabiosa

«Estás lanzando una maldición sobre una ciudad entera solo para golpearte a ti misma y olvidar el amor que has sentido, para sustituirlo con odio y verte finalmente libre del dolor que te ha infringido todo este tiempo»

La mano de Maléfica, la que no estaba apretando el bastón, se elevó en el aire, cerrándose.

Regina percibió un agarre en su garganta. Respirar se hizo imposible, sus pensamientos, repentinamente, se nublaron.

«Ahora cállate. Es hora de recordarte las buenas maneras que parece que has olvidado, querida. Veamos hasta dónde puedo empujarte, debo admitir que siento curiosidad por ver cuánto resistirás»

Pero Regina lo sabía, no podría resistir mucho tiempo. Ese era el motivo por el que había intentado ganar tiempo. Se había vuelto frágil, sus debilidades estaban expuestas y tenía mucho que perder. Sin ni siquiera la rabia o la venganza a las que aferrarse, no tenía armas para contraatacar a Maléfica. No tenía posibilidades de sobrevivir.

El bastón de Maléfica se inclinó hacia su dirección, el agarre sobre su garganta se aflojó, pero de repente un rayo salió del bastón y se dirigió hacia su pecho. Un grito, y tremendo es decir poco, se escapó de los labios de Regina y resonó en toda la caverna.


Emma había caído en un sueño profundo apenas se había recostado en el sofá, mientras David se había ido con Blanca a su cama, quedándose dormido aún vestido sobre las sábanas al lado de ella. Fue el primero en despertarse, y pasó una mano con los ojos cerrados por el colchón, y se dio cuenta de que estaba solo. Se puso en pie, y se dirigió a la cocina donde estaba Blanca preparando el desayuno. Se le acercó, y le dio los buenos días con un beso.

«Supongo que no tenéis noticias» observó, dada la ausencia de Regina

David se limitó a sacudir la cabeza.

«Tenemos que encontrarla, Blanca. Si no salvamos a Regina, no perderemos a un miembro de nuestra familia, sino que podríamos ver desaparecer a un segundo delante de nuestros ojos» hizo un ligero movimiento de cabeza en dirección a la mujer acostada en el sofá, aún dormida.

Blanca asintió, su mirada se posó en su hija.

«Se han vuelto muy unidas, ¿verdad? Emma estima mucho a Regina»

«Todos la estimamos»

«No en el modo en que lo hace Emma, David»

«¿Qué quieres decir?» preguntó él, intentando quedarse en la vaguedad, no queriendo usar la confesión de Emma de la noche anterior para perjudicarla.

«Bueno, yo la quiero porque es mi madrastra y la otra madre de mi nieto. Pero David, es más que eso. Tienes que admitir que últimamente no estamos tratando a Regina como a una madrastra o a una suegra, sino más como a una…» Blanca se aclaró la voz. Habría querido decir nuera, pero parecía un término demasiado despegado para su familia, por el tipo de relación que tenían con Regina «Una hija. Alguien a quien hay que proteger, cuidar, alguien a quien perdonar incondicionalmente sus pésimas elecciones»

Sonrió, volviendo a mirar a David a los ojos.

«Lo ves también tú, ¿no? El modo en que la mira. El modo en que ambas se miran. Me alegra el corazón y me recuerda increíblemente al modo en que…»

«…yo te miro a ti» concluyó David.

Se intercambiaron una sonrisa cómplice

«No podemos permitir que se pierdan precisamente ahora que apenas se han encontrado» concluyó Blanca con decisión «Debemos comenzar su búsqueda de nuevo inmediatamente»

David asintió, y comenzó a explicarle cómo pensaba dividir las tareas, proponiendo preguntar a la gente si quería formar parte de los equipos de búsqueda. Necesitaban toda la ayuda que pudieran obtener.


Cuando varios minutos después el rayo retrocedió, Regina apretó los dientes, respirando profundamente e intentando calmar el latido enloquecido de su corazón. Había resistido como mejor podía, intentando pensar en el lazo que tenía con su magia, en la sensación que experimentaba cada vez que la usaba, aferrándose a eso e intentando no dejarla escapar ni por un segundo.

«Debo admitir que con la lobita fue más fácil. Pero por otra parte, no podía matar a aquella muchachita. En cambio, no tendré el mismo problema contigo»

Un segundo rayo alcanzó el pecho de Regina. Era una sensación extraña, parecida a la que se sentía si alguien se apropiaba de tu corazón, arrancándotelo del pecho, pero al mismo tiempo bastante diferente. Era como si intentase arrancarle algo más entrelazado a su cuerpo, algo que residía en cada órgano, en cada fibra de sus músculos y huesos, en cada terminación nerviosa, en cada arteria y vena de su cuerpo.

Regina intentó ignorar el dolor y concentrarse en su propia voluntad de mantener dentro de sí su magia, pensando en cada vez que la había ayudado a salvarse o salvar a algún otro. En lo más profundo de su corazón, Regina sabía que sin magia sería una persona mejor, Henry le había pedido tantas veces que dejara de usarla. Pero también sabía que en el instante exacto en que Maléfica se apropiase de ella, perdería su vida.

Así que combatió ya fuera contra la bruja que tenía delante, o contra la madre que tenía en su interior, con su parte que quería deshacerse de aquel fardo, y se aferró a la magia por su vida. El ataque cesó de nuevo, los ojos de Regina se abrieron con dificultad para posarlos sobre la mujer que la estaba sometiendo a esa tortura.

«Resistir es inútil, Regina. Sabes bien como yo que nadie de esta ciudad me conoce como tú y que no me encontrarán a tiempo»

«Emma me encontrará» respondió, como si fuese ya un hecho dado

«Tu fe ciega en esa mujer es vomitiva»

«Espera y verás» le dijo, recordando que había logrado encontrarla cuando Owen la estaba torturando «ella me encuentra siempre»

«¡Oh, cielos!» exclamó Maléfica, llevándose teatralmente una mano al pecho «Comienzas a hablar ahora como tu hijastra. Pero mira, la rubita no te encontrará nunca. ¿Y sabes por qué Regina?»

Ella alzó el rostro hacia arriba, fijando los ojos en el techo, esperando que la gravedad volviera a poner en su sitio las lágrimas que no estaba dispuesta a dejar caer.

Maléfica se le acercó y le agarró el rostro para que la mirase a los ojos.

«Ella no te está buscando»

Con una risa aguda, giró el rostro de Regina hacia un espejo a unos metros de ellas, movió el bastón e hizo aparecer la imagen de Emma acostada en el sofá de sus padres, inmersa en lo que parecía ser un pacífico sueño.

«Tu bella princesita duerme tranquilamente»

Un nudo se formó en la garganta de Regina. No porque no estuviera vagando en una igual de desesperada como inútil búsqueda, sino porque se dio cuenta de que esa era, probablemente, la última vez que vería su rostro. Y estaba reflejado en un espejo.

«Renuncia a la esperanza, Regina. Ella no vendrá a salvarte»

Los ojos de la morena se cerraron, incapaz de observar aquella imagen ni por diez segundos más.

«Podemos alcanzar un compromiso» propuso en ese momento Maléfica, contra toda expectativa, soltando el agarre de su rostro y bajándose hasta ponerse a su altura para poder mirarla a los ojos «Hemos sido amigas por mucho tiempo. No tiene que acabar así por fuerza. No tengo que llegar a matarte. Dame tu magia ahora, sin luchar más y oponerte a lo inevitable y yo te dejaré con vida. Ver a Emma una vez más»

«Justo el tiempo para decirle adiós» murmuró Regina

«Es más de lo que tendrás si no te rindes ahora» le señaló.

Y ella por un momento lo tomó en consideración. Podía dejar de combatir, descansar, rendirse. Podía poner fin a todo ese dolor, a esa terrible tortura a la que estaba siendo sometida desde hacía horas. Podía volver a casa y volver a abrazar a su hijo por última vez, antes que él comenzara a odiarla.

Pero después se dio cuenta de que eso sería inevitable. Que vería el desprecio en los ojos de Henry y de Emma. ¿Qué le quedaría en ese momento? Quedándose allí, aún tendría el recuerdo de cómo la habían mirado hasta ese instante.

Podría quedarse allí, morir como una heroína y hacer que su hijo estuviera orgullo de ella. Que todos estuvieran orgullosos de ella.

«No me rendiré nunca» respondió con decisión.

Maléfica reviró los ojos, irritada.

«La princesita no vendrá a salvarte»

«No necesito que venga, puedo salvarme sola. Siempre lo he hecho» replicó, con la mirada fija en el suelo.

Una carcajada maligna resonó en sus oídos.

«Oh, querida, ambas sabemos muy bien que si no fuera por mérito suyo, tu corazón seria aún negro como la oscuridad»

«Puede volver a serlo» la retó Regina, alzando la cabeza con orgulloso gesto «Puedo cambiar de nuevo, así no podrás usar más mi corazón»

Cerró los ojos, pensando en todas las personas que había perdido. En Daniel, en cuánto lo había amado, en la muerte de Cora y en cada cosa que le había enseñado, en la mirada de Henry mientras le decía que no era su madre, en los ojos de Emma cuando la llamaba monstruo sin alma, en Blanca Nieves mientras le confesaba que había revelado su secreto. En el momento en que había matado a su padre, intentando aferrarse a lo que había sentido en aquel momento. Y quizás habría funcionado si las imágenes no hubieran sido desterradas por las de su padre abrazándola, por la voz de Henry que le decía que la quería mucho, por Blanca que le decía que formaba parte de la familia. Por la sensación cálida que había sentido en el vientre cuando Emma la había besado delicadamente sobre la mejilla, curándola. Sus hombros se bajaron, se dejó ir en un largo suspiro.

«¿De verdad pensabas que habría sido tan fácil?» la bruja se rio de ella «Has perdonado tu pasado, Regina. No es tan sencillo recuperar el odio. Has perdonado a quien te ha herido, a quien te ha hecho el mal y a quien te ha abandonado. Y, aún más importante, te has perdonado a ti misma. No puedes dar marcha atrás en algo como eso»

Regina notó que cálidas lágrimas intentaban abrirse paso a través de sus parpados, pero las hizo retroceder con un respiración temblorosa.

«No me rendiré nunca» repitió «Si no por mí misma, lucharé al menos por las personas que me aman»

Otra maliciosa carcajada alcanzo sus oídos.

«¿Y quiénes serían, querida? A nadie le importas tanto»

Regina alzó la mirada, en su rostro eran visibles profundas ojeras y expresión cansada, y su cuerpo no era otra cosa sino una encrucijada de dolor y heridas. Ni siquiera encontró la fuerza para mentir, así que no lo negó.


Cuando Emma se despertó, la primera persona que vio fue a David, que le tendió una taza caliente de café y un plato con dos tortitas.

«Come y en cuanto hayas acabado volveremos al muelle. Mulan y Blanca ya han recorrido la periferia de la ciudad y ahora irán a controlar cada casa abandonada, Belle y Granny han comenzado a pedir información a cada persona que entra en la cafetería, más tarde irán a preguntar también de casa en casa si Ruby no encuentra nada. Ella y Henry están en Mifflin Street, buscando algo de Regina para que Ruby pueda rastrear el olor»

Emma, aún un poco fuera de lugar por el sueño, se sentó y aceptó lo que David le estaba dando.

«Te lo agradezco»

Él le sonrió débilmente

«La encontraremos. Esta historia acaba hoy»

Ella le agradeció que estuviera mintiendo, porque aquellas eran palabras que necesitaba escuchar para seguir adelante en aquella loca tarea.

Comió deprisa, y enseguida su padre y ella se dirigieron al muelle, buscaron arriba y abajo, dentro de cada barca, en cada garaje, bajo cada casa, choza, cabaña, pero allí no había ni la más mínima huella de Maléfica ni de Regina. Cuando habían decidido volver a la ciudad y ver si Blanca y Mulan habían encontrado alguna pista, el móvil de Emma sonó.

«Es Henry» se dio prisa en responder «Dime que Ruby ha encontrado algo»

«Mamá, debéis volver a la ciudad. No hemos podido aún intentarlo porque aquí está todo un poco revuelto. Mulan y la abuela se han encontrada en medio de un pequeño altercado»

«Claro. Como no tenemos bastantes problemas con las cosas como estaban hasta hace diez minutos» soltó Emma, exasperada «Ya vamos»

Cuando estuvieron en el centro, se dieron cuenta de que lo que Henry había definido como un altercado era en realidad una verdadera lucha. Y con pequeña, pretendía decir que estaba envuelta casi toda la ciudad.

«¿Qué está sucediendo aquí?» preguntó Emma, interponiéndose entre Blanca y Gruñón, que se estaba gritando mutuamente.

Al lado de Blanca solo estaba un puñado de personas: Ruby, Mulan, Henry y Belle. Tras Gruñón estaba todo el resto de la ciudad.

Su madre fijo una mirada severa en el hombre, y después se giró hacia ella.

«Los enanos se niegan a seguir protegiendo a Aurora»

«Bah, ya no le vemos el sentido. Estábamos casi seguros que Maléfica quería a Regina, y ahora que la ha capturado seguramente nos dejará en paz»

«Pero, ¿y si cambia de idea? Ahora que su lazo para mantenerse con vida ya no es la presencia de Aurora en la ciudad, podría decidir llevar a cabo la venganza y venir a matarla» le señaló Blanca, resoplando. Aquella frase hizo comprender a Emma que los había informado sobre lo que habían descubierto el día anterior.

«Déjalo, podemos apañarnos sin su ayuda» dijo Emma fríamente

«¡Claro que no podemos! No somos bastantes para protegerla a ella y buscar a Regina a la vez, lo sabes» le hizo notar su madre «Si Maléfica atacase, Phlippe solo no podría hacer mucho. Los enanos podrían ralentizarla hasta que lleguemos nosotros, tú con la magia al menos tienes una posibilidad, ya que ahora Regina no puede protegernos»

«¿Piensa lo mismo toda la ciudad?» preguntó, aún con tono gélido «¿Nadie está dispuesto a ayudarnos a proteger a Aurora ni a encontrar a Regina?»

Alrededor de ellos se había reunido una buena cantidad de gente. No solo los enanos no respondieron, sino que tampoco las hadas ni otros habitantes de Storybrooke desviaron la mirada.

«¿Ninguno de vosotros?» gritó, dando unos pasos hacia atrás para que todos pudieran verla.

Pasó la mirada sobra cada persona presente, y después, con un resoplido de incredulidad, miró de nuevo a Gruñón, pero hablándole a Blanca

«Que así sea» dijo lentamente «Deja que vuelvan a sus casas. Deja que esperen y esperen y esperen hasta que se den cuenta de que nadie puede salvarlos de Maléfica si no es la mujer a la que todos están impacientes por abandonar»

Se dirigió a toda la ciudad, la voz fuerte resonó por toda la calle principal.

«Habéis condenado a muerte a vuestra única esperanza. Cuando encuentre a Regina, y creedme, yo la encontraré» pronunció bien la frase para que todos comprendiesen «le imploraré para que os deje morir a todos, le rogaré para que no os salve de la maldición de Maléfica, le diré que se marche, que se encierre a mirar mientras todos nosotros, incluida yo, nos doblegamos a la voluntad de aquella loca. Porque la única personas inmune a la maldición es ella, sin embargo literalmente se está dejando matar en el intento de salvarnos» Nadie dijo nada, pero en el rostro de todos los presentes, incluso en el de Gruñón, Emma lograba ver una expresión de puro terror «Así que corred, como cobardes que sois. Id a esconderos lo más lejos posible de vuestras personas amadas. Porque, gente, habrá una guerra muy pronto. Y esta vez nadie la luchará en vuestro lugar»

Sin añadir nada más, Emma se dio la vuelta, encaminándose hacia su coche, lista para marcharse a inspeccionar la playa. David la siguió a la carrera, sabiendo que su hija estaba herida y que, en aquel momento, necesitaba su ayuda más que ningún otro.


Regina cerró los ojos, rezando para que Maléfica se cansara pronto. Había estado torturándola durante horas, solo parándose para lo que la morena supondría que era su almuerzo. Obviamente a ella no le había permitido comer nada. Después había continuado horas y horas. Esperaba que pronto la mujer decidiera ir a cenar también y la dejara descansar por la noche, porque no estaba nada segura de poder resistir mucho más.

Cuando Maléfica comprendió también que si continuaba, el único resultado sería matarla en lugar de arrancarle la magia, decidió que ya era bastante para el primer día.

Hizo aparecer un vaso de agua, y acercándose a Regina, se lo puso en los labios.

«Bebe. No puedo dejarte morir de sed, por desgracia»

Regina intentó oponer resistencia, pero ella, sin ceremonias, le agarró el rostro con una mano y le abrió la boca, echándole dentro el agua.

«Continuaremos mañana» concluyó, saliendo de la estancia sin añadir nada más.

Regina, finalmente, concedió relax a sus músculos, cansada y casi al extremo de sus fuerzas, deglutió intentando desterrar los malos pensamientos.

Ruby les había contado que en las dos semanas que había estado prisionera de Maléfica, solo un par de veces se había molestado en aparecérsele en persona. La había dejado sin comida ni agua durante algunos días, y después se había presentado ante ella, torturándola sin éxito por no más de dos horas. La había dejado otro par de días sola, haciendo aparecer ante ella agua, o de vez en cuando, comida. Había esperado a una noche de luna llena y la había inmovilizado tras su transformación para arrancarle algunos mechones de su pelo. Al final, cuando llegó el momento justo de devolverla a casa, la había herido y hecho desmayarse con la única intención de provocar la rabia de Regina. Comparado con lo que estaba sufriendo Regina, que solo llevaba un día ahí, lo de Ruby había sido prácticamente un acampada al descubierto.

Por otro lado, Regina, al menos, había logrado comprender por qué no la habían podido encontrar con ningún hechizo. La caverna en la que se encontraban, así como los túneles que la rodeaban, estaban excavados en la tierra impregnada de polvo de hadas. Maléfica había, de algún modo, usado el poder para burlar cada hechizo de localización y cualquier otro intento. Lo único que podría conducirla a ella, a aquella caverna, sería la misma cosa que estaba protegiendo a Maléfica desde hacía semanas: el polvo de hadas.

Una risa amarga salió de los labios de Regina. Las hadas no la ayudarían nunca. Y, en el fondo, podía comprender por qué. Había causado demasiado dolor para poder ser considerada una de los buenos. Las únicas personas que lograban, de verdad, ver lo bueno en ella eran Henry y Emma.

Emma.

Al menos Henry sabía que Regina lo quería mucho. Se lo había repetido tantas veces que estaba segura que, finalmente, él lo había comprendido.

Pero Emma, por el contrario, no lo sabía.

¿Cómo podría saberlo?

Debería haberlo dicho cuando había tenido la ocasión. Ya era demasiado tarde. Se maldijo cuando se encontró teniendo ese pensamiento. No se podía permitir ese comportamiento si quería volver a abrazar a su hijo y a Emma.

«Vendrá a salvarme. Ella me encontrará. Emma me encontrará»

¿Pero cómo? ¿Cómo lograría encontrarla, allí donde estaba olvidada e incapaz de comunicarse con el resto del mundo?

Cerró los ojos, suspirando pesadamente. Lo lograría, no importaba cómo. De alguna manera Emma la encontraría.

«Emma me salvará» susurró, decidiendo que, por esa vez, podía permitirse hacer un acto de fe «Emma está viniendo a por mí»