"Martha Jones, bienvenida otra vez." Jack abrió los brazos al ver aparecer a su antigua amiga. La misma sonrisa amplia y llena de dulzura, junto con esa fuerza que irradiaba por los cuatro costados.
Martha se abrazó al capitán. "¿Por qué no me has llamado en todo este tiempo? Os he echado mucho de menos." Jack la recogió entre sus brazos y recordó lo que habían sido aquellos meses que el resto del mundo había olvidado.
"Las cosas se pusieron difíciles por aquí y tenía obligaciones de las que ocuparme." Ianto apareció en la sala principal de la base de Torchwood. Hacía meses que no habían visto a Martha, desde el funeral de Owen y Toshiko, por eso, ahora le resultaba algo difícil estar allí, sin recordar lo que había ocurrido en el equipo.
"Ya veo, obligaciones y alguna que otra relación pendiente también." Martha desvió la mirada hacia Ianto y le sonrió. El joven agente pareció ruborizarse, no es que no le gustara que la gente supiera los sentimientos que Jack tenía hacia él; pero de todas formas seguía siendo alguien demasiado reservado como para gritar a los cuatro vientos que estaba enamorado del capitán. "Ya decía yo que había algo entre vosotros, algo más que simple sexo." Ianto intentó apartarse, aquello era demasiado para él, pero Jack no se lo permitió y besándole en el mejilla atrajo su cuerpo con fuerza.
"Si, ahora lo se, se que fui un estúpido al estar a punto de perderle por no ser sincero. Y creo que si no hubiera estado con vosotros entonces, durante aquellos meses contigo y con el Doctor…" Jack dejó de hablar, miró a Martha y la joven doctora comprendió.
"Bueno, ¿Cuál es la emergencia por que la que me has llamado? Porque si no hubiera ocurrido algo muy gordo, ni te hubieras acordado de mi." Jack se echó a reír, mientras trataba de encontrar la forma más fácil de decirle la situación en la que se encontraban. "¿Qué ocurre Jack? Es algo gordo ¿verdad?"
"Es el Doctor."
"¿Está aquí?" Martha miró a su alrededor, esperaba verlo aparecer por cualquier lado, escuchar su voz otra vez, alguna de sus singulares frases o simplemente ver su gabardina colgada en alguna barandilla.
El corazón comenzó a latirle con tanta fuerza que estaba segura que Jack lo estaría escuchando. Se sentía tan nerviosa que no le cabía ninguna duda de que Ianto notaría su cambio de humor repentino, su silencio, su forma rápida y errática de moverse. Sin embargo, ninguno de los dos dijo nada al respecto.
"Si está, pero está herido y creo que teniendo su naturaleza y ahora que Owen no está, serías la persona más adecuada para tratarle."
"¿Cómo que está herido? El Doctor no puede estar herido y de estarlo ya se habría regenerado, tiene que haber algo más. Dime donde está, vamos dime donde y…"
Jack sujetó a Martha por los brazos, era tan pequeña entre sus manos que no lo costó mantenerla fija en el suelo. Esperó a que ella dejara de mirar a todos lados y centrara su vista en los ojos azules del capitán.
Le dolía tanto verla todavía tan enamorada, sobretodo porque sabía lo que ella sentía, pues por mucho que quisiera a Ianto, por mucho que pudiera dar su vida por él mil veces, el Doctor seguía siendo el Doctor, su atracción, su poder de seducción, su carisma y porque no reconocerlo, pensó Jack, su encanto personal, lo hacían simplemente irresistible y Martha no era la excepción en cuanto a ese comportamiento se refería.
Jack estaba seguro que había otra mucha gente que había pasado por lo mismo, antiguos compañeros de viaje del Doctor, gente que había dejado, por los motivos que fueran y que siempre esperaban verlo aparecer en mitad de la cuidad o en mitad de su base secreta bajo Torchwood.
"Martha, el Doctor está bien, dentro de lo que cabe, hemos tenido un pequeño problema con la TARDIS y unos invitados que no estaban previstos. Tan sólo tiene un brazo roto, pero, claro no podíamos llevarlo a un hospital."
"Veo que habéis vuelto a los viejos tiempos. Alienígenas en La Tierra, la TARDIS en peligro y tu, evitando que el Doctor protegiendo al Doctor, parece que Utopia se vuelve a repetir."
"¿Qué es Utopia?" Preguntó Ianto inocentemente. Jack miró con dureza a Martha, pues ella se había olvidado que Ianto estaba todavía allí, que al volver a la tierra, al cambiar el tiempo, prometieron no hablar de aquel año por el bien de todos. Ella murmuró un "lo siento" que tan sólo pudo leer Jack en sus labios.
"Es un planeta en el que estuve con Martha y el Doctor, una larga historia." Jack se acercó a su joven compañero y le acarició la frente, todavía tenía restos de sangre seca. "No tienes buena cara, ¿Por qué no te acuestas un poco y luego le digo a Martha que le eche una ojeada a esa herida?"
"No tienes que actuar Jack, se que tienes tus secretos y no me importa, tu vida es demasiado complicada para mi y no quiero que me lo cuentes todo. Pero al menos, ven a la cama conmigo cuando el Doctor se encuentre mejor."
"Ianto, espera." Dijo Jack a ver a su compañero caminar pasillo adelante y perderse en el dormitorio que algunas noches compartía con Jack allí en la base. "¿Debería contárselo?"
"¿Le quieres?" Jack sonrió sin llegar a contestar, aunque no se dio cuenta de lo sincera y absolutamente cariñosa que fue aquella mirada hacia donde había estado Ianto. "Ni siquiera te das cuenta lo mucho que le quieres. No se si deberías decirle lo que ocurrió ese año perdido, pero al menos podrías preguntarte a ti mismo lo que pasó por tu cabeza durante aquellos meses, o los motivos por los que rechazaste la oferta del Doctor de viajar con él."
"El Doctor…" Jack suspiró con fuerza, ya tendría tiempo de preocuparse sobre lo que debía hacer con Ianto. En ese momento la seguridad del Doctor era mucho más importante y ahora podía hacer algo con lo que había soñado durante mucho tiempo, tenía la oportunidad, con permiso de Rose, obviamente, de cuidar de él.
- o -
"Rhys estoy preocupada. Llevó media hora intentando contactar con Jack o con Ianto y ninguno de los tiene el teléfono encendido. Eso no es normal." Rhys desvió por un momento la mirada del televisor, en el que estaba viendo el partido de rugby y observó la expresión preocupada de Gwen. "Creo que voy a la base."
"¿Ahora? Se suponía que Jack tenía dado el día libre para descansar. Todavía hueles a cloacas." Gwen se arrodilló en el sofá y besó a su marido mientras le sonreía. "No te van a servir de nada tus trucos de mujer encantadora. Espera al menos media hora más."
"Para entonces ya ha podido ocurrir algo horrible. Además tengo el mal presentimiento, desde que dejé la base de que algo iba a ocurrir." Gwen se levantó, pero Rhys atrapó su mano y le hizo sentarse de nuevo en el sofá.
"Entonces voy contigo."
"¿Qué?"
"Si ha pasado algo, si les ha pasado algo a Jack o Ianto, es porque algún tipo de cosa o criatura les ha atacado. No puedes ir sola a enfrentarte con lo que sea eso, así que voy contigo."
"¿Lo ves? Al final va a resultar que tengo razón cuando digo que serías un agente de Torchwood perfecto." Gwen se levantó, apagó la televisión y tiró de Rhys para fuera tras ella.
No le iba decir que tenía miedo, no le iba a decir que estaba aterrado y que como todos los días en los que ella se iba a trabajar temía no volver a verla entrar por la puerta de casa. Por eso, quería tenerla cerca, tal vez arriesgar la vida fuera peligroso, pero era lo mejor que podía hacer para protegerla, intentando parecer, simplemente un buen marido.
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"No voy a dejar que te levantes. Tienes el brazo roto y la TARDIS no funciona. ¿Qué más da si se queda como está un día más? además, esas cosas siguen ahí y tu no estás en tus mejores momentos para luchar contra ellos." Rose sentó junto al Doctor mientras escuchaba los pasos de alguien que se acercaba.
"Exactamente, la TARDIS necesita que la reparen y nadie la conoce mejor que yo. No puedo dejar que esas cosas se apoderen de mi nave."
"Creo que Jack podría echarte una mano en lo de a reparaciones en la TARDIS se trata y en cuanto a lo descansar, se que parece un término muy difícil de asimilar para un Time Lord como tu, pero creo que podré hacer algo para mantenerte tranquilo."
Rose miró a la mujer joven y atractiva que había entrado en la enfermería. Sonreía mirando al Doctor como si hiciera menos de una hora que lo hubiera visto y le hablaba con una naturalidad increíble. Jack estaba detrás de ella, de brazos cruzados y estaba tranquilo, así que Rose decidió no preocuparse demasiado.
"Hey." Dijo el Doctor amistosamente a su vieja amiga, aunque el dolor en el brazo no el dejó mostrarse todo lo ilusionado que realmente estaba por verla. Abrazó a Marthan en el brazo sano y notó el cariño con el que ella le devolvía el abrazo. "Veo que no ha habido últimamente ninguna emergencia en la tierra pues mi teléfono no ha sonado estos meses."
"¿Llevas teléfono móvil? No me habías dicho nada." El Doctor se volvió hacia Rose, como si se hubiera olvidado por un momento que su compañera estaba allí. "Quiero decir… hola, soy Rose."
"Vaya, con que tu eres la famosa Rose, encantada yo soy Martha, espero que el Doctor te haya hablado de mi, la décima parte de lo que hablaba de ti cuando estuve con él." Rose se quedó callada un momento. No quería ser muy ruda con la recién llegada, no quería decirle así sin más que no tenía ni idea de su existencia hasta que el Doctor había necesitado su asistencia médica.
"Si, bueno hemos hablado de muchas cosas. Pero, lo siento, ¿Qué tal si dejamos las presentaciones para cuando nos digas que puedes ayudarnos con él?"
Desde su posición totalmente privilegiada, alejado de todo lo que estaba ocurriendo, Jack sonrió al mirar al Doctor. Por primera vez podía decir que lo veía apurado, sin saber que decir para no hacer daño a Martha o para no molestar a Rose, Jack estaba seguro que no olvidaría fácilmente aquel día.
"Muy bien Doctor déjame ver ese brazo, pero eso no te va a librar de que nos pongamos al día."
"En eso estoy completamente de acuerdo, tenemos que conocernos Martha." Dijo Rose con cierto sarcasmo en la voz. El Doctor abrió la boca para decir algo, pero en el momento en el que Martha tocó su brazo, un latigazo de dolor recorrió toda la extremidad. Cerró los ojos con fuerza y por un momento no fue capaz de escuchar la voz de su amiga, ni la de Rose.
"Doctor ¿Estás bien? ¡Doctor!"
Sin embargo, un estruendo recorrió la base. Jack miró a su alrededor y escuchó con atención. Aquello provenía de la TARDIS y no podían ser más que las criaturas de las cloacas. Salió de la enfermería y corrió hacia su despacho. En los informes de que disponía, tenía que poner algo sobre esas cosas. Ahora sólo le faltaba encontrar una forma de matarlas definitivamente.
- o -
El estruendo despertó a Ianto tiritando. No podía quitarse aquellas últimas imágenes de su cabeza. La nieve, el frío, la desesperación y su voz interna llamando sin parar a Jack.
"Oh dios mío." Dijo mientras un sudor frío recorría su espalda. "Creo que me estoy volviendo loco." Pues algo le decía que aquellas imágenes no formaban parte de un sueño, no era algo que su mente hubiera imaginado.
Por más que lo pensaba, no podía quitarse de la cabeza, que el miedo por morir congelado, la rabia de Owen por creer que Jack les había abandonado en pleno Himalaya, las lágrimas casi convertidas en hielo de Toshiko y las veces que Gwen había repetido que Jack volvería a por ellos, que era su líder y que jamás los dejaría tirados, eran algún tipo de recuerdo. Tal vez se trataba de un recuerdo reprimido. ¿Pero de cuando? ¿Cuándo había estado a punto de morir a miles de kilómetros de casa en plena montaña por congelación? Y sobretodo ¿Por qué estaba seguro que Jack sabía mucho más sobre eso de lo que realmente le había dicho?
Saltó de la cama y salió del dormitorio, pero entonces lo vio delante, la misma criatura que había intentado matarle en las cloacas estaba delante de él y los mismos tentáculos horripilantes se acercaban hacia él.
"¡Jack ayúdame!" Gritó con desesperación.
