Hola yo de nuevo. Primero que nada quiero agradecerles sus comentarios y que sigan esta historia. Me encanta que les encante, esa era la idea desde un principio y ahora se que funciono y de ante mano quiero disculparme (hace una reverencia) este episodio esta cortito también pero espero subir otro el viernes para compensar. n.n Isthar4 que bueno te guste la historia y no te apures por tu memoria, la mía es igual n.n y si el juego de asesinato y misterio es como clue pero en la vida real ¿no se si hayas visto la pelicula de Clue? esta muy interesante. Jeje me gusto eso que pusiste en tu ultimo Review, pero es cierto por ese grado de pu**z es que no se acercaba a ella pero te alegrara saber que todo ira mejorando. Bueno les dejo con la lectura y si todo sale bien les dejare otro capitulo el viernes o antes n.n ojala sea antes. Bueno lean y diviértanse. Bye, bye.

Magical Girl Lyrical Nanoha y Vuélveme Loca pertenecen a sus respectivos creadores.


Capítulo 7

El agua que parecía tan perfecta estaba fría, olía mal y estaba muy lejos de parecer perfecta. Cuando aquellas turbias aguas se cerraron sobre mi cabeza, me asusté de verdad. No había tenido tiempo de pensar en cerrar la boca antes de caer, y el agua del lago invadió mi boca y mi nariz. Agité piernas y brazos, desesperada por encontrar la superficie, pero mis manos golpearon algo duro. Me llevó un par de minutos comprender que estaba debajo de unos de los botes. Abrí los ojos y vi dos confusas formas sobre mí y ningún hueco entre ellas.

Entonces fue cuando empecé a asustarme de verdad.

Agité con todas mis fuerzas las piernas para impulsarme hacía arriba, desesperada por salir a la superficie. Mi cabeza golpeó el casco de uno de los botes.

De pronto, algo me aferró por el torso y tiró de mí hacia un lado. Patalee con todas mis fuerzas mientras sentía que mis pulmones me ardían a causa de la falta de aire. Entonces palpé con mi mano algo blando, algo que no era el bote ni el fondo cenagoso del lago.

Me di cuenta de que no estaba sola.

Con una extraña parte de mi cerebro, pensé, "¡Que romántico! ¡Ha saltado para salvarme!". Pero la falta de aire en mis pulmones aparto de inmediato aquellos pensamientos, sustituyéndolos por urgencias más primarias.

Me aferre a ella con brazos y piernas mientras tiraba de mí hacia arriba, hasta que nuestras cabezas afloraron en la superficie. Después del silencio que reinaba bajo el agua, los gritos y chillidos de los que no se habían caído del bote resultaron ensordecedores. Enterré el rostro en su hombro para amortiguarlos.

Poco a poco recuperé la capacidad de pensar racionalmente. Tosí y jadeé, pensando que si hubiera sabido que aquello era todo lo que me habría hecho falta para acabar en brazos de alguien con un físico tan en forma, me habría tirado al lado el viernes, nada más llegar.

Me sentía totalmente vulnerable, pero, también, totalmente a salvo. Sabía que me tenía en sus brazos, pasara lo que pasara, no me soltaría.

¿Estuvo mal que consiguiera en aquel momento mi estremecimiento sensual?

A pesar de lo fría que estaba el agua, experimenté un intenso cosquilleo que ascendió por mis piernas y recorrió todo mi cuerpo. Lo único que me importaba en aquellos momentos era aferrarme a ella, sentir su aliento…

― ¿Se encuentra bien?

La pregunta llegó a mis oídos junto a otras frases de preocupación en diferentes tonos.

Estaba bien. Conmocionada, empapada y un poco humillada. Pero bien. Sin embargo, no fui capaz de abrir la boca para contestar.

Entonces reaccioné.

La voz. La voz que había formulado la pregunta era la de Signum.

De pronto me sentí como si acabaran de darme un puñetazo. Yo ya conocía el hombro en el que tenía apoyada mi cabeza. De hecho, era un hombro en el que había confiado casi toda mi vida. Pero el hecho de saber que no era Signum quien me tenía en brazos no cambió nada. Simplemente me aferré a ella con más fuerza.

― ¿Nanoha? ― Susurro Fate junto a mí oído ―. ¿Te encuentras bien?

Por el tono de su voz, comprendí que se había asustado tanto como yo. Alcé mi cabeza para mirarla, pero tenía el cabello medio pegado sobre los ojos, de manera que sólo la vi a medias.

Había algo intenso, primario y protector en la mirada de aquellos ojos carmesí. Nuestras miradas se encontraron y asentí.

Un evidente alivio sustituyó la expresión preocupada de Fate. Dejé de aferrarme a ella con tanta fuerza y relajé las piernas… Pero las volví a alzar de inmediato al sentir que mis pies entraban en contacto con algo blanduzco. Fue entonces cuando me di cuenta de que había perdido uno de mis zapatos.

También me di cuenta de que Fate no estaba moviendo las piernas para mantenernos a flote, lo que significaba que lo que había tocado con la punta del pie era… Era el fondo del lago. Gemí en alto. ¿De verdad había creído que me estaba ahogando en un lago con poco más de un metro de profundidad? ¡Que humillante! Ni siquiera me atreví a mirar a los demás, que seguían observándonos desde sus botes.

Dediqué a Fate una mirada de súplica. Sólo quería que captara mi desesperación. De amiga a amiga. De mujer a mujer.

Ella ni siquiera parpadeó.

― ¿Qué te parece si salimos del agua? ― dijo, y a continuación pasó un brazo bajo mis rodillas y se encaminó hacia tierra firme.

Afortunadamente, estábamos cerca de la orilla. Fate salió rápidamente del agua… Aunque no sé cómo se las arregló conmigo en brazos, mis curvas, y el empapado traje de tweed que vestía.

Una vez en tierra firme traté de bajarme de sus brazos, pero me lo impidió con una severa mirada.

― No tienes los zapatos ― dijo.

Rogué para que la tensión que capté en su voz y en su rostro no tuviera nada que ver con el esfuerzo de mantenerme en brazos.

― No puedes llevarme en brazos hasta la casa ― la voz me salió como un auténtico graznido ―. ¡El esfuerzo te mataría!

Fate se limitó a volverse para gritar a los demás que me llevaría de vuelta a Sakura no mori. A continuación se encaminó hacia los formales jardines que rodeaban la casa.

― Puedo caminar… En serio ― dije débilmente.

― Cállate, Nanoha ― replicó Fate, que empezaba a respirar con dificultad.

En el fondo me alegré de que siguiera llevándome en brazos. No suelo tener a menudo la oportunidad de comportarme como una damisela en apuros, al menos, no en serio, y sentí la tentación de disfrutarlo mientras durara.

Miré por encima del hombro de Fate hacía donde habían quedado nuestros compañeros. Me pregunté si Signum estaría al menos un poco celosa.

¡Guau!

Aquello sí que resulto extraño.

Por primera vez en dos meses, pensar en Signum Laevatein Wolkenritter no me dejó sin aliento. Entonces me hice una pregunta bastante importante: ¿Por qué no había saltado ella a rescatarme? A fin de cuentas, estaba más cerca de mí que Fate.

― Me siento tan humillada ― murmuré contra su hombro.

― Quienes deberían sentirse humillados son Quattro y Levi. La actitud de Quattro ha sido tramposa y egoísta, y Levi es… Bueno, es una…

― ¿Imbécil? ― Sugerí.

Fate río, y la deliciosa vibración que recorrió mi cuerpo hizo que me sintiera más cálida. Me aferré con más fuerza a su cuello.

― Ni yo misma la habría descrito mejor ― Fate me miró, sonriente ―. En cualquier caso, hay que ver el lado positivo.

Me pregunté qué podía tener de positivo oler a ciénaga, y estar empapada además de avergonzada.

― En primer lugar, tus gafas se han hundido en el lago, de manera que no tendrás que volver a ponértelas ― me llevé una mano al rostro y comprobé que Fate tenía razón ―. En realidad me siento ligeramente decepcionada por eso ― añadió. Y, en segundo lugar, no va a haber manera de salvar tu traje de tweed para el fin de semana. Vas a tener que ponerte alguna otra cosa.

Alcé la cabeza para mirarla mejor.

― ¡Eres una genio! ¡Sabía que había un buen motivo para mantenerte cerca!

Afortunadamente, había acudido con recambios por si alguien tenía algún problema con su disfraz. Había un bonito vestido rojo que había seleccionado por si la que tenía algún problema era Quattro, pero ahora tenía una excusa perfecta para ponérmelo.

Apoyé de nuevo la cabeza en el hombro de Fate y suspiré. No entendía como estaba logrando mantenerme en brazos tanto tiempo. La alta y delgada adolescente que había conocido se había convertido en toda una mujer fuerte y resistente sin que apenas me enterara.

― ¿Fate? ― Susurré.

― ¿Si?

Cerré los ojos y aspiré el resto de aroma del perfume que la cenagosa agua del lago no había logrado borrar.

― Supongo que no soy precisamente ligera como una pluma, ¿no? ― ¿Por qué no soñar?

Fate se limitó a reír y a alzarme y estrecharme un poco más entre sus brazos. ¿Y que hice yo? Acurrucarme contra ella, sonreír para mí, y disfrutar del paseo.

Una hora después bajé las escaleras de roble de la mansión con una radiante sonrisa. Estaba limpia, olía de maravilla y me había puesto el precioso vestido rojo. No era un vestido sin espalda, como el de Quattro, pero era muy bonito y tenía un escote bastante atrevido.

Lo más probable era que mi personaje, Constanza, se hubiera opuesto a que me lo pusiera, pero, después de la humillación que había experimentado en el lago, merecía una dosis de confianza en mí misma, y tampoco podía decirse que fuera vestida como una vampiresa.

Estaba llegando al final de las escaleras cuando vi a Rein al pie de ésta. Tenía el ceño fruncido y las manos apoyadas en las caderas.

― ¿Se puede saber qué llevas puesto? ― Preguntó.

Decidí que la mejor defensa era otra pregunta.

― Es un vestido precioso, ¿verdad? ― Rein abrió la boca para contestar, pero me adelanté a ella ―. No te preocupes… Es auténtico.

Rein me tomó del brazo y me hizo entrar en una especie de estudio cuya puerta daba al vestíbulo.

― Me da igual que sea auténtico ― dijo, tensa ―. No es adecuado para tu personaje.

Empecé a poner excusas bien razonadas, pero me interrumpí al ver que Rein se dejaba caer en un sillón de cuero con expresión abatida.

― ¿Qué más da? ― Murmuró ―. Nadie se está molestando en interpretar su papel adecuadamente. Con o sin vestido rojo, el fin de semana va a ser un desastre.

Me hubiera gustado poder decirle que no era cierto, que todas estábamos entregadas de lleno a disfrutar del fin de semana, pero sabía que Rein tenía razón.

― Hay un montón de estúpidas pistas dispersas por toda la casa ― continuó ―. Mira, ahí hay una ― tomó un sobre dirigido a lord Edna Southerby que se hallaba obviamente expuesto en el centro del escritorio ―. ¿Y crees que alguien ha encontrado alguna? No. Porque todo el mundo está demasiado ocupado haciendo el tonto.

Me quedé sorprendida al ver que sus ojos brillaban sospechosamente. Nunca había visto a Rein tan cerca de las lágrimas. Me apoyé contra el escritorio y esperé a que me mirara.

― Pero, además de resolver el misterio, es lógico que todo el mundo haya venido a pasarlo bien y divertirse, ¿no te parece?

― Ya lo sé ― contestó Rein, aún más abatida ―. ¿Pero como voy a quedar cuando todas regresen a Tokio y cuenten a sus amigas que han venido a pasar un fin de semana de misterio y asesinato en esta mansión y que nadie se molestó en resolverlo?

Tragué saliva. Rein tenía razón en eso.

― Mírame, Nanoha ― continuó Rein en tono cansado ―. Yo no soy como tú. Tengo 26 años y no tengo ningún título. No puedo dirigir mi propio negocio, como tú. ¡Ni siquiera podría conservar un trabajo! Lo único que tengo es mi reputación como la anfitriona más creativa del sureste de Tokio. Si este fin de semana resulta ser un desastre, ya puedo despedirme de mi reputación ― volvió a dejar el sobre en la mesa ―. Tienes suerte de no vivir en mi mundo ― dijo con un suspiro ―. Las mujeres son tan maliciosas y despiadadas… Siempre están buscando la oportunidad de hundirte para poder subir a la cima, y en este mundillo, la posición lo es todo ― río con ironía ―. Puede que yo sea una casi completa inútil, pero al menos soy la mejor en esto… ¿Me entiendes?

Sonreí, asentí y me encaminé hacia la puerta.

― ¿Adónde vas? ― Preguntó Rein, preocupada.

― Arriba, a cambiarme ― contesté ―. ¡Y después vamos a ocuparnos juntas de que esas haraganas resuelvan el misterio y además se lo pasen en grande!

Una vez más se quedaron mirándome sin habla. Tal vez se debiera al horrendo vestido de flores que me había puesto a toda prisa para poder bajar antes de que todo el mundo subiera a sus habitaciones a cambiarse para la cena, pero sospechaba que el silencio reinante se debía más a la charla que acababa de darles sobre "cómo sacar el máximo rendimiento al fin de semana de misterio y asesinato".

― Vamos ― dije en tono de maestra de preescolar ―. Será divertido desempolvar todas esas telarañas mentales y utilizar por una vez nuestra materia gris. ¿No las ambientan lo suficiente sus trajes?

Hubo un murmullo generalizado en el grupo. Fate me observaba con una expresión muy parecida al orgullo y Signum se levantó.

― Si hay pistas dispersas por esta vieja y destartalada casa, más vale que vayamos a encontrarlas ― dijo.

En cuanto Signum se puso de pie, todas la imitaron y salieron de la sala de estar. Al pasar junto a mí, apoyó una mano en mi brazo desnudo y se inclinó para decirme algo al oído.

― Bien hecho. Pensaba que lo que había organizado Rein iba a ser una completa pérdida de tiempo, pero ahora creo que voy a divertirme.

Me quedé mirándola con la boca más abierta de lo debido.

Singum Laevatein acababa de tocarme voluntariamente. Los milagros existían.

Rein había decretado que aquella tarde todos deberíamos vestir formalmente para la cena, de manera que, tras pasar alrededor de una hora resolviendo pistas, nos separamos para ir a vestirnos. Cuando salía de mi habitación, vi a Fate con la mano en la manilla de una puerta del primer piso.

― No deberías entrar ahí ― dije a sus espaldas ―. Creo que es la habitación de Signum.

Cuando Fate se volvió experimenté de nuevo la sensación que había tenido al verla vestida de esas forma el día anterior. Le sentaba increíblemente bien aquel traje clásico. Tan bien, que se me secó la boca.

― ¿No es éste el dormitorio de lord Edna Southerby? ― Preguntó con el ceño fruncido.

― No. Es el siguiente.

Fate sonrió con una expresión demasiado maliciosa para una supuesta vicaria.

― ¿Echamos un vistazo de todos modos?

Le di una palmada en la mano para que la retirara de la manilla. Me había pasado la vida dando manotazos y codazos a Fate, pero, por algún motivo no logré explicarme, sentí que tocándola había cruzado una línea que antes no sabía que estaba allí.

― ¡Solo estaba bromeando! ― Protestó Fate mientras se frotaba la mano ―. ¿Y no crees que estás demasiado lanzada con lo de resolver el misterio?

― "Lanzada" es mi segundo nombre ― dije con altivez mientas me acercaba a la puerta correcta. Cuando me volví, vi que Fate no se había movido.

― No me digas ― dijo, con la voz más ronca de lo habitual.

Estoy acostumbrada a saber con exactitud dónde han posado su mirada las mujeres cuando estoy de espaldas a ellas. ¿Qué sentido tiene perfeccionar un balanceo de caderas que les hace babear si no sabes si está surtiendo en efecto deseado?

¿Era mi imaginación, o acababa de posar Fate su mirada mucho más abajo de lo que habría esperado?

Volví a experimentar la incómoda sensación de no saber qué hacer, lo que hizo que mis mejillas se sonrojaran intensamente. Esperé a que Fate se reuniera conmigo y abrí la pesada puerta del dormitorio.

― Pensaba que ibas a cambiarte ― dijo Fate.

Bajé la mirada hacia el sencillo vestido color crema que me había puesto. Era evidente que me había cambiado, y también era evidente que no había elegido el vestido que habría elegido si hubiera tenido la oportunidad de hacerlo. ¿Sería a eso a lo que se refería Fate?

― Me he cambiado ― repliqué con el ceño fruncido.

Fate no contestó. Se limito a mirarme como si estuviera tratando de ver más allá del escaso maquillaje que me había puesto, como si quisiera volverme al revés con el mero poder de su mirada.

Entré en la habitación y me puse a buscar pistas mientras Fate seguía sin apartar sus ojos de mí.

Finalmente me volví y le lancé una mirada desafiante.

― ¡No te quedes ahí como lela! ¡Échame una mano!

No nos llevó mucho rato encontrar un papel de aspecto antiguo cuidadosamente doblado en el interior del cajón de una mesilla de noche. Lo desdoblé y comprobé que se trataba de un viejo certificado de nacimiento. Antes de llegar al final me quedé boquiabierta.

― ¡Es mi certificado de nacimiento! El de Constanza, quiero decir. ¡Y mira! ¡Hay un espacio en blanco donde debería estar una de las madres! ― Mire a Fate ―. ¿Significa eso lo que creo que significa?

Fate me quitó el papel de las manos y nuestros dedos se rozaron.

No fue un accidente. Lo hice a propósito.

Y, por la forma en que nos sostuvimos mutuamente la mirada, supe que ella también.

Contuve el aliento. Si hubiera sido cualquiera otra, habría jurado que estaba a punto de besarme. Y resulto aún más extraño que fuera ella quien apartara primero la mirada para centrarla de nuevo en el amarillento documento.

― No sólo debemos preguntarnos por qué hay un espacio en blanco donde debería figurar el nombre de la otra madre; también habría que saber por qué hay una copia de tu certificado de nacimiento en el dormitorio de lord Edna Southerby ― dijo Fate sin mirarme.

Escuché las palabras, pero pasaron por mi cerebro sin dejar rastro. Estaba sucediendo algo muy extraño. Era como si hubiera salido del lago a un universo paralelo, un mundo engañosamente similar, pero en el que nada era normal.

Estaba tratando de procesar lo que había dicho Fate cuando sonó el gong que avisa de que la cena estaba lista. Se oyeron ruidos en el descansillo y el sonido de gente bajando las escaleras.

― Por fin tengo una pista ― dije mientras volvía a doblar el papel ―. Es hora de que hagamos algo al respecto.

Fate me estaba dedicando otra de sus penetrantes miradas. De pronto alargó su mano hacia mí. Cuando le ofrecí el certificado de nacimiento, río, lo tomo delicadamente de mis manos y lo guardó en uno de sus bolsillos. Luego repitió el gesto con su mano y, en aquella ocasión, sus cálidos dedos se cerraron en torno a los míos.

― Ya es la hora ― dijo, y me besó los nudillos. Luego salimos de la habitación ―. Veamos qué nuevos acontecimientos desata esta revelación.