Sé que es viernes, pero no pude evitar publicar el séptimo capítulo de la historia, aprovechando la ocación para explicar unas cuantas cosas. Bien, primero, les digo que ya tengo internet en casa, eso quiere decir que nuevamente se publica el miércoles, como había dicho al principio del fic. Segundo, al fic le hace falta un poco de SasuNaru y obviamente el conflicto y toda la cosa, pero les puedo asegurar que en los próximos capítulos tendrán lo que tanto desean. Y tercero, haciendo alusión a un comentario que me dejaron en el capítulo anterior, les diré únicamente lo siguiente: las apariencas engañan... es simplemente un aviso.

Bueno, ahora sí vamos a lo que nos interesa.


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Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

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Capítulo Siete: Party Time.

"Mencione dos obras de Shakespeare"

Era miércoles en la mañana y tras cuatro largos días de rigurosos horarios de estudio, los alumnos de sexto curso se mantenían en silencio, leyendo y releyendo las preguntas de su respectivo examen, asegurándose que no se les escapaba nada. Mientras, Kakashi se entretenía leyendo por cuarta vez esa semana el último libro de la serie Icha-Icha, firmado en persona por el autor.

"Enumere los seis primeros actos de la obra Romeo y Julieta"

Naruto escribió rápidamente la respuesta, pasando a la siguiente pregunta. A su lado, Sasuke se miraba las palmas de las manos, esperando a que el tiempo pasase. Como era de esperarse, él ya había terminado, dejando bien en claro que tenía un cerebro privilegiado. Tremendo imbécil. El rubio lo fulminó con la mirada, antes de regresar su atención a lo verdaderamente importante.

"Escriba los nombres de todos los personajes que aparecen en el Monólogo de Hamlet"

Hinata estaba al borde de un colapso nervioso. Tenía la mente en blanco. Neji, a su lado, intentaba calmarla mediante ocasionales roces de su brazo, pero la muchacha parecía demasiado absorta en lo que hacía como para darse cuenta de las intensiones de su novio. Haciendo un esfuerzo descomunal para recordar todo lo que había estudiado, comenzó a contestar escuetamente las preguntas, hasta que, repentinamente, su bloqueó desapareció.

"De Antígona, conteste lo siguiente: ¿En que consistió la rebeldía de la protagonista?"

Sólo a Kakashi se le podía ocurrir mezclar escritores de la edad media con los famosos cantares de la antigua Grecia. Kiba no había contestado casi ninguna de las preguntas, como era de suponerse. Volvió a morder el borrador de su lápiz, pensando. No podía darse el lujo de reprobar los exámenes. Era su último año de colegio, tenía que intentarlo al menos.

"¿Quién fue Eneas?"

Sakura contestó la última pregunta, sintiendo como la tensión desaparecía de a poco. Buscó la mirada de su profesor, en vano, quién muy concentrado, ignoraba olímpicamente lo que hacían sus alumnos. Se levantó con parsimonia, encargándose de que todos supieran que había sido la primera en terminar, aunque claro, nadie se había fijado en Sasuke. Dejó el examen sobre el escritorio de Kakashi, antes de regresar a su lugar.

"Describa la escena representada de la obra Romeo y Julieta"

Explicó con lujo de detalles todo lo acontecido, incluyendo la desconocida reacción que provocaron los labios del moreno sobre los suyos. Revisó que todo estuviese bien contestado, seguro de que aprobaría, y como Sakura, dejó el examen en la mesa. Poco a poco sus demás compañeros fueron levantándose, hasta que todas las pruebas estuvieron apiladas en un ordenado montón frente a Kakashi.

-Pueden salir.

Y así lo hicieron.

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-¡Por fin! –Gritó Naruto una vez acomodado bajo la sombra de su árbol de cerezo favorito en compañía de Kiba, Hinata, Neji, Sakura e Ino-. ¡Fueron las peores dos horas y media de mi vida!

-Fuiste el segundo en entregar el examen –dijo Neji, preparándose para comer su almuerzo-. No creo que te haya ido tan mal.

-Es cierto, Naruto-kun –Hinata ya había recuperado su color natural-. En cambio, yo me bloqueé completamente desde la pregunta treinta. Kakashi mezcló los temas, confundiéndonos. Estoy segura de que reprobaré.

-Cierra la boca –le espetó Kiba-. Tú eres una de las mejores alumnas del salón, nunca has reprobado nada y dudo que vayas a hacerlo alguna vez. Mira que eres pesimista.

-Calma, niños –intervino Sakura extendiendo los brazos-. Los exámenes terminan la próxima semana, así que propongo planear la celebración por anticipado, así nos aseguramos que de todos puedan asistir.

-Buena idea –acotó la rubia-. Pero tenemos que cambiar de lugar de encuentro, ya gastamos mucho el Imago Mundi y Hinata no tiene todos los viernes libres –se soltó el largo cabello-. Propongo ir a los karaokes del Roppongi.

-Tenemos que preguntarle a los demás –dijo Hinata-. Pero me parece una gran idea, así Chouji nos acompañaría y Shino también.

-Creí que seguía en la Patagonia con sus padres –comentó Sakura bebiendo zumo de naranja-. Lleva cuatro meses sin dar señales de vida.

-Regresa el sábado –dijo Kiba, luchando con la envoltura de sus frituras favoritas-. Me envió una carta ayer diciendo que Chile es muy hermoso para ir de visita, pero que para los trabajos arqueológicos no es tan divertido.

Una carcajada colectiva recorrió al grupo.

-Hablando de desaparecidos, ¿alguien sabe cuando regresa Sai? –Preguntó Ino-. Él sí que no se ha dignado a decirnos lo lindo que se lo está pasando en Florencia, o al menos contarnos lo horrible que fue su muerte.

-No digas tonterías, Ino –la reprendió Sakura-. De seguro está muy ocupado. Ya sabes lo dedicado que es con sus pinturas, además, es una persona reservada, dudo mucho que nos escribiera a cualquiera de nosotros.

-¿Reservada? Yo no lo creo –Naruto se convirtió inmediatamente en el centro de atención-. Es alguien bastante extraño, con una forma de pensar fuera de lo común.

-¿Y tú como sabes eso? –Se interesó Kiba-. ¿Acaso le conoces?

-Pues sí. Itachi me lo presentó el viernes, cuando fuimos a recogerlo al aeropuerto para darle una sorpresa a su madre. Aprovecharon que era el cumpleaños de Sasuke…

Se mordió la lengua al instante, pues había hablado más de la cuenta. Las mejillas se le tiñeron de un intenso carmín, mientras las expresiones de sus amigos pasaban de la confusión a la incredulidad en una fracción de segundo. Dejó la comida a un lado, preparándose mentalmente para el bombardeo directo de preguntas al que se vería sometido.

-Explícate –exigió Sakura-. ¿Cómo es eso de que conoces a los tres Uchiha?

Tenía que comenzar la historia desde el principio o nadie le entendería.

-Mi primo Deidara es novio de Itachi desde hace algún tiempo –explicó-. Hace más o menos una semana vino a visitarme a casa, con la loca idea de quedarse a vivir conmigo, pero tenía otros planes. Antes de irse nos presentó a Itachi…

-¿Nos presentó? –Interrumpió Hinata-. ¿A quién más?

-A mis padres –replicó-. Ahora el muy pesado está viviendo con él en la mansión Uchiha y gracias a eso conocí a Sai –hizo una pausa-. Como la misión de Deidara en ésta vida es fastidiarme, se le ocurrió la brillante idea de invitarme a la reunión que hicieron por el cumpleaños de Sasuke aunque la sorpresa oculta era Sai. Eso es todo.

-¿Y se hicieron amigos en una sola noche? –Ino parecía escéptica-. Cuando entró a nuestra secundaria el año pasado, solamente hablaba con Sasuke, hasta que conoció a un chico que se volvió su mejor amigo, aunque todos sospechábamos que había algo más. El caso es que él murió antes de que se terminara el año y Sai volvió a cerrarse a la gente. Tanto, que la única manera en la que se comunicaba con los demás era mediante un pequeño cuaderno de dibujos.

-Por eso nos sorprende que hayan entablado una amistad tan pronto –Sakura se pasó una mano por la cara-. En fin, cuando regresa.

-Después de los exámenes, para el festival de artes julianas.

Sakura iba a preguntar algo más, pero el repiqueteo de la campana ahogó sus palabras. Guardaron sus cosas y regresaron al salón para comenzar con el examen de historia.

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"¿Cómo contribuyó el comercio con el desarrollo de la civilización Micénica?"

Ahora sí tenía problemas y el dobe lo había notado. Debía aceptar que para el único examen que había estudiado era el de literatura; los temarios de historia simplemente los había leído unas cuantas veces. Pero había un motivo: Deidara y su hermano habían estado haciendo cosas íntimas a plena luz del día, siendo desconcentrado cada cinco minutos por un gemido particularmente fuerte. No comprendía como ese par podían tomar esas cosas tan a la ligera a sabiendas de que habían más personas rondando los pasillos de la mansión a todas horas. Parecían conejos. Gruñó en voz baja, maldiciendo mentalmente su suerte, buscando las respuestas en su memoria.

"¿Qué revelan las obras épicas de Homero acerca de los griegos?"

Así que Sasuke no era tan perfecto como aparentaba. Naruto sonrió para sus adentros, contemplando su examen. Tenía la mitad de las preguntas contestadas, a diferencia del moreno, quien parecía luchar con cada una de ellas sin lograr asestar un golpe. Al menos así se le bajarían un poco los humos. Sacudió la cabeza, concentrándose nuevamente en lo suyo.

"¿Cómo influenció la geografía a las ciudades-estados griegas?"

Anko se paseaba por el salón, vigilando a sus alumnos. Se había esmerado en hacer el examen bastante complicado para que se lo tomasen enserio, pero había sido condescendiente con ellos y se había limitado a las civilizaciones antiguas. Además, si eso les parecía difícil, tenían que esperar para los finales. Ahí si más de uno sufriría una crisis nerviosa por el temor a reprobar. No era mala, pero le divertía ver sufrir a sus pupilos.

"¿Dónde se encontraba ubicada Atenas?"

Neji pasó a la siguiente página, bastante confiado. Él, al igual que su novia y Sasuke, era uno de los mejores alumnos del salón, pero superaba a todos en historia. Siempre había estado obsesionado con las culturas del pasado, pero mucho más con sus leyendas. No era que se considerara un experto en la materia, pero definitivamente era bueno, y sus excelentes calificaciones lo respaldaban.

"Mencione tres filósofos griegos"

Gaara tachó por cuarta vez el nombre de su último filósofo, seguro de que lo había escrito mal. Si de algo se enorgullecía era de su perfecta ortografía y aunque pareciese un poco obsesivo, no planeaba equivocarse en una simple prueba académica. Rememorando sus hojas de estudio, encontró por fin lo que buscaba. Así estaba mucho mejor, ahora, a la siguiente pregunta.

"¿Qué sucedió con la biblioteca de Alejandría?"

-Les quedan diez minutos –anunció Mitarashi consultando su reloj-. Será mejor que se apresuren.

"¿Quién fue Arquímedes?"

Y exactamente diez minutos después, la campana de salida tocó. Tras otras dos horas y media de examen, los alumnos se sexto curso entregaron sus pruebas tal cual estaban, sin opción a contestar nada más, pues esa era la regla: sonaba la campana y los lápices dejaban de moverse. Recogieron sus cosas, consultaron el horario y se marcharon. Los esperaba una semana de arduo trabajo.

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-¡Estoy muerto! –Gritó al llegar a casa-. ¡Kushina!

La pelirroja asomó la cabeza por la puerta de la cocina, sonriendo ampliamente, mientras le hacía señas a su hijo. Naruto dejó la mochila junto al refrigerador antes de sentarse cómodamente en una de las banquetas junto al mesón, al mismo tiempo que su madre le servía un plato de sopa humeante.

-¿Cómo te fue? –preguntó sentándose a comer ella también-. No quiero problemas con el colegio éste año.

-Tranquila, mamá –dijo el rubio levantando las manos-. Lo hice bien, así que no te preocupes. Estudiar funciona, debí haberlo intentado antes.

-Muy gracioso, jovencito. Ahora calla y come.

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No habían pasado dos horas desde que llegara a casa, cuando Deidara se apareció por allí. Tras revolver en los anaqueles de la cocina hasta dar con el frasco de Nutella, subió hasta la habitación de su primo, blandiendo dos cucharas enormes en la mano izquierda. Le quitó el cuaderno de matemáticas a Naruto, obligándolo a prestarle atención. Si que era fastidioso.

-Por si no te diste cuenta, estaba estudiando –dijo, recuperando al instante su cuaderno-. ¿Qué haces aquí? ¿Acaso no tienes deberes que hacer?

-Ya los he terminado –le entregó una cuchara repleta de chocolate derretido-. Sabes lo mucho que me gusta estar contigo, por eso vengo a verte, tonto.

-No sé como Itachi te soporta.

-Él también tiene su temperamento, es algo recíproco.

Naruto asintió vagamente, volviendo a lo suyo, pero cinco minutos después comprobó que sería imposible si tenía a Deidara sentado tras él hablando por celular con alguno de sus compañeros de clase, sin importarle que hubiera alguien deseando un poco de paz en la habitación. Seguro de que su primo no notaría su ausencia, Naruto recogió sus cosas y fue a refugiarse en la habitación de su madre, él único lugar de la casa que Deidara evitaba.

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Sai estaba recostado en su cama, leyendo el libro que Naruto le había regalado. Sin alterarse lo más mínimo se lo quitó de las manos, al mismo tiempo que lo obligaba a levantarse. Dejó su mochila junto a la cama, acomodando el libro en el velador, donde le correspondía estar, tras habérselo leído de un tirón la madrugada del sábado. En la mesilla bajo la ventana reposaba una charola con la comida, como todos los días. Jamás almorzaba con su familia.

-¿Qué quieres, Sai?

-Nada, simplemente venía a visitarte –dijo el pelinegro, sentándose en la silla libre-. Llevamos mucho tiempo separados, es comprensible que quiera recuperar el tiempo perdido.

-Inténtalo con Itachi, el te aguanta, yo no –le espetó-. Sabes muy bien que detesto que entren a mi habitación sin permiso. Ahora, si me disculpas, quiero terminar de comer para poder estudiar.

Sai se levantó de inmediato, esbozando una falsa sonrisa, desapareciendo por la puerta. Por más que quisiera, jamás comprendería como funcionaba el cerebro de su hermano. Muchos psicólogos habían intentado averiguarlo, sin obtener resultados. Uchiha Sai era un misterio hasta para los más expertos en la materia.

* * *

-Tienen dos horas y media para resolver el examen, cuando terminen, dejen la hoja de respuestas sobre el escritorio –decía Morino, mientras les repartía los exámenes-. Como ya saben, está prohibido copiar. Al primero que agarre haciéndolo, le quito la hoja, reprobando automáticamente –regresó al frente del salón-. Comiencen.

Era tal cual Naruto la había imaginado: un entramado de números que debían tener sentido al ponerlos juntos. Las matemáticas jamás habían sido su fuerte y nunca lo serían, eso lo sabía desde el primer día de clases en la secundaria, cuando entró a primero. A su lado, como era de esperarse, Sasuke no cesaba de mover el lápiz, utilizando la calculadora de vez en cuando.

Levantó la cabeza para observar al resto de sus compañeros. Temari y Gaara, sentados al fondo, parecían realizar las operaciones sin ningún problema, al igual que Sakura, Hinata y Neji. Shikamaru miraba la hoja con cansancio, meciendo el lápiz entre sus dedos, indiferente a absolutamente todo. Los demás, era obvio que no eran tan hábiles en la materia, pero se defendían bien. Quién en realidad le preocupaba era Kiba, que mordisqueándose las uñas, borraba números escritos al azar cada dos por tres.

-Concéntrate –dijeron a su lado-. Reprobarás.

Le agradeció mentalmente, regresando los ojos a su propia hoja, analizando el primer tema. No era tan complicado como le pareció en un principio. Tal vez, todavía había tiempo para formar una alianza temporal entre las matemáticas y su cerebro.

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Se dejó caer en el césped, permitiendo que la fresca brisa le revolviera los cabellos. Dos horas de examen antes del recreo habían agotado completamente sus reservas de energía, pero tendría que sacar fuerzas de donde no había, por que tenía otras dos horas de completa tortura dentro de exactamente treinta minutos. Hinata, sentada a su lado, conversaba animadamente con Neji, quien a su vez, habla con Kiba. Sakura y los demás, estaban desperdigados por el patio del colegio.

-¿Qué hacías mirándonos a todos hace un rato, Naruto-kun? –Quiso saber la pelinegra, al cabo de un rato-. Morino-sensei pudo haberte visto.

-Intentaba distraerme –replicó, hojeando su cuaderno de biología-. Ya estoy cansado de estudiar, se me va a fundir el cerebro.

-Dramático –punzó Kiba, a su costado-. Tú al menos puedes contestar las preguntas, yo definitivamente estoy frito. De todos los exámenes que hemos dado, no he pasado ninguno; estoy más que seguro. A mí SÍ se me va a fundir el cerebro. ¿No hueles el humo?

-Cállate –dijo Hinata-. Lo que pasa es que eres vago. Simplemente no te da la gana de estudiar como se debe –negó con la cabeza-. Cuando estés al borde de tener que repetir el año, vas a andar por ahí rogando que te ayuden. Empeñarte desde antes no te haría daño, para que lo sepas.

-¡Ouch! –Naruto se incorporó, mirando fijamente a su amigo-. Ella tiene razón.

-Lo sé –admitió a regañadientes.

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Esa misma tarde, tras un extenuante examen de biología, Naruto regresó directamente a casa para poder dormir un poco, antes de comenzar a estudiar. Pero allí no había nadie. La cocina estaba tal cual esa mañana: vacía. No fue hasta cuando decidió marchar a su habitación sin probar bocado que encontró una nota junto a unos cuantos billetes, en la mesilla a un lado a las escaleras.

"El avión de tu abuelo sale a las tres y media. Ven en taxi al aeropuerto. Paga la carrera con el dinero que dejé. No pierdas más tiempo,

Kushina".

Regresó sobre sus pasos a la velocidad del rayo, precipitándose a la calle como alma que lleva el diablo. Faltaban escasos veinte minutos para que su abuelo se marchara a un nuevo destino, en la gira de su libro. Al llegar a la calle principal, montó en el primer taxi que pudo detener, exigiéndole que fuese lo más rápido posible. A los escasos diez minutos estaba de pie frente al anciano, respirando entrecortadamente, intentando recuperar el aliento perdido.

-Regresaré pronto –prometió, abrazando a su nieto-. Éste es mi número de móvil, cuando quieras hablar conmigo, sólo llámame –le entregó un papel-. Nos vemos, muchacho.

-Claro, viejo –le estrechó la mano-. Mamá no te perdonará si faltas a su fiesta de cumpleaños, así que más te vale venir, a no ser que quieras conocerla enojada. Yo sé lo que te digo.

-Cierra la boca, Naruto –lo reprendió su madre, sonriendo ampliamente-. Voy a extrañarte mucho, Jiraiya. Por cierto, Tsunade te manda saludos, acompañados del ferviente deseo de que se caiga el avión ni bien despegue.

-Es su forma de decir que se preocupa por mí –la abrazó, estrechando, al mismo tiempo, la mano de su hijo-. Prometo venir por aquí de vez en cuando. Japón tiene grandes escenarios que pueden servirme de inspiración para futuros libros, así que no duden en que me verán.

-Adiós, papá.

"Pasajeros con destino a Ámsterdam, dirigirse a la puerta de embarque número dos" resonó la voz de una de las asistentes del Aeropuerto Internacional Narita "Pasajeros con destino a Ámsterdam, dirigirse a la puerta de embarque número dos. El avión está siendo abordado"

Jiraiya se despidió de todos, agitando la mano, antes de desaparecer tras los cristales esmerilados de la puerta de embarque. Esperaron un momento antes de marcharse. Minato dejó a su esposa e hijo en la casa, regresando al trabajo. Se había demorado más de lo debido y su cliente debía estarlo esperando.

-No tengo ganas de cocinar –dijo Kushina, entrando en la cocina-. ¿Ordenamos pizza?

-Gran idea, mamá.

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La semana avanzó sin ninguna novedad. La monotonía de todos los días, resultado de los exámenes, llegaba a su fin. Se podía sentir la tranquilidad de los alumnos, felices por no tener que pasarse todas las tardes encerrados en sus casas, devorando libros, preparándose para las pruebas del día siguiente. Hasta los profesores agradecían que aquellos cinco días pasaran tan rápido. Ellos también estaban cansados.

Faltando escasos diez minutos para que aquella pesadilla escolar terminara, Kakashi reunió a sus alumnos en el salón. Tras preguntarles como les había ido en sus pruebas, se centró en lo verdaderamente importante. El festival de artes julianas estaba a la vuelta de la esquina y todavía no habían decidido que hacer. Había recibido algunas ideas interesantes, pero poco prácticas, que quedaron descartadas de inmediato. El director estaba presionando a los profesores que todavía no presentaban sus planes, tenían que apresurarse.

-El año pasado fuimos una de las mejores presentaciones del día, gracias a la idea que tuvo uno de sus compañeros, al hacer una obra de teatro –dijo Kakashi-. Pero como no podemos hacer lo mismo dos veces, debemos pensar en otra cosa. Los puestos de comida están completos y pasa igual con las demostraciones deportivas.

-Mala suerte -dijo Sakura tachando esas opciones del pizarrón-. Si quitamos la obra de teatro, la comida, los deportes y las manualidades, quedan libres las presentaciones musicales. ¿Alguien de aquí sabe cantar o toca algún instrumento? –Unos pocos levantaron la mano-. Está decidido, cantaremos en el festival.

-Anota los nombres de quienes vayan a participar –ordenó el profesor-. Tenemos pocos días para prepararnos, así que cooperen. Pasa el lunes por la sala de profesores –añadió Kakashi dirigiéndose a la pelirosa-. Vas a ayudarme a planear todo esto.

-Hai, Kakashi-sensei.

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Jersey blanco, pantalones oscuros, sus zapatos favoritos y la chaqueta naranja con negro de rigor, estaba listo. Abajo, en la sala, le esperaba Sakura, en compañía de Ino. Las dos se habían ofrecido a llevarlo en su primera visita oficial a Roppongi. Dado que la mitad de su familia era japonesa, conocía Tokio más o menos bien, pero con sus pocas visitas, poco recordaba.

-¿Qué tal me veo? –preguntó Naruto, apareciendo frente a ellas.

Las palabras no bastaban para expresar su respuesta. Observando fijamente al rubio, lo examinaron por los cuatro costados, sin pudor alguno. Estaba bueno, muy bueno. Cualquier cosa que se pusiera lo hacía lucir bien, pero la ropa normal, lejos del sobrio uniforme, le sentaban de maravilla. Ambas aplaudieron, dando su aprobación. En ese momento, Kushina, en albornoz, se presentó en la sala.

-Por lo menos heredaste el gusto de tu madre –dijo la pelirroja, sonriente-. No le hagan mucho caso –añadió, mirando a Sakura e Ino-, es coqueto por naturaleza. Aunque a veces lo hace apropósito.

-Si nos hemos dado cuenta, Kushina-san –replicó Sakura, esbozando una divertida sonrisa-. Será mejor irnos, los demás ya deben estar allá. Hasta luego.

-Nos vemos –dijo Ino, encaminándose al recibidor

El rubio iba a seguirlas, pero su madre lo detuvo. Respiró profundamente, escogiendo sus palabras. No quería que Naruto se diera cuenta de sus verdaderas intenciones.

-Mañana quisiera hablar contigo de algo muy importante –le acarició las mejillas, suavizando la confundida expresión de su hijo-. No es nada malo, simplemente quiero preguntarte una cosa.

-Si tú lo dices –la besó en la mejilla-. Ja na, okasan.

-Ja na.

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Estaba decidido, iba a matarlos. Con los ojos vendados y las manos atadas tras la espalda, se revolvía en el asiento trasero del Corvette de Sai, siendo llevado, por la fuerza, a un destino incierto. Todo había pasado tan rápido que todavía no alcanzaba a comprender la magnitud de la situación. Maldiciendo a voz en cuello, trataba de soltarse, desollándose la piel de las muñecas con cada intento.

-Quédate quieto –ordenó Sai, aminorando la velocidad-. Hay un policía en la esquina, no quiero que piense que somos secuestradores o algo así.

-¡Pero si eso es lo que son! –En un fluido movimiento Deidara saltó del asiento delantero, ubicándose a su lado-. ¿Qué haces? ¡Suéltame!

Fingiendo que revisaba algo bajo el asiento, el rubio mantuvo el cuerpo de Sasuke, completamente inmóvil hasta que pasó el peligro. Una cuadra más allá, lo dejó incorporarse.

-¿A dónde me llevan, imbéciles?

-Necesitas salir de casa más seguido, hermanito –cambió la marcha-. Tu piel es del mismo tono de la mía, cuando antes no era así. Muy pronto vas a volverte transparente.

-¡Es de noche! ¡¿Cómo diablos pretendes que me de el sol a estas horas?!

-Las luces artificiales ayudarán –acotó Deidara, quitándole la venda de los ojos y liberándole las muñecas-. Tardarás en acostumbrarte al cambió de iluminación.

Cinco minutos después, distinguía anuncios, letreros de neón, personas caminando en todas direcciones… entonces cayó en la cuenta de dónde se encontraban: Roppongi. Acariciándose la piel lacerada, respiró profundo, en un vano intento de calmarse. Ahora podía ver con claridad.

-Bájense –dijo, una vez pagado el motor. Había aparcado el auto en un garaje privado, al que pocas personas tenían acceso-. Tenemos que caminar para llegar al karaoke.

Sasuke había evaluado la posibilidad de escapar una vez llegara a la calle, pero no conocía el camino de regreso. Por eso le habían tapado los ojos; de esa manera sería mucho más fácil retenerlo con ellos. Debía admitir que habían planeado bien su jugada. De verdad los mataría, pero cometer un asesinato en un lugar tan abarrotado de personas era una soberana estupidez. Esperaría hasta estar nuevamente dentro de los límites de la mansión.

Abriéndose paso entre la gente, los tres chicos llamaban la atención. Dos pelinegros de pálida piel blanca y un rubio de ojos azules. Deidara movía la cabeza en todas direcciones, esperando encontrarse con alguno de sus compañeros de colegio, cuando a lo lejos, distinguió la rubia cabeza de su primo Naruto, entrando en un local bastante famoso.

-Vengan por aquí –dijo, cambiando bruscamente de rumbo-. ¡Rápido!

Sai también se había percatado de la presencia de su más reciente obsesión, el estadounidense más guapo que había visto. Aferrando a su hermano por el antebrazo, lo arrastró hasta la acera contraria, hasta dar con el lugar que buscaban. Black Cat, así se llamaba el karaoke que escogieron. Para cuando ellos entraron, los demás ya habían escogido una mesa en el reservado.

-¡Naruto! –El berrido atrajo unas cuantas miradas, pero toda la atención recayó en los dos rubios, cuando sus bocas se unieron en un largo beso-. No esperaba encontrarte aquí.

Sasuke se quedó estático al contemplar aquello, sintiendo un fogonazo de ira mal contenida. Sai se percató de aquello, afirmando la presión sobre su brazo. No debía permitir que golpeara al novio de Itachi, pues él se vengaría luego, cosa que no era recomendable. Mientras Naruto, rojo como la pared de fondo, les explicaba a todos quien era el chico rubio sentado a su lado, los dos Uchiha se acercaron con lentitud, hasta entrar en el campo de visión de todos en la mesa.

-¿Sasuke-kun? –Sakura no cabía de asombro-. ¿Sai? ¿Eres tú?

El pintor aceptó de buen grado las calurosas bienvenidas, dejando sus ojos fijos en Naruto, quien no paraba de mirar a su hermano. Aquel triple juego de miradas atrajo más la atención que el beso de hacia unos momentos. Tomaron tres sillas prestadas de una mesa vacía a su lado, abriendo lugar para los recién llegados. Era la primera vez que Sasuke salía con ellos por voluntad propia. Lo que ninguno sabía era que prácticamente lo habían obligado a ir hasta allí.

-¿Qué desean tomar? –preguntó una camarera salida de la nada.

Nadie dijo nada, pues esa labor recaía enteramente en Hinata, que haciendo nuevamente gala de sus conocimientos, ordenó para todos. Veinte minutos después, catorce vasos de piña colada reposaban tranquilamente frente a sus dueños. Había escogido esa bebida por que era la preferida de Sasuke, además, era algo ligero y necesitaban mantenerse lúcidos la mayor parte del tiempo.

-Aquí tienen la lista de canciones, el control del equipo y dos micrófonos –dijo la misma camarera-. Cuando ya tengan escogida la pista, introduzcan el código y se activará automáticamente –les sonrió antes de salir del reservado, cerrando la puerta tras ella.

-¿Quién va primero? -preguntó Sakura, sabiendo de antemano la respuesta-. ¿Ino?

La rubia se apoderó del mando a distancia, introduciendo, de memoria, el número de su canción favorita. No era la primera vez que iba allí, todos se dieron cuenta de ello al instante. Audience, de Ayumi Hamasaki era una buena canción, e Ino le hacía justicia. La chica tenía habilidades, de eso no cabía duda.

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Tras dos horas seguidas de cantar, todos, a excepción de los hermanos Uchiha, habían probado suerte frente al micrófono, con resultados impresionantes. Sakura e Ino eran un dueto invencible, nadie podía igualarlas. Temari, Hinata y TenTen, no lo habían hecho tan bien, pero por su forma de actuar se ganaron un diez. De los chicos, sólo Naruto y Gaara tenían verdaderas habilidades, quedando reducida la competencia a cuatro contrincantes.

-Naruto, tu turno –dijo Deidara, una vez la canción estuvo escogida-. Ésta canción, chicos, es de los Estados Unidos, terreno seguro para mi primito, pero para hacerlo más justo, escogí la versión en kanji.

-Tú puedes, Naruto-kun –le animó Hinata, entregándole el micrófono-. Lo has hecho bien con todas las pistas, no veo por que vayas a fallar ahora. Está intentando debilitarte por que quiere que Sakura te gane, ¿no es cierto, Dei-san?

-Tienes toda la razón, Hina-chan –replicó el aludido-. Neji, tu novia es una chica muy inteligente –se volteó hacia Naruto-. Me encanta fastidiarte, pero parece como si no te dieras cuenta.

-Tendría que ser ciego para no hacerlo –frunció el ceño-. Ponle play, antes de que me arrepienta y te golpee.

No era que la canción All On Black, de Alkaline Trio fuera difícil, simplemente era algo más complicada que las demás. Con un modesto noventa y uno, pasó a segundo lugar de la competencia, quedando Sakura en primero, Gaara en tercero e Ino en cuarto por un pequeño error técnico. Ahora le tocaba a la favorita hacer pedazos al resto con su voz. Lee, rebosante de ánimo, la alentó hasta que TenTen le metiera una cereza directamente en la garganta para que estuviese callado un buen rato.

-Like a Prayer, de Madonna –dijo la pelirosa, a Ino-. Y para hacerlo justo, la versión en inglés.

Como era de esperarse, la concurrencia prorrumpió en aplausos, incluso Sasuke quien había pasado todo el tiempo en un autoimpuesto mutismo, se permitió unas cuantas palmadas. La chica, completamente alborozada, hizo una corta reverencia antes de sentarse y beberse la mitad de su cuarto vaso de piña colada.

-Shino y Chouji se están perdiendo de la diversión –comentó Kiba, sentado junto a Shikamaru-. Pero que se le puede hacer, el uno tenía turno en el restaurante familiar y el otro va a quedarse una semana más en la Patagonia. A eso le llamo yo suerte.

-Bueno, hablando de suerte –intervino Hinata-. ¿Todos pasaron, o no?

Se quedaron en silencio un momento, hasta que uno a uno fue confesando sus preocupaciones. Obviamente, el único que no dijo nada, fue Sasuke. Él, epítome de la perfección, jamás se equivocaba. Deidara y Sai observaron al grupo con algo de recelo, sintiéndose excluidos. Aunque el segundo estudiaba con ellos, hacia más de dos meses que no se relacionaban. Naruto pareció percatarse de aquello y le palmeó la espalda al pelinegro.

-Piensa que desde el lunes volverás al colegio –le dijo en voz baja-. Si yo regresara a mi antiguo colegio me sentiría excluido también. Ha pasado casi un mes y medio… eso es mucho tiempo.

-Gracias –dijo, esbozando una sonrisa verdadera, que como la anterior, desapareció también al acto-. Debes extrañar mucho a tus amigos.

-Si, pero te tengo a ti y a los demás.

Aquel había sido un comentario inconciente, en el que ni el propio Naruto reparó, por que sin añadir nada más, regresó los ojos a la pantalla, donde Gaara escogía una canción, decidido a ganarle a Sakura. Volvió a sonreír. Lo consideraba su amigo. Era la primera persona desde que él muriera que lo llamaba con ese apelativo. Sasuke lo miró un momento, confundido. Esa expresión, la había visto antes, pero no recordaba cuando. Sai era tan cambiante, que casi nadie atinaba a recordar un específico estado de ánimo con el cual comparar el actual.

-¿Podemos hablar un momento, Sasuke-kun? –era la oportunidad perfecta para confiarle sus sospechas. Si esperaba un poco más, tal vez no aguantaría…

Hinata estaba de pie a su lado, cuando hacia unos instantes estaba al otro lado de la mesa, atrapada entre Neji e Ino. Asintió con vaguedad, poniéndose de pie al reparar que la chica abandonaba el reservado. Afuera, la gente conversaba a voz en cuello, cantaban y bebían. No era el lugar más apropiado para charlar, pero prefirió no expresar su opinión.

-Dime.

Como sólo a veces pasaba, Hinata se sonrojó. Eso significaba que lo que estaba a punto de decirle era muy vergonzoso o no tenía nada que ver con ella. Una especie de corazonada le indicó que era la segunda opción. Siempre había pensado que la intuición de la pelinegra era comparable únicamente con la de un felino: afilada como un cuchillo.

-Como sé que no te agradan los rodeos, iré directo al grano –Tartamudeaba. Mala señal-. Te gusta Naruto-kun, ¿verdad?

Aquello lo conmocionó. Aunque era verdad que con el dobe siempre era impulsivo, desconociendo la razón por la que actuaba así, nadie más se había dado cuenta de la estúpida y obsesiva atracción que sentía por él, si es que con el paso del tiempo no se había convertido en otra cosa. Buscando con la mano un punto de apoyo, encontró la pared. Hinata tenía que explicarle como se había enterado, a menos… a menos que Naruto se lo hubiese mencionado.

-No me ha dicho nada, si eso es lo que estás pensando –dijo con su habitual tono de voz-. Yo solita me di cuenta. Ya sabes lo observadora que soy, además, no es que lo ocultes demasiado.

-¿De qué hablas? –tenía boca seca ¡Maldición!-. No te entiendo.

-En realidad es algo casi imperceptible –sonrió-. Tu manera de hablarle, de mirarle, de incluso tocarle es distinta. Imagino que te habrás esforzado por hacer que todo pareciese algo normal, pero ya ves, no eres tan perfecto como creías.

Valiente, Hinata era valiente. Ella sabía que con sus palabras había conseguido enojarlo, y enojarlo bastante, pero prefirió seguir hablando a cerrar la boca como cualquier otro hubiese hecho. Sus ojos sin pupilas lo miraban con un deje acusador. Lo habían descubierto, ya no sé podía hacer nada.

-¿Se lo dirás a alguien? –conocía la respuesta

-Claro que no –dio media vuelta, caminando hacia el reservado-. Pero para que no te sientas tan mal, creo que eres correspondido, aunque sea en parte.

No le dio tiempo de preguntar nada. En dos segundos estaba sentada junto a su novio, alentando a Ino, quien tras el perfecto cien de Gaara, estaba haciendo lo posible por igualarlo, pero el tema que había escogido era la mar de complicado.

-

Las horas asaltaron al tiempo en un callejón oscuro y lo desfalcaron por completo. Para cuando uno de ellos decidió revisar la hora, se encontró con la fantástica sorpresa de que eran casi las dos. Habían estado tan inmersos en lo suyo, que no se habían percatado de la mayoría de la gente en el local ya se había marchado, buscando un nuevo sitio para continuar la fiesta. Una camarera les mostró el letrero de cerrado, que acto seguido colgó en la puerta, de cara a la calle. Pagaron la cuenta, recogieron sus cosas y se marcharon.

Estuvieron un rato discutiendo sobre que hacer, hasta que decidieron regresar a casa. Tanto gritar en el karaoke los había cansado, además, los cantantes tenían las gargantas irritadas, mezcla de canto y piña colada. Deidara se ofreció a llevar a su primo de regreso a casa, así que en compañía de Sai y Sasuke, regresaron al estacionamiento donde aparcaran el carro hacia horas, pagaron al guardia y se fueron.

Con unas cuantas copitas demás encima, tres de los cuatro ocupantes del auto se pasaron charlando animadamente todo el camino. Algunas veces, cuando Deidara tocaba a Naruto, la imagen de aquel beso totalmente inesperado, aparecía fugaz frente a los ojos de Sasuke. Además, la conversación con Hinata en el Black Cat, había puesto todos sus sentidos en alerta. Tras veinte minutos de viaje, llegaron a la casa del rubio.

-Gracias, Sai –dijo Naruto antes de bajarse del auto-. Nos vemos, chicos.

Haciendo caso omiso de las despedidas de los demás, cerró la puerta de entrada tras él, apagando la luz del pórtico.

-Vámonos –dijo Deidara, arrellanándose en el asiento del copiloto-. Estoy cansado.

Aceleró a fondo, enfilando la calle principal unos momentos después.


Nos vemos el miércoles que viene!